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El Marco Macroeconómico del Gobierno

septiembre 14th, 2011 | Posted by Jonathan Heath in Ejecutivos de Finanzas - (Comentarios desactivados en El Marco Macroeconómico del Gobierno)

El Poder Ejecutivo entregó al Legislativo, el pasado 8 de septiembre, los Criterios Generales de Política Económica para 2012, que acompaña al Proyecto de Presupuesto de Egresos y la Iniciativa de Ley de Ingresos para el próximo año.  Los Criterios contienen las justificaciones del gobierno de las cifras que somete para su aprobación.  Por ello, una parte esencial del documento es el marco macroeconómico de éste año y el próximo, ya que son los números sobre los cuales realizan sus proyecciones de ingresos.

Siempre resulta interesante analizar el marco que presenta el gobierno, pues, en principio, tiene su visión actualizada de la coyuntura y de las perspectivas de la economía.  El reajuste de los números viene a buen momento, ya que hace un mes cambiaron drásticamente las perspectivas de la economía mundial, en especial las de Estados Unidos que nos afectan directamente.

A cuatro meses de que termine el año, el gobierno nos dice que prácticamente no habrá efecto alguno en el 2011.  Si tomamos el marco macroeconómico que presentó en 2010, vemos que se esperaba una tasa de crecimiento del PIB de 3.8%, bajo el supuesto de que Estados Unidos crecería 2.8% y su producción industrial 4.4% (que es lo más relevante para nosotros).  Ahora, un año después, revisa a la baja su previsión para nuestros vecinos, a una tasa de 1.6% para el PIB y 3.3% para su producción industrial.  Sabemos la relación tan estrecha que tiene nuestra economía con la de Estados Unidos, por lo que esta revisión de más de un punto porcentual nos debería pegar muy duro.

La primera sorpresa es que no, pues, a pesar del escenario mucho más pesimista para la economía norteamericana, el gobierno espera un crecimiento de 4.0%para 2011, un par de puntos decimales mejor.  Mientras que casi nadie anticipó la desaceleración marcada de la economía de Estados Unidos, queda en evidencia que nuestro gobierno opina que quedamos prácticamente inmunes.  ¿El cierre de 4.0% para el PIB es realista ante este escenario?

Aunque hemos visto evidencia clara de una desaceleración en Estados Unidos, el desempeño de la economía mexicana no muestra lo  mismo.  El comportamiento del segundo trimestre fue mejor que el primero, a pesar del problema del suministro de insumos a raíz del tsunami en Japón.  Los indicadores de comercio exterior apuntan a que el tercer trimestre terminará relativamente bien y la mayoría de los analistas esperan sólo una ligera desaceleración hacia fin de año.  Pero, ¿será posible alcanzar el 4.0%?

Si analizamos la consistencia de un 4.0% para el año, con lo que ya pasó en la primera mitad del año y lo que implicaría para el crecimiento en los dos últimos trimestres del año, encontramos que para llegar a la cifra prevista, no se podrá experimentar una desaceleración.  El 4.0% es consistente con un crecimiento de aproximadamente 1.0% en cada trimestre respecto al anterior (en términos desestacionalizados), que es prácticamente igual al desempeño que tuvimos en el segundo trimestre.  Esto significa que el gobierno guarda mucho optimismo respecto a la actividad económica, en especial ante el hecho de que reconoce una desaceleración significativa en la de Estados Unidos.

Hace un año el gobierno nos dijo que creceríamos 3.8% este año y 4.2% el próximo.  Ahora, después de cerrar en 4.0% este año, se corrige la cifra de 2012 a 3.5%.  Parece que nos está diciendo que, aunque no nos pegó la desaceleración de nuestros vecinos este año, sí nos afectará el entrante.  Si analizamos la consistencia trimestral, 3.5 es compatible con un crecimiento de 0.8% en cada trimestre, no muy diferente al desempeño trimestral de 2011.  Si bien es una desaceleración, realmente es marginal.

¿Qué tan creíble es este escenario?  La mayoría de los analistas de Estados Unidos concuerdan con la proyección de 1.6% de crecimiento en su país en 2011.  El problema es más bien qué tanto podrá crecer nuestro vecino en 2012.  No solamente existe la amenaza de volver a caer en una recesión, sino todos coinciden que el verdadero peligro se enfrentará en año entrante.  Aun en el caso de que sólo habrá más desaceleración, todo apunta a que la demanda por nuestras exportaciones no petroleras será mucho menor en 2012 que lo que hemos visto en 2011.  Las perspectivas actuales nos dicen que para mantener el dinamismo observado hasta ahora en la economía mexicana, necesitamos una recuperación en la de Estados Unidos en 2012.  Sin embargo, es un escenario que se antoja difícil.

El motor de crecimiento de la economía mexicana en 2011 fue el de las exportaciones no petroleras.  Tuvieron un buen desempeño y jalaron a la economía interna, a pesar de la desaceleración norteamericana.  Parte de la explicación fueron las exportaciones de la industria automotriz, que fueron favorecidas por la reubicación de líneas de producción a México.  No obstante, es muy probable que el crecimiento no se podrá mantener al mismo ritmo el año próximo.  También tuvieron buen desempeño las exportaciones manufactureras no automotrices, a tal grado que México recuperó en 2011 parte del mercado norteamericano que había perdido en años anteriores.  Pero ¿podremos mantener un dinamismo similar ante una desaceleración significativa en Estados Unidos?

El escenario que nos plantea el gobierno es bastante optimista, quizás no al grado de ser imposible, pero ante las circunstancias actuales no se antoja como lo más probable.  Nos ayudará el hecho de que es año de elecciones, pero el entorno externo no será favorable.  Posiblemente veamos más consumo privado en la primera mitad del año y una desaceleración constante en la exportaciones durante todo el 2012.

(Escrito el 9 de septiembre de 2011 para la revista Ejecutivos de Finanzas de octubre)

¿Qué nos dice el PIB?

agosto 19th, 2011 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (1 Comments)

Hoy, viernes 19 de agosto, se dio a conocer el crecimiento del PIB del segundo trimestre.  El encabezado del comunicado de prensa del INEGI dice “crece el Producto Interno Bruto 3.3 por ciento en el segundo trimestre del año”.  Dado que es visiblemente menor al del trimestre anterior (4.6 por ciento), el más bajo que se ha observado en los últimos seis trimestres y menor a lo que esperaba el mercado (3.6 por ciento), es muy probable que se va a interpretar como mala noticia y clara señal de que ya estamos en medio de una desaceleración.  Ante los últimos acontecimientos en los mercados mundiales, esto pudiera ser el primer paso hacia una nueva recesión.  ¿Será cierto?

De entrada llama la atención que se enfatiza el crecimiento anual, que no se ve muy bien, en vez del trimestral, que es la práctica de las economías modernas y es mejor noticia.  El INEGI llevaba buen rato con la buena práctica de destacar el crecimiento trimestral (a partir de cifras desestacionalizadas), para enfocarnos en el comportamiento propio del trimestre y no en lo que ha pasado en los últimos cuatro.  Es difícil explicar por qué ahora se dan pasos hacia atrás en las buenas prácticas de comunicación.

La diferencia es importante, permítanme explicar por qué.  El crecimiento anual es el comportamiento de los últimos cuatro trimestres y no sólo el segundo trimestre en sí.  Esto significa que la cifra no sólo resulta del trimestre que agregamos (el segundo del 2011), sino también por él que quitamos del cálculo (el segundo del año anterior).  Resulta que el trimestre que estamos quitando fue el mejor del año pasado.  No es que este trimestre por sí no fuera tan bueno, pero si quitamos el del año pasado, el crecimiento tiene que reflejar una desaceleración.  Esto lo llamamos el efecto base y definitivamente actuó en contra.

Si nos enfocamos en el comportamiento del trimestre tal cual, lo que llamamos el crecimiento marginal, resulta que el crecimiento fue relativamente bueno, de 1.1 por ciento.  Fue mejor que el del primer trimestre del año (0.6 por ciento) y por arriba del promedio de los últimos cuatro trimestres.  Si el crecimiento de cada trimestre del año fuera igual al que acaba de concluir, la tasa del PIB aumentaría 4.5 por ciento en 2011.  Habría que recordar que el comportamiento de la actividad económica en el periodo tuvo un impacto negativo a raíz de las interrupciones de suministros asociadas con el tsunami de Japón.  A pesar de este evento temporal, el trimestre creció 1.1 por ciento.

Si analizamos las tendencias de los sectores que componen el PIB, encontramos desempeños favorables en el secundario (industria) y el terciario (comercio y servicios), mientras que sólo el primario (agricultura) mostró una tendencia a la baja.  Dado que el comportamiento de este sector es más aleatorio y no tiene correlación con el ciclo económico, tenemos que concluir que, intrínsecamente, el comportamiento del PIB del segundo trimestre estuvo todavía mejor de lo que refleja la cifra.

No hay que olvidar que junto con el PIB, el INEGI dio a conocer las cifras mensuales de la actividad económica (el IGAE).  A primera vista, sobresale el desempeño negativo de junio, que disminuyó 0.2 por ciento respecto a mayo.  Para algunos esto pudiera ser una de las muy buscadas señales de la desaceleración.  Sin embargo, hay que tomar en cuenta que un mes negativo por si sólo significa casi nada enfrente a la variabilidad normal del IGAE.  Por ejemplo, 6 de los últimos 24 meses registraron crecimientos negativos y aun así el IGAE creció 10.6 por ciento en el periodo (equivalente a 5.2 por ciento anual).  En cada uno de los trimestres en que el IGAE mostró en uno o dos meses tasas negativas, el trimestre en su conjunto terminó con crecimientos positivos.

Si nos fijamos en la tendencia del IGAE, encontramos que todavía es positiva.  Si bien vemos que lleva 13 meses creciendo cada vez a un ritmo menor, es natural al alejarnos del ímpetus que tuvo el año pasado por una base de comparación sumamente favorable.

Por todo lo anterior, el análisis del segundo trimestre nos dice que vamos relativamente bien.  El balance de la noticia es más positivo que negativo.  Esto no significa que no habrá una desaceleración más adelante, en especial si consideramos que las perspectivas de la economía de Estados Unidos se han nublado ante los últimos acontecimientos.  Pero por lo pronto, la evidencia todavía apunta a que el crecimiento sigue en pie.

¿Desarrollo Estabilizador?

junio 9th, 2005 | Posted by Jonathan Heath in Articulos populares - (Comentarios desactivados en ¿Desarrollo Estabilizador?)

Publicado en el Periódico Reforma

 El Presidente Vicente Fox declaró el martes pasado que su política económica es de un “desarrollo estabilizador”, aludiendo a que ha buscado crecer sin inflación.  Sin embargo, esta no es una etiqueta que pueda utilizar libremente, ya que está reservada para describir el modelo de desarrollo de los años sesenta.

De hecho, los derechos de autor corresponden a Antonio Ortiz Mena, quien fue Secretario de Hacienda del primero de diciembre de 1958 al 16 de agosto de 1970.  Ortiz Mena utilizó la frase “desarrollo estabilizador” para describir la política económica que él, junto con Don Rodrigo Gómez (Director General del Banco de México), llevaron a cabo en los sexenios de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz.  Esta resultó en un crecimiento económico elevado y sostenido, en un ambiente de estabilidad de precios.

Seguramente, lo que Fox quiso decir es que su política ha impulsado el crecimiento económico sin generar presiones inflacionarias.  Sin embargo, no quiso aludir a que su sexenio sea similar al desarrollo estabilizador de Ortiz Mena.  Lo más probable es que Fox no sepa bien las características de la política económica de aquella época y posiblemente ni siquiera sabe que es una frase reservada para referirse al modelo económico que se utilizó hace ya cuarenta años.

La verdad es que no le conviene la comparación.  De entrada, el crecimiento promedio anual del desarrollo estabilizador fue 6.3 por ciento, mientras que el de los cuatro años que llevamos de la administración actual, es de 1.6 por ciento.  La inflación promedio de esa época fue 2.2 por ciento y la de Fox es de 4.8 por ciento.  Esto significa que Fox ha logrado una cuarta parte del crecimiento económico, en un ambiente de más del doble de inflación.  De entrada, esto parece indicar que Fox no está ni siquiera cerca de obtener los resultados que obtuvo el desarrollo estabilizador de Ortiz Mena.

Pero la comparación es realmente peor de lo que suena, ya que el desarrollo estabilizador se caracterizó por muchos aspectos que Fox ha buscado evitar.  El presidente presume que su política económica ha logrado reducir la pobreza y mejorar la distribución del ingreso.  La crítica más grande del desarrollo estabilizador fue que empeoró la distribución del ingreso y nunca logró que los beneficios de un mayor crecimiento económico llegaran a las clases más necesitadas.  Luis Echeverría, el presidente que terminó con el modelo de Ortiz Mena a partir de 1971, lo reemplazó con el modelo de “desarrollo compartido”, que precisamente buscaba enmendar estos defectos.  Por lo mismo, presumir de un “desarrollo estabilizador” que mejora la distribución del ingreso y reduce la pobreza, es una contradicción total de términos.

El desarrollo estabilizador termina trágicamente con la muerte de Don Rodrigo Gómez el 14 de agosto de 1970 y con la renuncia, dos días después, de Antonio Ortiz Mena como Secretario de Hacienda.  Al poco tiempo, Ortiz Mena es nombrado Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) donde realizó una gestión de 17 años.  A pesar de los buenos resultados en materia de crecimiento económico y estabilidad de precios, Ortiz Mena fue severamente criticado por la izquierda mexicana.  Por ejemplo, podemos leer el libro de Carlos Tello, escrito en 1979, “La Política Económica en México 1970-76” (Siglo Veintiuno Editores), en el cual justifica la dirección tomada a partir del sexenio de Echeverría con base en los malos resultados del desarrollo estabilizador de Ortiz Mena.  Tello alega que el crecimiento económico únicamente benefició a la élite empresarial y provocó una distribución del ingreso todavía más inequitativa.

Obviamente, Ortiz Mena siempre defendió su modelo.  Por ejemplo, podemos leer el libro que escribió en 1998, “El Desarrollo Estabilizador: Reflexiones sobre una Época” (Fideicomiso Historia de las Américas, Serie Hacienda, El Colegio de México y Fondo de Cultura Económica).  Ortiz Mena y algunos economistas posteriores (como Leopoldo Solís), tradicionalmente caracterizaron los años entre 1940 y 1970 por dos periodos principales: el de crecimiento sostenido con inflación de 1940 a 1958 y el del desarrollo estabilizador de 1958 a 1970.  Ortiz Mena defendió su época principalmente como una de disciplina fiscal y monetaria, que condujo a la estabilidad aludida y provocó las condiciones propicias para el crecimiento sostenido.

Sin embargo, esta visión tan halagadora del desarrollo estabilizador fue cuestionada por Enrique Cárdenas, posiblemente el historiador económico contemporáneo más influyente de nuestro país.  Cárdenas, quien es de los pocos economistas serios que se dedican de lleno a estudiar la historia económica de México, fue hasta hace algunos años rector de la Universidad de las Américas.  Él prefiere dividir las décadas de los cincuenta y sesenta en dos periodos distintos: el del crecimiento económico sano de 1950 a 1962 (también se refiere a este periodo como de crecimiento sostenido con choques externos) y el de alto crecimiento con debilidad estructural de 1963 a 1971.  Esta diferenciación excluye la inflación como característica endógena de la economía y se concentra más en la capacidad de la economía para mantener un ritmo sostenido de crecimiento económico.

Para Cárdenas, la mayor inflación de los cincuenta se debe a la existencia de choques externos y no a una menor disciplina fiscal y monetaria.  De hecho, él argumenta que hubo mayor disciplina en los cincuenta que en los sesenta.  La ausencia de inflación en los sesenta se debió más bien a la ausencia de choques externos.  Por ejemplo, el déficit fiscal acumulado de la década de los cincuenta apenas alcanzó 0.3 por ciento del PIB, un promedio de 0.03 por ciento.  En cambio, en los años sesenta, la cuenta pública se volvió crónicamente deficitaria y el déficit fiscal fue creciendo ligeramente año con año.  Inclusive, esta década fue criticada por la ausencia de una reforma fiscal.

Pero lo más severo de la década del “desarrollo estabilizador” fue la debilidad estructural que provocó a través del proteccionismo desmedido, los subsidios crecientes y una estructura oligopólica de los mercados.  Las características de la industria eran de ineficiencias escondidas, altas tasas de ganancia y un debilitamiento gradual de las finanzas públicas.  Por lo mismo, hubo la creación de muchas empresas y sectores que subsistían en condiciones antieconómicas y un deterioro de las cuentas externas que condujeron a un endeudamiento externo severo.

¿Esta es la política económica que presume Fox?