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Inflación Preocupante

enero 10th, 2018 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Inflación Preocupante)

La noticia ya la conocen. Terminamos 2017 con una inflación de 6.77 por ciento, la más elevada desde 2000. Sin embargo, en 2000 la inflación terminó en 8.96 por ciento, por debajo de la meta de inflación de 10.0 por ciento. Más bien, tenemos que remitir a 1998 para encontrar una desviación respecto al objetivo tan marcada como este año. Desde 2003, año en que oficialmente adoptó el Banco de México la política monetaria conocido como “inflation targeting” y que se determinó que el objetivo sería 3.0 por ciento, nunca habíamos observado una inflación tan elevada ni con una desviación tan marcada respecto al objetivo. El Banco Central erró en su cálculo de que empezaría a marcar una tendencia a la baja en la segunda mitad del año y, por lo tanto, falló en instrumentar una política monetaria más adecuada para contener la merma en el poder adquisitivo de la población.

Existe cierto consenso que los riesgos principales para el 2018 radican en las negociaciones para el TLCAN 2.0, en las elecciones presidenciales, en la política monetaria de la Reserva Federal y en los posibles efectos adversos de la reforma fiscal de Estados Unidos. Todos han creado incertidumbre que frena la inversión privada y limita el crecimiento económico. Sin embargo, al ver los resultados de la inflación, no solo tenemos que añadir el fenómeno inflacionario a la lista, sino incluso, posiblemente ponerlo en primer lugar.

¿Por qué? Si vemos la merma en el poder adquisitivo de las clases socioeconómicos más vulnerables del país, vemos que alcanza ya una cifra de doble dígito. El costo implícito de las canastas alimenticia y de bienestar que monitorea Coneval, va muy por encima de los cálculos de inflación general que lleva el INEGI. Si analizamos la estructura del INPC, vemos que la elevación tan marcada no es simplemente producto del gasolinazo de enero pasado (solo explica 26 por ciento de la inflación anual), sino de aumentos generalizados en prácticamente todos los precios. De hecho, si eliminamos los precios de los energéticos del cálculo, aún así la inflación anual rebasa 5 por ciento.

Sabemos que en enero la inflación anual bajará sustancialmente mediante el efecto de la base de comparación, pues ya no estaremos incorporando el efecto del gasolinazo. Sin embargo, hace medio año se pensaba que ya para enero de 2018 la inflación podría estar mucho más cerca al 4 por ciento. Ahora vemos que en el mejor de los casos se ubicará por debajo del 6 por ciento, pero todavía muy por arriba de 5 por ciento y que la trayectoria a la baja será mucho más lenta de lo que se anticipaba. Peor aún, si Banxico se queda viendo lo que pasa sin responder o incluso, con aumentos efímeros como el del pasado diciembre, podríamos ver una corrección sustancial al alza en las expectativas de inflación para este año.

Dado que la brecha de producto fue negativa, o por lo menos muy cerca a cero, durante el año, no podemos achacar el fenómeno inflacionario a un exceso de demanda agregada. Más bien, el factor más importante en las alzas de precios de este año es el incremento sostenido que ha tenido el tipo de cambio a lo largo de los últimos tres años. De 2014 a la fecha, el tipo de cambio promedio ha aumentado alrededor de 42.5 por ciento, mientras que la inflación acumulada en el mismo periodo apenas registra 12.7 por ciento. Si bien, el coeficiente de traspaso no se ubica cerca a la unidad, estos números sugieren que tampoco esta tan cerca a cero. Dado que la incertidumbre relacionada al TLCAN, las elecciones y la reforma fiscal de Estados Unidos continúen, es muy probable que no tengamos mayores flujos financieros hacia el país y que el tipo de cambio permanezca presionado. Al mismo tiempo, la inflación elevada de 2017 dará pie a aumentos salariales más elevados que en años anteriores, mientras que muchas empresas trasladarán estos incrementos al consumidor. Esto nos hace pensar que la inflación no va disminuir tan rápidamente como desea Banxico.

¿Qué hará el Banco de México? Tendrá que mostrar su autonomía y apegarse a su cometido constitucional de procurar estabilidad en el poder adquisitivo, justo en el momento que entramos de lleno en el proceso electoral. Ya se fue Agustín Carstens y la Junta queda cojo ante la falta de un integrante. El nuevo Gobernador no solamente enfrente su mayor reto, sino todavía más complicado de cualquier momento que enfrentó Carstens en su tiempo.

Perspectivas Económicas 2018

enero 8th, 2018 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en Perspectivas Económicas 2018)

Ya estamos por concluir 2017, un año por de más complicado. En 2013 solo alcanzamos crecer 1.4 por ciento, mientras que casi experimentamos una recesión. Este año apunta a que terminará como el segundo más bajo del sexenio con una tasa estimada del PIB de 2.1 por ciento, producto de la incertidumbre que inyectó la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos y al poco margen que tuvieron las finanzas públicas ante los abusos de los años anteriores. También, como en años anteriores, afectó la disminución paulatina de la producción de petróleo. Además, aumentó la inflación significativamente, registrando la tasa anual más elevada desde 2001. Peor aún, la inflación implícita en la canasta alimentaria de Coneval nos hace ver que los que más sufrieron ante la merma de su poder adquisitivo fueron las clases socioeconómicas más bajas. En este año crecimos poco, aumentó la pobreza y terminamos con una distribución todavía más inequitativa del ingreso.

Pero la peor noticia es que 2018 se avecina como un año todavía más complicado. Entre que la incertidumbre sobre el posible desenlace de las negociaciones del TLCAN ha aumentado, el Congreso de Estados Unidos acaba de aprobar una reforma fiscal que pudiera ser nefasto para nosotros y la Reserva Federal está a punto de acelerar su estrategia de reducir el carácter expansionista de su política monetaria, enfrentamos un escenario difícil. Ahora agreguemos una contienda presidencial compleja en la cual el ganador podría llevarse menos del 30 por ciento del voto popular y seguramente tendrá un Congreso de oposición. Finalmente, recordemos que es el último año de sexenio (conocido como el año de Hidalgo), en que debemos observar un patrón de gasto público invertido sin margen de maniobra en las finanzas públicas.

La dinámica típica del último año de sexenio resulta en mayor crecimiento, impulsado por más gasto público (en especial en la primera mitad del año) y la premura de concluir todas las obras públicas. Sin embargo, siete de las 25 instituciones financieras que participan en la encuesta quincenal de expectativas de Citibanamex opinan que el crecimiento en 2018 será igual o menor que el de 2017 mientras que, en promedio, todos esperan apenas una mejoría marginal de una décima. Solo dos instituciones, Scotiabank y Santander, manifiestan un escenario más optimista con una tasa de 2.7 por ciento para el año entrante. En cambio, cinco instituciones anticipan crecimiento por debajo de 2.0 por ciento.

Uno de los factores que influye en esta perspectiva nada optimista es el compromiso del gobierno federal de concluir el año con un déficit fiscal tradicional de 2.0 por ciento del PIB, sin el apoyo de un remanente operativo del Banco de México. Será interesante observar los esfuerzos del gobierno priísta para activar la economía en la primera mitad del año ante las restricciones fiscales aparentes y la angustia de ocupar en estos momentos el tercer lugar en las encuestas.

Lo que no queda claro es que si las expectativas de crecimiento de las instituciones financieras consideran un escenario con o sin TLCAN. Por lo pronto, podemos anticipar que continúe el estancamiento en la inversión privada ante la incertidumbre, lo que explica el poco dinamismo esperado. Sin embargo, si las negociaciones actuales terminan sin un acuerdo, es muy posible que veamos un freno significativo en la segunda mitad del año que, aparentemente, no esta considerado en las proyecciones. ¿Qué tanto? Difícil de saber, pero será principalmente por una disminución en la inversión, mientras que las exportaciones continuarán en lo que concluye el plazo de seis meses. Esto significa que el impacto mayor de quedarnos sin TLCAN será en 2019, al iniciar el próximo sexenio.

Las buenas noticias de 2018 están en la disminución anticipada en la inflación. Sin excepción, todas las instituciones financieras esperan menos inflación el año entrante. El consenso prevé que disminuye a 3.85 por ciento en 2018 de 6.55 por ciento a finales de 2017. La institución más pesimista, Finamex, ve la tasa en 4.60 por ciento, mientras que 13 instituciones la ven por debajo de 4.0 por ciento. La razón principal es el cambio en la base de comparación dado que nadie anticipa otro gasolinazo. Esto aboga bien para el consumo de los hogares, dado que permitirá cierta recuperación en la merma del poder adquisitivo que sufrimos la mayoría este año.

La Inflación

noviembre 1st, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Inflación)

La inflación registró 6.66 por ciento en agosto de este año, la tasa anual más elevada desde mayo 2001. En apenas 20 meses vimos como se fue de 2.13 por ciento en diciembre de 2015 (la tasa más baja desde que existe el INPC a partir de 1969), a la más elevada de los últimos 195 meses. El mes pasado, por primera vez en 15 meses, vimos que bajó a 6.35 por ciento. ¿Es el comienzo de una nueva trayectoria a la baja?

La tasa mensual de 0.31 por ciento de septiembre fue algo fortuita. Fue mucho menos de lo anticipado, ya que en la segunda quincena bajaron varios precios temporalmente a raíz de los sismos, como el transporte público y el servicio de telefonía móvil. Estas disminuciones se combinaron con la reducción en precios de varias frutas y verduras y el final de la temporada alta de turismo, de tal forma que la tasa de la segunda mitad del mes fue -0.17 por ciento, muy inusual para una segunda quincena de septiembre. De no haber sido por los sismos, es muy probable que la inflación del mes se hubiera acercado más a 0.5 por ciento; pero aun así la inflación anual hubiera quedado alrededor de 6.5 por ciento, marcando el principio de una trayectoria descendente.

Los últimos cuatro meses del año son, típicamente, los de mayor inflación en el año. Se combinan los aumentos en colegiaturas (septiembre) con incrementos en las tarifas eléctricas ante el fin de la temporada de subsidios en las zonas cálidas del país (octubre y noviembre), con los aumentos en precios en diciembre ante la mayor demanda por los aguinaldos y compras navideñas. Esto significa que la tasa anual aumentará o disminuirá de aquí a fin de año, si la inflación de estos meses es mayor o menor a los mismos del año anterior. La inflación acumulada de los últimos cuatro meses de 2016 fue 2.48 por ciento, mientras que la mayoría de los analistas apuestan a que no será muy diferente en los mismos meses de 2017. Esto nos lleva a que el consenso para fin de año (de la Encuesta de Instituciones Financieras de Citibanamex del 5 de octubre) es de 6.3 por ciento. El Banco de México sí anticipa que será menor, para terminar el año en 5.9 por ciento.

Casi todos anticipan una disminución significativa en la inflación en 2018. El consenso de la encuesta de Citibanamex es de 3.8 por ciento para fin de año, que ya se ubica por debajo del límite superior del rango de variabilidad de Banxico. La institución más pesimista (Vector) anticipa que bajará a 4.5 por ciento, pero hay varios (Bursamétrica, Itaú y Nomura) que anticipan que la tasa bajará hasta 3.3 por ciento.

La razón principal es por el efecto de la base de comparación. En enero de este año sufrimos un incremento de 1.70 por ciento respecto al mes anterior, el aumento más pronunciado para un mes desde enero de 1999. Todos recordamos el famoso gasolinazo que provocó manifestaciones, saqueos y protestas por todos lados ante la decisión del gobierno de aumentar en forma descabellada el precio de la gasolina. Dado que nadie anticipa que las autoridades vuelven a cometer el mismo error en enero de 2018, matemáticamente tendremos una disminución muy pronunciada que, a principios de año, debería disminuir la inflación anual por debajo de 5.0 por ciento.

En los siguientes meses de 2017, en especial febrero y marzo, hubo una escalada de precios ante el impacto de la gasolina y por la depreciación acumulada en el tipo de cambio de los dos años anteriores. Dado que se anticipa un tipo de cambio en el primer trimestre de 2018 menor a la que existía a principios de 2017, ya no existe la presión cambiaria. Por lo mismo, es de esperar que las tasas de febrero y marzo de 2018 sean mucho menores a las observadas en 2017.

¿Pero por qué sentimos que la inflación es mucho más elevada y que no bajará tan rápidamente? Una buena parte de la razón es que el INEGI involucra en su cálculo precios virtuales (como la renta imputada), que no tiene nada que ver con las restricciones presupuestales de muchas familias y precios de muchos bienes y servicios que son muy estables pero que casi no nos percatamos. En cambio, los precios más visibles, como de los alimentos, son los que más han aumentado. Simplemente podemos voltear a ver la inflación implícita en la Canasta Alimentaria que calcula Coneval para medir la pobreza laboral; en agosto llevaba un incremento de 12.7 por ciento, prácticamente lo doble de lo que nos reporta INEGI.

El Poder Adquisitivo

septiembre 27th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Poder Adquisitivo)

Aparentemente hubo una mejoría en el ingreso laboral real entre 2014 y 2016. La razón principal fue que en 2015 la inflación fue 2.13 por ciento (la más baja en la historia del INPC) y en 2016 fue 3.36 por ciento. Sin embargo, ya podemos advertir desde ahora que es muy probable que habrá una disminución significativa en 2017, ya que todo apunta a que la inflación terminará el año por arriba de 6.0 por ciento. Incluso, los propios datos del Banco de México señalan que en agosto el promedio de aumentos en las revisiones salariales fue 4.1 por ciento, justo cuando la inflación alcanzó 6.66 por ciento.

Estos datos ponen de relieve el próximo aumento en el salario mínimo que, según varias fuentes, podría aumentar entre 12 y 14 por ciento antes de finalizar el año. De entrada, llama la atención el informe mensual de Conasami que presume que, de enero a julio el salario mínimo general acumuló un crecimiento en su poder adquisitivo de 5.81 por ciento. Su cálculo resulta de descontar la inflación de 3.57 por ciento acumulada en los primeros siete meses del año al incremento nominal de 9.58 por ciento que se otorgó a partir del primero de enero. Sin embargo, resulta un tanto capciosa el cálculo ya que, para empezar 3.9 por ciento del aumento era para compensar la pérdida de poder adquisitivo del año anterior y tan solo 5.5 por ciento fue el “monto independiente de recuperación”. Si hacemos el cálculo con esta lógica, resulta que para octubre es casi un hecho de que ya se habrá perdido por completo el monto de recuperación al enfrentar una inflación acumulada en esos diez meses por arriba de 5.5 por ciento.

Sin embargo, el cálculo debe llevar otro raciocinio, ya que los que ganan cerca de un salario mínimo no enfrentan la canasta implícita del INPC que incluye automóviles, servicio telefónico celular, servicios de esparcimiento, carnes y productos alimenticios que simplemente no están a su alcance, restaurantes, hoteles y viajes en avión. Incluso, el INPC abarca el concepto de renta imputada en la vivienda propia que ni siquiera es un concepto que afecte a su restricción presupuestal. Para la familia que busca sobrevivir con un salario mínimo, el cálculo de inflación que se obtiene mediante el INPC ha de ser parecido a algo sacado de una novela de Franz Kafka.

Uno de los organismos que entiende mejor este entorno que el Conasami es el Coneval. Este organismo calcula una línea de bienestar mínimo (canasta alimentaria) que comprenda el ingreso mínimo mensual por persona que se necesita para no estar en una situación de pobreza extrema. Para agosto de este año, el monto se calcula en 1,477.31 pesos que, para una familia de dos representa más del doble del salario mínimo vigente. Dado que los componentes de esta canasta son fijos, la línea de bienestar mensual contiene implícitamente un índice de precios mucho (pero mucho) más relevante para el segmento de la población que gana cerca de un salario mínimo que el INPC.

Pues resulta que el incremento en precios para la canasta alimentaria de bienestar mínimo a agosto es de 12.69 por ciento, prácticamente el doble del 6.66 por ciento que reporta INEGI. El acumulado en el año es 7.86 por ciento comparado con 4.08 por ciento del INPC. Si hacemos el cálculo con estas cifras, resulta que ya le debemos a los que ganan el salario mínimo 2.2 por ciento de lo que dizque se le otorgo como monto de recuperación.

El gobierno actual presume que el poder adquisitivo del salario mínimo ha mejorado, aunque marginalmente, en lo que va este sexenio. ¿Cómo llegan a esta conclusión? Resulta que el aumento nominal acumulado del salario mínimo es ligeramente superior a la inflación acumulada en el INPC. No obstante, mientras que la inflación acumulada a agosto en el sexenio llega a 18.90 por ciento, el costo de adquirir la canasta alimentaria de bienestar mínimo ha aumentado 27.51 por ciento, es decir, el mínimo ha perdido 6.75 por ciento de poder adquisitivo relevante en esta administración.

Está a la vuelta de la esquina la próxima reunión del Consejo de Representantes del Conasami en la cual se va definir el incremento a los mínimos que, según esto, se hará en forma parecida al anterior; habrá dos partes que compensan la inflación pasada (un porcentaje) y otra denominada “monto independiente de recuperación”. Ojalá que en esta ocasión se tome el índice implícito de la canasta alimenticia como referencia.