Articulos sobre la economía Mexicana
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El Impacto Económico de los Sismos

octubre 4th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (Comentarios desactivados en El Impacto Económico de los Sismos)

Siempre cuando hay un desastre natural, en especial como los temblores del pasado 7 y 19 de septiembre, surgen preguntas sobre el impacto económico, en especial en términos de crecimiento económico, inflación y el costo de las reparaciones. No obstante, son difíciles de contestar ante la falta de datos duros. Pero aun en el caso de contar con información más veraz, éste se obtiene con un rezago significativo, posiblemente hasta de años después. Por ejemplo, se estima que el terremoto de 1985 costó entre 2 y 3 por ciento del PIB de aquellos años, pero todavía está abierto a debate.

A los dos días de la tragedia, Citibanamex publicó una nota oportuna en la que sostiene que el impacto será relativamente moderado en cuanto a la actividad económica, probablemente restando entre 0.3 y 0.4 por ciento al crecimiento del PIB del tercer trimestre y una reducción de 0.1 por ciento al crecimiento del año. Adoptó un enfoque de ajuste en días laborales ante el hecho de que la actividad productiva se detuvo brevemente en ciertas regiones del país. Banorte emitió una nota similar con estimaciones parecidas. El Banco Base dijo que reducía su estimado de crecimiento para 2017 en 0.2 puntos porcentuales. En cambio, Moody’s divulgó una nota que sostiene que no ve como el daño puede afectar el desempeño de la actividad económica en el año, por lo que mantiene su estimado de crecimiento para este y el próximo año.

En cuanto a los daños, un análisis realizado por el Servicio Geológico de Estados Unidos estima daños entre US1,000 y US10,000 millones, por lo que proyecta que el impacto podría llegar hasta uno por ciento del PIB. A los pocos días, empezaron a salir estimaciones del gobierno, como del estado de Chiapas que estimó sus daños en 4,500 millones de pesos. El gobierno federal reportó que la reconstrucción de los daños causados por los sismos costará por lo menos 39 mil 150 millones de pesos, mediante la reparación de 153 mil 545 viviendas, 12 mil 931 escuelas y mil 225 inmuebles históricos. Sin embargo, todas estas estimaciones provienen de cálculos hechas sobre las rodillas, sin fundamento en datos duros.

Por lo mismo, no hay más que aplaudir el esfuerzo de INEGI de haber levantado una encuesta exprés sobre las afectaciones de los sismos, que se publicó a los diez días del temblor del 19 de septiembre. Nunca había visto una encuesta oficial similar ante una emergencia de este tipo, por lo menos en un país emergente como la nuestra. La encuesta ofrece información cualitativa generada con base en las opiniones de los empresarios, con la finalidad de apoyar las decisiones que se tienen que tomar en esta etapa de reconstrucción. Cubre las ocho entidades que fueron mayormente afectadas, de tal forma que podemos ahora realizar estimaciones más certeras.

De entrada, ahora sabemos que en estas ocho se localizan 2.3 millones de establecimientos económicos, que representan 41.4 por ciento del total del país y 35.3 por ciento del PIB. Del total de establecimientos, 16.1 por ciento tuvieron alguna afectación derivada de los sismos, mientras que 39.3 por ciento tuvieron que suspender labores. INEGI reporta que 43.2 por ciento de los que tuvieron que parar sus actividades fue por un solo día, 23.4 por ciento por dos días, 10.8 por ciento por tres y 22.6 por ciento por un tiempo mayor. Ante estos datos, nuestra primera conclusión es que el impacto sobre el crecimiento económico de septiembre será algo mayor a las estimaciones preliminares.

La encuesta incluyó un apartado de expectativas sobre la actividad económica en el cuarto trimestre del año. Varían algo entre las industrias manufactureras, el comercio y los proveedores de servicios, pero entre 40 y 50 por ciento de los establecimientos estiman que su actividad económica será menor en el cuarto trimestre, mientras que tan solo entre 5 y 12 por ciento anticipan mayor desempeño. Esto nos lleva a nuestra segunda conclusión, de que también habrá algo de afectación al PIB del cuarto trimestre, aunque ciertamente menor al efecto inmediato en septiembre.

En términos generales, podemos decir que, aunque el impacto global podría ser relativamente menor, sí veremos una recomposición entre las actividades. Por ejemplo, mientras que muchos servicios y comercios verán afectadas sus negocios por cierres y también por una menor demanda, otros como los relacionadas a la construcción se verán beneficiados ante una mayor demanda. Finalmente, el menor crecimiento que veremos en 2017 por estas tragedias, se lo podemos sumar (y hasta un poco más) al crecimiento de 2018.

Hay Pulso

abril 4th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Hay Pulso)

Hacía fines del año pasado la economía marchaba a un paso lento, caracterizado por desequilibrios fiscal y externo crecientes. A pesar de un ajuste cambiario extraordinario a lo largo de dos años, nuestras exportaciones no crecían. A pesar de un gasto público sin precedente, la inversión pública seguía cayendo (por séptimo año consecutivo) y la deuda pública ya rebasaba 50 por ciento del PIB. Peor aún, tanto la política fiscal como la monetaria se tornaban más y más restrictiva, prometiendo un freno adicional a la actividad económica. La percepción de la situación económica del país reflejaba un pesimismo no visto en mucho tiempo. En ese momento, gana Trump la presidencia de Estados Unidos. En un par de meses vimos cómo se desplomaba el peso junto con la confianza empresarial y del consumidor.

Ya con el tipo de cambio tocando 22 pesos por dólar y la confianza del consumidor en mínimos históricos, los analistas que se dedican a tratar de anticipar el rumbo de la economía revisaban sus expectativas para el crecimiento a la baja. El consenso llegó a 1.5 por ciento, pero algunos esperaban todavía algo peor. Por ejemplo, las instituciones financieras más importantes como Banamex (1.2 por ciento), Bancomer (1.0 por ciento) y Banorte (1.1 por ciento) fueron de los más pesimistas. Incluso, una institución, BNP-Paribas, puso su expectativa en 0.0 por ciento para el año. No era para menos, ya que algunas de las primeras cifras, como el Indicador IMEF y las ventas de ANTAD, marcaban una clara tendencia a la baja.

Para tener una tasa de crecimiento más cercano a 1.0 por ciento, necesitaríamos anticipar una caída en el PIB en el primer trimestre del año. El escenario lo vea ante una inversión privada detenida por la incertidumbre que representaba Trump y ante un consumo privado más medido por la pérdida en el poder adquisitivo como consecuencia del incremento significativo en la inflación. Pero cuál ha sido la sorpresa que los primeros indicadores duros muestran que la actividad económica sigue creciendo. El INEGI reportó que el IGAE de enero creció 0.27 por ciento respecto a diciembre. Aunque no es una tasa tan robusta, sí implica un ritmo de crecimiento mayor a 3 por ciento y es la novena tasa positiva consecutivo para la actividad económica global. Fue producto de avances marginales en las actividades secundarias y terciarias y de una tasa muy significativa en las primarias. No todo va bien, pues la minería sigue a la baja y el comercio presentó una caída importante (¿saqueos?). Pero simplemente el hecho de que no hubo una tasa negativa en general para el mes fue excelente noticia.

Para febrero, ya tenemos dos indicadores adicionales con buen desempeño. Las exportaciones manufactureras avanzaron 3.6 por ciento en febrero y más aún, muestran una clara tendencia al alza. Las exportaciones no petroleras de enero-febrero se ubican 6.9 por ciento por encima del mismo bimestre del año anterior, mientras que las petroleras reflejan una recuperación muy importante. Dado que las exportaciones han sido el principal motor de crecimiento del país a lo largo de los últimos 24 años, su buen comportamiento es vital. También sigue a la baja el desempleo; la tasa urbano de 3.78 por ciento de febrero es la más baja desde que existe la ENOE desde enero de 2005. La mejoría observada a lo largo de los últimos 15 meses es de las más pronunciadas desde la que vimos después de la crisis “tequilera” de 1997 a 1999. Finalmente, la trayectoria del tipo de cambio en los últimos dos meses ha regresado el valor del peso a los niveles pre-Trump, claro reflejo de que se han revertido las preocupaciones extremas.

No todas las noticias son buenas. Más bien predominan señales mixtas. El desplome en las obras de ingeniería civil es impresionante, la edificación muestra una tendencia lateral desde hace buen tiempo y las ventas de ANTAD anticipan una desaceleración importante en el comercio. El incremento en la inflación en los primeros tres meses del año es sumamente preocupante, ya que anticipa una pérdida importante en el poder adquisitivo, fundamental para el consumo de los hogares. No obstante, la economía no se está colapsando como algunos anticipaban. Se mantiene cierto pulso, nada acelerado, pero lo suficiente como para relajarnos tantito. Con todo esto, es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de crecimiento para el año.

El Mediano Plazo

septiembre 23rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Mediano Plazo)

Ayer en la tarde, el Poder Ejecutivo mandó los Criterios Generales de Política Económica para 2016 al Congreso de la Unión. Aunque no tengo las cifras que se utilizaron para el marco macroeconómico al momento de escribir, queda claro que los números que divulgó la SHCP a principios de abril en el documento de “Pre-Criterios” dejaron de ser relevantes y requerían de una actualización significante.

Hace cuatro meses anticipaba crecimiento en 2015 entre 3.2 y 4.2 por ciento, mientras que 2016 estaba entre 3.3 y 4.3 por ciento. Cuando el INEGI publicó el PIB del segundo trimestre, la SHCP anunció que bajaba su expectativa de 2015 a un rango de 2.0 a 2.8 por ciento, pero mantuvo la de 2016 sin cambio. Las últimas encuestas señalan 2.3 por ciento como el consenso para 2015 y 3.0 por ciento para 2016. Son ya muy pocos analistas que esperan crecimiento de 3.3 por ciento o más para el próximo año. Según la última encuesta de Banamex de Expectativas, BNP-Paribas, Nomura, Old Mutual, Pro Asset, Santander, Thorne y UBS estiman crecimiento entre 3.3 y 3.5 por ciento. Pero salvo Santander y posiblemente UBS, los demás son instituciones sin mucha presencia en el país, que no tienen tan claro el panorama. En este sentido, realmente llama la atención el optimismo desbordado de Santander.

El tipo de cambio promedio de 2015 estaba en 14.80 para 2015 y 14.50 para 2016. Sin embargo, el promedio de los primeros ocho meses del año se ubica en 15.46, mientras que al 8 de septiembre cerró en 16.80. Aun en el caso optimista de que el peso se apreciara de aquí a fin de año, lo más probable es que el promedio termine por encima de 16 pesos por dólar. Dado que prevalece la fortaleza del dólar y no se ve en el mediano plazo una apreciación significativa del peso, a estas alturas 14.50 para 2016 es una cifra difícil de creer.

El precio promedio por barril de petróleo estaba en 50 dólares para 2015 y 55 para 2016. Aunque el promedio de los primeros ocho meses del año anda en 48.48 dólares, el hecho de que actualmente está en 41.11 nos hace pensar que el promedio terminará el año en un nivel mucho más abajo. Igual, suena muy optimista un precio promedio de 55 dólares para 2016, especialmente con el regreso al mercado de Irán y la desaceleración de China.

La SHCP esperaba una tasa de inflación fin de año de 3.0 por ciento para 2015 y para 2016. Sin embargo, la depreciación cambiaria no se ha revertido y la mayoría de los analistas anticipan que el traspaso empezará a cobrar factura hacia fines de este año o a más tardar en 2016. La última encuesta de Expectativas de Banamex muestra que todas las instituciones financieras (salvo Banorte que mantiene una proyección oficialista), ven un incremento en la inflación el próximo año.

Este año ha sido difícil, caracterizado por caídas en el precio y en el volumen de la exportación de petróleo, de una elevada volatilidad en los mercados financieros internacionales (en especial los cambiarios), de un aumento en la incertidumbre de los inversionistas y de un estancamiento en las actividades secundarias. Lo único que nos ha salvado de todavía menor crecimiento ya sido la reactivación en el consumo de los hogares.

El problema es que 2016 no se ve necesariamente mejor. Los precios de los commodities van a permanecer bajos, ya que la economía China no va mejorar y el resto del mundo sigue con problemas. No se ve que Estados Unidos vaya a tener más crecimiento, por lo que es difícil anticipar una buena evolución en nuestras exportaciones. Mientras que las exportaciones de automóviles (según AMIA) crecieron 14.1 por ciento a tasa anual en los primeros cuatro meses del año, han avanzado tan solo 2.3 por ciento en los últimos cuatro. Las exportaciones manufactureras no automotrices muestran una tendencia negativa desde hace casi medio año. El Indicador IMEF No Manufacturero de agosto anticipa una desaceleración en el comercio y los servicios. ¿En qué podemos basar el optimismo de que vamos a crecer más el siguiente año?

Otra característica primordial de este año, tanto externo como interno, ha sido la incertidumbre, que no solo ha sido uno de los factores principales detrás de la volatilidad en los mercados financieros, sino también ha actuado como freno a la inversión. La mayor parte proviene del titubeo en la política monetaria de Estados Unidos, que a su vez ha provocado una hipersensibilidad ante cualquier evento. El problema es que no queda claro que todo se tranquilizará con un incremento próximo en la tasa, ya que seguirá la duda acerca de cuándo y cuánto será el siguiente.

Las Encuestas de Expectativas

junio 3rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Las Encuestas de Expectativas)

Causó cierta desilusión cuando INEGI reportó que el PIB del primer trimestre creció 1.6 por ciento anualizado respecto al trimestre inmediato anterior. Sin embargo, fue una tasa superior al desempeño que había divulgado Estados Unidos en su primera estimación de 0.2 por ciento. A los pocos días, el Buró de Análisis Económico (BEA) anunció su segunda estimación, de -0.7 por ciento. Significa que la diferencia entre el crecimiento del PIB de México y de Estados Unidos fue 2.3 puntos porcentuales en los primeros meses del año.

No obstante, si tomamos como referencia la tasa anual (respecto al mismo trimestre del año anterior), observamos un avance de 2.7 por ciento en Estados Unidos versus 2.5 por ciento en México. Ante las noticias del primer trimestre, los especialistas en economía encuestados por el Banco de México ajustaron sus expectativas de crecimiento para Estados Unidos a 2.5 por ciento en 2015 y 2.8 por ciento en 2016. Resulta interesante comparar estos números con los anticipados por economistas de su propio país, que ven las perspectivas de su economía con más optimismo que nosotros (2.9 por ciento para 2015 y 2.8 por ciento para 2016). Seguramente, parte de su razonamiento es que ven un rebote en los siguientes dos trimestres, tal como pasó el año pasado. Después de caer -2.1 por ciento en el primer trimestre de 2014, la economía estadounidense creció 4.6 y 5.0 por ciento, respectivamente, en los siguientes dos trimestres.

El tropiezo del primer trimestre en Estados Unidos se ve como un factor temporal. De ser cierto, deberíamos observar más crecimiento en los siguientes trimestres y en consecuencia, un comportamiento mejor en nuestras exportaciones. Si combinamos esta expectativa con los indicios de un mejor desempeño en el consumo en México, no deberíamos ser tan pesimistas en cuanto al crecimiento en el año. Por lo mismo, resulta interesante analizar la primera encuesta de expectativas que sale a la luz después de conocer los resultados del INEGI y de la BEA, junto con las revisiones a la baja que divulgaron la SHCP y el Banco de México.

Hasta mediados de mayo, el consenso (mediana) de la mayoría de las encuestas (incluido la de Banxico) se ubicaba en 2.8 por ciento, con un intervalo cuyo techo llegaba hasta 3.6 por ciento. Desafortunadamente, la encuesta de Banxico no revela las respuestas individuales, pero mediante otras (como la del IMEF y la de Banamex), podemos ver no solamente quienes están en los extremos, sino también cuántos (aunque participan 35 en la de Banxico contra 26 en la de Banamex). En este caso, las más optimistas eran Banorte (3.6 por ciento), Bancomer (3.5 por ciento) y Santander (3.5 por ciento). Había dos instituciones con 3.2 por ciento, mientras que todas las demás ubicaban su expectativa en 3.0 por ciento hacia abajo.

Queda claro que los que se ubicaban en el extremo optimista van a revisar hacia abajo su estimado. Incluso, Banorte y Bancomer ya anunciaron revisiones significativas. Sin embargo, no queda tan claro qué tantas revisiones se realizaron para las que ya anticipaban un crecimiento menor al 3.0 por ciento. Por lo menos una institución (no sabemos cuál) se tiró al piso al revisar su expectativa a 1.9 por ciento. Este hecho se refleja en que vemos una disminución más marcada en el promedio de las respuestas que en la mediana: la media de la encuesta de Banxico se ubica en 2.66 por ciento, mientras que la mediana está en 2.70 por ciento. No obstante, el nuevo consenso (2.7 por ciento) se ubica ligeramente por arriba de la tasa que yo anticipaba ver (entre 2.5 y 2.6 por ciento).

La encuesta dice que 72 por ciento (alrededor de 25 instituciones) ven el entorno actual mejor que hace un año, mientras que 28 por ciento (10 participantes) no ven ninguna mejoría. Para tener una expectativa igual o peor en los siguientes tres trimestres de 2015 comparado con 2014, los pesimistas estarán anticipando tasas alrededor de 2.4 por ciento para el año o más bajo. Esto nos hace pensar que alrededor de 10 ubican sus expectativas entre 1.9 y 2.4 por ciento, mientras que 25 ven el crecimiento entre 2.5 y 3.2 por ciento.

Siempre es interesante ver quienes se ubican en los extremos. A estas alturas, se antoja un crecimiento de 3.2 por ciento como demasiado optimista, pero una tasa de 1.9 por ciento como exageradamente pesimista. Con la entrega de la encuesta quincenal de expectativas de Banamex este viernes, conoceremos los nombres y apellidos de la mayoría de los participantes y podremos ver quiénes son los optimistas y los pesimistas. Por lo pronto sabemos que SHCP y Banxico no se ubican en estos extremos.