Articulos sobre la economía Mexicana
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Gran Pendiente del INEGI

marzo 2nd, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Gran Pendiente del INEGI)

El INEGI siempre presume que aplica las mejores prácticas internacionales, que sigue fielmente los manuales publicados por el FMI, la ONU, la OCDE y el Banco Mundial (sobre las metodologías de cuentas nacionales, balanza de pagos, índices de precios y otras estadísticas de primera relevancia), que cumple cabalmente con las reglas para la diseminación de datos establecidos por el FMI y que publica todas las metodologías. En términos generales, podemos estar de acuerdo. Busca siempre hacer un buen trabajo, responde a la crítica y realiza esfuerzos continuos para mejorar.

Sin embargo, su labor no es perfecto. Muchas veces responde a presiones políticas o tarda mucho en responder peticiones importantes. Por ejemplo, en 2003 se estableció a nivel internacional la definición ampliada de informalidad y se recomendó el uso de la tasa de informalidad laboral. A pesar de poder publicar todo, gracias a la nueva encuesta de empleo que se levanta desde 2005 (la ENOE), el INEGI no la empezó a divulgar sino hasta finales de 2012 (días después de haber concluido el sexenio). En los primeros años enfrentó las presiones políticas de la Secretaria de Trabajo, que estaba totalmente opuesto a su publicación. Sin embargo, se le concedió la autonomía al INEGI en 2008 justamente para lidiar con este tipo de situaciones. Pues con todo y autonomía, el INEGI tardó todavía cinco años más antes de su divulgación. Finalmente, aprovechó el cambio de sexenio para con una actitud de “más vale pedir perdón que permiso”, dar a conocer los nuevos datos. Fue un verdadero shock para las autoridades enfrentar las nuevas cifras que mostraban que la informalidad laboral abarcaba casi el 60 por ciento de toda la población ocupada y no menos de 30 por ciento, que abarca solo el sector informal.

El marco internacional más importante de las encuestas y cifras laborales son las Conferencias Internacionales de Estadísticas del Trabajo (CIET), que se llevan a cabo cada cinco años, constituido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En estas reuniones se establecen básicamente todas las recomendaciones, estándares, definiciones y conceptos en torno al estudio sistemático de los mercados laborales. Como suele suceder, algunas de esas conferencias destacan más que otras, por marcar pautas fundamentales en la manera en que medimos el trabajo. Por ejemplo, en la XV Conferencia de 1993 se estableció la definición internacional del sector informal. Fue precisamente en la XVII Conferencia de 2003 que se introdujo la tasa de informalidad laboral.

La última Conferencia, la XIX, se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, con la participación de 106 países y 31 representantes de organismos internacionales. Las resoluciones adoptadas en esta ocasión se consideran de los más importantes de los últimos 30 años. Se revisó a fondo el marco conceptual de todas las definiciones de trabajo y desempleo para reconocer mejor las modalidades de trabajo como los quehaceres del hogar, el trabajo voluntario y la subsistencia agrícola y se introdujeron nuevos conceptos como la fuerza de trabajo potencial y la brecha laboral. Se aprobaron nuevas clasificaciones en función de la intención y orientación de las actividades.

Lo interesante es que en esta ocasión el INEGI se comprometió a incorporar todos los cambios y utilizar los nuevos conceptos y clasificaciones con una prontitud impecable. Sin embargo, hasta la fecha no ha hecho absolutamente nada. ¿Cuáles serán las presiones políticas en esta ocasión? ¿De dónde provendrán? ¿Qué pasó con su autonomía?

Hace más de dos años, el NBER publicó un artículo de Blanchflower y Levin sobre la atonía del mercado laboral, en el cual se desarrollan conceptos aprobados por la XIX CIET, como la fuerza de trabajo potencial y la brecha laboral. En ese momento, aplicamos su metodología aquí en México para construir los mismos indicadores mediante datos de la ENOE y divulgarlos regularmente. Subsecuentemente otros autores, como David Kaplan, han hecho lo mismo. Sin embargo, no es lo mismo un par de analistas aislados que la institución oficial encargado de hacerlo. Nuestras cifras utilizan una metodología relativamente simple, pero se tiene que adaptar algunos conceptos adicionales como los agricultores de autoconsumo que viven de la subsistencia agrícola y no forman parte de la fuerza laboral. ¿Pero cuándo?

El Reporte Laboral

mayo 18th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Reporte Laboral)

El pasado viernes 13 de mayo, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en su entrega trimestral. Los datos que reporta para el primer trimestre son muy interesantes. Sin embargo, antes de comentar cifras, permítame mi queja tradicional sobre lo mal escrito que está el boletín de prensa. Todos sabemos que el indicador más significante de este informe es la tasa de desempleo. No hubo ni un solo medio que reportó alguna otra tasa primero, pues es obvio su importancia. Pero si leen ustedes el boletín, encontrarán que ni siquiera se menciona en la primera página. Habla primero de la población económicamente activa y de la población ocupada, cifras irrelevantes (en términos relativos) ante el interés del público. Nunca he entendido, no entiendo y no entenderé por qué el INEGI insiste en esta manipulación tan tonta. En fin…

De entrada, hay muy buenas noticias, pues la tasa de desempleo abierto nacional bajó a 4.21 por ciento, la más baja para un trimestre desde el tercero de 2008, es decir, desde la gran recesión de 2008-2009. También, la tasa de subempleo, que contabiliza las personas que no han logrado encontrar un trabajo de tiempo completo, bajó a 8.02 por ciento, que es una de las tasas más bajas observadas en los últimos seis años. Finalmente, la tasa de desempleo disfrazado, que contempla los desempleados inactivos (que forman parte de la población económicamente no activa, pero disponibles para trabajar), disminuyó a 16.49 por ciento de la PENA, también una de las tasas más bajas observadas en estos años. Lo que todavía no reporta el INEGI (aunque los datos allí están) es la brecha laboral, que es la suma de estas tres categorías como porcentaje de la fuerza laboral potencial.

En octubre de 2013, la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo adoptó formalmente las definiciones de fuerza laboral potencial (FLP) y brecha laboral. La primera es la suma a la fuerza laboral tradicional (la población económicamente activa) a los desempleados no activos (desempleo disfrazado), que se utiliza como denominador. Si expresamos el desempleo abierto, el subempleo y el desempleo disfrazado como porcentaje de la FLP, resulta que el desempleo tradicional es 3.6 por ciento (en vez de 4.0), el subempleo es 6.8 (en vez de 8.0) y el desempleo disfrazado es 10.2 (en vez de 16.5). Disminuyen las tres tasas ya que el denominador es más amplio, pero nos permite sumar las tres tasas para obtener la brecha laboral, que en el primer trimestre de 2016 disminuye a 20.7 por ciento, la más baja desde el último trimestre de 2008. Como quien dice, el panorama laboral regresa finalmente a niveles observados antes de iniciar la gran recesión.

La otra noticia interesante que sale de la ENOE, pero que tampoco lo reporte el INEGI explícitamente, es el ingreso promedio de los empleados y la masa salarial. Para construir estos indicadores tenemos que buscar en las partes más ocultas de la encuesta, ya que no se reporta en el Banco de Información Económica (BIE). Hay que buscar “encuestas en hogares” en el tabulador de “fuente/proyecto”, para buscar los “indicadores estratégicos” en la ENOE. Allí se tiene que descargar el archivo del primer trimestre de 2016 y ver los datos de “horas trabajadas a la semana” (renglón 252) y “ingresos por hora trabajada” (renglón 255) para obtener los ingresos por semana promedio del trimestre. Lo podemos deflactar por el INPC para obtener los datos en términos reales. Encontramos que el ingreso promedio real aumentó 0.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 1.7 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Si vemos ahora el empleo remunerado (renglón 46 menos renglón 52), encontramos que aumentó 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.3 por ciento en un año. Ahora, si multiplicamos el empleo remunerado por el ingreso promedio real, obtenemos la masa salarial real, posiblemente el indicador más relevante que tiene el INEGI sobre ingresos. Resulta que creció 1.6 por ciento respecto al último trimestre de 2015 y 4.1 por ciento respecto al primero del mismo año. Hemos buscado explicaciones para entender porqué el consumo de las familias aumentó el año pasado después de varios años de estancamiento. En 2013 la masa salarial real solo creció 0.5 por ciento y en 2014 disminuyó 4.1 por ciento, mientras que en 2015 aumentó 4.1 por ciento. Aunque todavía estamos por debajo de los niveles alcanzados en 2007, hubo una recuperación importante el año pasado, que se mantiene en el primer trimestre de 2016.

Ante la racha de tantas malas noticias, por lo menos algo refrescante.

El INEGI dio a conocer el viernes, 14 de agosto, los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al segundo trimestre de 2015. La ENOE tiene entregas mensuales, donde se reportan las tasas de desempleo, participación laboral y algunas tasas laborales complementarias. También tiene entregas trimestrales, con mayor desglose e información. En la entrega trimestral, se traducen las tasas a número de personas mediante las proyecciones demográficas del CONAPO. Esto último permite calcular tasas adicionales que enriquecen el análisis del mercado laboral, como la brecha laboral. También incluye la publicación de datos estratégicos que permiten calcular el ingreso promedio de los trabajadores.

La Brecha Laboral

Recientemente, el Buro Nacional de Investigación Económica (NBER) de Estados Unidos publicó un artículo escrito por David Blanchflower y Andrew Levin sobre la atonía del mercado laboral y sus implicaciones para la política monetaria. En el artículo, los autores desarrollan un concepto más amplio que la tasa de desempleo abierto para caracterizar lo que llaman la “brecha laboral”. El concepto proviene de la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) que se efectuó en Suiza en octubre de 2013. Básicamente consiste en sumar el desempleo abierto, el subempleo (los que trabajan menos horas por razones de mercado) y el desempleo disfrazado (los no ocupados disponibles para trabajar pero que no buscan activamente empleo). Concluyen que es un concepto más robusto para medir la insuficiencia de trabajo en el mercado laboral, ya que no solamente incluye el desempleo abierto, sino los que se consideran desempleados desde otra perspectiva: el subempleo, que son las personas que no encuentran un empleo de tiempo completo, y; el desempleo disfrazado, que son las personas que están clasificados como parte de la Población No Económicamente Activo (PNEA) porque no buscan activamente un empleo, pero que quieren trabajar. Estos últimos también se les conoce como desempleados frustrados, que pudieron haber buscado trabajo en forma activa en un momento dado, pero al no conseguirlo, su búsqueda se volvió pasivo. Para muchos analistas, estos últimos son tan desempleados como los que activamente buscan trabajo.

La ENOE reporta 2.288 millones de desempleados en el segundo trimestre de 2015, 4.179 millones de subempleados y 5.884 millones de desempleados disfrazados. La tasa de desempleo abierto del segundo trimestre de 2015 fue 4.35 por ciento, la tasa de subempleo fue 8.30 por ciento y la tasa de desempleo disfrazado (o desempleo pasivo) fue 16.54 por ciento. Si sumáramos los tres porcentajes obtendríamos 29.19 por ciento, sin embargo, no son tasas que se puedan sumar ya que cada una tiene un denominador diferente. La tasa de desempleo es el porcentaje de la Población Económicamente Activa (PEA) que no tiene ocupación; la tasa de subempleo es la parte de la Población Ocupada (PO) que trabaja menos horas a la semana; mientras que la tasa de desempleo disfrazado es la parte proporcional de la Población No Económicamente Activa (PNEA) que está disponible para trabajar.

Para sumar los tres componentes tenemos que partir de un denominador común, que sería la Fuerza Laboral Potencial (FLP), que incluye no sólo la PEA sino también la PNEA Disponible (PNEAD). Mientras que la PEA representa 59.67 por ciento de la población en edad de trabajar (15 años y mayores), la FLP abarca 66.34 por ciento, es decir, la FLP es mayor a la PEA normal, ya que le agregamos 6.67 por ciento más de la población en edad de trabajar que es económicamente pasiva pero disponible para laborar. Las tres tasas, ahora todas expresadas como porcentaje de la FLP son 3.91 por ciento (desempleo activo), 7.14 por ciento (subempleo) y 10.06 por ciento (desempleo pasivo), lo que ahora sí da una tasa de 21.11 por ciento, lo que podemos llamar la brecha laboral. En términos muy generales, vemos que alrededor de 18.5 por ciento de la brecha laboral lo constituye el desempleo tradicional, 33.8 por ciento el subempleo (cerca de una tercera parte) y 47.6 por ciento el desempleo disfrazado (casi la mitad).

Si tomamos mediados de 2009 como el momento en que arranca la recuperación posterior a la gran recesión de 2008-2009, encontramos que la brecha laboral muestra una tendencia a la baja de 0.09 por ciento por trimestre (a partir de 23.3 por ciento en el tercer trimestre de 2009). Los componentes de desempleo, tanto activo como pasivo, disminuyen 0.03 por ciento por periodo (arrancando de 4.95 por ciento y 10.84 por ciento, respectivamente), mientras que el subempleo cae 0.02 puntos porcentuales por trimestre (desde 7.47 por ciento). Si nos concentramos nada más en el último trimestre, observamos que mientras aumenta el desempleo abierto y el subempleo, disminuye el desempleo disfrazado, pero dado que aumenta la fuerza laboral potencial, la brecha laboral registra una tasa de 21.11 por ciento, prácticamente igual al del trimestre anterior de 21.10 por ciento.

El concepto de la fuerza laboral potencial es interesante, ya que excluye la condición de que una persona sin trabajo tiene que estar activamente en búsqueda de un empleo para considerarla como “desempleado”. Aunque no todos, pero una buena parte de la PNEA disponible para trabajar son personas que quizás en un momento buscaron trabajo pero al no encontrarlo dejaron su búsqueda (desmotivados o frustrados), o bien, personas con discapacidad (o capacidades diferentes como ahora se estila decir) que no buscan en forma activa una oportunidad porque piensan que simplemente no existen posibilidades de encontrar algún empleo que se adapte a sus necesidades.

La brecha laboral también es una noción útil, aunque habría que ajustar el componente del subempleo para solo integrar las horas a la semana que no trabajan (por razones de mercado). No se le puede dar el mismo peso a un desempleado abierto (cero horas de trabajo a la semana) a una persona que labora 30 horas, o bien a otro que se ocupa por 10. También habría que considerar una distinción para las personas que viven del autoconsumo o subsistencia agrícola, ya que realmente no participan en el mercado laboral (ni como empleado ni como desempleado).

El Ingreso Promedio

La ENOE también permite construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos que se publican en la entrega trimestral. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Posteriormente, podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial, que puede ayudar a entender el avance del consumo de los hogares.

El ingreso promedio real llegó a su máximo a mediados de 2007, justo cuando la economía empezó a desacelerarse en anticipación a la gran recesión de 2008-2009. Como era de esperarse, disminuyó significativamente en los años de la recesión para estabilizarse en 2010. Sin embargo, no creció en 2011 y 2012, sino más bien presentó una tendencia lateral en estos años. En 2013 y 2014, cuando la actividad económica se desaceleró, el ingreso promedio real volvió a presentar una tendencia a la baja. Finalmente, tocó fondo en el último trimestre de 2014, en un nivel que representó una disminución de -20.1 por ciento respecto al segundo trimestre de 2007. Afortunadamente, se ha registrado una tendencia hacia la recuperación en los dos primeros trimestres de 2015, con crecimientos de 2.69 y 0.65 por ciento en cada periodo respectivamente.

El empleo remunerado ha registrado una tendencia alcista continua desde 2010, aunque con una pendiente mucho menos pronunciado en 2013 y 2014. No obstante, a partir del primer trimestre de 2015 vuelve a crecer a un ritmo mayor, con tasas de 0.45 y 0.63 por ciento en el primer y segundo trimestre, respectivamente. Si multiplicamos el empleo por el ingreso, encontramos que la masa salarial presenta una mejoría importante en los dos primeros trimestres de 2015, que en buena medida explica la mejoría observada en la mayoría de los indicadores relacionados con el consumo familiar.

En la XVII Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo (CIET) de 2003, se acordó que la medición del empleo informal no debería limitarse al trabajo en el propio sector informal (definido como unidades económicas constituidas por micronegocios que no cuentan con los registros básicos para operar), sino que además debería abarcar otras modalidades de la informalidad, como la agricultura de subsistencia, el servicio doméstico remunerado de los hogares y todos los demás empleos ligados a unidades económicas formales, pero sin la protección laboral correspondiente. Estos últimos, incluso, abarcan a muchos empleos de gobiernos (federal, estatal y municipal) que no otorgan los beneficios marcados por la ley.
Ante las recomendaciones de las CIET y otros organismos internacionales, el INEGI procedió a rediseñar casi por completo la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) en 2005, para proceder a partir de entonces con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Esta nueva encuesta incorporó muchos cambios y recomendaciones metodológicas, mientras que también añadió todos los aspectos necesarios para calcular la “tasa de informalidad laboral”, que derivaba de las resoluciones adoptadas por la CIET 2003. Sin embargo, el gobierno impidió que se diera a conocer esta nueva serie, ya que duplicaba la proporción de informalidad que se manejaba bajo la definición más estrecha, que solo consideraba los empleos en el propio sector informal.
Así, el INEGI tuvo que esperar al cambio de gobierno a fines de 2012 para dar a conocer los nuevos datos. Con la idea de que “más vale pedir perdón que permiso”, a los pocos días de haberse iniciado el nuevo sexenio, se divulgó la nueva tasa de informalidad laboral que admitía que alrededor del 60 por ciento de todos los empleos en el país son informales. Incluso, en los estados más pobres la tasa llega a representar alrededor de 80 por ciento de los trabajos.
La semana pasada, el INEGI dio a conocer la parte complementaria a la tasa de informalidad laboral, que es el primer cálculo oficial de tamaño de la actividad económica informal, es decir, cuánto producen los que elaboran en condiciones informales. Bajo los lineamientos internacionales de las organizaciones relevantes, se presentó la medición del valor agregado bruto de la economía informal de 2003 a 2012. Con estos datos ahora sabemos que el 60 por ciento de la población que trabaja en condiciones de informalidad genera el 25 por ciento del PIB. Estos datos son cruciales para la elaboración de políticas públicas dirigidas a reducir el tamaño de la economía informal y a proteger a las familias que viven en condiciones precarias sin ningún tipo de seguridad social.
Dentro de las otras modalidades de la informalidad, están las personas que trabajan en nuestros hogares, es decir, el servicio doméstico remunerado. En muchos casos, son personas muy allegadas a las familias, que tienen muchos años trabajando muy de cerca con nosotros y a veces hasta con lazos sentimentales. Sin embargo, en la mayoría de los casos son personas que carecen de una protección laboral, no gozan de algún tipo de servicio médico y carecen de seguros de trabajo, invalidez, retiro, cesantía y vejez. Podrían inscribirse voluntariamente al Seguro Social, pero por su remuneración precaria no es una opción viable. Podrán acudir al Seguro Popular, que es más un tipo de subsidio del gobierno con severas limitaciones y carencias. Al final del día, es un segmento más de la población sin protección social.
No obstante, existe una opción poco conocida que se llama la “modalidad 34” del IMSS, que fue concebida especialmente para el trabajador doméstico bajo el Artículo 13, fracción II, de la Ley del Seguro Social. Cualquier familia puede dar de alta a la persona que trabaja en su hogar, sin contingencia o responsabilidad laboral, mediante un pago único anual de aproximadamente 7,500 pesos (625 pesos mensuales) y así proveer a la persona de todos los beneficios de un derechohabiente, incluyendo una aportación a una Afore para generar una pensión mínima garantizada. No hay ningún contrato de por medio, ni obligación patronal más allá de cubrir la cuota anual. No hay pagos adicionales de impuestos u obligaciones para otorgar vacaciones, aguinaldos o demás prestaciones.
Llama la atención que casi no hay hogares en el país que tengan un trabajador doméstico que acuden a la modalidad 34. En una de las Subdelegaciones del IMSS en la Ciudad de México me dijeron que han tenido un solo caso en los últimos cinco años (el mío). Parece ser que vemos la informalidad como problema exclusivo del estado.