Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI dio a conocer los resultados del indicador de confianza empresarial para abril. En el margen, hay mejorías en todos los sectores y en todos sus componentes. De la misma forma, también se percibe una mejoría en las expectativas de crecimiento del país para el año. Por ejemplo, el consenso de la Encuesta de Expectativas de los “Especialistas” en Economía del Sector Privado de Banxico, subió a 1.7 por ciento, cuando estaba en 1.5 por ciento apenas dos meses. Aunque todavía prevalecen factores que apunta a que el crecimiento este año será menor al de 2016, la diferencia ya no parece ser tan abismal.

¿De dónde proviene este optimismo? Como lo sugiere la apreciación del peso desde mediados de enero hasta abril, hubo una clara sobrerreacción en enero a los daños que representarían el gasolinazo y la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, es importante matizar esta mejoría, ya que en términos relativos todavía persiste cierto pesimismo. Por ejemplo, en la misma encuesta de Banxico señala un “especialista” que anticipa crecimiento de 0.0 por ciento para el año. El indicador de confianza empresarial muestra dos meses de recuperación, pero aun así sus niveles están en niveles históricamente bajos.

El indicador de confianza tiene varios hechos estilizados que valen la pena recordar. Primero, el empresario siempre ve el futuro con más optimismo que el presente, ya sea de la situación económica del país o la de su empresa. Segundo, siempre refleja mayor optimismo en la situación de su empresa comparado con la del país, ya sea en la actualidad o del futuro. Tercero, el componente de mayor pesimismo siempre es en torno a si ahora es el momento adecuado para invertir. Cuarto, al comparar ésta con la confianza del consumidor, siempre resulta más optimista el empresario. A raíz de estas vicisitudes, resalta el hecho de que lo que motivó realmente el desplome en la confianza empresarial en enero fue una caída brutal en la percepción futura de la situación económica del país. Aunque hubo disminuciones en los cinco componentes del Indicador, éste registró su mínimo histórico, mientras que los demás cayeron, pero ni siquiera cerca de sus mínimos anteriores. En los últimos dos meses la percepción futura del país en la confianza empresarial manufacturero se ha recuperado 6.7 puntos, pero aun así se ubica en la zona de “pesimismo”.

Existen otras señales y tendencias interesantes de este indicador. A partir de mediados de 2011 se modificó la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial para incluir a los sectores de construcción y comercio. También se abrió el sector manufacturero para abarcar siete subsectores diseñados ad-hoc. Anteriormente, el indicador se llamaba “confianza del productor”, pero al incluir más sectores, se modificó a “confianza empresarial”. En los primeros tres años de poder realizar comparaciones entre estos sectores, no se definió uno como más optimista o pesimista, ya que mostraban tendencias similares siendo a veces un sector más optimista y a veces otro. Sin embargo, desde mediados de 2015 los sectores de la construcción y de comercio han mostrado mucho más pesimismo que la manufactura. Resulta interesante esta tendencia, ya que mientras la manufactura mostraba algo de estancamiento, el comercio vivía buen momento ante el crecimiento continuo del consumo de los hogares.

Otra tendencia sugestiva está presente en los tres sectores y también en cada uno de los siete subsectores de la manufactura. Desde prácticamente el inicio de este sexenio se ha presentado una tendencia declinante continuo, es decir, poco a poco, los empresarios han abandonado una visión optimista en general y con el tiempo han mostrado cada vez más y más pesimismo. En los primeros meses del sexenio (de 2013), hubo un incremento en la confianza empresarial, a tal grado que se registró un máximo histórico. El Pacto para México y el discurso de que era el “momento México” dio muchas esperanzas y más que uno compró la idea de sería factible crecer por arriba de 5 por ciento. Sin embargo, esta ilusión se fue desvaneciendo con el tiempo y ahora iniciamos el quinto año consecutivo con una tendencia cada vez más hacia el pesimismo.

Pero, al final de cuentas la mejoría que hemos observado en estos dos meses es simplemente la recuperación de una sobrerreacción a inicios de año y no un cambio de tendencia. Lástima.

Queda claro que empezamos el año muy mal: el gasolinazo y los subsecuentes saqueos y manifestaciones generalizadas, junto con el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos, nos pusieron a todos de mal humor. El pesimismo se vio primero en el peso mexicano cuando el tipo de cambio “fix” alcanzó 21.9076 el 11 de enero. Posteriormente vimos un desplome sin precedente en las confianzas del consumidor y empresarial. Las percepciones sobre la situación actual y futura de la economía del país registraron niveles de pesimismo abismales, incluso muy por debajo de los peores momentos de la Gran Recesión de 2008-2009. Todos revisaron sus expectativas de crecimiento a la baja y veían un aumento significativo en las probabilidades de una recesión.

Tres meses después el tipo de cambio se ubica en 18.4863, ya por debajo del promedio de 18.6943 del año pasado e incluso en niveles que prevalecían antes de las elecciones de Estados Unidos. La confianza del consumidor rebotó en febrero y marzo, casi reponiendo la caída de enero, mientras que la empresarial mostró una mejoría todavía mayor. Todavía existe cierto escepticismo, pero esa percepción negativa extrema de enero se está desvaneciendo. Las probabilidades de una recesión han disminuido significativamente, mientras que por primera vez (en 16 meses) vimos una revisión hacia arriba en las expectativas de crecimiento para 2017, de 1.4 por ciento en marzo a 1.55 por ciento en abril, en la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF. Claramente, hubo una sobrerreacción del mercado ante los acontecimientos de principio de año.

El gasolinazo en enero quedará como uno de los errores más grandes de este sexenio. Sin embargo, el impacto ha se asimiló y el enojo ha bajado. La incertidumbre que representaba Trump para el futuro del TLCAN también ha disminuido, al ver primero que no sería tan catastrófica una posible salida de Estados Unidos y segundo, que las opciones que se presentaron a principios de año no son tan amplias. Ahora vemos que México no tiene tanto que perder ante una eventual renegociación y que es altamente probable que subsista la relación comercial entre vecinos.

De hecho, hemos observado una recuperación en la producción manufacturera de Estados Unidos en los últimos meses, después de casi dos años de estancamiento. La disminución de 0.4 por ciento de marzo fue la primera tasa negativa en seis meses y aun así el promedio de los primeros tres meses del año se ubica 1.0 por ciento por encima del promedio de 2016. Sin embargo, todavía más importante, ya vemos una clara tendencia alcista en las exportaciones de Estados Unidos a pesar de la fortaleza de su moneda. Esto implica una mayor demanda por insumos mexicanos. De hecho, ya vemos una tendencia alcista de la producción manufacturera mexicana y finalmente, crecimiento en nuestras exportaciones. Esto es vital, ya que han sido nuestro principal motor de crecimiento de las últimas dos décadas. Lo que parecía que iba ser fatal a principios de año, no se materializó.

No obstante, no todo marcha bien. La inversión privada todavía muestra estancamiento y cierto escepticismo. La construcción no residencial se desplomó a mediados del año pasado y no da señales de recuperación. Las obras de ingeniería civil, cuyo ímpetu es la inversión pública, sigue (y seguirá) a la baja ante los problemas de consolidación fiscal que enfrenta el gobierno.

Pero posiblemente la clave para el crecimiento económico de este año será el consumo de los hogares, que ya enfrenta cierta desaceleración. Aunque los últimos datos confirman que es el consumo de bienes y servicios de origen nacional lo que crece, mientras que los bienes de consumo importados se ha estancado desde hace más de un año, la parte endeble de la ecuación es el ingreso disponible de las familias. Si bien ha aumentado el empleo, es en su mayoría de muy baja remuneración, mientras que el aumento en la inflación en los primeros tres meses del año ha sido sumamente perjudicial. No hemos visto los cambios de hábito que muestran los consumidores ante una crisis, pero sí una adaptación a una pérdida en su poder adquisitivo. Estimaciones independientes al INEGI, realizadas por Kantar Worldpanel México, señalan que los precios de los productos que más adquieren los hogares han aumentado en promedio cerca de 10 por ciento. Por lo mismo, la inflación es la principal preocupación de los consumidores.

¿Recesión?

Febrero 15th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Como alguna vez dijo Agustín Carstens que “México solo tiene un catarrito”, ahora el Presidente nos dice que no enfrentamos una crisis sino tan solo “un desafío Económico”. ¿Será? Todavía no tenemos datos duros sobre el comienzo del año, pero algunas cifras ya están disponibles.

Empezamos el año con el mayor aumento en el precio de la gasolina en la historia moderna de la “estabilización macroeconómica”. No solamente provocó que la tasa de inflación fuera la más elevada para un mes desde enero de 1999, sino que causó una furia en la población que culminó con manifestaciones, saqueos y disturbios en muchas entidades. De 3.4 por ciento en diciembre, la inflación del consumidor subió a 4.7 por ciento en enero; sin embargo, los precios productor de mercancías y servicios de uso intermedio alcanzó 13.1 por ciento anual, mientras que los de la industria manufacturera registró una tasa de 27.0 por ciento. Estos datos nos hacen anticipar un incremento mucho más pronunciado en la inflación en el año y una merma considerable en el poder adquisitivo de la población.

El tipo de cambio “fix” terminó 2016 en 20.52 pesos por dólar; pero en los primeros once días del año subió a 21.91 pesos. El nivel implica un aumento de 49.6 por ciento en dos años y 68.7 por ciento en tres. Aunque ha bajado un poco en las últimas dos semanas, aun así, el tipo de cambio real alcanzado en enero representa el nivel más deteriorado de la moneda desde que inició el régimen cambiario actual. En principio, esto debería llevar a un “boom” en las exportaciones, sin embargo, tuvieron una tasa negativa de crecimiento en 2016 al igual que en 2015. Sabemos que eventualmente habrá un mayor traspaso a la inflación, por lo que las perspectivas de nuestro poder adquisitivo se ven todavía más nublado.

En los primeros días de febrero salieron los indicadores de confianza empresarial y del consumidor, caracterizados por un desplome generalizado. En el caso de la del consumidor se registró el mayor nivel de pesimismo en toda la historia del indicador, muy por debajo de su peor momento en la Gran recesión de hace ocho años. Lo que más preocupa al consumidor (y al empresario) es la situación actual y futura de la economía del país, pero hubo caídas abruptas en todos los aspectos.

Banxico reaccionó con un incremento de 50 puntos base en su tasa de política monetaria, para llegar a 6.25 por ciento. Uno de los pocos aspectos de la economía que tuvo buen desempeño en los dos últimos años fue el consumo de los hogares, alimentado en buena medida por el crecimiento real del crédito. Sin embargo, con un incremento acumulado de 325 puntos base (más lo que nos espera en los siguientes meses), nos hace pensar que el consumo empezará a desacelerarse, ya que, entre el incremento en los precios y el encarecimiento del crédito, los hogares no podrán sostener su ritmo de compra de los bienes y servicios.

Uno de los primeros indicadores que ya reflejan esta desaceleración anticipada son las ventas reales reportadas por la ANTAD en enero. La tasa anual de ventas a tiendas totales creció apenas 2.1 por ciento, comparada con una tasa de 8.6 por ciento en enero del año pasado. Sin embargo, preocupa todavía más la expectativa de crecimiento de la ANTAD para todo el año de apenas 1.2 por ciento, comparado con el observado de 6.8 por ciento en 2016 y 7.3 por ciento de 2015.

Finalmente tenemos los Indicadores IMEF sobre el desempeño manufacturero y no manufacturero (comercio y servicios) de enero. Ambos indicadores se ubican por debajo del umbral de 50 puntos, que es consistente con una desaceleración económica. Pero en especial, llama la atención el No Manufacturero, ya que las actividades terciarias han sido de lo poco que ha producido crecimiento en el país. El nivel de este indicador se ubica en 47.1 puntos, su nivel más bajo observado fuera de los años de la Gran Recesión, mientras que su subíndice de nuevos pedidos registró un mínimo de 42.9 puntos, ya consistente con un entorno de recesión.

No hay muchos más datos que estos mencionados y no podemos aventurar un análisis completo a partir de una sola observación. Sin embargo, todos estos indicadores apuntan a una situación de crisis o de recesión y no simplemente de un pequeño desafío. Podemos tener todavía la ilusión de que enero tuvo un comportamiento aberrante y que empezaremos a mejorar a partir de febrero. ¿Ustedes lo creen?

El INEGI dio a conocer el viernes pasado, el indicador de confianza del consumidor para enero. No solamente se registró un nuevo mínimo histórico (28.9), muy por debajo del anterior (33.1 de octubre 2009), sino que se llegó a tal nivel mediante la caída más pronunciada para un mes a otro desde que existe del indicador. De hecho, los cinco componentes experimentaron caídas escandalosas, nunca visto antes. Las caídas de cuatro de los componentes fueron las mayores en toda la historia, mientras que tan solo una (sobre el momento adecuado para adquirir bienes duraderos) no logró establecer una máxima, pero por una sola décima. Los niveles de tres de los cinco componentes tocaron nuevos mínimos, que son la percepción del consumidor sobre la situación económica del país del presente y del futuro y sobre la situación económica del hogar en el futuro. Fue tan estrepitosa la noticia, que REFORMA decidió darla a conocer a ocho columnas el sábado pasado (aunque desafortunadamente habló del “índice” y no del “indicador”).

Unos días antes, el INEGI había dado a conocer el indicador de confianza empresarial, que también registró una caída exagerada, mientras que uno de sus componentes (sobre la situación económica futura del país) estableció un nuevo mínimo histórico. ¿Qué es lo que explica el pesimismo tan exagerado tanto del consumidor como del empresario? Entre los factores mencionados por algunos analistas están la llegada de Trump y la depreciación del peso. Si bien es cierto que estos dos factores han pesado en el ánimo de la gente, explican la trayectoria descendente que tiene ambos indicadores desde hace un año (algo que ya hemos comentado aquí en octubre y noviembre del año pasado), pero no la caída tan pronunciada de enero respecto al mes anterior. Más bien fue el gasolinazo que incendió a la población a tal grado que hubo manifestaciones en todo el país y saqueos en muchas partes. Esto último fue la gota que derramó el vaso, que ya se estaba llenando desde tiempo atrás.

El nivel del indicador de confianza del consumidor (28.9) se ubica ahora por debajo del umbral “Leyva” de 34.5 puntos, que estableció el INEGI como el umbral estadístico consistente con una caída en el consumo de los hogares (con un 95 por ciento de probabilidad). En principio, esto significa que deberíamos de observar una tasa negativa en el consumo privado, prácticamente el único factor por el lado del gasto del PIB que ha estado creciendo. De ser cierto, es casi un hecho que estaríamos entrando ya en una recesión. ¿Será?

No necesariamente. Si analizamos detenidamente cada uno de los cinco componentes de indicador, encontramos caídas acentuadas en todos, a tal grado que tres se ubican en mínimos históricos. Sin embargo, los otros dos que no registraron mínimos históricos son la apreciación sobre la situación actual del hogar y sobre el momento actual para efectuar compras de bienes duraderos. Si analizamos las preguntas de la encuesta que no están incluidas en el indicador, en especial aquellas enfocadas a decisiones de compra, encontramos que ninguna registró un mínimo histórico.

Esto significa que el consumidor todavía no ve tan fatal su situación económica personal en la actualidad, sino que su pesimismo está mucho más enfocado en la situación económica del país (tanto el actual como el futuro) y el posible efecto que podrá tener más adelante sobre su hogar. Está muy preocupado por el incremento de precios en general (no solamente de la gasolina), ya que podrá ver mermado su poder adquisitivo. Por lo pronto, podemos esperar un poco más de cautela, que se va manifestar en una desaceleración en el consumo, pero no necesariamente una caída tal cual. Desafortunadamente, los indicadores de consumo son los más atrasados de todos. No obstante, habrá que estar atento.

La noticia hace resaltar aún más la inconsistencia del INEGI en mantener dos resultados distintos (un “índice” y un “indicador”) de una sola encuesta. Por ejemplo, en enero el “índice” disminuyó 17.9 puntos porcentuales, mientras que el “indicador” cayó 6.1 puntos. He platicado mucho sobre esto, tanto con Eduardo Sojo, el presidente anterior, como con Julio Santaella, el presidente actual. Ambos coinciden en que el problema radica en la testarudez del Banco de México (que paga la encuesta), que no ha querido autorizar la desaparición del “índice”, a pesar de que solo sirve para confundir.

En estos últimos días se han divulgado indicadores económicos que básicamente ofrecen un panorama mixto del desempeño actual de la economía. Igual, se presentarán varios más en estos días, que seguramente confirmarán el mismo mensaje: la economía mantiene un paso lento. Si consideramos el entorno externo, podemos decir que no estamos tan mal, pero si tomamos las promesas que realizó el gobierno a principios del sexenio, tenemos que estar decepcionados.

Parte de nuestro problema es que la economía de Estados Unidos no muestra mucho dinamismo y en particular, su producción industrial se encuentra estancada desde hace tiempo. El motor principal de crecimiento de México son las exportaciones no petroleras, de los cuales más del 81 por ciento van a nuestro país vecino. Dado que 88 por ciento de las exportaciones totales son bienes manufactureras, el desempeño de la producción industrial de Estados Unidos es vital. El lunes anunció el Institute of Supply Management (ISM) que su indicador manufacturero disminuyó 0.1 puntos en octubre para ubicarse en 50.1. Dado que el umbral entre una economía en expansión y una estancada es de 50, podemos interpretar este resultado como una noticia mala para México.

El Indicador IMEF Manufacturero registró en el mismo mes un aumento a 51.6 puntos, después de tres meses consecutivos a la baja. Sin embargo, el mismo indicador ajustado por tamaño de empresa disminuyó 0.7 puntos, lo que sugiere que el sector manufacturero mexicano continuará débil. El INEGI reportó que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes permaneció básicamente sin cambios en agosto, pero el de Indicadores Adelantados disminuyó 0.1 puntos para ya registrar doce meses al hilo con una tendencia a la baja y seis por debajo de la tendencia de largo plazo. Hasta hace poco, el INEGI definía esta situación como una etapa de “recesión”. Aunque ya admitió que la etiqueta no era la adecuada, de todos modos anticipa una economía débil con tendencia a debilitarse aún más.

El Banco de México dio a conocer su encuesta mensual de “especialistas” en economía del sector privado. A pesar de que no cambian las expectativas para el crecimiento, lo que más llama la atención es que de los 37 encuestados, 47 por ciento opinan que la economía está mejor que hace un año y 53 por ciento piensan que no, una opinión totalmente dividida. Solo 31 por ciento juzgan que mejorará el clima de negocios y es buen momento para invertir, mientras que los demás no están de acuerdo.

En estos días se publicarán los indicadores de confianza empresarial y del consumidor para octubre, donde podremos ver si el ambiente desolado entre la población empiece a cambiar o no. También conoceremos la Inversión Fija Bruta y el Consumo Interno de agosto, dos indicadores que van mejor que el resto de los componentes por el lado del gasto del PIB. Ante la debilidad de las exportaciones, aquí deberíamos encontrar un poco más de evidencia de lo poco que crece en la economía.

Al final de cuentas, todos estos indicadores nos ayudan a armar el rompecabezas de la economía mexicana. A estas alturas, se espera que la economía tendrá un crecimiento entre 2.2 y 2.3 por ciento, mientras que el año pasado avanzó 2.2 por ciento (según la última revisión del PIB anual). Por lo mismo, estamos por ver si el PIB de 2015 será igual o marginalmente mejor que el año anterior. Para esto, nos ayuda mucho la nueva “estimación oportuna” del PIB, que ahora el INEGI nos dará 20 días antes de que salga  el cálculo tradicional. Mediante información perteneciente a más del 80 por ciento del trimestre y una estimación econométrica del 20 por ciento faltante, el INEGI nos “adelantó” que se espera que el crecimiento del tercer trimestre alcance 0.6 por ciento respecto al anterior. De resultar acertada, el dato es positivo, ya que mejora marginalmente la expectativa de un PIB mayor. Incluso, de mantener la misma inercia en el último trimestre del año, el crecimiento del año podría terminar entre 2.3 y 2.4 por ciento.

La estimación oportuna del PIB sitúa a México entre los ocho países del mundo que con mayor oportunidad reportan el crecimiento de la actividad económica. Sin embargo, sabemos que existe una relación inversa entre precisión y oportunidad. En Estados Unidos se pueden presentar variaciones significativas entre su primer estimado a los 30 días y los siguientes dos que difunda a los 60 y 90 días. Sin embargo, no queda claro si así será en México. El INEGI presume de una innovadora metodología, que ha puesto bajo prueba y promete ofrecer estimaciones más o menos acertadas. Pues ya veremos.

Confianza del Consumidor

Abril 16th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

Eduardo Sojo, Presidente del INEGI, nos dijo hace un par de meses que el Indicador de Confianza del Consumidor está por cambiar su forma de presentación. En breve (aunque no sabemos exactamente cuándo), se empezará a divulgar en su forma original, es decir en una escala de 0 a 100, similar a cómo se presentan los indicadores de confianza empresarial. Esto significa que le quitarán la conversión de enero de 2003 igual a 100, para dejar el nivel del indicador en ese mes en 40.885. Significa que el valor reportado de marzo de 2015 (el último dato con que contamos) de 93.1, será realmente 38.5. Encontraremos que el nivel máximo de agosto 2001 será 47.69 y el mínimo registrado en octubre 2009 será 32.61 puntos. En otras palabras, veremos que el Indicador ha variado entre 32.61 y 47.69 en toda su historia (abril 2001 a la fecha), sin haberse situado nunca por arriba de los 50 puntos. De hecho, el Indicador solo ha rebasado un nivel de 45 puntos en siete ocasiones, cuatro meses en 2001 y tres meses en 2006.
La razón principal de haber impuesto base 100 desde su origen fue que al percatarse la Institución de que nunca había superado el umbral de los 50 puntos (referencia que separa un relativo optimismo del pesimismo), no convenía tener la posibilidad de “cuantificar” el pesimismo permanente de los consumidores mexicanos. Para esto, es importante entender que el umbral de 50 realmente no es una referencia para ver si la confianza es consistente con mayor o menor consumo. Más bien, es cuestión empírica encontrar un nivel en el Indicador que señale cuál pudiera ser ese verdadero umbral. Parece ser que el INEGI ha estimado econométricamente ese punto y en breve lo anunciaran. Nuestra especulación es que ande alrededor de los 38 puntos. Esto significa que si el Indicador registre más de 38 puntos, el consumo de los hogares estará más propenso a crecer, mientras que si se ubica por debajo el consumo podría estancarse o incluso, retroceder.
A diferencia del Indicador de Confianza del Consumidor, el Indicador de Confianza Empresarial se presenta en escala de 0 a 100, sin la imposición de una base 100. En la nota metodológica del boletín de prensa mensual, el INEGI señala que:
“Los indicadores están diseñados para que sus valores fluctúen entre 0 y 100. De esa manera, a medida que el optimismo se generaliza entre los informantes, el valor del indicador se hace mayor. Por otra parte, a medida que el porcentaje de informantes con opiniones pesimistas se incrementa, el valor del indicador disminuirá. Es frecuente que en este tipo de indicadores se utilice el valor de 50 como el umbral para separar el optimismo y el pesimismo; sin embargo, es importante reconocer que la interpretación resulta complicada cuando el porcentaje de respuestas entre el optimismo y pesimismo tiende al equilibrio. En ese caso, considerar el valor de 50 como el umbral ya no resulta lo más correcto, por lo que es frecuente que en los casos en que se tienen series suficientemente largas, la identificación de este umbral se haga de manera econométrica a partir de series desestacionalizadas, mediante la asociación del indicador con cifras duras de la economía.”
Los dos indicadores, tanto del consumidor como el empresarial, realizan las mismas preguntas, tienen las mismas posibles respuestas y se construyen mediante la misma metodología de índices de difusión. Entonces, ¿por qué el INEGI se ha empeñado en poner base 100 a uno y no al otro? Es una inconsistencia difícil de entender, pero parece ser que mientras que el INEGI se preocupó con el bajo nivel del Indicador del Consumidor, no lo estaba con el Empresarial ya que su nivel promedio siempre ya sido mayor. Mientras que el Empresarial ha fluctuado dentro de un rango de 32.6 a 58.4 con un promedio de 52.0 puntos, el del Consumidor se ha movido entre 32.6 y 47.7 con un promedio de 39.8. Otra explicación más simple puede ser que el Empresarial pertenece a la Dirección General de Estadísticas en Establecimientos, mientras que el del Consumidor se construye en otra dirección general, la de Estadísticas en Hogares; diferentes direciiones generales, diferentes criterios a aplicar.
¿Qué ventajas presenta el Indicador con una base 100? Realmente una sola, la de no permitir al usuario utilizar el umbral de 50 puntos como referencia del relativo optimismo o pesimismo. Sin embargo, esta es una razón muy débil por varias razones. Primero, matemáticamente sí es el umbral entre el balance de respuestas optimistas versus pesimistas. Que no lo sea para indicar si el consumo de los hogares (u otro indicador) debería expandirse o retraerse es otra cuestión. Segundo, lo único que tiene que hacer el INEGI es advertir que el uso de los 50 puntos como referencia pudiera tener una “interpretación complicada”, tal como lo hace en el caso del Indicador Empresarial. Finalmente, si al INEGI no le gusta el umbral natural de los 50 puntos, entonces que nos diga cuál sería la referencia econométrica.
Pero, ¿cuáles son las desventajas de dejar al Indicador con su base 100? Aquí sí son muchas. La primera es que es matemáticamente inconsistente. El INEGI convierte a cada una de los cinco subíndices a base 100 y después saca el promedio para presentar el Indicador. Sin embargo, el crecimiento del Indicador con base 100 resulta diferente al Indicador en su versión original. Hace algunos años realicé un ejercicio de comparación y encontré 13 ocasiones en que el INEGI decía que bajaba la confianza cuando realmente había subido y viceversa. Los que no les gustan las matemáticas podrán obviar los siguiente. Pero para los más versados en algebra lineal, sabrán que se puede multiplicar o dividir un vector por un escalar sin modificar el cambio porcentual entre sus componentes; sin embargo, si se divide cinco vectores por escalares diferentes y después se calcula un nuevo vector como promedio de los cinco anteriores, no tendrá las mismas características que si calculamos el sexto vector como promedio de los cinco antes de dividir por sus respectivos escalares.
La segunda desventaja es que al convertir cada subíndice a base 100, ya no se pueden comparar entre sí. Por ejemplo, si comparamos lo que piensan los consumidores de la situación económica del país ahora con lo que perciben en el futuro (con base 100) en marzo, vemos que se percibe la situación actual (89.8) ligeramente mejor a la futura (89.7). Sin embargo, no es cierto ya que estos subíndices en su versión original señalan que la situación actual (33.8) se ubica en un nivel mucho más pesimista que la percepción del futuro (40.1).
La tercera desventaja es que no se puede comparar la confianza del consumidor con el empresarial, a pesar de que ambos indicadores se construyen mediante las mismas cinco preguntas. Por ejemplo, el empresarial indica que en marzo la situación económica actual del país se ubica en 44.11 puntos, mientras que el INEGI nos dice que en el mismo mes, el consumidor lo ubicaba en 89.81 puntos. ¿Quién ve mejor la situación económica actual del país? ¿El consumidor o el empresario? En principio, parece ser que el consumidor tiene lo doble de confianza que el empresario, pero no es cierto; es imposible saber con la imposición de la base 100. Sin embargo, el mismo subíndice del consumidor antes de convertirlo a base 100 señala un nivel de 33.75 puntos, por lo que el empresario tiene una visión más optimista que el consumidor.
La cuarta desventaja es que estos indicadores reflejan ciertos hechos estilizados (stylized facts), que no podemos saber ni apreciar con la base 100. Por ejemplo, el consumidor siempre ve mejor la situación de su hogar y la del país en el futuro que en la actualidad, el consumidor siempre ve mejor a la situación de su hogar que la del país; el consumidor siempre ve con más pesimismo la posibilidad de comprar bienes duraderos que cualquier otra pregunta. También existe un hecho estilizado al comparar la confianza del consumidor con el empresarial: el consumidor siempre es más pesimista que el empresario. Sin embargo, si el INEGI aplica base 100 al indicador, los usuarios no los pueden saber.
La quinta desventaja y posiblemente la más importante, es que en general el indicador con base 100 deja atrás mucha de su utilidad analítica y se presta a comparaciones inválidas que se derivan en conclusiones falsas. En los últimos años he visto un sinnúmero de gráficas de analistas comparando los subíndices entre sí o comparando el indicador del consumidor con el empresarial. Por ejemplo, la semana pasada escuché a un economista resaltar el “hecho” de que el consumidor ve ahora mejor sus posibilidades de comprar bienes duraderos, pero el empresario ve peor el momento actual para invertir. Sin embargo, el empresario sitúa el subíndice en 38.2 puntos, muy por arriba del consumidor que lo ve en 21.0 (ya sin la base 100). Aquí el problema no sólo es el hecho de que disminuye la utilidad analítica, sino que la gran mayoría de los analistas ni siquiera saben que no saben.
El debate sobre el uso de base 100 para este indicador lo llevo personalmente con el INEGI desde hace más de diez años, por lo que a mí me da un enorme gusto que finalmente se presentará al indicador en su versión original. Mi reconocimiento al Instituto por el valor de corregir la presentación de este valioso indicador, aunque sea a los catorce años de su existencia. Creo que es un cambio muy positivo, que solamente va mejorar el valor analítico del Indicador de Confianza del Consumidor. Enhorabuena. Ahora solo falta esperar el anuncio oficial.