Articulos sobre la economía Mexicana
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Después de proponer una lista de diez características que debería tener un gobernador ideal del Banco de México (Reforma, 5 de julio), la semana pasada calificamos a José Antonio Meade como candidato potencial para el puesto. En esta ocasión toca a Luis Videgaray Caso, actual Secretario de Relaciones Exteriores.

Luis Videgaray cumple con todos los requisitos legales que marca la Ley del Banco de México. Es mexicano por nacimiento sin otra nacionalidad, no tiene más de 65 años cumplidos (tiene 48 años), goza de reconocida competencia en materia financiera y ha ocupado cargos de alto nivel relevantes por más de cinco años. De su experiencia relevante está haber trabajado como director de Protego (empresa de Pedro Aspe), como Secretario de Finanzas del Estado de México, Diputado Federal y Presidente de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública y como Secretario de la SHCP y de Relaciones Exteriores.

1.- Es economista de profesión (ITAM) con doctorado en Economía de la Universidad Massachusetts Institute of Technology, conocida como MIT (calificación 10).

2.-  Su formación es ortodoxa, al estudiar en el ITAM y en MIT, universidad de alto prestigio de Estados Unidos. Los temas de su tesis, tanto de licenciatura como de doctorado, fueron en temas relacionados a las finanzas públicas (calificación 10).

3.- No tiene experiencia en funciones alrededor del banco central, sino más bien en materia de finanzas, tanto privada como pública. Su experiencia principal es en la política, en temas de presupuestos, negociaciones y ahora (que admite que empieza como novato) en temas de relaciones y comercio exterior (calificación 6).

4.- Tiene conocimientos de mercados, tanto nacionales como internacionales y entiende la interrelación entre la estabilidad financiera y la tradicional estabilidad monetaria, aunque se limita a su experiencia en SHCP y al presidir el Consejo de Estabilidad del Sistema Financiero (calificación 8).

5-. Es una persona de carácter fuerte y tiene plena capacidad de liderazgo. Sin embargo, ha mostrado ser soberbio y arrogante, a tal grado que no escucha a críticas al pensar que todo lo sabe. Se ha involucrado en por lo menos dos escándalos, el caso Monex en la campaña presidencial y en la compra de bienes raíces en Malinalco. Es miembro del PRI desde joven y ha mostrado poner primero los intereses políticos de su partido y del presidente, por lo que se podría cuestionar su habilidad para tomar decisiones aisladas de los intereses políticos (calificación 5).

6.- Es 100 por ciento político, miembro del PRI desde 1987 como parte del Frente Juvenil Revolucionario. Fue Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI en el Estado de México. Tiene claras aspiraciones para ser candidato del PRI a la presidencia o Gobernador de algún estado (calificación 5).

7.- Nunca ha transitado por el Banco de México, salvo en asistir a las Juntas de Gobierno cuando era Secretario de SHCP (sin voto). Ha pasado por varios puestos de la burocracia, con experiencia genérica de un funcionario público, pero nunca en temas cercanas al banco central (calificación 6).

8.- Después de trabajar muchos años muy cercanos a Enrique Peña Nieto, podríamos decir que es amigo personal o por lo menos uno de los asesores más cercanos del presidente. Podríamos pensar que su designación pondría en riesgo la consolidación de una autonomía institucional (calificación 5).

9.- Es una persona controversial, no muy aceptado por (algunos) partidos de oposición, legisladores y medios de comunicación. Sus controversias de Malinalco y de haber invitado a Trump a México, le ha creado cierta enemistad en algunos círculos (calificación 6).

10.- Tiene aceptación y reconocimiento en el exterior, primero como Secretario de SHCP y ahora como Secretario de Relaciones Exteriores. Recibió el premio de “Deal of the Year”, otorgado por la Revista Latin Finance cuando era Secretario de Finanzas del Estado de México y el premio de “Secretario de Finanzas del año”, otorgado por la Revista The Banker cuando empezaba en SHCP. Aparentemente, la comunidad internacional y en especial la financiera, verían con buenos ojos su designación (calificación 10).

La calificación final de Luis Videgaray Caso es de 7.1, lo cual no lo coloca como buen candidato para el puesto de Gobernador del Banco de México. La semana entrante toca a Alejandro Díaz de León.

El Subgobernador del Banco de México, Manuel Sánchez González, termina su gestión este 31 de diciembre. Dado que tiene 66 años de edad, ya no califica para un segundo periodo de ocho años. Por lo mismo, tendremos un nuevo Subgobernador a partir de enero. El Presidente de la República propone a Alejandro Díaz de León para este puesto. ¿Es buen candidato para formar parte de la Junta de Gobierno?

La Ley del Banco de México señala que, para que alguien sea designado miembro de la Junta de Gobierno, tiene que ser un individuo con un elevado nivel técnico y profesional. Tiene que ser ciudadano mexicano por nacimiento, no tener más de sesenta y cinco años cumplidos y gozar de reconocida competencia en materia monetaria. También especifica haber ocupado, por lo menos durante cinco años, cargos de alto nivel en el sistema financiero mexicano o en las dependencias, organismos o instituciones que ejerzan funciones de autoridad en materia financiera.

Hasta aquí podemos afirmar que Díaz de León cumple con estos requisitos. Es economista del ITAM con maestría de la Universidad de Yale. Su formación principal proviene del propio Banco de México, donde trabajó los primeros 16 años de su carrera y llegó a ser Director de Análisis Macroeconómico. De allí trabajó como Director General de Pensionissste, después como el titular de la Unidad de Crédito Público en la SHCP (en sustitución de Gerardo Rodríguez) y finalmente, como Director General de Bancomext (sustituyendo a Enrique de la Madrid). Su experiencia obtenida en SHCP es en especial valiosa, ya que obtuvo conocimientos profundos de los mercados financieros internacionales, hoy en día sumamente relevante para un banco central. Sus credenciales académicas y su experiencia profesional son incuestionables. Además, tiene excelente reputación y reconocimiento en los medios.

Es trascendental que cada miembro de la Junta entienda a fondo cómo funciona la política monetaria, sus alcances y la importancia de contener la inflación. La Constitución establece claramente que el objetivo prioritario, más no el único, es procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda. Para cumplir con este mandato es crucial entender la interacción entre la inflación, el crecimiento económico y la estabilidad macroeconómica. No hay duda que cada uno de los miembros de la Junta, incluyendo al propio Díaz León, cumplen perfectamente bien con este cometido.

No obstante, la Ley también establece que dos de los cinco miembros de la Junta de Gobierno no necesitan cumplir con el requisito de antigüedad, siempre y cuando sean profesionistas distinguidos en materia económica, financiera o jurídica, para así permitir la participación de personas como académicos distinguidos, que pueden aportar un caudal de valiosos conocimientos. Al final de cuentas, lo que se quiere de una Junta de Gobierno es que tenga cierta diversidad y representación de intereses para que funciona como cierto chequeo y balance al poder inmenso que tiene el Gobernador del instituto. Si los cuatro subgobernadores son tipo “yes men”, que van a aprobar absolutamente todas las decisiones del Gobernador, ¿para qué queremos una Junta?

Con la llegada de Díaz de León, vamos a tener una Junta de Gobierno de clones, todos formados en el propio Banco, con estrechos lazos con el ITAM y de alguna forma u otra allegados del Gobernador actual. Prácticamente desde que empezó la autonomía del banco central, hemos tenido algo de diversidad. Guillermo Prieto Fortún, quien duró menos de un año como Subgobernador, provenía de la Bolsa Mexicana de Valores. Guillermo Güémez García venía del sector privado con experiencia empresarial y financiera y en la negociación del TLCAN. Everardo Elizondo era un reconocido académico, consultor de empresas y fue el economista principal para Bancomer. Manuel Sánchez González también venía del sector privado y se consideraba representante de la banca comercial. Así será que va ser la primera vez que la Junta de Gobierno se conforma sin un representante del sector privado, sin alguien con formación distinta del propio Banco de México y posiblemente, sin alguien que se atreve a cuestionar al poderosísimo Gobernador. Sin diversificación, sin alguien que presenta contraargumentos y sin representatividad del sector privado, ¿para qué va servir la Junta?

Eduardo Sojo

Septiembre 23rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (1 Comments)

En la exposición de motivos de la Reforma Constitucional que otorgó la autonomía al Banco de México hacia fines de 1993, se estableció la necesidad de quitarle al banco central la responsabilidad del Índice Nacional de Precios al Consumidor. La idea fue pasarla al INEGI, pero primero habría que otorgarle su autonomía. Sin embargo, pasaron muchos años para que el Ejecutivo le diera la importancia merecida y que los partidos políticos se pusieran de acuerdo. No fue hasta principios de 2006 cuando se reformó el artículo 26 de la Constitución que dio pie a la autonomía del INEGI y hasta abril de 2008 que finalmente se aprobara la Ley del Sistema Nacional de Estadística y Geografía, que entró en vigor a partir de julio de 2008. Al final, resultó una ley complicada y en muchos aspectos deficiente, pero por lo menos ya teníamos un INEGI más o menos autónomo.

El Presidente Felipe Calderón designó a Eduardo Sojo Garza-Aldape como primer presidente de la Junta de Gobierno, para un periodo del 27 de agosto de 2008 al 31 de diciembre de 2009. La finalidad de este periodo irregular fue para que los periodos subsecuentes de seis años comenzaran en el cuarto año del periodo presidencial como marcaba la ley. Al concluir su periodo, el Senado ratificó el nombramiento de Sojo para un segundo periodo, ya regular, del 1 de enero de 2010 al 31 de diciembre de 2015. Dado que la Ley limita a los miembros de la Junta hasta por dos ocasiones, Sojo terminará su gestión al final de este año y el Presidente de la República tendrá que proponer a una nueva persona. Esto último es una verdadera lástima, ya que el mejor candidato para dirigir al INEGI por los siguientes seis años es Eduardo Sojo.

Sojo es oriundo de León, Guanajuato. Al concluir sus estudios de licenciatura en Economía en el Tec de Monterrey, entró a trabajar como analista en la Dirección General de Economía Política y Social de la Secretaría de Programación y Presupuesto. En 1982 fue a estudiar su doctorado a la Universidad de Pennsylvania, donde trabajó con Lawrence Klein (Premio Nobel de Economía 1980) en proyectos que combinaban modelos econométricos con series de tiempo. A mediados de la década regresa a México y se incorpora al INEGI como Director Técnico. En el INEGI ocupó diversos puestos y realizó una carrera de casi 15 años, en la cual acumuló mucha experiencia y conocimiento de primera mano de las estadísticas mexicanas y del manejo institucional del mismo.

Hacia fines de los noventa decide dejar el INEGI e incorporarse al Tec de Monterrey como Profesor e Investigador en el campus de León, Guanajuato. Allí fue invitado por Vicente Fox como asesor en su campaña a Gobernador del Estado y después como coordinador del gabinete económico del gobierno de Guanajuato. Cuando Fox asume la presidencia, lo invita a ser su Jefe de Asesores. En 2006 se incorpora a la campaña presidencial de Felipe Calderón y posteriormente es nombrado Secretario de Economía cuando empieza el sexenio. Cuando el INEGI logra su autonomía en 2008, la designación de Eduardo Sojo como su Presidente era lógico, pues tenía la experiencia, el conocimiento y el manejo político necesario para el puesto.

Pero Sojo tenía más que eso. Tenía un entusiasmo y ganas de hacer del INEGI uno de los mejores institutos de estadística del mundo. Tenía la actitud ideal de ser buena gente, abierto a la crítica, dispuesto a escuchar y lo suficientemente inteligente como para saber cómo empujar los proyectos necesarios. Una de sus frases favoritas era que había que ver la crítica como asesoría gratis. Es una verdadera lástima que la ley limita la gestión de Sojo a un poco más de siete años, cuando dudo que haya un candidato más idóneo en todo el país que él.

La autonomía del INEGI todavía no ha cuajado del todo. Necesita más consolidación y dirección. En lo personal estoy realmente preocupado por la terna que pudiera considerar el Presidente para este puesto tan importante. Imagínense si pone a un amigo del Estado de México, un funcionario que le diga solo lo que quiere escuchar como en la Secretaría de la Función Pública, o alguien simplemente irrelevante para el puesto. Para mi este nombramiento es más importante que la mayoría de las secretarías. He escuchado a dos o tres nombres que verdaderamente me asustan.

¿Cuáles son las cualidades que se necesitan? Básicamente tres: 1) experiencia y conocimiento del manejo de las estadísticas y del INEGI, 2) buen manejo político de instituciones y de personas, y 3) una actitud abierta con visión, inteligencia y ser una buena persona. En otras palabras, un clon de Eduardo Sojo.

Los ajustes bruscos y significativos en el tipo de cambio siempre han sido motivo de consternación para los mexicanos, pues se asocian con inflación, pérdida de poder adquisitivo, recesión, desempleo y sufrimiento económico en general. Como no olvidar la devaluación de Luis Echeverría en 1976, dando fin a 22 años de un tipo de cambio fijo. Qué decir de las tres devaluaciones que hubo en 1982 después de que José López Portillo prometió defender el peso como perro, que dio pie a la década perdida de los ochenta. Todavía queda el recuerdo de cómo dejó la economía Pedro Aspe al pobre de Jaime Serra Puche en diciembre de 1994, cuando el país se desmoronó y aumentó la pobreza extrema en más de 16 millones de mexicanos.

Afortunadamente, México se sobrepuso al miedo de la flotación y adoptó un régimen flexible a partir de 1995. Con la autonomía del Banco de México y una política monetaria ya dedicada a abatir la inflación, se logró la estabilización de precios a partir de la década pasada. Esto ha sido el pilar de un equilibrio macroeconómico, que en buena medida nos ha ayudado a superar esos periodos de angustia increíble. Sin embargo, hace siete años vimos que el precio del dólar aumentó 54.1 por ciento en siete meses (de 9.918 el 7 de agosto de 2008 a 15.286 el 7 de marzo de 2009). Aunque no hubo gran afectación en la inflación, la economía se desplomó -4.7 por ciento en 2009.

Si bien dejamos atrás la época de devaluaciones traumáticas, ahora vivimos etapas de depreciaciones aceleradas. Sin embargo, la afectación psicológica parece ser igual. Pero, ¿debemos preocuparnos tanto? Hasta ahora, el tipo de cambio ha aumentado alrededor de 26 por ciento, casi la mitad de lo acontecido hacia fines de 2008. No obstante, no hemos visto evidencia de mayor inflación ni un desplome en la actividad económica. Por lo pronto, seguimos con una inflación que marca mínimos históricos y una economía que avanza por arriba del 2 por ciento. Entonces, ¿cuáles son los efectos nocivos que debemos temer de la depreciación?

El primero es el efecto que podrá tener eventualmente sobre la inflación. Al depreciarse la moneda, aumentan los precios de los bienes y servicios importados. Aunque hasta ahora no hemos visto un traspaso de estos incrementos a los precios del consumidor, es de esperarse que eventualmente habrá alguna afectación. Sin embargo, si el tipo de cambio se regresa parcialmente (como sucedió en 2009), se podría limitar el daño a un mínimo.

El segundo efecto es sobre los precios relativos, aun en el caso de evitar una reacción inflacionaria. En principio, nuestras exportaciones son más baratas, mientras que las importaciones son más caras. Aquí, los efectos varían de sector a sector y de empresa a empresa, ya que unos tienen más insumos importados, otros se compensan con disminuciones en otros precios, algunos tendrán que sacrificar utilidades y habrá quien no pueda aguantar los cambios, viéndose ante la posibilidad de cerrar su negocio.

El tercer efecto proviene de la incertidumbre, que afecta la inversión y el crecimiento económico. Para planear la construcción de una fábrica o la adquisición de una maquinaria, se necesita saber con cierta certeza los precios de los bienes y servicios relacionados. Sin embargo, la volatilidad del tipo de cambio elimina la certeza y provoca que muchos proyectos quedan en irresolución. Sin inversión, no habrá mucho crecimiento.

Finalmente, tenemos los efectos sobre los flujos de capital, en especial, sobre la inversión extranjera en portafolio. En principio, los movimientos de capital afectan al tipo de cambio, pero ante mucha volatilidad se acentúan los flujos que buscan una relación de riesgo/rendimiento adecuado. También es muy probable ver cierta afectación sobre las tasas de interés a diferentes plazos, que no solamente puede encarecer la inversión en general, sino también el costo del servicio de la deuda pública.

¿Qué debemos esperar ahora? Todo indica que la volatilidad cambiaria continuará por un rato, aunque posiblemente acotado por las acciones de la Comisión de Cambios y eventualmente del Banco de México. Es muy probable ver en algunos meses que el tipo de cambio regrese parcialmente, ya que se normalice la política monetaria de la Reserva Federal. Si bien, la inflación podrá terminar el año alrededor de 3 por ciento, podemos esperar un aumento, quizás hacia 4 por ciento el año entrante, pero no mucho más que eso. La actividad económica, que ahora crece ligeramente por arriba de 2 por ciento, quedará sin dinamismo en el corto plazo, pero no se desplomará.