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Existen una buena cantidad de encuestas de expectativas económicas para México. De las más conocidas, están las de Consensus Economics y LatinFocus en el extranjero y las de Citibanamex, IMEF y Banxico en el país. La fórmula es muy parecida en todas. Cada una tiene una lista de instituciones financieras, consultorías, académicos y analistas a quienes les preguntan en intervalos regulares (casi siempre cada mes) sus expectativas sobre una serie de indicadores económicos. Todos incluyen el crecimiento económico, la inflación, el tipo de cambio y la tasa de interés, mientras que algunas extienden el número de indicadores mucho más allá. Son encuestas muy útiles para tener una idea del consenso de expectativas para las principales variables económicas.

Si uno examina la lista de participantes de las cinco encuestas, encontrarán que la mayoría participan en casi todas las encuestas. En especial, destacan las instituciones financieras que tienen departamentos de estudios económicos y, por lo tanto, economistas entrenados en la materia. Por lo mismo, la mayoría de las encuestas llegan a números muy parecidos en los consensos de casi todos los indicadores. Entonces, ¿por qué hay tantas y por qué participar simultáneamente en estas encuestas? Primero, las instituciones financieras participan en parte porque les da publicidad. Si un banco no participa es que seguramente no tiene un Departamento Económico o no es reconocido en los medios. Segundo, de alguna forma u otra cada encuesta tiene cierta aportación.

Las encuestas que se realizan en el extranjero son negocios y muy buenos. Para poder acceder a sus resultados, en principio uno tiene que pagar una cuota anual. Para empresas multinacionales son muy útiles, ya que pueden utilizar los consensos de diferentes variables y diferentes países para entender lo que se espera que pase en cada economía y armar sus presupuestos. Uno de los pioneros en el mercado fue Consensus Economics, que levanta diferentes encuestas para grupos distintos de países, como economías desarrolladas, países latinoamericanos, de Asia-pacífico, etc. Por ejemplo, su encuesta para América Latina abarca alrededor de 25 instituciones financieras y algunas consultorías, mientras que su reporte mensual incluye las estimaciones de cada uno para alrededor de 12 indicadores. La empresa FocusEconomics realiza reportes mucho más elaborados con más variables (más de 30) y su lista de participantes llega casi a 40.

Las encuestas nacionales no son negocios, sino servicios que realizan varias instituciones con fines diferentes. El del Banco de México busca captar las expectativas de los economistas más influyentes en el país para incorporar los números en sus decisiones de política monetaria. Por ejemplo, lo utiliza en parte para ver si las expectativas de inflación están “bien ancladas” o no y así evalúan la credibilidad de su objetivo de inflación. Son alrededor de 37 “especialistas” en economía del sector privado y es una encuesta mucho más elaborada que incluye no solamente expectativas sino también las probabilidades de que se materializan. Es la única encuesta que no reporta las expectativas de cada participante, sino solo la mediana, la media, el máximo y el mínimo para cada variable.

La encuesta de Citibanamex es exclusiva para instituciones financieras (alrededor de 25), aunque de vez en cuando incorpora a una consultoría que no debería estar. Es muy pequeña, ya que solo abarca la inflación, la tasa de política monetaria, el tipo de cambio y el crecimiento del PIB, pero se levanta cada quincena, dos días antes de que INEGI publique los resultados del INPC. Funciona para que las mesas de trading puedan medir las expectativas del mercado y tomar decisiones de venta y compra respaldadas.

Finalmente, esta la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF, que se levanta desde 2009, y funciona para que el IMEF tome una posición de torno a siete variables macroeconómicas en las conferencias de prensa que realiza el Presidente Nacional del Instituto cada mes. Participan 33 economistas a titulo individual, aunque la mayoría entrega las proyecciones oficiales de las instituciones en donde trabajan.

Son encuestas muy útiles, no solo para conocer las expectativas económicas en un momento dado, sino también para monitorear como van cambiando mes a mes. De esto platicaremos más adelante.

Inflación Preocupante

enero 10th, 2018 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Inflación Preocupante)

La noticia ya la conocen. Terminamos 2017 con una inflación de 6.77 por ciento, la más elevada desde 2000. Sin embargo, en 2000 la inflación terminó en 8.96 por ciento, por debajo de la meta de inflación de 10.0 por ciento. Más bien, tenemos que remitir a 1998 para encontrar una desviación respecto al objetivo tan marcada como este año. Desde 2003, año en que oficialmente adoptó el Banco de México la política monetaria conocido como “inflation targeting” y que se determinó que el objetivo sería 3.0 por ciento, nunca habíamos observado una inflación tan elevada ni con una desviación tan marcada respecto al objetivo. El Banco Central erró en su cálculo de que empezaría a marcar una tendencia a la baja en la segunda mitad del año y, por lo tanto, falló en instrumentar una política monetaria más adecuada para contener la merma en el poder adquisitivo de la población.

Existe cierto consenso que los riesgos principales para el 2018 radican en las negociaciones para el TLCAN 2.0, en las elecciones presidenciales, en la política monetaria de la Reserva Federal y en los posibles efectos adversos de la reforma fiscal de Estados Unidos. Todos han creado incertidumbre que frena la inversión privada y limita el crecimiento económico. Sin embargo, al ver los resultados de la inflación, no solo tenemos que añadir el fenómeno inflacionario a la lista, sino incluso, posiblemente ponerlo en primer lugar.

¿Por qué? Si vemos la merma en el poder adquisitivo de las clases socioeconómicos más vulnerables del país, vemos que alcanza ya una cifra de doble dígito. El costo implícito de las canastas alimenticia y de bienestar que monitorea Coneval, va muy por encima de los cálculos de inflación general que lleva el INEGI. Si analizamos la estructura del INPC, vemos que la elevación tan marcada no es simplemente producto del gasolinazo de enero pasado (solo explica 26 por ciento de la inflación anual), sino de aumentos generalizados en prácticamente todos los precios. De hecho, si eliminamos los precios de los energéticos del cálculo, aún así la inflación anual rebasa 5 por ciento.

Sabemos que en enero la inflación anual bajará sustancialmente mediante el efecto de la base de comparación, pues ya no estaremos incorporando el efecto del gasolinazo. Sin embargo, hace medio año se pensaba que ya para enero de 2018 la inflación podría estar mucho más cerca al 4 por ciento. Ahora vemos que en el mejor de los casos se ubicará por debajo del 6 por ciento, pero todavía muy por arriba de 5 por ciento y que la trayectoria a la baja será mucho más lenta de lo que se anticipaba. Peor aún, si Banxico se queda viendo lo que pasa sin responder o incluso, con aumentos efímeros como el del pasado diciembre, podríamos ver una corrección sustancial al alza en las expectativas de inflación para este año.

Dado que la brecha de producto fue negativa, o por lo menos muy cerca a cero, durante el año, no podemos achacar el fenómeno inflacionario a un exceso de demanda agregada. Más bien, el factor más importante en las alzas de precios de este año es el incremento sostenido que ha tenido el tipo de cambio a lo largo de los últimos tres años. De 2014 a la fecha, el tipo de cambio promedio ha aumentado alrededor de 42.5 por ciento, mientras que la inflación acumulada en el mismo periodo apenas registra 12.7 por ciento. Si bien, el coeficiente de traspaso no se ubica cerca a la unidad, estos números sugieren que tampoco esta tan cerca a cero. Dado que la incertidumbre relacionada al TLCAN, las elecciones y la reforma fiscal de Estados Unidos continúen, es muy probable que no tengamos mayores flujos financieros hacia el país y que el tipo de cambio permanezca presionado. Al mismo tiempo, la inflación elevada de 2017 dará pie a aumentos salariales más elevados que en años anteriores, mientras que muchas empresas trasladarán estos incrementos al consumidor. Esto nos hace pensar que la inflación no va disminuir tan rápidamente como desea Banxico.

¿Qué hará el Banco de México? Tendrá que mostrar su autonomía y apegarse a su cometido constitucional de procurar estabilidad en el poder adquisitivo, justo en el momento que entramos de lleno en el proceso electoral. Ya se fue Agustín Carstens y la Junta queda cojo ante la falta de un integrante. El nuevo Gobernador no solamente enfrente su mayor reto, sino todavía más complicado de cualquier momento que enfrentó Carstens en su tiempo.

La Balanza Comercial

enero 8th, 2018 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en La Balanza Comercial)

El TLCAN ha sido un tratado provechoso para los tres países firmantes, en especial para México. Ayudó a cimentar las bases para una economía más abierta, competitiva y capaz de generar sus propias divisas, para así dejar atrás los años difíciles y obscuros de la crisis de deuda externa. No cumplió con todo lo prometido, ya que no se ha reducido la brecha salarial que tenemos con Estados Unidos, ni ha mejorado la distribución del ingreso en el país. Pero, aunque los beneficios generados no han sido equitativos, el balance ha sido positivo. Ahora conviene modernizarlo y al mismo tiempo, buscar como dinamizar la economía interna, mejorar los salarios y resolver otros problemas mucho más complicados como la corrupción, la impunidad y la inseguridad.

El problema fundamental de la negociación del TLCAN 2.0 ha sido la ignorancia del presidente actual de Estados Unidos, que ve el comercio exterior como un juego de suma cero. Al contrario de toda la teoría económica, él piensa que si un país tiene un déficit comercial es un perdedor, mientras que para ser ganador se necesita tener un superávit. Por lo mismo, quiere forzar un tratado para que el déficit que tiene su país con el nuestro desaparezca.

En sí, la balanza comercial es irrelevante en el buen desempeño económico de un país. Efectivamente, queremos exportar más, ya que el aumento en la producción crea empleos e ingresos para más mexicanos. Sin embargo, también es positivo importar ciertos bienes, no solo porque aprovechamos así nuestras ventajas competitivas, sino también porque son complementos para nuestro crecimiento y bienestar. Por ejemplo, el INEGI reporta que en lo que va este año, las importaciones de bienes de uso intermedio, fundamentales para la producción en general, representan 76.7 por ciento de las totales. En este sentido, no importa si en un mes dado exportamos más de lo que importamos, o al revés, si importamos más de lo que exportamos. Lo que es fundamental es que crezcan ambos, ya que son signos de una economía sana.

Por lo mismo, no debemos caer en el error de Trump de otorgar demasiado importancia a la balanza comercial. Claro está que debemos evitar los grandes desequilibrios, ya que su financiamiento puede crear problemas. Pero para esto, se debe considerar que la balanza comercial es solo una parte de la balanza de pagos. Un desequilibrio se da en como se conforman todas las partes. Pero mientras tengamos un déficit comercial moderado, que se complementa con superávits en otros rubros y flujos financieros para su financiamiento, podemos crecer adecuadamente sin problemas. Incluso, para un país como México con ahorro interno insuficiente, será más fácil el proceso de crecimiento con déficits moderados. En los años en que hemos tenido grandes superávits, como en los ochenta, prácticamente no crecimos.

La semana pasada, el INEGI dio a conocer la balanza comercial de noviembre. La noticia importante es que en los primeros once meses del año las exportaciones crecieron 9.7 por ciento, mientras que las importaciones avanzaron 8.6 por ciento. El buen desempeño de ambos, sin considerar si hubo superávit o déficit, es signo de que esta parte de la economía va muy bien. Sin embargo, en el comunicado de prensa el INEGI comete el mismo error de Trump, al poner en el primer párrafo la noticia del saldo de la balanza. Al destacar primero el saldo y relegar para después el crecimiento de los componentes, manda el mensaje equivocado. El saldo no es importante, al no ser que fuera excesivo. Un superávit no es necesariamente una noticia positiva, al igual que un déficit no es necesariamente una noticia negativa.

Si las importaciones de bienes de uso intermedio crecen, su demanda significa que la producción manufacturera ira en aumento, por lo que habrá una mayor contribución al crecimiento del PIB. Si hay un incremento en las importaciones de bienes de capital, significa que habrá más inversión, lo que contribuye positivamente al crecimiento económico. Si las importaciones de bienes de consumo van en aumento, es reflejo de que existe demanda por parte de los hogares, gracias al buen desempeño de sus ingresos. Es justo en este sentido que las importaciones no se deben ver como algo nocivo y mucho menos debemos darle mucha importancia a que si superan las exportaciones o no. Lo importante es el crecimiento de ambos.

Perspectivas Económicas 2018

enero 8th, 2018 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en Perspectivas Económicas 2018)

Ya estamos por concluir 2017, un año por de más complicado. En 2013 solo alcanzamos crecer 1.4 por ciento, mientras que casi experimentamos una recesión. Este año apunta a que terminará como el segundo más bajo del sexenio con una tasa estimada del PIB de 2.1 por ciento, producto de la incertidumbre que inyectó la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos y al poco margen que tuvieron las finanzas públicas ante los abusos de los años anteriores. También, como en años anteriores, afectó la disminución paulatina de la producción de petróleo. Además, aumentó la inflación significativamente, registrando la tasa anual más elevada desde 2001. Peor aún, la inflación implícita en la canasta alimentaria de Coneval nos hace ver que los que más sufrieron ante la merma de su poder adquisitivo fueron las clases socioeconómicas más bajas. En este año crecimos poco, aumentó la pobreza y terminamos con una distribución todavía más inequitativa del ingreso.

Pero la peor noticia es que 2018 se avecina como un año todavía más complicado. Entre que la incertidumbre sobre el posible desenlace de las negociaciones del TLCAN ha aumentado, el Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar una reforma fiscal que pudiera ser nefasto para nosotros y la Reserva Federal está a punto de acelerar su estrategia de reducir el carácter expansionista de su política monetaria, enfrentamos un escenario difícil. Ahora agreguemos una contienda presidencial compleja en la cual el ganador podría llevarse menos del 30 por ciento del voto popular y seguramente tendrá un Congreso de oposición. Finalmente, recordemos que es el último año de sexenio (conocido como el año de Hidalgo), en que debemos observar un patrón de gasto público invertido sin margen de maniobra en las finanzas públicas.

La dinámica típica del último año de sexenio resulta en mayor crecimiento, impulsado por más gasto público (en especial en la primera mitad del año) y la premura de concluir todas las obras públicas. Sin embargo, siete de las 25 instituciones financieras que participan en la encuesta quincenal de expectativas de Citibanamex opinan que el crecimiento en 2018 será igual o menor que el de 2017 mientras que, en promedio, todos esperan apenas una mejoría marginal de una décima. Solo dos instituciones, Scotiabank y Santander, manifiestan un escenario más optimista con una tasa de 2.7 por ciento para el año entrante. En cambio, cinco instituciones anticipan crecimiento por debajo de 2.0 por ciento.

Uno de los factores que influye en esta perspectiva nada optimista es el compromiso del gobierno federal de concluir el año con un déficit fiscal tradicional de 2.0 por ciento del PIB, sin el apoyo de un remanente operativo del Banco de México. Será interesante observar los esfuerzos del gobierno priísta para activar la economía en la primera mitad del año ante las restricciones fiscales aparentes y la angustia de ocupar en estos momentos el tercer lugar en las encuestas.

Lo que no queda claro es que si las expectativas de crecimiento de las instituciones financieras consideran un escenario con o sin TLCAN. Por lo pronto, podemos anticipar que continúe el estancamiento en la inversión privada ante la incertidumbre, lo que explica el poco dinamismo esperado. Sin embargo, si las negociaciones actuales terminan sin un acuerdo, es muy posible que veamos un freno significativo en la segunda mitad del año que, aparentemente, no esta considerado en las proyecciones. ¿Qué tanto? Difícil de saber, pero será principalmente por una disminución en la inversión, mientras que las exportaciones continuarán en lo que concluye el plazo de seis meses. Esto significa que el impacto mayor de quedarnos sin TLCAN será en 2019, al iniciar el próximo sexenio.

Las buenas noticias de 2018 están en la disminución anticipada en la inflación. Sin excepción, todas las instituciones financieras esperan menos inflación el año entrante. El consenso prevé que disminuye a 3.85 por ciento en 2018 de 6.55 por ciento a finales de 2017. La institución más pesimista, Finamex, ve la tasa en 4.60 por ciento, mientras que 13 instituciones la ven por debajo de 4.0 por ciento. La razón principal es el cambio en la base de comparación dado que nadie anticipa otro gasolinazo. Esto aboga bien para el consumo de los hogares, dado que permitirá cierta recuperación en la merma del poder adquisitivo que sufrimos la mayoría este año.