Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Hay Pulso

Abril 4th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Hacía fines del año pasado la economía marchaba a un paso lento, caracterizado por desequilibrios fiscal y externo crecientes. A pesar de un ajuste cambiario extraordinario a lo largo de dos años, nuestras exportaciones no crecían. A pesar de un gasto público sin precedente, la inversión pública seguía cayendo (por séptimo año consecutivo) y la deuda pública ya rebasaba 50 por ciento del PIB. Peor aún, tanto la política fiscal como la monetaria se tornaban más y más restrictiva, prometiendo un freno adicional a la actividad económica. La percepción de la situación económica del país reflejaba un pesimismo no visto en mucho tiempo. En ese momento, gana Trump la presidencia de Estados Unidos. En un par de meses vimos cómo se desplomaba el peso junto con la confianza empresarial y del consumidor.

Ya con el tipo de cambio tocando 22 pesos por dólar y la confianza del consumidor en mínimos históricos, los analistas que se dedican a tratar de anticipar el rumbo de la economía revisaban sus expectativas para el crecimiento a la baja. El consenso llegó a 1.5 por ciento, pero algunos esperaban todavía algo peor. Por ejemplo, las instituciones financieras más importantes como Banamex (1.2 por ciento), Bancomer (1.0 por ciento) y Banorte (1.1 por ciento) fueron de los más pesimistas. Incluso, una institución, BNP-Paribas, puso su expectativa en 0.0 por ciento para el año. No era para menos, ya que algunas de las primeras cifras, como el Indicador IMEF y las ventas de ANTAD, marcaban una clara tendencia a la baja.

Para tener una tasa de crecimiento más cercano a 1.0 por ciento, necesitaríamos anticipar una caída en el PIB en el primer trimestre del año. El escenario lo vea ante una inversión privada detenida por la incertidumbre que representaba Trump y ante un consumo privado más medido por la pérdida en el poder adquisitivo como consecuencia del incremento significativo en la inflación. Pero cuál ha sido la sorpresa que los primeros indicadores duros muestran que la actividad económica sigue creciendo. El INEGI reportó que el IGAE de enero creció 0.27 por ciento respecto a diciembre. Aunque no es una tasa tan robusta, sí implica un ritmo de crecimiento mayor a 3 por ciento y es la novena tasa positiva consecutivo para la actividad económica global. Fue producto de avances marginales en las actividades secundarias y terciarias y de una tasa muy significativa en las primarias. No todo va bien, pues la minería sigue a la baja y el comercio presentó una caída importante (¿saqueos?). Pero simplemente el hecho de que no hubo una tasa negativa en general para el mes fue excelente noticia.

Para febrero, ya tenemos dos indicadores adicionales con buen desempeño. Las exportaciones manufactureras avanzaron 3.6 por ciento en febrero y más aún, muestran una clara tendencia al alza. Las exportaciones no petroleras de enero-febrero se ubican 6.9 por ciento por encima del mismo bimestre del año anterior, mientras que las petroleras reflejan una recuperación muy importante. Dado que las exportaciones han sido el principal motor de crecimiento del país a lo largo de los últimos 24 años, su buen comportamiento es vital. También sigue a la baja el desempleo; la tasa urbano de 3.78 por ciento de febrero es la más baja desde que existe la ENOE desde enero de 2005. La mejoría observada a lo largo de los últimos 15 meses es de las más pronunciadas desde la que vimos después de la crisis “tequilera” de 1997 a 1999. Finalmente, la trayectoria del tipo de cambio en los últimos dos meses ha regresado el valor del peso a los niveles pre-Trump, claro reflejo de que se han revertido las preocupaciones extremas.

No todas las noticias son buenas. Más bien predominan señales mixtas. El desplome en las obras de ingeniería civil es impresionante, la edificación muestra una tendencia lateral desde hace buen tiempo y las ventas de ANTAD anticipan una desaceleración importante en el comercio. El incremento en la inflación en los primeros tres meses del año es sumamente preocupante, ya que anticipa una pérdida importante en el poder adquisitivo, fundamental para el consumo de los hogares. No obstante, la economía no se está colapsando como algunos anticipaban. Se mantiene cierto pulso, nada acelerado, pero lo suficiente como para relajarnos tantito. Con todo esto, es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de crecimiento para el año.

El Mediano Plazo

Septiembre 23rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Ayer en la tarde, el Poder Ejecutivo mandó los Criterios Generales de Política Económica para 2016 al Congreso de la Unión. Aunque no tengo las cifras que se utilizaron para el marco macroeconómico al momento de escribir, queda claro que los números que divulgó la SHCP a principios de abril en el documento de “Pre-Criterios” dejaron de ser relevantes y requerían de una actualización significante.

Hace cuatro meses anticipaba crecimiento en 2015 entre 3.2 y 4.2 por ciento, mientras que 2016 estaba entre 3.3 y 4.3 por ciento. Cuando el INEGI publicó el PIB del segundo trimestre, la SHCP anunció que bajaba su expectativa de 2015 a un rango de 2.0 a 2.8 por ciento, pero mantuvo la de 2016 sin cambio. Las últimas encuestas señalan 2.3 por ciento como el consenso para 2015 y 3.0 por ciento para 2016. Son ya muy pocos analistas que esperan crecimiento de 3.3 por ciento o más para el próximo año. Según la última encuesta de Banamex de Expectativas, BNP-Paribas, Nomura, Old Mutual, Pro Asset, Santander, Thorne y UBS estiman crecimiento entre 3.3 y 3.5 por ciento. Pero salvo Santander y posiblemente UBS, los demás son instituciones sin mucha presencia en el país, que no tienen tan claro el panorama. En este sentido, realmente llama la atención el optimismo desbordado de Santander.

El tipo de cambio promedio de 2015 estaba en 14.80 para 2015 y 14.50 para 2016. Sin embargo, el promedio de los primeros ocho meses del año se ubica en 15.46, mientras que al 8 de septiembre cerró en 16.80. Aun en el caso optimista de que el peso se apreciara de aquí a fin de año, lo más probable es que el promedio termine por encima de 16 pesos por dólar. Dado que prevalece la fortaleza del dólar y no se ve en el mediano plazo una apreciación significativa del peso, a estas alturas 14.50 para 2016 es una cifra difícil de creer.

El precio promedio por barril de petróleo estaba en 50 dólares para 2015 y 55 para 2016. Aunque el promedio de los primeros ocho meses del año anda en 48.48 dólares, el hecho de que actualmente está en 41.11 nos hace pensar que el promedio terminará el año en un nivel mucho más abajo. Igual, suena muy optimista un precio promedio de 55 dólares para 2016, especialmente con el regreso al mercado de Irán y la desaceleración de China.

La SHCP esperaba una tasa de inflación fin de año de 3.0 por ciento para 2015 y para 2016. Sin embargo, la depreciación cambiaria no se ha revertido y la mayoría de los analistas anticipan que el traspaso empezará a cobrar factura hacia fines de este año o a más tardar en 2016. La última encuesta de Expectativas de Banamex muestra que todas las instituciones financieras (salvo Banorte que mantiene una proyección oficialista), ven un incremento en la inflación el próximo año.

Este año ha sido difícil, caracterizado por caídas en el precio y en el volumen de la exportación de petróleo, de una elevada volatilidad en los mercados financieros internacionales (en especial los cambiarios), de un aumento en la incertidumbre de los inversionistas y de un estancamiento en las actividades secundarias. Lo único que nos ha salvado de todavía menor crecimiento ya sido la reactivación en el consumo de los hogares.

El problema es que 2016 no se ve necesariamente mejor. Los precios de los commodities van a permanecer bajos, ya que la economía China no va mejorar y el resto del mundo sigue con problemas. No se ve que Estados Unidos vaya a tener más crecimiento, por lo que es difícil anticipar una buena evolución en nuestras exportaciones. Mientras que las exportaciones de automóviles (según AMIA) crecieron 14.1 por ciento a tasa anual en los primeros cuatro meses del año, han avanzado tan solo 2.3 por ciento en los últimos cuatro. Las exportaciones manufactureras no automotrices muestran una tendencia negativa desde hace casi medio año. El Indicador IMEF No Manufacturero de agosto anticipa una desaceleración en el comercio y los servicios. ¿En qué podemos basar el optimismo de que vamos a crecer más el siguiente año?

Otra característica primordial de este año, tanto externo como interno, ha sido la incertidumbre, que no solo ha sido uno de los factores principales detrás de la volatilidad en los mercados financieros, sino también ha actuado como freno a la inversión. La mayor parte proviene del titubeo en la política monetaria de Estados Unidos, que a su vez ha provocado una hipersensibilidad ante cualquier evento. El problema es que no queda claro que todo se tranquilizará con un incremento próximo en la tasa, ya que seguirá la duda acerca de cuándo y cuánto será el siguiente.

Causó cierta desilusión cuando INEGI reportó que el PIB del primer trimestre creció 1.6 por ciento anualizado respecto al trimestre inmediato anterior. Sin embargo, fue una tasa superior al desempeño que había divulgado Estados Unidos en su primera estimación de 0.2 por ciento. A los pocos días, el Buró de Análisis Económico (BEA) anunció su segunda estimación, de -0.7 por ciento. Significa que la diferencia entre el crecimiento del PIB de México y de Estados Unidos fue 2.3 puntos porcentuales en los primeros meses del año.

No obstante, si tomamos como referencia la tasa anual (respecto al mismo trimestre del año anterior), observamos un avance de 2.7 por ciento en Estados Unidos versus 2.5 por ciento en México. Ante las noticias del primer trimestre, los especialistas en economía encuestados por el Banco de México ajustaron sus expectativas de crecimiento para Estados Unidos a 2.5 por ciento en 2015 y 2.8 por ciento en 2016. Resulta interesante comparar estos números con los anticipados por economistas de su propio país, que ven las perspectivas de su economía con más optimismo que nosotros (2.9 por ciento para 2015 y 2.8 por ciento para 2016). Seguramente, parte de su razonamiento es que ven un rebote en los siguientes dos trimestres, tal como pasó el año pasado. Después de caer -2.1 por ciento en el primer trimestre de 2014, la economía estadounidense creció 4.6 y 5.0 por ciento, respectivamente, en los siguientes dos trimestres.

El tropiezo del primer trimestre en Estados Unidos se ve como un factor temporal. De ser cierto, deberíamos observar más crecimiento en los siguientes trimestres y en consecuencia, un comportamiento mejor en nuestras exportaciones. Si combinamos esta expectativa con los indicios de un mejor desempeño en el consumo en México, no deberíamos ser tan pesimistas en cuanto al crecimiento en el año. Por lo mismo, resulta interesante analizar la primera encuesta de expectativas que sale a la luz después de conocer los resultados del INEGI y de la BEA, junto con las revisiones a la baja que divulgaron la SHCP y el Banco de México.

Hasta mediados de mayo, el consenso (mediana) de la mayoría de las encuestas (incluido la de Banxico) se ubicaba en 2.8 por ciento, con un intervalo cuyo techo llegaba hasta 3.6 por ciento. Desafortunadamente, la encuesta de Banxico no revela las respuestas individuales, pero mediante otras (como la del IMEF y la de Banamex), podemos ver no solamente quienes están en los extremos, sino también cuántos (aunque participan 35 en la de Banxico contra 26 en la de Banamex). En este caso, las más optimistas eran Banorte (3.6 por ciento), Bancomer (3.5 por ciento) y Santander (3.5 por ciento). Había dos instituciones con 3.2 por ciento, mientras que todas las demás ubicaban su expectativa en 3.0 por ciento hacia abajo.

Queda claro que los que se ubicaban en el extremo optimista van a revisar hacia abajo su estimado. Incluso, Banorte y Bancomer ya anunciaron revisiones significativas. Sin embargo, no queda tan claro qué tantas revisiones se realizaron para las que ya anticipaban un crecimiento menor al 3.0 por ciento. Por lo menos una institución (no sabemos cuál) se tiró al piso al revisar su expectativa a 1.9 por ciento. Este hecho se refleja en que vemos una disminución más marcada en el promedio de las respuestas que en la mediana: la media de la encuesta de Banxico se ubica en 2.66 por ciento, mientras que la mediana está en 2.70 por ciento. No obstante, el nuevo consenso (2.7 por ciento) se ubica ligeramente por arriba de la tasa que yo anticipaba ver (entre 2.5 y 2.6 por ciento).

La encuesta dice que 72 por ciento (alrededor de 25 instituciones) ven el entorno actual mejor que hace un año, mientras que 28 por ciento (10 participantes) no ven ninguna mejoría. Para tener una expectativa igual o peor en los siguientes tres trimestres de 2015 comparado con 2014, los pesimistas estarán anticipando tasas alrededor de 2.4 por ciento para el año o más bajo. Esto nos hace pensar que alrededor de 10 ubican sus expectativas entre 1.9 y 2.4 por ciento, mientras que 25 ven el crecimiento entre 2.5 y 3.2 por ciento.

Siempre es interesante ver quienes se ubican en los extremos. A estas alturas, se antoja un crecimiento de 3.2 por ciento como demasiado optimista, pero una tasa de 1.9 por ciento como exageradamente pesimista. Con la entrega de la encuesta quincenal de expectativas de Banamex este viernes, conoceremos los nombres y apellidos de la mayoría de los participantes y podremos ver quiénes son los optimistas y los pesimistas. Por lo pronto sabemos que SHCP y Banxico no se ubican en estos extremos.

Dos días antes de que el INEGI dé a conocer las cifras de la inflación quincenal, Banamex levanta y publica una encuesta entre las instituciones financieras para conocer sus expectativas. En su encuesta del 20 de enero, resultó que el consenso entre las 24 instituciones que participaron era que la tasa de inflación general para la primera quincena de enero sería de 0.24 por ciento, en un rango de 0.09 por ciento (Finamex) hasta 0.50 por ciento (Scotia). La encuesta también señalaba que se anticipaba 0.16 por ciento para la tasa subyacente, dentro de un rango de 0.04 por ciento (JP Morgan y Vector) a 0.38 por ciento (Signum). Dos días después, el jueves 22 de enero, se dio a conocer que la tasa general de la quincena fue -0.19 por ciento y la subyacente -0.09 por ciento. En muy pocas ocasiones se ha equivocado el mercado en una magnitud tan grande. Por lo mismo, merece un análisis más exhaustivo que lo normal.
¿Qué pasó? ¿Por qué no se anticipó la caída? De entrada, lo que más disminuyó fue el precio del jitomate (-32.8 por ciento), que tuvo una incidencia de -0.204 puntos porcentuales en la disminución total. En la lista de los diez precios que más bajaron, también se ubicó el chile poblano (-4.7 por ciento), aunque su incidencia fue tan solo de -0.012. Esto empujó a que el subíndice de frutas y verduras bajara -2.6 por ciento con una incidencia de -0.199 puntos. La gran variabilidad de los precios de estos productos hace sumamente difícil anticipar la magnitud, el tiempo y la dirección, por lo que fue lo que más contribuyó a la sorpresiva disminución. Además, se debe contemplar la disminución como fenómeno temporal, ya que en algún momento volverán a subir.
Sin embargo, si el precio del jitomate no hubiera bajado, de todos modos la inflación general se hubiera ubicado alrededor de cero por ciento, todavía muy por debajo de la expectativa. Resulta que también disminuyó el subíndice de “otros servicios” en -0.99 por ciento, con una incidencia de -0.172 puntos. Aquí los precios que contribuyeron a la baja fueron los del servicio de larga distancia, tanto nacional como internacional, el servicio telefónico local fijo, el del transporte aéreo y los servicios turísticos en paquete. Aunque los precios relacionados a la telecomunicación deberían haberse incorporado en las previsiones (posiblemente salvo el telefónico local fijo), se pueden considerar como disminuciones permanentes. En cambio, los precios del transporte aéreo y de los servicios turísticos (que están relacionados) obedecen a un comportamiento estacional; suben al empezar vacaciones y bajan a su conclusión, lo que significa que son variaciones temporales.
Posiblemente uno de los precios que aumentaron fue el responsable del margen de error en muchos de los analistas: el precio de la gasolina magna subió 1.9 por ciento en la mayoría del país. Sin embargo, a nivel nacional (ya ponderado por variaciones en la zona fronteriza), se registró un incremento de tan solo 0.9 por ciento, con una incidencia de 0.041. Pero la disminución de -2.1 por ciento en las tarifas eléctricas tuvo una incidencia de -0.056 puntos, que terminó por neutralizar por completo el impacto de la gasolina. El subíndice de energéticos aumentó tan solo 0.03 por ciento y tuvo un impacto imperceptible en la tasa general de 0.003 puntos.
La misma encuesta de Banamex dice que las instituciones anticipan una tasa general de 0.41 por ciento para todo el mes; el rango de las previsiones va de 0.20 por ciento (Vector) hasta 0.89 por ciento (Prognosis). Dado que para llegar a la tasa mínima contemplada de 0.20 por ciento, la inflación de la segunda quincena tendría que ser superior a 0.31 por ciento, queda muy claro que todas las instituciones tendrán que realizar revisiones mayores a la baja. Hasta ahora, la única institución que he visto divulgar una nueva estimación es Banamex, que ahora anticipa -0.04 por ciento para el mes, lo que implica 0.19 por ciento en la segunda quincena.
No obstante, más que una nueva previsión para el mes, lo que realmente va ser interesante será ver si las instituciones van a modificar sus expectativas para todo el año. El consenso que existía hasta antes de conocer la sorpresiva tasa de la primera quincena, era de 3.40 por ciento. El rango era de 3.0 por ciento (Banorte y Nomura) hasta 4.22 por ciento (Scotia). Tendrán que considerar que la disminución en los precios agrícolas y los asociados al turismo son de carácter temporal, mientras que los de los servicios relacionados a la telecomunicación son permanentes. Por lo pronto, Banamex anunció que anticipa ahora 3.26 por ciento para fines de diciembre, en vez de 3.28 por ciento que tenía antes de conocer la tasa de la primera quincena. Esto significa que espera que las disminuciones no anticipadas de principios de año serán básicamente compensadas con incrementos adicionales a través del año. ¿Será la opinión del consenso?
Por lo pronto, los factores que más podrán contribuir a una disminución y a un aumento en la inflación anual siguen siendo los mismos. Pero no tenemos que entrar en detalle, ya que están especificados en mi penúltima entrada anterior de este mismo Blog de Arena Pública (titulado “Las Perspectivas de Inflación” del 9 de enero).

El INEGI dio a conocer la inflación de 2014, que cerró el año en 4.08 por ciento. El resultado colocó a la inflación fin de periodo ligeramente arriba del límite superior del rango de inflación de 4.0 por ciento, después de que había terminado el año por debajo de este nivel por tres años consecutivos. No obstante, cabe la pena subrayar que el objetivo puntual de inflación es 3.0 por ciento (no 4.0 por ciento), lo que significa que debe promediar alrededor de 3.0 por ciento en el año dentro de un rango de 2.0 a 4.0 por ciento. En este sentido, el Banco de México nunca ha logrado reducir y mantener la inflación alrededor de 3.0 por ciento.
Como siempre, el componente que perjudicó el esfuerzo por conseguir el objetivo fue el no subyacente, que creció 6.70 por ciento en el año, en especial como consecuencia de los aumentos significativos en los precios de los energéticos y las tarifas autorizadas por el gobierno. También influyeron los precios agropecuarios, pero en esta ocasión fueron los pecuarios que subieron, mientras que los precios de frutas y verduras terminaron el año prácticamente en los mismos niveles que en diciembre del año anterior.
La inflación subyacente terminó el año en 3.24 por ciento, después de haber permanecido por debajo de 3.0 por ciento durante 2013. Los aumentos en los precios derivados de la reforma fiscal tuvieron un impacto sobre este componente, aunque menor a lo que originalmente se esperaba. Los precios que más aumentaron fueron los alimentos y bebidas (5.31 por ciento), cuyo impacto es mayor en el poder de compra de la mayoría de la población. En segundo lugar fueron los “otros” servicios, que incluyen los precios de las loncherías, fondas, taquerías y restaurantes, impactados por los incrementos en los precios de los alimentos, aunque este rubro fue compensado en parte por las disminuciones en los precios del servicio de telefonía móvil. De los precios que menos subieron estuvieron los de las mercancías no alimenticias, que están más asociados con la marcha de la economía y el tipo de cambio. Como sabemos, la actividad económica fue relativamente débil en el transcurso del año, mientras que la depreciación del peso, aunque significativo, fue al mero final del año.
Para 2015 el Banco de México señala que la inflación debería converger hacia su objetivo y terminar muy cerca de 3.0 por ciento para fin de año. Pero solo dos instituciones (Nomura y Banorte) comparten esta visión, mientras que el consenso de la última encuesta de Banamex es que la inflación terminará 2015 en 3.50 por ciento. Sin embargo, 22 (de 24) instituciones prevén que la tasa anual será menor a la de 2014 y por debajo del límite superior de 4.0 por ciento. Solo Scotia (4.22 por ciento) y Monex (4.14 por ciento) ven una tasa mayor a la del año pasado.
¿Cuáles son los factores que harán que la inflación disminuye? De entrada, los dos más importantes son los efectos de la reforma fiscal y los precios de los energéticos. En enero de 2014 hubo aumentos en muchos precios, incluyendo la unificación del IVA en 16 por ciento, por lo que la base de comparación en enero de este año hará que la tasa anual disminuye significativamente. Si agregamos a la lista los precios de la telefonía móvil y los de larga distancia, la tasa subyacente podría ser menor. Por el otro lado, los precios de la gasolina sólo subirán 1.9 por ciento este año, mientras que las tarifas eléctricas deberían disminuir marginalmente. Esto significa que el subíndice de energéticos, que aumentó 6.43 por ciento en 2014, deberá aumentar mucho menos este año.
Según estimaciones del Banco de México, la economía se sitúa actualmente en una brecha de producto negativa, lo que ayuda a contener la inflación. Las proyecciones de esta brecha señalan que deberíamos permanecer en terreno negativo todavía por más tiempo, posiblemente la mayor parte de 2015. De ser cierto, los factores antes mencionados deberían contribuir a una disminución en la inflación, que podría terminar el año mucho más cerca al 3.0 por ciento que al 4.0 por ciento.
¿Cuáles son los factores que harán que la inflación no disminuye? Aunque el efecto de traspaso (pass-through) del tipo de cambio hacia el nivel de precios es mucho menor a lo que fue en otros periodos, habrá que estar atento a la posibilidad de ver los precios de las mercancías subir un poco más. Antes de que tuviéramos el régimen de flotación, cualquier aumento en el tipo de cambio se reflejaba casi de inmediato y en forma contundente en los precios de los bienes comerciables. Sin embargo, en el régimen actual el tipo de cambio puede fortalecerse en los meses posteriores a una depreciación significativa, por lo que el traspaso ha disminuido significativamente. Aunque el tipo de cambio cerró el año en 14.74 pesos por dólar, el consenso es que habrá una apreciación del peso en 2015 para cerrar en 14.00 pesos. Incluso, algunas instituciones como BBVA Bancomer piensan que se va a revertir hasta terminar en 13.00 pesos al final de diciembre.
Aun así, queda por verse cuál será el desenlace de la política monetaria en Estados Unidos y los efectos posteriores en nuestro país. Si la Reserva Federal empieza a subir su tasa antes de lo previsto y/o en un monto superior, el tipo de cambio podría depreciarse todavía más. La disminución en el precio del petróleo no afecta directamente al mercado cambiario, ya que Pemex vende directamente sus divisas al banco central, sin pasar por el mercado. No obstante, la percepción de menos dólares y la mayor dificultad del Banco de México para acumular reservas, podría tener un impacto negativo. Al final de cuentas, lo que hace que el traspaso sea relativamente bajo es precisamente esta incertidumbre. No obstante, es uno de los riesgos que habrá que vigilar.
Finalmente, pudiéramos pensar en un poco de inflación reprimida como consecuencia de la baja demanda agregada. El consumo de los hogares permanece como uno de los elementos más débiles de la economía, lo que ha impedido que algunos comerciantes aumenten más sus precios. Sin embargo, si la economía empieza a crecer un poco más y la brecha de producto pasa a terreno positivo antes de lo previsto, es posible que los precios aumenten un poco más que lo anticipado. Queda pendiente el ajuste en los salarios mínimos que planteó el Gobierno de Distrito Federal y que ha respaldo el gobierno federal. Aunque en principio no debería tener un efecto significativo en los precios, la percepción de un mayor poder adquisitivo podría facilitar las decisiones de subir algunos precios en ciertos sectores.

Según las últimas encuestas, el rango de proyecciones para el crecimiento del PIB en 2015 va de 3.0 a 4.3 por ciento. En este espacio caben los rangos establecido de Banxico (3.0 a 4.0 por ciento) y de SHCP (3.2 a 4.2 por ciento). La institución más pesimista (Bank of America Merrill Lynch) prevé 3.0 por ciento, mientas que el más optimista (Banorte) anticipa 4.3 por ciento. Aunque Banorte es la única institución en todo el país que muestra más optimismo que el propio gobierno, habría que mencionar que acaba de revisar a la baja su proyección desde 5,0 por ciento. En principio, podríamos pensar que el punto medio del rango (3.65 por ciento) representa el consenso. Sin embargo, la distribución de las proyecciones es asimétrica, ya que la mediana es apenas 3.4 por ciento.
Estamos lejos todavía de tener ni siquiera los primeros datos de este año, pero el sentimiento generalizado de la población es que no habrá mucha mejoría con respecto al año pasado. Habrá que recordar que las proyecciones de principios de año para 2013 y 2014 fallaron miserablemente, por lo que el consenso actual de 3.4 por ciento es visto como muy optimista por la mayoría. Aun suponiendo que llegamos a crecer a esta tasa, el promedio anual para la primera mitad del sexenio será de apenas 2.3 por ciento. Esta cifra es bastante mediocre, especialmente si tomamos en cuenta que se aprobaron todas las famosas reformas estructurales que prometían detonar el crecimiento.
Uno de los retos más importantes para el gobierno este año es inducir la recuperación del ingreso disponible de los hogares, ya que el consumo familiar es el lastre más notorio de la actividad económica. Por lo pronto, el presidente de la República anunció siete medidas para impulsar la economía familiar, por lo cual estaremos pendientes para ver si estas nuevas políticas impactarán el consenso para el crecimiento de 2015. En lo particular, no pienso modificar mi propia proyección, ya que las medidas son pocas y de poco impacto. De entrada, cuatro de las siete no son nuevas, dado que ya estaban contempladas dentro de las reformas estructurales previamente aprobadas.
Al iniciar el año, hubo una reducción de dos por ciento en las tarifas eléctricas para los hogares y los negocios; un incremento de una sola vez de 1.9 por ciento (en vez de 3.0) en los precios de las gasolinas; y, la eliminación del cobro diferenciado en las llamadas telefónicas de larga distancia. En adición, se realizará la distribución de 10 millones de televisiones digitales; habrá un programa de impulso a emprendedores; un conjunto de medidas para impulsar la construcción de vivienda; y ciertos apoyos fiscales a los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca.
Si tomamos en cuenta que el subíndice de precios de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno ha sido el de mayor incremento en los últimos años, la reducción en las tarifas eléctricas y la eliminación de “gasolinazo” mensual son medidas bienvenidas que sí debería disminuir la merma del poder adquisitivo del ingreso familiar. El hecho de que el precio de la gasolina en México es ahora sustancialmente mayor al de Estados Unidos, convierte un gran subsidio de gobierno de años anteriores en una fuente de ingresos adicionales, por lo que era muy difícil que el gobierno siguiera aumentando su precio cada mes. De todas, estas dos medidas son los de mayor impacto.
Sin embargo, no queda muy claro a quienes y en cuanto va beneficiar la eliminación de larga distancia, aunque seguramente habrá algunas familias beneficiadas. La distribución de televisiones digitales parece ser mucho más una medida electoral que de apoyo familiar, ya que no tendrá impacto en el ingreso personal de los hogares. No se conoce detalle alguno del programa de impulso a emprendedores, pero no suena como algo que pudiera tener mayor impacto en el corto plazo. Las medidas para la vivienda son muy necesarias, aunque habría que estudiar de fondo su eficacia, especialmente ante el hecho de que las políticas anteriores llevaron a casi todos los desarrolladores a la quiebra. Finalmente, qué bueno que habrá más apoyos los tres estados más pobres de la República, pero el impacto sobre el crecimiento nacional será marginal en el mejor de los casos.
Dado que algunas medidas ya estaban contempladas y otras prácticamente no tendrán impacto, es casi un hecho de que no veremos revisiones en las proyecciones de crecimiento. Para esto, estaremos pendientes de las primeras cifras de la actividad económica del año, para ver si empieza a reactivarse el consumo.

Anteriormente, el Banco de México publicaba su Informe Trimestral Sobre la Inflación el último miércoles del mes después de haber concluido el trimestre. Sin embargo, sus economistas no gustaban trabajar tan aprisa, por lo que decidió aplazar la publicación por tres semanas. Pero no parece ser que pensó bien la decisión, ya que ahora da a conocer el Informe, que incluye la actualización de las proyecciones económicas, justo dos días antes de que el INEGI divulga el crecimiento del PIB. Esto significa que puede pasar la vergüenza de presentar una proyección menos realista a que si se esperara un par de días más. Ya pasó en mayo, cuando actualizó su rango de crecimiento para 2014 a 2.3 a 3.3 por ciento, dos días antes de saber que marzo fue mal mes por lo que el crecimiento del primer trimestre fue menor a lo esperado. A los pocos días tuvo que admitir el Gobernador que ya manejaban un rango más realista internamente, pero que por política del Banco de solo dar a conocer actualizaciones el día del Informe, tuvo que dejar intacto el rango publicado a pesar de que sabía que era poco realista. Ahora el Banco dio a conocer su nueva estimación para el crecimiento del PIB para 2014 de 2.0 a 2.5 por ciento. Sin embargo, en dos días (viernes) sabremos qué tan realista es el nuevo rango.
Tal como había previsto Banxico anteriormente, el rango que presenta para el crecimiento del PIB será de un punto porcentual hasta que se dé a conocer la tasa del segundo trimestre. En ese momento, dado que se cuenta con más información, se reduce el rango a 0.8 puntos porcentuales hasta que se dé a conocer el crecimiento del tercer trimestre. En ese momento, que es ahora, se reducirá el rango a medio punto porcentual. Dicho y hecho, el rango original para 2014 que manejó a partir del 21 de febrero cuando apenas se dio a conocer el cierre del PIB de 2103, fue de 3.0 a 4.0 por ciento, mientras que el rango que se divulgó el 19 de mayo fue 2.3 a 3.3 por ciento. Ya con los datos del segundo trimestre, cerró el rango a 2.0 a 2.8 por ciento el 13 de agosto. Ahora que ya (casi) se conoce el crecimiento al tercer trimestre, el rango se cierre aún más, a 2.0 a 2.5 por ciento.
Si tomamos el punto medio de su rango, podemos ver que en cada oportunidad se ha revisado la proyección a la baja: de 3.5 por ciento se bajó a 2.8 por ciento, después a 2.4 por ciento y ahora a 2.25 por ciento. En esta ocasión, la revisión hacia abajo involucra tan solo el techo del rango, ya que baja de 2.8 a 2.5 por ciento, mientras que el rango inferior permanece en 2.0 por ciento. Lo más seguro es que vamos a ver una revisión a la baja en el consenso de los analistas, pero limitado a los optimistas, es decir, a los que tienen proyecciones por encima de 2.5 por ciento. Si nos remitimos a la Encuesta de Expectativas de Banamex del 5 de noviembre, significa solamente BNP-Paribas (2.9 por ciento), Nomura (2.8 por ciento) y Banorte (2.7 por ciento). Obviamente, prácticamente todos esperaran al dato duro del PIB del tercer trimestre, pero en el margen también es posible ver revisiones a la baja de parte de Bancomer, Old Mutual y Santander, tres instituciones que todavía anticipan crecimiento de 2.5 por ciento para el año.
En el otro extremo (los más pesimistas), tenemos a Monex (1.9 por ciento), Barclays (2.1 por ciento), Pro Asset Management (2.1 por ciento), Thorne (2.1 por ciento) y ScotiaBank (2.18 por ciento). Aunque es menos probable que revisen su proyección, al nada más faltar un trimestre pudiéramos observar algún ajuste menor. Sin embargo, como Banxico no movió el piso de su rango, tendremos que esperar a la cifra del viernes para ver si no hay sorpresas.
Hasta antes de conocer el nuevo rango de Banxico, todas las encuestas marcaban el consenso entre 2.3 y 2.4 por ciento, cuando hace dos meses estábamos entre 2.4 y 2.5 por ciento. Por ejemplo, la Encuesta de Especialista de Banxico del 6 de noviembre situaba la mediana en 2.3 por ciento; la de LatinFocus del 11 de noviembre tenía 2.4 por ciento; Consensus Economics tenía 2.4 por ciento en su encuesta que dio a conocer el 11 de noviembre; el IMEF informó su consenso de 2.3 por ciento la semana pasada; y Banamex tenía 2.3 por ciento al 5 de noviembre. Al situar el punto medio de su rango en 2.25 por ciento, Banxico se coloca marginalmente por debajo de los consensos de todas las encuestas. Es muy probable que se revise ahora el consenso hacia abajo, para lo cual primero esperaremos el dato duro del PIB del tercer trimestre y la revisión por parte de la SHCP para el año; ambos se darán a conocer este viernes (21 de noviembre).
¿Qué podemos esperar este viernes? Ante los datos de las actividades terciarias más débiles que los anticipados, es probable que el INEGI dé a conocer una tasa anual para el tercer trimestre más cercana a dos por ciento que al 2.5 por ciento o más que se anticipaba hace unos meses. También es factible que el INEGI presenta cifras actualizadas para 2013 y los primeros dos trimestres de esta año, que pudiera tener cierta influencia en la tasa de tercer trimestre. En términos de la tasa respecto al trimestre anterior, debemos esperar una cifra mayor al primer trimestre pero menor al segundo.
Pero pues ya para qué especulamos, simplemente tenemos que esperar dos días.