Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI anunció que a partir de esta quincena (la primera de abril) actualizará las ponderaciones que utiliza en el INPC. Hasta el mes pasado utilizaba el patrón de gasto de los hogares de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2008, mientras que las nuevas ponderaciones provendrán de la ENIGH de 2010. A pesar de que no habrá cambio de base, modificaciones a los genéricos o ampliaciones de cobertura y cotizaciones, la actualización tiene muchas implicaciones.

Resalta el poco tiempo (apenas dos años) que existe entre las ponderaciones nuevas y anteriores. El INPC se ha actualizado 6 veces desde su introducción en 1968, con un espacio de 8 a 15 años entre cada esfuerzo. Si bien se recomienda incorporar cambios en los patrones de gasto, en especial aquellos que provienen de la modernización, cambios en tecnología y hábitos de consumo, tampoco se debe cambiar cada rato, dado que lo que el índice quiere medir es el cambio en precios y no cambios en el consumo. Si se incorporan modificaciones continuas en la canasta de bienes y servicios, será difícil interpretar los cambios en el índice. ¿Hubo aumentos en precios o cambios en el patrón de consumo?

El INEGI dice que la recomendación del FMI es actualizar las ponderaciones cada 2 o 3 años, dependiendo de la magnitud de los cambios. Sin embargo, no es usual encontrar países que hagan cambios tan frecuentes. Un analista experto en el tema me ha comentado en varias ocasiones que no suman las ponderaciones y que ha encontrado varias inconsistencias en el índice. De ser cierto, es posible que los cambios sean más para corregir estas inconsistencias que cualquier otra cosa.

El cálculo de las ponderaciones no es fácil. No se puede tomar los resultados de la ENIGH sin suspicacia y siempre ha sido necesario modificar algunos de sus resultados. De entrada, el gasto total de los hogares que reporta el ENIGH es aproximadamente la mitad del consumo privado que reporta las cuentas nacionales. Cuando se levanta la información de diversas fuentes, se tiene que compaginar y eliminar inconsistencias. Por ejemplo, las aduanas registran más exportación de tequila que la producción total que reportan las empresas. La ENIGH dice que el consumo de vinos y licores representa 0.06% del consumo total de los hogares. Si fuera cierto, las exportaciones tendrían que ser mucho mayores y las importaciones menores.

El INEGI reconoce estas inconsistencias y por lo mismo, modifica las ponderaciones de muchos productos y servicios. Por ejemplo, los vinos y licores tienen una ponderación de 0.38% en el INPC; a la cerveza le otorgan 1.57% en vez de 0.18% que dice el ENIGH. Se reconoce que estaba sobreestimada la vivienda propia y el pago de electricidad, por lo que se realizaron cambios en su medición. Antes se calculaba la vivienda por sus costos, que incluía servicios de mantenimiento e impuestos, mientras que ahora se mide por el concepto de renta equivalente, que implica menos volatilidad comparado con el método anterior. El pago de electricidad se mide ahora contra recibo, mientras que antes se recababa la información vía pregunta directa al hogar.

Posiblemente una de las preguntas más importantes que surge del cambio es sí la inflación será ahora mayor o menor a consecuencia de los cambios. Por ley no se puede modificar las tasas de inflación ya reportadas, por lo que las nuevas ponderaciones aplican sólo hacia adelante y se incorporan mediante un proceso de encadenamiento. Sin embargo, se puede realizar un ejercicio hipotético aplicando las ponderaciones nuevas a los aumentos de precios en años anteriores.

En un ejercicio de esta naturaleza, el Departamento de Estudios Económicos de Banamex encontró que la inflación promedio de 4.11% de 2012 hubiera sido 3.82% si se hubieran aplicado las ponderaciones nuevas desde el año pasado. Esto es lógico ya que disminuyeron las ponderaciones de algunos bienes cuyos precios más aumentaron y aumentaron las de algunos servicios que menos incrementos tuvieron (como la telefonía móvil). Sin embargo, es imposible realizar un ejercicio consistente hacia adelante, ya que depende fundamentalmente de las proyecciones de aumentos de cada genérico. Por ejemplo, no tenemos por qué pensar que los precios de los servicios de telefonía móvil van a disminuir en 2013 como ocurrió en el pasado.

Los analistas de Banamex realizan continuamente ejercicios de proyecciones de precios. Su última estimación para 2013 es 3.72%. Al aplicar las ponderaciones anteriores a su ejercicio, encontraron prácticamente la misma tasa, lo que hace pensar que el cambio de ponderadores es neutral. No obstante, otra institución o analista podría realizar un cálculo similar con diferentes proyecciones de precios y encontrar resultados diferentes.

La tasa de inflación de esta quincena tendrá la influencia del cambio de ponderaciones, más el efecto de los aumentos en el transporte del D.F. y las variaciones estacionales típicas de los subsidios en las tarifas eléctricas. Será interesante…

En los últimos meses ha aparecido un cúmulo de artículos en el extranjero sobre México. La mayoría han sido muy favorables, hablando del buen inicio de sexenio, la buena impresión de EPN, la aprobación de reformas estructurales vitales y el gran potencial que surge ahora del país. Entre otras cosas, los escritores sugieren que México será uno de los países de mayor crecimiento económico en los siguientes años. Incluso, Michael Barone escribió en el DC Examiner esta semana que la economía mexicana está creciendo a una tasa de 5%.

Puede que sea válido el optimismo que expresan, pero lo que no se ve es el supuesto crecimiento de 5%. En 2010 el PIB creció 5.3%, en buena medida impulsado por la base de comparación de 2009. En 2011 y 2012 el crecimiento fue 3.9%, lo que da un promedio de 4.3% en los últimos tres años.  Los datos disponibles del primer trimestre de 2013 sugieren que será el de menor crecimiento de los últimos 15. El consenso para este año es de 3.5%, mientras que la expectativa para 2014 se ubica en 3.9%. ¿De dónde sacan la idea de que estamos creciendo a 5%?

El ciclo económico clásico tiene tres etapas: recesión, recuperación y expansión. La recesión empieza en el momento en que la economía registra un punto máximo y empieza a disminuir. La recuperación arranca cuando se toca fondo y empieza de nuevo el crecimiento. La recuperación se convierte en expansión cuando se rebasa el punto máximo anterior. Sin embargo, el ciclo económico no sólo abarca el crecimiento económico sino además el mercado laboral. Por lo mismo, aunque superamos el punto máximo anterior del PIB (primer trimestre de 2008) en el primer trimestre de 2011, tardó mucho más la etapa de recuperación dado que la tasa de desempleo todavía no regresa a niveles pre-crisis.

¿Cómo se puede dar seguimiento puntual del ciclo económico en México? Mediante un conjunto de indicadores coincidentes, el INEGI construye el “Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes”, que replica el comportamiento cíclico de la economía. Sin embargo, es importante señalar que existen dos escuelas de ciclos económicos que en un momento dado pueden mandar señales diferentes e interpretaciones distintas sobre el avance de la economía. La primera escuela es la “clásica”, que nace de los estudios de Wesley Mitchell que empezaron en los años veinte del siglo pasado. La mayor parte del desarrollo de esta escuela se llevó a cabo en la prestigiada institución, National Bureau of Economic Research (NBER), en Estados Unidos.

La segunda escuela o enfoque se denomina “ciclo de crecimiento” y su desarrollo se llevó a cabo mucho más tarde, fundamentalmente, en Europa en la sede de la OCDE. La diferencia básica es que define los periodos del ciclo en función de las desviaciones de la tendencia de largo plazo. Partiendo del hecho de que las series de tiempo se pueden descomponer en cuatro partes (tendencia de largo plazo, comportamiento estacional, dirección cíclica y movimiento aleatorio), esta escuela calcula la tendencia de largo plazo y lo iguala a lo largo del tiempo a 100, para entonces ver sólo las desviaciones cíclicas respecto a esta tendencia.

La crítica principal al enfoque de crecimiento es que no nos dice cuál es la tendencia de largo plazo. La forma de calcular la tendencia es prácticamente igual a la medición del PIB potencial, por lo que es muy similar al estudio de la brecha del producto (output gap), que se utiliza para tratar de medir la presencia (o ausencia) de presiones inflacionarias que pudieran provenir de la demanda agregada. En cambio, el enfoque clásico es mucho más intuitivo y fácil de interpretar.

El INEGI empezó a calcular indicadores compuestos a principio de la década pasada, mediante la metodología de la escuela clásica. Sin embargo, a mediados de 2011 cambió la metodología a la de la OCDE y es la que presenta ahora en su “reloj de los ciclos económicos” y en los indicadores denominados “SIC”. Dado que este enfoque no es compatible con la que predomina en Estados Unidos, el INEGI sigue publicando los datos del enfoque clásico en su Banco de Información Económica (aunque no los divulga en un boletín de prensa) con la denominación original de “SICCA”.

Si analizamos los datos de la escuela clásica, el índice compuesto de indicadores coincidentes registró su punto máximo en enero 2008 (113.7 puntos) para iniciar en ese momento la recesión. El índice disminuye por 17 meses y llega a su punto mínimo en mayo 2009 (en 98.2 puntos). En ese momento empieza la recuperación, que tarda 38 meses (junio 2012) en superar el punto máximo anterior. Por lo mismo, la economía mexicana inicia una nueva fase de expansión a partir de mediados del año pasado.

El problema es que la expansión arranca justo cuando la economía empieza a desacelerarse. En diciembre disminuyó a un nivel por debajo del máximo anterior (113.6) y en enero se ubicó en 114.2, el mismo nivel de junio del año pasado. Esto nos dice que más que una expansión propia, la economía parece haber tomado una tendencia lateral.

El análisis de la coyuntura es como armar un rompecabezas con piezas que nos dan poco a poco. Al principio, contamos con expectativas del mes en cuestión contra las cuales comparamos la información que vamos obteniendo. Empezamos con los indicadores de difusión, que son índices oportunos que se construyen en base a preguntas y respuestas cualitativas que son fáciles de recabar. Éstas nos dan un primero sentido de dirección, más no magnitudes.

Por ejemplo, el Indicador IMEF Manufacturero se divulga el día primero hábil del mes.  Si el nivel es un valor superior a 50 puntos, sabemos que la actividad manufacturera está en expansión, más no sabemos cuánto. Su valor principal es adelantar la dirección de la economía y saber con anticipación si estamos en expansión o recesión. Para esto es fundamental concentrarse en la tendencia del Indicador y no sobre analizar el último dato. El INEGI publica un conjunto de índices de difusión, como los de Confianza del Consumidor y Productor, el Agregado de Tendencia y el de Pedidos Manufactureros, entre los días 3 y 4 del mes.

Los indicadores más oportunos que se construyen en base a datos duros son la tasa de desempleo (y algunas tasas adicionales del mercado laboral) y la balanza comercial, que se publican alrededor de la tercera semana del mes. Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) son esenciales para anticipar los desequilibrios y demás condiciones en los mercados laborales y tienen una correlación elevada con la marcha de la economía. Sin embargo, contienen una varianza elevada que dificulta su interpretación. Por lo mismo, nos confirman cierta tendencia pero difícilmente nos adelantan el comportamiento en el margen de la marcha de la economía.

En cambio, las cifras de la balanza comercial son los primeros resultados concretos de la actividad económica. El balance comercial tal cual es de poca importancia, ya que el hecho de arrojar un superávit o un déficit no ayuda a entender la coyuntura, sino más bien su importancia se limita cuadrar cifras dentro de un modelo de flujos de fondos. Lo relevante de esta información radica en las tasas de crecimiento de las exportaciones e importaciones.

Las exportaciones no petroleras son el motor principal de crecimiento, por lo que su comportamiento es no solo esencial para anticipar el dinamismo de la producción manufacturera, sino también para entender el dinamismo que podrá sostener la economía más adelante. Sin el empuje de las exportaciones no petroleras, las actividades secundarias primero y posteriormente las terciarias pierden dinamismo. Las importaciones reflejan directamente la demanda agregada interna del país, por lo que su crecimiento nos ayuda a predecir la marcha del consumo de los hogares, la demanda de insumos para la producción y la inversión en máquinas y equipo.

A las tres semanas empezamos a contar con más información. La producción industrial (actividades secundarias) se da a conocer entre 6 y 7 semanas después del cierre del mes. Un par de semanas después ya nos informan sobre el mes en su conjunto mediante el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE). Posteriormente, van saliendo indicadores complementarios que nos ayuden a analizar más los detalles de la actividad económica.

La semana pasada conocimos la balanza comercial de febrero. Si limitamos nuestra lectura de la economía a lo que reportan los medios, es posible haber quedado confundido y posiblemente mal informado. Partiendo de un mismo boletín de prensa, algunos medios informaron de un superávit comercial y otros de un déficit. En muchos lados se enfatizó que las exportaciones no petroleras disminuyeron por primera vez en 40 meses, aunque algunos medios mencionaron que crecieron a la tasa más elevada de los últimos 39 meses. Obviamente el reporte merece un análisis más profundo.

Lo primero que debemos tener en mente es la diferencia de lo que nos dice una tasa anual y una tasa mensual (partiendo de cifras desestacionalizadas). La tasa anual habla del comportamiento de los últimos doce meses, por lo que no se puede utilizar para analizar el mes en sí. Esta tasa puede subir o bajar independientemente de lo que pasó en el mes. La tasa mensual habla del mes tal cual, pero no refleja la tendencia de la economía; puede resultar negativa sin alterar una tendencia positiva o viceversa.

En febrero las exportaciones no petroleras crecieron 5.1% respecto al mes anterior. Si todos los meses hubiera el mismo crecimiento, la tasa de 12 meses llegaría a 82.1%. Sin embargo, la tasa anual disminuyó 1.7%, debido a una desaceleración que se venía gestionando desde hace 8 meses. Febrero fue un extraordinario mes, pero aun así insuficiente para revertir la tendencia negativa. Si los siguientes meses se comportan como febrero, muy pronto tendremos una tendencia muy positiva. Sin embargo, si la tendencia negativa persiste a pesar de tasas marginales positivas, pronto podríamos estar en recesión. Es cuestión de tasas; hay que seguir armando el rompecabezas.

Una de las aspiraciones principales del país es crecer más y en forma sostenida.  Por múltiples razones, México ha crecido muy por debajo de su potencial en las últimas décadas, a tal grado que hemos ocupado prácticamente las últimas posiciones dentro de las economías principales de América Latina.  Peor aún, el crecimiento promedio anual ha marcado una clara tendencia a la baja en los últimos tres sexenios.  Por lo mismo, el gobierno entrante y el propio sector privado han puesto como prioridad recuperar la capacidad de crecimiento.  Han surgido movimientos sociales como el de “México ¿Cómo Vamos? que han puesto como meta explícita crecimiento sostenido del PIB por encima de 6%.

México sufrió grandes brotes de inestabilidad en las décadas de los setentas, ochentas y noventas, en detrimento del poder adquisitivo de la población.  Las altas tasas de inflación perjudicaron al propio crecimiento económico y culminaron en masivas devaluaciones que buscaban corregir los grandes desequilibrios.  Aunque la inflación bajó notablemente la década pasada y ahora registra niveles promedios cercanos al 4%, la población todavía percibe al incremento generalizado de precios como problema mayor.  Los aumentos constantes en precios muy visibles como la gasolina y los alimentos son percibidos como la pauta general de la inflación, lo que le ha restado credibilidad al Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).  A pesar de que el Banco de México presuma una tasa de inflación subyacente por debajo de 3%, el objetivo puntual de alcanzar una tasa de inflación general de 3% no se ha alcanzado.

México quiere y requiere más crecimiento y menos inflación como pilares para apuntalar menos desempleo, mayor igualdad, menor pobreza y más bienestar social para la población.  Obviamente, los caminos incluyen el impulso de la productividad, estimular la inversión, instrumentar políticas públicas que contribuyen al crecimiento, fortalecer los derechos de propiedad y edificar un estado de derecho mucho más sólido.  No obstante, también se necesitan estadísticas económicas actualizadas.

Resulta medio irónico que lo más seguro es que el Producto Interno Bruto crece a tasas mayores de lo que se registra, al igual de que la inflación es probablemente menor a la que se calcula.  La razón es que la modernización de la sociedad, la incorporación de nuevas tecnologías y la adaptación de nuevos patrones de consumo, implican que el crecimiento económico sea mayor en ciertos sectores que cada vez aportan más al crecimiento, mientras que es menor en los sectores más tradicionales.  Esto implica que la actualización de las cuentas nacionales para incorporar estos cambios es fundamental, ya que de lo contrario estaremos midiendo menos crecimiento de lo que realmente tenemos.

Las cuentas nacionales actuales tienen como base al 2003, lo que refleja una estructura económica de hace diez años.  Por ejemplo, en esta última década los mexicanos consumen más servicios y compran más aparatos de telecomunicación que antes.  Sin embargo, la estructura de las cuentas nacionales no se ha modificado para reflejar estos cambios.  En agosto de este año, el INEGI actualizará sus cuentas para cambiar el año base a 2008.  El resultado seguramente reflejará mayores tasas de crecimiento en los años anteriores y capturará un mayor crecimiento hacia delante.

Igual sucede con el INPC, que actualmente utiliza el patrón de gasto de los hogares de la ENIGH 2008.  A partir de abril el INEGI actualizará las ponderaciones de los precios dentro de la canasta de bienes y servicios que utiliza para medir la inflación, para incorporar los cambios reflejados en la ENIGH 2010.  El INPC se ha actualizado seis veces desde su introducción en 1968, pero esta será la primera vez que no se aplica cambio de base, modificaciones a los genéricos o ampliaciones de cobertura y cotizaciones.

La actualización del INPC otorgará mayor ponderación a los servicios y menor peso a las mercancías y a los genéricos no subyacentes.  Dado que hemos observado menor aumento de precios en los servicios y mayores aumentos en las mercancías alimenticias y los energéticos (no subyacentes), es casi un hecho de que las tasas de inflación de abril en adelante serán menores a la medición con los ponderadores anteriores.  Mediante un ejercicio simple, si utilizamos los ponderadores nuevos para los subíndices de mercancías, servicios y no subyacente, la inflación de 2012 hubiera sido 3.51% en vez del 3.57% reportado.  Es muy probable que el ejercicio completo refleje todavía una disminución mayor.

La respuesta para obtener mayor crecimiento y menor inflación no radica en la modificación de estos indicadores.  Sin embargo, su actualización oportuna brindará resultados más cercanos a la realidad.  No se debe considerar estos cambios como manipulaciones oportunistas simplemente para obtener mejores resultados, sino un esfuerzo sensato en mejorar nuestras mediciones, que necesariamente reflejarán que el crecimiento económico es un poco mayor al que pensábamos y la inflación ligeramente menor al que percibimos.

El arranque del sexenio ha sido muy prometedor.  Las esperanzas se encendieron con el Pacto por México, un gran acuerdo entre todos los partidos políticos para poner al país primero y relegar las diferencias políticas que nos estancaron en años anteriores.  En sus primeros 100 días, parece ser que Enrique Peña Nieto ha hecho más que Felipe Calderón en seis años. Ya tenemos las primeras reformas laboral y educativa, mientras que ya se presentó la reforma de telecomunicaciones.  Todo indica que muy pronto se presentarán las reformas de mayor impacto, la fiscal y la energética.

Lo que ha mostrado el nuevo presidente son grandes habilidades de negociación y conciliación, a tal grado que hay un optimismo renovado que no se veía en mucho tiempo.  El extranjero nos ve con buenos ojos y nos sitúa en los primeros lugares de los países más prometedores.  Localmente, el optimismo es más cauteloso ya que sabemos que el camino a recorrer no es tan fácil.  En otras ocasiones hemos experimentado grandes esperanzas para después sentirnos defraudados y frustrados.

No obstante, el buen comienzo se concentra en lo político.  La actividad económica está en una fase de desaceleración peligrosa que empezó a mediados del año pasado.  Los primeros indicadores económicos disponibles para enero y febrero sugieren que este trimestre será el de más bajo crecimiento de los últimos tres años.  Nuestro motor principal de crecimiento, las exportaciones no petroleras, tuvieron un desempeño muy pobre en diciembre y enero, mientras que las cifras de producción automotriz de febrero apuntan a otro mes apático.  La producción manufacturera de enero avanzó tan sólo 0.05% respecto al mes anterior y su crecimiento anual apenas registra 2.0%.  En marzo se presentará el fenómeno de la Semana Santa, del cual estaremos comparando el mes con menos días laborales con el del año pasado con más (ya que la Semana Santa en 2012 fue en abril).

Habrá que tener cuidado.  Al mes que Ernesto Zedillo tomó posesión la economía se derrumbó.  Cuando fueron las elecciones de 2000 la economía venía creciendo a un ritmo de 7%, pero seis meses más tarde cuando llegó Vicente Fox a la presidencia, la economía entró en recesión.  El mejor año de crecimiento del sexenio fue el último, 2006, justo cuando ganó Felipe Calderón.  Sin embargo, empezó su primero año con una fuerte desaceleración y para 2008 la economía entró de nuevo en recesión.  De una forma u otra, parece persistir la maldición de las crisis sexenales.

La prensa internacional señala el buen crecimiento económico de México, que ha promediado 4.4% en los últimos tres años cuando la mayor parte del mundo desarrollado está en recesión (Europa) o creciendo muy por debajo de su potencial (Estados Unidos).  Si bien el crecimiento no es de lo mejores de los países emergentes, México se ha ubicado por encima del promedio de América Latina.  Sin embargo, la desaceleración de los últimos trimestres y el estancamiento del primero del año no se mencionan en los artículos.

A pesar de todo, es muy probable que la actividad económica empezará a reponerse a partir del segundo trimestre del año.  En buena medida, nuestro destino depende de la evolución del mundo desarrollado en general y de la economía norteamericana en particular.  El balance de los indicadores económicos de Estados Unidos ha sido positivo en los últimos meses y es muy probable que tenga mejor desempeño este año.  Incluso, varias instituciones financieras han revisado al alza sus proyecciones de crecimiento de nuestro país vecino para 2013.  Aunque Estados Unidos todavía enfrenta dificultades políticas en torno a posibles recortes en el gasto público, nadie anticipa un escenario recesivo.

Internamente, el gobierno ha realizado acciones que deberían apuntalar el crecimiento económico.  Las reformas aprobadas y las que pronto se presentarán, reforzarán la confianza de los productores y deberían fortalecer la inversión.  Aunque no queda claro cuál podrá ser su contribución final al crecimiento económico, la decisión de política monetaria de reducir en 50 puntos la tasa de fondeo se llevó a cabo en el momento adecuado.

La pregunta obligada es si estas acciones serán suficientes para estimular el crecimiento y así asegurar que la desaceleración actual se revierta.  Existen actualmente muchos retos políticos, pero por lo pronto el crecimiento económico es el más importante y urgente de todos.  Con crecimiento será mucho más fácil resolver la larga lista de pendientes.

El Doble Mandato

Marzo 7th, 2013 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (1 Comments)

Existe buena posibilidad de que la Junta de Gobierno del Banco de México anuncia mañana una baja en la tasa de política monetaria.  Salvo una institución (Bank of America Merrill Lynch), todos los encuestados por Banamex opinan que el banco central bajará la tasa antes de que termine el año.  Mientras que Banorte piensa que la disminución será de 75 puntos base, todos los demás anticipan una disminución de 50 puntos.  Mientras que Bank of America piensa que el siguiente movimiento será un aumento de 25 puntos en octubre de 2014, los demás (21 instituciones) anticipan una baja este año: 8 en marzo, 4 en abril, 5 en junio, 2 en julio y 2 en septiembre.

La razón principal ha sido las declaraciones del Gobernador Agustín Carstens en diversos foros al respecto, aunque también han influido las últimas publicaciones del instituto que muestran claramente un sesgo hacia una mayor expansión monetaria.  Es notorio que la decisión no será unánime, ya que el Subgobernador Manuel Sánchez ha dicho que él no ve necesario un mayor relajamiento, en especial ante el hecho de que las expectativas de inflación se encuentran ancladas por encima del objetivo puntual de 3.0%.  Sin embargo, Manuel parece ser el único “hawk” (gavilán, que se le dice a los que le dan mayor prioridad al combate de la inflación) de la junta, mientras que Carstens, Roberto del Cueto y Javier Guzmán son “doves” (los que dan menos prioridad).  No queda claro si los últimos dos son realmente “doves” o simplemente “yes men” de Carstens, pero el que sí parece empezar a distanciarse de Carstens y establecer su propio criterio es Manuel Ramos Francia.  Por lo mismo, era muy importante para Carstens la entrada a la Junta de una persona que le respondiera casi incondicionalmente y que no fuera independiente.  Al final de cuentas, se conformó un balance favorable para Carstens que le permitirá tener pleno control sobre las decisiones de política monetaria.

La Junta de Gobierno empezó a relajar la posición monetaria a partir de enero de 2009 cuando redujo el objetivo de la tasa de política de fondeo a 7.75% de 8.25% y terminó en julio del mismo año cuando lo dejó ya en 4.50%.  Por lo mismo, la tasa ha permanecido en 4.50% por 44 meses consecutivos.  En el mismo lapso, la tasa promedio de inflación fue 3.96%, por lo que representa una tasa de interés ligeramente positiva en términos reales.  Durante el mismo tiempo, la curva de rendimientos se ha ido aplanando poco a poco, reflejando expectativas menores de inflación en el mediano y largo plazos.

¿Por qué tomar la decisión de relajar la política monetaria hasta ahora?  Primero, la inflación fue influida por varios choques que hicieron que la tasa se apartara de su supuesta tendencia convergente al objetivo de 3% y ahora parece estar más mejor encaminado.  Segundo, el crecimiento económico era más sólido y no mostraba la debilidad que se ha presentado en los últimos trimestres.  Las últimas cifras de inflación muestran una tasa general no tan lejos del objetivo, mientras que la tasa subyacente se ha ubicado por debajo de 3% por primera vez en su historia.  Finalmente, los instrumentos de corto plazo como el Cete a 28 días sostienen tasas incluso por debajo de la tasa de fondeo

No es una decisión fácil.  No queda muy claro que una disminución en la tasa de fondeo tenga un efecto real y perdedero sobre la actividad económica, mientras que se argumenta que la mejor contribución que pueda hacer la política monetaria al crecimiento económico es la de establecer un ambiente propicio (estabilidad de precios) para la toma de decisiones de inversión y generación de empleos.  Sin embargo, no todos opinan igual, dado que argumentan que menores tasas de interés fomentan mayor crecimiento económico.

Justamente de este argumento nace la idea de que los bancos centrales deberían tener un doble mandato, es decir, procurar la estabilidad de precios y promover el crecimiento económico.  Aunque la Constitución establece claramente una sola prioridad para el Banco, muchos argumentan que se debería cambiar para introducir un doble mandato y siempre señalan como ejemplo la Reserva Federal de Estados Unidos.  El debate a favor y en contra del doble mandato ha persistido a través del tiempo y en momentos se ha vuelto intenso.  Personalmente, pienso que el debate es irrelevante.

Si mañana anuncian una disminución en la tasa de política monetaria, será porque la (mayoría de) la Junta considera que la postura todavía será conducente a alcanzar el objetivo de inflación, mientras que al mismo tiempo apoyará las perspectivas de crecimiento.  Si leemos los anuncios pasados y los reportes trimestrales de inflación, encontraremos que siempre ha existido un análisis por igual de los balances de riesgo de inflación y de crecimiento económico.  Esto significa que el Banco siempre considera las posibilidades de apoyar el crecimiento, siempre y cuando no sea en perjuicio de la inflación.

En Estados Unidos, la Reserva Federal hace prácticamente lo mismo.  Siempre busca apoyar el crecimiento económico mientras que la inflación esté bajo control.  En los (pocos) momentos en que existen presiones inflacionarias junto con debilidad económica, la Reserva no ha vacilado en atacar primero las presiones inflacionarias, ya que sabe que a la larga la inflación también perjudicará al propio crecimiento económico.

Al final de cuentas, el tener un solo objetivo prioritario no está peleado con un segundo y en el fondo, realmente no hay mucha diferencia en cómo conducen la política monetaria en los dos países.  En ambos casos existen los dos objetivos.  La diferencia es que en Estados Unidos la Reserva Federal le da mayor prioridad (implícita) al control inflacionario, mientras que aquí el Banco de México también persigue apoyar el crecimiento económico, aunque no sea de manera tan explícita.

¿Esto qué significa?  En los dos países se reconoce los límites y alcances de la política monetaria.  Se sabe que es el instrumento ideal para controlar la inflación, mientras que puede coadyuvar al crecimiento económico en el corto plazo, pero su contribución fundamental es mediante un ambiente de estabilidad macroeconómico.  Esto significa que nunca van a permitir un ambiente de inflación, ya que sus efectos desestabilizadores no sólo van en perjuicio del poder adquisitivo, sino también en contra del ambiente macroeconómico que fomenta el crecimiento económico.  No obstante, cuando no existen presiones inflacionarias, es posible llevar a cabo una política monetaria más laxa que pudiera estimular la inversión y el crecimiento económico mediante tasas más bajas (

Mañana viernes sabremos cuál fue la decisión de las autoridades monetarias.  Es difícil pensar que una reducción de 50 puntos base tendrá un efecto positivo en el corto plazo sobre la actividad económica, pero no será factor que contribuye a una mayor inflación, mientras que seguramente ayudará a fortalecer la confianza en momentos en que la economía parece estancarse.  Ya veremos…

La actividad económica de Estados Unidos se estancó en el último trimestre de 2012.  La tasa de 0.1% de crecimiento se explica principalmente por una variación negativa en los inventarios y una reducción significativa en el gasto público en el rubro de defensa.  Sin embargo, los componentes más importantes del PIB, el consumo de los hogares y la inversión fija bruta, registraron avances prometedores, por lo que el desempeño del trimestre en si se vio como una excepción y no una nueva tendencia.

Los indicadores disponibles para el primer trimestre del mismo país sugieren una recuperación rápida.  Por ejemplo, el ISM de febrero registró un nivel de 54.2, el más elevado de los últimos 19 meses.  El componente de nuevos ordenes llegó a 57.8, un nivel compatible con una tasa de expansión manufacturera más elevada.  Otros indicadores de empleo, vivienda y confianza apuntan a un desempeño favorable, aunque todavía por debajo del crecimiento normal que se observa en Estados Unidos en sus periodos de expansión.  No obstante, el comportamiento de la economía estadounidense es favorable para México, que depende mucho de la demanda del vecino para nuestras exportaciones no petroleras.

La economía mexicana también mostró señas de cierta desaceleración en la segunda mitad de 2012.  Las exportaciones no petroleras crecieron menos, mientras que la construcción y la inversión pública reflejaron un comportamiento típico de fin de sexenio.  Aun así, diciembre sorprendió cuando el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) se desplomó 0.99% respecto al mes anterior, que anualizada significa una disminución de 11.3%.  Así, el IGAE de fin de año registraba un nivel apenas de 0.07% por encima del observado en julio.

Parte de la explicación del desempeño negativo de diciembre fue el impulso que se dio al “buen fin” en noviembre, que adelantó ventas y producción.  Dado que es un fenómeno nuevo, los modelos que calculan la estacionalidad no pudieron captar este comportamiento, que en un futuro (de prevalecer el “buen fin”) deberá volverse típico.  También es posible que haya influido el cambio sexenal, que limitó severamente el gasto público y las actividades relacionadas.

En principio, el nuevo sexenio parece arrancar bien.  El gobierno logró la aprobación de las primeras reformas y está cerca de presentar algunas adicionales.  Ha mostrado firmeza e inspirado confianza, por lo que es de esperar que la actividad económica vuelva a tomar su camino después de cierta interrupción atribuible al cambio sexenal.

Sin embargo, los primeros datos de enero sugieren todavía un paso lento.  Las exportaciones no petroleras, que representan nuestro principal motor de crecimiento, cayeron 7.8% respecto al mes anterior y la tasa de desempleo urbano marcó un repunte atípico, lo cual no aboga bien para el arranque del trimestre.  Pero las importaciones sugieren que marcha todavía bien la demanda interna, por lo que habrá que esperar para ver si la falta de dinamismo en las exportaciones en enero fue la excepción o el principio de una nueva tendencia.  Si las exportaciones no repuntan pronto, podemos esperar más adelante una desaceleración en la demanda interna.

Independientemente del desempeño en sí de la actividad económica, vuelve a aparecer el fenómeno de la Semana Santa.  En esta ocasión la Semana será en marzo después de cuatro años consecutivos que se ubicó en abril.  Esto significa que estaremos comparando el primer trimestre de este año con menos días laborales con el año pasado que tuvo más días.  Por lo mismo, la tasa anual del primer trimestre será muy baja y se verá compensada con una más elevada en el segundo trimestre.  Esto significa que la tasa de crecimiento anual de este trimestre será la más baja de los últimos tres años, con una alta probabilidad de que sea significativamente menor a 3%.

Cuando el INEGI reportó el crecimiento del PIB para 2012, realicé el cálculo de cuánto había sido el promedio anual para el sexenio de Felipe Calderón.  Esta tasa de 1.93% resultó menor a la de 2.15% del periodo anterior de Vicente Fox y la más baja desde el sexenio trágico de Miguel de la Madrid.  Simplemente con fines de dar a conocer los números, sin mayor explicación, puse los promedios sexenales de los últimos cuatro sexenios en Twitter.  Las razones detrás de estas cifras han sido sobre diagnosticadas, pero aun así el evidenciar los números fue tema que causó mucha polémica.

Las cifras provienen directamente del INEGI: el crecimiento promedio anual del PIB del sexenio de Carlos Salinas fue 3.96%; de Ernesto Zedillo 3.50%; de Vicente Fox 2.15%; y de Felipe Calderón 1.93%.  De aquí podemos presentar los datos de diversas maneras, por ejemplo, el crecimiento promedio de los doce años del PAN fue 2.04% anual, mientras que el de los doce años anteriores del PRI fue 3.73% anual.  Aunque parece ser que la falta de crecimiento en los dos sexenios de los gobiernos panistas fue uno de los motivos que relegó al partido a un tercer lugar en las últimas elecciones, la comparación fue recibida con hostilidad por algunas personas, que a mi parecer sobre reaccionaron.

Me acusaron de irresponsable por comparar las cifras, de manipulador, de presentar comparaciones tendenciosas y de presentar información engañosa.  Una persona dijo que mis cifras estaban equivocadas y otra me cuestionó por tuitear números sin explicaciones.

Primero, vale la pena recalcar que no son “mis números” sino cifras oficiales del INEGI.  El INEGI tampoco los inventó, sino resultaron de la medición cotidiana de la actividad económica por parte de un juez relativamente imparcial.  Segundo, es costumbre dar a conocer datos con la idea que después se puedan analizar, discutir y debatir.  Lo último lo hace el INEGI casi todos los días; presenta los números sin mayor explicación para que los expertos y el público en general los conozcan y los analicen.  Tercero, no creo justo decir que no conozco o que no he estudiado lo que hay detrás de estos datos.  He escrito muchos libros y artículos sobre el tema, ofreciendo mi diagnóstico y opinión sobre los porqués del crecimiento económico.

Una primera objeción a la comparación sexenal fue que Calderón le tocó la mala suerte de sufrir la gran recesión de 2008-2009, cuyo origen fue totalmente externo a nuestro país.  Sin embargo, cada uno de los cuatro presidentes mencionados experimentó una recesión en su sexenio, siendo la de 1995 en el primer año de Zedillo la peor.  Fox sufrió la recesión más larga, mientras que la de Calderón fue muy cercana al promedio tanto en términos de profundidad como de duración.

Resulta interesante volver a calcular los promedios sexenales sin considerar el peor año en cada periodo, que de antemano sabemos que debe favorecer a Zedillo y a Calderón. Si obviamos los años 1993, 1995, 2001 y 2009, el promedio anual de Salinas resulta 4.37%, de Zedillo 5.45%, de Fox 2.77% y de Calderón 3.51%.  Aun en este caso, los diez años del PAN brindaron un crecimiento promedio anual menor (3.14%) a los diez anteriores del PRI (4.91%).  Sobresalen la tasa superior a 5% de Zedillo, que sobrepuso exitosamente la crisis “tequilera” de 1995, y la tasa menor a 3% de Fox en el sexenio siguiente.

Los números en si son interesantes, pero no deben ser utilizados como el juicio final de un sexenio.  Salinas tuvo el crecimiento promedio anual más elevado, pero el manejo de la política económica en su periodo desembocó en los desequilibrios que provocaron la crisis de 1995, ya en el sexenio de Zedillo.  El peor sexenio de todos, el de Miguel de la Madrid, fue víctima de los excesos populistas de Luis Echeverría y José López Portillo, aunado a factores externos desfavorables.  La herencia de malas decisiones o desequilibrios formados en sexenios anteriores es un factor muy importante a considerar.  Sin embargo, hay que reconocer que Fox y Calderón no tuvieron problemas de este tipo.  Es más, Zedillo difícilmente pudo haber dejado a su sucesor una economía en mejor estado.

Fox y Calderón tuvieron la mala suerte de enfrentar recesiones en Estados Unidos, con impactos mayores en nuestro país, mientras que Salinas y Zedillo no tuvieron problemas externos mayores en sus sexenios.  Por sí sólo, esto es posiblemente la consideración más importante que se debe tomar en cuenta para evaluar cada uno de estas administraciones.  Pero al mismo tiempo, los gobiernos panistas fueron incapaces de negociar los consensos necesarios para las reformas estructurales, que tanto falta le hacen al país.  Al final de cuentas, debemos reconocer que la población tiene mala memoria a la hora de votar y toma en cuenta los resultados más recientes sin mayor análisis.  Calderón terminó con el crecimiento promedio anual más bajo de los últimos 24 años y por ende terminó relegado a un tercer lugar distante en las últimas elecciones.

Existen dos escuelas encontradas sobre cómo y cuándo divulgar el dato del PIB de un país: precisión versus oportunidad.  Claramente, México opta por precisión sacrificando algo de oportunidad, mientras que Estados Unidos prefiere oportunidad con menos precisión.  Por ejemplo, el INEGI publicará el dato del PIB del cuarto trimestre (y por ende todo 2012) el próximo lunes 18 de febrero (49 días calendario después del cierre del período), mientras que el Bureau of Economic Analysis (BEA) del U.S. Department of Commerce dio a conocer el mismo indicador el pasado 30 de enero (19 días antes que México).

A diferencia del INEGI, que posteriormente realiza pocas revisiones y muy pequeñas, el BEA dará a conocer dos más estimaciones del PIB del mismo periodo el 28 de febrero y el 28 de marzo.  La primera, llamada “estimación avanzada”, se construye a partir de información incompleta o sujeta a revisiones por sus fuentes.  Típicamente, incluye información casi completa de los primeros dos meses del trimestre y supuestos acerca del comportamiento de partes de la actividad económica que falta del tercer mes.  La segunda estimación que se divulga un mes después ya incluye un porcentaje mucho mayor de la información que se necesita recabar, mientras que la tercera estimación abarca prácticamente toda.  Incluso, existe una “cuarta” revisión que se realiza cada verano que abarca los últimos tres años e incorpora revisiones comprensivas de varios aspectos de sus cuentas nacionales.

¿Qué tanto es la falta de precisión que se pierde al buscar la mayor oportunidad? En promedio, la diferencia entre la primera y segunda estimación, sin considerar el signo, es de 0.5 puntos porcentuales, mientras que entre la segunda y tercera el promedio es de 0.6.  Sin considerar el signo, la diferencia entre la primera y tercera estimación es de 1.3 puntos porcentuales, pero si se considera el signo es de apenas 0.2 puntos.

La práctica en México es no revisar la cifra inmediatamente después que se dio a conocer, sino esperar a una revisión a fin de año.  Sin embargo, últimamente hemos visto  revisiones un poco más frecuentes.  No tenemos los promedios de las revisiones, pero en algunos casos pueden ser significativos.  Por ejemplo, cuando se reportó por primera vez el PIB de 2009 se informó que había disminuido 6.54%, que fue una tasa más negativa que la caída de 1995.  Sin embargo, se ha revisado el PIB de 2009 cuatro veces desde entonces y a principios del año pasado se nos informó que la caída había sido 5.95%.

Existen varias diferencias adicionales entre las estimaciones de PIB de cada país.  La teoría nos dice que hay tres métodos contablemente equivalentes para su cálculo: el de gasto, el de ingreso y el de valor agregado (o también llamado de producción).  Típicamente cada país utiliza dos de los tres, ya que el tercero debería ser redundante.  El principal método utilizado en México es el de la producción, que involucra el cálculo del valor bruto de la producción y del consumo intermedio, en el cual el PIB resulta ser la diferencia entre los dos.  En cambio, en Estados Unidos el principal método es el del gasto, que comprende la suma de todos los gastos de consumo, inversión y comercio exterior.

Dada la falta de precisión de las primeras estimaciones en Estados Unidos, los analistas se involucran en el ejercicio de anticipar cuáles serán los cambios para la siguiente estimación.  Dado que se realiza el cálculo por el método del gasto, se tiene información del consumo de los hogares, del gasto gubernamental, de la inversión, de los cambios en inventarios y del comercio exterior.  Algunos de los componentes son más precisos que otros, por lo que a veces las estimaciones de las correcciones son relativamente acertadas.  En México no sería posible tal ejercicio, ya que los cálculos de los componentes por el lado del gasto se divulgan un mes después de haberse dado a conocer el PIB.

El BEA dio a conocer que el PIB de Estados Unidos disminuyó 0.1% en el cuarto trimestre de 2012.  Sin embargo, los analistas ya esperan que la segunda estimación va ser un número positivo en base a que el consumo y la inversión tuvieron comportamientos muy favorables, mientras que la disminución provino por el lado del cambio en inventarios y una baja en el gasto público en materia de defensa.

El INEGI va a dar a conocer el crecimiento del PIB para el cuarto trimestre el lunes 18 de febrero.  Para comparar este dato con el
de Estados Unidos, tenemos que utilizar el cambio respecto al trimestre anterior a partir de la serie ajustada por estacionalidad y elevada a la cuarta, es decir, “anualizada”.  Pero aun sí, deberíamos estar alertas a la segunda estimación de Estados Unidos que
saldrá a fin de mes.

Después de haber cerrado el año pasado en 3.57%, la tasa anual de inflación disminuyó a 3.25% en enero.  Apenas en septiembre de 2012 (hace cuatro meses) la inflación general había llegado a 4.77%.  Salvo por un par de meses en 2011 (septiembre y octubre), la tasa anual de enero es la más baja que hemos observado desde 2006.  Al mismo tiempo, la tasa subyacente cayó marginalmente (un par de centésimas) para registrar 2.88%, un nuevo mínimo histórico.

El comportamiento de la inflación de los últimos tres meses ha sorprendido a todos.  Primero, en noviembre y diciembre observamos tasas muy por debajo a lo esperado como resultado de caídas en frutas y verduras (que se anticipaba) y en el servicio de la telefonía celular (que no se había contemplado, por lo menos en la magnitud registrada).  Apenas hace algunos meses, el consenso para el cierre de la inflación de 2012 era superior a 4.0%.  Sin embargo, la magnitud de las disminuciones mencionadas hizo que la inflación prácticamente se desplomara y cerró el año muy por debajo de lo anticipado.

En enero también sorprendió la inflación. Primero, en la primera quincena la tasa fue 0.15%, por debajo de lo esperado.  Después, en la segunda quincena fue anormalmente elevada (0.40%), producto de un ajuste inesperado al alza de los servicios de telefonía celular.  Incluso, la baja tan pronunciada en noviembre/diciembre, combinada con el incremento mayor en enero en la telefonía móvil, hace sospechar del trato que se le ha dado a este servicio dentro del índice de precios.  Pero al final de cuentas, la inflación de enero (0.40%) terminó muy inferior al del mismo mes del año anterior (0.71%), por lo que la tasa anual disminuyó a 3.25% de 3.57% del mes anterior.

La baja tan pronunciada en la inflación en los últimos cuatro meses ha llevado a un cambio en el tono de los pronunciamientos del Banco de México.  En su último comunicado de la decisión de política monetaria y en las minutas de su junta, el Banco ha insinuado que es posible un relajamiento en su postura.  En otras palabras, los balances de riesgos de inflación y crecimiento económico han cambiado a tal grado que el Banco ve posible una disminución en su tasa de política monetaria.

A pesar de que la tasa general se ha acercado al objetivo puntual de 3% del Banco Central, es muy probable que la tasa anual registrada en enero sea un mínimo y que repunte en los siguientes meses.  La razón principal es que las tasas observadas en febrero y marzo del año pasado fueron anormalmente bajas.  Para que la tasa anual mantenga su tendencia a la baja tendríamos que observar tasas todavía más bajas en estos meses.  Por lo mismo, en principio es fácil pensar que la decisión de bajar la tasa de política monetaria podría ser precipitada.

Sin embargo, si concentramos muestra atención en la tasa subyacente, que es la parte más susceptible a las decisiones de política monetaria, vemos que su tendencia a la baja podrá continuar por lo menos por unos seis meses más, acercándose a una tasa de 2.5%.  Al mismo tiempo, si observamos la inflación medido mediante el índice de precios al productor, encontramos que está ha registrado mínimos históricos (por debajo de 2%) en los últimos dos meses.  El índice con petróleo y con servicios registró una tasa anual de 1.18% en enero.  En principio, los precios del productor tienen un comportamiento adelantado a los del consumidor.  Si suben, las empresas tarde o temprano ajustarán sus precios al alza para el consumidor.  En este caso, los precios al productor han registrado apenas aumentos marginales, por lo que no es muy probable que las empresas vean la necesidad de ajustar los precios en los siguientes meses.

Las metodologías para mediar el PIB potencial y así la brecha de producto no son muy precisas, ya que el PIB potencial no es directamente observable.  No obstante, el Banco de México estima que actualmente no existe una brecha significativa, por lo que el PIB potencial y el PIB real son muy parecidos.  Esto significa que no existen presiones inflacionarias significativas por el lado de la demanda.  Todo parece indicar que la economía puede crecer tranquilamente alrededor de 4% sin generar presiones inflacionarias.

Todo lo anterior nos dice que aun en el caso de que la inflación general empiece a subir de nuevo a partir de febrero, no existen peligros inminentes que pudieran elevarse por encima de 4%.  Incluso, es posible que la inflación promedio anual de 2013 pudiera terminar por debajo del mínimo histórico de 3.41% registrado en 2011.  Obviamente existen riesgos de que pudieran aparecer fenómenos inesperados que pudieran incidir en mayores incrementos en los precios de lo que ahora se anticipa.  Sin embargo, todo parece indicar que por primera vez en mucho tiempo existe algo de margen para que las autoridades monetarias relajen su postura de política monetaria mediante una disminución en su tasa de política monetaria.  El tiempo nos dirá.