Articulos sobre la economía Mexicana
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Artículo IV

noviembre 15th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Artículo IV)

Cada año, un equipo de economistas del Fondo Monetario Internacional visitan a México para examinar el desarrollo económico y financiero y discutir las políticas económicas con el gobierno y el banco central, dentro de un proceso llamado “Consulta del Artículo IV”. Al terminar, el FMI emite su reporte que luego se da a conocer al público. Lo primero que hice fue leer por encima el boletín de prensa emitido en conjunto por la SHCP y Banxico y me pareció muy similar a algo escrito por el Banco, con muchas flores a la estabilidad macroeconómica del país. Sin embargo, después de leer con más cuidado el reporte completo, encontré muchas críticas y observaciones agudas de sumo interés.

De entrada, me llamó la atención de que mientras que casi todas las encuestas de consenso señalan igual o más crecimiento económico en 2018 que 2017, el FMI anticipa una desaceleración. También ve que el crecimiento promedio de mediano plazo del país estará alrededor de 2.7 por ciento, prácticamente igual al que hemos experimentado este sexenio (el promedio de los cuatro primeros años es de 2.6 por ciento), suponiendo que tengamos un TLCAN 2.0 exitoso. De forma muy explícita, dice que la alta corrupción y la debilidad del estado de derecho siguen limitando nuestras posibilidades de crecimiento. Opina que existe la necesidad de mejorar la eficiencia y calidad del gasto público y que sería muy recomendable tener un consejo fiscal independiente, bien fondeado para asegurar la responsabilidad fiscal.

El FMI subraya el hecho de que después de la aprobación del Pacto para México hace cinco años, no ha aumentado el crecimiento económico. Las reformas de energía, telecomunicaciones, fiscal y financiera tienen avances, pero falta llevar a cabo las de educación, mercado laboral y proceso judicial. El escrito recuerda que el gobierno estimó que el crecimiento económico estaría entre 4 y 5 por ciento con las reformas estimadas, en contraste con las proyecciones actuales del organismo de 2.7 por ciento, casi igual al promedio de los últimos 20 años.

El reporte reconoce que México ha instrumentado muchos programas para abatir la pobreza entre 1997 y 2016, pero básicamente dice que no han servido para mucho, ya que señala que la pobreza y la inequidad del ingreso permanecen elevadas. Señala que la tasa de pobreza nacional va en aumento en los últimos años y que dominan las desigualdades regionales. Señala el problema de informalidad, mientras que dice que la corrupción es muy alta y extendida. Recomienda al gobierno otorgar más prioridad en reformas que puedan reducir la corrupción, mejorar la seguridad, fortalecer el estado de derecho y bajar la informalidad, ya que son obstáculos importantes a la inversión y al crecimiento.

Hubo un momento en mi lectura que de plano me puse a reír. En forma elegante, el FMI critica la política de comunicación y transparencia del Banco de México. Dice que las minutas que publica el Banco son excesivas y llenas de discusiones repetitivas. Incluso, incluye una gráfica que compara el número de palabras promedio de las minutas publicadas por los bancos centrales de México, Chile, Colombia y Perú, para mostrar que Banxico pone casi lo doble que Chile, cinco veces más que Colombia y como 10 más que Perú. También señala que la información que transmita el Banco es mucho menos efectivo en México comparado con otros países, ya que no ayuda mucho a predecir decisiones de política futuras. Implícitamente, le dice a la Junta de Gobierno que echan demasiado rollo y que sus discusiones son aburridas. Termina por sugerir que Banxico podría fortalecer su política de comunicación y transparencia para mejor el anclaje de expectativas e incrementar la eficacia de la política monetaria. Pues ya le dejó tarea al futuro Gobernador.

Al final de cuentas, es un buen reporte, balanceado, que resalta lo bueno, sin dejar de señalar las faltas y con recomendaciones bien fundamentadas. Realmente no dice nada nuevo o algo que no sabíamos. Por ejemplo, pone el dedo en la llaga al enfatizar que el gobierno tiene que emprender a fondo una lucha verdadera contra la corrupción, algo que prácticamente toda la sociedad reclama a gritos. Pero ahora lo dice muy formalmente el FMI, uno de los organismos internacionales de mayor peso. Ojalá que no solamente lo lean nuestros políticos, sino que pongan en práctica las recomendaciones.

Estabilidad Macroeconómica

diciembre 23rd, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Estabilidad Macroeconómica)

Desde hace más de una década las autoridades fiscales y monetarias, junto con la propia presidencia de la República, han argumentado que dentro de lo mejor que tiene el país es la estabilidad macroeconómica; lo que llaman buenos “fundamentos económicos”. Esto consistía de una inflación cercana al objetivo del Banco Central, una balanza de pagos sin problemas ni mayor vulnerabilidad, un sistema bancario capitalizado y sin cartera vencida, finanzas públicas sanas y una deuda pública baja como proporción del PIB. Esto debería traducirse en un tipo de cambio estable y tasas de interés relativamente bajas, que a su vez conduciría a un ambiente de confianza, propicio para inducir inversión y generar empleo. Lo único que faltó en esta descripción de un país de maravillas era mayor crecimiento económico. No obstante, nos dijeron que, con las reformas aprobadas, ya estaríamos creciendo por encima de 5 por ciento anual.

De alguna forma u otra, las agencias calificadoras de riesgo-país estaban de acuerdo. Después de la crisis “tequilera” de 1995, Moody’s había mejorado la calificación soberana de México en 6 ocasiones, desde un Ba3 hasta A3, sin bajarla en ni una sola ocasión. S&P lo ha aumentado 5 veces (aunque sí lo bajó una vez en 2009), también para llevarla desde un BB- hasta BBB+. Salvo Chile, México ha sido el país mejor calificado de la región. Desde 2002, las 3 agencias, incluyendo a Fitch, nos han considerado como “grado de inversión”. La crisis de la “gran recesión” fue una prueba severa para México, que libramos muy bien. Incluso, en los 3 años siguientes, de 2010 a 2012, México logró crecer en promedio por arriba de 4 por ciento.

¿Qué fue lo que pasó para que ahora las 3 agencias nos hayan puesto en “perspectiva negativa”? Poco a poco, la estabilidad macroeconómica se ha demolido y ahora está en tela de juicio. No estamos tan mal como para perder el grado de inversión, pero sí para bajar uno o dos peldaños. Tenemos un déficit en la cuenta corriente que permanece por arriba de 3 por ciento del PIB, a pesar de un ajuste en el tipo de cambio que ya supera 50 por ciento. La nueva dirección de la política monetaria de Estados Unidos, hace que nuestra dependencia creciente en la inversión extranjera de cartera nos haga más vulnerables. Tenemos un déficit fiscal elevado, que no ha podido reducir el gobierno, y como consecuencia, una deuda pública creciente que ya cruzó el umbral del 50 por ciento del PIB. Por más promesas que hace la SHCP, sigue subiendo la deuda. No queda claro que los esfuerzos anunciados en el presupuesto para 2017 vayan hacer suficientes. A esta situación, tenemos que añadir el problema escandaloso de la deuda pública estatal.

Ambos desequilibrios han llevado a que las autoridades instrumenten una política económica restrictiva, con miras a reducir el poco crecimiento económico que tenemos. Al mismo tiempo, es casi un hecho de que la inflación seguirá en aumento, posiblemente terminando el año entrante por encima de techo del rango de variabilidad. También enfrentamos la posibilidad de que la SHCP tenga que anunciar más recortes al gasto, lo cual complica todavía más el escenario.

La situación ha derivado en una crisis de confianza, en la cual el consumidor ya ve con mayor pesimismo la situación económica actual y futura del país, a tal grado que nunca antes (desde que existe el indicador) hemos visto la economía con tanto pesimismo. La inversión se ha enfrenado, las exportaciones disminuyen, el gasto público se estrecha y el consumo de los hogares (lo único que crece) ya muestra signos de desaceleración. Pero no le podemos echar la culpa a Trump, porque todo esto era lo que teníamos antes de las elecciones del 8 de noviembre pasado. Con Trump en la mira, ahora tenemos más volatilidad cambiaria, menores flujos de capital de inversión extranjera, mayor traspaso del tipo de cambio hacia la inflación, mayores alzas en la tasa de política monetaria y menor inversión privada ante la incertidumbre creciente. Todo lo anterior se va derivar en menos crecimiento económico, menor generación de empleo, mayor informalidad y una brecha laboral creciente.

Si era cierto que nuestra fortaleza era la estabilidad económica, estamos viendo cómo se desmorona. En parte, ha sido resultado de un entorno externo desfavorable, pero también de una política económica equivocada.

Hechos Estilizados

junio 19th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Hechos Estilizados)

Después de permanecer mucho tiempo fluctuando alrededor de los 13 pesos por dólar, desde de mediados de octubre del año pasado el tipo de cambio (“fix”) ha mostrado una tendencia al alza y mucho más volatilidad. Hace una semana y media registró un nuevo máximo histórico de 15.6958 pesos, que lo situó un poco más de 20 por ciento por arriba de los niveles observados hace ocho meses. Cuando se observó la depreciación en un principio, la mayoría de los analistas anticipaban que el tipo de cambio bajaría pronto, ya que los movimientos parecían obedecer más a expectativas e incertidumbre relacionada con las intenciones de la Reserva Federal, más que a cambios en los flujos efectivos de divisas. Sin embargo, no hubo tal apreciación y ahora la expectativa es de que permanezca en los niveles actuales, con posibles episodios de mayor volatilidad en los próximos meses.

Queda claro que más que una debilidad del peso frente al dólar, los movimientos obedecen al fortalecimiento del dólar respecto a la gran mayoría de monedas del mundo. Incluso, el peso se ha apreciado contra muchas otras monedas, por lo que su debilidad es totalmente relativa. En ocasiones anteriores, una depreciación significativa del peso se traducía (después de cierto lapso) en una mejoría en las exportaciones. Sin embargo, no queda tan claro cuál terminará siendo su efecto en esta ocasión, dado que si bien ganamos competitividad respecto al dólar, muchas otros países han ganado respecto a nosotros.

Resulta interesante la depreciación, ya que no se han observado grandes cambios en los flujos comerciales y financieros con el exterior. Si bien han disminuido las exportaciones petroleras, los dólares que obtiene Pemex no pasan por el mercado cambiario, sino se venden directamente al Banco de México. Aunque los flujos financieros (inversión extranjera de portafolio) han disminuido, tampoco se ha observado salidas masivas de capital. Obviamente han influido mucho las expectativas, pero ¿qué más está detrás de la determinación del tipo de cambio? Para contestar la pregunta, vale repasar ciertos hechos estilizados del peso mexicano.

De entrada, nuestra moneda se ubica entre las diez más intercambiadas en el mundo; parece ser que fluctúa entre el sexto y octavo lugar. No obstante, es la de mayores transacciones de cualquier país emergente. Me dicen que en un día normal se intercambian entre 10 y 15 mil millones de dólares, aunque algunos me comentan que el monto es todavía mayor. Esto significa que en un par de días se realizan transacciones con el peso equivalentes a un mes completo de nuestras exportaciones totales.

¿Por qué? Primero, al ser un país muy abierto, existe un intercambio comercial muy grande con el resto del mundo. Esto significa que existe mucha liquidez de pesos en los mercados. Por ejemplo, las exportaciones mexicanas superan el 70 por ciento de todas las exportaciones de América Latina. Segundo, México es una economía muy bien calificada a nivel de riesgo-país. Moody’s lo califica con el equivalente a un “A-”, por arriba de la mayoría de los países emergentes. Aunque Chile tiene mejor calificación, su moneda no tiene la liquidez ni el tamaño de mercado para ser relevante. Por ejemplo, México pertenece al World Government Bond Index (WGBI), junto con otros 21 países desarrollados, justamente por la relación de liquidez y riesgo/rendimiento que ofrecen nuestros bonos.

¿Esto qué significa? Que nuestra moneda es utilizada por muchos otros países para operaciones de derivados, coberturas, opciones, futuros, forwards, etc., que poco tienen que ver con nuestra economía per se. Se estima que más del 60 por ciento de todas las operaciones del peso se realiza fuera del país y por motivos ajenos a nuestros flujos comerciales y financieros. En otras palabras, por las características de nuestra moneda se utiliza para muchas transacciones internacionales independientes a nuestra economía; en buena medida, la determinación del tipo de cambio del peso mexicano no es endógena al país.

Al final de cuentas, nuestra moneda opera en diferentes mercados, cada uno con su propia oferta y demanda. Por ejemplo, el mercado de billetes en las casas de cambio en el aeropuerto maneja un tipo de cambio diferente al mercado al mayoreo interbancario o al de documentación en los bancos. Igual sucede con las operaciones de futuros en Chicago. Aunque hay vasos comunicantes entre estos mercados, cada uno tiene su propia dinámica. Pero en buena medida, esto significa es que la Comisión de Cambios tiene menos injerencia en el mercado de lo que pensamos.

Mexico y America Latina

mayo 15th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Mexico y America Latina)

Los dos últimos años han sido de una verdadera decepción en cuanto al crecimiento económico para México. Después de crecer en promedio 4.3 por ciento en los tres últimos años del sexenio anterior, el Pacto para México y las reformas estructurales prometían que nos iba ir todavía mejor. Sin embargo, con crecimientos de 1.4 y 2.1 por ciento para 2013 y 2014, respectivamente, el promedio de 1.8 por ciento para este sexenio se ubica por debajo del promedio sexenal de los últimos cinco sexenios.
Buscando algo alentador en estos números, podemos decir que, aunque lentamente, la economía parece estar mejorando. La SHCP propuso desde el año pasado que pudiéramos crecer 3.7 por ciento este año y así subir el promedio a 2.4 por ciento. Pero sin ser tan optimista, las últimas encuestas colocan al consenso en 2.9 por ciento para este año, que de materializarse subiría el promedio (de los tres años) a 2.2 por ciento.
El problema que tenemos es que los resultados del primer trimestre han sido malos, por lo que necesitaremos recuperar bastante terreno en los siguientes tres trimestres si queremos alcanzar el consenso actual. Los datos que dio a conocer el INEGI ayer (martes 12) de la producción industrial a marzo fueron decepcionantes. Las actividades secundarias disminuyeron -0.02 por ciento en marzo respecto al mes anterior y su tasa anual se coloca en apenas 1.4 por ciento, por debajo del avance de 1.8 por ciento alcanzado el año pasado). Pero lo que más inquieta es que la tendencia-ciclo ha permanecido estancada (cero por ciento de crecimiento) en los últimos cuatro meses. Más preocupante aún, fueron las cifras de la producción manufacturera (por representar nuestro principal motor de crecimiento), que cayeron -0.95 por ciento en marzo y cuya tasa anual de 2.4 por ciento es la más baja que se ha observado en los últimos 15 meses.
Dicen que es consuelo de tontos comparase con los demás, pero de vez en cuando debemos enfocarnos en el vaso medio lleno. Las mismas encuestas que señalan que México crecerá alrededor de 2.9 por ciento y experimentará una tasa de inflación fin de año de 3.1 por ciento en 2015, nos colocan por arriba de la media de América Latina. El consenso para el promedio de la región en cuanto a crecimiento económico es 0.5 por ciento, mientras que la inflación se ubica en 14.6 por ciento. El peor país es Venezuela, que presenta un derrumbe espectacular a raíz del desplome del precio del petróleo: su actividad económica va disminuir -6.0 por ciento y su inflación alcanzará 109.9 por ciento.
Sin embargo, debemos reconocer que el caso de Venezuela es una aberración (“oulier”) para la región, que distorsiona la media y hacer ver bien a todos los demás. Pero si eliminamos a Venezuela de los cálculos, la media para el crecimiento de la región sube tan solo a 1.0 por ciento, mientras que la inflación baja a 7.2 por ciento. En otras palabras, aun sin considerar a Venezuela, las perspectivas para México son muy superiores al promedio del resto de los países.
Hay algunos países de América Latina que les va ir mucho mejor a nosotros. Por ejemplo, Panamá vuelve ser la estrella con crecimiento esperado de 6.3 por ciento y una tasa de inflación de tan solo 2.2 por ciento. Nicaragua y la República Dominicana crecerán 4.7 por ciento, mientras que Bolivia avanzará 4.5 por ciento. Sin embargo, son países muy pequeños que no pintan mucho en el promedio. En cambio, los países más grandes son los que menos van a crecer. Brasil, el monstruo de la región verá una disminución de -1.1 por ciento, Argentina (tercer lugar en cuanto a tamaño) tendrá una caída de -0.5 por ciento y Chile (que por muchos años fue el campeón) avanzará 2.8 por ciento. De los siete países más grandes, solo Colombia (3.4 por ciento) y Perú (3.7 por ciento) crecerán más que México.
Algunas personas han señalado que la inflación de México (3.1 por ciento) es la más elevada de los países de la OCDE. Sin embargo, si nos comparamos con los 18 países más importantes de nuestra región, solo cuatro terminarán este año con una tasa inferior a México. Los dos países con inflación más bajas (El Salvador y Panamá) utilizan el dólar como su moneda (y tendrán inflaciones de 1.4 y 2.2 por ciento, respectivamente), mientras que Perú (2.8 por ciento) y la República Dominicana (2.6 por ciento) terminarán el año ligeramente por debajo de México. En cambio, Argentina (21.2 por ciento o más), Brasil (7.9 por ciento) y Uruguay (7.6 por ciento) experimentan tasas mayores.
Si tomamos en cuenta lo complicado que se encuentra el entorno económico mundial, no nos deberíamos quejar. Parece ser que sólo Asia-Pacífico crecerá en promedio más que nosotros (4.7 por ciento).