Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El día primero de enero pensé que la buena noticia era que ya se acabó 2016, un año difícil, tedioso y de inestabilidad. Pero la mala noticia es que empieza 2017 con perspectiva peor. Ya llevamos un poco más de una semana del año y vemos que ya no es lo duro sino lo tupido. El gasolinazo, las protestas, los saqueos, los bloqueos y aumentos generalizados en precios han acaparado las ocho columnas, pero también nos han agraciado con noticias adicionales como el regreso de Videgaray, la cancelación de inversión de Ford y la posible salida del país de Chrysler. Todo indica que las promesas de Trump se van a materializar. El Indicador IMEF dice que “aumenta incertidumbre”, mientras que sigue en desplome la confianza empresarial y del consumidor. Todo se refleja en la continua debilidad del peso, que ya vimos como el tipo de cambio registra de nuevo, máximos históricos. Existe en el país una sensación de inestabilidad económica y política no visto desde el “tequilazo” al comienzo de 1995.

Ante tanta adversidad, lo que más necesita el país es un gobierno inteligente, que asume su rol de líder y que instrumente políticas para resolver los problemas e incertidumbres que enfrentamos. Hasta ahora, ¿cuál ha sido la respuesta? El “Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección Familiar”, posiblemente la máxima desilusión del gobierno actual. Es un conjunto de enunciados vacíos, sin fondo, lleno de contradicciones y desconectado de la problemática que enfrenta el país. Ni siquiera logró un consenso entre las cúpulas empresariales y excluye a los gobiernos estatales y a los partidos de oposición. Es una muestra más de que no solamente no entiende los reclamos de la población, sino que no entiende que no entiende. Es aun peor que el anuncio conjunto de la SHCP y el Banco de México que dieron a conocer a las 7:00 de la mañana después de las elecciones de Estados Unidos, cuando acordaron no hacer nada más que “estar atentos”.

Por ejemplo, incluye el compromiso de evitar incrementos significativos en los precios de la canasta básica (como especie de control de precios), que seguramente causará escasez como suele suceder, pero al mismo tiempo dice que realizará acciones en favor de la libre competencia (como evitar o quitar controles de precios). En caso de que se dé el incremento en el precio de algún producto de la canasta básica se permitirá la libre importación de éste para estabilizar el mercado. El problema es que la importación de cualquier producto al tipo de cambio actual seguramente implicará un incremento todavía mayor en el precio, al no ser que el gobierno lo vaya subsidiar. Sin embargo, la justificación del gasolinazo fue que lo que se quiere evitar son los subsidios.

Otro problema de fondo es la credibilidad. ¿Cuántas veces ya nos ha dicho el gobierno que va combatir la corrupción sin que no pasa absolutamente nada? ¿Cuántos recortes de gasto se han anunciado para que al final del año encontramos que se gastó mucho más que lo presupuestado originalmente? El Acuerdo dice que se va a modernizar el transporte público, pero la inversión pública ha disminuido en cada uno de los últimos siete años. Incluye medidas “nuevas” que se supone que ya se deberían estar instrumentando, como garantizar un superávit primario, impulsar la recuperación del salario mínimo y preservar la estabilidad económica. Evita acciones directas para resolver el agravio más apremiante: el gasolinazo. No incluye medidas para evitar o minimizar el robo de gasolinas o resolver el problema de abasto. No abarca el problema de incertidumbre ante la llegada de Trump, que frenará la poca inversión que teníamos. Remarca la instrumentación de políticas fiscales y monetarias restrictivas, que implica frenar aún más el crecimiento económico.

Todos hemos revisado a la baja las expectativas de crecimiento económico para este año al saber que Trump será presidente de Estados Unidos a partir del 20 de enero. No obstante, las primeras revisiones eran tibias al no conocer a ciencia cierta lo que hará el vecino en nuestra contra y tampoco anticipábamos la parálisis o falta de ideas de nuestro gobierno. Los anuncios de Ford y Chrysler y el continuo ataque vía Twitter por parte de Trump, empiezan a vislumbrar que podríamos estar enfrentando el peor escenario contemplado. Las probabilidades de una recesión este año van en aumento día a día.

Consistencia

Octubre 7th, 2011 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (0 Comments)

El INEGI reportó hoy en la mañana (viernes, 7 de octubre), que la inflación para septiembre fue 0.25 por ciento, producto de una tasa de 0.21 por ciento en la primera quincena y 0.06 por ciento en la segunda.  La inflación fue resultado de un aumento de 0.27 por ciento en el componente subyacente y 0.17 por ciento en el no subyacente.  En general fue muy buen resultado, ya que septiembre suele ser uno de los meses de más alta inflación en todo el año, dado que le afecta la estacionalidad de las colegiaturas.  De hecho, la tasa fue la más baja para un mes similar desde 1970, es decir, desde hace 41 años.  Ayudó el hecho de que las colegiaturas aumentaron mucho menos que otros años y que hubo una disminución en general en los precios de las frutas y verduras.

Con estos resultados, la tasa anual de la inflación general disminuyó a 3.14 por ciento, la más baja desde julio de 2006 y muy cerca del objetivo puntual del Banco de México.  De igual forma, la subyacente baja a 3.12 por ciento, que es una tasa que no habíamos visto desde febrero de 2006.  Estos resultados se obtienen a pesar de que han aumentado bastante los precios de los alimentos; la tasa anual de ese subíndice se ubica en 7.3 por ciento.  Sin embargo, los incrementos más pronunciados en estos precios se han visto compensado por aumentos sumamente bajos en los servicios.

La inflación juega un papel singular en la economía, ya que no sólo afecta el poder adquisitivo de la población, sino que también influye en las decisiones de inversión de las empresas, en las tasas de interés y en el tipo de cambio.  Por esto es muy importante para las instituciones financieras, que realizan muchas operaciones en el mercado de dinero en base a sus expectativas.  De hecho, Banamex levanta una encuesta quincenal entre las principales instituciones como unos tres o cuatro días antes de que el INEGI de a conocer los resultados.  Esta encuesta, conocida como la de “Expectativas de Analistas de Mercados Financieros” determina lo que llamamos el consenso de mercado.  Si el resultado difiere del consenso, las instituciones realizan operaciones para compensar sus errores de apreciación, lo que puede tener un impacto importante en los mercados.

La encuesta es interesante, ya que no sólo nos presenta la media y mediana de los encuestados, sino que proporciona las proyecciones de cada institución que participa.  De esta manera sabíamos que es lo que esperaba cada uno para la inflación general y subyacente de septiembre.  Por ejemplo, Bancomer esperaba una inflación muy baja de 0.20 por ciento, mientras que Scotiabank estimaba que iba ser mucho más elevada de 0.38 por ciento.  En cuanto a la subyacente, Vector anticipaba que sería sólo 0.23 por ciento y Barclays Capital pensaba que se iría hasta 0.44 por ciento.  Realmente el rango entre estas proyecciones es muy grande, en especial si consideramos que ya se conocía la inflación de la primera quincena.

Al saber que la inflación de la primera quincena fue 0.21 por ciento, lo que en realidad están proyectando es la de la segunda quincena.  Dado que el índice de precios del mes es el promedio de los índices de las dos quincenas, podemos calcular fácilmente lo que cada institución estaba esperando implícitamente para la segunda quincena y así saber que tan consistentes son cada uno.

En un extremo tenemos Bancomer que esperaba una tasa mensual de 0.20 por ciento.  Para que se pudiera dar esta tasa, la inflación de la segunda quincena tenía que haber sido -0.02 por ciento.  Esta expectativa resulta extraño ya que en toda la historia de la inflación quincenal, nunca se ha observado una tasa negativa en una segunda quincena de septiembre.  ¿Qué era lo esperaba Bancomer?  La única forma de que se pudiera dar ese resultado hubiera sido con un desplome en los precios de frutas y verduras, muchísimo más allá de lo que se observó.  Es más, dado que Bancomer esperaba que la tasa subyacente fuera 0.28 por ciento, implícitamente tenía una expectativa de que la no subyacente fuera -0.08 por ciento en el mes.  Dado que el componente no subyacente aumentó 0.19 por ciento en la primera quincena, la única forma en que si pudiera dar el resultado que esperaba Bancomer era si la tasa no subyacente de la segunda quincena fuera -0.45 por ciento.  Dado que el resultado fue 0.10 por ciento, nos preguntamos en realidad ¿qué era lo que veía Bancomer que absolutamente nadie más esperaba?

En el otro extremo tenemos a Scotiabank con su expectativa de 0.38 por ciento para el mes, lo que implícitamente significa que anticipaba una tasa de 0.33 por ciento en la segunda quincena.  De entrada, nunca se ha dado que la tasa de la segunda quincena de septiembre sea mayor a la de la primera.  ¿Por qué ahora?  Parte de la explicación es que Scotiabank anticipaba una tasa subyacente muy elevada (0.18 por ciento) en la segunda quincena, pero en realidad lo que más sorprende es su expectativa de 0.55 por ciento para el componente no subyacente para el mes, que a su implicaba 0.80 por ciento para la segunda quincena.  En otras palabras, Scotiabank anticipa una escalada enorme en los precios de frutas y verduras en la segunda mitad del mes.  Obviamente, los analistas de Scotiabank no van al mismo supermercado que los de Bancomer.  Pero más bien, estos números nos dicen que ni uno de los dos van a cualquier mercado, ya que están muy apartados de la realidad.

Aun así hay instituciones con inconsistencias todavía más grandes.  Por ejemplo, Barclays Capital esperaba que el componente no subyacente disminuyera 0.23 por ciento en Septiembre, mientras que Deutsche Bank anticipaba un incremento de 0.70 por ciento.  ¿Cómo podemos explicar estas expectativas?  A pesar de que son economistas profesionales y reconocidos, los números nos dicen que muchos contestan las encuestas con cualquier número, sin preocuparse por las consistencias ni las consecuencias.  Sin embargo, no todos lo hacen con la técnica al despreocupé;  por ejemplo, Monex y Santander no sólo tenían números muy cercanas a lo que reportó el INEGI, sino que mostraron consistencia entre los diversos componentes.