Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Después de proponer una lista de diez características que debería tener un gobernador ideal del Banco de México (Reforma, 5 de julio), la semana pasada calificamos a José Antonio Meade como candidato potencial para el puesto. En esta ocasión toca a Luis Videgaray Caso, actual Secretario de Relaciones Exteriores.

Luis Videgaray cumple con todos los requisitos legales que marca la Ley del Banco de México. Es mexicano por nacimiento sin otra nacionalidad, no tiene más de 65 años cumplidos (tiene 48 años), goza de reconocida competencia en materia financiera y ha ocupado cargos de alto nivel relevantes por más de cinco años. De su experiencia relevante está haber trabajado como director de Protego (empresa de Pedro Aspe), como Secretario de Finanzas del Estado de México, Diputado Federal y Presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública y como Secretario de la SHCP y de Relaciones Exteriores.

1.- Es economista de profesión (ITAM) con doctorado en Economía de la Universidad Massachusetts Institute of Technology, conocida como MIT (calificación 10).

2.-  Su formación es ortodoxa, al estudiar en el ITAM y en MIT, universidad de alto prestigio de Estados Unidos. Los temas de su tesis, tanto de licenciatura como de doctorado, fueron en temas relacionados a las finanzas públicas (calificación 10).

3.- No tiene experiencia en funciones alrededor del banco central, sino más bien en materia de finanzas, tanto privada como pública. Su experiencia principal es en la política, en temas de presupuestos, negociaciones y ahora (que admite que empieza como novato) en temas de relaciones y comercio exterior (calificación 6).

4.- Tiene conocimientos de mercados, tanto nacionales como internacionales y entiende la interrelación entre la estabilidad financiera y la tradicional estabilidad monetaria, aunque se limita a su experiencia en SHCP y al presidir el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (calificación 8).

5-. Es una persona de carácter fuerte y tiene plena capacidad de liderazgo. Sin embargo, ha mostrado ser soberbio y arrogante, a tal grado que no escucha a críticas al pensar que todo lo sabe. Se ha involucrado en por lo menos dos escándalos, el caso Monex en la campaña presidencial y en la compra de bienes raíces en Malinalco. Es miembro del PRI desde joven y ha mostrado poner primero los intereses políticos de su partido y del presidente, por lo que se podría cuestionar su habilidad para tomar decisiones aisladas de los intereses políticos (calificación 5).

6.- Es 100 por ciento político, miembro del PRI desde 1987 como parte del Frente Juvenil Revolucionario. Fue Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en el Estado de México. Tiene claras aspiraciones para ser candidato del PRI a la presidencia o Gobernador de algún estado (calificación 5).

7.- Nunca ha transitado por el Banco de México, salvo en asistir a las Juntas de Gobierno cuando era Secretario de SHCP (sin voto). Ha pasado por varios puestos de la burocracia, con experiencia genérica de un funcionario público, pero nunca en temas cercanas al banco central (calificación 6).

8.- Después de trabajar muchos años muy cercanos a Enrique Peña Nieto, podríamos decir que es amigo personal o por lo menos uno de los asesores más cercanos del presidente. Podríamos pensar que su designación pondría en riesgo la consolidación de una autonomía institucional (calificación 5).

9.- Es una persona controversial, no muy aceptado por (algunos) partidos de oposición, legisladores y medios de comunicación. Sus controversias de Malinalco y de haber invitado a Trump a México, le ha creado cierta enemistad en algunos círculos (calificación 6).

10.- Tiene aceptación y reconocimiento en el exterior, primero como Secretario de SHCP y ahora como Secretario de Relaciones Exteriores. Recibió el premio de “Deal of the Year”, otorgado por la Revista Latin Finance cuando era Secretario de Finanzas del Estado de México y el premio de “Secretario de Finanzas del año”, otorgado por la Revista The Banker cuando empezaba en SHCP. Aparentemente, la comunidad internacional y en especial la financiera, verían con buenos ojos su designación (calificación 10).

La calificación final de Luis Videgaray Caso es de 7.1, lo cual no lo coloca como buen candidato para el puesto de Gobernador del Banco de México. La semana entrante toca a Alejandro Díaz de León.

La semana pasada propuse una lista de diez características que debería tener un gobernador ideal del Banco de México, en una actualización del mismo ejercicio que hice hace 20 años. En aquella ocasión, califique a Francisco Gil Díaz (9.5), Jesús Marcos Yacaman (9.25), José Julián Sidaoui (9.0), Guillermo Ortiz Martínez (8.5), Eduardo Fernández (7.5) y Carlos Ruiz Sacristán (6.9). Al final, vimos que no fue designado el mejor calificado, aunque terminó haciendo excelente labor. Al escoger los candidatos a calificar en esta ocasión, empecé por los más mencionados y después por los más obvios (como actuales subgobernadores). Sin embargo, también incluyó uno o dos no muy mencionados, pero si bien calificados.

En esta ocasión empiezo con calificar al actual Secretario de SHCP, José Antonio Meade Kuribreña. De entrada, cumple con todos los requisitos legales al ser mexicano por nacimiento sin otra nacionalidad, no tiene más de 65 años cumplidos (tiene 48 años de edad), goza de reconocida competencia en materia Financiera y ha ocupado cargos de alto nivel relevantes por más de cinco años. De su experiencia relevante está la de Consar, IPAB, Financiera Rural, Director General de Banca y Ahorro en SHCP, subsecretario del Ramo y Secretario de SHCP. No ha sido sentenciado por delitos intencionales o inhabilitado para ejercer en el servicio público o el sistema financiero mexicano.

1.- Es economista de profesión (ITAM) con mención honorífica y también abogado (UNAM), con doctorado en Economía de la Universidad de Yale (calificación 10).

2.-  Su formación es ortodoxa, primero al estudiar en el ITAM y Yale y segundo, lo ha demostrado a través de su carrera profesional. La Universidad de Yale (junto con Harvard, Princeton, Pennsylvania, Columbia, Brown, Dartmouth y Cornell) pertenece al grupo de universidades conocidas como “Ivy League”, que se distinguen por su excelencia académica del más alto nivel en los Estados Unidos (calificación 10).

3.- No tiene experiencia directa en funciones específicas de banca central, pero sí en funciones cercanas y en banca en general. También tiene experiencia en funciones de política económica diferente a la monetaria derivada de su trabajo en Consar, IPAB, Banrural, Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y en especial en la SHCP (calificación 8)

4.- Tiene los conocimientos necesarios de mercados, tanto nacionales como internacionales y domina la interrelación entre la estabilidad financiera y la tradicional estabilidad monetaria, mediante su experiencia en SHCP y en especial al presidir el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (calificación 9).

5-. No hay duda de que tiene plena capacidad de liderazgo, pero no queda claro su independencia y habilidad para tomar decisiones aisladas de los intereses políticos. No necesariamente hay objeción por venir de SHCP, ya que tanto Ortiz como Carstens hicieron trabajo excelente al frente del Banco. Pero sí tiene una gran mancha en el manejo del caso de Paloma Merodio para la Junta de Gobierno del INEGI (calificación 5).

6.- Tiene mucha habilidad política, sin pertenecer a ningún partido político. Ha trabajado con presidentes del PAN y del PRI. Sin embargo, aspira ser candidato del PRI a la presidencia, lo cual pone este punto en un contexto muy diferente (calificación 6).

7.- Nunca ha transitado por el Banco de México, salvo en asistir a las Juntas de Gobierno (sin voto). Ha pasado por muchos puestos de la burocracia, con experiencia genérica como la mayoría de los funcionarios públicos (calificación 7).

8.- No es pariente, compadre o amigo personal del presidente, como para pensar que su designación pondría en riesgo la consolidación de una autonomía institucional (calificación 9).

9.- Es una persona con aceptación nacional y hasta cierto punto, de aceptación de (algunos) partidos de oposición, legisladores y medios de comunicación (calificación 8.5).

10.- Al haber pasado dos veces por la SHCP y por la Secretaría de Relaciones Exteriores, podemos decir que goza de una aceptación internacional. No hay duda de que la comunidad internacional y en especial la financiera, verían con buenos ojos su designación (calificación 10).

La calificación final de José Antonio Meade es de 8.25 y lo coloca como candidato medio para el puesto de Gobernador del Banco de México. La semana entrante toca a Luis Videgaray Caso.

Hace justo 20 años en ésta misma columna, elaboré una lista de 10 características ideales que, desde mi punto de vista, debería tener un Gobernador del Banco de México. Ahora que se va designar uno nuevo para suplir a Agustín Carstens a partir de noviembre, vale la pena actualizarla y así calificar a los probables candidatos. La lista original (Reforma, 28 de julio de 1997) no puede ser la misma que antes, ya que el Banco cumplió 23 años de autonomía, tiempo durante el cual ha consolidado su independencia y logrado cierta estabilidad de precios que no existía antes.

La decisión la toma el presidente y tendrá que ser ratificada por el Senado, en un proceso que se estima que no habrá mayor problema. Sin embargo, para muchos llenar los zapatos que deja Carstens no es fácil. Existe cierto consenso que su reemplazo tiene que ser una persona con cualidades muy específicas, que no se encuentran a la vuelta de la esquina y que van más allá de las mínimas establecidas por ley. Estoy seguro de que mi lista provocará debate y mucha discusión. Pues, bienvenida.

1.- Tiene que ser economista de profesión, con estudios de posgrado. Si el entrenamiento de economista sirve para algún puesto en especial, el de gobernador del Banco Central es el que encabeza la lista. Tener el conocimiento técnico suficiente de las políticas monetaria, cambiaria y fiscal en lo particular y de política económica en lo general, es requisito indispensable.

2.-  Dentro de las diversas escuelas del pensamiento económico, por la misma naturaleza del puesto, conviene que sea de formación ortodoxa. El mundo ha experimentado fallidamente con economistas de formación radical sin vocación de banquero central. Habrá que resguardar la estabilidad macroeconómica que se ha logrado.

3.- No solamente se necesita la formación profesional, sino además la experiencia. Esta debería ser específicamente en funciones alrededor del Banco Central. Necesita entender perfectamente bien la operación y la instrumentación, la programación financiera y la tesorería, al igual que el análisis monetario y la información económica. Sería muy positivo si esta experiencia se puede acompañar con algunos años adicionales en funciones de política económica diferente a la monetaria.

4.- Es fundamental tener conocimiento de mercados, tanto nacionales como internacionales, y en especial dominar la interrelación entre la estabilidad financiera y la tradicional estabilidad monetaria. Esto último ha adquirido importancia en el mundo a raíz de la crisis financiera de 2008.

5-. A pesar de llevar más de 20 años de autonomía, es necesario tener a una persona con carácter fuerte e independiente para no comprometer lo que se ha logrado y ser una persona con plena capacidad de liderazgo. Además de ganarse el respeto de su equipo dentro del Banco, debe tener la capacidad y habilidad para tomar decisiones aisladas de los intereses políticos y dialogar con el Congreso en forma firme y convincente para recibir su beneplácito.

6.- Aunque necesita tener mucha habilidad política, es preferible que no sea un político. Tiene que ser apartidista en apariencia y no mostrar preferencias abiertas, porque necesita entenderse con todos los partidos y presidentes que vengan.

7.- Es deseable que sea una persona que haya transitado por el Banco. No es adecuada una persona que ha pasado por todos los puestos de la burocracia, con experiencia genérica como la mayoría de los funcionarios públicos.  Debe servir de algo el haber hecho carrera dentro de las estructuras del Banco mismo.

8.- Es deseable que la persona no sea pariente, compadre o amigo personal del presidente. Este tipo de relaciones han mostrado que no funcionan para seguir consolidando una autonomía institucional.

9.- Necesita ser una persona con aceptación nacional, es decir, alguien con quien la mayoría de los segmentos de la sociedad estén de acuerdo. Para esto sería deseable cierta aceptación por parte de los partidos de oposición, legisladores y medios de comunicación.

10.- Por último, sería conveniente tener a alguien que pudiera gozar de una aceptación internacional.  Este puesto tiene que generar confianza para atraer inversiones del exterior y lidiar con funcionarios de todo el mundo. Poder gozar de un prestigio internacional, en especial en esta era de globalización, es un punto más a favor.

Con esta lista procederé a calificar 6 posibles candidatos.

Ayer martes, el INEGI informó que las exportaciones manufactureras tuvieron muy buen desempeño en los primeros cinco meses del año. Comparado con el mismo periodo del año pasado, las automotrices crecieron 9.4 por ciento, mientras que las no automotrices aumentaron 8.3 por ciento. Estos datos confirman que ha regresado, después de casi un par de años de ausencia, nuestro motor principal de crecimiento.

Las cifras de la balanza comercial para el primer trimestre del año señalan un avance de 2.2 por ciento respecto al trimestre anterior. Sin embargo, no es lo mismo la entrada de dólares nominales (de la balanza comercial) que la contabilización del volumen de exportaciones, que es lo que mide las cuentas nacionales. Tenemos que sumar los servicios exportados (principalmente turismo), convertir a pesos y deflactar por el índice de precios de exportación. El resultado es que las exportaciones en cuentas nacionales crecieron 4.4 por ciento, no solamente lo doble que el registro de la balanza comercial, sino que resulta el componente más dinámico del PIB medido por el lado del gasto.

Esta noticia es muy buena, ya que en el mismo periodo se observaron tasas negativas para la inversión pública (-3.7 por ciento), el consumo de gobierno (-0.5 por ciento) y la inversión privada (-0.7 por ciento). El consumo de los hogares mostró una muy pequeña desaceleración (a primera vista), ya que creció 0.67 por ciento comparado con 0.75 por ciento del trimestre anterior. De hecho, si las exportaciones continúan creciendo a buen paso, podríamos esperar tasas positivas para la inversión privada en poco tiempo. Lo único que no tiene remedio es el gasto público, ya que el gobierno pasa por un proceso necesario de consolidación fiscal.

El buen desempeño del trimestre, en especial de las exportaciones, ha llevado a una revisión al alza en el consenso de crecimiento para el año. De una expectativa alrededor de 1.5 por ciento que teníamos hace unos meses, ahora las encuestas de especialistas anticipan una tasa de 2.0 por ciento de crecimiento del PIB para 2017. De cumplirse, veremos solo una pequeña desaceleración, ya que el año pasado crecimos 2.3 por ciento. Sin embargo, si tomamos en cuenta que el año pasado fue bisiesto, deberíamos ver estas cifras corregidas por efectos de calendario. Al corregir por el día adicional que tuvimos en 2016, resulta que el año pasado el PIB avanzó 2.0 por ciento, mientras que la expectativa para este año sería de 2.3 por ciento. En otras palabras, medido día por día tenemos la expectativa que vamos a crecer un poco más este año que en 2016.

La incógnita radica en el consumo de los hogares. El promedio de los primeros tres meses del año resultó 0.67 por ciento superior al trimestre anterior (así se mide el PIB). Sin embargo, el consumo de marzo resultó -1.1 por ciento inferior a diciembre, por lo que claramente hubo una trayectoria negativa en el transcurso del trimestre. Existen múltiples indicadores complementarios que apuntan hacia una desaceleración mucho más significativa en el consumo privado. Posiblemente el más importante es la aceleración en la inflación, que ha mermado significativamente el poder adquisitivo de las familias.

En principio, no se debe medir el consumo total de las familias para el cálculo del PIB, sino solamente la de bienes y servicios de origen nacional. Dada las complicaciones estadísticas, cada componente se mide en su totalidad y al final se restan las importaciones totales. De esta forma queda la producción interna del país para el total, pero no queda tan claro cuanto fue la parte interna para cada uno de sus componentes. Dado que las importaciones crecieron 6.2 por ciento en el primer trimestre, vimos una expansión muy robusta en la demanda agregada. Pero dado que sabemos que hubo importaciones muy elevadas de bienes de consumo no petroleros, podemos inferir que el consumo de bienes y servicios de origen nacional no creció en el primer trimestre, por lo que su desaceleración fue muy pronunciada.

Aparentemente, la importación de bienes de consumo del primer trimestre fue excepcional, por lo que no debe mantenerse. La pregunta es que, si se va sustituir por bienes de origen nacional, lo que ayudaría a que el consumo de los hogares que contribuye al PIB se recupere en lo que resta del año. De lo contrario, podríamos anticipar una mayor desaceleración.

La semana pasada comentamos que la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) tiene dos fallas estructurales que resultan en subestimaciones de la pobreza por ingresos y de la desigualdad. Un estudio reciente realizado por dos investigadores del INEGI (Gerardo Leyva y Alfredo Bustos) desarrolla un método de ajuste estadístico que utiliza información fiscal y de cuentas nacionales para mejorar la estimación del ingreso proveniente de la ENIGH. Concluye que la incidencia de pobreza monetaria es de 30 por ciento de los hogares, comparada con el 44 por ciento que resulta de las cifras originales de la ENIGH y que el coeficiente de Gini tiene un valor de 0.63, en contraste de 0.44 de la ENIGH. En otras palabras, confirma las hipótesis de que no somos tan pobres pero nuestra distribución del ingreso es mucho más inequitativa.

En principio, los resultados están intuitivamente correctos y hace sentido todo lo que hacen. Pero bien sabemos que es muy difícil separar el interés académico del político en un tema tan sensible. De entrada, se desató una gran polémica el año pasado cuando Coneval rehusó medir la pobreza para 2015 ante los cambios que introdujo el INEGI en los criterios para la captación y verificación de los datos en la Encuesta. Después el gobierno impuso ilegalmente una Directora General de Sedesol a la Junta de Gobierno del INEGI, que muchos interpretaron que llegaba con agenda preestablecida para adecuar los resultados de la Encuesta a los intereses oscuros de ciertos políticos. Finalmente, estamos en la antesala de las elecciones presidenciales en las cuales el gobierno actual ha mostrado ser capaz de hacer lo que sea para mantenerse en el poder.

El PRI anunció su regreso con bombo y platillos. Nos dijeron que era el “Momento México”. El crecimiento económico estaría arriba de 5 por ciento en forma sostenida. Tendríamos estabilidad macroeconómica plena sin problemas fiscales. Disminuiría la pobreza y mejoraría la distribución del ingreso. Terminaría la violencia, asesinatos e inseguridad pública. Sin embargo, casi cinco años después el crecimiento promedio apenas supera 2 por ciento, la pobreza no ha disminuido, la inflación se ubica más del doble que el objetivo, la deuda pública rebasa 50 por ciento del PIB, la inseguridad ha aumentado notablemente, hay más asesinatos y los niveles de confianza, tanto empresarial como del consumidor, están en mínimos históricos. Peor aún, nunca hemos enfrentado tanta corrupción e impunidad. El gobierno no sabe qué hacer ni cómo proceder, pero quiere mantener el poder. El sospechismo está en su máximo, por lo que éste estudio contribuye a la controversia.

No obstante, sí necesitamos una mejor medida de la pobreza por ingresos. No puede ser que la pobreza en México es casi 2.6 veces mayor a Brasil e incluso peor que en países como Bolivia. En un sentido perverso, al gobierno le conviene tener un patrón inflado de pobreza para comprar más votos y perpetuarse en el poder. Pero por el otro lado, necesitamos una medida de pobreza consistente a través del tiempo. La única forma de poder evaluar los programas sociales y las políticas públicas es con una barra de medición homogénea. En aras de mejorar la medición de la pobreza, si vamos cambiando la metodología y los criterios de aplicación de la ENIGH cada rato, nunca vamos a poder calificar adecuadamente los esfuerzos para reducirla.

Al final de cuentas ¿qué es mejor? ¿Tener cada vez más una medición más precisa de la pobreza, pero sin poder calificar los esfuerzos para abatirla?, o bien, ¿tener una medición no tan precisa pero consistente a través del tiempo, que nos permite evaluar los programas sociales, pero sin realmente conocer la dimensión correcta de la pobreza? La verdad es queremos y necesitamos ambas, es decir, tener una medición precisa y homogénea a través del tiempo. Pero ¿cómo lo podemos lograr?

La responsabilidad de la medición de la pobreza es de Coneval. La responsabilidad de la ENIGH es del INEGI. Esta acordado por ambas instituciones divulgar los resultados tanto de la ENIGH como de la pobreza el 28 de agosto. En teoría, están trabajando juntos, pero ¿cómo van a conciliar ambos objetivos? Es casi un hecho, de que, si el INEGI mejora la aplicación de la ENIGH, la medición de la pobreza no podrá comparase con años anteriores. Pero si no lo mejora, seguiremos sobreestimando la pobreza.

El INEGI lleva a cabo una cantidad impresionante de encuestas para construir y calcular un sinnúmero de indicadores económicos de gran relevancia. Dentro de todas, la más difícil es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), cuyo levantamiento es cada dos años. De esta encuesta se sustrae información para el cálculo de las cuentas nacionales y los índices de precios. A partir de 2008, incluye el Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS), que es la fuente de información para la medición multidimensional de la pobreza. Cualquier error o imprecisión implica malos cálculos de la inflación, del consumo y de la pobreza.

Desde hace tiempo atrás, se le ha criticado por dos fallas estructurales fundamentales. La primera es que hay un incentivo perverso para que los hogares entrevistados no divulgan la totalidad de sus ingresos. Por ejemplo, un hogar que obtiene un subsidio de Prospera y al mismo tiempo, recibe remesas de familiares que radican en Estados Unidos, no va reportar los ingresos obtenidos por remesas ante la posibilidad de que le cancelen su subsidio. Resulta que la cantidad de remesas capturadas por la ENIGH no llega al 10 por ciento de lo que reporta Banxico cada mes. En general, el gasto en consumo de los hogares de la ENIGH no logra registrar ni siquiera la mitad del consumo que se reporta en las Cuentas Nacionales. Es muy obvio decir que, si existe un problema serio de subdeclaración de ingresos, cualquier medición de la pobreza estará sobreestimada. Resulta importante subrayar que este problema se detectó hace por lo menos tres décadas, si no antes, es decir, mucho antes de que existiera el Coneval.

La segunda falla es que la Encuesta esta truncada, es decir, no cubre los hogares de mayores ingresos en el país. Hace como tres décadas, Agustín Legorreta se hizo famoso al decir que la economía de México estaba controlada por 300 familias. Pues resulta que ni una sola de esas 300 familias más ricas del país están incluidas en la encuesta. Simplemente al excluir a Carlos Slim, quien más veces que no resulta ser el hombre más rico del mundo, la ENIGH tiene este problema. El problema resulta de que se utiliza la información del ENIGH para calcular el famoso “coeficiente de Gini”, que mide la distribución del ingreso. Si la Encuesta no incluye a los más ricos del país, cualquier cálculo va subestimar este coeficiente. En otras palabras, la distribución del ingreso es mucho más inequitativo de lo que sugiere la Encuesta.

Estas dos fallas y las implicaciones que tienen en cuanto a la sobreestimación de la pobreza y la subestimación de la desigualdad, han sido sujetos de investigación desde hace tiempo. Hay estudios de Cortes, Leyva, Esquivel, Bustos, Torres, Campos, Chávez, Boltvinik, Hernández, Cervantes y un sinnúmero más, que han contribuido al tema. También hay estudios de organismos oficiales, aunque autónomos, como Coneval y el INEGI, que han hecho aportaciones muy valiosas. En cuanto al último, cabe la pena citar un estudio recién publicada (en inglés en el Journal de Latin American Policy, mayo 2017, y una reseña en español en la Revista Este País, junio 2017), realizado por Gerardo Leyva y Alfredo Bustos. Desarrollan un método de ajuste estadístico que utiliza información fiscal y de cuentas nacionales para mejorar la estimación del ingreso. Encuentran que la incidencia de pobreza monetaria sería de 30 por ciento de los hogares, comparada con el 44 por ciento que resulta de las cifras originales de la ENIGH, y que el coeficiente de Gini tiene un valor de 0.63, en contraste de 0.44 de la ENIGH. En otras palabras, confirma las hipótesis de que no somos tan pobres pero nuestra distribución del ingreso es mucho más inequitativa.

El estudio parece ser serio. La contribución resulta importante. La búsqueda por mejores datos, metodologías e indicadores debe ser continua. El debate es genuino. Entonces, ¿cuál es el problema? Resulta difícil separar la necesidad académica y el interés político en un tema tan sensible, en especial a la luz de la polémica mayor que se desató el año pasado cuando Coneval rehusó medir la pobreza para 2015. ¿Por qué? El INEGI introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos en la Encuesta, de tal forma que ya no era comparable la información con años anteriores: Peor aún, lo hizo sin consulta previa con Coneval.

Seguiremos comentando.

De alguna forma u otra, sorprendió el crecimiento de 0.67 por ciento para el PIB en el primer trimestre del año respecto al trimestre anterior, comparado con 0.73 por ciento del trimestre anterior. La tasa anual del primer trimestre, ya corregido por efectos de calendario, fue 2.55 por ciento, comparado con la del trimestre anterior que fue 2.33 por ciento. ¿Por qué sorprendió? Porque en su momento se anticipaba una desaceleración significativa en la actividad económica a principio de año ante el desplome en los indicadores de confianza (que seguramente afectaría a la inversión privada y el consumo de los hogares) y el aumento en la inflación (que restaría poder adquisitivo a las familias). El gobierno aplica una política fiscal restrictiva ante la necesidad de reducir los niveles escandalosos de deuda pública como proporción del PIB, mientras que el Banco Central aplica una política monetaria restrictiva ante la escalada de precios. Este último ha encarecido el crédito, lo cual también actúa como freno a la actividad económica.

Cuando el gobierno reportó el crecimiento del primer trimestre (22 de mayo) nos dijo que las actividades primarias crecieron 1.1 por ciento, las secundarias 0.1 por ciento y las terciarias 1.0 por ciento. Incluso, la manufactura creció 2.1 por ciento, por lo que realmente explica el estancamiento de las secundarias fue la caída de -1.9 por ciento en la minería (la producción petrolera). Sin embargo, por el lado del gasto no tendremos la información final hasta 20 de junio. Incluso, la información mensual de inversión y consumo de marzo, el último mes del primer trimestre, apenas se dio a conocer en estos días. Pero con esta información podemos armar un poco mejor el rompecabezas de lo que pasó en el primer trimestre.

A pesar de un avance en la inversión en marzo (0.9 por ciento), el trimestre en su conjunto presenta una caída de -1.6 por ciento respecto al trimestre anterior ante las caídas de -1.8 y -0.6 por ciento en enero y febrero, respectivamente. No tenemos el desglose entre la inversión privada y pública, pero ante las caídas en la construcción de obras de ingeniería civil y la edificación no residencial, podemos intuir que sigue el desplome en la pública. Sin embargo, también la evidencia apunta a una desaceleración importante en la privada. Quizás no hubo el desplome que se anticipaba originalmente en la inversión total, pero si veremos una tasa negativa cuando el INEGI reporta los datos finales dentro de dos semanas.

El consumo de los hogares disminuyó -0.9 por ciento en enero y -0.4 por ciento en marzo, mientras que hubo un pequeño avance de 0.1 por ciento en febrero. En su conjunto, el consumo del primer trimestre no alcanza disminuir, ya que el nivel promedio del primer trimestre se ubica 0.6 por ciento por encima del cuatro de 2016. No obstante, si medimos marzo respecto a diciembre, existe una tendencia a la baja al ubicarse -1.1 por ciento abajo. Los bienes de origen nacional tienen una tasa de -2.6 por ciento, mientras que los servicios -0.2 por ciento. ¿Esto qué significa? Aunque el consumo presentará una tasa positiva en el primer trimestre en su conjunto, existe evidencia muy clara de una desaceleración.

Aun así, el consumo presenta un comportamiento extraño en el primer trimestre. Existen tasas negativas para el consumo de bienes y servicios de origen nacional, pero un repunte significativo en el consumo de bienes importados. El crecimiento se explica fundamentalmente por una tasa extraordinaria en febrero que, al consultar los datos de la importación de bienes de consumo de la balanza comercial, resulta que son de bienes no petroleros. ¿Qué habrá sido?

Si vemos los datos en su conjunto, encontramos una desaceleración en el consumo de los hogares, una tasa negativa en la inversión total y seguramente habrá una tasa negativa (o por lo menos cercano a cero) en el consumo de gobierno. Entonces, ¿qué explica el relativamente buen comportamiento de la actividad económica en el primer trimestre? Básicamente, el crecimiento continuo en las exportaciones. Después de casi dos años de estancamiento, aparentemente está de regreso nuestro motor principal de crecimiento. No obstante, el veredicto final lo tendremos dentro de dos semanas, ya que no es lo mismo medir las exportaciones en dólares nominales (balanza comercial), que en pesos reales (cuentas nacionales).

Hace once años escribí sobre el vino mexicano en esta misma columna. No solo reconocí la calidad de nuestros vinos, sino además el gran auge que tenía la industria, en especial los vinos de autor. En ese momento comenté que el gusto por el vino en México estaba en pañales, ya que nuestro consumo per cápita llegaba en el mejor de los casos a medio litro por año, comparado con Luxemburgo donde se toman alrededor de 70 o Francia cuyo consumo anda por 44 litros. Me dicen que ahora es el Vaticano que encabeza la lista con más de 80, mientras que en México hemos rebasado 0.7 litros.

De ser cierto estas cifras, significa que nuestro consumo por persona se ha casi duplicado en la última década. Aun así, habría que aclarar que en México el gusto se confina a un grupo relativamente pequeño de personas, que no rebasa medio millón de personas pero que representa más del 85 por ciento del consumo. Igual, de ser cierto, significa que 122.5 millones de mexicanos prácticamente desconocen el vino. Lo que sí es cierto es que hace veinte años, cualquier restaurante (por lo menos en la Ciudad de México) que presumía tener una carta de vinos no ofrecía mexicanos; ahora casi no existe uno que no tenga varios (si no es que muchos) en su carta. El gran auge sigue y cada vez son más y mejores.

Por todo lo anterior, da un enorme gusto que México mandó 18 vinos a la Competencia Mundial de Vino 2017 en Bruselas y obtuvo 18 medallas, de los cuales 6 fueron de oro y 12 de plata. El concurso examinó 9,080 vinos de 50 países, mediante un panel de 320 jueces que consistió en enólogos, sommeliers, compradores y periodistas especializados. Los países que obtuvieron el mayor número absoluto de medallas fueron (en orden) España, Francia, Italia, Portugal y Chile, aunque en términos relativos México obtuvo un 100 por ciento de medallas en relación a los vinos sometidos.

Entre los premiados vimos algunos vinos mexicanos que año tras año reciben el reconocimiento de oro, como los Casa Grande Chardonnay, Casa Madero Chardonnay y Duetto de Santo Tomás. En esta ocasión hubo dos vinos de autor que obtuvieron medalla de oro: Casta Tinta Syrah y Hilo Negro ZigZag, ambos de Valle de Guadalupe. No conozco a ninguno de estos dos, por lo que los estaré buscando. Entre los que obtuvieron medalla de plata también están varios que repiten cada rato como Casa Grande Shiraz (que creo que merece oro) y los de L.A. Cetto de la línea Reserva Privada (tanto el Cabernet Sauvignon como el Nebbiolo), el Petite Syrah y el Sauvignon Blanc. Alguien ofreció el comentario en Twitter que muchos de estos vinos son de diario, ni siquiera reservas. Sin embargo, pienso que esto les da todavía más mérito, ya que en especial L.A. Cetto ha buscado ofrece vinos menos caro que la mayoría. Por ejemplo, su Nebbiolo Reserva Privada ha de ser de los mejores en términos de precio/calidad en el mercado.

Da gusto ver que Cuna de Tierra de Dolores Hidalgo en Guanajuato obtuvo dos medallas de plata. Esta empresa joven produce buenos vinos, aunque me dio algo de tristeza no encontrar mi favorito de esta región, Laja 2013. Igual, ubique en la lista de los de plata a dos que no recuerdo haber probado, Casta Negra y Cardón, ambos de Valle de Guadalupe. También está el Blend de Tierra Adentro de Zacatecas, que probé hace poco.

Sorprende que ya tenemos 22 estados que producen vino. Los cuatro valles alrededor de Ensenada, en especial Valle de Guadalupe, produce más del 80 por ciento. Coahuila (Parras), Aguascalientes, Zacatecas, Querétaro y Guanajuato son otros cinco que ya conocía. A esta lista hay que agregar Baja California Sur, San Luis Potosí, Jalisco, Nuevo León, Campeche, Chihuahua, Durango, Puebla, Sonora, Guerrero, Michoacán, Hidalgo, Tlaxcala, Tamaulipas, Oaxaca y Chiapas, aunque confieso que nunca he visto y menos probado un vino de estos 16 estados.

En lo personal, ¿cuáles son mis favoritos?  Por mencionar algunos de autor que me encantan probar, pondría La Llave 05 y la línea de Cru Garage de Víctor Torres Alegre, Alborolo de Shimul, Mogor Badan, Amado IV de Viñas de Garza, Apogeo de Cava Maciel, Fauno de La Trinidad, Contraste de Vino de Piedra, Barón Balché Premium Cero, Las Nubes Syrah, L Selección 5 de Vino de Liceaga, Mariatinto, Laja y JC Bravo. De las casas grandes, Casa Grande Shiraz de Casa Madero, Gran Ricardo de Monte Xanic y Don Luis Terra de L.A. Cetto.

Hasta ahora, el consumo de los hogares ha sido el único componente del PIB por el lado del gasto que crece relativamente bien. En 2016 el PIB creció 2.1 por ciento (corregido por efectos de calendario), medio punto porcentual menos que el año anterior. Mientras que el consumo mejoró al crecer 2.5 por ciento (comparado con 2.2 por ciento en 2015), se desaceleró el consumo de gobierno (1.1 por ciento versus 2.4 por ciento en 2015), la inversión privada (2.2 por ciento comparado con 8.1 por ciento del año anterior) y las exportaciones (1.2 por ciento contra 10.4 por ciento hace un año). La inversión pública se desplomó -9.5 por ciento para hilar siete años consecutivos con tasas negativas. No tendremos las cifras para el primer trimestre de 2017 hasta el mes entrante, pero el comportamiento de consumo será clave para determinar el crecimiento este año.

En principio se anticipa cierta desaceleración ante la pérdida en el poder adquisitivo de las familias como consecuencia del incremento en la inflación. Algunos indicadores, como el ingreso real laboral y las ventas reportadas por ANTAD, ya señalan cambios en esa dirección. Sin embargo, las cifras duras que pudieran colaborar cambios en el consumo están rezagadas, por lo que todavía no podemos confirmar o rechazar esta hipótesis.

Una alternativa es examinar la encuesta que recopila la empresa Kantar WorldPanel sobre el consumo de bienes masivo. Cada semana Kantar visita 8,500 hogares para registrar sus compras y hábitos de consumo. Consideran 75 categorías de consumo masivo y los datos representan los hábitos de 19.2 millones de hogares urbanos en todo México. El panel está diseñado para representar la distribución geográfica y socioeconómica de la población urbana del país. La información es muy oportuna y útil para anticipar el consumo de los hogares, que INEGI reporta con un rezago de tres meses. Lo que Kantar dice es que el dinamismo del consumo se mantiene, aunque muestra una afectación negativa ante el aumento en la inflación. Incluso, Kantar dice que los aumentos en precios son mayores a lo que reporta el INEGI.

En años anteriores, la inflación oficial siempre había estado en línea con la recopilación de precios de Kantar. Sin embargo, desde el año pasado Kantar ha detectado diferencias importantes. Mientras que el INEGI reporta la inflación en 5.8 por ciento, Kantar dice que se ubica en 11.8 por ciento, prácticamente el doble. Peor aún, los más afectados son los niveles socioeconómicos más bajos. Los niveles AB, que tienen más recursos para sortear la escalada de precios, muestran aumentos en precios de 6.7 por ciento. Sin embargo, el nivel C sufre una inflación de 11.4 por ciento y el nivel D de 12.7 por ciento. Pero los de menos recursos, clasificados como D-/E, tienen aumentos de 13.5 por ciento en los precios de los bienes que consumen.

¿Cómo afrontan las familias el aumento en la inflación? Kantar ha encontrado que los hábitos de consumo cambian cuando se percibe una situación de crisis. Por ejemplo, en 2009 Kantar detectó un aumento en la frecuencia a tiendas, pero con tickets menores, es decir, en cada viaje hubo un menor desembolso. El consumidor empiezo a comprar paquetes y tamaños más pequeños, que al final del día costaban más por unidad. Visito menos los establecimientos como supermercados y realizó más compras en tiendas pequeñas, a pesar de que los precios suelen ser menores en las cadenas grandes. También compró más promociones y marcas más baratas y redujo el consumo de bienes prescindibles.

Aunque sí ha aumentado significativamente la inflación, no estamos en tiempos de crisis como en la recesión de 2009. Pero, aun así, 6 de cada 10 hogares admiten que han cambiado sus hábitos de compra en este último año; el 42 por ciento dicen que siguen comprando como siempre. Kantar encontró que 23 por ciento admiten comprar más promociones, 22 por ciento dicen que están comprando marcas más económicas y 13 por ciento realizan compras de menor desembolso. Los productos más prescindibles son los de belleza, ya que son los primeros que sacrifican; alrededor de 7 por ciento de los hogares dicen que están gastando menos en estos productos. No obstante, los supermercados y las tiendas de conveniencia no han perdido compradores. Todos los niveles socioeconómicos están incrementando su gasto en los canales modernos.

El INEGI mide el PIB por el lado de la oferta (producción bruta menos consumo intermedio) y por el lado del gasto. Dado que es mediante inferencia estadística, las dos metodologías no dan el mismo número, por lo que se tiene que ajustar con una discrepancia estadística. Dado que se considera que el método de la producción es más robusto, siempre se asigna la discrepancia a la medición por el lado del gasto. Existe un tercer método, que es por el lado de los ingresos, pero el INEGI no lo calcula. Es por eso que no tenemos en México indicadores oportunos y de alta frecuencia de ingresos. Por ejemplo, en Estados Unidos se da a conocer el ingreso personal disponible y el ahorro de las familias cada mes. En México simplemente no contamos con esa información.

Una forma de aproximar el ingreso es mediante el número de trabajadores asegurados y el salario nominal promedio de cotización del IMSS. Si multiplicamos ambos obtenemos una “masa salarial” nominal, que a su vez se ajusta por el aumento en el INPC para obtener una masa salarial real laboral. Si calculamos esta cifra para marzo, encontramos que ha aumentado 3.8 por ciento respecto al año pasado, producto de un aumento de 4.6 por ciento en el empleo y una caída de -0.6 por ciento en el salario real. Pero el problema es que los registros de empleo del IMSS no tienen mucho que ver con el empleo nacional. De entrada, excluye el empleo informal, que INEGI dice que representa 56.8 por ciento del empleo nacional. Sin embargo, tampoco abarca el 43.2 por ciento restante, ya que existe mucho empleo formal no contemplado en el IMSS. Incluso, si contrastamos el empleo del IMSS contra el que calcula INEGI en la ENOE, encontramos que la ocupación nacional crece a un ritmo de 2.1 por ciento (tasa anual del primer trimestre), mientras que el empleo registrado en el IMSS crece a lo doble, 4.2 por ciento. Existe una discrepancia entre ambos desde principios del sexenio, ya que mientras los números del IMSS representaban 33.4 por ciento del empleo nacional en el último trimestre de 2012, para el primer trimestre de 2017 la proporción subió a 36.4 por ciento. El incremento en el número de trabajadores registrados en el IMSS no es solo creación de empleos nuevos, sino también la captación de empleos ya existentes. Por lo mismo, sus cifras no nos dicen nada acerca del ingreso laboral real del país.

La alternativa es utilizar los “datos estratégicos” de la ENOE (en su entrega trimestral), que brinda el número de horas trabajadas por semana y los ingresos por hora trabajada. Si multiplicamos ambos y dividimos entre el INPC, obtenemos los ingresos promedio reales por semana. La misma encuesta nos da la población ocupada remunerada, por lo que obtenemos la masa salarial real laboral a nivel nacional. Los números contrastan mucho con los del IMSS. De entrada, el salario real promedio de cotización del IMSS disminuye -0.7 por ciento en el primer trimestre respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la caída del ingreso real por hora trabajada de la ENOE es -2.2 por ciento. Dado que el IMSS no proporciona el número de horas trabajadas, no podemos comparar el ingreso real promedio. Sin embargo, la masa salarial real del IMSS crece 3.6 por ciento anual, mientras que la de la ENOE crece 2.3 por ciento anual.

¿Qué nos dice el crecimiento anual de 2.3 por ciento? De entrada, es el noveno trimestre al hilo de tasas positivas en la masa salarial real, lo que explica en parte el buen comportamiento del consumo de los hogares justo en el mismo periodo. Aunque la tasa anual es un punto porcentual menor al promedio observado en los ocho trimestres anteriores, sugiere que el consumo deberá seguir creciendo, aunque sea a una tasa ligeramente menor. No obstante, en el margen (es decir, respecto al trimestre anterior) hay una disminución de -1.0 por ciento, debido a la caída en el poder adquisitivo ante el incremento significativo en la inflación en el primer trimestre del año. De hecho, es el segundo trimestre consecutivo con una caída en el ingreso promedio real. De seguir su trayectoria ascendente, es muy probable que la inflación siga disminuyendo los ingresos reales y veamos un consumo más deteriorado en los siguientes trimestres.

Finalmente, la ENOE confirma aumento en el empleo, pero cada vez remunerado con un salario real menor. Esto es el reto principal a vencer.