El Recorte

La Secretaría de Hacienda anunció la semana pasada un recorte al gasto público de 2015, equivalente al 0.7 por ciento del PIB. La medida reconoce no solo una merma importante en los ingresos petroleros para el año ante la caída significativa en el precio de exportación, sino además posibles dificultades para las finanzas públicas en los años venideros. La cobertura petrolera ayudará a cubrir algo del faltante, pero no llegarán dichos recursos a las arcas hasta principios del año entrante. Existen vasos comunicantes entre los ingresos por exportación de petróleo y el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a la gasolina, por lo que la recaudación adicional compensará en parte al Gobierno Federal. Sin embargo, no es un aumento en la recaudación total del Sector Público, sino un cambio de una bolsa a otra. Al final de cuentas, la programación financiera del presupuesto dejó de cuadrar, por lo que la SHCP ha empezado a realizar los ajustes necesarios.
Algunos analistas han señalado que el recorte parece muy severo, ya que todavía no se sabe cómo quedará el precio del petróleo en lo que resta del año. No obstante, la prudencia siempre ha sido lo adecuado ante estas situaciones. Puede ser que el precio quede en los niveles actuales o incluso baje más. La misma producción del petróleo ha disminuido, por lo que el valor podría verse impactado tanto por precio como por volumen. Si la Reserva Federal empieza a aumentar su tasa, habrá un impacto sobre el servicio de la deuda pública mexicana en perjuicio del presupuesto. Incluso, no nos debería sorprender que hubiera otro recorte más adelante en la medida en que se confirma que no se recupera el precio del petróleo. Ante la incertidumbre prevaleciente, las medidas precautorias son más que bienvenidas.
Otros analistas han criticado al gobierno por recortar demasiado la inversión pública en vez de concentrar los esfuerzos en el gasto corriente. En principio, es muy fácil disminuir la inversión o cancelar proyectos de infraestructura como los de los trenes rápidos, en vez de asumir los costos políticos de afectar intereses mediante recortes en los gastos que figuran como superfluos, ineficientes y de nulo impacto económico. Pero el problema de fondo es que una reestructuración del gasto corriente requiere un replanteamiento de pies a cabeza de todo el presupuesto y ejercicio del gasto, algo que sería casi imposible en las circunstancias actuales. Para esto el gobierno ha prometido realizar este esfuerzo para el presupuesto de 2016, e incluso ha invitado al Banco Mundial a asistir en la tarea, que se antoja monumental.
Pero la pregunta de los 64 mil pesos es si el recorte afectará o no las posibilidades de crecimiento económico para este año. La última encuesta de Banxico que levanta entre “especialistas” en economía señala que el consenso actual es de 3.3 por ciento, dentro de un rango que va de 2.7 a 4.0 por ciento. Sin embargo, esta encuesta se levantó antes de que se anunciara el recorte al gasto público. La siguiente encuesta relevante será la que realiza Banamex cada quincena entre instituciones financieras y que se publicará el jueves 5 de febrero. Es un hecho de que nadie revisará su proyección al alza; veremos solo revisiones a la baja, o bien, instituciones que deciden mantener su estimado actual. Ésta será la primera oportunidad de observar la afectación a las expectativas.
Intuitivamente, pienso que el impacto será muy marginal. El gasto público no ha sido un motor de crecimiento en los últimos años, por más que anuncia la SHCP que ha aumentado. Hemos visto que si el gobierno le quita más recursos al sector privado (como en la reforma fiscal) para aumentar su gasto, la economía crece menos. En este caso, la disminución en el gasto no implica regresar recursos a los hogares y empresas, pero sí que se va eliminar un gasto reconocido como ineficiente e improductivo. Si eliminamos un gasto que no contribuye al crecimiento, ¿habrá menos crecimiento? Lo que va determinar la tasa del PIB este año son las exportaciones no petroleras, la inversión privada y el consumo de los hogares, en otras palabras, el gasto privado.
Al final del año será posible ver un crecimiento económico menor ante la caída en los precios petroleros. Sin embargo, el canal de transmisión será menos inversión privada ante una disminución en las oportunidades que ofrece la reforma energética, o bien, ante menos confianza en las empresas y en los hogares. Sin embargo, todavía queda casi todo el año por adelante y mucho por averiguar.

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