Articulos sobre la economía Mexicana
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Cual es la Verdadera Pobreza

junio 21st, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Cual es la Verdadera Pobreza)

La semana pasada comentamos que la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) tiene dos fallas estructurales que resultan en subestimaciones de la pobreza por ingresos y de la desigualdad. Un estudio reciente realizado por dos investigadores del INEGI (Gerardo Leyva y Alfredo Bustos) desarrolla un método de ajuste estadístico que utiliza información fiscal y de cuentas nacionales para mejorar la estimación del ingreso proveniente de la ENIGH. Concluye que la incidencia de pobreza monetaria es de 30 por ciento de los hogares, comparada con el 44 por ciento que resulta de las cifras originales de la ENIGH y que el coeficiente de Gini tiene un valor de 0.63, en contraste de 0.44 de la ENIGH. En otras palabras, confirma las hipótesis de que no somos tan pobres pero nuestra distribución del ingreso es mucho más inequitativa.

En principio, los resultados están intuitivamente correctos y hace sentido todo lo que hacen. Pero bien sabemos que es muy difícil separar el interés académico del político en un tema tan sensible. De entrada, se desató una gran polémica el año pasado cuando Coneval rehusó medir la pobreza para 2015 ante los cambios que introdujo el INEGI en los criterios para la captación y verificación de los datos en la Encuesta. Después el gobierno impuso ilegalmente una Directora General de Sedesol a la Junta de Gobierno del INEGI, que muchos interpretaron que llegaba con agenda preestablecida para adecuar los resultados de la Encuesta a los intereses oscuros de ciertos políticos. Finalmente, estamos en la antesala de las elecciones presidenciales en las cuales el gobierno actual ha mostrado ser capaz de hacer lo que sea para mantenerse en el poder.

El PRI anunció su regreso con bombo y platillos. Nos dijeron que era el “Momento México”. El crecimiento económico estaría arriba de 5 por ciento en forma sostenida. Tendríamos estabilidad macroeconómica plena sin problemas fiscales. Disminuiría la pobreza y mejoraría la distribución del ingreso. Terminaría la violencia, asesinatos e inseguridad pública. Sin embargo, casi cinco años después el crecimiento promedio apenas supera 2 por ciento, la pobreza no ha disminuido, la inflación se ubica más del doble que el objetivo, la deuda pública rebasa 50 por ciento del PIB, la inseguridad ha aumentado notablemente, hay más asesinatos y los niveles de confianza, tanto empresarial como del consumidor, están en mínimos históricos. Peor aún, nunca hemos enfrentado tanta corrupción e impunidad. El gobierno no sabe qué hacer ni cómo proceder, pero quiere mantener el poder. El sospechismo está en su máximo, por lo que éste estudio contribuye a la controversia.

No obstante, sí necesitamos una mejor medida de la pobreza por ingresos. No puede ser que la pobreza en México es casi 2.6 veces mayor a Brasil e incluso peor que en países como Bolivia. En un sentido perverso, al gobierno le conviene tener un patrón inflado de pobreza para comprar más votos y perpetuarse en el poder. Pero por el otro lado, necesitamos una medida de pobreza consistente a través del tiempo. La única forma de poder evaluar los programas sociales y las políticas públicas es con una barra de medición homogénea. En aras de mejorar la medición de la pobreza, si vamos cambiando la metodología y los criterios de aplicación de la ENIGH cada rato, nunca vamos a poder calificar adecuadamente los esfuerzos para reducirla.

Al final de cuentas ¿qué es mejor? ¿Tener cada vez más una medición más precisa de la pobreza, pero sin poder calificar los esfuerzos para abatirla?, o bien, ¿tener una medición no tan precisa pero consistente a través del tiempo, que nos permite evaluar los programas sociales, pero sin realmente conocer la dimensión correcta de la pobreza? La verdad es queremos y necesitamos ambas, es decir, tener una medición precisa y homogénea a través del tiempo. Pero ¿cómo lo podemos lograr?

La responsabilidad de la medición de la pobreza es de Coneval. La responsabilidad de la ENIGH es del INEGI. Esta acordado por ambas instituciones divulgar los resultados tanto de la ENIGH como de la pobreza el 28 de agosto. En teoría, están trabajando juntos, pero ¿cómo van a conciliar ambos objetivos? Es casi un hecho, de que, si el INEGI mejora la aplicación de la ENIGH, la medición de la pobreza no podrá comparase con años anteriores. Pero si no lo mejora, seguiremos sobreestimando la pobreza.

La Verdadera Pobreza

agosto 15th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Verdadera Pobreza)

Cuando el INEGI dio a conocer los resultados del Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) de 2015 el pasado 15 de julio, se vio envuelto en [quizás] el mayor escándalo en toda su historia. Resulta que introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos, de tal forma que ya no sea comparable la información con años anteriores. El INEGI ha introducido cambios en metodologías y formas en levantar su información en múltiples ocasiones anteriores, pero en esta ocasión causó controversia al no realizar consulta previa ni abrir primero el tema a un mínimo debate. La molestia de Coneval, el instituto encargado de medir oficialmente la pobreza mediante las cifras del MCS, fue tan grande que, al final de cuentas, simplemente rehusó medir la pobreza para 2015. Causó mucha suspicacia, dado que las cifras de pobreza resultan sustancialmente menores a los años anteriores. El golpe al INEGI fue tremendo, especialmente en términos de credibilidad, confianza y transparencia.

En principio, el escandalo llegó a su fin cuando el INEGI y el Coneval limaron asperezas al reunirse y discutir opciones al futuro. En principio, acordaron realizar la encuesta (ENIGH) este año de tal forma que los resultados sean comparables con los años anteriores. Esto implica sacrificar las mejoras que realizó el INEGI en el MCS para tener en el futuro comparabilidad a través del tiempo. En otras palabras, resulta más importante para el Coneval saber si aumenta o disminuye la pobreza a través del tiempo, a tener una medición de una vez por todas más sólida.

No obstante, queda pendiente tener una mejor medición de la pobreza para nuestro país. Sin menospreciar la dimensión del problema en México, queda claro que el número en nuestro país no es sustancialmente mayor al resto de América Latina. Sin embargo, la CEPAL realizó un estudio que concluye que la proporción de pobres en México es 2.6 veces a la de Brasil y que incluso, mayor a la de Bolivia, uno de los países más pobres del continente. Casi todos los analistas criticaron el estudio por irresponsable, malhecho, desorientador y francamente erróneo. El problema es que son mediciones diferentes, que no se pueden utilizar para comparaciones. No obstante, el estudio dejó claro que la medición de la pobreza en México está claramente sobreestimada.

¿Por qué? El problema no surge de la metodología empleada por Coneval. Es de vanguardia y resultado de una discusión académica muy nutrida. Tampoco se ubica en la metodología empleada en la encuesta levantada por el INEGI; fue resultado de discusión y diseño del propio Coneval. El problema radica en que existe un incentivo perverso en este tipo de encuestas para subestimar los ingresos. Pongamos un ejemplo de un hogar que obtiene un subsidio de Prospera y al mismo tiempo, recibe una remesa mensual de familiares que radican en Estados Unidos. Si declara la totalidad de sus ingresos, podría perder su participación en Prospera. Resulta que las encuestas captan menos del 10 por ciento de las remesas reportadas por Banxico. Pensemos en un hogar cuyos ingresos provienen totalmente de la informalidad (seis de cada 10 empleos en el país); ¿a poco van a decirle al INEGI todo lo que ganan? Veamos otro ejemplo, de una familia de clase media acomodada que no participa al SAT la totalidad de sus ingresos. No vaya ser que el INEGI comparte los resultados de la encuesta con el SAT. Los más ricos del país ni siquiera están contemplados en la muestra.

Al final de cuentas, nos guste o no, no tenemos tantos pobres en el país como sugieren las encuestas, en tanto que la distribución del ingreso es realmente mucho peor de lo que revela. Las cifras de 2014 dicen que el 46.2 por ciento de la población vive en situación de pobreza, sin embargo, el nuevo módulo dice que la proporción realmente es de 36.7 por ciento, casi 10 por ciento menos. Pero aguas, no significa que la pobreza se ha reducido en 9.5 puntos porcentuales, sino que anteriormente estaba sobreestimada.

Entiendo porque Coneval no quiere perder la comparabilidad con el pasado. Pero también estimo que necesitamos una mejor medición en términos absolutos. No solo de la pobreza, sino también de la distribución del ingreso. Lo que necesita INEGI es proporcionar todo lo anterior: una mejor medición y comparabilidad con el pasado, no uno u otro. Ese es el verdadero reto.

Mal de Muchos

diciembre 9th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Mal de Muchos)

Desde hace dos décadas, el comportamiento económico de México ha estado atado al de Estados Unidos. El crecimiento promedio de 2014 a 2016 se estima alrededor de 2.5 por ciento anual para ambos países. Si lo comparamos con el promedio (ponderado) mundial, que se espera sea cerca de 2.9 por ciento, deberíamos concluir que no estamos tan mal. Los países que jalan el promedio hacia arriba, como India y China, son muy distintos a nuestro país y al final no son los ejemplos que queremos seguir. Existen muchos otros países que crecen más, como Panamá y Bolivia, pero que tampoco son modelos para nosotros.

Desde que México y muchos otros países de América Latina resolvieron su crisis de deuda externa mediante el Plan Brady, siempre nos han comparado con los tres países más grandes de la región, que son Argentina, Brasil y Venezuela. Me acuerdo haber sido invitado en 1989 a formar parte de un consejo asesor de un fondo de inversión en bonos soberanos, que buscaba altos rendimientos en la región. Al salir de la década perdida en la cual nadie quería saber de nosotros, no existía mucho conocimiento de nuestros países, que en aquel entonces se consideraban medio exóticos. Posteriormente, incorporamos una consultoría con los demás asesores de aquel consejo, que brindaba estudios comparativos de estos países. Años después, trabajé como economista para América Latina de un banco con intereses en toda la región. El hilo común en todo este tiempo era la comparación continua de las economías de la región, pero siempre con especial énfasis en los “big four” (los cuatro grandes).

En momentos, todos compartimos los mismos problemas macroeconómicos: falta de crecimiento, inflación galopante, déficit fiscal creciente, desequilibrios externos y deuda excesiva. Con el tiempo, fuimos resolviendo estos problemas, algunos mejores que otros. Pero posiblemente lo mejor de todo es que fuimos aprendiendo nuestras lecciones, lo que no se debe hacer y lo que sí se debe hacer. En general, la región encontró el equilibrio macroeconómico y poco a poco empezó a crecer algo más.

El crecimiento de México no está donde queremos, pero tampoco está mal si vemos el entorno mundial. Nuestra inflación se ubica en un mínimo histórico, el déficit fiscal todavía manejable y no tenemos un desequilibrio externo. Nuestra calificación soberana se ubica en A3. Sin embargo, si volteamos a ver a los otros tres, parece que olvidaron las lecciones del pasado: todos sufren un deterioro macroeconómico impresionante.

Argentina crece por debajo del uno por ciento con inflación superior al 20 por ciento. No obstante, nadie puede creer las estadísticas que produce el INDEC; lo más seguro es que la inflación está al doble y el crecimiento a la mitad. La calificación riesgo-país se ubica en SD (semi-default), tiene un déficit fiscal superior al 5 por ciento del PIB y la tasa de interés se ubica alrededor de 27 por ciento. Los problemas económicos (y políticos) han llevado a la dinastía Kirchner a la derrota en las urnas.

Se estima que el crecimiento promedio anual del PIB de Brasil para 2014-2016 será negativa (alrededor de -1.5 por ciento), mientras que su inflación ya entró al terreno de los dos dígitos. La producción industrial en 2015 disminuirá -7.5 por ciento, mientras que se anticipa un déficit fiscal de 9.5 por ciento del PIB. La calificación riesgo-país ya se ubica en la zona especulativa de BB+, con perspectiva negativa. La población y el Congreso buscan la fórmula que sea para forzar la renuncia de Dilma Rousseff.

Venezuela tiene actualmente la peor administración económica de cualquier país del mundo. El crecimiento promedio anual esperado el PIB de estos tres años es -5.4 por ciento, mientras que la inflación ya supera 180 por ciento. La producción industrial cae a un ritmo de -11.6 por ciento y el déficit fiscal se ubica en 9.4 por ciento del PIB. La calificación de riesgo-país se encuentra en CCC y con perspectiva negativa. Al igual que en Brasil y Argentina, la población busca cómo deshacerse de su presidente.

En noviembre el “spread soberano” de México se ubicó en 218 puntos base (pb), mientras que en Brasil estaba en 432, Argentina 487 y Venezuela en 2605 pb. ¿Qué pasó con nuestros vecinos sudamericanos? ¿Cómo fue que perdieron la brújula y olvidaron las lecciones de las décadas anteriores?

Puede ser que México no crece lo que queremos, pero por lo menos crecemos y mantenemos los equilibrios macroeconómicos. Por lo pronto, debemos voltear al sur para recordar lo que pudiera pasar. Mal de muchos, ¿consuelo de tontos?

Mexico y America Latina

mayo 15th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Mexico y America Latina)

Los dos últimos años han sido de una verdadera decepción en cuanto al crecimiento económico para México. Después de crecer en promedio 4.3 por ciento en los tres últimos años del sexenio anterior, el Pacto para México y las reformas estructurales prometían que nos iba ir todavía mejor. Sin embargo, con crecimientos de 1.4 y 2.1 por ciento para 2013 y 2014, respectivamente, el promedio de 1.8 por ciento para este sexenio se ubica por debajo del promedio sexenal de los últimos cinco sexenios.
Buscando algo alentador en estos números, podemos decir que, aunque lentamente, la economía parece estar mejorando. La SHCP propuso desde el año pasado que pudiéramos crecer 3.7 por ciento este año y así subir el promedio a 2.4 por ciento. Pero sin ser tan optimista, las últimas encuestas colocan al consenso en 2.9 por ciento para este año, que de materializarse subiría el promedio (de los tres años) a 2.2 por ciento.
El problema que tenemos es que los resultados del primer trimestre han sido malos, por lo que necesitaremos recuperar bastante terreno en los siguientes tres trimestres si queremos alcanzar el consenso actual. Los datos que dio a conocer el INEGI ayer (martes 12) de la producción industrial a marzo fueron decepcionantes. Las actividades secundarias disminuyeron -0.02 por ciento en marzo respecto al mes anterior y su tasa anual se coloca en apenas 1.4 por ciento, por debajo del avance de 1.8 por ciento alcanzado el año pasado). Pero lo que más inquieta es que la tendencia-ciclo ha permanecido estancada (cero por ciento de crecimiento) en los últimos cuatro meses. Más preocupante aún, fueron las cifras de la producción manufacturera (por representar nuestro principal motor de crecimiento), que cayeron -0.95 por ciento en marzo y cuya tasa anual de 2.4 por ciento es la más baja que se ha observado en los últimos 15 meses.
Dicen que es consuelo de tontos comparase con los demás, pero de vez en cuando debemos enfocarnos en el vaso medio lleno. Las mismas encuestas que señalan que México crecerá alrededor de 2.9 por ciento y experimentará una tasa de inflación fin de año de 3.1 por ciento en 2015, nos colocan por arriba de la media de América Latina. El consenso para el promedio de la región en cuanto a crecimiento económico es 0.5 por ciento, mientras que la inflación se ubica en 14.6 por ciento. El peor país es Venezuela, que presenta un derrumbe espectacular a raíz del desplome del precio del petróleo: su actividad económica va disminuir -6.0 por ciento y su inflación alcanzará 109.9 por ciento.
Sin embargo, debemos reconocer que el caso de Venezuela es una aberración (“oulier”) para la región, que distorsiona la media y hacer ver bien a todos los demás. Pero si eliminamos a Venezuela de los cálculos, la media para el crecimiento de la región sube tan solo a 1.0 por ciento, mientras que la inflación baja a 7.2 por ciento. En otras palabras, aun sin considerar a Venezuela, las perspectivas para México son muy superiores al promedio del resto de los países.
Hay algunos países de América Latina que les va ir mucho mejor a nosotros. Por ejemplo, Panamá vuelve ser la estrella con crecimiento esperado de 6.3 por ciento y una tasa de inflación de tan solo 2.2 por ciento. Nicaragua y la República Dominicana crecerán 4.7 por ciento, mientras que Bolivia avanzará 4.5 por ciento. Sin embargo, son países muy pequeños que no pintan mucho en el promedio. En cambio, los países más grandes son los que menos van a crecer. Brasil, el monstruo de la región verá una disminución de -1.1 por ciento, Argentina (tercer lugar en cuanto a tamaño) tendrá una caída de -0.5 por ciento y Chile (que por muchos años fue el campeón) avanzará 2.8 por ciento. De los siete países más grandes, solo Colombia (3.4 por ciento) y Perú (3.7 por ciento) crecerán más que México.
Algunas personas han señalado que la inflación de México (3.1 por ciento) es la más elevada de los países de la OCDE. Sin embargo, si nos comparamos con los 18 países más importantes de nuestra región, solo cuatro terminarán este año con una tasa inferior a México. Los dos países con inflación más bajas (El Salvador y Panamá) utilizan el dólar como su moneda (y tendrán inflaciones de 1.4 y 2.2 por ciento, respectivamente), mientras que Perú (2.8 por ciento) y la República Dominicana (2.6 por ciento) terminarán el año ligeramente por debajo de México. En cambio, Argentina (21.2 por ciento o más), Brasil (7.9 por ciento) y Uruguay (7.6 por ciento) experimentan tasas mayores.
Si tomamos en cuenta lo complicado que se encuentra el entorno económico mundial, no nos deberíamos quejar. Parece ser que sólo Asia-Pacífico crecerá en promedio más que nosotros (4.7 por ciento).