Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El Desempleo

Octubre 26th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

El INEGI dio a conocer los resultados de la ENOE en su entrega mensual para septiembre de 2016. Estas cifras son los primeros datos duros sobre el desempeño económico del mes. Los resultados muestran deterioro en algunos de los indicadores y mejorías en otros, pero en conjunto es un buen reporte.

De entrada, la tasa nacional de desempleo aumenta de 3.7 por ciento en agosto a 3.9 por ciento en septiembre. Pero más importante, la tasa de desempleo urbano aumenta a 5.0 por ciento, la tasa más elevada en lo que va del año y muestra una tendencia al alza en los últimos cuatro meses. Esta tasa es mucho más relevante que la nacional, ya que excluye el desempleo rural, cuya problemática es distinta ya que representa un mercado laboral mucho menos organizado. La tasa urbana había disminuido en forma importante en 2015 a un promedio de 5.1 por ciento, después de varios años estancado alrededor de 5.8 por ciento. Esta tendencia se mantuvo a lo largo de la primera mitad de este año, pero aparentemente ya toco fondo y ahora empieza a aumentar.

Por otro lado, la tasa de subocupación, que representa la población ocupada que tiene la necesidad y disponibilidad de trabajar más tiempo de lo que su empleo actual le permite, bajó a 6.9 por ciento, no solo una disminución significativa de 8.2 por ciento en agosto, sino además es la tasa más baja que se ha observado desde octubre 2008. Al mismo tiempo, la tasa de condiciones críticas del trabajo, que busca captar el empleo precario, disminuye a 13.2 por ciento en septiembre y así el trimestre en su conjunto disminuye por primera vez desde principios de 2014. Esta tasa se construye mediante la combinación de la población ocupada que trabaja menos de 35 horas a la semana por razones de mercado, la que trabaja más de 35 horas semanales con ingresos mensuales inferiores al salario mínimo y la que labora más de 48 horas semanales ganando hasta dos salarios mínimos. Finalmente, la tasa de informalidad laboral registró 56.9 por ciento, un nuevo mínimo histórico desde que existe la serie a partir de 2005. Esta tasa es la proporción de la población ocupada que es laboralmente vulnerable por la naturaleza de la unidad económica para la que trabaja o cuyo vínculo o dependencia laboral no es reconocido por su fuente de trabajo. Básicamente es la parte de la fuerza laboral que no cuenta con la formalidad y seguridad laboral que marca la ley.

En esta combinación de indicadores laborales que mejoran y empeoran, ¿dónde queda el balance? En la mayoría de los países (especialmente en las economías desarrolladas), lo más importante es la tasa de desempleo, ya que uno de los objetivos nacionales es tener el desempleo más bajo posible. Por lo mismo, en muchos casos (como el de Estados Unidos), es posiblemente el indicador más transcendental de todos. En este renglón México no se puede quejar, ya que por lo regular se ubica por debajo de la mayoría de los países desarrollados e incluso, por debajo de muchos emergentes. Por ejemplo, la tasa nacional actual de 4.1 por ciento se ubica en un nivel envidiable para muchos.

Pero el problema laboral principal de México no es el desempleo, sino más bien la calidad del empleo, su baja remuneración, falta de prestaciones marcadas por ley y su carencia de una seguridad básica para la mayoría. La pobreza elevada obliga a muchos aceptar el trabajo que sea con la remuneración que sea. Tenemos uno de los salarios mínimos más bajos del mundo, siendo que 67.5 por ciento de la población ocupada gana hasta tres salarios mínimos o menos; casi seis de cada 10 personas con trabajo trabajan bajo condiciones de informalidad. Si vemos las tendencias de la mayoría de los indicadores laborales, encontramos que han mejorado; sin embargo, la tasa de condiciones críticas mostraba una tendencia al alza desde mediados de 2014. En otras palabras, casi todos los mexicanos tienen trabajo, pero es precario y mal remunerado. México no necesita crear más empleo, necesita crear mejores empleos.

El hecho de que mejoren los indicadores de empleo, como el subempleo, el de las condiciones críticas y la informalidad laboral, es muy buena noticia. También hemos observado mejorías en el salario real pagado por hora trabajada. El problema es que todas estas mejorías son marginales, casi imperceptibles, por lo que todavía queda mucho camino por recorrer.

A primera vista, la tasa de desempleo en México es de las más bajas de todos los países de la OCDE e incluso en comparaciones con la mayoría a nivel mundial.  Esta simple observación lleva a muchos a descartar este indicador como bueno para analizar la coyuntura económica del país.  Sin embargo, el INEGI utiliza todas las recomendaciones y definiciones internacionales expuestas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicas (OCDE) y demás instancias.  El hecho de que nuestra tasa sea menor molesta a muchos analistas y medios, a tal grado que utilicen explicaciones erróneas e imprecisiones que sólo contribuyen a la confusión reinante en la materia.

Parte de la culpa lo tiene el propio INEGI, que no ha sabido aclarar lo suficiente, divulgar mejor cultura estadística y reportar adecuadamente los resultados de su encuesta.  Otra parte de la culpa lo tiene la propia ley que respalda al Sistema Nacional de Información Estadística, que es el sostén del INEGI.  La ley simplemente no le otorga suficiente autonomía al INEGI para que pueda corregir las imprecisiones que existen.

De entrada vale la pena repetir (otra vez) que México utiliza los mismo marcos metodológicos y las mismas definiciones que los demás países en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).  Esto significa que, en parte, la explicación de nuestra tasa relativamente baja de desempleo radica más en aspectos estructurales de nuestro mercado laboral y no en un mal empleo de la encuesta o en una supuesta manipulación.  La encuesta actual, la ENOE, se introdujo en 2005 con bastantes mejorías que “corregían” prácticamente todas las críticas que existían con anterioridad.  Un análisis a fondo de la estructura laboral mexicana lleva a conclusiones convincentes de porque tenemos los niveles de desempleo actuales.

El empleo y la existencia de un mercado laboral son conceptos relativamente modernos, ya que hace 200 o 300 años prácticamente no existían.  La mayoría de la población se dedicaba a la agricultura de autoconsumo.  No ofrecían su mano de obra porque no existía una industria que lo demandaba.  En la medida en que la economía se fue desarrollando, se fue formando un mercado laboral con su oferta y su demanda.  En otras palabras, entre más desarrollado sea una economía, más desarrollado será su mercado laboral y más posibilidades para que existen desempleados (personas que ofrecen su mano de obra pero no encuentran quien se lo demande).

Lo anterior se puede ejemplificar mediante varias observaciones de la economía mexicana.  Si examinamos la tasa de desempleo por tamaño de ciudad, encontramos que entre más grande (urbanizada) la ciudad, más elevada es la tasa de desempleo.  En un extremo, podemos observar a las comunidades rurales y encontraremos que sus tasas de desempleo son sumamente bajas.  Incluso, es tanta la diferencia que la mayoría de los países (y las recomendaciones internacionales) es que no se debe mezclar el desempleo urbano con el rural, ya que obedecen a dos problemáticas sumamente distintas y por ende, las decisiones de política económica para atenderlos son diferentes.  Si examinamos el desempleo por estados (o regiones), también encontramos que las tasas más bajas existen en los estados más pobres (Chiapas, Oaxaca y Guerrero), mientras que las más elevadas son de los estados más prósperos.

La introducción del ENOE en 2005 obedeció a la necesidad de modificar ciertas definiciones y corregir algunas imprecisiones, de tal forma que la tasa promedio de desempleo aumentó alrededor de un punto y medio porcentual.  Sin embargo, se cometieron varios errores al sustituir la encuesta anterior por el ENOE.  Primero, se enfrentaron recortes presupuestales que forzaron a reducir la muestra, por lo que aumentó el porcentaje del error muestral.  Sin embargo, el error fue mayor a un simple recorte de la muestra, ya que dependiendo del tamaño de la ciudad, cualquier recorte indiscriminado puede llevar a un aumento o disminución de la tasa general, dependiendo de qué ciudades se excluyeron.

El segundo error fue que el INEGI aceptó la imposición de la Secretaria de Trabajo de juntar en una tasa “nacional” el desempleo urbano y el rural, de tal forma que la nueva tasa de la ENOE bajó casi dos puntos porcentuales respecto al anterior.  De esta forma, no hubo la percepción en un cambio en el nivel de la tasa cuando se introdujo la ENOE y muchos analistas piensan a la fecha que el INEGI nunca realizó las mejorías discutidas.

El tercer error cometido fue en el diseño del boletín de prensa que utiliza el INEGI para divulgar los resultados mensuales de la ENOE.  La notica más importante y relevante del boletín es la tasa de desempleo urbana, pero esta se menciona en forma escueta hasta la página 7.  El primer párrafo del boletín habla de la tasa de participación, que es una cifra casi irrelevante y de poca importancia coyuntural.  ¿Para qué empezar con esta cifra?  La única explicación es para distraer la atención de lo verdaderamente importante.  La tasa de desempleo nacional, que no hay que confundir con la urbana (que es la utilizada por casi todo el mundo), se menciona en el tercer párrafo del boletín.

¿Qué necesita hacer el INEGI?  Primero, incrementar la muestra de la encuesta al tamaño original que se tenía de 48 ciudades e eliminar las ciudades cuyo tamaño no llega a por lo menos 20 mil habitantes.  Segundo, eliminar el concepto de desempleo rural y nacional y utilizar el desempleo urbano como el concepto relevante.  Tercero, poner la tasa de desempleo urbana en el primer párrafo de su boletín.