Articulos sobre la economía Mexicana
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El Ciclo Economico

abril 6th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Ciclo Economico)

El INEGI acaba de divulgar los datos pertenecientes al Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) para enero, que señala que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes subió y liga su tercer mes consecutivo por arriba de su tendencia de largo plazo, mientras que el Índice Adelantado disminuyó y lleva 29 meses por debajo de su tendencia de largo plazo. En otras palabras, el adelantado, que se supone anticipa la dirección del ciclo económico (el coincidente), lleva más de dos años diciendo que vamos a entrar en una recesión, lo cual no ha pasado. Mediante un examen rápido a la gráfica del boletín de prensa que compara las trayectorias de ambos, nunca hemos visto que el adelantado haya fallado tanto. Pero, ¿qué significa todo esto?

El SIC es un enfoque del “ciclo de crecimiento”, que identifica las desviaciones de la economía respecto a su tendencia de largo plazo, mediante una metodología desarrollada por la OCDE. Se limita a decirnos si la brecha de la economía respecto a su tendencia de largo plazo es negativa o positiva y si se está ampliando o reduciendo. Pero dado que no especifica si la tendencia ha aumentado o disminuido, realmente no nos dice mucho respecto al ciclo económico en sí. Incluso, es diferente a lo que el INEGI llama el Sistema de Indicadores Compuestos Coincidente y Adelantado (SICCA), que utiliza la metodología clásica desarrollada por el NBER de Estados Unidos y que mapea fielmente el ciclo económico. El INEGI calcula y publica los resultados del SICCA desde 2000. Sin embargo, a partir de 2010 decidió desarrollar el SIC y favorecer su divulgación sobre el SICCA. Al principio, falló en explicar que eran dos enfoques diferentes e incluso le puso la etiqueta de “recesión” al periodo en que la brecha era negativa y se iba reduciendo. Sin embargo, hace unos años tuvo que admitir su error y evitar de utilizar las mismas etiquetas que pertenecen al SICCA. A partir de ese momento, el boletín de prensa del SIC es la más extensa (22 páginas), ya que (entre otras cosas) explica la diferencia entre los dos enfoques.

El SICCA, conocido como el ciclo económico clásico es más intuitivo y útil para entender y comparar nuestro ciclo con el de Estados Unidos. Define fechas exactas de recesiones, recuperaciones y expansiones, totalmente compatible con la tarea que realiza el Comité de Fechas de Ciclos Económicos del NBER de Estados Unidos (ver www.nber.org/cycles). Nos señala que desde 1980 a la fecha hemos tenido seis recesiones, siendo la última de enero 2008 a mayo 2009, con una duración de 17 meses. A partir de mayo de ese año inició el periodo actual de expansión, que lleva 93 meses hasta enero de 2017. Por ende, es el periodo de expansión más larga de toda la historia del indicador. El de mayor extensión anterior fue de noviembre de 1986 a octubre de 1992, de 72 meses.

La expansión actual tuvo un periodo de estancamiento en 2013, que casi se convierte en recesión. No obstante, no hubo un periodo definido y de suficiente duración para clasificar como recesión tal cual. Por lo mismo, este sexenio se apunta (hasta ahora) en ser el primero en no sufrir una recesión (desde que existen los datos a partir de enero de 1980). Este dato no parece encajar con la percepción de los consumidores cuyo nivel actual de pesimismo es más bajo que el que prevalecía en cualquier periodo de recesión. Parte de la explicación radica en el hecho de que el ritmo de expansión actual es el más bajo comparado con cualquier otro periodo. El más lento anterior fue el periodo de 54 meses entre agosto 2003 y enero 2008. Es decir, hemos padecido los dos periodos de expansión más lentas en nuestra historia en los últimos años, interrumpido solamente por una recesión de 17 meses, que resultó ser la segunda más profunda de todos. Esto significa que el ritmo de expansión que hemos tenido en los últimos 162 meses (casi 13 años y medio), desde agosto 2003 a la fecha, es equivalente apenas a 1.7 por ciento anual. Peor aún, si consideramos el periodo de octubre de 2000 a la fecha (196 meses, 16 años y 3 meses), el ritmo disminuye a tan solo 0.7 por ciento anual. Verdaderamente mediocre.

¿Qué entonces explica la mejoría en los últimos meses? Básicamente es el desempeño de la tasa de desocupación urbana, que se ubica actualmente casi un punto porcentual por debajo de su tendencia de largo plazo (su relación con el Indicador Coincidente es inversa).

Los Indicadores Ciclicos

marzo 25th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Los Indicadores Ciclicos)

El INEGI empezó a divulgar indicadores cíclicos en el año 2000, cuando introdujo el Sistema de Indicadores Compuestos: Coincidente y Adelantado (SICCA). Se basó en la metodología que hoy se conoce como la escuela clásica, desarrollada originalmente por Wesley Mitchell y Arthur Burns y después seguido por Geoffrey Moore. Como la mayor parte de sus investigaciones fueron llevados a cabo en el seno del Buró Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos, también se conoce como la metodología del NBER. En su página de internet (www.nber.org/cycles) se puede consultar las fechas de las recesiones de su país a partir de diciembre de 1854 a la fecha. En México, el INEGI presenta información similar, pero solo a partir de enero de 1980.

El SICCA consiste en un índice compuesto de varios indicadores coincidentes para marcar el ciclo económico y otro compuesto de indicadores adelantados para anticipar los puntos de giro, que marcan las fechas cuando empieza y termina una recesión. Ambos indicadores son útiles, no solo para señalar periodos de recesión, recuperación y expansión en nuestro país, sino también para realizar comparaciones con Estados Unidos, que en muchas instancias determina nuestro ciclo. Sin embargo, hacia fines de 2010, el INEGI decide cambiar de metodología, para adoptar la escuela de crecimiento desarrollada principalmente por la OCDE en Europa. Nombrada Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), consiste igualmente en dos indicadores compuestos, coincidente y adelantado, pero que visualiza los ciclos de forma diferente. Mientras que el SICCA utiliza las definiciones clásicas de recesión y expansión, el SIC concibe un patrón de ciclos aun en periodos de crecimiento. Una recesión clásica se define a partir de un periodo extendido (de por lo menos seis meses) de contracción en la actividad económica, pero la escuela de crecimiento define periodos “recesivos” (de crecimiento decreciente por debajo de la tendencia de largo plazo) aun en el caso de una economía con crecimiento positivo. Por ejemplo, China está en una “recesión de crecimiento” al crecer tan solo 7 por ciento, por debajo de su tendencia de largo plazo.

El INEGI cometió varios errores al sustituir el SICCA por el SIC. Primero, no explicó bien al público que se trataba de dos escuelas diferentes, con metodologías distintas, que podrían llegar a conclusiones contradictorias. Segundo, decidió utilizar las mismas etiquetas de recesión, recuperación y expansión para definir etapas que no son las recesiones, recuperaciones y expansiones clásicas. En su momento, advertimos que esto podría llevar a confusiones tremendas en el momento en que la economía estuviera cerca de una recesión. Podría darse el caso, por ejemplo, que el SIC anunciara que estamos en recesión y el SICCA que no. El tercer error fue que el INEGI utilizó indicadores compuestos distintos para el SICCA y el SIC, por lo que todavía era más difícil su comprensión.

En 2013 pasó justamente lo que se había advertido. La actividad económica entró en una etapa de estancamiento, que no llegó a clasificarse como recesión según la escuela clásica, pero sí bajo el esquema del SIC. En su momento hubo grandes confusiones y debates innecesarios, provocados por el mal uso de la etiqueta “recesión”. Primero tuvo que salir la SHCP a desmentir los datos del INEGI y después el propio INEGI tuvo que expandir su boletín de prensa como por diez páginas más para tratar de aclarar los dos enfoques. Finalmente, pasó lo que tuvo que pasar: el INEGI anunció que va a cambiar los nombres de las fases que describen las fluctuaciones del ciclo en torno a su tendencia a largo plazo.

De ahora en adelante, el INEGI no llamara “recesión” a la serie coincidente cuando éste se sitúa por debajo de la tendencia y decreciendo, sino simplemente dirá que “está debajo de la tendencia y decreciendo”, aunque conservará el color rojo para ilustrar su ubicación en el “reloj de los ciclos” en su portal. De la misma forma, dejará de utilizar las palabras “recuperación” y “expansión”. En su lugar, simplemente dirá que está por arriba o por debajo de la tendencia y si está creciendo o decreciendo.

El INEGI aprovechó la ocasión para actualiza los indicadores que utiliza para construir los índices compuestos del SIC. Por ejemplo, para el coincidente sustituye el indicador agregado mensual por el IGAE y en el adelantado utilizará ahora el tipo de cambio bilateral en vez del multilateral. Ahora lo único que hace falta es usar estos mismos indicadores para actualizar el SICCA y así asegurar compatibilidad con el SIC.

El Debate de la Recesión

mayo 14th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Debate de la Recesión)

En todos los países, los funcionarios niegan la existencia de una recesión a pesar de lo que dicen las cifras. Sin embargo, son los primeros en señalar los mismos indicadores cuando estos marcan una recuperación y más todavía si es una buena expansión. En principio, hablar bien de la economía y las perspectivas es parte de su trabajo. Si no lo hacen ellos, ¿quiénes?

Los medios y algunos analistas utilizan dos trimestres consecutivos de caída en el PIB como definición de una recesión. Sin embargo, no es su definición sino más bien una regla de aproximación. Está documentado que lo de los dos trimestres fue una idea al vapor del economista Arthur Okun cuando éste estaba al frente del Consejo Económico del Presidente Lyndon Johnson de Estados Unidos en 1967. En plena campaña electoral, existía preocupación por la percepción del público de que existía una recesión. Okun introdujo la idea como una fórmula sencilla para convencer a la gente de que no estaban técnicamente en recesión. Fue una decisión arbitraria, sin fundamento teórico, que nació como una idea interesante en una campaña política para ayudar a que Johnson ganara las elecciones.

La definición exacta de una recesión fue establecida en la década de los 20 del siglo pasado por los economistas Wesley Mitchell y Arthur Burns, en el seno del Buro Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos. Esta institución es una organización académica privada no lucrativa y sin afiliación partidista que se dedica a promover un mejor entendimiento sobre el funcionamiento de la economía. La definición original y correcta es de una caída significativa de la actividad económica que se extiende por toda la economía en su conjunto y abarca también al estado del empleo (se puede consultar en www.nber.org/cycles/). No se usa directamente al PIB para su determinación (ya que es de frecuencia trimestral), sino específicamente al ingreso real, el empleo, la producción real y las ventas al menudeo y al mayoreo (todos indicadores mensuales).

Investigaciones posteriores en el NBER, conducidas principalmente por el economista Geoffrey Moore (fundador del Instituto de Investigación de Ciclos Económicos, ECRI), encontraron que la mejor forma de reproducir los ciclos económicos y así aproximar las fechas de comienzo y fin de las recesiones era mediante la construcción de índices compuestos de indicadores coincidentes, que consistían justamente de los indicadores antes señalados. El NBER decidió establecer en 1978 el Comité de Fechas de los Ciclos Económicos y desde entonces, ha existido un proceso formal para anunciar los picos y valles de la actividad económica. Aunque el Comité ha señalado que no utiliza una fórmula específica para determinar los tiempos, el índice compuesto de indicadores coincidentes replica de manera fiel todas las fechas reportadas por el NBER.

En el año 2000 el INEGI desarrolló por primera vez el Sistema de Indicadores Compuestos: Coincidente y Adelantado (SICCA) con base en la metodología clásica del NBER. Con estos indicadores se pudo determinar de manera exacta el comienzo y fin de las seis recesiones que tuvimos hasta 2010. No obstante, en noviembre de 2010 el INEGI decidió cambiar de metodología y adoptar la escuela de los ciclos de crecimiento, empujado sobre todo por la OCDE. Así nació el Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), que se utiliza de manera oficial para determinar los ciclos económicos y las fechas de comienzo y fin de las recesiones.

Afortunadamente, el INEGI es hoy en día una institución autónoma, que se dedica a divulgar indicadores bien hechos y confiables aun cuando no señalan lo que quieren las autoridades. Hasta cierto punto, no nos debemos de sorprender que los Secretarios de Hacienda y Economía niegan las conclusiones irrefutables de lo que indican los indicadores del INEGI. Sin embargo, deben de tener cuidado en descartar las cifras del INEGI y en menospreciar su trabajo. Si los funcionarios principales del país nos dicen que los datos oficiales no son buenos, ¿entonces con qué nos quedamos? Nos dicen que esperemos al número del PIB, que ese sí está bien hecho. Pero entonces, ¿significa que el INEGI realiza indicadores correctos e incorrectos y el gobierno se encargará de decirnos cuáles son los buenos y cuáles son los malos?

En vez de desacreditar al INEGI, los secretarios deberían admitir que aunque oficialmente seguimos en recesión, ésta es muy ligera, a punto de tocar fondo y convertirse ya en recuperación. Lo más importante debería ser que se han establecido las bases para una expansión sólida en los próximos años.

Las Perspectivas de 2014

noviembre 5th, 2013 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Las Perspectivas de 2014)

Al acercarse el final del año, hay cada vez más consenso (si no es resignación) que la actividad económica apenas crecerá alrededor de 1.2 por ciento en 2013. Ya nadie piensa que podremos crecer más que la última proyección oficial de 1.7 por ciento, mientras que muchos estiman una tasa más cerca al 1.0 por ciento. Los últimos datos que tenemos sugieren que si todavía habrá revisiones, estas serán a la baja.

El INEGI informó el martes que se mantiene la tendencia a la baja el indicador coincidente en agosto. Las cifras que tenemos para septiembre y octubre, como los datos de comercio exterior, los números de la ANTAD y de la AMIA y la familia de índices de difusión, subrayan la debilidad de la economía. En el mejor de los casos, pudiéramos observar una recuperación incipiente y frágil a partir de noviembre o diciembre, pero realmente no queda claro.

El gobierno preparó el presupuesto con la expectativa de que la economía crecerá 3.9 por ciento en 2014. Los legisladores modificaron ciertas provisiones que implican menos ingresos, pero que compensaron con supuestos más optimistas en el marco macroeconómico que acompaña la Ley de Ingresos. Sin embargo, los analistas de mercados financieros que participan en la encuesta de Banamex revisaron a la baja su expectativa de crecimiento para el año entrante a 3.6 por ciento (de 3.8 por ciento), mientras que los especialistas en economía del sector privado que colaboran en la encuesta de Banxico fueron todavía más pesimistas al anticipar crecimiento de 3.4 por ciento. Finalmente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) opina que México alcanzará una tasa de tan solo 3.0 por ciento.

Habría que advertir que esta ronda de revisiones a la baja todavía no concluye. Pero sí queda claro que la mayoría de los analistas ven ahora menos crecimiento a raíz de la reforma fiscal. Los hogares tendrán menos ingresos disponibles al pagar más impuestos y realizar menos deducciones, mientras que su poder adquisitivo se verá mermado por alzas en precios en consecuencia de los nuevos impuestos especiales (incluyendo el aumento en el IVA en la zona fronteriza). Al mismo tiempo, las empresas tendrán menos incentivos para invertir y en muchos casos, mayor carga impositiva. El gobierno planea instrumentar una política de mayor gasto deficitario, pero la mayoría de los analistas opinan que no será lo suficiente para alcanzar el crecimiento deseado.

¿De qué dependerá el crecimiento económico en 2014? Son varios los factores que tendremos que vigilar. Primero, está el entorno externo que determinará la dinámica de nuestras exportaciones no petroleras, el motor principal de crecimiento de nuestra economía. Aún con una economía interna estática, podría ser factible una tasa mayor a 3 por ciento si nuestras exportaciones logran crecer a dos dígitos. Si fuera el caso, es muy probable que poco a poco empiecen a responder las actividades terciarias. Afortunadamente, los indicadores de la economía norteamericana apuntan hacia una mejoría en 2014 y lo único que quedar por verse es si alcanzará para lograr la dinámica que requerimos.

En segundo lugar, está de por medio la recuperación del sector de la construcción. Para su revitalización necesitaremos mayor inversión pública, crecimiento de las remesas y condiciones propicias para que los desarrolladores de vivienda reinicien edificaciones, en especial, de interés social. En principio, todo apunta a que la industria de la construcción debe estar por tocar fondo y que inicie una fase de recuperación a principios de 2014.

En tercer lugar, necesitamos que empiece a crecer la inversión privada. Entre los factores más importantes está la concretización de la reforma energética, que potencialmente tiene mayores posibilidades de estimular nuevos proyectos que generarían más empleo y crecimiento económico. Si el PAN busca vengarse de la reforma fiscal mediante un bloqueo a la energética, podríamos ver un desenlace muy negativo.

Finalmente, tendremos que ver cómo se absorben los efectos negativos de la reforma hacendaria. Muchas de sus medidas afectarán la creación de empleo y fomentarán la contratación informal. En un principio, enfrentaremos una disminución en la productividad general y una disminución en nuestra competitividad, que buscará compensar el gobierno mediante más gasto. El problema central es que el gasto público es ineficiente y burocrático, con una proporción pequeña en inversión productiva.

Ya nada más nos queda esperar el comienzo del año para ver cuáles serán los factores que más imperan.