Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Estimado Sr. Jonathan Heath,
En relación con los comentarios vertidos en su columna: “Pulso Económico”, publicados en el Diario Reforma el día 22 de febrero, me permito referirle lo siguiente:
Usted indica que el INEGI ha tardado mucho en adoptar las recomendaciones internacionales emanadas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en concreto las relacionadas con las resoluciones de la XVII Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) y de la XIX CIET.
Un aspecto fundamental a tener en cuenta, es el hecho de que, si bien en las XVII y XIX CIET la OIT estableció las pautas conceptuales y recomendaciones a seguir por los países, esto no implicó que en ese momento quedara definida la manera de implementarlas.
Para resolver el esquema de hacer operativas sus recomendaciones, la OIT promueve la formación de grupos de trabajo de expertos en la materia y en el caso concreto de la informalidad, después de la Conferencia de 2003, se formó un grupo de expertos (Grupo de Delhi) del que el INEGI formó parte para redactar un manual que permitiera elaborar el menú de opciones con las que podría contar una oficina nacional de estadística con el fin de medir el fenómeno y el tipo de adecuaciones que tendría que hacer a los instrumentos ya existentes. Este manual de métodos y prácticas (Measuring informality: A statistical manual), la OIT lo dio a conocer en línea en el otoño de 2012 y lo editó como libro en el 2013. En función de esto último, y a que el INEGI venía trabajando desde hace algunos años en la construcción de los indicadores de informalidad y en pleno ejercicio de su autonomía, es que el Instituto pudo difundir sus Indicadores de informalidad laboral en diciembre de 2012, a escasos dos meses de que la OIT publicó el citado Manual de manera oficial, siendo el segundo país en hacerlo solamente después de Moldavia.
En relación con la XIX CIET aprobada en octubre de 2013 se comenta que, la primera resolución de la misma, establece el nuevo esquema conceptual a seguir por las encuestas de fuerza laboral de los países, en sustitución del establecido por la XIII CIET en 1982. El adoptar la resolución de la XIX CIET representa grandes retos y cambios para los sistemas estadísticos nacionales, pues reconoce varias formas de trabajo que deben ser identificadas y estimadas (trabajo en la ocupación, trabajo en formación no remunerado, trabajo de producción para el autoconsumo y trabajo voluntario), así como la generación de algunas medidas de la subutilización de la fuerza de trabajo. Pero, tal como ocurrió en el 2003, la XIX CIET no estableció la manera de aplicar dichos cambios, sino únicamente la acuñación de los nuevos conceptos.
Dada la profundidad de tales modificaciones conceptuales, que implica la adopción de la XIX CIET en las encuestas de fuerza laboral, la OIT ha comprendido, que a diferencia de las CIET anteriores, tiene que elaborar modelos de cuestionarios para distintas regiones del mundo, que apenas ha ido probando. Uno de los países en los que la OIT quiere realizar estas pruebas es México, dado el reconocimiento que tiene de la ENOE y para esto, ya se ha iniciado el contacto entre ese organismo y el INEGI para establecer un programa de trabajo conjunto. En una prueba inicial planteada por la OIT denominada cognitiva, se analiza si las preguntas son entendidas por distintos segmentos de la población y también se prueban diferentes formas de fraseo y las varias maneras de interacción entre entrevistador y entrevistado. Esta prueba está programada para México en el verano del presente año. Una vez que se concluya la prueba cognitiva y se seleccione un modelo de cuestionario a utilizar se pasará a un segundo nivel de prueba, con una muestra más grande que tenga validez estadística. Ello para que los usuarios puedan saber qué tan significativas son las diferencias entre el actual cuestionario de la ENOE y el nuevo modelo de cuestionario que se adoptará. Se tiene considerado realizar esta segunda prueba durante el primer trimestre de 2018. 
De esta forma, resulta cierto que ha transcurrido tiempo desde la aprobación de la XIX CIET, pero los cambios a efectuar no se podrán hacer sin antes pasar por este tipo de pruebas y rigor metodológico. Se destaca que apenas el año pasado la OIT tenía definidos los modelos de cuestionarios para la fase de pruebas cognitivas y es por ello que no sólo México, sino que hasta ahora ningún país ha adoptado un cuestionario que corresponda a la XIX CIET. Además, en preparación de la XX CIET, la OIT está discutiendo la clasificación del trabajo y el empleo desde el punto de vista de las relaciones laborales, lo que define qué es trabajo dependiente y qué es trabajo independiente y cómo encajan sus respectivas modalidades, entre las que se encuentra, el empleo ligado a la economía digital (Uber, Airbnb, etc). Esta discusión apenas se dio el año pasado, pero a la OIT le ha quedado claro que ello tendrá también un fuerte impacto en el diseño de los cuestionarios, además de las demandas de la XIX CIET. En el marco de la colaboración entre el INEGI y la OIT, México será el primer país en poner a prueba también estos contenidos. La Oficina Europea de Estadística (EUROSTAT) quiere esperar también a conocer los resultados de este tipo de pruebas, para comenzar a implementar el nuevo modelo de cuestionario para los países miembros.
En relación con las medidas de la subutilización de la fuerza de trabajo que la XIX CIET recomienda realizar y a las que usted se refiere como “brecha laboral”, se comenta que la actual ENOE permite construirlas de manera aproximada, no obstante, se hace necesario esperar a contar con las pruebas antes comentadas, en especial la segunda de ellas con validez estadística, para garantizar a los usuarios de la información que se estará ofreciendo una serie larga de indicadores que resulten comparables en los hechos.
Finalmente, el INEGI someterá a consideración del Comité Técnico Especializado de Estadísticas del Trabajo y Previsión Social, creado en junio de 2009 por la Junta de Gobierno, y el cual emana del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, el proceso de prueba piloto de la nueva metodología de la ENOE y, también el modelo de implementación una vez que se tenga el nuevo cuestionario definitivo. Adicionalmente, por ser esta encuesta un proyecto declarado como Información de Interés Nacional, se tendrán que someter a Consulta Pública todos los cambios que resulten de las pruebas planteadas. El INEGI tiene autonomía pero al mismo tiempo está obligado a ese diálogo y a atender dudas y observaciones de los participantes en este Comité, como parte de sus funciones de Ley. Una vez emitida por la OIT las nuevas resoluciones y métodos de aplicación, estas serán adoptadas por el INEGI.
Saludos cordiales
Edgar Vielma Orozco
Director General de Estadísticas Sociodemográficas.

La medición de la pobreza siempre ha sido tema de controversia, en México y en el resto del mundo. ¿Cuál es la definición? ¿Cómo se debe medir? A través del tiempo hemos visto múltiples intentos en diferentes países y en distintos tiempos, cada uno con su propia definición y medición. Por ejemplo, en 1999 se presentó una estimación realizada por Progresa (el programa principal del gobierno para atender a la pobreza extrema) de que había en ese momento 13.6 millones de pobres. Santiago Levy (entonces Subsecretario de Egresos de la SHCP) divulgó que su estimación era de 18.8 millones. Julio Boltvinik (investigador del Colegio de México) presentó su corrección a la estimación de Levy de 36.5 millones. Enseguida, Marco Provencio (vocero oficial de la SHCP) dijo que oficialmente el gobierno reconocía 25.4 millones de mexicanos viviendo en condiciones de pobreza extrema. En otras palabras, había cuatro cifras muy distintas que decían que el número de pobres oscilaba entre 13.6 y 36.5 millones, que en términos porcentuales representaba entre 14 y 38 por ciento de la población en 1999.

Ante este problema, en 2001 se formó un Comité Técnico para la Medición de la pobreza, compuesto de académicos de cuatro instituciones educativas del país. Después de 10 meses de trabajo, el comité aprobó una metodología “oficial”, basada en información de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) que produce el INEGI cada dos años. La primera estimación, que fue para 2000, arrojó una cifra de 53.7 por ciento de la población, en una definición que consideraba solamente al ingreso necesario para cubrir las necesidades básicas. Los primeros esfuerzos para una medición consistente y oficial de este comité fueron premiados al convertirlo en el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval). Ya como Consejo, los expertos decidieron modificar la definición de la pobreza mediante la incorporación de carencias sociales. Al combinar criterios de ingresos con carencias básicas, el Coneval estableció una metodología original “multidimensional”.

Ahora se considera a la población que vive en condiciones de pobreza extrema a los que tienen un ingreso inferior a lo que se necesita para adquirir una canasta básica alimenticia y que tengan por lo menos tres carencias sociales. La pobreza patrimonial se define como la población que tienen un ingreso inferior a lo que se necesita para adquirir una canasta básica ampliada (que incluye bienes no alimenticios) y por lo menos una carencia social. Las carencias sociales consideradas son seis: rezago educativo, acceso a servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios en la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación. Para el cálculo de los ingresos y de las carencias sociales, el Coneval solicitó al INEGI que ampliara la ENIGH para incorporar un “Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS). Por ejemplo, para 2014 esta información encontró que 53.2 por ciento de la población tenían ingresos inferiores a la línea de bienestar y que 72.4 por ciento tenían al menos una carencia social. Al combinar los dos criterios se obtuvo una estimación de 46.2 por ciento de la población que vive en situación de pobreza, mientras que 9.5 por ciento son de pobreza extrema. Se encontró que 26.3 por ciento de la población es vulnerable por carencias sociales (a pesar de tener suficientes ingresos), mientras que 7.1 por ciento es vulnerable por ingresos (aunque no tienen carencias sociales). Al final, significa que tan solo 20.5 por ciento de la población no es pobre ni vulnerable.

La información que proporciona el INEGI cada año mediante el MCS de la ENIGH es crucial para tener mediciones consistentes y homogéneas a través del tiempo. Es el insumo básico para el seguimiento de los programas sociales construidos para abatir la pobreza en el país. Por lo mismo, todos esperábamos con ansiedad los datos del MCS de 2015, que se darían a conocer el 15 de julio. Sin embargo, recibimos con sorpresa la noticia de que el INEGI introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de datos, de tal forma que ya no sea comparable la información con años anteriores.

El MCS de 2015 arroja una cifra de 36.7 por ciento de la población que vive en la pobreza, una disminución de 9.5 por ciento respecto a la estimación de 2014, mientras que la pobreza extrema es de 5.9 por ciento, una diferencia de 3.6 por ciento menos respecto al año anterior. El primer problema es que no podemos comparar las nuevas cifras de 2015 con cualquier otro punto en el tiempo. Lo que dice INEGI es que todos sus cálculos anteriores fueron equivocados, ya que tenían una subestimación de ingresos. La población con ingresos inferiores a la línea de bienestar de 53.2 por ciento en 2014, ahora resulta que es tan sólo 42.1 por ciento, una diferencia de 11.1 puntos porcentuales.

Pensemos que el INEGI tiene razón al considerar que había un sesgo sistemático en la información de años anteriores. De entrada, tenemos un problema de credibilidad. Las cifras nuevas, ¿son creíbles? Enseguida, tenemos otro problema de sospecha. ¿Qué motivó al INEGI a corregir el MCS en el momento actual y en la forma que lo hizo? ¿Fue por encargo del gobierno? ¿Realmente funciona la autonomía del INEGI? Las respuestas a estas interrogantes y el veredicto final le corresponden al Coneval.

Al final de cuentas, el INEGI nos obliga a tirar a la basura años de información y análisis sobre la pobreza. Peor aún, ¿cómo sabemos que no volverá hacer lo mismo de nuevo más adelante? ¿Podría ocurrir lo mismo con otros indicadores económicos que produce la institución? Es verdaderamente triste lo que ocurrió. Aunque el INEGI nos dice que son menos los pobres en el país, siento ahora que somos un país más pobre ante la falta de estadísticas confiables y seguros.

Los PMI de Mexico

Mayo 27th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (0 Comments)

Un PMI[1] es un indicador de difusión[2], que ayuda a anticipar la evolución de la economía en el corto plazo. Consiste en una cuantificación de respuestas cualitativas, de modo que es un indicador muy oportuno que señala en general la dirección que probablemente tomará la actividad económica, tal como posteriormente la describirá el PIB. Se construye mediante una encuesta mensual a los gerentes de compras de empresas manufactureras, que consiste en cinco preguntas muy sencillas. Dado que su oportunidad (típicamente el primer día hábil del mes siguiente) y su frecuencia (mensual) son mayores a las cifras del PIB, se utiliza para evaluar y proyectar el crecimiento de la economía en el muy corto plazo. Por lo mismo, es un indicador que puede influir en el comportamiento de los mercados financieros, incluyendo al de valores.

En México existen tres indicadores PMI: el Indicador IMEF Manufacturero[3], el Indicador de Pedidos Manufacturero del INEGI[4] y el Índice de Gerentes de Compras (IGC) de Markit[5]. Son instrumentos creados para tener una idea de cómo se podría comportar la actividad económica en anticipación a las mediciones más acabadas de la misma, como el Producto Interno Bruto (PIB) o el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE). Los medios y muchos analistas siguen la publicación de estos indicadores regularmente y muchos lo consideran para sus decisiones económicas en los mercados y en la economía. Aquí la pregunta es si verdaderamente son instrumentos útiles para anticipar la actividad económica o simplemente otro experimento fallido de los economistas para disipar la incertidumbre del futuro. Específicamente, ¿qué tan bien se correlaciona el PMI con el crecimiento del PIB?

Antecedentes para Estados Unidos y China

Recientemente, Yili Chien y Paul Morris de la Reserva Federal de San Luis se plantearon la misma pregunta para los PMI de las economías de Estados Unidos y China[6]. Ellos calcularon el grado de asociación[7] para medir la efectividad de anticipación del PMI con el PIB. Su conclusión es que el PMI es un buen indicador, aunque no perfecto, de la condición económica actual de ambos países. El estudio de Chien y Morris grafica la relación entre el ISM[8] de Estados Unidos con una frecuencia trimestral y la tasa de crecimiento trimestral del PIB a partir del primer trimestre de 2005. Encuentran una correlación positiva significativa de 0.75 entre ambas que, de acuerdo con ellos, confirma lo encontrado por Evan Koenig en un estudio realizado en 2002[9].

Para un PMI, un valor mayor a 50 sugiere que el sector manufacturero creció respecto al mes anterior, mientras que un nivel inferior a 50 significa que disminuyó[10]. Para el caso específico de Estados Unidos, cuando el ISM tiene un valor superior a 50, la tasa de crecimiento del PIB tiene un valor positivo muchas más veces que negativo. Estudios econométricos indican que cuando el valor es de 42 o menor, la economía entra en una fase de recesión. Al existir una correlación positiva de 0.75 entre el ISM y la tasa de crecimiento del PIB de Estados Unidos, el valor oportuno del ISM ofrece una señal adelantada del crecimiento económico.

En seguida, Chien y Morris realizan el mismo cálculo para el caso de China, dado el interés que ofrece su economía al ser “causante de la actual debilidad económica mundial”. Encuentran que el PMI chino[11] y su PIB también guardan una relación robusta, al tener un coeficiente de correlación de 0.73. Sin embargo, un valor de 50 para el PMI de China no es indicativo de una tasa de crecimiento cercana a cero para el PIB, ya que China ha experimentado una tasa de expansión muy elevada en los últimos 25 años.

Chien y Morris señalan que el PIB de China es más sensible a los cambios en su PMI que en el de Estados Unidos, ya que un aumento de 50 a 55 puede incrementar la tasa de crecimiento de 5 a más de 15 por ciento. En Estados Unidos, un cambio similar no afectaría al PIB en esa magnitud. En la muestra examinada, en la mayoría del periodo el PMI de Estados Unidos es mayor al de China, sin embargo, la tasa de crecimiento del PIB de Estados Unidos siempre es menor. Los autores concluyen que es resultado de que ambos países se encuentran en diferentes etapas de desarrollo. China no solamente crece mucho más que Estados Unidos en promedio, sino que además su tasa es mucho más volátil, lo que da un rango mayor de tasas de crecimiento que corresponden a un rango más acotado del PMI.

Así pues, los autores concluyen con base en estos resultados que los PMI son buenos indicadores, aunque no perfectos, de la condición económica actual de un país.

Aplicación a México

En México existen tres PMI, que básicamente pretenden medir lo mismo. El primero fue elaborado por el IMEF a partir de 2005 y se llama el Indicador IMEF Manufacturero[12]. Su elaboración, metodología y marco conceptual son idénticos a los del ISM de Estados Unidos, mediante muestras muy parecidas. En el caso del IMEF, la mayoría de los encuestados son ejecutivos de finanzas y socios de la institución, mientras que en el caso del ISM, los encuestados son gerentes de compras o de abastecimiento y socios de la institución. En ambos casos las muestras son entre 350 y 400 empresas. El indicador desestacionalizada[13] se da a conocer en dos formas: sin ajustar y ajustada por tamaño de empresa, incluyendo en cada caso la tendencia-ciclo. El IMEF da a conocer sus resultados mediante un boletín técnico mensual que, en adición a las cifras, incluye un análisis de la coyuntura.

El segundo PMI mexicano lo construye el INEGI en colaboración con el Banco de México y aunque es similar al ISM, se elabora mediante una encuesta mucho más grande, basada en información derivada de los censos económicos[14]. El INEGI aplica una ponderación distinta a las cinco preguntas como lo hacía el ISM hace algunos años atrás. En este caso, por el tamaño de su muestra, el INEGI elabora siete índices adicionales que representan una desagregación del sector manufacturero. La información se divulga en varias formas, aunque los datos se pueden consultar en el Banco de información Económica (BIE) en su página de Internet.

Finalmente, el tercer PMI lo calcula una consultoría internacional, Markit, que construye índices similares para más de 30 países y que vende a instituciones financieras. La muestra utilizada consiste en más de 300 empresas manufactureras, estratificado por grupo de la Clasificación Industrial Estándar con base en la aportación industrial al PIB mexicano. A diferencia del IPM de INEGI y del Indicador IMEF, solo considera tres posibles respuestas y no publica a detalle su metodología. Sus datos son desestacionalizados[15] pero no existen series de tendencia-ciclo. Los datos históricos no están disponibles al público, sino solo mediante una suscripción pagada o por medio de una terminal de Bloomberg.

Para ver qué tan buenos son los PMI de México realizamos el cálculo de coeficientes de correlación en línea con la metodología utilizada por la Reserva Federal de San Luis. Por el lado de los PMI usamos siete distintas series: cuatro del IMEF (las series ajustadas por estacionalidad y las de tendencia-ciclo, ajustadas y sin ajustar por tamaño de empresa), dos del INEGI (la serie ajustada por estacionalidad para la totalidad del sector manufacturero y la tendencia-ciclo) y una de Markit (ajustada por estacionalidad). Primero calculamos los coeficientes de correlación con las series de producción manufacturera, de actividades secundarias y del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) con frecuencia mensual y después para los mismos indicadores, incluyendo el PIB, con frecuencia trimestral.[16]

Resultados Mensuales

Los resultados a partir de series mensuales fueron en general muy pobres para las series ajustadas por estacionalidad. La mejor correlación del Indicador IMEF fue 0.44 entre la serie ajustada por tamaño de empresa y el IGAE, mientras que la mejor del IPM del INEGI fue de 0.41 también con el IGAE. En ambos casos se encontraron que las correlaciones mejoraban marginalmente entre más agregado fuera el indicador de actividad económica, es decir, los coeficientes más bajos fueron para la producción manufacturera y la las más elevadas fueron para el IGAE total. En el caso del IGC de Markit, todas las correlaciones resultaron negativas y muy cercanas a cero.

Sin embargo, cuando se calcularon las correlaciones a partir de las series de tendencia se encontró una mejoría notable. La correlación entre las tendencias del Indicador IMEF sin ajustar por tamaño de empresa y el IGAE fue de 0.77 (gráfica 1), mientras que la del IPM del INEGI con el IGAE fue de 0.68. Dado que Markit no proporciona series de tendencia-ciclo, no se realizaron los cálculos correspondientes.

 

Gráfica 1: Tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero y el IGAE

 

La primera conclusión es que, a nivel de datos mensuales, los PMI mexicanos no son tan buenos para anticipar la actividad económica en general, pero sí para marcar la tendencia-ciclo. En particular, el mejor PMI mensual es la tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero (sin ajustar por tamaño de empresa), que funciona muy bien para anticipar la tendencia-ciclo del IGAE. La correlación de éste último es, incluso, superior a la del ISM Manufacturero de Estados Unidos del estudio de Chien y Morris. Los resultados de todas las correlaciones mensuales se muestran en el cuadro1 a continuación:

 

Cuadro 1: Coeficientes de correlación de series mensuales

Coeficientes de correlación Mensual
Manufactura Actividades secundarias IGAE
IMEF Sin ajustar por tamaño 0.2710 0.2981 0.3856
IMEF Ajustada por tamaño 0.2854 0.3205 0.4393
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar 0.6226 0.7141 0.7675
IMEF Tendencia-ciclo ajustada 0.5502 0.6205 0.6573
IPM 0.3550 0.3884 0.4118
IPM Tendencia-ciclo 0.6094 0.6471 0.6849
Markit -0.0402 -0.1512 -0.0358

 

 

Resultados Trimestrales

El estudio de Chien y Morris utiliza datos de frecuencia trimestral para poder calcular la correlación con el PIB. Para obtener resultados comparables con su estudio, convertimos todas las series de los distintos PMI a una frecuencia trimestral mediante promedios de cada periodo. Al trimestralizar los datos, se tiene la ventaja de suavizar las variaciones más elevadas de las series mensuales. Intuitivamente, si las series mensuales de tendencia tuvieron mejores correlaciones que las series normales, deberíamos esperar mejor resultados con las series trimestrales, que en ambos casos se obtienen una varianza menor. De nuevo, calculamos los coeficientes de correlación de todos los PMI de series ajustadas por estacionalidad y de tendencia-ciclo con las series de producción manufacturera, de actividades secundarias y del IGAE, en adición al PIB.

En prácticamente todos los casos, sí obtuvimos mejores resultados. Al igual que con las series mensuales, se obtuvieron mejores correlaciones entre más agregada fuera la serie, es decir, de producción manufacturera al IGAE y también, con las series de tendencia. De la misma manera, el Indicador IMEF registró mejor correlación que el IPM del INEGI, aunque ambos PMI obtuvieron correlaciones satisfactorias. De nuevo, el IGC de Markit obtuvo muy mal resultados, entre correlaciones negativas y coeficientes muy cercanos a cero.

Se pueden observar los resultados de las correlaciones con las series trimestrales ajustadas por estacionalidad en el cuadro 2 a continuación:

Cuadro 2: Coeficientes de correlación de series trimestrales ajustadas por estacionalidad

Coeficientes de correlación Trimestral
Manufactura Actividades secundarias IGAE
IMEF Sin ajustar por tamaño empresa 0.6398 0.7576 0.8101
IMEF Ajustada por tamaño empresa 0.6485 0.7218 0.7721
IPM 0.6380 0.7072 0.7324
Markit -0.2042 -0.0814 0.2257

 

La mejor correlación que se encontró fue entre el Indicador IMEF Manufacturero sin ajustar por tamaño de empresa y el IGAE, de 0.81, seguida por el IPM del INEGI de 0.77, ambos resultados muy buenos. En cambio, el IGC de Markit tuvo una correlación de 0.23 con el IGAE, lo que nos dice que no hay realmente una relación entre el nivel del indicador y la actividad económica. Incluso, con las series de producción manufactura y de actividades secundarias, las correlaciones fueron negativas.

Los resultados de los cálculos de las series trimestrales de tendencia-ciclo se pueden ver en el cuadro 3 a continuación:

 

Cuadro 3: Coeficientes de correlación de series trimestrales de tendencia-ciclo

Coeficientes de correlación Tendencia-ciclo Trimestral
Manufactura Actividades secundarias IGAE
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar por tamaño empresa 0.7174 0.7904 0.8642
IMEF Tendencia-ciclo ajustada por tamaño empresa 0.6542 0.6927 0.7393
IPM Tendencia-ciclo 0.7456 0.6963 0.6798

 

Con las series de tendencia-ciclo se obtuvo la mejor correlación de todas las pruebas, un coeficiente de 0.86 entre el Indicador IMEF Manufacturero sin ajustar por tamaño de empresa y el IGAE (ver gráfica 2). Al mismo tiempo, se observa una correlación elevada de 0.79 del mismo indicador con las actividades secundarias. En este caso, el IPM del INEGI obtuvo su mejor correlación, de 0.75, con la producción manufacturera y contrario a las demás pruebas, la correlación disminuye con una mayor agregación. No se realizaron los cálculos correspondientes con el IGC de Markit al no contar con series de tendencia-ciclo.

 

Gráfica 2 – Tendencia trimestral del Indicador IMEF versus crecimiento trimestral
de la tendencia del IGAE

En el eje vertical se mide el crecimiento trimestral de la serie tendencia-ciclo del IGAE, mientras que en el eje horizontal se mide la tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero. El periodo bajo cuestión es de 2006-I a 2016-I.

 

Finalmente, se calcularon las correlaciones de los PMI con el PIB. La mejor relación se encontró entre el Indicador IMEF sin ajustar por tamaño de empresa y el PIB mediante una correlación de 0.81, comparada con el IPM del INEGI de 0.70. Curiosamente, las correlaciones fueron menores con las series de tendencia-ciclo, de 0.76 para el Indicador IMEF y de 0.67 para el IPM del INEGI. La correlación entre el IGC de Markit y el PIB fue de 0.23, lo que nos dice que el PMI de Markit es francamente malo, es decir, no funciona para lo que fue diseñado.

Los resultados de las correlaciones con el PIB se reproducen en el cuadro 4 a continuación:

Cuadro 4: Coeficientes de correlación con el PIB

Coeficientes de correlación PIB
Ajustada por

estacionalidad

Tendencia-

ciclo

IMEF Sin ajustar por tamaño empresa 0.8079
IMEF Ajustada por tamaño empresa 0.7646
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar por tamaño empresa 0.7589
IMEF Tendencia-ciclo ajustada por tamaño empresa 0.6040
IPM 0.6961
IPM Tendencia-ciclo 0.6665
Markit 0.2300

 

En cada caso se aplicaron ejercicios de regresión lineal para obtener la relación entre ambas variables. En los dos casos con mejores resultados, la tasa de crecimiento trimestral del IGAE y la tasa trimestral de la tendencia-ciclo del IGAE, se obtuvieron coeficientes similares de 0.33, que significa en términos generales cada punto adicional del Indicador IMEF sugiere una mejoría de 0.33 puntos porcentuales del IGAE. No obstante, hay que tener cuidado en aplicar esta relación, ya que los índices de difusión no fueron diseñados para tal propósito.

El Indicador IMEF No Manufacturero

El Institute of Supply Management (ISM) de Estados Unidos no solamente produce su PMI manufacturero sino, además mediante la misma metodología, tiene un indicador para el sector no manufacturero. En el caso de México, el IMEF hace lo mismo, pero desafortunadamente ni el INEGI, Markit o alguna otra institución hacen lo mismo. No obstante, vale la pena preguntar si el Indicador IMEF No Manufacturero tiene las mismas capacidades de anticipar la trayectoria de las actividades terciarias, el IGAE y el PIB. Por lo mismo, realizamos los mismos cálculos para este indicador.

Los resultados obtenidos no fueron muy diferentes del Indicador Manufacturero. Aunque no necesariamente se encontraron mejores resultados a mayor nivel de agregación, lo demás estuvo en línea con los PMI: en cuanto a los datos mensuales no se encontraron tan buenos coeficientes para las series normales pero buenos resultados con las series de tendencia; y finalmente, mejores resultados con el IGAE que con el PIB. La mejor correlación de todas se obtuvo entre las series de tendencia-ciclo del Indicador IMEF No Manufacturero sin ajustar por tamaño de empresa y las actividades terciarias, de 0.82.

Los resultados de las correlaciones del Indicador IMEF No Manufacturero con las series mensuales, trimestrales y de tendencia se reproducen en el cuadro 5 a continuación:

Cuadro 5: Coeficientes de correlación del Indicador IMEF No Manufacturero

Coeficientes de correlación Mensuales Trimestrales Tendencia-ciclo trimestral PIB
Actividades terciarias IGAE Actividades terciarias IGAE Actividades terciarias IGAE Ajustada

estacionalidad

Tendencia-ciclo
IMEF Sin ajustar por tamaño 0.3687 0.3705 0.7234 0.7445 0.7240
IMEF Ajustada por tamaño 0.3132 0.3058 0.7322 0.7410 0.7030
IMEF Tendencia-ciclo sin ajustar 0.7482 0.7445 0.8199 0.8179 0.6806
IMEF Tendencia-ciclo ajustada 0.7016 0.7173 0.7806 0.7990 0.6514

 

Conclusiones

En el estudio de Chien y Morris de la Reserva Federal de San Luis, se marcó que coeficientes de correlación de 0.75 para Estados Unidos y 0.73 para China eran parámetros que llegaban a la conclusión de que los PMI en cada país respectivamente eran buenos indicadores, aunque no perfectos, para anticipar la trayectoria del PIB. Aplicando la misma metodología y el mismo criterio para los tres PMI que existen para México, podemos concluir que el Indicador IMEF y el IPM del INEGI son buenos indicadores, aunque no perfectos, e incluso ligeramente mejores que sus contrapartes de Estados Unidos y China, mientras que el IGC de Markit falla en su intento de ser relevante para el propósito por lo cual fue construido.[17]

En términos generales, aunque no siempre, los PMI de México funcionan mejor para anticipar la trayectoria de indicadores de actividad económica a nivel más agregado, mientras que también funcionan mejor mediante tendencias que con series normales. También es notorio que funcionan mejor con series trimestrales que con las mensuales. No obstante, hay excepciones. Aunque los PMI del IMEF y del INEGI funcionan bien, en el margen el Indicador IMEF parece ser el mejor para el caso de México. El mejor de todos, es la tendencia-ciclo del Indicador IMEF Manufacturero como indicador para anticipar la trayectoria de la tendencia-ciclo del IGAE trimestral, con un coeficiente de correlación de 0.86.

Como complemento, el Indicador IMEF No Manufacturero es muy buen indicador para anticipar las actividades terciarias y el IGAE. En particular, la tendencia-ciclo de este indicador funciona mejor para predecir la tendencia-ciclo de las actividades terciarias. En general, el Indicador IMEF es el mejor PMI manufacturero de México para anticipar el IGAE total, mientras que el No Manufacturero funciona muy bien para las actividades terciarias. Resulta interesante que el Indicador IMEF tenga tan buenos resultados comparado con su similar del INEGI, siendo que la muestra del INEGI es muchísimo más grande y su presupuesto es sumamente mayor.

[1] PMI viene del inglés “Purchasing Managers’ Index” y existe para la mayoría de los países desarrollados y varios en desarrollo.

[2] Véase el capítulo 9 “Indicadores de Difusión” del libro “Lo que Indican los Indicadores”, publicado por el INEGI en http://www3.inegi.org.mx/sistemas/biblioteca/ficha.aspx?upc=702825003406

[3] El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) es una asociación civil sin fines de lucro con más de 1,500 altos directivos financieros de empresas mexicanas como socios: www.imef.org.mx

[4] Se elabora mediante información recolectada en la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE) en colaboración con el Banco de México. Se puede consultar en: http://www3.inegi.org.mx/sistemas/biblioteca/ficha.aspx?upc=702825003894

[5] Markit es una empresa consultora global que prevé servicios de información financiera. Calcula PMI para más de 30 países: www.markit.com/Product/PMI.

[6] Chien & Morris (2016), “PMI and GDP: Do they correlate for the United States? For China?”, Economic Synopses, 2016 Number 6, Federal Reserve Bank of St. Louis, https://research.stlouisfed.org.

[7] Tomado de la estadística, los economistas y otras profesiones llaman a esto “correlación”. Toma un valor entre 1.0 y -1.0, que cuando toma el valor de 1 indica que el grado de asociación es perfecta, cuando es 0 no existe asociación alguna y cuando toma valor de -1 la asociación es perfectamente inversa. En este caso, se busca un valor positivo cercana a 1.

[8] El PMI de Estados Unidos es publicado por el Institute for Supply Management (ISM) desde 1948 y se conoce como el Indicador ISM. Se puede consultar en el www.instituteforsupplymanagement.org

[9] Koenig, Evan F. “Using the Purchasing Managers’ Index to Assess the Economy’s Strength and the Likely Direction of Monetary Policy.” Federal Reserve Bank of Dallas Economic and Financial Policy Review, 2002, 1(6), en http://dallasfed.org/assets/documents/research/efpr/v01_n06_a01.pdf.

[10] Ver Domínguez, Lorena (2005), “Índices de Difusión: una aplicación práctica a México”, Universidad Panamericana, Escuela de Economía, México, D.F.

[11] El PMI de China lo calcula la “Federación China de Logística y Compras”. Se puede consultar en el Buro Nacional de Estadísticas de China en: http://www.stats.gov.cn/english/PressRelease/201602/t20160201_1314222.html.

[12] Ver Jonathan Heath y Lorena Domínguez (2004), “Marco Conceptual y Metodológico del Indicador del Entorno Empresarial Mexicano IMEF, en http://www.iieem.org.mx/Marco_conceptual_y_metodologico.pdf.

[13] El modelo de series de tiempo que se utiliza para la desestacionalización y el cálculo de la tendencia-ciclo lo realiza el INEGI para el IMEF.

[14] La muestra asciende a 2,070 empresas de más de 100 personas ocupadas a nivel nacional.

[15] Aparentemente, aplica un modelo de ajustes estacionales ad-hoc, que no necesita una serie de por lo menos cinco años para estudiar el patrón estacional, como sí lo exige los modelos de ARIMA X-12 que utiliza el IMEF y el INEGI.

[16] En el caso del Indicador IMEF y el IPM de INEGI se utilizaron las series de 2006 a 2015, mientras que para Markit de abril de 2011 hasta fin de 2015 (Markit inicia el cálculo del IGC para México a partir de esa fecha). Todas las series son ajustadas por estacionalidad, tanto de frecuencia mensual como trimestral.

[17] Parte de la explicación de los malos resultados del indicador de Markit puede ser que solo cuenta con observaciones a partir de mediados de 2011 a la fecha, que es un periodo en que no se ha presentado una recesión.

El tipo de cambio cerró el año en 17.2487 pesos por dólar y ya para el final de la primera semana de 2016 estaba en 17.9283. Parece inminente que pronto entrará al terreno de los 18 pesos. Ciertamente, el mercado cambiario ha mostrado mucho nerviosismo, que difícilmente se puede justificar. El 31 de diciembre de 2014 estaba en 14.7414, por lo que sostuvo un aumento de 17.0 por ciento en el año. Sin embargo, si tomamos en cuenta que a principios de junio de 2014 estaba en 12.8462, el aumento acumulado en aproximadamente un año y medio llega a 39.6 por ciento. En buena medida, ha sido resultado del fortalecimiento del dólar contra la mayoría de las monedas del mundo, por lo que las explicaciones deben provenir principalmente del exterior. No obstante, en los últimos meses hemos visto ya nerviosismo interno, que rebasa los limites de lo que pudiera dictaminar los fundamentos de la economía.

Queda claro que nadie anticipaba esta depreciación. Según la Encuesta de Expectativas de Banamex, que se levante cada 15 días entre alrededor de 25 instituciones financieras, el consenso (mediana) del mercado a mediados de 2014 era que el tipo de cambio terminaría 2015 en 12.68 pesos. En ese momento, la institución más pesimista, Scotia Bank, lo vea en 13.40, mientras que JP Morgan anticipaba 12.25 pesos para el cierre del año. Hace un año (7 de enero de 2015), cuando el tipo de cambio esta acercándose a los 15 pesos, el consenso estaba en 14.00 para fin de año, siendo el más pesimista Nomura (15.00) y el más optimista BBVA Bancomer (13.00). A pesar de una tendencia alcista que lleva ya año y medio y sitúa al tipo de cambio cerca de los 18 pesos, la última encuesta (7 de enero de 2016) prevé que la paridad terminará este año en 17.00 pesos. Todas las instituciones encuestadas anticipan una apreciación respecto al tipo de cambio de ahora, ya que la más pesimista, Monex, piensa que estará en 17.87 pesos a fines de diciembre. Más sorprendente, CIBanco anticipa que estará en 15.30 pesos en doce meses.

¿Por qué esperan todas las instituciones una apreciación este año? Primero, porque la depreciación actual refleja un claro sobre ajuste, mucho más allá de lo que dictaminan los fundamentos. Segundo, porque el comportamiento histórico de los últimos 21 años (desde que existe el régimen cambiario actual) siempre ha señalado que el peso se aprecia lentamente después de una aguda depreciación. Tercero, anticipan políticas monetaria y cambiaria más restrictivas, que evitaran una mayor debilidad. Finalmente, porque no quieren admitir la posibilidad de que continúe la debilidad del peso todo el año.

¿Es posible que el tipo de cambio termine el año por encima de los 18 pesos? Definitivamente. En años anteriores, vimos una entrada espectacular de inversión extranjera de portafolio a raíz de la política monetaria expansionista sin precedente de la Reserva Federal y otros bancos centrales. Ahora que empieza un nuevo ciclo de ésta política no debemos esperar que los flujos de capital sean tan favorables. Esto implica una nueva mezcla entre la oferta y demanda de divisas, que fácilmente puede mantener el tipo de cambio en los niveles actuales o incluso, todavía a un nivel mayor.

Anticorruptometro

Abril 23rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (0 Comments)

Reactivación

Julio 29th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (0 Comments)

Desde que arrancó este sexenio, el desempeño de la actividad económica ha sido decepcionante. Hemos visto una combinación de factores, tanto internos como externos, que han frenado el crecimiento desde el año pasado. No obstante, anticipábamos una mejoría en 2014, aunque desde principios de año se señalaba que sería más hacia mediados de año en que se percibirían los adelantos. Pues ya concluyó la Copa Mundial e iniciamos la segunda mitad del año, momento idóneo para preguntarnos si hay o no signos de reactivación.
Como sabemos, empezamos mal el año con una reforma hacendaria nefasta y un entorno externo desfavorable. En vez de instrumentar una política fiscal que apoyara la actividad económica, la Secretaría de Hacienda presentó una serie de medidas de carácter recaudatorio, sin combatir la informalidad, eliminando incentivos a la inversión y restando poder adquisitivo a muchos segmentos de la población. Al mismo tiempo, Estados Unidos enfrentó condiciones climatológicas sumamente adversas, con consecuencias negativas en la actividad económica. El resultado fue una caída abrupta en la confianza, tanto de los hogares como el empresarial, que tuvo su reflejo en un desempeño desfavorable en el consumo y en la inversión.
El desempeño de la actividad económica del primer trimestre fue tan débil que prácticamente todos los analistas tuvieron que revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para el año. El Banco de México anunció que bajaba su proyección del PIB para 2014 a 2.8 por ciento (de 3.5 por ciento) unos días antes de conocer el crecimiento oficial del primer trimestre. Sin embargo, después de conocer la cifra el Banco admitió que internamente se tuvo que reducir todavía más su proyección recién revisada (que darán a conocer hacia fines de agosto). Por lo mismo, la Junta de Gobierno decidió bajar de nuevo la tasa de política monetaria (a 3.0 por ciento) para apuntalar más al crecimiento económico.
La decisión se concentró principalmente en el desempeño negativo de marzo, que vio una disminución de 0.61 por ciento respecto al mes anterior. Sin embargo, en abril la actividad económica rebotó 1.25 por ciento, fundamentalmente como resultado de una mejoría significativa en las actividades terciarias (comercio y servicios). El dato sorprendió a todos e hizo pensar a algunos que quizás la decisión del Banco de México fue algo prematuro. Por lo mismo, ha existido mucha expectativa en torno a los datos de mayo y junio, en esperar de ver si podemos confirmar ya el inicio de una recuperación en serio, o si lo que vimos en abril fue simplemente un rebote aislado en un entorno todavía frágil.
En sí, la reactivación depende primero de una mejoría en el entorno externo, para que las exportaciones no petroleras vuelvan a tomar su lugar como el motor principal de crecimiento económico. En principio, la evidencia apunta a un resurgimiento importante en las exportaciones automotrices y aunque un poco menos dinámico, en las exportaciones manufactureras no automotrices. En segundo lugar, necesitamos que los efectos negativos de la reforma fiscal se vayan disipando y que la inversión pública estimule la industria de la construcción. Esta parte parece mucho más difícil, ya que el gobierno no quiere dar marcha atrás en las medidas que han dañado a la actividad económica, ya que ha apostado a que el gasto público acelerado pronto ayudará al crecimiento y que en el mediano plazo, las otras reformas eventualmente provendrán una base para estimular la inversión privada.
Los primeros datos duros que tenemos de mayo tipifican muy bien la problemática actual. La producción industrial creció tan solo 0.11 por ciento respecto al mes anterior, la tasa marginal más baja de los primeros cinco meses del año. Sin embargo, si examinamos los dos componentes principales, manufactura y construcción, vemos dos comportamientos muy distintos. La producción manufacturera creció 0.40 por ciento respecto a abril y su tasa de los últimos doce meses (corregido por efectos de calendario) ya se ubica en 4.8 por ciento. Si la producción crece en el resto del año al mismo ritmo que el observado en estos cinco meses, terminará más de 12 por ciento por encima del nivel de diciembre de 2013. Su buen comportamiento obedece al resurgimiento de la demanda externa por nuestros productos.
En cambio, la producción del sector de la construcción disminuyó 0.13 por ciento en mayo respecto a abril y se mantiene en terreno negativo en lo que va del año. Los dos segmentos más importantes mostraron tasas negativas: la edificación cayó -0.33 por ciento, mientras que la construcción de obras de ingeniería civil retrocedieron -1.72 por ciento. No obstante, la edificación (tanto residencial como no residencial) muestra un balance positivo en lo que va del año; si creciera en el resto del año al ritmo actual, terminaría 4.44 por ciento por encima del nivel observado en diciembre del año pasado. Aunque no es una tasa muy dinámica (en términos de la historia del sector), ya muestra signos de recuperación (modestos) de lo que fue una etapa verdaderamente difícil.
Ante esto, lo que verdaderamente llama la atención es el comportamiento de las obras de ingeniería civil, asociado a lo que es la inversión pública. Por un lado, los reportes de finanzas públicas que emite la Secretaría de Hacienda presumen de aumentos extraordinarios en el gasto público y en especial en la inversión física del gobierno. Sin embargo, parece que existe un especie de doble contabilidad, ya que no solamente no se percibe un mayor gasto público, sino que las obras civiles disminuyeron 1.72 por ciento en mayo respecto a abril y se ubican en -6.2 por ciento por debajo del nivel de hace doce meses. Si la producción en este rubro continua el resto del año al mismo ritmo que en estos primeros cinco meses, terminará el año -15.2 por ciento por debajo del nivel observado en diciembre pasado.
Por último, todavía no se percibe una mejoría notable en el consumo de los hogares. Las ventas reportadas por la ANTAD en junio continúan por debajo de los niveles reales observados hace un año. Las ventas internas de automóviles alcanzadas por la AMIA en junio se ubican en apenas 0.5 por ciento por encima del nivel registrado en el mismo mes del año pasado. El Indicador IMEF No Manufacturero de junio mostró su sexto mes al hilo con una tendencia a la baja, lo que refleja una pérdida continua de dinamismo en los sectores de comercio y servicios.
Las expectativas de crecimiento del PIB para 2014 de los analistas de instituciones internacionales y financieras se ubican en un rango de 2 a 3 por ciento, muy por debajo del casi 4 por ciento que se esperaba a principios de año. Sin embargo, hasta la proyección más pesimista implica una recuperación en la segunda mitad del año. Aun en el caso de que terminemos 2014 más cerca de 2 que de 3 por ciento, significa que en los seis meses que restan del año estaremos creciendo ya cerca de 4 por ciento anual, lo que nos posiciona muy bien para empezar 2015 con muchas mejores perspectivas. No obstante, aún queda mucha incertidumbre y camino por recorrer.
Ante este escenario, ¿qué deben hacer los ferreteros? A principios de año recomendamos proceder con mucha cautela, asegurando que su situación fiscal no los perjudicara ante los cambios fiscales y cuidando niveles de inventarios. Ya a mediados de año, deberíamos de haber absorbido los impactos fiscales y el comienzo lento. Ante la pregunta sobre cómo ven el clima de negocios para las actividades productivas del sector privado en los próximos meses, 78 por ciento de los encuestados respondieron que ya lo ven mejor, mientras que 22 por ciento dijeron que esta igual que hace seis meses; sin embargo, nadie respondió que está peor. También se preguntó sobre la coyuntura actual para efectuar inversiones, de los cuales 56 por ciento ya respondieron que es buen momento; 33 por ciento dijeron no estar seguros, mientras que 11 por ciento todavía opinaron que es mal momento. Las respuestas a esta encuesta mensual efectuado por el Banco de México ya reflejan más optimismo sobre el comienzo de la recuperación en relación a los meses anteriores.
Prácticamente todos anticipan una recuperación en la segunda mitad del año. La incógnita que permanece a estas alturas es más bien sobre su intensidad, es decir, si la recuperación aun será relativamente débil, o bien, si ya experimentaremos crecimiento de fondo. En principio, parece ser que avecinan mejores tiempos y deberíamos estar posicionados para aprovecharlos, sin embargo, aun así no dejemos de avanzar con cautela.

Escrito el 17 de junio de 2014 para Newsweek en Español.

 

Entre 1933 y 1981, México logró crecer a una tasa promedio anual de 6.19 por ciento, lo que permitió multiplicar el PIB por un factor de 19 en lo que fue casi 50 años. El crecimiento llegó a registrar un promedio anual de 9.11 por ciento en los últimos cuatro años de ese periodo, impulsado por el boom petrolero de los setenta. Pero con el derrumbe económico de 1982, se perdió por completo la habilidad de crecer, ya que la tasa disminuyó a un promedio por año de tan solo 2.21 por ciento los últimos 32 años, una de las más bajas de todo América Latina. Muchas personas culparon al Partido de la Revolución Institucional (PRI), el partido que había monopolizado el poder por 71 años consecutivos (1929-2000), por lo que decidieron en las urnas en 2000 darle la oportunidad al Partido de Acción Nacional (PAN). Sin embargo, en los dos sexenios en que sostuvo el poder (2001-2012), los gobiernos del PAN no pudieron mejorar la pobre actuación económica: Vicente Fox logró que la economía avanzara a un ritmo de 2.18 por ciento anual, mientras que Felipe Calderón registró una tasa promedio de 2.09 por ciento.

Ante la frustración del desempeño mediocre del PAN, la población decidió darle de nuevo la oportunidad al PRI, con la presidencia de Enrique Peña Nieto. En su campaña prometió impulsar las reformas estructurales que hacían falta y a retomar el crecimiento sostenido. Convenció a la mayoría de que solamente el PRI tenía la capacidad política para negociar con la oposición y que con su retorno por fin despejaría la economía. Con su victoria se presumió que había llegado el “momento México”. Inició su mandato con el lema “moviendo a México”, apoyado en grande por la prensa extranjera que ayudó a promover al país. Las agencias calificadoras se sumaron a la ola de optimismo, mejorando la calificación de riesgo soberano con el argumento implícito de que ahora sí el gobierno sabía qué hacer.

Sin embargo, no llegó el famoso momento México. El crecimiento económico del país en el primer año del nuevo gobierno no llegó ni siquiera a la mitad del promedio histórico de los últimos 32 años, mientras que el arranque de 2014 ha mostrado que la tendencia de estancamiento permanece igual. Todas las instituciones, analistas y académicos han revisado continuamente sus proyecciones de crecimiento a la abaja, hasta que recientemente el gobierno y el banco central tuvieron que admitir lo mismo. Por lo pronto, las perspectivas para este año giran alrededor de 2.5 por ciento, pero no debe sorprender que antes de finalizar el año observamos más revisiones a la baja.

¿Qué pasó con el momento México? ¿Por qué nunca llegó?

México fue de los ganadores después de la Gran Recesión

El crecimiento del PIB mexicano de 2001 a 2009 fue 1.3 por ciento promedio anual, el peor de toda América Latina. El contraste con las demás economías de la región fue enorme, ya que la década pasada fue muy favorable para la mayoría de los países latinoamericanos. Volteábamos a ver a Brasil, Chile, Perú y Panamá con envidia, que crecían muy por encima de nosotros. Al mismo tiempo, surge China como nuevo centro manufacturero mundial y nos empezó a comer el mandado. Peor aún, viene la gran recesión en 2008 y el PIB de México se desploma 4.7 por ciento. A pesar de una supuesta fortaleza macroeconómica, un sistema financiero saneado, una política cambiaria adecuada y relaciones de deuda externa relativamente buenas, tuvo uno de los peores desempeños a escala mundial. Al desplomarse el comercio exterior, México pierde su motor de crecimiento más valioso y la economía interna no supo responder.

No toda la retracción de la actividad económica provino de afuera. La sobrerreacción de las autoridades al virus H1N1, que paralizó por completo a la economía por un espacio importante, posiblemente contribuyó cerca de dos puntos porcentuales de los que disminuyó el PIB ese año. Pero aun así, México parecía maldecido y condenado al crecimiento mediocre.

Sin embargo, el panorama empezó a cambiar a partir de 2010 con un repunte significativo en las exportaciones no petroleras, a pesar de la lenta recuperación mundial. El PIB de México logró crecer 5.2, 3.8 y 3.9 por ciento en 2010, 2011 y 2012, respectivamente, para alcanzar un promedio de 4.3 por ciento en los tres años y crecer por arriba del promedio mundial. En estos años, México recapturó una porción del mercado norteamericano que había cedido a China y se empezó a escuchar de nuevo de la competitividad mexicana. No sólo la industria automotriz despegó a gran velocidad, sino también las exportaciones manufactureras no automotrices. Pero todavía más sorprendente fue que la economía interna empezó a responder y parecía tener por primera vez su propio dinamismo.

¿Cuáles fueron los factores que explicaron el mejor desempeño vis-a-vis los demás países? En principio, fueron tres: un reacomodo de líneas de producción (en especial en la industria automotriz) dentro de América del Norte, mediante el cual se buscó reducir costos de producción e incrementar la eficiencia a raíz de los efectos de la recesión en Estados Unidos; una moneda más competitiva (depreciada) a raíz del ajuste significativo que sufrió el tipo de cambio en 2008; y un cambio fundamental en la política económica de China, que coadyuvó a cerrar la brecha de los costos laborales unitarios entre ambos países.

A raíz de la profunda recesión de 2008-2009 en Estados Unidos, varias de las empresas automotrices estuvieron a punto de quebrar. Recibieron incluso ayuda gubernamental y tuvieron que implementar cambios profundos para volver hacer competitivos y rentables. Muchos de estos cambios involucraron cambios en sus líneas de producción de Estados Unidos hacia México, que en parte fue un reconocimiento de que la productividad de la industria automotriz mexicana no solamente era buena, sino de las mejores a escala mundial. A raíz de entonces, no sólo se observó nuevas inversiones en las plantas de capital norteamericanas, sino también en las europeas y asiáticas. El resultado fue que apenas un par de años después de la crisis, México había ganado mucha participación en la producción automotriz mundial.

En los años anteriores a la crisis, el dólar se había depreciado respecto a las principales monedas del mundo. Dado que el peso mexicano está muy ligado al dólar, México aprovechó parte de esta depreciación para incrementar sus exportaciones a países distintos a Estados Unidos. Como consecuencia de la crisis, el peso sufrió una depreciación significativa respecto al dólar en un momento en que el dólar se recuperó respecto a los demás países. De nuevo, México ganó competitividad hacia el exterior y se posicionó muy bien cuando el comercio exterior empezó a recuperarse.

Finalmente, China empezó a poner más énfasis en su mercado interno, empezando por otorgar mejores salarios a sus obreros. Como consecuencia, la distancia abismal que había entre los costos laborales de los dos países acortó y las ventajas de seguir produciendo en China se empezaron a mermar. Después de casi una década en la cual China absorbió una buena parte de la actividad manufacturera global, muchas empresas se dieron cuenta que los costos de logística y de transporte eran igual o más importantes que los laborales. Al final de cuentas, la cercanía geográfica de México y las posibilidades de abastecer oportunamente al mercado de Estados Unidos, volvió a posicionar a México como creciente posibilidad de producción manufacturera.

La mejoría económica en los tres años previos al arribo de Enrique Peña Nieto a la presidencia, fortaleció la creencia de que el nuevo gobierno podría tomar e incluso mejorar esta inercia. Si la ausencia de reformas estructurales fue uno de los factores que limitó el crecimiento en la era del PRI, entonces Peña Nieto tenía todo que ganar con impulsarlas. Sin embargo, con el cambio del sexenio vino una desaceleración frustrante que dejó a México al borde de una recesión.

La tormenta perfecta

Después de buen crecimiento por tres años, la actividad económica mexicana se desaceleró significativamente en 2013 para alcanzar apenas una tasa de 1.1 por ciento. Fueron muchos los factores, tanto externos como internos, que contribuyeron al mal desempeño. Una menor demanda por nuestras exportaciones en el exterior, la cancelación de cuotas de exportación de automóviles a Brasil y Argentina, una disminución pronunciada en las remesas y la recesión de Europa fueron algunos de los elementos externos. Mientras tanto, la crisis de la construcción, el menor gasto público, un desabasto de gas, inundaciones, incertidumbre en torno a las reformas estructurales, dudas en torno al cambio de sexenio y un deterioro acumulado en el poder adquisitivo de los hogares, fueron las causas internas.

El impulso principal para la actividad económica que planteó el gobierno entrante era su agenda ambiciosa de reformas estructurales. Los gobiernos anteriores no los pudieron aprobar debido a la oposición que tenían en el Congreso y a la falta de habilidad política para negociar y conciliar intereses. Sin embargo, el gobierno de Peña Nieto logró establecer el “Pacto para México”, que fue un acuerdo entre los principales partidos políticos para perseguir una agenda común. De aprobarse el decálogo de reformas, el crecimiento habría que detonarse.

Sin embargo, esta perspectiva no se materializó. A pesar de que algunas de las reformas se aprobaron en la primera mitad de 2013, las más importantes enfrentaron problemas mayores. La reforma fiscal terminó como una propuesta simplemente recaudatorio, sin enfrentar los verdaderos retos fiscales, mientras que la de telecomunicaciones y la energética se pospusieron hacia fines de año. Muchas de las leyes secundarias que debían seguir la aprobación de las reformas se empantanaron y no fueron aprobados hasta mucho después. Como resultado, el empuje que debió representar estas reformas no se materializó en 2013 y quedó claro que si se llegaran a materializar factores positivos de ellas, no serían sino hasta la segunda mitad del sexenio.

Pero más allá de las fallas que pudieran llegar a representar estas reformas, la actividad económica sufrió una serie de reveses, que no solo detuvo su crecimiento, sino que empujó a la economía hacia el borde de una recesión ligera. Lo que pasó fue como una tormenta perfecta, es decir, se conjuntaron varios factores negativos tanto externos como internos, casi todos al mismo tiempo, que detuvo la marcha de la economía. ¿Cuáles fueron estos factores?

Primero, a mediados del año anterior (2012) la demanda por las exportaciones no petroleras mexicanas empezó a desacelerarse. Las exportaciones automotrices dejaron de crecer a los ritmos anteriores, mientras que las manufactureras no automotrices se estancaron. Dado que las exportaciones son el motor principal de crecimiento de la economía mexicana, se experimentó mucho menos dinamismo en las actividades secundarias, que a su vez dejaron de estimular el crecimiento de las actividades terciarias. Hubo una visible desaceleración en el crecimiento económico de Estados Unidos (de 2.8 por ciento en 2012 a 1.9 por ciento en 2013) y específicamente en su producción manufacturera, que creció 2.2 por ciento en 2013 después de haber logrado una tasa de 3.9 por ciento en el año anterior. Al final de cuentas, las exportaciones no petroleras solo crecieron 4.0 por ciento en 2013, menos de la mitad de la tasa de 8.5 por ciento de 2012.

Segundo, al mismo tiempo dejaron de crecer las remesas familiares provenientes de Estados Unidos. A partir de julio de 2012 la tasa anual fue consistentemente negativa, afectando un ingreso complementario de muchas familias, que a su vez tuvo un efecto negativo sobre el consumo de los hogares. Dado que una parte significativa de estos ingresos se dedican a obras de autoconstrucción y remodelación de casas, también se vio afectada la rama de “trabajos especializados” dentro de la construcción.

Tercero, el gobierno de Calderón había dado un gran impulso a la vivienda de interés social, en especial mediante la construcción de casas habitacionales horizontales. Sin embargo, la gran mayoría fueron desarrollos en zonas apartadas de los centros de trabajo, esparcimiento y escuelas. Muchos gobiernos locales fallaron en proveer la infraestructura necesaria, por lo que miles de casas fueron abandonadas. A mediados de 2012, el gobierno decidió parar este tipo de edificación, en espera de una nueva reglamentación que favoreciera la vivienda vertical. No obstante, ante el inminente cambio de sexenio, el gobierno saliente le dejó el paquete a la nueva administración, lo que dejó prácticamente paralizado un segmento importante de la construcción. Peor aún, el nuevo gobierno no resolvió el problema de inmediato, lo que profundizó la crisis de la construcción en 2013. La mayoría de los desarrolladores de vivienda quedaron al borde de la quiebra, sin los recursos para volver a levantar el sector.

Cuarto, el gobierno de Calderón propuso utilizar la mayor parte del gasto público programado para 2012 en la primera mitad del año en busca en un efecto favorable en la economía antes de las elecciones. Esto implicó una disminución en el gasto en la segunda mitad del año, en especial en obras civiles y de infraestructura. Al entrar el nuevo gobierno, se intensificó la disminución en el gasto, muy visible en la inversión fija bruta del gobierno. En sí, el presupuesto aprobado para 2013 buscaba un balance fiscal, lo que implicaba un proceso de consolidación mediante una disminución en el gasto público. Pero aunado a esta restricción, la nueva administración tuvo un subejercicio de su gasto, por lo que su impacto negativo fue todavía mayor. No fue hasta el último trimestre de 2013 que el gobierno de Peña Nieto logró activar en forma el gasto público. Sin embargo, fue demasiado poco y tarde para lograr algún impacto significativo en la actividad económica.

Quinto, ante la promesa de reformas estructurales que implicaban nuevas oportunidades de inversión, el sector privado decidió posponer muchos proyectos hasta no saber bien cuáles iban a ser las nuevas reglas del juego. Primero habría que esperar para ver cuáles reformas se aprobarían y después cuáles serían las leyes secundarias. Aunado a la espera de las reformas, había incertidumbre en torno al cambio sexenal, que siempre tiene un efecto negativo en el primer año de cualquier sexenio. Esto también implicó una disminución en la inversión fija bruta del sector privado.

Sexto, a pesar de que la inflación general se ha contenido en los últimos años, los precios de los alimentos, de la gasolina y otros bienes con alto impacto en los presupuesto familiares, subieron mucho más que los sueldos y salarios, provocando una pérdida en el poder adquisitivo de muchos hogares. Aunado a los factores anteriores, esto incitó a una disminución en el comercio y a una eventual desaceleración en las actividades terciarias en su conjunto.

El resultado fue primero una atonía a partir de mediados de 2012, que posteriormente se convirtió en un estancamiento de la actividad económica en 2013. El gobierno fue severamente criticado a lo largo del año, ya que cada tres meses se veía forzado a revisar su expectativa de crecimiento a la baja: empezó el año anticipando una tasa de 3.5 por ciento, que revisó a la baja cuatro veces antes de admitir la tasa final de 1.1 por ciento para el año. Sin embargo, no solo fue el gobierno que no anticipó adecuadamente el crecimiento del año, sino también prácticamente a todos los analistas, instituciones financieras y organismos internacionales. Parte del problema fue, que aunado a todos los factores mencionados, hubo modificaciones importantes en las cuentas nacionales (cambio de año base y adecuaciones metodológicos), que terminaron por arrojar cifras de crecimiento económico menores a los que originalmente se habían reportados. En un principio, el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) reportó en mayo de 2013 que el PIB del primer trimestre de 2013 había crecido de 1.8 por ciento anualizado respecto al trimestre anterior. La cifra ya revelaba una economía menos dinámica, lo que llevó a muchos analistas a revisar a la baja su expectativa de crecimiento para el año, pero aun todavía en un rango ligeramente por debajo de 3 por ciento. Sin embargo, cuando el INEGI dio a conocer los datos del segundo trimestre en agosto, aprovechó para introducir el cambio de base (de 2003 a 2008), que resultó en una revisión del primer trimestre a 0.1 por ciento de crecimiento y una tasa negativa de 2.9 por ciento para el segundo. Por lo mismo, después de conocer los datos revisados los analistas tuvieron que revisar de nuevo a la baja sus perspectivas de crecimiento, esta vez ya por debajo de 2 por ciento. A pesar de que hubo una pequeña mejoría en el desempeño de la economía en el tercer trimestre, el cuarto volvió a estancarse y la economía terminó creciendo apenas 1.1 por ciento en el año.

La promesa de recuperación

Si revisamos detenidamente la lista de los factores que contribuyeron al bajo desempeño de 2013, encontramos que prácticamente todos fueron de naturaleza temporal, es decir, que deberían perdurar por mucho tiempo. Esto llevó al gobierno a prometer una recuperación vigorosa en 2014, primero como consecuencia de una recuperación en la economía de Estados Unidos y Europa y posteriormente apuntalado en una política de gasto público muy agresivo. Consistente con el lema que está utilizando el gobierno para promover el país, “moviendo a México”, la SHCP ha sido muy reacio a reconocer y admitir primero, que la economía no va crecer lo que originalmente proyectaron y segundo, que se tiene que revisar a la baja de nuevo las expectativas de crecimiento a raíz de errores de política económica.

Después de prometer resultados casi inmediatos, ante lo sucedido en 2013, el gobierno se vio forzado a admitir que los supuestos efectos benéficos de las reformas se darían [en el mejor de los casos] en el mediano plazo. Por lo mismo, para remediar la situación y reactivar la economía, el gobierno decidió primero plantear una reforma fiscal que proveería de más recursos al erario y después impulsar una ampliación significativa del déficit fiscal para financiar un incremento sustantivo en el gasto. De esta manera, abandonó prácticamente todos los planteamientos originales de la reforma en busca de una propuesta esencialmente recaudatoria. Dejó a un lado las propuestas de unificar el IVA al eliminar las exenciones y excepciones, no presentó propuesta alguna para incentivar el empleo formal y combatir la informalidad, eliminó deducciones que incentivaban la inversión, no buscó ampliar la base recaudatoria y terminó aumentando la tasa impositiva a los cautivos, los que desde antes pagaban la mayor tajado de los impuestos. Adicionalmente, introdujo una serie de nuevos impuestos y aumentos al IEPS que gravaban alimentos de alto consumo en los hogares.

El resultado final de la reforma fue una reducción en el ingreso personal disponible de los hogares, que trajo consigo una disminución en la confianza del consumidor y al mismo tiempo, desincentivó la inversión de las empresas y redujo igual la confianza empresarial. En el momento en que el consumo y la inversión privada necesitaban apuntalar la recuperación, fueron severamente castigados. Peor aún, el gobierno introdujo nuevas medidas de fiscalización y leyes para tratar de limitar el lavado de dinero, pero que empujaron a muchos consumidores y empresarios a retirar su dinero de los bancos y dejar de usar tarjetas de crédito. Como consecuencia, aumentaron significativamente las transacciones informales y cayeron las ventas en los establecimientos formales. En el primer trimestre del año, aumentó la demanda de dinero (base monetaria) más de 14 por ciento, mientras que el PIB nominal solo avanzó 5.1 por ciento.

En principio la estrategia del gobierno es de quitarle dinero a los hogares y empresas para incrementar sus ingresos y pedir prestado algo más al mercado vía un incremento importante en la deuda pública (tanta externa como interna), para aumentar así en forma significativa el gasto público. El primer problema con esta estrategia, es que el gasto público es menos eficiente en términos de su impacto sobre el crecimiento económico que el gasto privado. El segundo problema es que redujo el ingreso personal disponible a los que desde antes pagaban más impuestos en vez de ampliar la base gravable y eliminar a los grupos privilegiados. El tercer problema es que al acudir a los mercados financieros para financiar la ampliación del déficit, desplazó al sector privado de recursos que hubiera utilizado para invertir. El resultado es que el primer trimestre quedó estancado y se abortó las posibilidades de iniciar una recuperación de fondo.

Al concluir el primer trimestre, la SHCP reportó un aumento en el gasto público de alrededor de 8 por ciento real y en especial. Un aumento en inversión física de más del 17 por ciento. Sin embargo, la inyección de recursos públicos no parecía tener efecto alguno en el crecimiento. Sin embargo, más de un mes después, el INEGI reportó que el consumo público disminuyó 0.33 por ciento respecto al trimestre anterior y en especial, hubo una caída de 8.5 por ciento en la inversión público respecto al mismo periodo del año anterior. La SHCP no ha querido aclarar esta divergencia tan marcada en las cifras y tampoco reconocido que su última revisión a la baja en el crecimiento tendrá que ser revisada de nuevo (algo que Banco de México ya admitió).

Aunado a los errores de política gubernamental, el entorno externo no presentó la mejoría anticipada a principios de año. La economía norteamericana arrancó mal el año debido a condiciones climatológicas adversas, que afectó negativamente a la inversión privada, el gasto público y los inventarios. El resultado fue que el PIB estadounidense disminuyó 1.0 por ciento en el primer trimestre de 2014, por lo que no aumentó mucho la demanda por nuestras exportaciones. Afortunadamente, el consumo de los hogares siguió creciendo en Estados Unidos, por lo que el revés se ha interpretado como un fenómeno temporal. De hecho, las exportaciones mexicanas han mostrado una mejoría en los últimos meses.

El Indicador IMEF Manufacturero de mayo muestra una tendencia modesta al alza, por lo que se anticipa una mejoría en el ritmo de producción ya en el segundo trimestre. Sin embargo, el Indicador IMEF No Manufacturero registra una clara tendencia a la baja en los primeros cinco meses del año, signo de que el comercio y los servicios se mantienen estancados. El hecho de que el Banco de México decidiera reducir 50 puntos base la tasa objetivo de fondeo interbancario a 3.0 por ciento, es muestra de que la actividad económica todavía permanece estancada. La misma Junta de Gobierno recalcó que la mayor debilidad es el consumo y la inversión. La decisión sorpresiva subraya el hecho de que el rango esperado de crecimiento por las autoridades monetarias es seguramente ahora todavía más baja que el de 2.3 a 3.3 por ciento dado a conocer apenas hacia fines de marzo.

 

Expectativas de Crecimiento del PIB para 2014:

Antes y Después de Conocer los Datos del Primer Trimestre

                                                                                                      Antes                 Después

Oficial SHCP                                                                               3.9%                      2.7%

Oficial Banxico                                                                          3.5%                      2.8%

FMI                                                                                               3.0%                        n.d.

Banco Mundial                                                                         3.0%                      2.3%

Encuesta IMEF                                                                          3.0%                      2.6%

Encuesta LatinFocus                                                               3.1%                      2.9%

Encuesta Consensus Economics                                        3.0%                      2.6%

Encuesta Banxico                                                                    3.0%                      2.8%

Encuesta Banamex                                                                 3.0%                      2.8%

Fuente: recopilación propia de fuentes originales de cada Encuesta o Institución.

 

En la medida en que se vayan conociendo más datos duros sobre el desempeño de la economía en el segundo trimestre, se podrán ir afinando las proyecciones de crecimiento para todo el año. No obstante, las acciones del Banco de México y los indicadores oportunos disponibles (como el Indicador IMEF) apuntan a que esta ronda de revisiones a la baja todavía no concluye. Es de esperar que el nuevo consenso se ubique mucho más cerca al 2 que al 3 por ciento. Sin embargo, resulta interesante observar que aun la proyección más pesimista de ahora (cerca del 2 por ciento) implica cierta recuperación en la segunda mitad del año.

¿Qué se necesita para que se active la recuperación? Primero, una mejoría en el entorno externo que culmina en un incremento en las exportaciones no petroleras, que desde hace tiempo ha sido el motor de crecimiento de la economía. Sin una mejoría sustancial, difícilmente podremos ver que se materialice una recuperación que perdure. Segundo, una reactivación en el consumo e inversión privada, que para que ocurre se necesita una pronta absorción de los efectos negativos de la reforma hacendaria, algo que no queda tan claro que pueda ocurrir en el muy corto plazo. Finalmente, se necesita la aprobación final y completa de todas las reformas y leyes secundarias para dejar atrás el ambiente de incertidumbre prevaleciente.

El aumento en el gasto público no será suficiente para reactivar la economía, primero por su ineficacia y segundo, por el poco impacto de segunda orden que tiene sobre la actividad económica. Una buena parte del gasto va dirigido a programas sociales, subsidios y transferencias, que prácticamente no tiene repercusión. La inversión pública podrá ayudar en el margen, sin embargo, la mayor parte simplemente desplazará la inversión privada. Por lo pronto, es casi un hecho que el crecimiento de este año será de nuevo decepcionante. Habrá que esperar a 2015. Por mientras, estaremos esperando las nuevas revisiones a la baja en el crecimiento por parte de SHCP.

 

 

El Observatorio Económico de México

Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco

La Tasa de Desempleo en México

                                                                                                              Por Jonathan Heath

La tasa de desempleo siempre ha sido uno de los indicadores macroeconómicos más importantes en la mayoría de los países. Sin embargo, por razones complejas nunca ha gozado de una aceptación generalizada en México. Por ejemplo, el Banco de México prácticamente lo ignora, dado que casi nunca lo menciona en sus reportes trimestrales y es ausente en sus anuncios de política monetaria. Existe la percepción de que los números no son muy confiables, se construyen mediante metodologías dudosas y que son manipulados por el gobierno para esconder una realidad difícil.

La Tasa de Desempleo Urbano de México

 

Las dificultades empezaron con los primeros esfuerzos para medir el desempleo en 1972 con la Encuesta Nacional en Hogares (ENH), que fue reemplazada rápidamente por la Encuesta Continua de Mano de Obra (ECMO) con modificaciones metodológicas y cobertura distinta. Esta a su vez fue sustituida por la Encuesta Continua sobre Ocupación (ECSO) y en 1983, por la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU).  Finalmente, en 2005 el Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (INEGI) introdujo de nuevo otra, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Todos estos esfuerzos son incompatibles unos con los otros, por lo que no contamos con una serie de tiempo larga. Al final, después de más de 40 años tratando de medir el desempleo, solo tenemos series comparables para los últimos nueve años (y reconstruida desde noviembre 1996) y aun así, es un esfuerzo ignorado por muchos.

El problema más grande es que la tasa promedio de todos los estudios resulta ser una de las más bajas del mundo, algo que intuitivamente no corresponde con nuestro estado de desarrollo o con la tasa tan baja de crecimiento económico que ha tenido el país a lo largo de las últimas tres décadas. Este hecho ha llamado la atención fuera de México, motivando muchos cuestionamientos y estudios que han buscado averiguar si obedece a peculiaridades estructurales del mercado laboral mexicano, el uso inadecuado de las recomendaciones y estándares internacionales o de problemas de medición.

Tasas de Desempleo de México y Estados Unidos

 

 

En un principio se pensaba que la definición que utiliza el INEGI era muy estrecha, ya que considera a una persona empleada con una hora de trabajo a la semana.  Sin embargo, esta definición no es del INEGI, sino la recomendada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las Naciones Unidas (ONU), el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), según la XIII Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo (CIET) de 1982. De hecho, el INEGI cumple con todas las recomendaciones y estándares generales internacionales de estadísticas laborales. Por lo mismo, las diferencias tienen que involucrar cuestiones más sutiles.

Uno de los estudios más conocidos fue elaborado por Susan Fleck y Constance Sorrentino, del Buró de Estadísticas Laborales (Bureau of Labor Statistics) de Estados Unidos en 1994. Esta investigación encontró una lista de diferencias menores con las encuestas de nuestro país vecino en torno a las maneras de plantear ciertas preguntas y el tratamiento de ciertas circunstancias. Por ejemplo, los trabajadores ausentes y las personas que estaban por iniciar un trabajo, se clasificaban como empleados en México pero no así en Estados Unidos. El estudio encontró que si todas las diferencias se corrigieran en las encuestas mexicanas, la tasa de desempleo promedio aumentaría por casi un punto y medio porcentual. No obstante, aun así México registraría una tasa de desempleo más baja que la mayoría de los países de la OCDE y de muchas economías emergentes.

En general, México ha tratado de seguir los estándares y recomendaciones internacionales, aunque no siempre los han adoptado con rapidez. Por ejemplo, el diseño de la ENOE, que arrancó en 2005, eliminó casi todas las diferencias señaladas por Fleck y Sorrentino nueve años antes e incorporó muchas recomendaciones realizadas por la OCDE y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Tal como se anticipaba, la tasa de desempleo urbano aumentó en promedio cerca de 1.5 puntos porcentuales. Sin embargo, el INEGI decidió incorporar a las comunidades rurales (que consiste principalmente de familias que se dedican al autoconsumo y que realmente no participan en el mercado laboral) para construir una tasa “nacional” que reemplazara la tasa urbana. El resultado fue que la nueva tasa nacional promediaba más o menos lo mismo que la tasa urbana anterior, por lo que la mayoría de los analistas no se percataron de las mejorías. A pesar de todos los esfuerzos por mejorar la encuesta y publicar una tasa de desempleo más creíble, a la fecha sigue ignorado por muchos analistas.

Otra desilusión fue que a pesar de que la ENOE incorporó en 2005 todas las preguntas pertinentes para reportar la nueva tasa de informalidad laboral que fue recomendado en la decimoséptima Conferencia Internacional de Estadísticos Laborales en 2003, el INEGI tardó casi diez años para darla a conocer en México. En teoría, el INEGI obtuvo su autonomía del gobierno en 2008 para evitar manipulaciones políticas y ganar más confianza y credibilidad en sus estadísticas. Sin embargo, fue notorio que la administración anterior había impedido la publicación de esta tasa embarazosa (que señala que cerca del 60 por ciento de todos los trabajos a nivel nacional son informales), cuando el INEGI la dio a conocer a los pocos días de haber concluido el sexenio.

Tasa de Desempleo Nacional versus Urbano

 

 

A pesar de todo, la mayoría de los estudios serios señalan que la razón principal por la cual la tasa de desempleo en México es tan baja es por las características estructurales del mercado laboral, más que por diferencias metodológicas o fallas en las encuestas. Por ejemplo, mientras que en Estados Unidos hay una clara correlación negativa entre el nivel educativo y la tasa de desempleo (entre mayor es el nivel educativo, más bajo es la tasa de desempleo), en México esta correlación es positiva. El segmento de la población mexicana con la tasa de desempleo más baja es la que no tiene terminada la educación primaria y que se asocia con los sectores más pobres de la economía. Las razones principales son dos: 1) una parte importante de la población sin educación primaria completa radica en comunidades rurales, viven del autoconsumo y no se consideran desempleados; 2) el segmento más pobre de la población no pueden darse el “lujo” de estar sin empleo, por lo que están dispuestos a aceptar cualquier tipo de trabajo, sin importar el pago. Entre mayor sea el nivel educativo, la gente tiene mayores aspiraciones, lo que los lleva a durar más tiempo buscando un trabajo adecuado a su “estatus” en la sociedad. También, los niveles educativos más altos están correlacionados con niveles de riqueza más elevados, lo que permite gastar más tiempo en la búsqueda de trabajo. Al final de cuentas, el desempleo se determina más por el lado de la oferta que por el lado de la demanda.

La misma característica estructural aparece en otras formas de ver los datos. Por ejemplo, los niveles de desempleo más bajos se ubican en los estados más pobres, con más comunidades rurales, menos industrializados y mayores niveles de informalidad.  Lo mismo se puede observar por tamaño de ciudad: entre más grande la ciudad, más elevado es la tasa de desempleo. En general, se observa que los estados con más ciudades grandes, mayor ponderación manufacturera y mayores niveles de educación, son los que están asociados con mayores tasas de desempleo. En todos los casos, las correlaciones son significativas.

Dos características adicionales ayudan a explicar las tasas de desempleo relativamente bajas en México. No existen mecanismos de seguros de desempleo o redes de seguridad que proveen ingresos a los buscadores de empleo. Esto implica un mayor incentivo para recortar el tiempo de búsqueda y aceptar cualquier tipo de trabajo, aunque pague menos de lo que la persona que buscaba esperaba. En general, estudios laborales muestran que los mecanismos de pago al desempleo crean incentivos perversos para incrementar el desempleo, dado que al percibir dinero en lo que una persona busca trabajo, reduce la urgencia de encontrarlo rápidamente.

Hasta aquí hemos visto varios factores estructurales que explican las diferencias entre economías desarrolladas y emergentes, pero aun no queda claro por qué es más baja la tasa de desempleo en México en comparación a la mayoría de los demás países latinoamericanos. Hasta hace pocos años, los flujos de inmigración netos entre México y Estados Unidos han sido muy elevados, promediando más de medio millón de personas al año. Esto provee a México una válvula de escape muy importante del desempleo en el país, al transferir la presión laboral de México hacia el exterior. La proximidad a los Estados Unidos y los flujos elevados de inmigración, diferencian a México de sus vecinos al sur.

El fórum internacional más importante para formular definiciones, recomendaciones y estándares en materia de indicadores laborales son las Conferencias Internacionales de Estadísticos de Trabajo (CIET), organizado por la OIT y llevado a cabo cada cinco años. Algunos de estas conferencias han sido verdaderamente históricos al establecer definiciones esenciales, proponer referencias y proveer guías consensuadas. Por ejemplo, en 1982, la XIII CIET estableció la definición estándar internacional de desempleo que se utiliza al día de hoy, que incluye el criterio de trabajar una hora a la semana para delimitar el empleo del desempleo y la condición de tener que estar buscando “activamente” un trabajo. En 1993, la XV CIET formuló la definición del sector informal, mientras que en 2003 la XVII CIET acordó la metodología para calcular la tasa de informalidad laboral.

En 2008 la CIET decidió examinar a fondo la relevancia y bases conceptuales de las estadísticas laborales. Estos esfuerzos culminaron en la XIX CIET, en octubre de 2013 en Ginebra, Suiza. De estas dos conferencias salieron las recomendaciones más relevantes e históricamente significativas de los últimos 30 años. Se trabajó en definir mejor las diferentes formas de trabajo y la relación con el Sistema de Cuentas Nacionales. En especial, algunos de los cambios sugeridos son en especial muy relevantes para México. De implementarse, la tasa de desempleo de México podría aumentar entre uno y uno y medio punto porcentual. Las resoluciones incluyen subconjuntos más claras y definidas de actividades laborales, conocidos como formas de trabajo, clasificaciones novedosas de la población en términos del estatus de la fuerza laboral y formas principales de trabajo y medidas de subutilización laboral.

Específicamente, el cambio más importante será el de excluir la producción de subsistencia (autoconsumo) del empleo, es decir, individuos que trabajan en sus propias unidades económicas para producir bienes para el consumo exclusivo de sus hogares o familias, no se considerarán parte de las estadísticas laborales. Esto significa que la mayor parte de la población rural dejará de contabilizarse como parte de la fuerza laboral. El resultado será que los estados más pobres (como Chiapas, Guerrero y Oaxaca) verán una revisión significativa al alza en sus tasas de desempleo, mientras que los estados más desarrollados (como Nuevo León y Baja California) verán cambios apenas marginales. Al final de cuentas, deberemos ver una tasa de desempleo más creíble y realista.

Otro cambio importante, que afectará a la mayoría de los países, es la introducción del concepto de “fuerza de trabajo potencial”. Esta categoría no solo incluye a los desempleados que activamente buscan trabajo, sino también a los desalentados, que han dejado de buscar trabajo en forma activa, pero están dispuestos a trabajar. En otras palabras, las personas que dejan de buscar trabajo ante la frustración de no encontrar una oportunidad, dejan de forma parte de la fuerza laboral para convertirse en parte de la población económicamente inactiva, pero ahora con la nueva definición seguirán formando parte de la fuerza laboral potencial. Esta nueva categoría abre la puerta a nuevas y más amplias definiciones de desempleo, que a su vez deberán apoyar a gobiernos en su formulación de políticas públicas.

¿Qué falta hacer en México para obtener mejores estadísticas de la naturaleza y tamaño de la fuerza laboral? Primero, el INEGI debe incorporar relativamente rápido las nuevas recomendaciones sin permitir la interferencia política que pudieran aplazar las modificaciones. Esto ayudará a mejorar la confianza y credibilidad en las capacidades e independencia del INEGI. Segundo, los cambios no deberán introducir de nuevo alguna discontinuidad en las series existentes, que terminan por entorpecer las comparaciones de datos en los diferentes estudios. Este ha sido uno de los problemas mayores del INEGI, a lo cual no ha encontrado una solución eficaz. Tercero, la tasa de desempleo deberá aumentar por lo menos un punto porcentual en promedio para ganar la muy necesitada credibilidad en sus estadísticas. Cuarto, los medios deberán aprender rápidamente cómo entender y reportar los nuevos indicadores laborales correctamente, algo que ha siempre ha faltado. Esto requiere un esfuerzo mayor del INEGI y otras instituciones relevantes (incluyendo la academia) para extender y mejorar la cultura económica y estadística entre la población. Finalmente, instituciones (en especial el Banco Central) debe empezar a utilizar la tasa de desempleo como un indicador económico y social serio, en vez de concentrar su atención en indicadores menos incluyentes (como los registros del Seguro Social).

Después de crecer 4.3 por ciento anual por tres años, la actividad económica mexicana se desaceleró significativamente en 2013 para alcanzar apenas una tasa de 1.1 por ciento. Fueron muchos los factores, tanto externos como internos, que contribuyeron al mal desempeño. Una menor demanda por nuestras exportaciones en el exterior, la cancelación de cuotas de exportación de automóviles a Brasil y Argentina, una disminución pronunciada en las remesas y la recesión de Europa fueron algunos de los elementos externos. Mientras tanto, la crisis de la construcción, el menor gasto público, un desabasto de gas, inundaciones, incertidumbre en torno a las reformas estructurales y un deterioro acumulado en el poder adquisitivo de los hogares, fueron las causas internas.

A estas alturas, algunos analistas han querido concentrar la culpa en factores internos y más concretamente, en acciones del gobierno. Sin embargo, sí hubo una visible desaceleración en el crecimiento económico de Estados Unidos (de 2.8 por ciento en 2012 a 1.9 por ciento en 2013) y específicamente en su producción manufacturera, que creció 2.2 por ciento en 2013 después de haber logrado una tasa de 3.9 por ciento en el año anterior. Esto contribuyó a que nuestras exportaciones no petroleras, que representan el motor principal de crecimiento de la economía mexicana, crecieran 4.0 por ciento el año pasado, menos de la mitad de la tasa de 8.5 por ciento de 2012.

Dado que prácticamente todos los economistas que siguen de cerca la economía de Estados Unidos vaticinan una mejoría para este año, es de esperarse que nuestras exportaciones podrán recuperar su dinamismo. Europa parece salir de su recesión, mientras que la OCDE y el FMI ven mayor crecimiento mundial en 2014. Este mejor escenario implica de entrada que deberíamos tener más crecimiento este año. ¿Pero qué tanto es tanto?

Cuando una economía se desacelera visiblemente o entra en recesión, es muy factible que el siguiente año se presenta más crecimiento por la base reprimida de comparación, algo así como un efecto rebote. Esto significa que podemos esperar una mejoría en el desempeño de la actividad económica este año simplemente por inercia. La mejoría del entorno externo y un pequeño efecto rebote nos debería marcar un piso en el crecimiento para este año alrededor de 3.0 por ciento, que podemos llamar el “crecimiento inercial”. Para poder crecer más del 3 por ciento, necesitaremos de ciertos impulsos, principalmente internos.

Los primeros impulsos podrán venir de una recuperación en el sector de la construcción, que se divide principalmente en tres segmentos: edificación, obras civiles y de infraestructura y trabajos especializados. La edificación fue afectada adversamente desde mediados de 2012 cuando el gobierno decidió suspender los subsidios que otorgaba a la vivienda de interés social. El problema central radicaba en que se apoyó la construcción de casas habitación horizontal en zonas alejadas de centros de trabajo, sin la infraestructura necesaria y con escasos servicios de esparcimiento. El resultado fue un abandono masivo de estos hogares y un fracaso en el impulso del sexenio pasado a este tipo de vivienda. A mediados de 2013, el nuevo gobierno modificó la ley (que entra en vigor a principios de 2014) para ahora impulsar la vivienda vertical, ubicada en lugares con mayor demanda laboral. Esto significa que pronto se debería observar una reanudación en la edificación de viviendas, aunque a un paso más moderado que el que hubo en años anteriores.

El segundo segmento de la construcción, el de obras civiles y de infraestructura, está íntimamente ligado a la inversión pública. Desde mediados de 2012, el gobierno saliente disminuyó el gasto, mientras que en 2013 el gobierno entrante no lo supo activar a tiempo. El resultado fue una subejercicio del gasto público en la primera parte del año y una disminución en la inversión pública en todo 2013. No obstante para 2014 el gobierno plantea aumentar significativamente su gasto vía un déficit fiscal visiblemente mayor a otros años, por lo que es de esperarse un incremento en la inversión destinada a obras civiles y de infraestructura.

El tercer segmento, trabajos especializados de construcción, representa esfuerzos de autoconstrucción y remodelación, que se encuentran correlacionados a la entrada de remesas. Muchos hogares no solo utilizan las remesas como complemento de sus ingresos para consumir más, sino también para invertir en sus casas. Las remesas empezaron a disminuir a mediados de 2012 a la par con una disminución en este tipo de trabajos. Sin embargo, parecen haber tocado fondo hacia fines del tercer trimestre y ahora se prevé una recuperación. Esto significa que deberíamos esperar un desempeño positivo en 2014, aunque no necesariamente muy dinámico, en el sector de la construcción en su conjunto, después de un año excepcionalmente malo.

La verdadera incógnita radica en el efecto de las diez reformas estructurales que se emitieron en 2013 y que deberíamos ver aprobado las leyes secundarias faltantes a mediados de 2014. El gobierno estima que estas deberían empezar a impulsar el crecimiento este año hacia una tasa cercana a 4 por ciento y llegar acerca a 5 por ciento en 2015. No obstante, esta visión no es compartida por la mayoría de los analistas, que ven mucho menos crecimiento en el corto plazo y un impulso mucho más moderado en los siguientes años.

Parte del problema es la reforma fiscal, que en vez de ser un factor positivo para la actividad económica, ya sido un verdadero dolor de cabeza para el sector privado empresarial y para los hogares. La reforma fue básicamente recaudatoria, no creo incentivos importantes para combatir la informalidad, quitó incentivos a la inversión y no fue equitativo al buscar que pagaran más los que más pagaban antes. Restó poder adquisitivo a muchos segmentos de la población al incrementar impuestos a ciertos productos y subir el IVA cinco puntos porcentuales en las zonas fronterizas del país. Redujo el ingreso personal disponible de muchos hogares al incrementar el impuesto sobre la renta y disminuir las deducciones. Eliminó la deducibilidad inmediata a las inversiones, impuso impuestos temporales a las empresas maquiladoras y complicó aún más el pago de impuestos para los contribuyentes menores.

Todos estos efectos recesivos deberán restarle dinamismo a la actividad económica, en especial al comienzo del año. Los primeros datos disponibles de enero señalan un desplome en la confianza del consumidor, casi nula creación de empleo permanente y un aumento significativo en la inflación. Es de esperarse que la actividad económica permanezca estancada en los primeros meses, para posteriormente iniciar una recuperación lenta. Sin embargo, dado que las repercusiones fiscales son distintos dependiendo del tamaño de la empresa y del giro del negocio, se recomienda que cada negocio busque una asesoría fiscal especializada para entender bien sus opciones. La incertidumbre sobre la economía a corto plazo prevalece, por lo que se dificulta la toma de decisiones en materia de inversiones. Esto significa que deben permanecer sumamente cautelosos y todavía cuidar los niveles de inventarios.

Aunque los riesgos externos prevalecen, el balance ha mejorado. Hace seis meses, preocupaba el posible cambio en la política monetaria de Estados Unidos, ya que México había recibido enormes recursos del exterior (capital de portafolio), que en un momento dado podrían revertirse, con un efecto mayor en el tipo de cambio y alzas en las tasas de interés. En este lapso de tiempo, la Reserva Federal ya anunció cómo irá modificando poco a poco su esquema de inyección de liquidez a los mercados. La buena noticia es que México parece ser de los países emergentes menos afectados, ya que mientras casi todos los demás han sufrido una depreciación significativa en sus monedas, el peso mexicano se mantenido relativamente estable. La empresa clasificadora de riesgos, Moody’s, anunció hace poco que mejoraba la calificación de México, reconociendo una mejoría notable en la relación riesgo/rendimiento del país. Sin que sea una garantía, esta acción disminuye el riesgo que México enfrenta al revertir las políticas monetarias de expansión.

Empieza 2014 Flojo

Febrero 5th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (0 Comments)

El Indicador IMEF Manufacturero registró en enero un descenso de 0.7 puntos respecto al mes anterior, para ubicarse en 49.7 puntos. Este nivel se ubica ligeramente por debajo del umbral de 50 puntos y es consistente con un sector manufacturero estancado. El mismo Indicador, ajustado por el tamaño de empresas que fueron encuestadas, disminuyó 0.1 puntos respecto a diciembre y se encuentra en 50.6 puntos. La diferencia señala que las empresas medianas y pequeñas fueron más afectadas que las grandes, una característica que aparenta estar relacionada con los efectos nocivos de la Reforma Fiscal.

Afortunadamente no todo fue fueron noticias malas, ya que el Indicador IMEF No Manufacturero reportó un incremento de 0.3 puntos, para llegar a 53.5 puntos y acumular cuatro meses consecutivos al alza. Esto significa que a diferencia de las actividades secundarias, las terciarias (comercio y servicios) parecen seguir una ruta de recuperación que se inició a comienzos del cuatro trimestre del año pasado.

Los Indicadores que da a conocer el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) pertenecen a la familia de indicadores de difusión, que se construyen mediante cinco preguntas sobre producción, nuevos pedidos, empleo, entregas e inventarios y son equivalentes a los que difunde el Instituto de Gerentes de Compra (ISM) en Estados Unidos. Se caracterizan por ser muy oportunos (se reportan el primer día hábil de cada mes) y dan una idea clara del rumbo de la economía.

El IMEF empezó a calcular estos indicadores a partir de 2004, pero no fue hasta 2007 cuando anticiparon oportunamente la debilidad de la economía y en 2008 cuando fueron los primeros en señalar que estábamos en recesión, que se convirtieron en indispensables para el análisis de la coyuntura mexicana. A diferencia del Indicador IPM que construyen conjuntamente el INEGI y Banxico, el Indicador IMEF Manufacturero captó perfectamente bien la debilidad de la actividad económica del primer semestre del año pasado.

El Indicador IMEF Manufacturero capta el desempeño de las exportaciones no petroleras, que son el motor principal de crecimiento de la economía mexicana. Aunque señaló una mejoría relativa en la segunda mitad del año pasado respecto al semestre anterior, el Indicador muestra que continua el poco dinamismo del sector y por tanto, la economía mexicana sigue prácticamente estancada.

En cambio, el Indicador IMEF No Manufacturero refleja el desempeño de la economía interna, donde el comercio y los servicios representan alrededor de dos terceras partes de la actividad económica. A partir de agosto de 2013, cuando el Indicador de las actividades terciarias tocó el umbral de 50 puntos, los servicios han mostrado una lenta pero segura recuperación. En especial, destaca el comportamiento dinámico de los nuevos pedidos, que refleja el comportamiento adelantado de la economía interna.

Estos indicadores varían en un intervalo de 0 a 100 puntos y el nivel de 50 representa el umbral entre una economía en expansión (mayor a 50) y una contracción (menor a 50). En principio, cuando el índice se encuentra por encima del umbral, un aumento se interpreta como señal de mayor dinamismo. Entre más arriba de 50 se ubica, mayor es la posibilidad de que la actividad económica esté creciendo  a una tasa mayor. En cambio, cuando el índice se encuentra por debajo de los 50 puntos, es probable que la economía se encuentra estancada o en contracción. Aunque todavía no contamos con suficiente información histórica para determinar el punto a partir del cual podemos decir que la economía se encuentra en una recesión, los datos sugieren que podría ser a partir de los 47 o 48 puntos.

Por la naturaleza de los índices de difusión, no podemos inferir de los niveles de estos indicadores las tasas de crecimiento de sus respectivos sectores, sino únicamente las tendencias, es decir, hacia arriba o abajo y a menor o mayor velocidad. Ejemplos de otros índices de difusión que produce el INEGI son los indicadores de confianza del consumidor y del productor, el índice agregado de tendencia, el indicador de pedidos manufactureros y el índice de percepción de seguridad pública. Estos indicadores siempre serán los primeros que se den a conocen, a veces hasta casi dos veces de anticipación que los indicadores de datos duros, como podría ser la producción industrial.