Articulos sobre la economía Mexicana
Header

El Mercado Laboral

agosto 19th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Mercado Laboral)

El INEGI dio a conocer los resultados de la ENOE en su entrega trimestral para el segundo trimestre de 2016. A diferencia de la entrega mensual, ésta ofrece los resultados expresados en valores absolutos, es decir, en números de personas. El INEGI aplica las tasas de empleo y desempleo en sus diferentes modalidades a las proyecciones demográficas elaboradas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO). Para el caso específico de este trimestre, la proyección de la población total del país es de 122,117,027 personas.

Expresar el desempleo en número de personas no es usual; la práctica es utilizar tasas para referenciarlo en términos relativos, es decir, respecto a la población económicamente activa o algún otro parámetro. No obstante, los datos presentados en esta versión de la ENOE nos sirven para el cálculo de ciertas tasas que el INEGI no reporta. Por ejemplo, a pesar de que las últimas recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y de la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo (CIET) de 2013, establecen conceptos novedosos como la fuerza laboral potencial (FLP) y la brecha laboral, el INEGI no ha querido divulgarlos. El INEGI no reporta la FLP, pero proporciona la Población Económicamente Activa (PEA) y los disponibles para trabajar dentro de la Población No Económicamente Activa (DPNEA), que sumados da la FLP. La PEA como proporción de la población en edad de trabajar (15 años y más) es 59.6 por ciento, mientras que la FLP es 66.2 por ciento.

La brecha laboral es un concepto mucho más amplio y relevante que la tasa de desempleo abierto (DA), ya que suma al DA, el subempleo y el desempleo disfrazado, que como proporción de la FLP nos da una idea de las necesidades de trabajo en el mercado laboral. Esto es porque no solo tenemos que buscar empleo para los desempleados abiertos, sino también para los que trabajan apenas unas horas a la semana porque no encuentran un trabajo de tiempo completo y los que están desempleados, dispuestos a trabajar, pero no realizan una búsqueda activa. Para el segundo trimestre de 2016, la brecha disminuyó a 20.3 por ciento (de la FLP), para registrar su menor nivel desde el último trimestre de 2008. Esto fue porque el desempleo registró su tasa más baja desde el segundo trimestre de 2008, el subempleo su tasa más baja en lo que va el sexenio y el desempleo disfrazado su segunda tasa más bajo desde el tercer trimestre de 2008 (todas como proporción de la FLP).

Otro concepto que podemos derivar de los datos de la ENOE, pero que el INEGI tampoco lo reporta, es el del ingreso promedio real. Este indicador es de suma importancia, ya que el INEGI carece de indicadores de ingreso disponible por la forma de cálculo de las Cuentas Nacionales. Empezamos con una mala noticia, ya que los ingresos por hora trabajada disminuyen en el trimestre. Sin embargo, dado que aumenta el número de horas trabajadas por semana, hay un incremento en el ingreso promedio nominal. Al convertir el ingreso nominal a términos reales, encontramos que el INPC disminuyó respecto al trimestre anterior, lo que da un aumento en el ingreso promedio real de 0.8 por ciento respecto al primer trimestre del año y 1.9 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Para completar el ejercicio, multiplicamos el ingreso promedio real por el empleo remunerado para tener una idea de la masa salarial real, que ayuda a explicar el consumo de los hogares. En esta ocasión encontramos un aumento en el trimestre en el empleo remunerado de 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior (y 0.9 por ciento respecto al año anterior), después de una disminución de -0.7 por ciento en el trimestre anterior. El resultado es que el incremento en el ingreso se ve ampliado por el aumento en el empleo, por lo que la masa salarial real aumenta 1.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.8 por ciento respecto al año anterior.

¿Qué nos dicen estas cifras? La disminución de la brecha laboral es definitivamente positiva, aunque el ingreso por hora trabajada haya disminuido. Lo último se compensa con más horas trabajadas y mayor empleo remunerado, por lo que aumenta la masa salarial. Esto significa que las familias tienen más ingresos para poder seguir consumiendo. Buenas noticias.

El INEGI dio a conocer el viernes, 14 de agosto, los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al segundo trimestre de 2015. La ENOE tiene entregas mensuales, donde se reportan las tasas de desempleo, participación laboral y algunas tasas laborales complementarias. También tiene entregas trimestrales, con mayor desglose e información. En la entrega trimestral, se traducen las tasas a número de personas mediante las proyecciones demográficas del CONAPO. Esto último permite calcular tasas adicionales que enriquecen el análisis del mercado laboral, como la brecha laboral. También incluye la publicación de datos estratégicos que permiten calcular el ingreso promedio de los trabajadores.

La Brecha Laboral

Recientemente, el Buro Nacional de Investigación Económica (NBER) de Estados Unidos publicó un artículo escrito por David Blanchflower y Andrew Levin sobre la atonía del mercado laboral y sus implicaciones para la política monetaria. En el artículo, los autores desarrollan un concepto más amplio que la tasa de desempleo abierto para caracterizar lo que llaman la “brecha laboral”. El concepto proviene de la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) que se efectuó en Suiza en octubre de 2013. Básicamente consiste en sumar el desempleo abierto, el subempleo (los que trabajan menos horas por razones de mercado) y el desempleo disfrazado (los no ocupados disponibles para trabajar pero que no buscan activamente empleo). Concluyen que es un concepto más robusto para medir la insuficiencia de trabajo en el mercado laboral, ya que no solamente incluye el desempleo abierto, sino los que se consideran desempleados desde otra perspectiva: el subempleo, que son las personas que no encuentran un empleo de tiempo completo, y; el desempleo disfrazado, que son las personas que están clasificados como parte de la Población No Económicamente Activo (PNEA) porque no buscan activamente un empleo, pero que quieren trabajar. Estos últimos también se les conoce como desempleados frustrados, que pudieron haber buscado trabajo en forma activa en un momento dado, pero al no conseguirlo, su búsqueda se volvió pasivo. Para muchos analistas, estos últimos son tan desempleados como los que activamente buscan trabajo.

La ENOE reporta 2.288 millones de desempleados en el segundo trimestre de 2015, 4.179 millones de subempleados y 5.884 millones de desempleados disfrazados. La tasa de desempleo abierto del segundo trimestre de 2015 fue 4.35 por ciento, la tasa de subempleo fue 8.30 por ciento y la tasa de desempleo disfrazado (o desempleo pasivo) fue 16.54 por ciento. Si sumáramos los tres porcentajes obtendríamos 29.19 por ciento, sin embargo, no son tasas que se puedan sumar ya que cada una tiene un denominador diferente. La tasa de desempleo es el porcentaje de la Población Económicamente Activa (PEA) que no tiene ocupación; la tasa de subempleo es la parte de la Población Ocupada (PO) que trabaja menos horas a la semana; mientras que la tasa de desempleo disfrazado es la parte proporcional de la Población No Económicamente Activa (PNEA) que está disponible para trabajar.

Para sumar los tres componentes tenemos que partir de un denominador común, que sería la Fuerza Laboral Potencial (FLP), que incluye no sólo la PEA sino también la PNEA Disponible (PNEAD). Mientras que la PEA representa 59.67 por ciento de la población en edad de trabajar (15 años y mayores), la FLP abarca 66.34 por ciento, es decir, la FLP es mayor a la PEA normal, ya que le agregamos 6.67 por ciento más de la población en edad de trabajar que es económicamente pasiva pero disponible para laborar. Las tres tasas, ahora todas expresadas como porcentaje de la FLP son 3.91 por ciento (desempleo activo), 7.14 por ciento (subempleo) y 10.06 por ciento (desempleo pasivo), lo que ahora sí da una tasa de 21.11 por ciento, lo que podemos llamar la brecha laboral. En términos muy generales, vemos que alrededor de 18.5 por ciento de la brecha laboral lo constituye el desempleo tradicional, 33.8 por ciento el subempleo (cerca de una tercera parte) y 47.6 por ciento el desempleo disfrazado (casi la mitad).

Si tomamos mediados de 2009 como el momento en que arranca la recuperación posterior a la gran recesión de 2008-2009, encontramos que la brecha laboral muestra una tendencia a la baja de 0.09 por ciento por trimestre (a partir de 23.3 por ciento en el tercer trimestre de 2009). Los componentes de desempleo, tanto activo como pasivo, disminuyen 0.03 por ciento por periodo (arrancando de 4.95 por ciento y 10.84 por ciento, respectivamente), mientras que el subempleo cae 0.02 puntos porcentuales por trimestre (desde 7.47 por ciento). Si nos concentramos nada más en el último trimestre, observamos que mientras aumenta el desempleo abierto y el subempleo, disminuye el desempleo disfrazado, pero dado que aumenta la fuerza laboral potencial, la brecha laboral registra una tasa de 21.11 por ciento, prácticamente igual al del trimestre anterior de 21.10 por ciento.

El concepto de la fuerza laboral potencial es interesante, ya que excluye la condición de que una persona sin trabajo tiene que estar activamente en búsqueda de un empleo para considerarla como “desempleado”. Aunque no todos, pero una buena parte de la PNEA disponible para trabajar son personas que quizás en un momento buscaron trabajo pero al no encontrarlo dejaron su búsqueda (desmotivados o frustrados), o bien, personas con discapacidad (o capacidades diferentes como ahora se estila decir) que no buscan en forma activa una oportunidad porque piensan que simplemente no existen posibilidades de encontrar algún empleo que se adapte a sus necesidades.

La brecha laboral también es una noción útil, aunque habría que ajustar el componente del subempleo para solo integrar las horas a la semana que no trabajan (por razones de mercado). No se le puede dar el mismo peso a un desempleado abierto (cero horas de trabajo a la semana) a una persona que labora 30 horas, o bien a otro que se ocupa por 10. También habría que considerar una distinción para las personas que viven del autoconsumo o subsistencia agrícola, ya que realmente no participan en el mercado laboral (ni como empleado ni como desempleado).

El Ingreso Promedio

La ENOE también permite construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos que se publican en la entrega trimestral. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Posteriormente, podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial, que puede ayudar a entender el avance del consumo de los hogares.

El ingreso promedio real llegó a su máximo a mediados de 2007, justo cuando la economía empezó a desacelerarse en anticipación a la gran recesión de 2008-2009. Como era de esperarse, disminuyó significativamente en los años de la recesión para estabilizarse en 2010. Sin embargo, no creció en 2011 y 2012, sino más bien presentó una tendencia lateral en estos años. En 2013 y 2014, cuando la actividad económica se desaceleró, el ingreso promedio real volvió a presentar una tendencia a la baja. Finalmente, tocó fondo en el último trimestre de 2014, en un nivel que representó una disminución de -20.1 por ciento respecto al segundo trimestre de 2007. Afortunadamente, se ha registrado una tendencia hacia la recuperación en los dos primeros trimestres de 2015, con crecimientos de 2.69 y 0.65 por ciento en cada periodo respectivamente.

El empleo remunerado ha registrado una tendencia alcista continua desde 2010, aunque con una pendiente mucho menos pronunciado en 2013 y 2014. No obstante, a partir del primer trimestre de 2015 vuelve a crecer a un ritmo mayor, con tasas de 0.45 y 0.63 por ciento en el primer y segundo trimestre, respectivamente. Si multiplicamos el empleo por el ingreso, encontramos que la masa salarial presenta una mejoría importante en los dos primeros trimestres de 2015, que en buena medida explica la mejoría observada en la mayoría de los indicadores relacionados con el consumo familiar.

El Papel de las Remesas

julio 18th, 2013 | Posted by Jonathan Heath in Ejecutivos de Finanzas - (Comentarios desactivados en El Papel de las Remesas)

Desde mediados del año pasado, la economía mexicana ha estado creciendo a un ritmo menor al 2 por ciento anual, muy por debajo de su potencial. La razón principal ha sido el menor dinamismo de las exportaciones no petroleras, que desde 1995 han sido el motor principal de crecimiento de la economía mexicana. Su falta de dinamismo se debe primordialmente al crecimiento débil de la economía de Estados Unidos, nuestro principal socio comercial.

Sin embargo, igualmente se han conjuntado una serie de otros factores que en el margen también han tenido un efecto inhibidor en el crecimiento de la actividad económica. Se ha visto una disminución en el gasto público asociado al cambio de sexenio, reflejada en un subejercicio del gasto programado. También se ha observado una crisis en el sector de la construcción ocasionado por el retiro temporal de los subsidios gubernamentales a la vivienda de interés social. Se ha experimentado un freno en la inversión fija bruta del sector privado ante la incertidumbre de las acciones del nuevo gobierno, las discusiones de reformas estructurales y el débil entorno económico. Se percibe una mengua en la confianza del consumidor que parece estar detrás del menor gasto de los hogares. Finalmente, el ingreso al país por remesas familiares en los últimos años ha mostrado mucha debilidad, en especial al comparar con los niveles alcanzados antes de la recesión de 2008-2009.

Después de un periodo de gran crecimiento (2000 a 2006), cuando se multiplicaron por cuatro, en los últimos seis años las entradas de remesas familiares se han estancado. Primero, dejaron de crecer hacia fines de 2006 hasta 2007 y posteriormente a disminuir a partir de 2008. El flujo anual (acumulado en 12 meses) llegó a su máximo en diciembre 2007 al registrar 26.1 mil millones de dólares, para después disminuir 20.8 por ciento y llegar a un mínimo de 20.6 mil millones en marzo de 2010. En muy buena medida se explica esta caída mediante la recesión de Estados Unidos y el impacto que tuvo sobre el empleo de inmigrantes mexicanos en esos años.

No obstante que empezó la recuperación de la economía a partir de 2010, las remesas han permanecido estancadas. Al inicio se observó una recuperación muy frágil, al crecer 13.7% en 27 meses y llegar a 23.5 mil millones en junio de 2012. Sin embargo, en los últimos once meses hemos vuelto a experimentar una tendencia negativa al caer 8.7 por ciento y registrar 21.4 mil millones en mayo de 2013. A la fecha, las remesas reflejan un nivel de 17.7 por ciento por debajo del pico de diciembre 2007.

Llama la atención el hecho de que coinciden las fechas con la desaceleración acentuada de la actividad económica mexicana. Queda claro que las remesas familiares son un complemento muy importante a los ingresos de muchos hogares y su debilitamiento se refleja en el consumo de las familias. De alguna manera u otra, es relativamente fácil explicar el comportamiento de las remesas en los últimos años. No solamente se experimentó una de las recesiones más profundas en Estados Unidos en estos años, con un impacto significativo en el empleo, sino también coincidió el momento con un incremento importante en las barreras contra la inmigración ilegal. Después de un periodo prolongado de crecimiento en el número de mexicanos inmigrantes en Estados Unidos entre 1980 y 2005, se observó un freno significativo en la segunda mitad de la década pasada, que no ha vuelto a recuperarse en los últimos años. De 1991 al 2006 hubo un flujo promedio de mexicanos a Estados Unidos de casi 500 mil por año, sin embargo, a partir de 2007 el flujo anual representa apenas 5 por ciento del periodo anterior.

Hasta aquí, el comportamiento de las remesas familiares de Estados Unidos a México parece justificado ante el entorno de los últimos años y algo que ayuda a explicar (en el margen) el estancamiento de la actividad económica mexicana. Sin embargo, un estudio realizado por Jesús Cervantes del CEMLA, señala que mientras ha disminuido la inmigración de mexicanos a Estados Unidos y las remesas familiares enviados a México, no es el mismo caso para otros países. En años anteriores a 2007 no había mucha diferencia entre el flujo relativo de inmigrantes mexicanos comparado con los no mexicanos. Sin embargo, de 2007 a 2011, la inmigración neta mexicana registra un flujo negativo de 16,400 personas, mientras que el no mexicano fue positivo de 596 mil personas. De hecho, las estadísticas de la American Community Survey y la Current Population Survey de Estados Unidos, señalan que el flujo migratorio neto de los países centroamericanos ha aumentado a dicho país. El problema central es que las explicaciones vertidas para el caso de México, como la persistencia de una elevada tasa de desempleo y el fortalecimiento del control fronterizo en Estados Unidos, son factores que deberían afectar por igual a todos. ¿Cómo entonces explicamos la disminución de remesas hacia México ante la persistencia hacia otros países?

De entrada, hay varios factores que distinguen a la población mexicana inmigrante a los demás. Las estadísticas señalan que existe una presencia mucho más grande de mexicanos en los sectores de la economía estadounidense donde las oportunidades de empleo se han visto mucho más afectadas por la recesión, como la construcción y la manufactura. También se observa que el desempleo ha sido mucho más elevado en los trabajos con bajos niveles de escolaridad, mientras que el segmento de la población inmigrante mexicano tiene el nivel más bajo comparado con cualquier otra región de origen.

La falta de empleo en los sectores relevantes para los mexicanos produjo un cambio estructural en la emigración de la población de nuestro país, mediante el cual el factor más afectado ha sido el de género. La inmigración neta de mexicanos a Estados Unidos en los cinco años anteriores fue de 16 mil personas, pero hubo una disminución de 436 mil hombres y un incremento de 420 mil mujeres. Mientras que casi el 50 por ciento de los mexicanos trabajan en agricultura, construcción y manufactura, las mexicanas se concentran en servicios de salud, educación, alimentos, recreación y comercio. Por lo mismo, se ha visto una disminución neta en el empleo de los mexicanos (ya que trabajan en los sectores más afectados) mientras que se ha observado un incremento en el empleo de las mexicanas (que laboran en sectores más benévolas para las oportunidades de empleo).

El cambio tan drástico en el flujo migratorio mexicano hacia Estados Unidos ha provocado cambios sustanciales en las proyecciones de población en ambos países. En el caso de México, el INEGI encontró una sobreestimación de alrededor de cuatro millones de personas al levantar el censo en 2010 respecto a la proyecciones realizadas por el CONAPO, por lo que el CONAPO tuvo que rehacer sus proyecciones hacia 2050.  En Estados Unidos, la Oficina de Censos redujo por casi 600 mil personas al año su estimación del flujo de inmigración neta, reflejado directamente en sus proyecciones de población. Claramente, estos cambios se reflejarán en los ingresos por remesas familiares en los siguientes años.