Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI dio a conocer el crecimiento del PIB de 2015 el mes pasado, por el lado de la oferta. Las cifras incluyeron el PIB total y el desglose a nivel de dos dígitos del SCIAN, que significa el crecimiento de los 20 sectores de la economía (aunque realmente son 19 al no separar el comercio al por mayor del comercio al por menor). Resultó que el PIB creció 2.5 por ciento, pero a un pellizco de registrar 2.6 (ya que fue 2.5496 por ciento). No nos debería de sorprender que la próxima revisión sea al alza, ya que a semana pasada se divulgó el desglose por el lado del gasto (también denominado de la demanda agregada), que revela algunos aspectos interesantes del acontecer económico del año pasado.

Primero, el supuesto crecimiento “sorpresivo” del consumo privado, siempre no fue para tanto. En 2015 creció 3.1 por ciento (3.148 para ser más exacto), que fue 1.23 veces lo que creció el PIB. Si examinamos la relación histórica entre consumo y PIB, encontramos que fue un año normal, ya que el promedio de los diez años anteriores fue 1.22 veces. Más bien, el año anormal fue 2014, ya que la relación apenas fue 0.79 veces y se explica por la reforma fiscal. En 2015, simplemente observamos el regreso a la normalidad.

Segundo, habíamos visto que las exportaciones cayeron -4.1 por ciento en 2015, producto del desplome de las petroleras, pero también de un pobre desempeño de las exportaciones no petroleras. Sin embargo, estas cifras de la balanza comercial son en dólares nominales, por lo que no reflejan el volumen exportado. Si examinamos las cuentas nacionales, que mide el crecimiento en términos de pesos reales, resulta que las exportaciones crecieron 9.1 por ciento. Esto significa que sí hubo un incremento importante en el volumen de exportación, impulsado por la depreciación de la moneda, pero como fue a precios más baratos, no obtuvimos más dólares en el año. Otra paradoja es que, aunque tuvimos el déficit comercial más elevada desde 2008 (medidos en dólares), resulta ser el superávit más elevada de hace por lo menos los últimos diez años medidos en pesos reales.

Tercero, la SHCP nos había reportado un aumento en el gasto del sector público total de 5.8 por ciento real en 2015, para registrar el nivel de gasto público (nominal y real) más elevada en la historia. No solamente fue un crecimiento real elevado (el promedio anual de los últimos 34 años es 2.5 por ciento), sino resulta que la tasa es superior a 24 de los 34 años de historia consultada. Pero al consultar las cifras del INEGI para ver su impacto en el valor agregado del país, nos topamos con un gran misterio. Sumamos el consumo público y la inversión pública para tener una idea del gasto público total; encontramos que la tasa real de 2015 respecto al año anterior es -0.01 por ciento. Salvo 2012, es la tasa más baja que encontramos.

La explicación principal es una caída de -6.5 por ciento en la inversión pública real, contra un avance de 2.4 por ciento que presume la SHCP y el sexto año consecutivo con tasa negativa. Peor aún, mientras que la SHCP reporta un crecimiento acumulado de gasto público de capital de 48.4% en 2015 respecto a 2009 (seis años), INEGI nos dice que la inversión pública ha disminuido -23.7 por ciento en el mismo periodo.

No sé ustedes, pero para mí esto es un escándalo mayúsculo. Tenemos el mayor gasto público real en la historia, pero sin que aporte al crecimiento económico. La tasa de crecimiento promedio de 2010 a 2015 es de 3.2 por ciento, mientras que el PIB sin inversión pública ha avanzado a una tasa promedio real de 3.6 por ciento. ¿Cuál es el propósito de la inversión pública? ¿Crecer menos? ¿Para esto nos quitan impuestos?

Por último, el INEGI mide el PIB primero por el lado del valor agregado (valor bruto de la producción menos el consumo intermedio) y después por el lado del gasto. Aunque en teoría deben dar el mismo resultado, siempre hay una discrepancia estadística entre los dos cálculos. El problema es que la contabilidad nacional no es lo mismo que la de una empresa, ya que los cálculos son por inferencia estadística (encuestas) y no por asientos contables exactos. En 2015 se registró la discrepancia estadística más elevada en la historia entre los dos cálculos; resulta que la suma de los componentes es 2.4 por ciento mayor que el PIB. Si el cálculo del PIB hubiera sido por el lado del gasto, el crecimiento en 2015 hubiera sido 4.4 por ciento. En principio, el primer cálculo es más robusto, por lo que la discrepancia se le resta al cálculo por el lado del gasto. ¿Será?

Existe tres formas distintas (pero equivalentes) para calcular el PIB mediante las cuentas nacionales. La primera es mediante la resta del valor bruto de la producción y el consumo intermedio, que se llama el método del valor agregado. Esta da el cálculo del PIB por el lado de la oferta, desagregado por los principales sectores de la economía, que en principio son 20. Este es el que en principio utiliza el INEGI y que publicará el próximo 23 de febrero. La segunda es por el lado del gasto, que resulta en la suma del consumo privado, el gasto público, la inversión fija bruta, la variación de existencias y las exportaciones netas. También lo calcula el INEGI, aunque lo dará a conocer un mes después del primer cálculo, el 18 de marzo. La tercera es a través de la suma de los componentes del PIB por el lado de los ingresos (salarios, utilidades, pago a capital, etc.). Esta última no lo estima el INEGI, por lo menos no con la frecuencia trimestral de las demás cuentas.

En principio, no es necesario. La recomendación de FMI es que cada país escoja dos de las tres formas, una como principal y la otra para asegurar consistencia. Utilizar las tres ya es redundante y podría resultar muy caro. Dado que la contabilidad nacional se realiza mediante encuestas, los cálculos son estimaciones que contienen cierto grado de error probabilístico. Incluso, entre las dos formas que utiliza el INEGI existe una discrepancia estadística, difícil de obviar. No obstante, al no realizar el cálculo por la tercera forma, no tenemos indicadores oportunos de ingresos como podría ser el ingreso personal disponible.

Una de las sorpresas de 2015 fue la mejoría en el consumo de las familias, a pesar del estancamiento de las exportaciones y una inversión fija bruta decepcionante. Las ventas internas de automóviles crecieron a tasas no observadas desde hace quince años. Las ventas que reportó la ANTAD sorprendieron a todos al registrar crecimientos reales por encima de muchos años anteriores. Al final, hubo muchas hipótesis para explicar este comportamiento (como la de las remesas familiares en pesos reales, la expansión monetaria del Banco de México y la existencia de una demanda reprimida), pero realmente no podemos terminar de entender el fenómeno sin un indicador confiable del ingreso personal disponible, ya que el consumo es función primordialmente del ingreso.

Lo más cerca que tenemos es un cálculo incompleto que podemos realizar mediante los datos estratégicos que brinda la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en su entrega trimestral. La encuesta proporciona las horas trabajadas a la semana y los ingresos por hora trabajada, que al multiplicar nos da el ingreso promedio por semana. Si lo deflactamos por el INPC tenemos una aproximación al ingreso promedio real de las familias. Finalmente lo podemos multiplicar por el número de empleados remunerados que reporta la encuesta para obtener una idea de la masa salarial real. Este cálculo no incluye muchas fuentes adicionales de ingresos, por lo que es incompleto. No obstante, ante la ausencia de algún indicador mejor, lo podemos analizar para ver si nos ayuda a explicar el fenómeno descrito.

Lo primero que sobresale es que el ingreso promedio real creció 1.8 por ciento en 2015. En principio uno pensaría que no es mucho, en especial para explicar un consumo real que creció por arriba de 3 por ciento en el año. Sin embargo, resulta que el ingreso viene de siete años consecutivos de tasas negativas. La última vez que creció fue 1.0 por ciento en 2007. El rebote de 1.8 por ciento del año pasado viene después de haber caído -4.7 por ciento en 2014. De hecho, con todo y el incremento observado en 2015, el ingreso se ubica -15.6 por ciento por debajo del registrado en 2007.

La buena noticia es que el empleo remunerado ha crecido todos estos años. La mala es que la mayoría de los empleos creados han sido de muy bajos ingresos. En 2015, el empleo creció 2.2 por ciento, mientras que en 2014 creció 0.6 por ciento (la tasa más baja de los diez años que tenemos de datos de la ENOE). Si multiplicamos el empleo por los ingresos promedio, vemos que la masa salarial real creció 4.1 por ciento, la mejor tasa observada desde 2006. Aun así, se ubica -1.5 por ciento por debajo del nivel observado en 2008.

Los datos afirman que sí hubo una recuperación en el ingreso, que en parte explica la mejora en el consumo. También da pie a pensar en la existencia de una demanda reprimida (después de siete años de caídas en el ingreso) que motivó a las familias a gastar un poco más.

A principios de año teníamos la expectativa de que la economía mexicana podría crecer alrededor de 3.5 por ciento, mediante la recuperación en la demanda externa (principalmente Estados Unidos), una mejoría en la inversión privada (alentada por las reformas estructurales) y sin nuevos retrocesos fiscales (como la reforma recaudatoria de 2014). Sin embargo, Estados Unidos empezó mal el año con condiciones climatológicas adversas y huelgas en varios puertos, por lo que empezamos a revisar a la baja la proyección para el crecimiento del año. Con el paso del tiempo, vimos que la producción industrial de nuestro vecino permaneció estancado, mientras que industrias mexicanas claves para la inversión (como la construcción) dejaron de crecer. El resultado fue una revisión sistemática a la baja, como de una décima promedio por mes, hasta llegar a una expectativa de 2.2 por ciento en octubre pasado.

No obstante, a lo largo del año hemos visto una mejoría notable en el consumo privado. La ANTAD y la AMIA han reportado crecimientos significativos, muy por encima del crecimiento promedio de la economía. Típicamente, la economía mexicana ha necesitado del motor de las exportaciones no petroleras para “jalar” a la economía interna. Pero este año ha sido totalmente atípico; crece el consumo de las familias sin mayor estimulo de las actividades secundarias. Incluso, si sumamos los componentes del gasto del PIB, llegamos a una cifra mucho mayor para el crecimiento, a tal grado que muchos han expresado dudas acerca de una discrepancia estadística demasiada elevada.

Al final de octubre, el INEGI dio a conocer su estimado oportuno de la tasa del PIB del tercer trimestre de 0.6 por ciento respecto al trimestre anterior. La cifra fue muy bien recibida, ya que era mayor al esperado y esto llevó a una pequeña revisión al alza en la proyección para el año. Veinte días después, el INEGI publicó el cálculo tradicional del PIB con una tasa todavía mayor, de 0.8 por ciento de crecimiento, junto con una revisión al alza en las tasas del primer y segundo trimestres: en vez de 0.43 por ciento en el primero, se revisó a 0.51 por ciento, mientras que el segundo se revisó a 0.63 por ciento de 0.50 por ciento. Esto significa que el nivel del PIB ajustado del tercer trimestre se ubica 1.9 por ciento por arriba del cuarto trimestre del año anterior, cuando nuestra estimación anterior era de 1.5 por ciento. Con estos números revisados, si el cuarto trimestre crece en forma similar al tercero, es factible que el crecimiento de 2015 alcance 2.6 por ciento.

Pero aun con esta revisión al alza, el cálculo del PIB por el método de la producción va quedar muy por debajo de la suma de los componentes del gasto, que pudiera incluso rebasar 4 por ciento. Sin embargo, el INEGI aclara que esta suma se hace sin considerar la discrepancia estadística, que tiene una relación muy cercana al cambio en existencias (variación en inventarios), que simplemente no se puede descartar. En otras palabras, la discrepancia es parte integra de las cuentas que nos dan la igualdad entre la oferta y la demanda. Si la discrepancia es elevada, nos está diciendo que la variación de existencias no está bien medida (pues es la parte más difícil, en especial las existencias de origen importado). Lo más seguro es que al obtener más información, esta discrepancia disminuirá.

El INEGI nos dice que el cálculo del PIB por el lado de la producción es muy robusta, ya que se elabora con encuestas mensuales de bienes y servicios y registros administrativos con información de cerca de 30,000 empresas, que representan alrededor de 110,000 unidades económicas, que a su vez contempla cerca del 80 por ciento de las principales actividades de la economía nacional. En cambio, el computo por el lado de la demanda es menos comprensivo, en especial el cálculo de las existencias. Por lo mismo, la discrepancia estadística concentra las diferencias de las fuentes estadísticas, los métodos de cálculo, momentos de registros y tipos de valoración que se presentan en la medición de los distintos componentes.

Por ejemplo, el PIB trimestral por el lado de la producción considera entre sus componentes más importantes a la extracción de petróleo, que ha mostrado en los últimos trimestres, una aportación negativa a la actividad económica. Si restamos su valor al cálculo del PIB, la tasa de 2015 aumentaría en 0.6 puntos porcentuales. No obstante, el cálculo por el lado de demanda no contempla la diferencia con la información recabada en el corto plazo y seguramente se integra en la discrepancia estadística.

 

Hace como cinco años, el INEGI invitó a Víctor Guerrero, un profesor destacado de estadísticas del ITAM, a realizar un proyecto de investigación sobre una estimación más oportuna del PIB. Presentó una metodología, elaborada junto con Esperanza Sainz, que utilizaba la información preliminar de los dos primeros meses del trimestre (a partir del IGAE) e incorporaba estimaciones econométricas para calcular el mes faltante. A partir de este trabajo, el INEGI empezó a probarlo y a refinar la metodología. Finalmente, se optó por un cálculo que incorporaba más información concreta, un máximo de los procedimientos estándar de las cuentas nacionales y un mínimo de modelado econométrico. Gracias a estos esfuerzos, ahora el INEGI nos presenta un “estimado oportuno” del PIB a los 30 días de haber concluido el trimestre. Es importante recalcar que no viene a reemplazar al cálculo tradicional, que se dará a conocer este viernes, sino simplemente es un anticipo aproximado de lo que conoceremos en unos días.

La recomendación internacional es que los países deberían presentar el cálculo del PIB a los dos meses (o menos) de haber terminado el trimestre. El INEGI cumple cabalmente con el lineamiento, ya que produce la cifra a los 50 días. No obstante, Estados Unidos divulga una primera estimación a los 30 días, mientras que algunos países como Singapur, China y el Reino Unido hasta en menos. Aun así, este nuevo esfuerzo del INEGI coloca a México entre los ocho países del mundo que brinda un primer estimado en un mes o menos.

Eduardo Sojo, el actual presidente del INEGI, realizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Pennsylvania. Su tesis doctoral lo realizó bajo la supervisión de Lawrence Klein (premio Nobel de Economía 1980) a mediados de la década de los 80. Su trabajo era como obtener un estimado rápido del PIB trimestral mediante indicadores de mayor frecuencia. Esta misma metodología fue trabajada en la misma universidad años más tarde por alumnos posteriores de Klein, pero siempre con un enfoque econométrico. Cuando Sojo se reincorporó al INEGI a mediados del sexenio pasado, tenía la idea de que se pudiera utilizar esta técnica para adelantar la estimación del PIB. Por lo mismo, buscó a Víctor Guerrero y empezaron a trabajar en lo mismo. Sin embargo, los investigadores de planta de Estadísticas Económicas del INEGI desarrollaron una metodología distinta, que busca maximizar la incorporación de información concreta, ya que el INEGI tiene más del 80 por ciento de la información directa en el momento de realizar el cálculo oportuno, por lo que solo necesita estimar una tercera parte del último mes del trimestre. Otra de las bondades de la metodología es que sigue la agregación tradicional del PIB contenida en las cuentas nacionales, por lo que en pruebas anteriores se ha obtenido una estimación oportuna que discrepa muy poco con el cálculo tradicional que se obtiene 20 días después.

El INEGI estima que el crecimiento del PIB del tercer trimestre respecto al mismo trimestre del año anterior es 2.4 por ciento. Al incorporar ajustes por la estacionalidad, la tasa anual sería 2.3 por ciento (por efectos de calendario) y la tasa respecto al trimestre inmediato anterior 0.6 por ciento. De resultar acertado, es un resultado ligeramente mejor a lo que se había anticipado anteriormente. El viernes veremos.

Existe otro aspecto del cálculo que necesitamos entender mejor. El INEGI primero calcula el PIB por el lado de la oferta mediante la diferencia entre el valor bruto de la producción y el consumo intermedio. Así obtiene el desglose de las actividades económicas entre primarias, secundarias y terciarias. Un mes después (18 de diciembre), obtiene un segundo desglose por el lado de la demanda mediante los cálculos de los componentes del gasto (consumo privado, consumo de gobierno, inversión fija bruta, variación de existencias, exportaciones e importaciones). Como son cálculos estadísticos, siempre existe una discrepancia estadística entre los dos. El problema que hemos visto este año es que esta discrepancia es la más elevada de los últimos 14 años, lo cual ha desconcertado a más de uno.

Si tomáramos el cálculo por el lado de la demanda e ignorando la discrepancia, el crecimiento anual del PIB para el primer y segundo trimestre de este año sería 5.1 y 4.7 por ciento, respectivamente, comparado con las tasas de 2.6 y 2.2 por ciento por el lado de la oferta. ¿Cuál de las dos estimaciones es más robusta? ¿En función de qué está la discrepancia? ¿Será que realmente estamos creciendo más?

En el marco del Sistema de Cuentas Nacionales, se puede realizar el cálculo del PIB mediante tres diferentes métodos, que en teoría deberían resultar en una misma cifra. Se puede sumar todos los ingresos en la economía (sueldos, salarios, utilidades, intereses, etc.), analizar todos los gastos (consumo privado, consumo de gobierno, formación bruta de capital fijo, variación de existencias y exportaciones netas) o bien, calcular el valor agregado de los bienes y servicios finales producidos en la economía. La recomendación del FMI es escoger uno de los tres como método principal y realizar un segundo para asegurar consistencia.

En Estados Unidos (y parece ser que en la mayoría de los países) se utiliza principalmente los de ingresos y gastos, mientras que en México se realiza el cálculo del valor agregado y el de los gastos. Alrededor de los 50 días después de haber concluido el trimestre, el INEGI publica el crecimiento del PIB mediante los cálculos del valor bruto de la producción y del consumo intermedio. El PIB (valor agregado) es la diferencia entre los dos cálculos, que se presenta para los 20 sectores de la economía (que representa la desagregación a dos dígitos del Sistema de Clasificación Industrial de Norte América, conocido como SCIAN). Por lo mismo, el INEGI reportó el 21 de mayo que el PIB creció 0.4 por ciento en el primer trimestre del año respecto al trimestre inmediato anterior.

Un mes después de haber reportado el crecimiento, el INEGI divulga el cálculo que realiza para los componentes del gasto, lo que llama la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios”. En este sentido, el pasado 19 de junio, reportó los crecimientos del consumo privado (1.2 por ciento), del consumo del gobierno (1.1 por ciento), de la inversión pública (1.2 por ciento), de la inversión privada (0.6 por ciento), de la variación de existencias (7.3 por ciento), de las exportaciones (1.8 por ciento) y de las importaciones (0.4 por ciento). Posiblemente la sorpresa principal provino de la inversión pública, que presenta una tasa positiva para el trimestre por apenas la quinta vez en los últimos 17 trimestres.

Dado que los cálculos se realizan mediante técnicas de estadística inferencial, se necesitan introducir algunas variables de ajuste, que representan las discrepancias estadísticas entre los diferentes métodos de cálculo. Anteriormente, el INEGI no calculaba la variación de existencias tal cual, sino que lo introducía como la diferencia entre el cómputo del valor agregado y la suma de los componentes del gasto. Sin embargo, hace poco el Instituto empezó a estimarlo directamente, por lo que ahora tiene que introducir explícitamente una discrepancia estadística para que cuadre la contabilidad nacional. En este primer trimestre, encontramos que la variación de existencias (también conocida como el cambio en inventarios) y la discrepancia estadística fueron los dos componentes con mayor cambio respecto al periodo anterior.

Dado que cada componente del gasto representa una ponderación distinta, no podemos analizar la contribución de cada uno mediante sus tasas de crecimiento. Más bien, se tiene que multiplicar cada tasa por su ponderación. Matemáticamente, la contribución de “Y” al crecimiento de “X” (siendo Y un componente de X), se define como el cambio porcentual de Y ponderado por el porcentaje (ponderación) de Y dentro de X del periodo anterior (t-1). Si realizamos los cálculos correspondientes encontramos que la mayor contribución (negativa) proviene de la discrepancia estadística implícita (-1.24 puntos porcentuales o pp). Esto significa que las contribuciones (positivas) de todos los demás componentes podrían estar sobreestimadas.

No obstante, el componente del gasto que más contribuyó al crecimiento del PIB en el primer trimestre fue el consumo privado (0.81 pp), seguido por las exportaciones (0.61 pp). En un tercer lugar ya distante, se situó el consumo de gobierno (0.12 pp), seguido por la inversión privada (0.11 pp). En quinta lugar, se ubicó la variación de existencias (0.06 pp), mientras que el que menos contribución hizo fue la inversión pública (0.05 pp). Para que cuadre, es decir, que todo sume la tasa de 0.4 por ciento del PIB, se tiene que restar las importaciones (0.12 pp). Esto es porque cada componente tiene implícito una parte de bienes y servicios importados, que no se debe considerar, ya que estamos contabilizando el producto interno del país.

De este ejercicio, sale a relucir la contribución del consumo privado al crecimiento económico, que ha sido la más elevada desde 2012.