Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Queda claro que empezamos el año muy mal: el gasolinazo y los subsecuentes saqueos y manifestaciones generalizadas, junto con el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos, nos pusieron a todos de mal humor. El pesimismo se vio primero en el peso mexicano cuando el tipo de cambio “fix” alcanzó 21.9076 el 11 de enero. Posteriormente vimos un desplome sin precedente en las confianzas del consumidor y empresarial. Las percepciones sobre la situación actual y futura de la economía del país registraron niveles de pesimismo abismales, incluso muy por debajo de los peores momentos de la Gran Recesión de 2008-2009. Todos revisaron sus expectativas de crecimiento a la baja y veían un aumento significativo en las probabilidades de una recesión.

Tres meses después el tipo de cambio se ubica en 18.4863, ya por debajo del promedio de 18.6943 del año pasado e incluso en niveles que prevalecían antes de las elecciones de Estados Unidos. La confianza del consumidor rebotó en febrero y marzo, casi reponiendo la caída de enero, mientras que la empresarial mostró una mejoría todavía mayor. Todavía existe cierto escepticismo, pero esa percepción negativa extrema de enero se está desvaneciendo. Las probabilidades de una recesión han disminuido significativamente, mientras que por primera vez (en 16 meses) vimos una revisión hacia arriba en las expectativas de crecimiento para 2017, de 1.4 por ciento en marzo a 1.55 por ciento en abril, en la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF. Claramente, hubo una sobrerreacción del mercado ante los acontecimientos de principio de año.

El gasolinazo en enero quedará como uno de los errores más grandes de este sexenio. Sin embargo, el impacto ha se asimiló y el enojo ha bajado. La incertidumbre que representaba Trump para el futuro del TLCAN también ha disminuido, al ver primero que no sería tan catastrófica una posible salida de Estados Unidos y segundo, que las opciones que se presentaron a principios de año no son tan amplias. Ahora vemos que México no tiene tanto que perder ante una eventual renegociación y que es altamente probable que subsista la relación comercial entre vecinos.

De hecho, hemos observado una recuperación en la producción manufacturera de Estados Unidos en los últimos meses, después de casi dos años de estancamiento. La disminución de 0.4 por ciento de marzo fue la primera tasa negativa en seis meses y aun así el promedio de los primeros tres meses del año se ubica 1.0 por ciento por encima del promedio de 2016. Sin embargo, todavía más importante, ya vemos una clara tendencia alcista en las exportaciones de Estados Unidos a pesar de la fortaleza de su moneda. Esto implica una mayor demanda por insumos mexicanos. De hecho, ya vemos una tendencia alcista de la producción manufacturera mexicana y finalmente, crecimiento en nuestras exportaciones. Esto es vital, ya que han sido nuestro principal motor de crecimiento de las últimas dos décadas. Lo que parecía que iba ser fatal a principios de año, no se materializó.

No obstante, no todo marcha bien. La inversión privada todavía muestra estancamiento y cierto escepticismo. La construcción no residencial se desplomó a mediados del año pasado y no da señales de recuperación. Las obras de ingeniería civil, cuyo ímpetu es la inversión pública, sigue (y seguirá) a la baja ante los problemas de consolidación fiscal que enfrenta el gobierno.

Pero posiblemente la clave para el crecimiento económico de este año será el consumo de los hogares, que ya enfrenta cierta desaceleración. Aunque los últimos datos confirman que es el consumo de bienes y servicios de origen nacional lo que crece, mientras que los bienes de consumo importados se ha estancado desde hace más de un año, la parte endeble de la ecuación es el ingreso disponible de las familias. Si bien ha aumentado el empleo, es en su mayoría de muy baja remuneración, mientras que el aumento en la inflación en los primeros tres meses del año ha sido sumamente perjudicial. No hemos visto los cambios de hábito que muestran los consumidores ante una crisis, pero sí una adaptación a una pérdida en su poder adquisitivo. Estimaciones independientes al INEGI, realizadas por Kantar Worldpanel México, señalan que los precios de los productos que más adquieren los hogares han aumentado en promedio cerca de 10 por ciento. Por lo mismo, la inflación es la principal preocupación de los consumidores.

El INEGI acaba de divulgar los datos pertenecientes al Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) para enero, que señala que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes subió y liga su tercer mes consecutivo por arriba de su tendencia de largo plazo, mientras que el Índice Adelantado disminuyó y lleva 29 meses por debajo de su tendencia de largo plazo. En otras palabras, el adelantado, que se supone anticipa la dirección del ciclo económico (el coincidente), lleva más de dos años diciendo que vamos a entrar en una recesión, lo cual no ha pasado. Mediante un examen rápido a la gráfica del boletín de prensa que compara las trayectorias de ambos, nunca hemos visto que el adelantado haya fallado tanto. Pero, ¿qué significa todo esto?

El SIC es un enfoque del “ciclo de crecimiento”, que identifica las desviaciones de la economía respecto a su tendencia de largo plazo, mediante una metodología desarrollada por la OCDE. Se limita a decirnos si la brecha de la economía respecto a su tendencia de largo plazo es negativa o positiva y si se está ampliando o reduciendo. Pero dado que no especifica si la tendencia ha aumentado o disminuido, realmente no nos dice mucho respecto al ciclo económico en sí. Incluso, es diferente a lo que el INEGI llama el Sistema de Indicadores Compuestos Coincidente y Adelantado (SICCA), que utiliza la metodología clásica desarrollada por el NBER de Estados Unidos y que mapea fielmente el ciclo económico. El INEGI calcula y publica los resultados del SICCA desde 2000. Sin embargo, a partir de 2010 decidió desarrollar el SIC y favorecer su divulgación sobre el SICCA. Al principio, falló en explicar que eran dos enfoques diferentes e incluso le puso la etiqueta de “recesión” al periodo en que la brecha era negativa y se iba reduciendo. Sin embargo, hace unos años tuvo que admitir su error y evitar de utilizar las mismas etiquetas que pertenecen al SICCA. A partir de ese momento, el boletín de prensa del SIC es la más extensa (22 páginas), ya que (entre otras cosas) explica la diferencia entre los dos enfoques.

El SICCA, conocido como el ciclo económico clásico es más intuitivo y útil para entender y comparar nuestro ciclo con el de Estados Unidos. Define fechas exactas de recesiones, recuperaciones y expansiones, totalmente compatible con la tarea que realiza el Comité de Fechas de Ciclos Económicos del NBER de Estados Unidos (ver www.nber.org/cycles). Nos señala que desde 1980 a la fecha hemos tenido seis recesiones, siendo la última de enero 2008 a mayo 2009, con una duración de 17 meses. A partir de mayo de ese año inició el periodo actual de expansión, que lleva 93 meses hasta enero de 2017. Por ende, es el periodo de expansión más larga de toda la historia del indicador. El de mayor extensión anterior fue de noviembre de 1986 a octubre de 1992, de 72 meses.

La expansión actual tuvo un periodo de estancamiento en 2013, que casi se convierte en recesión. No obstante, no hubo un periodo definido y de suficiente duración para clasificar como recesión tal cual. Por lo mismo, este sexenio se apunta (hasta ahora) en ser el primero en no sufrir una recesión (desde que existen los datos a partir de enero de 1980). Este dato no parece encajar con la percepción de los consumidores cuyo nivel actual de pesimismo es más bajo que el que prevalecía en cualquier periodo de recesión. Parte de la explicación radica en el hecho de que el ritmo de expansión actual es el más bajo comparado con cualquier otro periodo. El más lento anterior fue el periodo de 54 meses entre agosto 2003 y enero 2008. Es decir, hemos padecido los dos periodos de expansión más lentas en nuestra historia en los últimos años, interrumpido solamente por una recesión de 17 meses, que resultó ser la segunda más profunda de todos. Esto significa que el ritmo de expansión que hemos tenido en los últimos 162 meses (casi 13 años y medio), desde agosto 2003 a la fecha, es equivalente apenas a 1.7 por ciento anual. Peor aún, si consideramos el periodo de octubre de 2000 a la fecha (196 meses, 16 años y 3 meses), el ritmo disminuye a tan solo 0.7 por ciento anual. Verdaderamente mediocre.

¿Qué entonces explica la mejoría en los últimos meses? Básicamente es el desempeño de la tasa de desocupación urbana, que se ubica actualmente casi un punto porcentual por debajo de su tendencia de largo plazo (su relación con el Indicador Coincidente es inversa).

Hay Pulso

Abril 4th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Hacía fines del año pasado la economía marchaba a un paso lento, caracterizado por desequilibrios fiscal y externo crecientes. A pesar de un ajuste cambiario extraordinario a lo largo de dos años, nuestras exportaciones no crecían. A pesar de un gasto público sin precedente, la inversión pública seguía cayendo (por séptimo año consecutivo) y la deuda pública ya rebasaba 50 por ciento del PIB. Peor aún, tanto la política fiscal como la monetaria se tornaban más y más restrictiva, prometiendo un freno adicional a la actividad económica. La percepción de la situación económica del país reflejaba un pesimismo no visto en mucho tiempo. En ese momento, gana Trump la presidencia de Estados Unidos. En un par de meses vimos cómo se desplomaba el peso junto con la confianza empresarial y del consumidor.

Ya con el tipo de cambio tocando 22 pesos por dólar y la confianza del consumidor en mínimos históricos, los analistas que se dedican a tratar de anticipar el rumbo de la economía revisaban sus expectativas para el crecimiento a la baja. El consenso llegó a 1.5 por ciento, pero algunos esperaban todavía algo peor. Por ejemplo, las instituciones financieras más importantes como Banamex (1.2 por ciento), Bancomer (1.0 por ciento) y Banorte (1.1 por ciento) fueron de los más pesimistas. Incluso, una institución, BNP-Paribas, puso su expectativa en 0.0 por ciento para el año. No era para menos, ya que algunas de las primeras cifras, como el Indicador IMEF y las ventas de ANTAD, marcaban una clara tendencia a la baja.

Para tener una tasa de crecimiento más cercano a 1.0 por ciento, necesitaríamos anticipar una caída en el PIB en el primer trimestre del año. El escenario lo vea ante una inversión privada detenida por la incertidumbre que representaba Trump y ante un consumo privado más medido por la pérdida en el poder adquisitivo como consecuencia del incremento significativo en la inflación. Pero cuál ha sido la sorpresa que los primeros indicadores duros muestran que la actividad económica sigue creciendo. El INEGI reportó que el IGAE de enero creció 0.27 por ciento respecto a diciembre. Aunque no es una tasa tan robusta, sí implica un ritmo de crecimiento mayor a 3 por ciento y es la novena tasa positiva consecutivo para la actividad económica global. Fue producto de avances marginales en las actividades secundarias y terciarias y de una tasa muy significativa en las primarias. No todo va bien, pues la minería sigue a la baja y el comercio presentó una caída importante (¿saqueos?). Pero simplemente el hecho de que no hubo una tasa negativa en general para el mes fue excelente noticia.

Para febrero, ya tenemos dos indicadores adicionales con buen desempeño. Las exportaciones manufactureras avanzaron 3.6 por ciento en febrero y más aún, muestran una clara tendencia al alza. Las exportaciones no petroleras de enero-febrero se ubican 6.9 por ciento por encima del mismo bimestre del año anterior, mientras que las petroleras reflejan una recuperación muy importante. Dado que las exportaciones han sido el principal motor de crecimiento del país a lo largo de los últimos 24 años, su buen comportamiento es vital. También sigue a la baja el desempleo; la tasa urbano de 3.78 por ciento de febrero es la más baja desde que existe la ENOE desde enero de 2005. La mejoría observada a lo largo de los últimos 15 meses es de las más pronunciadas desde la que vimos después de la crisis “tequilera” de 1997 a 1999. Finalmente, la trayectoria del tipo de cambio en los últimos dos meses ha regresado el valor del peso a los niveles pre-Trump, claro reflejo de que se han revertido las preocupaciones extremas.

No todas las noticias son buenas. Más bien predominan señales mixtas. El desplome en las obras de ingeniería civil es impresionante, la edificación muestra una tendencia lateral desde hace buen tiempo y las ventas de ANTAD anticipan una desaceleración importante en el comercio. El incremento en la inflación en los primeros tres meses del año es sumamente preocupante, ya que anticipa una pérdida importante en el poder adquisitivo, fundamental para el consumo de los hogares. No obstante, la economía no se está colapsando como algunos anticipaban. Se mantiene cierto pulso, nada acelerado, pero lo suficiente como para relajarnos tantito. Con todo esto, es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de crecimiento para el año.

El INEGI divulgó ayer martes el desglose del PIB por el lado del gasto para el cuarto trimestre de 2016, que consiste en consumo privado, consumo de gobierno, inversión fija bruta, exportaciones e importaciones. Con esta información ya tenemos todas las cifras del año. Ya sabíamos que el PIB creció 2.3 por ciento, impulsado por un día más (año bisiesto). Si corregimos por este efecto de calendario, el crecimiento fue 2.05 por ciento. Este día adicional impulsó principalmente al consumo de los hogares, ya que su tasa de 2.8 fue 2.5 por ciento ya corregido, mientras que los otros componentes del PIB no muestran mucha diferencia. Al final de cuentas, el consumo explica 1.9 puntos porcentuales del crecimiento del PIB, es decir, su expansión contribuyó el 83 por ciento del avance en la actividad económica del año. Con estos números, resulta que el consumo privado tiene su máxima expansión para un año en lo que va del sexenio, marginalmente mejor que 2013.

A pesar de la mejoría en el consumo, el PIB creció menos el año pasado que en 2015. Los dos factores que realmente explican la desaceleración son la inversión fija bruta y las exportaciones. La inversión total creció 0.4 por ciento en 2016 versus 4.3 por ciento el año anterior. Si la desglosamos entre pública y privada, primero encontramos que la pública disminuyó -9.4 por ciento en 2016, comparado con -11.7 por ciento en 2015. Con esta cifra vemos una tasa negativa en la inversión pública por séptimo año consecutivo. En 1995, la pública representaba 51.6 por ciento de la inversión total, mientras que en 2016 solo explica 14.5 por ciento. La inversión privada creció 2.2 por ciento el año pasado, una desaceleración significativa comparado con el avance de 8.1 por ciento del 2015.

La desaceleración en las exportaciones muestra una faceta interesante en cuanto a su contribución al crecimiento económico. En 2015 habían crecido 10.4 por ciento, mientras que en 2016 solo avanzaron 1.2 por ciento, es decir, después de haber sido el componente más dinámico de la actividad económica en 2015, el año pasado fue de los menos. Sin embargo, estas cifras contrastan enormemente con las de la balanza comercial, que cayeron -4.1 por ciento en 2015 y -1.8 por ciento en 2016. Entre ambas series hay dos diferencias básicas. Primero, la balanza comercial registra las exportaciones en dólares nominales, mientras que en las cuentas nacionales se expresan en pesos reales. Si el deflactor implícito de las exportaciones se calcula bien, lo último sería equivalente a volumen, mientras que lo primero es valor. Significa que exportamos más volumen en 2015 comparado con el año anterior, pero recibimos menos dólares. En cambio, en 2016 la diferencia no fue muy marcada. Esto fue especialmente significativo en las exportaciones petroleras, ya que disminuyeron -45.3 por ciento (dólares nominales) en 2015, mientras que las no petroleras aumentaron 0.8 por ciento. En 2016, las petroleras cayeron -19.1 por ciento y las no petroleras -0.6 por ciento. La segunda diferencia radica en que la balanza comercial incluye solo mercancías, mientras que en las cuentas nacionales incluye servicios no factoriales (esencialmente turismo, fletes y transporte).

Finalmente, vemos que el consumo de gobierno aumentó 1.1 por ciento en 2016, menos que el avance de 2.4 por ciento en el año anterior. Si sumamos el consumo de gobierno y la inversión pública para obtener una idea del gasto público, resulta que disminuyó -1.5 por ciento en 2016, muy parecido a la tasa de -1.4 por ciento del año anterior. Estas cifras también difieren de las que reporta la SHCP, básicamente por diferencias en cobertura y metodología. Mientras que la SHCP reporta el gasto federal, INEGI tiene que considerar todas las instancias de gobierno. La SHCP registra flujos de efectivo, mientras que el INEGI calcula el valor agregado del gasto. Esto significa que el gasto que registra SHCP en muchos de sus programas sociales, INEGI lo considera como transferencias y no valor agregado.

En resumen, crecimos un poco menos en 2016 que en el año anterior, a pesar de una mejoría en el consumo de los hogares. La razón es que la inversión privada y las exportaciones se desaceleraron bastante. ¿Qué se espera para este año? Menos crecimiento en el consumo y la inversión privada y más en las exportaciones.

Publicado en Reforma el sábado 18 de marzo bajo “Replica: Responde Musacchio a Heath”

Señor Director:

El pasado miércoles 15, en la página 5 de la sección de Reforma, Jonathan Heath embiste nuevamente contra la candidatura de Paloma Merodio a una vicepresidencia del INEGI. En su confuso revoltijo se atreve a decir que, como argumento -el único que cita- en favor de la maestra Merodio, digo (Excélsior 9/III/2017) “que es una mujer muy guapa”, lo que es cierto y no impide reconocer su impuluta honestidad, su brillante trayectoria académica y sus logros en la administración pública, la empresa privada y las organizaciones sociales, siempre en puestos ejecutivos, de lo cual doy cuenta en el artículo que no leyó Heath, pero que de ese modo busca favorecer a otros candidatos. Si pone en el Centro una cuestión tan Espinosa, es recomendable que antes vaya a las iglesias para que rece por su éxito.

Humberto Musacchio

Paloma

Marzo 19th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La controversia sobre la designación de Paloma Merodio a la Junta de Gobierno del INEGI va creciendo. El eje central es que realmente no cumple los requisitos legales. Peor aún, ni siquiera cerca. Me habían dicho que era cuestión de interpretación jurídica, pues con consideraciones laxas, pudiera calificar, aunque fuera apenas. Sin embargo, ya con una investigación más exhaustiva, está lejos pero muy lejos de calificar.

Como comentamos la semana pasada, la ley dice que debe “ser profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, algún cargo de alto nivel en los sectores público o privado, o ser un académico de reconocido prestigio en las materias mencionadas”. El único puesto relevante, es decir, que califica de “alto nivel”, es su aproximadamente un año en el puesto de Director General en Sedesol. El puesto que ocupó en el IMSS está marcada como categoría “L”, que la propia ley lo pone en el tabulador de “mando medio”.

Sin embargo, con estos dos puestos no llega ni cerca a los cinco años. Habría que sumar su estancia en la prestigiosa consultoría GEA, de Mauricio González y Jesús Reyes Heroles. Resulta que trabajó allí dos años cinco meses, pero en un puesto de apoyo a los socios, que se caracteriza por ser de pasantes, que después van a estudiar un posgrado. La referencia que dan de ella es que fue una excelente colaboradora, pero definitivamente no fue en un puesto de nivel jerárquico que se pudiera interpretar de “alto nivel”. En otras palabras, tiene alrededor de uno de los “por lo menos” cinco años necesarios para el puesto. Ya la semana pasada en esta misma columna, vimos que tampoco califica como “profesional distinguido” o de “académico de reconocido prestigio”. Al final de cuentas, no cumple con ni uno solo de los requisitos.

Me han dicho que la designación de Merodio tiene que ser aprobada por dos comisiones del Senado para que procede al pleno para su votación. En la de Gobernación me dicen que aparentemente domina el PRI, que siempre aprueba en automático las designaciones de la Presidencia, sin mayor consideración. No me queda claro, pero habría que preguntar a Cristina Díaz Salazar del PRI, con quien no he tenido la oportunidad de platicar. La otra, de Población y Desarrollo, es presidida por Armando Ríos Piter del PRD, e integrada por Esteban Albarrán Mendoza del PRI y Juan Carlos Romero Hicks del PAN. Según me han dicho Romero Hicks ya se pronunció en contra, mientras que Albarrán votará al estilo PRI. Por tanto, el voto decisivo queda en manos de Ríos Piter. Sin embargo, nadie sabe cuál será su decisión. Algo fuera de lo común, se ha caracterizado por un silencio total en estas últimas semanas. Me han señalado que “el silencio de @RiosPiterJaguar sobre la nominación de Merodio para INEGI es preocupante. Espero valore gravedad”.

Romero Hicks protestó formalmente ante el “microexpediente” que recibieron ambas comisiones en torno a su curriculum, ya que no contiene la información necesaria para sustentar la experiencia académica y profesional que presume. Obvio. La presidencia mandó documentación insuficiente ante el temor de que más información la descalificaría para el puesto.

En adición a la falta de experiencia, otros han señalado conflictos de interés que pudieran incluso dañar el proceder del INEGI y su reputación. Resaltan dos artículos a su favor, uno escrito por Humberto Musacchio y otro por Yuriria Sierra. El primero pone como argumento que es una mujer muy guapa, comentario exageradamente sexista. El segundo dice que su designación es importante porque sería la primera mujer en la Junta de Gobierno. Aparentemente, no ha oído de Rocío Ruiz, quien ocupó una silla en la Junta hace apenas cuatro años. Pero lo que más llama la atención es la larga lista de mujeres muy capaces para el puesto, que también ya discutimos la semana pasada. Incluso, en estos días me han llegado muchos más nombres que debería haber incluido.

Estaremos muy atentos en estos días a las decisiones de estas Comisiones de vital importancia. No queremos más daño a la reputación del INEGI, que entró en controversia con Coneval sobre la medición de pobreza y ha suscitado sospechas en torno a la medición de la inflación. Lo que más necesita ahora es una Junta de Gobierno sólida, más allá de cualquier sospecha.

La Junta de Gobierno del INEGI comprende cinco personas, un presidente (Julio Santaella que asumió funciones el 1 de enero de 2016) y cuatro vicepresidentes con periodos de ocho años escalonados: Enrique de Alba, quien hace poco fue ratificado para un periodo adicional de ocho años; Rolando Ocampo, quien inició en 2013; y Mario Palma, quien termina en 2018. El cuarto era Félix Vélez, quien entró en 2013 a sustituir a Roció Ruiz ante su renuncia. Por lo mismo, solo desempeño el cargo menos de cuatro años, cuyo periodo concluyó a fines del año pasado. El puesto quedó vacío, primero en espera de una designación y ahora, en espera de la ratificación del Senado de Paloma Merodio, quien fue propuesta por el Presidente.

Todas estas personas, incluyendo a Eduardo Sojo, el presidente anterior y José Antonio Mejía, vicepresidente hasta 2012, fueron personas de muy amplia experiencia y de credenciales impecables para sus puestos. Sin embargo, Paloma Merodio no tiene el mismo perfil, en especial la experiencia relevante acumulada, ya que tiene apenas 31 años de edad. Su designación ha armado gran controversia, a tal grado que el CEEY encabezó una petición al Senado para que la rechazaran, firmado por más de 30 organizaciones no gubernamentales. También la Sociedad Mexicana de Demografía, encabezado por Carlos Echarri, mandó una petición similar, firmado por todos sus expresidentes. El argumento principal en su contra es que no cumple con los requisitos marcados por la ley.

La ley dice que debe “ser profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, algún cargo de alto nivel en los sectores público o privado, o ser un académico de reconocido prestigio en las materias mencionadas”. Si revisamos el CV de Paloma, es de interpretación difícil y ambiguo decir que realmente tiene por lo menos cinco años de experiencia en puestos de alto nivel. De entrada, sí tiene estudios relevantes de Licenciatura en Economía del ITAM (con honores) y una Maestría de la Universidad de Harvard. Su experiencia de trabajo en Sedesol y el IMSS es relevante, ya que fue en puestos de toma de decisiones, planeación estratégica y evaluación de políticas públicas, coordinando equipos multidisciplinarios. Pero ¿fueron de alto nivel? Posiblemente su último puesto de Directora General en Sedesol puede calificar, pero no fue de cinco años. Se tendría que considerar el puesto de Coordinadora de Investigación Estratégica en el IMSS y así, con una interpretación laxa, pudiera calificar, pero rayando llanta.

¿Ha sido profesional distinguido? Yo no había oído de ella antes y es difícil pensar que alcanza esa distinción a los 31 años. ¿Es académica reconocida? Da clases en el ITAM desde 2014, pero por asignatura, por lo que tampoco podemos pensar que ya alcanzó ser distinguida. Tuve la oportunidad de conocerla personalmente y puedo atestiguar que es una persona inteligente, capaz, motivada, independiente y articulada. El hecho de que sea mujer es muy bien visto por todos. Sin embargo, ante su corta edad, queda claro la controversia en torno a su designación.

Más allá de la discusión de que si califica o no para el puesto, la indignación de los quienes han protestado tiene que ver con el hecho de que se debe propugnar por los mejores nombramientos posibles en los organismos autónomos y evitar las designaciones de amistades o cuotas. Por ejemplo, la lista de mujeres profesionales, capaces y con la experiencia necesaria es vasta. Sin pensar mucho, se me ocurre Lorenza Martínez, Ana María Aguilar, Evelyn Rodríguez, Delia Paredes, Sara Castellanos, Irene Espinosa, Nelly Aguilera, María Luisa Ruvalcaba, María de la Paz, Edith Pacheco y Graciela Teruel. Incluso, hacia dentro del INEGI hay muchas mujeres muy capaces, por ejemplo, con el perfil de Marcela Eternod, quien fue Directora General de Estadísticas.

Escribo sobre el tema porque muchos me han preguntado por mi opinión. Al final de cuentas, creo que el Senado no va gastar su poco capital político para bloquear la designación; Paloma Merodio será miembro de la Junta de Gobierno del INEGI hasta fines de 2024. Seguro que en este tiempo acumulará la experiencia necesaria y terminará por realizar un buen trabajo. Será reto de ella demostrar su independencia, apartidismo y dones de liderazgo. Bienvenida, felicidades y mucha suerte.

Sorprendió el INEGI el pasado 31 de enero cuando reveló su estimado oportuno del PIB para 2016 de 2.3 por ciento. Por ejemplo, el consenso de la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF de 30 economistas estaba en 2.0 por ciento en enero y sólo cuatro (los más optimistas) anticipaban 2.2 por ciento. El más pesimista esperaba 1.7 por ciento. La Encuesta Quincenal de Expectativas de Citibanamex de 20 de enero mostraba un consenso de 2.1 por ciento, igual con cuatro instituciones financieras optimistas que anticipaban 2.2 por ciento y una que esperaba tan solo 1.7 por ciento. Bancomer, por ejemplo, pensaba que el crecimiento sería 1.8 por ciento. Incluso, en la última encuesta del 21 de febrero, todavía 9 de 22 instituciones financieras esperaban que la tasa sería menor al estimado de 2.3 por ciento (cinco anticipaban 2.1 por ciento).

Sin embargo, cuando el INEGI reportó ya el cálculo tradicional el pasado 22 de febrero confirmó que el crecimiento de 2016 fue 2.3 por ciento. No hubo revisiones significativas para los crecimientos reportados en los primeros tres trimestres (que suele suceder), sino simplemente fue porque el cuarto trimestre cerró mucho mejor que lo esperado. Aunque el crecimiento de 0.7 por ciento no fue tan bueno como el 1.1 por ciento del tercero, las cifras mensuales del IGAE sugieren que los tres últimos meses del año tuvieron mejor promedio. Aunque no tendremos el desglose del PIB por el lado del gasto para el último trimestre hasta el 21 de marzo, podemos aventurar que el consumo de los hogares se mantuvo, mientras que hubo una mejoría en el desempeño de las exportaciones.

La mejoría en las exportaciones en el cuarto trimestre fue fundamentalmente mediante las no petroleras. En los primeros tres trimestres del año, tuvimos un déficit acumulado en el balance de exportaciones no petroleras de 3,474 millones de dólares (md), un promedio de 1,158 por trimestre. Sin embargo, en el cuarto trimestre hubo un superávit de 3,162 md, resultado de una mejoría de 5,335 md en las exportaciones. Esta mejoría no esperada ayudó a que el déficit de la cuenta corriente cerrara el año en 27,858 md, casi 5 mmd por debajo del consenso. Si este resultado lo combinamos con el hecho de que el PIB nominal creció también mucho más que lo anticipado (8.7 por ciento), resulta que el déficit cerró el año en 2.7 por ciento del PIB, bastante mejor a lo esperado (entre 3.0 y 3.1 por ciento del PIB).

Esta mejoría de último momento es importante, ya que las exportaciones no petroleras han sido el motor principal de crecimiento del país de los últimos veinte años. El tipo de cambio se ajustó alrededor de 60 por ciento en cuestión de dos años, sin que las exportaciones pudieran crecer en forma importante. En otras épocas en que hemos visto un ajuste cambiario de tal magnitud (incluso hasta menos), hemos visto un auge en las exportaciones. Aparentemente estamos viendo el principio de la recuperación, que pudiera ser el factor que nos salve de una recesión. No obstante, habría que estar atentos al desenvolvimiento de la economía en este primer trimestre, ya que indicadores oportunos como el Indicador IMEF apuntan hacia una desaceleración significativa. Hoy, miércoles, sale los datos de febrero; en especial, hay que observar los subíndices de nuevos pedidos, que mostraron caídas tanto en el Manufacturero como el No Manufacturero en enero.

Hubo algo curioso en cuanto el 2.3 por ciento del PIB del año pasado. Dado que 2016 fue año bisiesto hubo un día adicional, que aportó valor agregado al PIB. La diferencia fue 0.248 por ciento, es decir, sin el día extra el PIB hubiera crecido tan solo 2.05 por ciento. Para muchos, fue una diferencia muy grande que no se explica. Sin embargo, uno entre 365 días del año equivale a 0.27 por ciento, o bien, uno entre 260 días hábiles es igual a 0.38 por ciento. Con esto podemos concluir que fue un día gratis que aportó al crecimiento en el año, pero no fue tan productivo, ya que estuvo por debajo del promedio diario. Queda claro que las autoridades no van hablar del crecimiento del PIB corregido por los efectos de calendario, ya que no conviene referirse a una tasa menor. Sin embargo, el año entrante el crecimiento del PIB será menor ya que estamos contemplando un día menos. Ya verán que entonces sí estarán hablando de la importancia de la tasa corregida.

Estimado Sr. Jonathan Heath,
En relación con los comentarios vertidos en su columna: “Pulso Económico”, publicados en el Diario Reforma el día 22 de febrero, me permito referirle lo siguiente:
Usted indica que el INEGI ha tardado mucho en adoptar las recomendaciones internacionales emanadas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en concreto las relacionadas con las resoluciones de la XVII Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) y de la XIX CIET.
Un aspecto fundamental a tener en cuenta, es el hecho de que, si bien en las XVII y XIX CIET la OIT estableció las pautas conceptuales y recomendaciones a seguir por los países, esto no implicó que en ese momento quedara definida la manera de implementarlas.
Para resolver el esquema de hacer operativas sus recomendaciones, la OIT promueve la formación de grupos de trabajo de expertos en la materia y en el caso concreto de la informalidad, después de la Conferencia de 2003, se formó un grupo de expertos (Grupo de Delhi) del que el INEGI formó parte para redactar un manual que permitiera elaborar el menú de opciones con las que podría contar una oficina nacional de estadística con el fin de medir el fenómeno y el tipo de adecuaciones que tendría que hacer a los instrumentos ya existentes. Este manual de métodos y prácticas (Measuring informality: A statistical manual), la OIT lo dio a conocer en línea en el otoño de 2012 y lo editó como libro en el 2013. En función de esto último, y a que el INEGI venía trabajando desde hace algunos años en la construcción de los indicadores de informalidad y en pleno ejercicio de su autonomía, es que el Instituto pudo difundir sus Indicadores de informalidad laboral en diciembre de 2012, a escasos dos meses de que la OIT publicó el citado Manual de manera oficial, siendo el segundo país en hacerlo solamente después de Moldavia.
En relación con la XIX CIET aprobada en octubre de 2013 se comenta que, la primera resolución de la misma, establece el nuevo esquema conceptual a seguir por las encuestas de fuerza laboral de los países, en sustitución del establecido por la XIII CIET en 1982. El adoptar la resolución de la XIX CIET representa grandes retos y cambios para los sistemas estadísticos nacionales, pues reconoce varias formas de trabajo que deben ser identificadas y estimadas (trabajo en la ocupación, trabajo en formación no remunerado, trabajo de producción para el autoconsumo y trabajo voluntario), así como la generación de algunas medidas de la subutilización de la fuerza de trabajo. Pero, tal como ocurrió en el 2003, la XIX CIET no estableció la manera de aplicar dichos cambios, sino únicamente la acuñación de los nuevos conceptos.
Dada la profundidad de tales modificaciones conceptuales, que implica la adopción de la XIX CIET en las encuestas de fuerza laboral, la OIT ha comprendido, que a diferencia de las CIET anteriores, tiene que elaborar modelos de cuestionarios para distintas regiones del mundo, que apenas ha ido probando. Uno de los países en los que la OIT quiere realizar estas pruebas es México, dado el reconocimiento que tiene de la ENOE y para esto, ya se ha iniciado el contacto entre ese organismo y el INEGI para establecer un programa de trabajo conjunto. En una prueba inicial planteada por la OIT denominada cognitiva, se analiza si las preguntas son entendidas por distintos segmentos de la población y también se prueban diferentes formas de fraseo y las varias maneras de interacción entre entrevistador y entrevistado. Esta prueba está programada para México en el verano del presente año. Una vez que se concluya la prueba cognitiva y se seleccione un modelo de cuestionario a utilizar se pasará a un segundo nivel de prueba, con una muestra más grande que tenga validez estadística. Ello para que los usuarios puedan saber qué tan significativas son las diferencias entre el actual cuestionario de la ENOE y el nuevo modelo de cuestionario que se adoptará. Se tiene considerado realizar esta segunda prueba durante el primer trimestre de 2018. 
De esta forma, resulta cierto que ha transcurrido tiempo desde la aprobación de la XIX CIET, pero los cambios a efectuar no se podrán hacer sin antes pasar por este tipo de pruebas y rigor metodológico. Se destaca que apenas el año pasado la OIT tenía definidos los modelos de cuestionarios para la fase de pruebas cognitivas y es por ello que no sólo México, sino que hasta ahora ningún país ha adoptado un cuestionario que corresponda a la XIX CIET. Además, en preparación de la XX CIET, la OIT está discutiendo la clasificación del trabajo y el empleo desde el punto de vista de las relaciones laborales, lo que define qué es trabajo dependiente y qué es trabajo independiente y cómo encajan sus respectivas modalidades, entre las que se encuentra, el empleo ligado a la economía digital (Uber, Airbnb, etc). Esta discusión apenas se dio el año pasado, pero a la OIT le ha quedado claro que ello tendrá también un fuerte impacto en el diseño de los cuestionarios, además de las demandas de la XIX CIET. En el marco de la colaboración entre el INEGI y la OIT, México será el primer país en poner a prueba también estos contenidos. La Oficina Europea de Estadística (EUROSTAT) quiere esperar también a conocer los resultados de este tipo de pruebas, para comenzar a implementar el nuevo modelo de cuestionario para los países miembros.
En relación con las medidas de la subutilización de la fuerza de trabajo que la XIX CIET recomienda realizar y a las que usted se refiere como “brecha laboral”, se comenta que la actual ENOE permite construirlas de manera aproximada, no obstante, se hace necesario esperar a contar con las pruebas antes comentadas, en especial la segunda de ellas con validez estadística, para garantizar a los usuarios de la información que se estará ofreciendo una serie larga de indicadores que resulten comparables en los hechos.
Finalmente, el INEGI someterá a consideración del Comité Técnico Especializado de Estadísticas del Trabajo y Previsión Social, creado en junio de 2009 por la Junta de Gobierno, y el cual emana del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, el proceso de prueba piloto de la nueva metodología de la ENOE y, también el modelo de implementación una vez que se tenga el nuevo cuestionario definitivo. Adicionalmente, por ser esta encuesta un proyecto declarado como Información de Interés Nacional, se tendrán que someter a Consulta Pública todos los cambios que resulten de las pruebas planteadas. El INEGI tiene autonomía pero al mismo tiempo está obligado a ese diálogo y a atender dudas y observaciones de los participantes en este Comité, como parte de sus funciones de Ley. Una vez emitida por la OIT las nuevas resoluciones y métodos de aplicación, estas serán adoptadas por el INEGI.
Saludos cordiales
Edgar Vielma Orozco
Director General de Estadísticas Sociodemográficas.

El INEGI siempre presume que aplica las mejores prácticas internacionales, que sigue fielmente los manuales publicados por el FMI, la ONU, la OCDE y el Banco Mundial (sobre las metodologías de cuentas nacionales, balanza de pagos, índices de precios y otras estadísticas de primera relevancia), que cumple cabalmente con las reglas para la diseminación de datos establecidos por el FMI y que publica todas las metodologías. En términos generales, podemos estar de acuerdo. Busca siempre hacer un buen trabajo, responde a la crítica y realiza esfuerzos continuos para mejorar.

Sin embargo, su labor no es perfecto. Muchas veces responde a presiones políticas o tarda mucho en responder peticiones importantes. Por ejemplo, en 2003 se estableció a nivel internacional la definición ampliada de informalidad y se recomendó el uso de la tasa de informalidad laboral. A pesar de poder publicar todo, gracias a la nueva encuesta de empleo que se levanta desde 2005 (la ENOE), el INEGI no la empezó a divulgar sino hasta finales de 2012 (días después de haber concluido el sexenio). En los primeros años enfrentó las presiones políticas de la Secretaria de Trabajo, que estaba totalmente opuesto a su publicación. Sin embargo, se le concedió la autonomía al INEGI en 2008 justamente para lidiar con este tipo de situaciones. Pues con todo y autonomía, el INEGI tardó todavía cinco años más antes de su divulgación. Finalmente, aprovechó el cambio de sexenio para con una actitud de “más vale pedir perdón que permiso”, dar a conocer los nuevos datos. Fue un verdadero shock para las autoridades enfrentar las nuevas cifras que mostraban que la informalidad laboral abarcaba casi el 60 por ciento de toda la población ocupada y no menos de 30 por ciento, que abarca solo el sector informal.

El marco internacional más importante de las encuestas y cifras laborales son las Conferencias Internacionales de Estadísticas del Trabajo (CIET), que se llevan a cabo cada cinco años, constituido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En estas reuniones se establecen básicamente todas las recomendaciones, estándares, definiciones y conceptos en torno al estudio sistemático de los mercados laborales. Como suele suceder, algunas de esas conferencias destacan más que otras, por marcar pautas fundamentales en la manera en que medimos el trabajo. Por ejemplo, en la XV Conferencia de 1993 se estableció la definición internacional del sector informal. Fue precisamente en la XVII Conferencia de 2003 que se introdujo la tasa de informalidad laboral.

La última Conferencia, la XIX, se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, con la participación de 106 países y 31 representantes de organismos internacionales. Las resoluciones adoptadas en esta ocasión se consideran de los más importantes de los últimos 30 años. Se revisó a fondo el marco conceptual de todas las definiciones de trabajo y desempleo para reconocer mejor las modalidades de trabajo como los quehaceres del hogar, el trabajo voluntario y la subsistencia agrícola y se introdujeron nuevos conceptos como la fuerza de trabajo potencial y la brecha laboral. Se aprobaron nuevas clasificaciones en función de la intención y orientación de las actividades.

Lo interesante es que en esta ocasión el INEGI se comprometió a incorporar todos los cambios y utilizar los nuevos conceptos y clasificaciones con una prontitud impecable. Sin embargo, hasta la fecha no ha hecho absolutamente nada. ¿Cuáles serán las presiones políticas en esta ocasión? ¿De dónde provendrán? ¿Qué pasó con su autonomía?

Hace más de dos años, el NBER publicó un artículo de Blanchflower y Levin sobre la atonía del mercado laboral, en el cual se desarrollan conceptos aprobados por la XIX CIET, como la fuerza de trabajo potencial y la brecha laboral. En ese momento, aplicamos su metodología aquí en México para construir los mismos indicadores mediante datos de la ENOE y divulgarlos regularmente. Subsecuentemente otros autores, como David Kaplan, han hecho lo mismo. Sin embargo, no es lo mismo un par de analistas aislados que la institución oficial encargado de hacerlo. Nuestras cifras utilizan una metodología relativamente simple, pero se tiene que adaptar algunos conceptos adicionales como los agricultores de autoconsumo que viven de la subsistencia agrícola y no forman parte de la fuerza laboral. ¿Pero cuándo?