Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI lleva a cabo una cantidad impresionante de encuestas para construir y calcular un sinnúmero de indicadores económicos de gran relevancia. Dentro de todas, la más difícil es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), cuyo levantamiento es cada dos años. De esta encuesta se sustrae información para el cálculo de las cuentas nacionales y los índices de precios. A partir de 2008, incluye el Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS), que es la fuente de información para la medición multidimensional de la pobreza. Cualquier error o imprecisión implica malos cálculos de la inflación, del consumo y de la pobreza.

Desde hace tiempo atrás, se le ha criticado por dos fallas estructurales fundamentales. La primera es que hay un incentivo perverso para que los hogares entrevistados no divulgan la totalidad de sus ingresos. Por ejemplo, un hogar que obtiene un subsidio de Prospera y al mismo tiempo, recibe remesas de familiares que radican en Estados Unidos, no va reportar los ingresos obtenidos por remesas ante la posibilidad de que le cancelen su subsidio. Resulta que la cantidad de remesas capturadas por la ENIGH no llega al 10 por ciento de lo que reporta Banxico cada mes. En general, el gasto en consumo de los hogares de la ENIGH no logra registrar ni siquiera la mitad del consumo que se reporta en las Cuentas Nacionales. Es muy obvio decir que, si existe un problema serio de subdeclaración de ingresos, cualquier medición de la pobreza estará sobreestimada. Resulta importante subrayar que este problema se detectó hace por lo menos tres décadas, si no antes, es decir, mucho antes de que existiera el Coneval.

La segunda falla es que la Encuesta esta truncada, es decir, no cubre los hogares de mayores ingresos en el país. Hace como tres décadas, Agustín Legorreta se hizo famoso al decir que la economía de México estaba controlada por 300 familias. Pues resulta que ni una sola de esas 300 familias más ricas del país están incluidas en la encuesta. Simplemente al excluir a Carlos Slim, quien más veces que no resulta ser el hombre más rico del mundo, la ENIGH tiene este problema. El problema resulta de que se utiliza la información del ENIGH para calcular el famoso “coeficiente de Gini”, que mide la distribución del ingreso. Si la Encuesta no incluye a los más ricos del país, cualquier cálculo va subestimar este coeficiente. En otras palabras, la distribución del ingreso es mucho más inequitativo de lo que sugiere la Encuesta.

Estas dos fallas y las implicaciones que tienen en cuanto a la sobreestimación de la pobreza y la subestimación de la desigualdad, han sido sujetos de investigación desde hace tiempo. Hay estudios de Cortes, Leyva, Esquivel, Bustos, Torres, Campos, Chávez, Boltvinik, Hernández, Cervantes y un sinnúmero más, que han contribuido al tema. También hay estudios de organismos oficiales, aunque autónomos, como Coneval y el INEGI, que han hecho aportaciones muy valiosas. En cuanto al último, cabe la pena citar un estudio recién publicada (en inglés en el Journal de Latin American Policy, mayo 2017, y una reseña en español en la Revista Este País, junio 2017), realizado por Gerardo Leyva y Alfredo Bustos. Desarrollan un método de ajuste estadístico que utiliza información fiscal y de cuentas nacionales para mejorar la estimación del ingreso. Encuentran que la incidencia de pobreza monetaria sería de 30 por ciento de los hogares, comparada con el 44 por ciento que resulta de las cifras originales de la ENIGH, y que el coeficiente de Gini tiene un valor de 0.63, en contraste de 0.44 de la ENIGH. En otras palabras, confirma las hipótesis de que no somos tan pobres pero nuestra distribución del ingreso es mucho más inequitativa.

El estudio parece ser serio. La contribución resulta importante. La búsqueda por mejores datos, metodologías e indicadores debe ser continua. El debate es genuino. Entonces, ¿cuál es el problema? Resulta difícil separar la necesidad académica y el interés político en un tema tan sensible, en especial a la luz de la polémica mayor que se desató el año pasado cuando Coneval rehusó medir la pobreza para 2015. ¿Por qué? El INEGI introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos en la Encuesta, de tal forma que ya no era comparable la información con años anteriores: Peor aún, lo hizo sin consulta previa con Coneval.

Seguiremos comentando.

La semana pasada el INEGI dio a conocer las cuentas de bienes y servicios anuales para 2015, que contiene entre otras cosas el cálculo del PIB anual para el año. Hace como siete meses la institución había informado que el PIB creció 2.46 por ciento el año pasado, estimación que provino de las cuentas trimestrales. Para su cálculo, se tomó la tasa de crecimiento del promedio de los cuatro trimestres de 2015 respecto a los mismos cuatro del año anterior. Sin embargo, el computo de las cifras anuales posee la ventaja de incluir información más completa y un mayor número de datos. También existen algunas pequeñas diferencias metodológicas que terminan por arrojar una tasa distinta. Por lo mismo, el INEGI ahora nos dice que el crecimiento del PIB de 2015 fue 2.61 por ciento.

La diferencia principal entre el cálculo anual y el trimestral es el tratamiento del año agrícola. El INEGI dice que la estimación trimestral es distinta al anual, ya que si se reportara la medición real de la producción y de los insumos agrícolas de la misma manera, en aquellos trimestres en que se procede a sembrar, el valor agregado sería muy pequeño o incluso negativo, mientras que sería excesivamente elevado en los trimestres de cosecha, ya que es donde se concentra la mayor parte de los pagos a los factores de producción (salarios). Por ende, el PIB anual de la agricultura se calcula con base en datos que provee SAGARPA sobre un “año agrícola”, que abarca parte de tres años calendarios consecutivos, que comprenden los ciclos de “otoño-invierno” y “primavera-verano” y que se extienden más de un año calendario. Este método no es aplicable a nivel trimestral, porque la información básica estadística no lo permite. Por lo tanto, el cálculo trimestral se basa en cuantificar el valor agregado en las diferentes etapas de los tres años agrícolas para conocer su nivel en un periodo determinado (trimestre) del año calendario. ¿Qué significa todo esto? Que el PIB agrícola anual es distinto al cálculo de los cuatro trimestres.

También hay un problema en el cálculo trimestral al querer aplicar los métodos de “doble deflación” que se utilizan en los cálculos anuales para medir el producto generado por la actividad agropecuaria, de silvicultura, caza y pesca, construcción, electricidad y los servicios. La razón es que no hay disponibilidad de información necesaria que se requiere para realizar estos cálculos y aun en el caso de que se pudiera, habría dificultades en la interpretación de los resultados.

Al final de cuentas, todo lo anterior implica que tenemos dos series distintas del PIB para el país. Parte de la discrepancia entre las dos series se resuelve mediante la aplicación de una técnica llamada “Denton” que funciona para alinear las estimaciones de corto plazo a nivel de clase de actividad económica. Dice el INEGI que esta modalidad de ajuste también establece una mecánica recurrente y sistemática para la incorporación de la última información estadística básica. Sin embargo, no se logra conciliar por completo las diferencias por lo que ambas series mantienen diferencias en sus tasas de crecimiento de cada año que van de -0.13 hasta 0.14 puntos porcentuales en las series reales y de -0.63 a 0.17 puntos porcentuales en las series corrientes. La diferencia absoluta ha llegado a ser hasta de 67.6 mil millones de pesos.

¿Qué implicaciones tiene? La más importante es la falta de confianza que se genera al tener dos números distintos para un mismo fenómeno. Otra es que también puede generar diferencias en razones o relaciones que utilizan el PIB como denominador. Por ejemplo, una serie de los requerimientos financieros del sector público como porcentaje del PIB puede ser distinta dependiendo cuál de las dos series tomamos como referencia.

Expectativas. Llamó mucho la atención cuando en julio el FMI revisó al alza el crecimiento esperado para el PIB de 2016 de 2.4 a 2.5 por ciento, primero porque al mismo tiempo revisó el crecimiento esperado para Estados Unidos a la baja en 0.2 puntos porcentuales a 2.2 por ciento y segundo, toda la información disponible indicaba que se debió revisar el PIB de México a la baja. Pero ahora en su publicación de octubre rectifica sus expectativas al revisar el PIB de México a la baja a 2.1 por ciento y el de Estados Unidos a 1.6 por ciento. También revisa el PIB de 2017 para México a la baja a 2.3 por ciento.

El INEGI dio a conocer los resultados de la ENOE en su entrega trimestral para el segundo trimestre de 2016. A diferencia de la entrega mensual, ésta ofrece los resultados expresados en valores absolutos, es decir, en números de personas. El INEGI aplica las tasas de empleo y desempleo en sus diferentes modalidades a las proyecciones demográficas elaboradas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO). Para el caso específico de este trimestre, la proyección de la población total del país es de 122,117,027 personas.

Expresar el desempleo en número de personas no es usual; la práctica es utilizar tasas para referenciarlo en términos relativos, es decir, respecto a la población económicamente activa o algún otro parámetro. No obstante, los datos presentados en esta versión de la ENOE nos sirven para el cálculo de ciertas tasas que el INEGI no reporta. Por ejemplo, a pesar de que las últimas recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y de la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo (CIET) de 2013, establecen conceptos novedosos como la fuerza laboral potencial (FLP) y la brecha laboral, el INEGI no ha querido divulgarlos. El INEGI no reporta la FLP, pero proporciona la Población Económicamente Activa (PEA) y los disponibles para trabajar dentro de la Población No Económicamente Activa (DPNEA), que sumados da la FLP. La PEA como proporción de la población en edad de trabajar (15 años y más) es 59.6 por ciento, mientras que la FLP es 66.2 por ciento.

La brecha laboral es un concepto mucho más amplio y relevante que la tasa de desempleo abierto (DA), ya que suma al DA, el subempleo y el desempleo disfrazado, que como proporción de la FLP nos da una idea de las necesidades de trabajo en el mercado laboral. Esto es porque no solo tenemos que buscar empleo para los desempleados abiertos, sino también para los que trabajan apenas unas horas a la semana porque no encuentran un trabajo de tiempo completo y los que están desempleados, dispuestos a trabajar, pero no realizan una búsqueda activa. Para el segundo trimestre de 2016, la brecha disminuyó a 20.3 por ciento (de la FLP), para registrar su menor nivel desde el último trimestre de 2008. Esto fue porque el desempleo registró su tasa más baja desde el segundo trimestre de 2008, el subempleo su tasa más baja en lo que va el sexenio y el desempleo disfrazado su segunda tasa más bajo desde el tercer trimestre de 2008 (todas como proporción de la FLP).

Otro concepto que podemos derivar de los datos de la ENOE, pero que el INEGI tampoco lo reporta, es el del ingreso promedio real. Este indicador es de suma importancia, ya que el INEGI carece de indicadores de ingreso disponible por la forma de cálculo de las Cuentas Nacionales. Empezamos con una mala noticia, ya que los ingresos por hora trabajada disminuyen en el trimestre. Sin embargo, dado que aumenta el número de horas trabajadas por semana, hay un incremento en el ingreso promedio nominal. Al convertir el ingreso nominal a términos reales, encontramos que el INPC disminuyó respecto al trimestre anterior, lo que da un aumento en el ingreso promedio real de 0.8 por ciento respecto al primer trimestre del año y 1.9 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Para completar el ejercicio, multiplicamos el ingreso promedio real por el empleo remunerado para tener una idea de la masa salarial real, que ayuda a explicar el consumo de los hogares. En esta ocasión encontramos un aumento en el trimestre en el empleo remunerado de 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior (y 0.9 por ciento respecto al año anterior), después de una disminución de -0.7 por ciento en el trimestre anterior. El resultado es que el incremento en el ingreso se ve ampliado por el aumento en el empleo, por lo que la masa salarial real aumenta 1.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.8 por ciento respecto al año anterior.

¿Qué nos dicen estas cifras? La disminución de la brecha laboral es definitivamente positiva, aunque el ingreso por hora trabajada haya disminuido. Lo último se compensa con más horas trabajadas y mayor empleo remunerado, por lo que aumenta la masa salarial. Esto significa que las familias tienen más ingresos para poder seguir consumiendo. Buenas noticias.

Hace como cinco años, el INEGI invitó a Víctor Guerrero, un profesor destacado de estadísticas del ITAM, a realizar un proyecto de investigación sobre una estimación más oportuna del PIB. Presentó una metodología, elaborada junto con Esperanza Sainz, que utilizaba la información preliminar de los dos primeros meses del trimestre (a partir del IGAE) e incorporaba estimaciones econométricas para calcular el mes faltante. A partir de este trabajo, el INEGI empezó a probarlo y a refinar la metodología. Finalmente, se optó por un cálculo que incorporaba más información concreta, un máximo de los procedimientos estándar de las cuentas nacionales y un mínimo de modelado econométrico. Gracias a estos esfuerzos, ahora el INEGI nos presenta un “estimado oportuno” del PIB a los 30 días de haber concluido el trimestre. Es importante recalcar que no viene a reemplazar al cálculo tradicional, que se dará a conocer este viernes, sino simplemente es un anticipo aproximado de lo que conoceremos en unos días.

La recomendación internacional es que los países deberían presentar el cálculo del PIB a los dos meses (o menos) de haber terminado el trimestre. El INEGI cumple cabalmente con el lineamiento, ya que produce la cifra a los 50 días. No obstante, Estados Unidos divulga una primera estimación a los 30 días, mientras que algunos países como Singapur, China y el Reino Unido hasta en menos. Aun así, este nuevo esfuerzo del INEGI coloca a México entre los ocho países del mundo que brinda un primer estimado en un mes o menos.

Eduardo Sojo, el actual presidente del INEGI, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Pennsylvania. Su tesis doctoral lo realizó bajo la supervisión de Lawrence Klein (premio Nobel de Economía 1980) a mediados de la década de los 80. Su trabajo era como obtener un estimado rápido del PIB trimestral mediante indicadores de mayor frecuencia. Esta misma metodología fue trabajada en la misma universidad años más tarde por alumnos posteriores de Klein, pero siempre con un enfoque econométrico. Cuando Sojo se reincorporó al INEGI a mediados del sexenio pasado, tenía la idea de que se pudiera utilizar esta técnica para adelantar la estimación del PIB. Por lo mismo, buscó a Víctor Guerrero y empezaron a trabajar en lo mismo. Sin embargo, los investigadores de planta de Estadísticas Económicas del INEGI desarrollaron una metodología distinta, que busca maximizar la incorporación de información concreta, ya que el INEGI tiene más del 80 por ciento de la información directa en el momento de realizar el cálculo oportuno, por lo que solo necesita estimar una tercera parte del último mes del trimestre. Otra de las bondades de la metodología es que sigue la agregación tradicional del PIB contenida en las cuentas nacionales, por lo que en pruebas anteriores se ha obtenido una estimación oportuna que discrepa muy poco con el cálculo tradicional que se obtiene 20 días después.

El INEGI estima que el crecimiento del PIB del tercer trimestre respecto al mismo trimestre del año anterior es 2.4 por ciento. Al incorporar ajustes por la estacionalidad, la tasa anual sería 2.3 por ciento (por efectos de calendario) y la tasa respecto al trimestre inmediato anterior 0.6 por ciento. De resultar acertado, es un resultado ligeramente mejor a lo que se había anticipado anteriormente. El viernes veremos.

Existe otro aspecto del cálculo que necesitamos entender mejor. El INEGI primero calcula el PIB por el lado de la oferta mediante la diferencia entre el valor bruto de la producción y el consumo intermedio. Así obtiene el desglose de las actividades económicas entre primarias, secundarias y terciarias. Un mes después (18 de diciembre), obtiene un segundo desglose por el lado de la demanda mediante los cálculos de los componentes del gasto (consumo privado, consumo de gobierno, inversión fija bruta, variación de existencias, exportaciones e importaciones). Como son cálculos estadísticos, siempre existe una discrepancia estadística entre los dos. El problema que hemos visto este año es que esta discrepancia es la más elevada de los últimos 14 años, lo cual ha desconcertado a más de uno.

Si tomáramos el cálculo por el lado de la demanda e ignorando la discrepancia, el crecimiento anual del PIB para el primer y segundo trimestre de este año sería 5.1 y 4.7 por ciento, respectivamente, comparado con las tasas de 2.6 y 2.2 por ciento por el lado de la oferta. ¿Cuál de las dos estimaciones es más robusta? ¿En función de qué está la discrepancia? ¿Será que realmente estamos creciendo más?

El pasado 18 de septiembre, el INEGI publicó la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios” con datos actualizados al segundo trimestre de este año. Las cifras dadas a conocer son los componentes del PIB por el lado del gasto. En el comunicado de prensa, se ratificó que el crecimiento real del PIB en 2014 fue 2.1 por ciento. Una semana después, el Instituto divulgó las “Cuentas de Bienes y Servicios” del Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM) con los últimos datos anuales para 2014. En esta ocasión, el INEGI informó que el crecimiento real del PIB en 2014 fue 2.2 por ciento. Por lo pronto, tenemos dos cifras oficiales de crecimiento a escoger, con una diferencia de 0.09 puntos porcentuales entre ambas.

El INEGI calcula el PIB con frecuencia trimestral, el cual reporta multiplicado por 4 para que cada trimestre sea comparable entre sí y con el monto anual. En principio, el PIB anual sería el acumulado (suma) de los cuatro trimestres, pero como las cifras están multiplicados por 4, se tiene que sacar el promedio de los cuatro trimestres (es decir, dividir entre cuatro). Posteriormente, el Instituto calcula el PIB anual dentro del marco de la contabilidad nacional, mediante la presentación de varias cuentas que deben cuadrar todas entre sí. Sin embargo, existe una diferencia básica entre ambas mediciones, que hace que la serie del PIB trimestral no sea 100 por ciento compatible con la serie anual.

El problema principal tiene que ver con un trato diferenciado del calendario agrícola. Mientras que en el cálculo anual se cuantifica la producción del “año agrícola” y los insumos empleados en tal año, en el cálculo trimestral se mide el valor agregado de cada uno de los trimestres comprendidos en un año calendario. Esta discrepancia no es mayor, gracias a que la agricultura representa una proporción muy pequeña del PIB total del país. Entre 2003 y 2014, la producción agrícola va variado entre 1.7 y 2.2 por ciento del PIB total.

No obstante, el problema no queda solo en la diferencia del calendario. En las estimaciones trimestrales no se pueden aplicar los métodos de “doble deflación” que emplea el INEGI en la medición anual para medir el producto generado por la actividad agropecuaria, de silvicultura, caza y pesca, construcción y de servicios, debido a la disponibilidad de información que se requiere para realizar cálculos de esta naturaleza. El INEGI nos dice que si se realizara la medición real de producción y de insumos agrícolas para la medición trimestral, el valor sería pequeño o negativo en trimestres de siembra y excesivamente elevado en los de cosecha, en los cuales se concentra la mayor parte de los pagos a los factores de producción.

Para minimizar los problemas derivados de diferentes metodologías y de fuentes de información distintas, el INEGI aplica una técnica de ajustes proporcionales (llamada Denton) a los cálculos trimestrales para “articular” los datos de alta frecuencia con las cifras anuales. El objetivo principal de dicho ajuste es el de preservar, hasta donde sea posible, los movimientos de los cálculos de corto plazo bajo las restricciones de los datos anuales y así, minimizar las diferencias y asegurar que el promedio anual de las cifras trimestrales se aproxime a los datos anuales.

A pesar del ajuste, aunque el promedio anual de la serie trimestral se aproxime a la serie anual, no son iguales. En los once últimos años que contamos con datos para realizar comparaciones, encontramos con diferencias en las tasas de crecimiento que van de 0.02 puntos porcentuales (2008 y 2012) hasta 0.13 puntos (2011). En doce años, el PIB anual resulta mayor al trimestral en cinco años y menor en siete. Al final de cuentas, el crecimiento anual compuesto de 2003 a 2014 es de 2.59 por ciento para ambas series, con una diferencia minúscula de 0.0023 puntos porcentuales.

Si utilizamos un solo punto decimal para la tasa de crecimiento anual, hay una diferencia de una décima en seis ocasiones, mientras que coinciden en cinco. Entonces, ¿cuál de las dos series deberíamos utilizar para hablar del crecimiento anual del PIB? El INEGI realizó una retropolación a la serie trimestral para que fuera disponible desde 1993 a la fecha, mientras que solo existe una serie homogénea anual a partir de 2003. Para fines prácticos, recomiendo la serie trimestral, ya que es más larga y compatible con las tasas de crecimiento trimestrales.

Para complicar todo un poco más, ninguna de estas dos series son perfectamente compatibles con la forma en que el Bureau of Economic Analysis (BEA) de Estados Unidos reporta su tasa de crecimiento anual del PIB.

En el marco del Sistema de Cuentas Nacionales, se puede realizar el cálculo del PIB mediante tres diferentes métodos, que en teoría deberían resultar en una misma cifra. Se puede sumar todos los ingresos en la economía (sueldos, salarios, utilidades, intereses, etc.), analizar todos los gastos (consumo privado, consumo de gobierno, formación bruta de capital fijo, variación de existencias y exportaciones netas) o bien, calcular el valor agregado de los bienes y servicios finales producidos en la economía. La recomendación del FMI es escoger uno de los tres como método principal y realizar un segundo para asegurar consistencia.

En Estados Unidos (y parece ser que en la mayoría de los países) se utiliza principalmente los de ingresos y gastos, mientras que en México se realiza el cálculo del valor agregado y el de los gastos. Alrededor de los 50 días después de haber concluido el trimestre, el INEGI publica el crecimiento del PIB mediante los cálculos del valor bruto de la producción y del consumo intermedio. El PIB (valor agregado) es la diferencia entre los dos cálculos, que se presenta para los 20 sectores de la economía (que representa la desagregación a dos dígitos del Sistema de Clasificación Industrial de Norte América, conocido como SCIAN). Por lo mismo, el INEGI reportó el 21 de mayo que el PIB creció 0.4 por ciento en el primer trimestre del año respecto al trimestre inmediato anterior.

Un mes después de haber reportado el crecimiento, el INEGI divulga el cálculo que realiza para los componentes del gasto, lo que llama la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios”. En este sentido, el pasado 19 de junio, reportó los crecimientos del consumo privado (1.2 por ciento), del consumo del gobierno (1.1 por ciento), de la inversión pública (1.2 por ciento), de la inversión privada (0.6 por ciento), de la variación de existencias (7.3 por ciento), de las exportaciones (1.8 por ciento) y de las importaciones (0.4 por ciento). Posiblemente la sorpresa principal provino de la inversión pública, que presenta una tasa positiva para el trimestre por apenas la quinta vez en los últimos 17 trimestres.

Dado que los cálculos se realizan mediante técnicas de estadística inferencial, se necesitan introducir algunas variables de ajuste, que representan las discrepancias estadísticas entre los diferentes métodos de cálculo. Anteriormente, el INEGI no calculaba la variación de existencias tal cual, sino que lo introducía como la diferencia entre el cómputo del valor agregado y la suma de los componentes del gasto. Sin embargo, hace poco el Instituto empezó a estimarlo directamente, por lo que ahora tiene que introducir explícitamente una discrepancia estadística para que cuadre la contabilidad nacional. En este primer trimestre, encontramos que la variación de existencias (también conocida como el cambio en inventarios) y la discrepancia estadística fueron los dos componentes con mayor cambio respecto al periodo anterior.

Dado que cada componente del gasto representa una ponderación distinta, no podemos analizar la contribución de cada uno mediante sus tasas de crecimiento. Más bien, se tiene que multiplicar cada tasa por su ponderación. Matemáticamente, la contribución de “Y” al crecimiento de “X” (siendo Y un componente de X), se define como el cambio porcentual de Y ponderado por el porcentaje (ponderación) de Y dentro de X del periodo anterior (t-1). Si realizamos los cálculos correspondientes encontramos que la mayor contribución (negativa) proviene de la discrepancia estadística implícita (-1.24 puntos porcentuales o pp). Esto significa que las contribuciones (positivas) de todos los demás componentes podrían estar sobreestimadas.

No obstante, el componente del gasto que más contribuyó al crecimiento del PIB en el primer trimestre fue el consumo privado (0.81 pp), seguido por las exportaciones (0.61 pp). En un tercer lugar ya distante, se situó el consumo de gobierno (0.12 pp), seguido por la inversión privada (0.11 pp). En quinta lugar, se ubicó la variación de existencias (0.06 pp), mientras que el que menos contribución hizo fue la inversión pública (0.05 pp). Para que cuadre, es decir, que todo sume la tasa de 0.4 por ciento del PIB, se tiene que restar las importaciones (0.12 pp). Esto es porque cada componente tiene implícito una parte de bienes y servicios importados, que no se debe considerar, ya que estamos contabilizando el producto interno del país.

De este ejercicio, sale a relucir la contribución del consumo privado al crecimiento económico, que ha sido la más elevada desde 2012.

Todos sabemos que el desplome del precio del petróleo implica una merma importante en los ingresos del Sector Público. Para 2015 el problema no es tan grave, ya que existe una cobertura que compensará parte de la pérdida, más la toma de utilidades del Banco de México (que dicen que puede era alrededor de 80 mil millones de pesos) y una recaudación extraordinaria en el IEPS a la gasolina. Aun así y quizás más por razones precautorias, el gobierno federal anunció un recorte al gasto en el año. Sin embargo, al no ser que se recupere el precio el año entrante (algo no esperado), las finanzas públicas necesitarán un ajuste mayor para 2016. No habrá cobertura, mientras que ingresos extraordinarios de 2015 no serán recurrentes.

Esto significa que el gobierno tendrá que utilizar tijeras muy grandes para recortar el presupuesto de gastos de 2016. De proceder en forma “inercial”, como típicamente se elabora el presupuesto, el gobierno tendrá que anunciar un recortar generalizado y cada dependencia tendrá que ajustarse lo mejor que pueda. Al final, se podrá acomodar más gasto en algunos rubros a expensas de menos en otros, pero el ajuste podría ser traumático para muchos proyectos y dependencias. Ante esta problemática, el gobierno ha anunciado que elaborará un presupuesto de “base cero”, es decir, de estudiar a fondo cada rubro y cuestionar la importancia que cada peso gastado. Ya no se tratará de agregar o quitar aquí y allá, sino empezar de cero para construir un presupuesto más eficiente.

No es la primera vez que un gobierno ha anunciado la intención de elaborar el presupuesto desde cero. Sin embargo, no queda muy claro que tan exitoso ha sido en el pasado. La idea es excelente, sin embargo, la logística es sumamente complicado. Ante la dificultad, el gobierno ha solicitado la asesoría de la OCDE, pero tampoco queda claro que tenga la experiencia y conocimiento suficiente. El problema principal es que el presupuesto se tiene que elaborar en aproximadamente seis meses, que se antoja muy poco tiempo para cuestionar absolutamente todos los aspectos del gasto público.

Todos sabemos que el gasto público es sumamente ineficiente y que ante menos cantidad, la solución es mayor calidad. Podemos apreciar el tamaño del problema al contrastar las cifras de gasto que reporta la SHCP con las cuentas nacionales que elabora el INEGI. Mientras que la SHCP simplemente contabiliza su flujo de efectivo, el INEGI tiene que medir el “valor agregado” del gasto para ver que tanto va contribuir al PIB. Por ejemplo, la SHCP reporta como gasto los recursos destinados a programas como Prospera, mientras que el INEGI lo considera una trasferencia de un lugar a otro sin valor agregado. Si el gobierno le quita recursos a un hogar para dárselos a otro, no hay una generación de valor.

La ineficiencia del gasto público quedó claro en las cifras reportadas para 2014. La SHCP reportó que ejercicio 8.4 por ciento más en su gasto programable el año pasado respecto al anterior. Sin embargo, si sumamos el consumo de gobierno más la inversión pública de las cuentas nacionales, resulta que es -0.3 por ciento menor. En principio, sabemos que el consumo de gobierno (gasto corriente) no aporta mucho al crecimiento económico, mientras que la inversión pública debe ser mucho más productivo. Aquí la SHCP estuvo reportando todo el año que su gasto de capital físico (inversión) estaba aumentando todos los meses a tasas anuales superiores 20 por ciento y en ocasiones hasta de más de 30 por ciento. Sin embargo, al examinar las cuentas nacionales de 2014, encontramos que la inversión pública fue el único componente del PIB por el lado del gasto que terminó el año con una contribución negativa; sufrió una caída real de -7.5 por ciento. Pero no es solamente este año; la inversión pública ha disminuido cinco años consecutivos.

¿Qué nos dicen estas cifras? El gasto público es mucho más ineficiente de lo que creíamos y no necesitábamos un desplome en los precios del petróleo para justificar la elaboración de un presupuesto de base cero. Este ejercicio era necesario desde antes. Peor aún, si consideramos que el único propósito de la Reforma Hacendaria era recaudar más, quitando recursos escasos a los hogares y a las empresas, para ejercer un gasto de nulo impacto en el PIB.

La profesión económica ha intentado predecir el rumbo futuro de la actividad económica desde hace siglos. Sin embargo, realmente no se convirtió en una ciencia (¿o arte?) hasta que empezamos a tener una medición estadística formal de la economía. El primero en desarrollar la primera estimación oficial del ingreso nacional de un país fue Simon Kuznets, quien se le reconoce ahora como el padre de la contabilidad nacional. En 1934, Kuznets presentó sus cálculos de las cuentas nacionales de Estados Unidos para 1929 a 1932, que posteriormente fue extendido a años anteriores hasta 1869. Su aportación fue tan valiosa, que fue reconocida con apenas la tercera edición del Premio Nobel en Economía en 1971.
Uno de los economistas que más aprovechó el trabajo de Kuznets fue Lawrence Klein, quien se le acredita como el padre de los modelos macroeconométricos, cuyo uso principal fue anticipar el rumbo de la economía. Klein fue el fundador de Wharton Econometrics Forecast Associates (WEFA), una empresa de antaño que se dedicó a desarrollar modelos de gran escala para países en todo el mundo. Mediante el uso de las computadoras centrales (mainframe), WEFA llegó a producir proyecciones económicas en forma sistemática para más de 60 países. Al igual que Kuznets, su aportación fue reconocida con el otorgamiento del Premio Nobel en Economía en 1980.
El padre de los modelos macroeconométricos de gran escala para México fue Abel Beltrán del Río. Alumno de Klein, Beltrán del Río desarrolló su primer modelo para la economía mexicana a mediados de los sesenta del siglo pasado, a partir del cual fundó el Centro de Investigación Econométrica de México (CIEMEX-WEFA). Fueron famosos sus reuniones trimestrales, casi siempre en un hotel de playa patrocinado alternativamente por algún miembro, en las cuales se juntaban alrededor de 300 personas para discutir los escenarios base y alternativos de la economía mexicana.
Habría que hacer notar que Kuznets, Klein y Beltrán del Río tuvieron en común una larga asociación con la Universidad de Pennsylvania. Kuznets (1901-1985) fue profesor en Pennsylvania de 1931 a 1954. Klein (1920-2013) fue profesor a partir de 1958 hasta su jubilación y fue el fundador de WEFA, que nació en la misma Universidad. Beltrán del Río (1930-2010) obtuvo su doctorado de Pennsylvania y trabajó en WEFA prácticamente toda su vida posterior.
Fueron varios acontecimientos que cambiaron para siempre el rumbo de la profesión de las proyecciones económicas. Hasta fines de los ochenta, las proyecciones eran anuales, ya que el INEGI todavía no había desarrollado cuentas nacionales trimestrales y escaseaban los indicadores mensuales de coyuntura. Sin embargo, la información de alta frecuencia empezó a florecer a partir de los noventa y de allí la posibilidad de analizar más a fondo la marcha de la economía en el corto plazo.
Lo segundo fue la introducción (a principios de los ochenta) y después el uso más intensivo (a principios de los noventa) de las computadoras personales. Anteriormente, se necesita una computadora central para explotar los modelos macroeconométricos de gran escala. Sin embargo, las PC’s democratizaron el desarrollo de modelos para proyectar la economía, lo que abrió el paso para modelos más pequeños y con metodologías alternas. De hecho, con el tiempo desaparecieron los de gran escala, que utilizaban las cuentas nacionales como el punto neurológico y consistían en cientos de ecuaciones que replicaban el comportamiento estructural de la economía. En su lugar ahora predominan modelos econométricos pequeños que utilizan técnicas estadísticas sofisticadas, pero que a su interior son como “cajas negras”. Finalmente, el hecho de que ahora cualquier economista puede desarrollar proyecciones en una computadora personal dio pie a la desaparición de las grandes empresas como WEFA y CIEMEX.
Puede ser que los modelos macroeconométricos de gran escala eran demasiado elaborados. Contenía cientos de ecuaciones para proyectar muchas variables de poca utilidad. Sin embargo, su encanto era que siempre nos decía los porqués. Si el PIB subía, la inflación bajaba o el consumo se mantenía, se podía analizar cada ecuación que relacionaba una variable con otra para obtener respuestas y así armar una historia. Sus fortalezas eran la consistencia y la lógica económica. Los que manejaban estos modelos llegaban realmente a entender las relaciones multifuncionales de todas las variables de la economía.
En lo particular, extraño estos modelos y encuentro la profesión de proyectar la economía mucho menos divertida que antes.

Desde principios de este sexenio, la SHCP ha tenido problemas con el gasto público y en especial con la inversión pública. Primero, a principios de 2013 hubo un subejercicio exagerado en el gasto. Posteriormente, la SHCP anunció que ya estaba ejerciendo según el presupuesto, pero aun así terminó siendo uno de los factores que contribuyó al mediocre desempeño económico ese año. Durante casi todo el año pasado, la SHCP reportó un incremento real significante en su gasto, en el cual siempre destacaron las tasas elevadas en la inversión física. Sin embargo, cuanto volteábamos a cotejar las cifras con las cuentas nacionales del INEGI, no solamente sobresalían grandes discrepancias, sino que resultaba que la inversión pública fue disminuyendo sistemáticamente durante todo el año pasado. Todavía no tenemos las cifras del cuarto trimestre, pero es muy probable que la inversión pública termina 2014 como el único componente del PIB con una contribución negativa al crecimiento.
La SHCP emite un reporte mensual de las finanzas públicas. Durante todo 2014 destacó que la inversión en capital del gobierno federal creció a tasas reales anuales superiores a 20 por ciento. Incluso, en algunos meses el crecimiento superó 30 por ciento. El INEGI da a conocer el desglose del PIB por sus componentes cada tres meses. La inversión pública de las cuentas nacionales llegó a su pico en el último trimestre de 2010. A partir de 2011 muestra una clara tendencia a la baja, llegando a un punto mínimo en el último trimestre de 2012. Durante 2013 muestra un crecimiento cercano a cero por ciento, mientras que a partir de 2014 de nuevo muestra una clara tendencia a la baja. El punto mínimo de los últimos 15 trimestres se registra en el segundo de 2014.
Pero, ¿cómo puede ser que el INEGI reporta un desempeño negativo, mientras que la SHCP nos dice que ha crecido a tasas reales muy elevadas? En principio, la diferencia tan marcada en los números se presta mucho a la sospecha. La respuesta es que ambas instituciones utilizan criterios diferentes para su clasificación, cobertura, registro y valoración. Muchos conceptos que la SHCP considera inversión, no lo son en las cuentas nacionales, cuya metodología proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional. El INEGI se apega a los estándares internacionales, mientras que parece ser que la SHCP básicamente lleva su contabilidad como quiera.
La primera diferencia es la cobertura. La SHCP reporta la inversión física del gobierno federal, mientras que el INEGI abarca todas las instancias de gobierno, incluyendo el estatal y local. El gobierno federal representa 13.2 por ciento de la Formación Bruto de Capital Fija (FBCF), mientras que el sector público en general abarca 21.2 por ciento. La segunda diferencia es el método de cálculo. Mientras que el INEGI contabiliza las obras ejecutadas en forma devengada, la SHCP reporta los flujos de efectivo del gasto y financiamiento. Esto significa que si la SHCP transfiere recursos a un fondo de inversión de otra instancia de gobierno, lo considera “inversión”, mientras que el INEGI simplemente lo ve como una transferencia de un bolsillo a otro. El INEGI no lo va a contabilizar como inversión hasta que los ladrillos, las varillas y el cemento ya estén en su lugar.
Otra diferencia fundamental es la clasificación sectorial. El Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN) clasifica inversión propia como parte del sector en sí y no como parte de la construcción en general. Mientras que los números no son tan diferentes entre la CFE y la inversión en el sector, ni tampoco entre la SCT y su sector correspondiente, existe mucha discrepancia entre la inversión de Pemex y la obra pública en el ramo correspondiente. Mientras que el INEGI clasifica la construcción de pozos petroleros de Pemex como parte del sector minero y no como construcción pública, las discrepancias provienen de la exploración en los pozos no productivos, que SHCP clasifica como inversión y el INEGI no.
Es muy probable que la tendencia negativa de la inversión pública continúa durante 2015, ya que la mayoría de los recortes presupuestales que anunció la SHCP a raíz de la caída en el precio del petróleo es en este tipo de gasto. Muchos analistas ya han revisado a la baja sus expectativas de crecimiento para este año. Hoy dará a conocer Banxico el rango de crecimiento esperado para el 2015, mientras que la SHCP hará lo mismo el viernes, después de que el INEGI nos informa del crecimiento del último trimestre de 2014 y del año en su conjunto. Hay que estar atentos.

El Ajuste al Gasto

Febrero 11th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

En general, el anuncio del recorte al gasto público fue bienvenido. Fue una medida precautoria ante mucha incertidumbre en torno al presupuesto de 2015, que refleja madurez y visión. Fue una opción mucho mejor a la de acudir a un mayor endeudamiento o simplemente hacer nada. Sin embargo, aun así recibió críticas, quizás porque así es la naturaleza humana. Algunos lo vieron muy tibio, mientras que otros demasiado severo. Hubo quienes cuestionaron los recortes en la inversión pública, en vez de concentrar mucho más el esfuerzo en el gasto corriente que tiene fama de ser ineficiente e improductivo. Hay quién piensa que tendrá un efecto negativo inmenso en el crecimiento económico, mientras que los analistas más experimentados anticipan un impacto más acotado.
Mucho del debate se concentra en las finanzas públicas, tal como lo reporta la SHCP, versus la contabilidad implícita en las Cuentas Nacionales. La correlación entre ambas medidas del gasto público siempre ha sido relativamente baja, pero en los últimos dos años ha disminuido aún más hasta el grado de aparecer cerca de cero o incluso hasta ligeramente negativa. Esto significa que un aumento (o disminución) en el gasto público presupuestal no se traduce necesariamente en un incremento (o caída) proporcional en el gasto público que comprende el PIB y que forma parte de las cuentas nacionales.
Son muchas razones las que explican esta aparente disociación, siendo la mayoría cuestiones relacionadas a la contabilidad de ambas cuentas. De entrada, las finanzas públicas de la SHCP comprende el gobierno federal y las entidades públicas bajo control presupuestal (directa o indirectamente), mientras que las cuentas nacionales abarcan todas las instancias de gobierno, tanto federal como estatal y local. Esto significa que los ingresos propios de los estados y municipios, que en muchas instancias van a financiar gasto local, no están en el radar contable de la SHCP. También implica que si la SHCP transfiere recursos a una entidad federativa, que a su vez los utiliza para liquidar una deuda, se registra como gasto desde la óptica federal, pero no para el gobierno local.
La siguiente radica en la forma en que la SHCP contabiliza su gasto, que es básicamente mediante un esquema de flujos, sin importar sus implicaciones. La SHCP reporta como “gasto” una transferencia de recursos de su tesorería de una cuenta a otra, mientras que el INEGI lo maneja simplemente como transferencia. Por ejemplo, si la SHCP transfiere recursos de su propia cuenta al Ramo 33 (recursos de libre uso por parte de los estados), anota un incremento en su gasto. En cambio, en las cuentas nacionales no se registra operación alguna, ya que es dinero que todavía no se ha gastado. El INEGI lo registrará como gasto primero en el momento en que realmente se gasta y segundo, dependiendo del uso final del “gasto”.
Las cuentas nacionales miden el PIB mediante un concepto que conocemos como “valor agregado”. Para tales efectos, miden la producción total y el consumo intermedio; el valor agregado resulta de la diferencia entre ambas medidas. El tratamiento de transferencias en las cuentas nacionales es ajeno a un gasto que genere valor agregado, ya que es simplemente el cambio de una bolsa a otra. Por ejemplo, un limpiavidrios de la esquina no se considera empleado o desempleado, sino parte de la población económicamente inactiva, es decir, una persona que no tiene empleo y que no le interesa tenerlo. Vive de realizar un acto no requerido en cambio por una limosna, por lo que no genera valor agregado ni contribuye al PIB.
En principio, una cantidad importante del “gasto” público (medido por las finanzas públicas de la SHCP) son transferencias. Si el gobierno federal transfiere recursos a las familias en un programa social como Progresa u Oportunidades, no genera valor agregado, es decir, no realiza un “gasto” sino simplemente transfiere recursos de un lado a otro. La reforma fiscal recién implementada fue un esfuerzo por incrementar la recaudación para financiar más programas sociales de nulo impacto en el valor agregado, por lo que se registró un incremento significativo en el “gasto” público de la SHCP, pero no en el gasto público de las cuentas nacionales.
Las diferencias se hacen todavía más aparentes al considerar la inversión pública. Las definiciones de “inversión” que maneja el INEGI provienen de precisiones establecidas en el Manual del Sistema de Cuentas Nacionales del FMI, avaladas por instituciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, la OCDE y demás. En cambio, la SHCP clasifica bajo su propio catálogo de cuentas lo que considera inversión, gasto corriente y transferencias. La SHCP podrá clasificar como inversión un anteproyecto para la construcción de un aeropuerto, mientras que el INEGI esperará a contar la cantidad de ladrillos, cemento y varilla.
El pensar que un recorte de 0.7 por ciento del PIB del gasto público presupuestal equivale a un recorte de la misma magnitud en el gasto público de las cuentas nacionales no solo es ingenuo, sino muestra de no entender los principios básicos de contabilidad nacional.