Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI dio a conocer que la estimación oportuna del PIB en el segundo trimestre muestra una disminución de -0.3 por ciento respecto al trimestre anterior y 1.4 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior. Este resultado se deriva de una disminución de -0.1 por ciento en las actividades primarias (agropecuarias), una caída de -1.7 por ciento en las secundarias (manufactura, construcción y minería) y un estancamiento en las terciarias (comercio y servicios). Cabe recalcar que estas cifras son simplemente una primera aproximación al PIB con base en información preliminar e incompleta, por lo que podrían ser diferentes a las generadas para el PIB tradicional, que conoceremos el 22 de agosto.

El INEGI no pone los datos completos en su página (en el BIE), para enfatizar que estas tasas son simples estimaciones. Esto dificulta en parte cálculos derivados de estas tasas. De entrada, no son compatibles las tasas de -0.3 y 1.4 por ciento entre sí con los datos anteriores. Por ejemplo, si multiplicamos el PIB por el primer trimestre por la tasa de -0.3 por ciento, obtenemos un número para el PIB del segundo trimestre distinto a que si multiplicamos el segundo trimestre del año pasado por 1.4 por ciento. Si tomamos como bueno el PIB del segundo trimestre de 2015 y lo multiplicamos por 1.4 por ciento (la tasa anual reportada por INEGI), resulta que la caída del segundo trimestre de este año es -2.1 por ciento por debajo del PIB del primer trimestre. Por lo mismo, resulta muy complicado analizar lo que pasó.

Igual pasa con el IGAE, cuyos datos tenemos hasta mayo. Podemos suponer que la correlación entre el IGAE y el PIB es muy elevada, lo que permite sacar por diferencia lo que la estimación oportuna del PIB nos dice sobre el comportamiento implícito de junio. El IGAE disminuyó 1.25 por ciento en abril y creció 0.98 por ciento en mayo. Para que el promedio del IGAE de los tres meses correspondientes al segundo trimestre sea -0.3 por ciento por debajo del promedio de los tres meses del primer trimestre, el crecimiento [implícito] de junio fue 1.3 por ciento respecto a mayo. ¿Creíble? De ser cierto, estaríamos hablando del mejor desempeño para dos meses consecutivos (mayo y junio) desde junio y julio de 2009, que resultó de un efecto rebote al terminar la Gran Recesión de 2008-2009. En principio, este cálculo señala una recuperación robusta en la actividad económica de la caída registrada en abril. En cambio, si tomamos la tasa anual de 1.4 por ciento como punta de partida, junio solo tuvo un avance de 0.1 por ciento respecto al trimestre anterior, cuyo comportamiento se podría caracterizar como mediocre. En otras palabras, estos datos del PIB traen implícitamente cambios en la serie histórica, que simplemente no nos dejan saber bien lo que pasó en estos últimos meses.

A estas alturas, podemos pensar en dos escenarios, uno optimista y otro pesimista. El escenario optimista señala que el desempeño desfavorable de abril fue solo una “aberración”, que se compensó con una recuperación rápida en los siguientes meses. En el margen vemos una mejoría en Estados Unidos que, combinado del efecto rezagado de la depreciación de la moneda, podría traer cierta recuperación en las exportaciones en el tercer trimestre, mientras que el consumo y la inversión privada seguirán su trayectoria creciente. Para el cuarto trimestre hagamos el supuesto que Hilary Clinton gana las elecciones en Estados Unidos y podríamos terminar con una economía creciendo 2.5 por ciento o más.

En el escenario pesimista tenemos una caída en la actividad económica en el tercer trimestre, a raíz de los bloqueos en puertos y vías de comunicación en el país y una continuación en el estancamiento manufacturera de Estados Unidos. Dos trimestres consecutivos con tasas negativas marca el comienzo de una ligera recesión. Para el cuarto trimestre, vamos a suponer que gana las elecciones Donald Trump, lo que provoca una salida masiva de capitales del país, una depreciación adicional significativa de la moneda y la necesidad de aumentos pronunciados en la tasa de política monetaria de Banxico. Se detiene la inversión privada y la economía entra en una recesión ya más profunda. ¿Crecimiento para el año? 1.5 por ciento o menos.

A estas alturas, pienso que ambos escenarios tienen 50 por ciento de probabilidades.

El INEGI realiza ajustes por estacionalidad a la gran mayoría de los indicadores económicos que produce. La razón es que la estacionalidad distorsiona el análisis de cualquier serie, entorpeciendo las conclusiones a las que se pueden llegar de lo que pasó en el último periodo bajo cuestión. Por ejemplo, diciembre se caracteriza por mayores ventas comparado con meses anteriores como resultado de las compras de Navidad y el pago de aguinaldos. Si el INEGI no nos ofreciera el indicador de ventas ajustado por estacionalidad, no podríamos saber si el aumento de ventas en el mes se debió simplemente a la estacionalidad o a otros factores. Las series “desestacionalizadas” son tan valiosas, que en muchos países (en especial Estados Unidos) los indicadores económicos se dan a conocer solamente ajustadas, sin divulgar las series originales.

A esta práctica existe una notable excepción: el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). Desde que el INPC era calculado por el Banco de México, no se realiza el ajuste. En su momento, no era tan cuestionado, ya que el Banco tiene la práctica de no ajustar las series que produce, o bien, por lo menos no divulgar estas series al público. En su momento, el Banco alegaba que no lo podía hacer por cuestiones jurídicas, ya que podía confundir al público, en especial en casos de contratos legales. Siempre se nos hizo una argumentación medio tonto, ya que, si fuera el caso ¿por qué todos los demás países presentan sus cifras de inflación ajustadas por estacionalidad? ¿Cómo es que se presenta la inflación subyacente? Nadie confunde la inflación general con la subyacente. Esto de la confusión seguramente fue argumento de un abogado que no entendía economía. Ha de ser el mismo que quiso modificar la ley de la gravedad o legislar la ley de la oferta y la demanda.

Cuando el INEGI asumió la responsabilidad del cálculo del INPC, algunos pensábamos que pronto tendríamos series ajustadas. Sin embargo, el INEGI no lo ha hecho, en buena medida porque la forma en que aplican los ajustes produce pequeñas variaciones a lo largo de la serie. Dado que el INPC se utiliza para muchos cálculos que tienen de por medio bases jurídicas, el cambio en los datos anteriores implicaría modificaciones a los valores con los que se ponen en práctica decisiones legales, lo que podría llevar a juicios jurídicos y reabrir casos ya resueltos.

La verdad es que aquí el INEGI se ahoga en un vaso de agua. Existen múltiples soluciones, siendo la mayoría muy sencillas. La más obvia sería tratar las series en la misma forma que Banxico reporta el tipo de cambio. Existen múltiples series del tipo de cambio, que si a la venta, a la compra, el spot, el forward, el interbancario, el de menudeo, el de mayoreo, el de las casas de cambio, el de las instituciones bancarias comerciales, etc., etc. Sin embargo, no existe “confusión” alguna, ya que en una serie en especial se reporta con la leyenda “para solventar obligaciones denominadas en dólares pagaderas en la República Mexicana”, mientras que es el único que el Banco publica en el Diario Oficial de la Federación (DOF) y que se estipula que es el que se debe utilizar para solventar obligaciones. Tan sencillo sería que INEGI le pusiera a la serie original del INPC “para solventar cálculos legales relacionadas a la inflación” y que solo publicara la serie original en el DOF. En forma paralela, INEGI puede poner en su Banco de Información Económica (BIE) las series ajustadas con la leyenda “solo para fines analíticos, por lo que no se debe utilizar para cálculos legales”.

Otra solución es que el INEGI haga el ajuste estacional como lo hace Estados Unidos. Cada vez que la Reserva Federal, el Buró de Estadísticas Laborales o el Buró de Censos dan a conocer el dato del mes, nunca realizan revisiones a los datos anteriores. De esta manera se soluciona el problema de los juicios legales. También le podría dar el mismo tratamiento a la tasa de desempleo urbana que, a pesar de ser la tasa más importante, no lo presenta en la primera página de su boletín de prensa, sino escondido en un párrafo allí por la página siete.

El INEGI va presentar pronto el cambio de base del INPC. Sería buen momento para introducir series ajustadas. Haría mucho para mejorar su credibilidad, algo que últimamente se ha puesto en tela de juicio.

El pasado viernes 13 de mayo, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en su entrega trimestral. Los datos que reporta para el primer trimestre son muy interesantes. Sin embargo, antes de comentar cifras, permítame mi queja tradicional sobre lo mal escrito que está el boletín de prensa. Todos sabemos que el indicador más significante de este informe es la tasa de desempleo. No hubo ni un solo medio que reportó alguna otra tasa primero, pues es obvio su importancia. Pero si leen ustedes el boletín, encontrarán que ni siquiera se menciona en la primera página. Habla primero de la población económicamente activa y de la población ocupada, cifras irrelevantes (en términos relativos) ante el interés del público. Nunca he entendido, no entiendo y no entenderé por qué el INEGI insiste en esta manipulación tan tonta. En fin…

De entrada, hay muy buenas noticias, pues la tasa de desempleo abierto nacional bajó a 4.21 por ciento, la más baja para un trimestre desde el tercero de 2008, es decir, desde la gran recesión de 2008-2009. También, la tasa de subempleo, que contabiliza las personas que no han logrado encontrar un trabajo de tiempo completo, bajó a 8.02 por ciento, que es una de las tasas más bajas observadas en los últimos seis años. Finalmente, la tasa de desempleo disfrazado, que contempla los desempleados inactivos (que forman parte de la población económicamente no activa, pero disponibles para trabajar), disminuyó a 16.49 por ciento de la PENA, también una de las tasas más bajas observadas en estos años. Lo que todavía no reporta el INEGI (aunque los datos allí están) es la brecha laboral, que es la suma de estas tres categorías como porcentaje de la fuerza laboral potencial.

En octubre de 2013, la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo adoptó formalmente las definiciones de fuerza laboral potencial (FLP) y brecha laboral. La primera es la suma a la fuerza laboral tradicional (la población económicamente activa) a los desempleados no activos (desempleo disfrazado), que se utiliza como denominador. Si expresamos el desempleo abierto, el subempleo y el desempleo disfrazado como porcentaje de la FLP, resulta que el desempleo tradicional es 3.6 por ciento (en vez de 4.0), el subempleo es 6.8 (en vez de 8.0) y el desempleo disfrazado es 10.2 (en vez de 16.5). Disminuyen las tres tasas ya que el denominador es más amplio, pero nos permite sumar las tres tasas para obtener la brecha laboral, que en el primer trimestre de 2016 disminuye a 20.7 por ciento, la más baja desde el último trimestre de 2008. Como quien dice, el panorama laboral regresa finalmente a niveles observados antes de iniciar la gran recesión.

La otra noticia interesante que sale de la ENOE, pero que tampoco lo reporte el INEGI explícitamente, es el ingreso promedio de los empleados y la masa salarial. Para construir estos indicadores tenemos que buscar en las partes más ocultas de la encuesta, ya que no se reporta en el Banco de Información Económica (BIE). Hay que buscar “encuestas en hogares” en el tabulador de “fuente/proyecto”, para buscar los “indicadores estratégicos” en la ENOE. Allí se tiene que descargar el archivo del primer trimestre de 2016 y ver los datos de “horas trabajadas a la semana” (renglón 252) y “ingresos por hora trabajada” (renglón 255) para obtener los ingresos por semana promedio del trimestre. Lo podemos deflactar por el INPC para obtener los datos en términos reales. Encontramos que el ingreso promedio real aumentó 0.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 1.7 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Si vemos ahora el empleo remunerado (renglón 46 menos renglón 52), encontramos que aumentó 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.3 por ciento en un año. Ahora, si multiplicamos el empleo remunerado por el ingreso promedio real, obtenemos la masa salarial real, posiblemente el indicador más relevante que tiene el INEGI sobre ingresos. Resulta que creció 1.6 por ciento respecto al último trimestre de 2015 y 4.1 por ciento respecto al primero del mismo año. Hemos buscado explicaciones para entender porqué el consumo de las familias aumentó el año pasado después de varios años de estancamiento. En 2013 la masa salarial real solo creció 0.5 por ciento y en 2014 disminuyó 4.1 por ciento, mientras que en 2015 aumentó 4.1 por ciento. Aunque todavía estamos por debajo de los niveles alcanzados en 2007, hubo una recuperación importante el año pasado, que se mantiene en el primer trimestre de 2016.

Ante la racha de tantas malas noticias, por lo menos algo refrescante.

El INEGI dio a conocer el crecimiento económico de febrero, mediante el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) y las cifras del comercio exterior de marzo. Con esta información empezamos a tener una mejor idea de lo que podría ser el crecimiento del primer trimestre de este año, en cara a la noticia de la estimación oportuna del PIB que dará a conocer el INEGI este viernes. No obstante, este trimestre resulta complicado por los efectos de calendario; en febrero hubo un día laboral adicional por el año bisiesto, mientras que en marzo hubo menos días por la Semana Santa. Esto significa que cualquier análisis de las tasas de crecimiento a partir de las series originales (sin corregir por efectos de calendario ni ajustar por estacionalidad) va resultar difícil de interpretar.

Por ejemplo, la tasa anual del IGAE de febrero fue 4.1 por ciento, un brinco significativo respecto a la de enero de 2.2 por ciento. Sin embargo, al corregir la serie por efectos de calendario e incorporar ajustes estacionales, la tasa anual de febrero fue 2.8 por ciento, ligeramente por debajo de la de enero de 2.9 por ciento. Lo que pasa es que al tener 20 días hábiles este año en vez de 19, aumenta el tiempo de trabajo en 5.3 por ciento. Sí aumentó la producción de febrero respecto al año pasado, pero solo porque hubo más días y no por mayor producción diaria.

La Semana Santa (jueves y viernes santos) fue 24 y 25 de marzo este año, mientras que el lunes 21 fue día de asueto por el natalicio de Benito Juárez. El año pasado, jueves y viernes santos fueron 2 y 3 de abril. Si comparamos marzo de este año con el mismo mes del año anterior, algunos establecimientos (por ejemplo, turismo) van a tener mayor crecimiento (por más días vacacionales), mientras que otros (fábricas, oficinas, etc.) tendrán menos. No obstante, en el agregado, estaremos comparando menos días hábiles este año con más del año anterior, por lo que es un hecho de que habrá una tasa anual negativa para el IGAE en marzo y una tasa menor a 2 por ciento para el trimestre. Por todas estas complicaciones se recomienda descartar el análisis del crecimiento mediante las series originales. En Estados Unidos se utiliza una sola serie (corregida y ajustada) para el cálculo de tasas mensuales, trimestrales y anuales.

Entonces, ¿qué podemos esperar para el trimestre haciendo a un lado todo el ruido de los efectos de calendario? Lo que ya sabemos es que enero fue un muy buen mes, con buenas tasas en minería y construcción, que permitieron un avance de 0.7 por ciento en las actividades secundarias (el mejor mes desde 2012), combinado con un desempeño regular de 0.3 por ciento en las terciarias. Al final, el IGAE avanzó 0.6 por ciento respecto al mes anterior. Febrero fue menos favorable en las secundarias, pero mejor en las terciarias, para un avance de 0.2 por ciento.

Los datos de comercio exterior para marzo no fueron buenos ni para las exportaciones (que se debe reflejar en la manufactura), ni para las importaciones (que marca el paso de la demanda agregada, que a su vez determina en parte las actividades terciarias). Por lo mismo, supongamos que el IGAE de marzo tenga un avance entre un intervalo de -0.2 y 0.3 por ciento. El escenario pesimista (-0.2 por ciento) nos da una tasa anual para el mes de 3.0 por ciento, la mejor que podemos observar desde noviembre 2012. Se traduce en un despeño de 0.8 por ciento para el trimestre y 2.9 por ciento a tasa anual. El escenario optimista (0.3 por ciento) significaría una tasa anual para marzo de 3.5 por ciento y 0.9 por ciento para el trimestre, que sería 3.1 por ciento respecto al primer trimestre de 2015.  En otras palabras, ya importa muy poco el desempeño de marzo en sí, ya que cualquier tasa del supuesto intervalo (y suponiendo que no hay revisiones de las tasas de meses anteriores) nos va decir que el primer trimestre de 2016 tuvo el mejor desempeño para la actividad económica desde el último trimestre de 2012.

Tomen nota de la diferencia en el análisis de la actividad económica a partir de series originales versus series corregidas y ajustadas debidamente. El que se va con la finta de usar series originales llegará a la conclusión de que el primer trimestre de 2016 fue el peor desde el segundo de 2014, mientras el que utiliza las series correctas verá que fue el mejor en lo que va el sexenio. Por lo mismo, he argumentado una y otra vez que el INEGI debería basar sus boletines de prensa solo en series corregidas y ajustadas y remitir las series originales al Banco de Información Económica (BIE).

Veremos el viernes.

TDUrbana 87-14

El INEGI anunció ahora, viernes 16 de enero, la tasa de desempleo urbano para diciembre. Resulta que disminuye significativamente (0.29 puntos porcentuales) de 5.37 por ciento en noviembre a 5.08 por ciento. Al mismo tiempo, revisan a la baja la tasa de los cinco meses anteriores en forma significativa, lo que cambia radicalmente el mensaje que venía transmitiendo. Hasta un día antes, veíamos que la tendencia de la tasa era lateral, alrededor de casi 6.0 por ciento durante prácticamente todo el año. Ahora resulta que a partir de agosto existe una tendencia marcadamente a la baja, que va de 6.0 por ciento en julio hasta 5.30 por ciento en diciembre.
Si examinamos de cerca las series, resulta que la original (sin ajustar) existe apenas desde enero de 2013 a la fecha. Sin embargo, como acta de magia, la serie ajustada (y la de tendencia-ciclo) están desde enero de 2005. Primera pregunta (obvia) es ¿cómo se las arregla para ajustar estacionalmente una serie de 24 meses? Segunda pregunta (todavía más enigmática), ¿cómo producen cifras ajustadas de 2005 a 2012 si no existen los datos originales? Tercera pregunta, ¿cómo se explica que la tasa sin ajustar (original) baja en diciembre a 4.35 por ciento, por mucho la más baja desde la gran recesión de 2008-2009? Sabemos que en diciembre disminuye la tasa por cuestiones estacionales, ¿pero tanto? El dato de diciembre parece ser un serio “outlier”, que hace reflexionar de nuevo en la medición de la tasa de desempleo.
La tasa de desempleo es uno de los indicadores más importantes de la coyuntura económica de un país, por lo que es sumamente importante contar con una serie homogénea muy larga. Por ejemplo, sin buscar mucho, uno puede acudir a la página de Internet del Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos y encontrar una serie mensual de 1948 a la fecha. Con estos datos se pueden realizar estudios valiosos sobre su comportamiento cíclico, estacional y coyuntural, además de analizar su tendencia a través del tiempo. En cambio, si nos vamos a la página del INEGI encontramos que la serie homogénea más reciente es a partir de enero de 2013. En otras palabras, mientras que Estados Unidos cuenta con 804 observaciones mensuales homogéneas y consecutivas, México cuenta con tan solo 24 (menos del tres por ciento de nuestros vecinos).
El problema central es que el INEGI ha cambiado de cobertura y metodología un sinnúmero de veces desde que empezaron los primeros esfuerzos en 1972 para medir el desempleo. El primer intento fue la Encuesta Nacional en Hogares (ENH), que se abandonó pronto para utilizar la Encuesta Continua de Mano de Obra (ECMO). Después tuvimos la Encuesta Continua sobre Ocupación (ECSO), hasta que se introdujo la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU) a fines de los ochenta. Aunque la ENEU duró 17 años, sufrió múltiples cambios, en especial de cobertura, que hicieron muy difícil la comparación de datos en el tiempo. Además, la metodología fue severamente criticado y sus resultados descartados por la mayoría de los analistas.
Finalmente, el INEGI introdujo en 2005 la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que incorporó mejorías notables que provinieron de las recomendaciones internacionales. Sin embargo, desde antes ya se había reducido significativamente la cobertura (de 48 a solo 32 ciudades) y el tamaño de la muestra) lo que provoca un error de estimación mayor y mucho mayor variabilidad en las tasas). En teoría, esta encuesta nos permitió empezar a construir una serie homogénea, congruente y creíble, que con el tiempo nos brindaría la información necesaria para realizar estudios serios. Aunque no es una serie larga que nos permite comparar el desempleo con la crisis de 1995 o con la década perdida de los ochenta, por lo menos ya estábamos por llegar a diez años de datos. Sin embargo, hace algunos meses (a partir del último trimestre del año pasado) el INEGI anunció que dejaba de actualizar la serie y en su lugar introdujo una nueva con cifras a partir de enero de 2013.
Al buscar los datos de desempleo en el Banco de Información Económica (BIE) del INEGI, nos encontramos con la siguiente nota: “En virtud de la reciente reforma constitucional que elevó la edad legal mínima para trabajar de los 14 a los 15 años, las cifras aquí contenidas corresponden al universo de las personas de 15 años de edad en adelante y, por lo tanto, las series anteriores cuya cobertura era la población de 14 años y más, ya no serán actualizadas”. En otras palabras, de nuevo tenemos un rompimiento en la serie.
En principio, esta noticia debería ser catastrófica para los analistas que buscan realizar estudios serios sobre el desempleo. Sin embargo, si comparamos la serie anterior con la nueva, encontramos que la variación entre ambas es realmente pequeño, alrededor de seis milésimas en promedio. Por lo mismo, podemos unir las dos series bajo el supuesto que la diferencia es no es estadísticamente diferente a cero y obtener una serie (más o menos) homogénea desde octubre de 1996. Es importante hacer notar que esto sólo se aplica a la tasa urbana, ya que la nacional solo existe a partir de desde abril de 2000.
Mediante varios supuestos verdaderamente heroicos, he reconstruido la serie de desempleo urbano desde 1987 a la fecha. En la gráfica se puede apreciar la gran volatilidad que tiene la tasa a través del tiempo. Si se fija la atención en el último dato, se ve claramente que la tasa de diciembre de 2014 es una aberración (outlier), muy por debajo de cualquier mes desde la gran recesión de hace seis años. Una primera hipótesis es que es el comienzo de una recuperación seria en la tasa de desempleo, aunque personalmente no lo creo. Una segunda hipótesis, es que simplemente corresponde a la volatilidad de la serie, producto de la muestra tan pequeño que utiliza el INEGI y que por lo tanto, regresará a una tasa más en línea en enero. Pienso que esta es mucho más plausible que la primera. Esperemos un mes para ver…

Mejor o Peor

Agosto 26th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La semana pasada el INEGI dio a conocer el PIB del segundo trimestre, que como se sabe fue 1.04 por ciento respecto al trimestre anterior (tasa marginal ajustada por estacionalidad) y 1.56 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior (tasa anual). Comentábamos que dado que la tasa anual que anuncia el INEGI en su comunicado de prensa es sin corregir por efectos de calendario, contendría un sesgo significativo a la baja; la tasa anual ya corregida fue 2.74 por ciento, visiblemente mayor al del trimestre anterior de 0.71 por ciento. En general, el resultado fue ligeramente superior a lo que se esperaba y refleja cierta recuperación de la actividad económica.
Siempre resulta interesante leer las notas de prensa y las columnas de opinión sobre el tema, ya que a mucha gente se les dificulta comprender la diferencia entre tantas tasas y cómo interpretar los resultados. Por ejemplo, un economista reconocido comparó las tasa anual de 1.56 por ciento con la de 1.88 por ciento del trimestre anterior y concluyó que íbamos de mal en peor. De entrada, no tomó en cuenta el sesgo por los efectos de calendario, algo que el INEGI solo menciona en una nota de pie de página y sin mencionar la cifra corregida. Tampoco tomó en cuenta que la tasa anual abarca cuatro trimestres, por lo que no se puede realmente decir que estamos mejor o peor mediante esta tasa.
Pero creo que el artículo que más me llamó la atención fue una columna escrito por un muy reconocido periodista financiero-económico. Dice que el dato del PIB refleja que sencillamente la recuperación no existe, sin embargo, se hace bolas con los números. De entrada saca el promedio de los dos primeros trimestres del año sin tomar en cuenta que la tasa de 0.28 por ciento del primer trimestre fue revisado al alza a 0.44 por ciento. Su resultado de 0.66 por ciento (que realmente es 0.74 por ciento) lo compara con el crecimiento del año pasado de 1.1 por ciento para concluir que estamos creciendo casi a la mitad de la actividad económica del año pasado.
En esta comparación de cifras, no se da cuenta que el crecimiento del año pasado de 1.1 por ciento fue el de todo un año, es decir, el acumulado de cuatro trimestres, mientras que el promedio de 0.66 por ciento que utiliza es de un solo trimestre. Si quiere hacer la comparación, tendría que concluir que crecimos más o menos lo mismo en un solo trimestre este año que en todo el año pasado. Difícilmente puede decir que crecimos menos.
Pero no lo deja allí, todavía se confunde más y hasta se burla de la SHCP porque menciona el sesgo que produce la Semana Santa por los efectos de calendario. El afirma que la SHCP dijo que la diferencia entre la tasa (marginal) de 1.04 por ciento y la tasa anual de 1.56 por ciento es lo que resulta de eliminar de las cifras del segundo trimestre el efecto de la Semana Santa, dado que ahora cayó en abril y el año pasado se produjo en marzo. Dice que eso no es lo que dice el INEGI y que además sería ilógico que quitando el efecto de siete días el PIB pase de crecer 1.04% a crecer 1.6 por ciento. Sin embargo, la comparación que apunta SHCP no es entre estas dos tasas, sino entre las tasas anuales de 1.56 por ciento sin corregir y la de 2.74 por ciento ya corregido. Parte del problema es que el INEGI no menciona la tasa corregida, por lo que hay que buscarla en el Banco de Información Económica (BIE) en su página.
Al final de cuentas, la confusión la crea el propio INEGI, primero al insistir en publicar la tasa anual y segundo, en presentarla sin corregir. En Estados Unidos se anuncia una sola cifra: la tasa marginal ajustada (que en este caso sería 1.04 por ciento), aunque a diferencia de nosotros la anualiza (que sería equivalente a 4.2 por ciento). Pero anualizada o no, la tasa de 1.04 por ciento es visiblemente mayor a las de los dos trimestres anteriores y es la segunda más elevada de los últimos ocho trimestres.
Algunas personas utilizan las tasas anuales de los trimestres para tratar de calcular el crecimiento del año y llegan a la conclusión de que es casi imposible que la economía termine creciendo 2.7 por ciento, como insiste SHCP. Sin embargo, si hacemos el análisis correctamente mediante las tasas marginales, encontramos que si la actividad económica crezca un poco más del 1.04 por ciento en estos dos trimestres, si se pudiera alcanzar. Si la economía crece igual, es posible llegar a 2.5 por ciento. Para crecer 2.4 por ciento o menos, necesitaremos una ligera desaceleración.
Por lo pronto, los datos hacen ver bien al rango de Banxico (entre 2.0 y 2.8 por ciento).

La Encuesta Nacional Sobre Confianza del Consumidor (ENCO) es conocido en México porque de sus resultados mensuales se calcula el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). Para su construcción se emplean las respuestas de cinco preguntas:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses, ¿cómo cree que es su situación económica en este momento?
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses respecto a la actual?
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?
  4. ¿Cómo considera usted que será la situación económica del país dentro de 12 meses respecto a la situación actual?
  5. Comparando su situación económica actual con la de hace un año, ¿cómo considera, en el momento actual, las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etcétera?

Las posibles respuestas son: mucho mejor, mejor, igual, peor y mucho peor. Se ponderan las respuestas a cada pregunta con valores incrementadas en 25 puntos desde cero a cien, con la finalidad de construir un subíndice para cada pregunta. De esta forma si el 100 por ciento de las respuestas son “mucho mejor”, el subíndice toma el valor de 100, mientras que si todas las respuestas fueran “mucho peor”, el subíndice sería cero. Finalmente se saca el promedio de los cinco subíndices para obtener el ICC, lo que se conoce como un indicador de difusión. En principio, el ICC y sus cinco subíndices son muy valiosos para que los analistas de la economía mexicana evalúan el “humor” de los hogares. Sin embargo, el INEGI igualó los resultados de enero de 2003 a 100, lo que limita el análisis y muchas veces genera confusión e imprecisiones.

Lo que no sabe mucha gente es que aunque el ICC está compuesto por cinco preguntas, la ENCO abarca 15.  La temática de la Encuesta se forma con la opinión de los encuestados sobre:

  • Situación económica, presente y futura de la persona entrevistada.
  • Situación económica, presente y futura de los miembros del hogar.
  • Situación económica, presente y futura del país.
  • Situación actual del consumo de bienes básicos como alimentos, zapatos y ropa, así como de bienes de mayor costo como televisor, lavadora y otros aparatos electrodomésticos.
  • Posibilidad de salir de vacaciones.
  • Posibilidad de ahorrar, en el presente y en el futuro.
  • Comportamiento esperado de los precios a futuro.
  • Situación del empleo en el país en los próximos 12 meses.
  • Poder de compra de la población para adquirir automóvil y casa en los próximos dos años.

Aunque el BIE del INEGI tiene las series completas de los cinco subíndices y el índice total de base enero de 2003 igual a 100, no publica los cinco subíndices en su versión original ni las series resultantes de las otras diez preguntas. La única forma de comparar uno de los subíndices con otro es en su versión original. Si el INEGI publicara los 15 subíndices originales, los analistas no solo pudieran realizar comparaciones válidas, sino también construir sus propios indicadores. Por ejemplo, su podrían agrupar las preguntas que abarcan la situación o percepción actual de los hogares para construir un índice de confianza actual, o bien, juntar las preguntas que indagan sobre las situaciones esperadas para calcular un índice de expectativas.

Las diez preguntas que no se dan a conocer son muy interesantes y de utilidad para el análisis de la coyuntura.  En especial, algunas provocan mucha atención para ciertos sectores de la economía.  Por ejemplo, las posibilidades de comprar un automóvil deben ser de gran relevancia para los productores y distribuidores de automóviles en el país, mientras que los planes de comprar, construir o remodelar una casa lo serán para las direcciones hipotecarias de las instituciones financieras, la industria de la construcción y el sector de bienes raíces del país. ¿Cuáles son estas preguntas?

Las 10 preguntas de la ENCO que no forman parte del ICC son:

  1. ¿Cómo describiría usted su situación económica comparada con la de hace 12 meses?
  2. ¿Cómo cree usted que será su situación económica dentro de 12 meses respecto a la actual?
  3. ¿En este momento tiene usted mayores posibilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos, etcétera que hace un año?
  4. ¿Considera usted que durante los próximos 12 meses usted o alguno de los integrantes de este hogar tendrán posibilidades económicas para salir de vacaciones?
  5. ¿Actualmente usted tiene posibilidades de ahorrar alguna parte de sus ingresos?
  6. ¿Cómo considera usted que serán sus condiciones económicas para ahorrar dentro de 12 meses comparadas con las actuales?
  7. Comparando con los 12 meses anteriores, ¿cómo cree usted que se comporten los precios en el país en los siguientes 12 meses?
  8. ¿Cree usted que el empleo en el país en los próximos 12 meses…?
  9. ¿Algún miembro de este hogar o usted están planeando comprar un automóvil nuevo o usado en los próximos dos años?
  10. ¿Algún miembro de este hogar o usted están planeando comprar, construir o remodelar una casa en los próximos dos años?

Como se puede apreciar varias de estas preguntas son sobre las posibilidades de comprar, ya sea bienes no duraderos, vacaciones, un automóvil o una casa, que complementan e forma natural a la que sí está considerada en el ICC sobre las posibilidades de comprar bienes duraderos. Por lo mismo, le pedimos las series de la Encuesta al INEGI de estas cinco preguntas y construimos un nuevo indicador que le llamamos “Posibilidades de Compra” (ver gráfica). Tratándose de un indicador de difusión, tiene un rango de cero (total pesimismo) a 100 (total optimismo), mientras que se puede considerar a 50 como el umbral relativo entre el optimismo y el pesimismo.

Para analizar este índice especial, le hemos añadido una línea de tendencia (polinómica de grado 6), que es la línea roja suavizada más gruesa. De entrada es interesante observar que el indicador nunca se ha acercado a la zona de optimismo, sino más bien a fluctuado de 2004 a 2014 entre un rango de 14 a 28 puntos. Se puede apreciar como disminuye significativamente en la recesión de 2008-2009, para después iniciar una recuperación a partir de 2010. También refleja muy bien el deterioro reciente de la economía mexicana a partir de 2013.

Los últimos datos de la gráfica nos señalan que los hogares perciben actualmente sus posibilidades de compra en forma muy pesimista, cerca de los mínimos históricos que se presentaron en la gran recesión en 2009. Sin embargo, mientras que la actividad económica disminuyó 4.7 por ciento en 2009, el PIB avanzó 1.1 por ciento en 2013. Parece ser que el pesimismo actual se debe más al deterioro continuo en el poder adquisitivo y en el ingreso personal disponible de los hogares, acentuado por los efectos nocivos de la reforma hacendaria.