Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
Header

El INEGI informó que la inflación de abril fue 0.12 por ciento, como consecuencia de una tasa de 0.27 por ciento en la segunda quincena del mes. Es la inflación mensual más elevada para un abril desde hace ocho años y apenas la segunda tasa positiva en el mismo tiempo. Las inflaciones de abril son típicamente negativas (al igual que mayo) a raíz de la entrada en vigor del esquema de tarifas eléctricas de temporada cálida (subsidios mayores) en varias ciudades del país. Pues a pesar de una tasa negativa de -0.15 por ciento en la primera quincena, la inflación del mes resultó positiva. Esto empujó la tasa de los últimos doce meses, conocida como la tasa anual, a 5.82 por ciento. Pero si tomamos como referencia las últimas 24 quincenas (el índice quincenal), la tasa anual llegó a 6.01 por ciento. Esta es la primera vez que se ha registrado una inflación superior a 6 por ciento desde la primera quincena de mayo de 2009.

En esta ocasión, los precios que más subieron fueron los de las mercancías y los de “otros” servicios (todos los servicios menos educación y vivienda), aunado a aumentos significativos en los de frutas y verduras. Para la segunda quincena se revirtieron un poco los aumentos a principio del mes en los servicios relacionados a las vacaciones de Semana Santa, pero hubo afectación por aumentos en las tarifas autorizadas por el gobierno en materia de transporte. Pero el mensaje principal es que la escalada de precios que empezó a principios de año con el famoso gasolinazo, sigue en pie. El aumento del precio de la gasolina a principios de año simplemente fue la mecha para la escalada de incrementos que hemos visto en estos últimos meses. También influye el hecho de que el tipo de cambio aumentó significativamente en los últimos dos años y que hubo un traspaso pendiente en muchos precios.

Los precios que más han subido son los que pertenecen a la categoría de “no subyacente” (9.25 por ciento), como los energéticos (15.88 por ciento) y las tarifas autorizadas por el gobierno (6.29 por ciento). En este rubro también empieza afectar los precios de fruta y verduras, que a la segunda quincena llevan una tasa anual de 9.43 por ciento. No obstante, los precios subyacentes han aumentado 4.72 por ciento, como resultado de aumentos en mercancías no alimenticias (5.45 por ciento) y alimentos (6.77 por ciento). Lo que ha ayudado a “contener” este rubro son los precios de la vivienda, pero muchos son precios imputados que realmente no ayudan a la restricción presupuestal de las familias. Empresas independientes al gobierno, como Kantar WorldPanel México, que mide los precios de los hogares directamente mediante un panel de casi 9 mil familias, registra una inflación anual en los precios de consumo masivo de las familias en prácticamente lo doble que reporta el INEGI.

En 2008 la inflación terminó el año con una tasa anual de 6.53 por ciento, la más elevada desde 2000 cuando hubo una inflación de 8.96 por ciento. ¿En cuánto terminará la inflación este año? ¿Será la inflación más elevada desde 2008 o desde 2000? La última encuesta quincenal de instituciones financieras que levanta Citibanamex, señala un consenso (mediana) de 5.6 por ciento. La institución más optimista es Santander (5.20 por ciento), mientras que la más pesimista es Scotiabank (6.12 por ciento). Sin embargo, esta encuesta se realizó dos días antes de conocer la tasa de abril, que fue mucho más elevada que lo que esperaban todos. Es casi un hecho que habrá revisiones al alza en las expectativas de prácticamente todas las instituciones. Es posible que ahora muchas instituciones crucen la barrera de 6 por ciento para fin de año.

Ante una inflación mucho mayor a lo anticipado y señales de que la escalada de precios continua, ¿dónde está el Banco de México? La última señal que mandó fue un aumento de tan solo 25 puntos base en su tasa de política monetaria, al parejo con el aumento de la Reserva Federal en Estados Unidos, por estar satisfecho con la trayectoria de la inflación. Mientras, la mayoría de las familias pierden poder adquisitivo y encuentran cada vez más difícil mantener un estándar mínimo de vida.

Hemos visto una mejoría en el consumo de los hogares en los últimos dos años a raíz de un fortalecimiento (aunque marginal) en el ingreso personal disponible. Pero si continua la inflación, va mermar lo poco bueno que hemos tenido. ¿Qué hacer?

El Largo Plazo

Septiembre 3rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Difícil olvidar las proyecciones económicas acerca del crecimiento económico que la SHCP elaboró para el Programa Nacional de Financiamiento del Desarrollo 2013-2018 (Pronafide). Establecía que el PIB sólo crecería 3.8 por ciento en 2015, con una tendencia a disminuir en los años subsecuentes, en un escenario “inercial” en el cual no se aprobaran las reformas estructurales. En cambio, con las reformas el crecimiento alcanzaría 4.7 por ciento este año y superaría el 5.0 por ciento en los dos últimos años del sexenio. La triste realidad es que con todo y reformas, la tasa de crecimiento este año quedará cerca a la mitad del escenario inercial.

Al observar el logro del “Pacto para México” y la promoción oficial del “Momento México” a principios del sexenio, hubo quien se entusiasmó con estas cifras. La Organización No Gubernamental “México, ¿Cómo Vamos?” estableció una meta para el país de seis por ciento de crecimiento promedio anual y elaboró toda una serie de objetivos alrededor de esta gran meta para poder alcanzarla. Claro que se vale soñar, pero sabemos todos muy bien que ese seis por ciento está muy cerca de lo imposible.

Ayer el Banco de México divulgó su Encuesta Mensual de Expectativas de los “Especialistas” en Economía del Sector Privado. El consenso (mediana) de la encuesta señala crecimiento de 2015 en 2.3 por ciento y para 2016 en 3.0 por ciento. Para 2017, cuando el Pronafide dice que deberíamos estar ya creciendo por arriba del cinco por ciento, la encuesta anticipa 3.4 por ciento. Sin embargo, lo más preocupante es que el crecimiento esperado para el largo plazo (promedio para los próximos diez años) es apenas 3.47 por ciento, no muy por arriba de la mitad de la gran meta de México, ¿Cómo Vamos? Peor aún, esta expectativa excluye otra crisis mundial que pudiera tumbar mucho más las posibilidades de crecimiento.

En los dos sexenios anteriores los gobiernos trataron, sin éxito, de impulsar las reformas estructurales, ya que había un consenso de que serían la clave para alcanzar mayor crecimiento. Este gobierno aprovechó el consenso para aprobarlas, pero ahora queda claro que no era la panacea que necesitaba el país. Pero entonces, ¿qué necesitamos para crecer más?

En primer lugar y en lo cual casi todos están de acuerdo está el fortalecimiento del estado de derecho y una reducción significativa de la corrupción endémica del país. Aquí el problema de fondo es que no se puede fortalecer el estado de derecho mediante nuevas leyes o reformas, sino que requiere un cambio de actitud de toda la sociedad. Habría que ser bastante ingenuos para pensar que el recién creado Sistema Nacional Anticorrupción lograra crear alguna diferencia.

En segundo lugar, está el entorno externo. México es un país muy abierto en el contexto de una economía cada vez más globalizada. Las exportaciones son el motor principal de crecimiento, de las cuales depende la demanda externa. Sin embargo, los expertos internacionales vaticinan cada vez menos crecimiento mundial. No se visualiza en el horizonte qué país pudiera ocupar el lugar de China o de Estados Unidos como los grandes demandantes del futuro. Por lo mismo, necesitamos fortalecer nuestra economía interna para que pueda crecer por si sola.

En tercer lugar, está la calidad y cantidad de empleos en el país. No se trata de simplemente crear más empleos, si estos van a tener una remuneración real tan baja como la que hemos visto en la última década. Tenemos que buscar cómo mejorar la remuneración promedio de las familias para incrementar el poder adquisitivo y fomentar el consumo en general. Para éste propósito tenemos que pensar afuera de la caja y no limitarnos al viejo debate que primero debemos impulsar la productividad.

Finalmente, necesitamos encontrar la fórmula para abatir la pobreza, empezando primero con la extrema y después extendiendo los esfuerzos a la patrimonial. Aquí está involucrado una cantidad de factores, desde una mejoría notable en la educación, una mejora en la eficiencia del gasto público y la aplicación de programas sociales que funcionen. Si volteamos a ver los esfuerzos mundiales, encontramos que muchos países han registrado progresos muy sólidos en el cumplimiento de las metas del milenio. ¿Por qué México no logra avanzar?

Para contestar esta pregunta, regresamos al primer punto. México tiene un estado de derecho muy endeble y una corrupción rampante. Si no logramos en primer término abatir la corrupción, todo lo demás seguirá siendo inalcanzable. El gobierno no ha encontrado cómo y cada vez parece más lejos de hacerlo. ¿Ideas?

Causó cierta desilusión cuando INEGI reportó que el PIB del primer trimestre creció 1.6 por ciento anualizado respecto al trimestre inmediato anterior. Sin embargo, fue una tasa superior al desempeño que había divulgado Estados Unidos en su primera estimación de 0.2 por ciento. A los pocos días, el Buró de Análisis Económico (BEA) anunció su segunda estimación, de -0.7 por ciento. Significa que la diferencia entre el crecimiento del PIB de México y de Estados Unidos fue 2.3 puntos porcentuales en los primeros meses del año.

No obstante, si tomamos como referencia la tasa anual (respecto al mismo trimestre del año anterior), observamos un avance de 2.7 por ciento en Estados Unidos versus 2.5 por ciento en México. Ante las noticias del primer trimestre, los especialistas en economía encuestados por el Banco de México ajustaron sus expectativas de crecimiento para Estados Unidos a 2.5 por ciento en 2015 y 2.8 por ciento en 2016. Resulta interesante comparar estos números con los anticipados por economistas de su propio país, que ven las perspectivas de su economía con más optimismo que nosotros (2.9 por ciento para 2015 y 2.8 por ciento para 2016). Seguramente, parte de su razonamiento es que ven un rebote en los siguientes dos trimestres, tal como pasó el año pasado. Después de caer -2.1 por ciento en el primer trimestre de 2014, la economía estadounidense creció 4.6 y 5.0 por ciento, respectivamente, en los siguientes dos trimestres.

El tropiezo del primer trimestre en Estados Unidos se ve como un factor temporal. De ser cierto, deberíamos observar más crecimiento en los siguientes trimestres y en consecuencia, un comportamiento mejor en nuestras exportaciones. Si combinamos esta expectativa con los indicios de un mejor desempeño en el consumo en México, no deberíamos ser tan pesimistas en cuanto al crecimiento en el año. Por lo mismo, resulta interesante analizar la primera encuesta de expectativas que sale a la luz después de conocer los resultados del INEGI y de la BEA, junto con las revisiones a la baja que divulgaron la SHCP y el Banco de México.

Hasta mediados de mayo, el consenso (mediana) de la mayoría de las encuestas (incluido la de Banxico) se ubicaba en 2.8 por ciento, con un intervalo cuyo techo llegaba hasta 3.6 por ciento. Desafortunadamente, la encuesta de Banxico no revela las respuestas individuales, pero mediante otras (como la del IMEF y la de Banamex), podemos ver no solamente quienes están en los extremos, sino también cuántos (aunque participan 35 en la de Banxico contra 26 en la de Banamex). En este caso, las más optimistas eran Banorte (3.6 por ciento), Bancomer (3.5 por ciento) y Santander (3.5 por ciento). Había dos instituciones con 3.2 por ciento, mientras que todas las demás ubicaban su expectativa en 3.0 por ciento hacia abajo.

Queda claro que los que se ubicaban en el extremo optimista van a revisar hacia abajo su estimado. Incluso, Banorte y Bancomer ya anunciaron revisiones significativas. Sin embargo, no queda tan claro qué tantas revisiones se realizaron para las que ya anticipaban un crecimiento menor al 3.0 por ciento. Por lo menos una institución (no sabemos cuál) se tiró al piso al revisar su expectativa a 1.9 por ciento. Este hecho se refleja en que vemos una disminución más marcada en el promedio de las respuestas que en la mediana: la media de la encuesta de Banxico se ubica en 2.66 por ciento, mientras que la mediana está en 2.70 por ciento. No obstante, el nuevo consenso (2.7 por ciento) se ubica ligeramente por arriba de la tasa que yo anticipaba ver (entre 2.5 y 2.6 por ciento).

La encuesta dice que 72 por ciento (alrededor de 25 instituciones) ven el entorno actual mejor que hace un año, mientras que 28 por ciento (10 participantes) no ven ninguna mejoría. Para tener una expectativa igual o peor en los siguientes tres trimestres de 2015 comparado con 2014, los pesimistas estarán anticipando tasas alrededor de 2.4 por ciento para el año o más bajo. Esto nos hace pensar que alrededor de 10 ubican sus expectativas entre 1.9 y 2.4 por ciento, mientras que 25 ven el crecimiento entre 2.5 y 3.2 por ciento.

Siempre es interesante ver quienes se ubican en los extremos. A estas alturas, se antoja un crecimiento de 3.2 por ciento como demasiado optimista, pero una tasa de 1.9 por ciento como exageradamente pesimista. Con la entrega de la encuesta quincenal de expectativas de Banamex este viernes, conoceremos los nombres y apellidos de la mayoría de los participantes y podremos ver quiénes son los optimistas y los pesimistas. Por lo pronto sabemos que SHCP y Banxico no se ubican en estos extremos.

 

La semana pasada, informó el INEGI que el PIB creció 0.4 por ciento en el primer trimestre del año respecto al trimestre anterior. Si anualizamos la tasa para compararla con el avance (estimado) de 0.2 por ciento de Estados Unidos, fue 1.6 por ciento, por mucho un desempeño mejor que nuestros vecinos. La tasa anual (respecto al mismo trimestre del 2014) fue 2.5 por ciento, que se compara favorablemente con la tasa anual inicial del año pasado.

No obstante, el avance mostró cierta desaceleración respecto a la tendencia que observamos a lo largo de 2014, ya que la tasa trimestral de 0.4 por ciento fue la más baja desde el último trimestre de 2013. El menor desempeño proviene principalmente de las actividades secundarias, ya que fueron afectadas por el estancamiento de la economía norteamericana. La economía de Estados Unidos enfrentó condiciones climatológicas adversas y el cierre temporal en varios puertos ante problemas de huelga, lo que significó un avance mucho menor de nuestras exportaciones.

Dos días antes del anuncio y ante la expectativa de un menor crecimiento, el Banco de México revisó su expectativa para 2015 a la baja a 2.5 por ciento (punto medio de su intervalo), medio punto porcentual por debajo de su proyección anterior. Al conocer las cifras del INEGI, la SHCP también modificó su estimado a la baja a 2.7 por ciento (punto medio), lo que representó un punto porcentual completo de menos crecimiento.

Como nos pudiéramos imaginar, los datos del INEGI combinado con las nuevas expectativas de Banxico y SHCP, tuvieron un impacto importante en el mercado. La primera encuesta de expectativas que salió un día después del anuncio de Banxico (pero un día antes del anuncio de INEGI y de la SHCP) fue la quincenal de Banamex, que movió a la baja el consenso a 2.7 por ciento (de 2.8 por ciento). Bancomer anunció al día siguiente que revisaba su estimado de 3.5 por ciento (de los más elevados del mercado) a 2.5 por ciento. Es prácticamente un hecho de que veamos revisiones parecidas en las siguientes encuestas de Banxico (2 de junio), Banamex (5 de junio), IMEF (14 de junio), LatinFocus (16 de junio) y Consensus Economics (20 de junio). Los consensos de estas encuestas seguramente se moverán a un intervalo de 2.4 a 2.6 por ciento, del actual que todavía se mueve entre 2.7 y 2.9 por ciento.

¿Qué implica estas tasas para los últimos tres trimestres de 2015? Crecer 2.9 por ciento en el año, significa registrar tasas anuales de alrededor de 3.0 por ciento promedio, que implica crecer cerca de 1.0 por ciento cada trimestre respecto al anterior. Para llegar a 2.9 por ciento, necesitaríamos ver una recuperación en forma, que aunque muchos no lo ven, creo que todavía no lo podemos descartar. Debemos recordar que el consumo avanza a buen ritmo y se espera que el estancamiento de Estados Unidos fue temporal. Si el escenario no se ve entorpecido por la volatilidad internacional, todavía es factible. Pensemos que esta tasa pasa ahora a ser el techo, muy cerca del que mantiene Banxico.

Para obtener un avance de 2.6 por ciento para 2015, necesitamos tasas anuales promedio del mismo monto en los siguientes tres trimestres, que implica tasas trimestrales promedio ligeramente superiores al observado en 2014. Este escenario se antoja como el punto medio y se ve muy factible ante los avances registrados al momento. ¿Pero cuál sería el nuevo piso? Supongamos que la actividad económica se estanca y registra avances trimestrales no tan diferentes al decepcionante desempeño de los últimos tres trimestres del año pasado. Este escenario nos daría un crecimiento cercano a 2.2 por ciento, el nuevo piso de la SHCP.

Ambas instituciones (Banxico y SHCP) mantienen todavía intervalos de un punto porcentual. Sin embargo, ante lo que ya conocemos del primer trimestre y rangos de crecimiento probables, parece ser que podemos empezar a cerrar el intervalo un poco, de 2.2 a 2.9 por ciento, con un punto medio de 2.6 por ciento. Todavía faltan tres trimestres del año, mucho tiempo para que se materialicen improvistos de toda índole. También estamos ante señales mixtas, tanto internas como externas, por lo que la actividad económica se podría mover en cualquier dirección.

Mi estimación particular era 3.0 por ciento, que no lo quería revisar hasta conocer el desempeño del primer trimestre. Queda claro que alcanzarla se antoja ya difícil. Sin embargo, los datos del consumo, el desempleo y el ingreso personal me motivan a ser todavía optimista, por lo que ahora tengo una expectativa de 2.8 por ciento. Ojalá que no tenga que volver a revisarla a la baja.

Revisiones PIB

Cada mes se levantan encuestas entre los economistas que se dedican a proyectar el crecimiento económico (y otras variables) para medir lo que se llama el “consenso”. Una de las más conocidas es la que levanta el Banco de México entre los “especialistas” en economía del sector privado. Participan alrededor de 38 personas, de las cuales la gran mayoría trabajan en instituciones financieras y consultorías que se dedican profesionalmente a analizar la economía y sus perspectivas. Es la única encuesta con carácter de oficial, ya que lo levanta el banco central, pero también es la única que no divulga las proyecciones individuales de cada participante. Banamex levanta una encuesta quincenal entre alrededor de 26 instituciones financieras, mientras que Consensus Economics (Londres) y Latin Focus (Barcelona) mantienen encuestas mensuales con alrededor de 20 y 30 participantes, respectivamente, entre instituciones y consultorías. El IMEF levanta una encuesta similar con alrededor de 30 participantes, con la distinción de que las respuestas son a título personal. También podemos obtener proyecciones sistemáticas de organismos internacionales (como el FMI, la OCDE, CEPAL y el Banco Mundial) y de instituciones oficiales (como la SHCP y el propio Banxico), pero no se consideran como parte del consenso del mercado.

En todas las encuestas encontramos muchas similitudes. Parte de la razón es que la mayoría de los economistas participan en muchas de las encuestas (por ejemplo, yo participo en todas salvo la de Banamex, ya que es exclusiva para instituciones financieras). Sin embargo, en general no son tantos los analistas que se dedican profesionalmente al “arte” de las proyecciones, por lo que difícilmente pudiera existir una divergencia significativa entre las diversas encuestas. En la actualidad, casi todas las encuestas señalan un consenso alrededor de 3.0 por ciento para el crecimiento de 2015.

La gráfica que se presenta muestra los resultados de la Encuestas Mensual de Expectativas del IMEF. Sin embargo, les puedo asegurar que sería casi igual si hubiera utilizados los números de cualquiera de las encuestas mencionadas. Lo que podemos ver son las proyecciones de cada año de 2010 a la fecha desde 16 meses antes de conocer el dato oficial (preliminar) del crecimiento del PIB por parte del INEGI. Por lo tanto, podemos apreciar cómo se fue revisando el consenso a través del tiempo. De inmediato resalta las continuas revisiones a la baja para 2013 y 2014, junto con 2015 (aunque solo con 7 observaciones ya que faltan 9 antes de conocer el dato final). También podemos apreciar cómo en 2010 las revisiones siempre fueron al alza, mientras que en 2011 y 2012 no hubo revisiones tan drásticas.

Pero lo más importante que muestra la gráfica es que los puntos de partida para cualquiera de los seis años son muy similares, alrededor de 3.5 por ciento. Como nadie sabe cómo va evolucionar la economía en un año dado, siempre se empieza con un estimado de lo que sería el PIB potencial (o su tendencia de largo plazo). En la medida en que vamos obteniendo información dura, se va incorporando y vemos una convergencia hacia el dato final. Finalmente, podemos apreciar que a los tres o cuatro meses antes de que INEGI divulga la tasa final, ya tenemos una buena idea de qué va ser.

En otras palabras, no somos magos o adivinos. Empezamos con una aproximación a lo que la economía podría crecer en un año normal y vamos aproximando poco a poco a la tasa final en la medida que tenemos información de su propia evolución.

Según las últimas encuestas, el rango de proyecciones para el crecimiento del PIB en 2015 va de 3.0 a 4.3 por ciento. En este espacio caben los rangos establecido de Banxico (3.0 a 4.0 por ciento) y de SHCP (3.2 a 4.2 por ciento). La institución más pesimista (Bank of America Merrill Lynch) prevé 3.0 por ciento, mientas que el más optimista (Banorte) anticipa 4.3 por ciento. Aunque Banorte es la única institución en todo el país que muestra más optimismo que el propio gobierno, habría que mencionar que acaba de revisar a la baja su proyección desde 5,0 por ciento. En principio, podríamos pensar que el punto medio del rango (3.65 por ciento) representa el consenso. Sin embargo, la distribución de las proyecciones es asimétrica, ya que la mediana es apenas 3.4 por ciento.
Estamos lejos todavía de tener ni siquiera los primeros datos de este año, pero el sentimiento generalizado de la población es que no habrá mucha mejoría con respecto al año pasado. Habrá que recordar que las proyecciones de principios de año para 2013 y 2014 fallaron miserablemente, por lo que el consenso actual de 3.4 por ciento es visto como muy optimista por la mayoría. Aun suponiendo que llegamos a crecer a esta tasa, el promedio anual para la primera mitad del sexenio será de apenas 2.3 por ciento. Esta cifra es bastante mediocre, especialmente si tomamos en cuenta que se aprobaron todas las famosas reformas estructurales que prometían detonar el crecimiento.
Uno de los retos más importantes para el gobierno este año es inducir la recuperación del ingreso disponible de los hogares, ya que el consumo familiar es el lastre más notorio de la actividad económica. Por lo pronto, el presidente de la República anunció siete medidas para impulsar la economía familiar, por lo cual estaremos pendientes para ver si estas nuevas políticas impactarán el consenso para el crecimiento de 2015. En lo particular, no pienso modificar mi propia proyección, ya que las medidas son pocas y de poco impacto. De entrada, cuatro de las siete no son nuevas, dado que ya estaban contempladas dentro de las reformas estructurales previamente aprobadas.
Al iniciar el año, hubo una reducción de dos por ciento en las tarifas eléctricas para los hogares y los negocios; un incremento de una sola vez de 1.9 por ciento (en vez de 3.0) en los precios de las gasolinas; y, la eliminación del cobro diferenciado en las llamadas telefónicas de larga distancia. En adición, se realizará la distribución de 10 millones de televisiones digitales; habrá un programa de impulso a emprendedores; un conjunto de medidas para impulsar la construcción de vivienda; y ciertos apoyos fiscales a los estados de Chiapas, Guerrero y Oaxaca.
Si tomamos en cuenta que el subíndice de precios de los energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno ha sido el de mayor incremento en los últimos años, la reducción en las tarifas eléctricas y la eliminación de “gasolinazo” mensual son medidas bienvenidas que sí debería disminuir la merma del poder adquisitivo del ingreso familiar. El hecho de que el precio de la gasolina en México es ahora sustancialmente mayor al de Estados Unidos, convierte un gran subsidio de gobierno de años anteriores en una fuente de ingresos adicionales, por lo que era muy difícil que el gobierno siguiera aumentando su precio cada mes. De todas, estas dos medidas son los de mayor impacto.
Sin embargo, no queda muy claro a quienes y en cuanto va beneficiar la eliminación de larga distancia, aunque seguramente habrá algunas familias beneficiadas. La distribución de televisiones digitales parece ser mucho más una medida electoral que de apoyo familiar, ya que no tendrá impacto en el ingreso personal de los hogares. No se conoce detalle alguno del programa de impulso a emprendedores, pero no suena como algo que pudiera tener mayor impacto en el corto plazo. Las medidas para la vivienda son muy necesarias, aunque habría que estudiar de fondo su eficacia, especialmente ante el hecho de que las políticas anteriores llevaron a casi todos los desarrolladores a la quiebra. Finalmente, qué bueno que habrá más apoyos los tres estados más pobres de la República, pero el impacto sobre el crecimiento nacional será marginal en el mejor de los casos.
Dado que algunas medidas ya estaban contempladas y otras prácticamente no tendrán impacto, es casi un hecho de que no veremos revisiones en las proyecciones de crecimiento. Para esto, estaremos pendientes de las primeras cifras de la actividad económica del año, para ver si empieza a reactivarse el consumo.

Lo que limitó el crecimiento en 2013 fue la combinación de factores externos e internos. Entre los internos hubo una crisis en la construcción, una disminución en el gasto público, una contracción en la inversión privada y una disminución en el ingreso de los hogares. Para 2014, mejoró visiblemente el entorno externo, la construcción empezó su largo camino de recuperación y la inversión privada mostró una tendencia positiva. Sin embargo, el gasto público siguió a la baja a pesar de una reforma hacendaria recaudatoria y mayor endeudamiento público, mientras que cayó aún más el ingreso personal disponible ante las medidas fiscales del gobierno. En 2013 crecimos 1.4 por ciento, mientras que se estima que en 2014 habremos crecido 2.1 por ciento. Significa que el crecimiento promedio de los dos primeros años de Peña Nieto se situará alrededor de 1.8 por ciento, por debajo del crecimiento promedio de los cuatro presidentes anteriores, pero por encima del promedio de los dos primeros años de Vicente Fox y de Felipe Calderón.
¿Qué podemos esperar para 2015? De entrada, el Banco de México estableció su rango para el crecimiento del PIB en 3.0 a 4.0 por ciento, mientras que la SHCP anticipa un rango no muy diferente de 3.2 a 4.2 por ciento. Ambas instituciones esperan un entorno favorable con mayor crecimiento en Estados Unidos, lo que seguirá impulsando la demanda externa por nuestras exportaciones, y una paulatina recuperación del gasto interno. Se espera que la construcción siga su curso de recuperación, mientras que la inversión privada crezca algo más que en 2014, con más certidumbre en torno a las posibilidades que ofrecen las reformas estructurales. A pesar de las diferencias entre el cálculo de la inversión pública reportada por la SHCP y el de la inversión en construcción de Cuentas Nacionales publicada por el INEGI, tarde o temprano debemos ver los recursos destinados a la inversión por el gobierno federal reflejado en una aportación mayor al PIB. Como plantea el Banco de México, el Plan Nacional de Infraestructura 2014-2018 contempla diversas obras de gran envergadura, que sugiere un panorama alentador para el sector de la inversión en construcción.
Si todo va en la dirección que esperan las autoridades, ¿por qué no esperar una tasa de crecimiento mayor a 4 por ciento? El problema central es que en los últimos dos años han fallado miserablemente las proyecciones iniciales de crecimiento. Antes de arrancar 2013 pensábamos que íbamos a crecer 3.5 por ciento y terminamos con 1.4 por ciento; en 2014 anticipábamos casi 4 por ciento y ahora parece ser que cerraremos el año con tan solo 2.1 por ciento. En principio, si ahora ponemos sobre la mesa que en 2015 vamos a crecer 3.5 por ciento, nadie nos va a creer. Sin duda, la proyección de consenso de los economistas iniciados en el tema se ha depreciado mucho. Me imagino que la mayoría de la población no anticipa para 2015 un año mejor que 2014.
¿Qué podría detener o limitar la mejoría anticipada por el gobierno y la mayoría de los analistas en 2015? El Banco de México apunta cuatro riesgos principales: un entorno externo menos favorable, una disminución adicional en el precio del petróleo que haga necesario un ajuste al gasto público, más volatilidad en los mercados financieros internacionales y un impacto negativo mayor de los acontecimientos sociales recientes sobre la actividad económica. Sin embargo, creo que falta el riesgo principal: que continúe el estancamiento en el consumo de los hogares a raíz de un deterioro adicional en el ingreso personal disponible.
No hay duda que la Reforma Hacendaria exasperó las familias. Mermo su poder adquisitivo, incrementó los precios de artículos que le gusta consumir, aumentó muchos impuestos y crispó su confianza. Sin embargo, la tendencia a la baja en el ingreso personal empezó hace seis años, a raíz de incrementos en los precios de los alimentos y de la generación de empleos menos remunerados en comparación a los que se perdieron en la gran recesión. El consumo privado representa alrededor del 68 por ciento del PIB. Si no crece mucho, o bien, incluso disminuye, será muy difícil observar una mejoría en la tasa de crecimiento de la actividad económica.
Posiblemente el reto más importante que enfrenta el gobierno es el de cómo impulsar la recuperación del ingreso personal disponible. En vez de implementar políticas que disminuye el consumo, que desalienta los hogares y que sulfura las familias, debería pensar en cómo incentivar la inversión, reforzar el poder adquisitivo y cultivar la confianza del consumidor.

Tal y como se esperaba, el INEGI anunció una tasa anual del PIB del tercer trimestre ligeramente arriba de 2 por ciento (2.15 por ciento), con un avance trimestral (0.50 por ciento) menor al segundo (0.90 por ciento), pero marginalmente mejor al primer trimestre (0.36 por ciento). Las tasas mensuales del IGAE de agosto y septiembre resultaron negativas, por lo que el trimestre en sí avanzó mucho menos de lo que se había anticipado apenas hace unos meses. Lo más desconcertante fue la desaceleración muy visible de las actividades terciarias (comercio y servicios), ya que representan el meollo de la economía interna.
Dos días antes de conocer el dato, Banxico redujo su rango de ocho décimas a cinco, al admitir que no podremos crecer más allá de 2.5 por ciento. Unas horas después de conocer los datos del INEGI, la SHCP redujo su estimado de 2.7 por ciento, a un rango de 2.1 a 2.6 por ciento. En principio, podemos tomar los puntos medios de estos rangos para decir que Banxico anticipa 2.25 por ciento para el año, mientras que la SHCP espera 2.35 por ciento. En estas semanas, veremos que muchas instituciones y analistas también revisaran sus expectativas a la baja, en especial aquellos que mantenían proyecciones optimistas, digamos de 2.3 por ciento hacia arriba. Lo más seguro es que el nuevo consenso estará entre 2.1 y 2.2 por ciento.
El Banco de México ha sido transparente en su metodología y en su calendario de divulgación de expectativas. Utiliza un rango, ya que desde hace varios años adoptó la filosofía de manejar probabilidades alrededor de sus proyecciones. Da a conocer sus estimaciones cada trimestre en su Informe sobre la Inflación y estableció la regla de que manejará siempre un rango de un punto porcentual hasta conocer la tasa del segundo trimestre, de ocho décimas de un punto hasta saber la tasa del tercer trimestre y a partir de ese momento, cinco décimas de un punto porcentual. Dado que no tiene que elaborar presupuestos ni necesita la aprobación del Congreso, esta manera de manejar sus números resulta apropiado. Lo único curioso de su manejo es la actualización de sus proyecciones dos días antes de conocer el PIB. No le costaría mucho esperar un par de días más y así evitarse la vergüenza de sacar un rango inapropiado (como sucedió en mayo).
En cambio, la SHCP manejaba una estimación puntual porque así lo requiere su programación financiera. Los gobiernos anteriores no se molestaban mucho con las actualizaciones de sus proyecciones, ya que no se querían complicar la vida. Sin embargo, este gobierno decidió “actualizar” su estimación del PIB al conocer el avance de cada trimestre. Pero la dificultad de pronosticar se hizo evidente cuando sistemáticamente tuvo que revisar su estimación a la baja desde que empezó el sexenio. Ahora, para salir del paso, la SHCP tomó la decisión política de utilizar rangos para las actualizaciones, aunque siempre tendrá que aportar una estimación puntual para la elaboración del presupuesto federal.
La idea en sí parece buena, ya que un rango admite la posibilidad de equivocarse sin pasar tanta vergüenza. Sin embargo, el rango que presentó ahora la SHCP fue una decisión política y no el resultado de un razonamiento económico sólido. Presentó el techo con apenas un punto decimal por debajo de su estimación previa, para mandar el mensaje de que no estaba tan equivocado. Lo más seguro es que dentro de tres meses, cuando conozcamos la tasa del año, es que el crecimiento estará dentro del rango. Así la SHCP piensa que se ve bien ahora y se verá bien dentro de tres meses. El problema es que la parte superior del rango (de 2.3 a 2.6 por ciento) es prácticamente imposible.
Si realizamos un ejercicio de consistencia entre la tasa anual y la tasa trimestral (a partir de la serie ajustada por estacionalidad, encontramos que si la tasa del cuarto trimestre es igual a la del tercero (0.5 por ciento), el crecimiento de 2014 será 2.1 por ciento; si la tasa es parecida a la del segundo trimestre (0.9 por ciento), el crecimiento será 2.2 por ciento. Para crecer menos de 2.1 por ciento, la tasa del último trimestre tendría que ser muy cercano a cero o inclusive negativa, lo cual no es muy probable. Pero para crecer 2.3 por ciento o más, la actividad económica tendría que acelerarse bastante, equivalente a una tasa anualizada de 5 por ciento o más. En otras palabras, llegar a 2.3 por ciento para todo 2014 resultará difícil; registrar 2.4 por ciento, sumamente difícil; crecer 2.5 por ciento, casi imposible; y terminar con 2.6 por ciento ya totalmente imposible.

Inquietudes

Septiembre 24th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Por primera vez desde que empezó el sexenio, se han estabilizado las proyecciones de crecimiento. Prácticamente todas las encuestas ubican el consenso entre 2.5 y 2.6 por ciento y las pocas revisiones que hemos visto recientemente han sido de los extremos hacia el punto medio (es decir, se ha reducido el rango). Todavía hay quienes ven factible alcanzar la proyección de 2.7 por ciento que tiene la SHCP, mientras que igual número de analistas permanecen más pesimistas que la media. Implícitamente casi todos anticipan cierta recuperación en la segunda mitad del año, mientras que con un poco de suerte, pudiéramos alcanzar la previsión optimista de la SHCP.
Sin lugar a duda, la actividad económica mejoró en el segundo trimestre del año y se mantiene la tendencia. El mayor empuje viene por una mejoría en las exportaciones, mientras que la economía interna todavía permanece débil. En principio, esperamos que mejore, ya que las exportaciones siempre han funcionado como motor de crecimiento. Muchas de las incógnitas que frenaban la inversión privada se han resulto y la SHCP presume de un incremento en la inversión pública sin precedente.
No obstante, tengo varias inquietudes. El primero es la merma en el ingreso personal disponible de los hogares, que se refleja en muchas instancias. Por ejemplo, se ha comentado mucho que la mayoría de los empleos registrados en el IMSS en los últimos años son de salarios mucho más bajos que los perdidos en años anteriores. Pero hay otro indicador que no se ha analizado suficiente: la tasa de desempleo urbano. Si vemos la tendencia-ciclo que publica el INEGI, encontramos que ha registrado 13 meses al hilo al alza. Hace un año la tasa se ubicaba en 5.6 por ciento, mientras que la de Estados Unidos registraba 7.3 por ciento. En el último año, la tasa de nuestros vecinos ha disminuido constantemente hasta llegar a 6.1 por ciento, al mismo tiempo que la de nosotros ha aumentado y ahora están prácticamente iguales. No es usual que la tasa de desempleo en nuestro país sea igual o mayor a la de Estados Unidos.
Me sigue inquietando que el INEGI da más importancia a la tasa de desempleo nacional, que incluye la población de subsistencia agrícola (rural) que no tiene la misma relevancia. El INEGI publica la tasa urbana pero no da a conocer la rural. Si suponemos que la rural representa 19 por ciento del total, la tasa nacional está en 4.9 y la urbana en 6.0 por ciento, implícitamente significa que la tasa rural ronda alrededor de 0.0 por ciento.
Otra inquietud que tengo es que mientras la SHCP nos dice que el gasto público en general y la inversión pública en particular han crecido enormemente este año, las cuentas nacionales del INEGI reflejan exactamente lo contrario. Si sumamos el consumo de gobierno más la inversión pública de las cuentas de oferta y demanda global de bienes y servicios, encontramos que el nivel del gasto público es el más bajo de los últimos 17 trimestres. Incluso, el nivel del primer semestre de 2014 se ubica -0.9 por ciento por debajo del mismo periodo del año pasado, cuando había un proceso de consolidación fiscal combinado con un subejercicio del gasto. ¿Cómo puede ser que la SHCP dice que gasta mucho, pero no se registra en ningún lado? Peor aún, la SHCP ha solicitado un endeudamiento mayor para 2015 para incrementar todavía más el gasto, mientras que revisa a la baja el crecimiento esperado ahora que ya tenemos las reformas aprobadas. Según esto, ahora el crecimiento esperado con reformas es menor al escenario “inercial” sin reformas que presentó al inicio del sexenio.
Por último, me inquieta que el INEGI publica dos tasas “oficiales” distintas del PIB. El 21 de septiembre ratifica la tasa del PIB de 2013 de 1.07 por ciento. El 11 de septiembre divulga los datos del PIB dentro del marco de las cuentas nacionales y avisa que se revisa al alza a 1.44 por ciento. El 19 de septiembre publica la oferta y demanda global para el segundo trimestre y vuelve a decir que el crecimiento del PIB en 2013 fue 1.07 por ciento. Ambas tasas son oficiales, por lo que México ha de ser el único país del mundo que reporta dos tasas distintas para el crecimiento económico. Esto genera confusión y crea desconfianza en las cifras.
El desempleo va en aumento y el empleo tiene menos poder adquisitivo. El gobierno nos quita ingresos y se endeuda alegremente, pero no se registra el gasto en ningún lado. El INEGI publica distintas tasas oficiales de crecimiento y promedia el desempleo rural con el urbano para aparentar tasas de desempleo menores a lo que realmente tenemos. ¿Son válidas mis inquietudes?

La economía mexicana creció 1.1 por ciento en 2013, sustancialmente por debajo de lo que originalmente se esperaba. Según la mayoría de las encuestas de expectativas se anticipaba una tasa de crecimiento de 3.5 por ciento a principios del año pasado. Sin embargo, las proyecciones se fuera revisando a la baja paulatinamente en el transcurso del año, hasta registrar una expectativa de apenas 1.2 por ciento un par de meses antes de concluir el año.

Fueron muchos factores que contribuyeron al deterioro continuo de la tasa esperada. Desde mediados de 2012, Europa entró de nuevo en recesión, mientras que Estados Unidos sufrió una desaceleración importante de su producción manufacturera. Originalmente se esperaba que la actividad económica externa se recuperara, algo que no fructiferó hasta fines de 2013. En adición a esta baja demanda externa, Argentina y Brasil decidieron imponer un techo mucho más bajo a las importaciones de automóviles procedentes de México. El resultado fue una expansión mínima en las exportaciones no petroleras mexicanas, que limitó severamente a la producción manufacturera mexicana. Aunado a esta desaceleración, las remesas familiares disminuyeron a lo largo del año, contribuyendo a caída en los ingresos de los hogares en ciertas regiones y estratos.

Desde antes del fin del sexenio, la actividad mexicana interna empezó a resentir una disminución en la inversión pública y privada, mientras que el consumo de los hogares dejó de crecer. A principios de 2013 el gasto público disminuyó significativamente, primero ante un proceso de consolidación fiscal propuesto en el presupuesto de 2013 y después, por un subejercicio del gasto, especialmente evidente en la primera mitad del año. La industria de la construcción se desplomó en sus tres vertientes por cambios drásticos en la política pública de vivienda y por la disminución en la inversión pública en obras civiles y de infraestructura. El sector privado mantuvo a lo largo del año una actitud cautelosa, primero ante el cambio de gobierno y después ante la multitud de reformas y cambios en las reglas del juego, que resultó en una disminución importante en la inversión. En adición a todo lo anterior, en agosto el INEGI introdujo un cambio de base en las cuentas nacionales, que resultó en una revisión significativa a la baja en las cifras de crecimiento de la primera mitad del año.

Aunque el conjunto de factores se fueron conociendo con antelación, su magnitud y continuo deterioro fue algo que no se anticipó adecuadamente, ni por el gobierno, ni por las instituciones internacionales, ni por los analistas del sector privado que se dedican a estudiar las perspectivas económicas del país. El resultado fue un proceso alargado y penoso de revisiones continuas a la baja en las proyecciones económicas, hasta terminar el año con una tasa que representaba menos de una tercera parte de la expectativa original.

En principio, todos los factores mencionados son de carácter temporal, es decir, su efecto negativo debería disiparse con el tiempo, dándole a la economía la oportunidad de crecer de nuevo cerca del 4.0 por ciento. De esta forma, cuando el gobierno empezaba a preparar el presupuesto para 2014 con una estimación de crecimiento de 3.9 por ciento para el año, la mayoría de las encuestas de expectativas coincidían. Sin embargo, al conocer el contenido de la reforma hacendaria, muchos analistas empezaron a revisar a la baja sus proyecciones, de tal forma que la expectativa de consenso ya se ubicaba mucho más cerca de 3.0 que de 4.0 por ciento antes de finalizar el primer trimestre del año.

 

Expectativas de Crecimiento del PIB para 2014:

Antes y Después de Conocer los Datos del Primer Trimestre

                                                                            Antes           Después

Oficial SHCP                                                       3.9%                2.7%

Oficial Banxico                                                     3.5%                2.8%

FMI                                                                       3.0%                n.d.

Banco Mundial                                                     3.0%                2.3%

OCDE                                                                  3.4%                n.d.

Encuesta IMEF                                                    3.0%                2.6%

Encuesta LatinFocus                                           3.1%                n.d.

Encuesta Consensus Economics                        2.9%                n.d.

Encuesta EMED                                                  3.1%                n.d.

Encuesta Banxico                                                3.0%                2.8%

Encuesta Banamex                                             3.0%                2.8%

Fuente: recopilación propia de fuentes originales de cada Encuesta o Institución.

 

No obstante ante esta revisión, tanto la SHCP como Banxico mantuvieron sus estimaciones sin cambio. Banxico ha mantenido la práctica desde hace tiempo de revisar sus proyecciones económicas sólo cada tres meses, en la presentación de su Informe Trimestral sobre la Inflación. Pero a partir del año pasado, Banxico decidió tomar más tiempo en preparar su Informe, por lo que pospusieron la fecha de entrega por tres semanas. Sin embargo, no queda claro que si las autoridades monetarias se dieron cuenta o no, pero al cambiar su calendario la presentación se estableció para apenas unos días antes de conocer los datos del PIB. De esta manera, Banxico tuvo que estimar el crecimiento de marzo para realizar su proyección del PIB del primer trimestre y del año en su conjunto. Al final, resultó que la actividad económica de marzo se desplomó (disminuyó 0.81 por ciento respecto al mes anterior), por lo que su nueva estimación de 2.8 por ciento quedó todavía elevada. Esto quedó evidente cuando anunció una semana después que se reducía en 50 puntos base la tasa de política monetaria ante la debilidad observada en el consumo y la inversión.

A partir del año pasado, la SHCP adoptó una práctica similar (aunque no oficial), de revisar sus números sólo cuando se presentaran nuevas cifras sobre el crecimiento del PIB trimestral. Las autoridades hacendarias decidieron hacer esta práctica oficial a partir de este año, pero desafortunadamente fue evidente mucho antes de conocer las cifras finales del trimestre que el crecimiento sería mucho menor. Aun así, la SHCP decidió revisar a la baja su proyección para el año a 2.7 por ciento, una tasa que implica una recuperación significativa en la segunda mitad del año.

Aunque a los pocos días de conocer las cifras del PIB del primer trimestre, se levantaron varias de las encuestas de expectativas, parece que todavía no se ha asimilado el pobre desempeño de los primeros meses del año y la debilidad que todavía muestran el consumo de los hogares y la inversión privada. Aunque las exportaciones no petroleras muestran ya una recuperación interesante, todavía no queda claro que si será suficiente o no para apuntalar una recuperación generalizada.

Por lo pronto, las primeras encuestas que se han dado a conocer señalan que el crecimiento de 2014 se ubicará en un rango de 2.3 a 2.8 por ciento. Pero aun así, estos números implican una recuperación importante, es decir, la actividad económica tendrá que mostrar tasas relativamente elevadas en los dos últimos trimestres del año simplemente para evitar que la tasa del año se ubique por debajo de 2.0 por ciento. Por lo mismo, no debe de sorprender que veamos todavía más revisiones a la baja en los siguientes meses.