Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Queda claro que empezamos el año muy mal: el gasolinazo y los subsecuentes saqueos y manifestaciones generalizadas, junto con el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos, nos pusieron a todos de mal humor. El pesimismo se vio primero en el peso mexicano cuando el tipo de cambio “fix” alcanzó 21.9076 el 11 de enero. Posteriormente vimos un desplome sin precedente en las confianzas del consumidor y empresarial. Las percepciones sobre la situación actual y futura de la economía del país registraron niveles de pesimismo abismales, incluso muy por debajo de los peores momentos de la Gran Recesión de 2008-2009. Todos revisaron sus expectativas de crecimiento a la baja y veían un aumento significativo en las probabilidades de una recesión.

Tres meses después el tipo de cambio se ubica en 18.4863, ya por debajo del promedio de 18.6943 del año pasado e incluso en niveles que prevalecían antes de las elecciones de Estados Unidos. La confianza del consumidor rebotó en febrero y marzo, casi reponiendo la caída de enero, mientras que la empresarial mostró una mejoría todavía mayor. Todavía existe cierto escepticismo, pero esa percepción negativa extrema de enero se está desvaneciendo. Las probabilidades de una recesión han disminuido significativamente, mientras que por primera vez (en 16 meses) vimos una revisión hacia arriba en las expectativas de crecimiento para 2017, de 1.4 por ciento en marzo a 1.55 por ciento en abril, en la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF. Claramente, hubo una sobrerreacción del mercado ante los acontecimientos de principio de año.

El gasolinazo en enero quedará como uno de los errores más grandes de este sexenio. Sin embargo, el impacto ha se asimiló y el enojo ha bajado. La incertidumbre que representaba Trump para el futuro del TLCAN también ha disminuido, al ver primero que no sería tan catastrófica una posible salida de Estados Unidos y segundo, que las opciones que se presentaron a principios de año no son tan amplias. Ahora vemos que México no tiene tanto que perder ante una eventual renegociación y que es altamente probable que subsista la relación comercial entre vecinos.

De hecho, hemos observado una recuperación en la producción manufacturera de Estados Unidos en los últimos meses, después de casi dos años de estancamiento. La disminución de 0.4 por ciento de marzo fue la primera tasa negativa en seis meses y aun así el promedio de los primeros tres meses del año se ubica 1.0 por ciento por encima del promedio de 2016. Sin embargo, todavía más importante, ya vemos una clara tendencia alcista en las exportaciones de Estados Unidos a pesar de la fortaleza de su moneda. Esto implica una mayor demanda por insumos mexicanos. De hecho, ya vemos una tendencia alcista de la producción manufacturera mexicana y finalmente, crecimiento en nuestras exportaciones. Esto es vital, ya que han sido nuestro principal motor de crecimiento de las últimas dos décadas. Lo que parecía que iba ser fatal a principios de año, no se materializó.

No obstante, no todo marcha bien. La inversión privada todavía muestra estancamiento y cierto escepticismo. La construcción no residencial se desplomó a mediados del año pasado y no da señales de recuperación. Las obras de ingeniería civil, cuyo ímpetu es la inversión pública, sigue (y seguirá) a la baja ante los problemas de consolidación fiscal que enfrenta el gobierno.

Pero posiblemente la clave para el crecimiento económico de este año será el consumo de los hogares, que ya enfrenta cierta desaceleración. Aunque los últimos datos confirman que es el consumo de bienes y servicios de origen nacional lo que crece, mientras que los bienes de consumo importados se ha estancado desde hace más de un año, la parte endeble de la ecuación es el ingreso disponible de las familias. Si bien ha aumentado el empleo, es en su mayoría de muy baja remuneración, mientras que el aumento en la inflación en los primeros tres meses del año ha sido sumamente perjudicial. No hemos visto los cambios de hábito que muestran los consumidores ante una crisis, pero sí una adaptación a una pérdida en su poder adquisitivo. Estimaciones independientes al INEGI, realizadas por Kantar Worldpanel México, señalan que los precios de los productos que más adquieren los hogares han aumentado en promedio cerca de 10 por ciento. Por lo mismo, la inflación es la principal preocupación de los consumidores.

¿Recesión?

Febrero 15th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Como alguna vez dijo Agustín Carstens que “México solo tiene un catarrito”, ahora el Presidente nos dice que no enfrentamos una crisis sino tan solo “un desafío Económico”. ¿Será? Todavía no tenemos datos duros sobre el comienzo del año, pero algunas cifras ya están disponibles.

Empezamos el año con el mayor aumento en el precio de la gasolina en la historia moderna de la “estabilización macroeconómica”. No solamente provocó que la tasa de inflación fuera la más elevada para un mes desde enero de 1999, sino que causó una furia en la población que culminó con manifestaciones, saqueos y disturbios en muchas entidades. De 3.4 por ciento en diciembre, la inflación del consumidor subió a 4.7 por ciento en enero; sin embargo, los precios productor de mercancías y servicios de uso intermedio alcanzó 13.1 por ciento anual, mientras que los de la industria manufacturera registró una tasa de 27.0 por ciento. Estos datos nos hacen anticipar un incremento mucho más pronunciado en la inflación en el año y una merma considerable en el poder adquisitivo de la población.

El tipo de cambio “fix” terminó 2016 en 20.52 pesos por dólar; pero en los primeros once días del año subió a 21.91 pesos. El nivel implica un aumento de 49.6 por ciento en dos años y 68.7 por ciento en tres. Aunque ha bajado un poco en las últimas dos semanas, aun así, el tipo de cambio real alcanzado en enero representa el nivel más deteriorado de la moneda desde que inició el régimen cambiario actual. En principio, esto debería llevar a un “boom” en las exportaciones, sin embargo, tuvieron una tasa negativa de crecimiento en 2016 al igual que en 2015. Sabemos que eventualmente habrá un mayor traspaso a la inflación, por lo que las perspectivas de nuestro poder adquisitivo se ven todavía más nublado.

En los primeros días de febrero salieron los indicadores de confianza empresarial y del consumidor, caracterizados por un desplome generalizado. En el caso de la del consumidor se registró el mayor nivel de pesimismo en toda la historia del indicador, muy por debajo de su peor momento en la Gran recesión de hace ocho años. Lo que más preocupa al consumidor (y al empresario) es la situación actual y futura de la economía del país, pero hubo caídas abruptas en todos los aspectos.

Banxico reaccionó con un incremento de 50 puntos base en su tasa de política monetaria, para llegar a 6.25 por ciento. Uno de los pocos aspectos de la economía que tuvo buen desempeño en los dos últimos años fue el consumo de los hogares, alimentado en buena medida por el crecimiento real del crédito. Sin embargo, con un incremento acumulado de 325 puntos base (más lo que nos espera en los siguientes meses), nos hace pensar que el consumo empezará a desacelerarse, ya que, entre el incremento en los precios y el encarecimiento del crédito, los hogares no podrán sostener su ritmo de compra de los bienes y servicios.

Uno de los primeros indicadores que ya reflejan esta desaceleración anticipada son las ventas reales reportadas por la ANTAD en enero. La tasa anual de ventas a tiendas totales creció apenas 2.1 por ciento, comparada con una tasa de 8.6 por ciento en enero del año pasado. Sin embargo, preocupa todavía más la expectativa de crecimiento de la ANTAD para todo el año de apenas 1.2 por ciento, comparado con el observado de 6.8 por ciento en 2016 y 7.3 por ciento de 2015.

Finalmente tenemos los Indicadores IMEF sobre el desempeño manufacturero y no manufacturero (comercio y servicios) de enero. Ambos indicadores se ubican por debajo del umbral de 50 puntos, que es consistente con una desaceleración económica. Pero en especial, llama la atención el No Manufacturero, ya que las actividades terciarias han sido de lo poco que ha producido crecimiento en el país. El nivel de este indicador se ubica en 47.1 puntos, su nivel más bajo observado fuera de los años de la Gran Recesión, mientras que su subíndice de nuevos pedidos registró un mínimo de 42.9 puntos, ya consistente con un entorno de recesión.

No hay muchos más datos que estos mencionados y no podemos aventurar un análisis completo a partir de una sola observación. Sin embargo, todos estos indicadores apuntan a una situación de crisis o de recesión y no simplemente de un pequeño desafío. Podemos tener todavía la ilusión de que enero tuvo un comportamiento aberrante y que empezaremos a mejorar a partir de febrero. ¿Ustedes lo creen?

El INEGI dio a conocer el viernes pasado, el indicador de confianza del consumidor para enero. No solamente se registró un nuevo mínimo histórico (28.9), muy por debajo del anterior (33.1 de octubre 2009), sino que se llegó a tal nivel mediante la caída más pronunciada para un mes a otro desde que existe del indicador. De hecho, los cinco componentes experimentaron caídas escandalosas, nunca visto antes. Las caídas de cuatro de los componentes fueron las mayores en toda la historia, mientras que tan solo una (sobre el momento adecuado para adquirir bienes duraderos) no logró establecer una máxima, pero por una sola décima. Los niveles de tres de los cinco componentes tocaron nuevos mínimos, que son la percepción del consumidor sobre la situación económica del país del presente y del futuro y sobre la situación económica del hogar en el futuro. Fue tan estrepitosa la noticia, que REFORMA decidió darla a conocer a ocho columnas el sábado pasado (aunque desafortunadamente habló del “índice” y no del “indicador”).

Unos días antes, el INEGI había dado a conocer el indicador de confianza empresarial, que también registró una caída exagerada, mientras que uno de sus componentes (sobre la situación económica futura del país) estableció un nuevo mínimo histórico. ¿Qué es lo que explica el pesimismo tan exagerado tanto del consumidor como del empresario? Entre los factores mencionados por algunos analistas están la llegada de Trump y la depreciación del peso. Si bien es cierto que estos dos factores han pesado en el ánimo de la gente, explican la trayectoria descendente que tiene ambos indicadores desde hace un año (algo que ya hemos comentado aquí en octubre y noviembre del año pasado), pero no la caída tan pronunciada de enero respecto al mes anterior. Más bien fue el gasolinazo que incendió a la población a tal grado que hubo manifestaciones en todo el país y saqueos en muchas partes. Esto último fue la gota que derramó el vaso, que ya se estaba llenando desde tiempo atrás.

El nivel del indicador de confianza del consumidor (28.9) se ubica ahora por debajo del umbral “Leyva” de 34.5 puntos, que estableció el INEGI como el umbral estadístico consistente con una caída en el consumo de los hogares (con un 95 por ciento de probabilidad). En principio, esto significa que deberíamos de observar una tasa negativa en el consumo privado, prácticamente el único factor por el lado del gasto del PIB que ha estado creciendo. De ser cierto, es casi un hecho que estaríamos entrando ya en una recesión. ¿Será?

No necesariamente. Si analizamos detenidamente cada uno de los cinco componentes de indicador, encontramos caídas acentuadas en todos, a tal grado que tres se ubican en mínimos históricos. Sin embargo, los otros dos que no registraron mínimos históricos son la apreciación sobre la situación actual del hogar y sobre el momento actual para efectuar compras de bienes duraderos. Si analizamos las preguntas de la encuesta que no están incluidas en el indicador, en especial aquellas enfocadas a decisiones de compra, encontramos que ninguna registró un mínimo histórico.

Esto significa que el consumidor todavía no ve tan fatal su situación económica personal en la actualidad, sino que su pesimismo está mucho más enfocado en la situación económica del país (tanto el actual como el futuro) y el posible efecto que podrá tener más adelante sobre su hogar. Está muy preocupado por el incremento de precios en general (no solamente de la gasolina), ya que podrá ver mermado su poder adquisitivo. Por lo pronto, podemos esperar un poco más de cautela, que se va manifestar en una desaceleración en el consumo, pero no necesariamente una caída tal cual. Desafortunadamente, los indicadores de consumo son los más atrasados de todos. No obstante, habrá que estar atento.

La noticia hace resaltar aún más la inconsistencia del INEGI en mantener dos resultados distintos (un “índice” y un “indicador”) de una sola encuesta. Por ejemplo, en enero el “índice” disminuyó 17.9 puntos porcentuales, mientras que el “indicador” cayó 6.1 puntos. He platicado mucho sobre esto, tanto con Eduardo Sojo, el presidente anterior, como con Julio Santaella, el presidente actual. Ambos coinciden en que el problema radica en la testarudez del Banco de México (que paga la encuesta), que no ha querido autorizar la desaparición del “índice”, a pesar de que solo sirve para confundir.

El INEGI dio a conocer hace un par de días el consumo de los hogares (para agosto) y la confianza del consumidor (para octubre). Dos indicadores importantes y supuestamente relacionados entre sí. Uno pensaría si el consumidor no tiene confianza, adoptará una actitud cautelosa y no va consumir mucho; en cambio, si aumenta su confianza, empezará a gastar más. Aparentemente, no es tan sencillo.

Después de un par de años de muy lento crecimiento, a partir de 2015 empezamos a observar una mejoría significativa en el consumo de los hogares, mediante un crecimiento de 3.5 por ciento en promedio, que fue muy por encima del avance del PIB de ese año. Ahora seguimos viendo un buen despeño en el consumo, aunque con una ligera desaceleración. En agosto disminuyó -0.2 por ciento respecto a julio, pero solo después de alcanzar un máximo histórico en ese mes. En los primeros ocho meses del año ha crecido 3.2 por ciento respecto a los mismos ocho meses de 2015. De hecho, el consumo privado es prácticamente el único componente del PIB (por el lado del gasto) que muestra crecimiento positivo.

El mismo día, el INEGI dio a conocer que la confianza del consumidor había aumentado 0.15 puntos en octubre respecto al mes anterior, pero solo después de haber alcanzado su nivel más bajo desde abril 2010. De hecho, la tendencia-ciclo de la confianza muestra una pendiente negativa a lo largo de los últimos doce meses. Su nivel de octubre de 35.5 (de una escala de 0 a 100) es el más bajo observado en toda la historia del indicador salvo el periodo de la Gran Recesión en 2009.

En otras palabras, vemos a los hogares consumiendo relativamente bien, pero con un nivel de confianza que anda por los suelos. ¿Cómo podemos conciliar ambos indicadores? ¿Por qué siguen consumiendo los consumidores si su confianza se ha desplomado? Para entender lo que está pasando, primero hay que descomponer el indicador de confianza en sus componentes. Aunque resulta que los cinco han disminuido, la percepción del consumidor acerca de su situación actual no ha disminuido mucho y la de cómo considera el momento actual para efectuar compras mayores (bienes duraderos) se mantiene estable. En cambio, a pesar de que ve su situación actual relativamente estable, empieza a perder algo de confianza en torno a su situación futura. Pero lo que realmente explica el desplome es su percepción sobre la situación actual del país y todavía peor aún, es el pesimismo creciente en torno al futuro del país. En este último rubro, nunca ha manifestado tanto pesimismo como la actual, ni siquiera en el peor momento de la Gran Recesión de 2009.

¿Qué explica esta visión colectiva tan melancólica de los mexicanos de la situación económica? ¿Es simplemente un mal humor social? Creo que es algo mucho más hondo y más apegado a lo que muchos indicadores económicos reflejan. Primero, hemos visto una depreciación de la moneda de alrededor de 35 por ciento en los últimos dos años (y de 50 por ciento en los últimos ocho), cuando las devaluaciones pasadas de la moneda eran símbolos de crisis, recesión y gran pérdida de poder adquisitivo. Segundo, hemos visto que el crecimiento económico promedio del sexenio está por debajo de cada uno de los cuatro sexenios anteriores (a pesar de las famosas reformas estructurales). Tercero, todos hemos sentido una pérdida significativa en nuestro poder de compra a pesar de que el gobierno presume la inflación más baja en la historia. Cuarto, hemos visto como el crecimiento de la deuda pública federal y el deterioro de las finanzas públicas nos ha llevado a que las agencias calificadoras nos pongan en perspectiva negativa. Quinto, se va desvaneciendo la estabilidad macroeconómica, que era de lo poco que podíamos presumir, con los desequilibrios fiscal y externo. Sexto, vemos como los gobiernos locales han llevado a la quiebra a estado tras estado. Séptimo, hemos visto como la corrupción y la impunidad crecen y crecen sin mayor empeño del gobierno. Octavo, la violencia y la falta de seguridad pública han llegado a nuevos máximos históricos. Noveno, hace un año apareció de la nada un racista, fascista, misógino y anti-mexicano, que dice que somos de lo peor y amenaza con quitarnos nuestras remesas y quien sabe que más. Décimo, nos enfrentamos a una democracia disfuncional, que no nos ofrece un camino para deshacernos de los malos gobernantes y partidos políticos.

A principios de año, la gran mayoría de los indicadores económicos mostraban una tendencia negativa o de estancamiento, lo que motivó una revisión sistemática a la baja en las proyecciones de crecimiento para el año. Hace unos meses, los resultados ya señalaban un comportamiento mixto, con mejorías en la producción manufacturera y las exportaciones, pero todavía un desempeño pobre en la inversión y el consumo de los hogares. Afortunadamente, en el último mes empieza a surgir un balance más favorable que apunta hacia una recuperación más en forma para la segunda mitad del año. Aunque ya parece un sueño alejado alcanzar una tasa de 3 por ciento para el año, todavía con algo de suerte podemos alcanzar la expectativa oficial de la SHCP de 2.7 por ciento.
El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas divulgó el lunes los resultados del Indicador IMEF Manufacturero para agosto. El nivel ajustado por tamaño de empresa registró 53.4 puntos, el segundo mejor nivel observado desde septiembre-noviembre de 2012, mientras que la tendencia alcanzó 52.9 puntos, el nivel más elevado desde diciembre 2012. Fueron tan buenas noticias que hasta la SHCP la divulgó en su cuenta de Twitter.
Sabemos lo importante que es la producción manufacturera para México. Dado que alrededor del 80 por ciento de nuestras exportaciones no petroleras son bienes manufactureros, cuando nuestras exportaciones crecen bien, se encienda la producción manufacturera y tarde o temprano, jala a la economía interna. Desde mediados de los noventa ha sido prácticamente en único motor de crecimiento del país. Cuando deja de crecer, al poco tiempo se estanca el resto de la economía.
El entorno externo se oscureció a principios de año cuando Europa seguía en recesión y la actividad económica de Estados Unidos experimentó una contracción significativa. Sin embargo, el segundo trimestre mostró que el anterior fue simplemente una anomalía a raíz de las condiciones climatológicas adversas y una disminución sorpresiva en los servicios de salud y cuidado personal. Entrando la primavera, los negocios aceleraron la producción ante una demanda creciente y hubo un notorio incremento en los inventarios. El consumo de los hogares aumentó significativamente, lo cual es muy importante para la economía norte americana, ya que representa su principal motor de crecimiento. El rebote del segundo trimestre fue tan importante, que las últimas encuestas ya muestran revisiones al alza para 2014 de 1.6 por ciento en julio a 2.1 por ciento en agosto (según Consensus Economics). Aunque el FMI todavía no ha revisado al alza su estimación para el año, ha dicho que Estados Unidos crecerá por arriba de su potencial en la segunda mitad de 2014 y en 2015.
No queda duda que mejorado el entorno externo para México y que representará un impulso importante para la economía en los dos últimos trimestres del año. ¿Pero la economía interna? Hasta ahora el consumo de los hogares y la inversión privada han permanecido estancados, caracterizados por niveles de confianza muy endebles. Aunque la construcción parece haber tocado fondo hace unos meses, todavía no levanta lo suficiente como para contribuir al crecimiento económico. El gobierno federal presume de aumentos significativos en el gasto público, especialmente en los rubros de inversión, pero todavía no se traduce en valor agregado en las cuentas nacionales.
Aquí es justamente donde recibimos gratamente las noticias del Indicador IMEF No Manufacturero para agosto. Registró un incremento de 2.2 puntos para alcanzar 52.7 puntos en el mes, pero quizás la noticia más importante es que se da un incremento importante después de siete meses consecutivos de una marcada tendencia a la baja. La noticia parece indicar que el estancamiento del consumo de los hogares toco fondo y que empieza a revertirse. El gasto amplio a nivel de gobierno federal empieza a sentirse a nivel estatal y local, lo que sugiere que la inversión pública debe empezar a pintar en esta segunda mitad del año. Si el consumo y la inversión privada responden, aunque tibiamente, es posible que ya pudiéramos entrar a una etapa seria de recuperación.
¿Qué signos deberíamos esperar? Este viernes el INEGI divulgará los indicadores de confianza al consumidor y empresarial. La parsimonia del consumidor ha sido un factor clave en las compras en los hogares, que se ha reflejado en los niveles tan bajos del índice de confianza. Necesitamos ver un aumento sistemático en este índice, dejando atrás los niveles actuales menores a 90 puntos (37 puntos en una escala de 0 a 100). Vamos a ver, pues será un buen primer paso.

Días antes de que el INEGI anunciara el PIB del primer trimestre, el Banco de México dio a conocer el nuevo rango de crecimiento que anticipa para el crecimiento del año. Básicamente con información de dos meses (enero y febrero) y estimaciones sobre la actividad económica de marzo, el Banco revisó a la baja en siete puntos decimales para obtener un rango de 2.3 a 3.3 por ciento (punto medio 2.8 por ciento). Sin embargo, el desempeño de marzo resultó ser mucho peor de lo que se esperaba, por lo que el Banco se vio forzado a revisar aún más su estimado (aunque sin divulgar la nueva cifra).

A pesar de haber anunciado que ya no iba a reducir la tasa de política monetaria, la Junta de Gobierno decidió (por 3 votos a dos) bajarla de nuevo en 50 puntos base. En su comunicado, admiten una debilidad mayor a la estimada en el consumo y la inversión, mientras que el Gobernador del Banco aceptó públicamente que ya tienen un nuevo estimado de crecimiento más bajo, que será anunciado en su debido tiempo (en el próximo Informe Trimestral). Esta acción de las autoridades monetarias ha suscitado un debate interesante en torno al mandato del Banco. ¿Actúa como si tuviera doble mandato? ¿Está cediendo ante presiones políticas? ¿Busca el Gobernador complacer al Ejecutivo en pos de que le gustaría renovar su puesto por seis años más? ¿La decisión sorpresiva merma la credibilidad de la Junta? ¿Qué tan eficiente es la política monetaria para apuntalar el crecimiento económico?

El INEGI anunció hace un mes que la actividad económica de marzo había disminuido 0.81 por ciento respecto al mes anterior (ajustado por estacionalidad), uno de los peores desempeños de un mes desde la gran recesión de 2009. Esta caída llevó a que el crecimiento del primer trimestre fuera menor a lo esperado y a que casi todas las instituciones y analistas revisaran a la baja su estimado para el año. Sin embargo, resulta importante recordar que un mes malo no significa una tendencia negativa, ya que el crecimiento del IGAE siempre refleja cierta varianza. Después de un mes decepcionante, es usual observar una recuperación significativa al mes siguiente simplemente por un efecto rebote de una base de comparación baja.

Ahora el INEGI divulgó que la actividad económica de abril aumentó 1.25 por ciento, que es una tasa muy elevada (16.05 por ciento anualizado), mientras que la tasa de marzo fue revisada a -0.61. Una buena parte de la explicación de este comportamiento puede ser un rebote del mes anterior, pero aun así llama la atención. Si tomamos el crecimiento promedio mensual de los primeros cuatro meses del año y lo anualizamos, obtenemos una cifra de 4.3 por ciento. En otras palabras, con estos nuevos datos del INEGI, el comportamiento económico no parece ser tan débil como pensábamos con la información disponible a marzo.

El Banco de México nos había advertido que a pesar de una mejoría en las actividades secundarias (gracias a una recuperación en las exportaciones no petroleras), el consumo de los hogares y la inversión de las empresas reflejaban una debilidad preocupante. En el primer trimestre, las actividades terciarias (comercio y servicios) avanzaron tan solo a una tasa anualizada de 1.1 por ciento. Sin embargo, en abril el INEGI reporta un brinco de 1.09 por ciento respecto a marzo (13.84 por ciento anualizado), lo que sugiere el comienzo de una recuperación en serio. El problema es que todavía no queda claro la explicación de esta cifra. ¿Es simple ruido (positivo) de un mes o un efecto rebote? Si fuera el caso, no tenemos por qué esperar que los siguientes meses se comporten igual. Pero también pudiera ser que empieza a recuperarse la confianza en los hogares y en las empresas. De ser cierto, pudiera ser el comienzo de la recuperación tan anhelada. Pero independientemente de la interpretación, pone en más duda la decisión de Banxico, que ahora parece haber sido precipitada.

Paralelamente a esta discusión, hay que resaltar la manipulación engañosa de la SHCP. Los efectos de calendario hicieron que la tasa anual de marzo del IGAE tuviera un sesgo positivo, mientras que la de abril uno negativo. Sin embargo, la SHCP presumió la tasa de marzo sin mencionar que fue elevada (3.2 por ciento) por el efecto favorable de más días laborables. En cambio, puso de relieve inmediato el hecho de que la tasa baja de abril (0.5 por ciento) se debió a que en su comparación tuvo menos días laborables. No se vale. Quizá quiere engañar a algunos, pero lo único que logra realmente es una pérdida de credibilidad (que vaya si le hace falta).

La Encuesta Nacional Sobre Confianza del Consumidor (ENCO) es conocido en México porque de sus resultados mensuales se calcula el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). Para su construcción se emplean las respuestas de cinco preguntas:

  1. Comparada con la situación económica que los miembros de este hogar tenían hace 12 meses, ¿cómo cree que es su situación económica en este momento?
  2. ¿Cómo considera usted que será la situación económica de los miembros de este hogar dentro de 12 meses respecto a la actual?
  3. ¿Cómo considera usted la situación económica del país hoy en día comparada con la de hace 12 meses?
  4. ¿Cómo considera usted que será la situación económica del país dentro de 12 meses respecto a la situación actual?
  5. Comparando su situación económica actual con la de hace un año, ¿cómo considera, en el momento actual, las posibilidades de que usted o alguno de los integrantes de este hogar realice compras tales como muebles, televisor, lavadora, otros aparatos electrodomésticos, etcétera?

Las posibles respuestas son: mucho mejor, mejor, igual, peor y mucho peor. Se ponderan las respuestas a cada pregunta con valores incrementadas en 25 puntos desde cero a cien, con la finalidad de construir un subíndice para cada pregunta. De esta forma si el 100 por ciento de las respuestas son “mucho mejor”, el subíndice toma el valor de 100, mientras que si todas las respuestas fueran “mucho peor”, el subíndice sería cero. Finalmente se saca el promedio de los cinco subíndices para obtener el ICC, lo que se conoce como un indicador de difusión. En principio, el ICC y sus cinco subíndices son muy valiosos para que los analistas de la economía mexicana evalúan el “humor” de los hogares. Sin embargo, el INEGI igualó los resultados de enero de 2003 a 100, lo que limita el análisis y muchas veces genera confusión e imprecisiones.

Lo que no sabe mucha gente es que aunque el ICC está compuesto por cinco preguntas, la ENCO abarca 15.  La temática de la Encuesta se forma con la opinión de los encuestados sobre:

  • Situación económica, presente y futura de la persona entrevistada.
  • Situación económica, presente y futura de los miembros del hogar.
  • Situación económica, presente y futura del país.
  • Situación actual del consumo de bienes básicos como alimentos, zapatos y ropa, así como de bienes de mayor costo como televisor, lavadora y otros aparatos electrodomésticos.
  • Posibilidad de salir de vacaciones.
  • Posibilidad de ahorrar, en el presente y en el futuro.
  • Comportamiento esperado de los precios a futuro.
  • Situación del empleo en el país en los próximos 12 meses.
  • Poder de compra de la población para adquirir automóvil y casa en los próximos dos años.

Aunque el BIE del INEGI tiene las series completas de los cinco subíndices y el índice total de base enero de 2003 igual a 100, no publica los cinco subíndices en su versión original ni las series resultantes de las otras diez preguntas. La única forma de comparar uno de los subíndices con otro es en su versión original. Si el INEGI publicara los 15 subíndices originales, los analistas no solo pudieran realizar comparaciones válidas, sino también construir sus propios indicadores. Por ejemplo, su podrían agrupar las preguntas que abarcan la situación o percepción actual de los hogares para construir un índice de confianza actual, o bien, juntar las preguntas que indagan sobre las situaciones esperadas para calcular un índice de expectativas.

Las diez preguntas que no se dan a conocer son muy interesantes y de utilidad para el análisis de la coyuntura.  En especial, algunas provocan mucha atención para ciertos sectores de la economía.  Por ejemplo, las posibilidades de comprar un automóvil deben ser de gran relevancia para los productores y distribuidores de automóviles en el país, mientras que los planes de comprar, construir o remodelar una casa lo serán para las direcciones hipotecarias de las instituciones financieras, la industria de la construcción y el sector de bienes raíces del país. ¿Cuáles son estas preguntas?

Las 10 preguntas de la ENCO que no forman parte del ICC son:

  1. ¿Cómo describiría usted su situación económica comparada con la de hace 12 meses?
  2. ¿Cómo cree usted que será su situación económica dentro de 12 meses respecto a la actual?
  3. ¿En este momento tiene usted mayores posibilidades de comprar ropa, zapatos, alimentos, etcétera que hace un año?
  4. ¿Considera usted que durante los próximos 12 meses usted o alguno de los integrantes de este hogar tendrán posibilidades económicas para salir de vacaciones?
  5. ¿Actualmente usted tiene posibilidades de ahorrar alguna parte de sus ingresos?
  6. ¿Cómo considera usted que serán sus condiciones económicas para ahorrar dentro de 12 meses comparadas con las actuales?
  7. Comparando con los 12 meses anteriores, ¿cómo cree usted que se comporten los precios en el país en los siguientes 12 meses?
  8. ¿Cree usted que el empleo en el país en los próximos 12 meses…?
  9. ¿Algún miembro de este hogar o usted están planeando comprar un automóvil nuevo o usado en los próximos dos años?
  10. ¿Algún miembro de este hogar o usted están planeando comprar, construir o remodelar una casa en los próximos dos años?

Como se puede apreciar varias de estas preguntas son sobre las posibilidades de comprar, ya sea bienes no duraderos, vacaciones, un automóvil o una casa, que complementan e forma natural a la que sí está considerada en el ICC sobre las posibilidades de comprar bienes duraderos. Por lo mismo, le pedimos las series de la Encuesta al INEGI de estas cinco preguntas y construimos un nuevo indicador que le llamamos “Posibilidades de Compra” (ver gráfica). Tratándose de un indicador de difusión, tiene un rango de cero (total pesimismo) a 100 (total optimismo), mientras que se puede considerar a 50 como el umbral relativo entre el optimismo y el pesimismo.

Para analizar este índice especial, le hemos añadido una línea de tendencia (polinómica de grado 6), que es la línea roja suavizada más gruesa. De entrada es interesante observar que el indicador nunca se ha acercado a la zona de optimismo, sino más bien a fluctuado de 2004 a 2014 entre un rango de 14 a 28 puntos. Se puede apreciar como disminuye significativamente en la recesión de 2008-2009, para después iniciar una recuperación a partir de 2010. También refleja muy bien el deterioro reciente de la economía mexicana a partir de 2013.

Los últimos datos de la gráfica nos señalan que los hogares perciben actualmente sus posibilidades de compra en forma muy pesimista, cerca de los mínimos históricos que se presentaron en la gran recesión en 2009. Sin embargo, mientras que la actividad económica disminuyó 4.7 por ciento en 2009, el PIB avanzó 1.1 por ciento en 2013. Parece ser que el pesimismo actual se debe más al deterioro continuo en el poder adquisitivo y en el ingreso personal disponible de los hogares, acentuado por los efectos nocivos de la reforma hacendaria.

El lunes pasado, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público reafirmó su estimación de crecimiento de 3.9 por ciento para este año, después de que el INEGI había divulgado que el PIB creció 1.06 por ciento en 2013. Esta es la primera vez en lo que va del sexenio que la SHCP no revise a la baja su estimado de crecimiento, a pesar de que muchos analistas e instituciones financieras lo están haciendo. Mientras que la SHCP dice que no existen elementos suficientes para prever que la economía mexicana no pueda registrar la tasa de 3.9 por ciento, los demás citan la mayor debilidad económica con que terminó 2013 y la falta de dinamismo con que arranca el año.

Por un lado tiene razón la SHCP, ya que todavía carecemos de datos concretos sobre la actividad económica del primer trimestre. Pudiéramos observar un lento desempeño en los primeros meses del año, pero mayor crecimiento en los siguientes trimestres para alcanzar la tasa que prevé. Dependerá de la demanda por nuestras exportaciones no petroleras de Estados Unidos, del desempeño de la construcción, de la aprobación oportuna de las leyes secundarias pendientes, del dinamismo de la inversión privada y de la recuperación en el gasto en los hogares. Dado la baja base de comparación, no se necesita mucho para crecer por arriba del tres por ciento.

Sin embargo, los pocos datos disponibles advierten que el año empieza mal. De entrada tenemos el Indicador IMEF, que logró captar perfectamente bien el periodo recesivo del año pasado (algo que no logró el IPM del INEGI). El Indicador Manufacturero presenta una tendencia lateral en los últimos cuatro meses (alrededor de 50.6 puntos), indicativo de una economía todavía estancada. El Indicador No Manufacturero disminuyó en enero y febrero, lo que señala que las actividades terciarias pierden fuerza al inicio del año.

Enseguida tenemos el Índice de Confianza del Consumidor que en enero se desplomó a raíz de las acciones de la SHCP, que desembocaron en una reducción significativa del ingreso disponible en los hogares e incrementos en precios que redujo el poder adquisitivo de los consumidores. Hoy miércoles publica el INEGI los resultados de febrero, que seguramente señalaran todavía una molestia generalizado entre la población.

En tercer lugar, contamos con los datos del IMSS que reflejan la creación de empleos formales en la economía. Los datos de enero revelan que se generaron 35.0 por ciento menos empleos en enero respecto al mismo mes del año anterior comparado con diciembre. Peor aún, los pocos empleos que se crearon fueron de carácter temporal, ya que hubo una disminución en la cantidad de empleos permanentes. En cuarto lugar están los datos de desempleo de enero, que señalan que la tasa de desempleo urbano de enero se ubica en 6.5 por ciento, apenas una décima por debajo de la tasa de Estados Unidos. Esta tasa, que es la mayor observada en los últimos 31 meses, aumentó 140 puntos base en el mes.

En quinto lugar, tenemos la información brindada por la balanza comercial, de la cual las exportaciones no petroleras reflejan el andar de la manufactura, mientras que las importaciones expresan el dinamismo de la economía interna. Las exportaciones en enero disminuyeron en todas las categorías, lo cual es posiblemente la peor noticia de todas, ya que representan el motor de crecimiento de la economía. Lo positivo fue que las importaciones de bienes intermedios no petroleras, que está ligada a la producción manufacturera, aumentaron significativamente en enero respecto a diciembre. Sin embargo, las importaciones de bienes de consumo no petroleros y los bienes de capital disminuyeron, lo que refleja escasa demanda interna en los hogares e inversiones de las empresas.

Por último, tenemos las ventas de tiendas departamentales y de autoservicio que reporta la ANTAD. Los últimos datos reportan tasas reales negativas respecto a los mismos meses del año anterior. Los hogares tienen menos ingresos, enfrentan mayores precios y no tienen la confianza de que vaya a mejorar.

La única salvación sería que los recursos que el gobierno le quita a los hogares y empresas privadas, los gastara de manera más eficiente y con mayor impacto sobre la actividad económica. Sin embargo, todos sabemos cómo se los gasta el gobierno; su especialidad es el gasto opaco, ineficiente, desperdiciado e ineficaz para estimular el crecimiento.

En estos días salen nuevas encuestas de expectativas de Banxico y de Banamex. Vamos a ver cuánto disminuye el consenso de crecimiento para este año.

Dos Visiones Distintas

Febrero 6th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

No es tan fuera de lo común encontrar opiniones diferentes sobre México (y me imagino sobre cualquier país) dentro y fuera del país. Es más, las opiniones en el extranjero suelen ser más optimistas comparadas con los que residen en México. Podríamos pensar que los que viven fuera del país tienen menos información y no tienen la misma experiencia del vivir el día a día los problemas y dificultades que se presentan. Por ejemplo, no viven el caos diario del tráfico, las manifestaciones continuas, la toma del Zócalo o del Monumento de la Revolución, etc. Tampoco conocen nuestra historia con el mismo detalle y sentimiento. Por ejemplo, en 1994 antes de la devaluación de diciembre, los extranjeros traían sus fondos de inversión a México con base en los indicadores económicos existentes. Sin embargo, los mexicanos ya estaban comprando dólares porque sabían que había una crisis al final de cada sexenio. Si compramos esta hipótesis, podríamos decir que los que residen aquí son más realistas y por tanto, más pesimistas.

Pero también se puede argumentar que los mexicanos tienen una visión más sesgada y subjetiva, menos apegado a los hechos fríos.  No porque hemos tenido devaluaciones continuas en el pasado significa que vamos a volver a sufrir la misma experiencia, en especial cuando ya no hay la inflación de antes, el déficit externo es muy pequeño y las finanzas públicas están sanas (bueno, más o menos). No porque las pocas reformas que tuvimos a lo largo de la década anterior fueron ineficaces, significa que las que se han aprobado ahora también lo van a ser. Si esta visión es correcta, entonces podemos pensar que los extranjeros son más realistas y por tanto, más optimistas.

Independientemente de quien tenga razón, llama la atención la gran divergencia entre el pesimismo interno y el optimismo externo que existe en este momento. En el exterior, siguen con el tema del “momento México”. Moody’s y Standard & Poor’s, las dos empresas calificadoras más importantes del mundo, han mejorado nuestra calificación de riesgo-país, argumentando principalmente que las diez reformas aprobadas van a transformar al país y permitir que ahora si podamos crecer. Banker’s, una revista Europea que se especializa en temas financieros, le otorgó el premio del Ministro de Finanzas del año a nuestro Secretario de Hacienda por haber empujado las reformas. Medios tan importantes como el Financial Times, The Economist y el New York Times, escriben regularmente sobre el futuro promisorio del país. Sin duda, México está en la mira del resto del mundo como uno de los países con más potencial.

En cambio en México, la mayoría de los analistas se burlan del “momento México”, ven como se desvanece el Pacto para México y anticipan un año ríspido de manifestaciones y actos de desobediencia civil como protesta por las reformas. Pero no sólo el círculo rojo exterioriza su pesimismo, sino también los hogares. El Indicador de Confianza del Consumidor lleva 13 meses con una tendencia negativa, mientras que el resultado de enero se acerca a los mínimos visto en la gran recesión de 2009. La confianza empresarial también desciende rápidamente en todos los sectores que reporta el INEGI.

Quién sabe quién tendrá la razón al final de cuentas. Posiblemente nos encontremos a mitad del camino, con algo más de crecimiento como anticipan los extranjeros, pero sin que sea espectacular como se espera aquí. Pero hoy tenemos que reírnos de la ironía de que prácticamente a la misma hora que el INEGI nos reportaba un desplome en la confianza de los consumidores, Moody’s estaba informando su decisión de mejorar nuestra calificación de riesgo-país, llevándonos ya a la familia de los “A”, que refleja una capacidad fuerte (ya no simplemente adecuada) de cumplir con nuestras obligaciones crediticias. Mientras que los consumidores ven los efectos negativos de la reforma fiscal, Moody’s argumenta que la misma reforma hará maravillas para el país. Mientras que los consumidores manifiestan menos apoyo al gobierno y baja la popularidad del presidente, Moody’s piensa que el gobierno toma las acciones correctas y habla muy bien de Enrique Peña Nieto.

Luz Roja

Junio 4th, 2013 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Ya hemos comentado en varias ocasiones que la actividad económica está en una fase de desaceleración peligrosa que empezó a mediados del año pasado. Después de dos años con crecimiento cerca al 4%, hemos experimentado tres trimestres consecutivos creciendo a la mitad. En el primer trimestre de este año vimos un desempeño muy pobre de las exportaciones no petroleras (tradicionalmente nuestro principal motor de crecimiento), una reducción significativa en el gasto público y un estancamiento en la construcción. Al conocer las cifras del PIB de los primeros tres meses, tanto el gobierno como los analistas tuvieron que revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para el año. De una proyección inicial de 3.5%, ahora el consenso parece concentrarse alrededor de 3.0%.

Es muy temprano para saber con certeza cuál será el comportamiento del segundo trimestre, pues no solo falta casi un mes entero para concluir el periodo, sino que ni siquiera tenemos datos muy concretos del primero. Por ejemplo, la producción industrial de abril se dará a conocer hasta el martes de la próxima semana y el IGAE (del mismo mes) dentro de tres semanas. Sin embargo, han surgido muchos comentarios anecdóticos que sugieren que abril fue mal mes y que las cosas no mejoraron mucho en mayo.

Hasta ahora tenemos las cifras de la balanza comercial de abril que señalan tasas negativas para las importaciones y exportaciones no petroleras. Las primeras reflejan la actividad económica interna del país, mientras que las segundas representan nuestro motor de crecimiento. Las cifras del ANTAD (cuya cobertura es alrededor del 30% de las ventas al por menor del INEGI) para el mismo mes señalan ventas reales menores en abril de 2013 respecto al mismo mes de 2012, fenómeno que no se había reportado para ningún mes en los últimos 10 años (ni siquiera en los peores meses de la gran recesión de 2008-2009). Pocos datos, pero que nos adelantan que abril no fue buen mes.

Para mayo la información es todavía más escasa, pero igual no pinta bien. El Indicador IMEF Manufacturero registró un nivel de 48.3, por debajo del umbral de 50 puntos y el nivel más bajo desde junio de 2009 cuando empezó la recuperación. Su caída es resultado de bajas significativas en los subíndices de nuevos pedidos, producción y empleo. Este indicador nos adelanta el comportamiento de las actividades secundarias, que tienen una elevada correlación con las exportaciones no petroleras. Si tomamos en cuenta que el ISM Manufacturero de Estados Unidos también disminuyó a un nivel por debajo de los 50 puntos en mayo, queda claro que todavía no hay señales de una reactivación en nuestro principal motor de crecimiento.

También se dio a conocer el Indicador IMEF No Manufacturero para mayo, el cual reportó un nivel de 50.7, que significa una disminución por octavo mes consecutivo. Este indicador, que refleja la marcha de las actividades terciarias (comercio y servicios), presenta una desaceleración continua en la medida en que pierde fuerza nuestro motor de crecimiento. Sin el empuje de las exportaciones no petroleras, con la ausencia de dinamismo en el gasto público y con el estancamiento de la construcción, la economía interna sigue perdiendo fuerza.

Ante todo esto, el INEGI reportó que el Índice de Confianza del Consumidor cayó 0.55% en mayo, como consecuencia de disminuciones mensuales en los cinco componentes que lo integran. No solo es el cuarto mes consecutivo con baja, sino que se encuentra en niveles sustancialmente por debajo del promedio que se observaba antes de la gran recesión. Aquí es muy posible que el consumidor medio ha resentido el incremento generalizado en los precios de los alimentos, que representa la parte más significativa y visible de su consumo. También ciertos segmentos de la sociedad que complementan sus ingresos mediante envíos de sus parientes en el exterior, han sentido las disminuciones en las remesas que se han reportado a lo largo de los últimos 10 meses.

Habría que admitir que las malas noticias son todas de corto plazo y en principio no ha cambiado la perspectiva de una mejora a partir de la segunda mitad del año. Los analistas anticipan un avance positivo en los indicadores económicos de Estados Unidos y aquí deberíamos observar una reactivación del gasto público en estos meses. Sin embargo, si el crecimiento del segundo trimestre no supera el del primero, difícilmente llegaremos a una tasa de 3% este año. Por lo pronto ya es casi un hecho de que el primer año de este sexenio será de un crecimiento menor al del primero del sexenio anterior (3.26%).