Articulos sobre la economía Mexicana
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Crecimiento Económico

septiembre 6th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Crecimiento Económico)

El INEGI dio a conocer el cálculo tradicional del PIB para el segundo trimestre. Los resultados fueron ligeramente mejores que los de la “estimación oportuna” reportados hace como tres semanas. En vez de una disminución de -0.3 por ciento respecto al trimestre anterior, la tasa resultó ser -0.2 por ciento, mientras que la tasa anual anterior de 1.4 por ciento resultó ser 1.5 por ciento. No obstante, se revisó el crecimiento del primer trimestre a la baja a 0.5 por ciento (de 0.8 por ciento). La noticia de una disminución en la actividad económica es ciertamente una mala noticia. Sin embargo, no es tan mala como parece.

Cuando el INEGI reportó la estimación oportuna, había una aparente inconsistencia en las dos tasas reportadas. La razón es que, al no dar a conocer las revisiones de los trimestres anteriores, las dos cifras se contraponían. Con la entrega del cálculo tradicional, el INEGI reporta una revisión al alza del segundo trimestre de 2015 y una revisión a la baja del primer trimestre de 2016, justamente las bases de las dos tasas. El resultado final es que el PIB del segundo trimestre (ajustado por estacionalidad) es 14,326.8 mil millones de pesos de 2008, cuando la estimación oportuna nos decía que era 14,326.8. Es una diferencia de -0.3 por ciento.

Pero ¿cómo podemos afirmar que no es tan mala noticia? La respuesta está en los números mensuales del IGAE. Ya sabíamos que abril fue muy mal mes (-1.10 por ciento), de hecho, el peor desde principios de 2009. Sin embargo, mayo repuntó 0.96 por ciento y junio 0.56 por ciento. El comportamiento conjunto de estos dos meses ha sido el mejor desde febrero/marzo de 2010. Febrero, marzo y abril fueron malos meses (crecimientos de 0.08, -0.19 y -1.10 por ciento), de tal forma que el nivel de abril se ubicaba -1.21 por ciento por debajo de enero. Sin embargo, la recuperación observada de mayo y junio ya nos ubica 0.29 por ciento por encima de ese mes. Pero lo más importante es que la economía observa una mejor dinámica entrando al tercer trimestre. En otras palabras, el mal desempeño del segundo trimestre se debió a un comportamiento aberrante de un solo mes: abril.

Aun así, los números para 2016 no pintan bien. Vamos a suponer un escenario muy optimista, de crecimientos alrededor de 1.0 por ciento en cada uno de los siguientes dos trimestres. Es muy optimista, ya que sería el mejor desempeño para un periodo similar en lo que va el sexenio. El resultado sería una tasa de crecimiento de 2.1 por ciento para todo el año. Ahora pensemos en un escenario equilibrado, de crecimientos alrededor de 0.6 por ciento en cada trimestre (más o menos el promedio por trimestre de 2014 y 2015). El crecimiento del año llegaría a 1.8 por ciento. Finalmente, un escenario un poco más pesimista de crecimientos alrededor de 0.5 por ciento, nos situará en 1.7 por ciento para todo el año. Obviamente, con algo de mala suerte podríamos alcanzar una tasa todavía menor, pero por lo pronto podemos situar el rango de crecimiento probable entre 1.7 y 2.1 por ciento. A estas alturas, se ve muy difícil que el crecimiento del año termine fuera de este intervalo.

Para los que quieren comparar el crecimiento del PIB con Estados Unidos: nuestros vecinos crecieron 0.8 y 1.2 por ciento en los dos primeros trimestres del año; nosotros 2.0 y -0.7 por ciento.

Fe de erratas: La semana pasada comentaba los resultados trimestrales de la ENOE. No me explico bien el por qué (siempre soy muy cuidadoso), pero tenía un error en un dato en Excel para el primer trimestre de 2016 en el empleo remunerado. La consecuencia fue que dije que había disminuido en el segundo trimestre respecto al primero, cuando en realidad aumentó 0.9 por ciento, después de una disminución de -0.7 por ciento en el trimestre anterior. El resultado es que el incremento en el ingreso promedio real de 0.8 por ciento se ve ampliado por el aumento en el empleo, por lo que la masa salarial real aumenta 1.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.8 por ciento respecto al año anterior. ¿Qué nos dicen estas cifras? A pesar de la disminución en el ingreso por hora trabajada, aumentó el número de horas trabajadas lo suficiente para aumentar el ingreso promedio real. Mayor ingreso y más empleo remunerado se traduce en mayor masa salarial real (1.7 por ciento), por lo que las familias tienen más ingresos para poder seguir consumiendo. Buenas noticias.

El Reporte Laboral

mayo 18th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Reporte Laboral)

El pasado viernes 13 de mayo, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en su entrega trimestral. Los datos que reporta para el primer trimestre son muy interesantes. Sin embargo, antes de comentar cifras, permítame mi queja tradicional sobre lo mal escrito que está el boletín de prensa. Todos sabemos que el indicador más significante de este informe es la tasa de desempleo. No hubo ni un solo medio que reportó alguna otra tasa primero, pues es obvio su importancia. Pero si leen ustedes el boletín, encontrarán que ni siquiera se menciona en la primera página. Habla primero de la población económicamente activa y de la población ocupada, cifras irrelevantes (en términos relativos) ante el interés del público. Nunca he entendido, no entiendo y no entenderé por qué el INEGI insiste en esta manipulación tan tonta. En fin…

De entrada, hay muy buenas noticias, pues la tasa de desempleo abierto nacional bajó a 4.21 por ciento, la más baja para un trimestre desde el tercero de 2008, es decir, desde la gran recesión de 2008-2009. También, la tasa de subempleo, que contabiliza las personas que no han logrado encontrar un trabajo de tiempo completo, bajó a 8.02 por ciento, que es una de las tasas más bajas observadas en los últimos seis años. Finalmente, la tasa de desempleo disfrazado, que contempla los desempleados inactivos (que forman parte de la población económicamente no activa, pero disponibles para trabajar), disminuyó a 16.49 por ciento de la PENA, también una de las tasas más bajas observadas en estos años. Lo que todavía no reporta el INEGI (aunque los datos allí están) es la brecha laboral, que es la suma de estas tres categorías como porcentaje de la fuerza laboral potencial.

En octubre de 2013, la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo adoptó formalmente las definiciones de fuerza laboral potencial (FLP) y brecha laboral. La primera es la suma a la fuerza laboral tradicional (la población económicamente activa) a los desempleados no activos (desempleo disfrazado), que se utiliza como denominador. Si expresamos el desempleo abierto, el subempleo y el desempleo disfrazado como porcentaje de la FLP, resulta que el desempleo tradicional es 3.6 por ciento (en vez de 4.0), el subempleo es 6.8 (en vez de 8.0) y el desempleo disfrazado es 10.2 (en vez de 16.5). Disminuyen las tres tasas ya que el denominador es más amplio, pero nos permite sumar las tres tasas para obtener la brecha laboral, que en el primer trimestre de 2016 disminuye a 20.7 por ciento, la más baja desde el último trimestre de 2008. Como quien dice, el panorama laboral regresa finalmente a niveles observados antes de iniciar la gran recesión.

La otra noticia interesante que sale de la ENOE, pero que tampoco lo reporte el INEGI explícitamente, es el ingreso promedio de los empleados y la masa salarial. Para construir estos indicadores tenemos que buscar en las partes más ocultas de la encuesta, ya que no se reporta en el Banco de Información Económica (BIE). Hay que buscar “encuestas en hogares” en el tabulador de “fuente/proyecto”, para buscar los “indicadores estratégicos” en la ENOE. Allí se tiene que descargar el archivo del primer trimestre de 2016 y ver los datos de “horas trabajadas a la semana” (renglón 252) y “ingresos por hora trabajada” (renglón 255) para obtener los ingresos por semana promedio del trimestre. Lo podemos deflactar por el INPC para obtener los datos en términos reales. Encontramos que el ingreso promedio real aumentó 0.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 1.7 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Si vemos ahora el empleo remunerado (renglón 46 menos renglón 52), encontramos que aumentó 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.3 por ciento en un año. Ahora, si multiplicamos el empleo remunerado por el ingreso promedio real, obtenemos la masa salarial real, posiblemente el indicador más relevante que tiene el INEGI sobre ingresos. Resulta que creció 1.6 por ciento respecto al último trimestre de 2015 y 4.1 por ciento respecto al primero del mismo año. Hemos buscado explicaciones para entender porqué el consumo de las familias aumentó el año pasado después de varios años de estancamiento. En 2013 la masa salarial real solo creció 0.5 por ciento y en 2014 disminuyó 4.1 por ciento, mientras que en 2015 aumentó 4.1 por ciento. Aunque todavía estamos por debajo de los niveles alcanzados en 2007, hubo una recuperación importante el año pasado, que se mantiene en el primer trimestre de 2016.

Ante la racha de tantas malas noticias, por lo menos algo refrescante.

Existe tres formas distintas (pero equivalentes) para calcular el PIB mediante las cuentas nacionales. La primera es mediante la resta del valor bruto de la producción y el consumo intermedio, que se llama el método del valor agregado. Esta da el cálculo del PIB por el lado de la oferta, desagregado por los principales sectores de la economía, que en principio son 20. Este es el que en principio utiliza el INEGI y que publicará el próximo 23 de febrero. La segunda es por el lado del gasto, que resulta en la suma del consumo privado, el gasto público, la inversión fija bruta, la variación de existencias y las exportaciones netas. También lo calcula el INEGI, aunque lo dará a conocer un mes después del primer cálculo, el 18 de marzo. La tercera es a través de la suma de los componentes del PIB por el lado de los ingresos (salarios, utilidades, pago a capital, etc.). Esta última no lo estima el INEGI, por lo menos no con la frecuencia trimestral de las demás cuentas.

En principio, no es necesario. La recomendación de FMI es que cada país escoja dos de las tres formas, una como principal y la otra para asegurar consistencia. Utilizar las tres ya es redundante y podría resultar muy caro. Dado que la contabilidad nacional se realiza mediante encuestas, los cálculos son estimaciones que contienen cierto grado de error probabilístico. Incluso, entre las dos formas que utiliza el INEGI existe una discrepancia estadística, difícil de obviar. No obstante, al no realizar el cálculo por la tercera forma, no tenemos indicadores oportunos de ingresos como podría ser el ingreso personal disponible.

Una de las sorpresas de 2015 fue la mejoría en el consumo de las familias, a pesar del estancamiento de las exportaciones y una inversión fija bruta decepcionante. Las ventas internas de automóviles crecieron a tasas no observadas desde hace quince años. Las ventas que reportó la ANTAD sorprendieron a todos al registrar crecimientos reales por encima de muchos años anteriores. Al final, hubo muchas hipótesis para explicar este comportamiento (como la de las remesas familiares en pesos reales, la expansión monetaria del Banco de México y la existencia de una demanda reprimida), pero realmente no podemos terminar de entender el fenómeno sin un indicador confiable del ingreso personal disponible, ya que el consumo es función primordialmente del ingreso.

Lo más cerca que tenemos es un cálculo incompleto que podemos realizar mediante los datos estratégicos que brinda la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en su entrega trimestral. La encuesta proporciona las horas trabajadas a la semana y los ingresos por hora trabajada, que al multiplicar nos da el ingreso promedio por semana. Si lo deflactamos por el INPC tenemos una aproximación al ingreso promedio real de las familias. Finalmente lo podemos multiplicar por el número de empleados remunerados que reporta la encuesta para obtener una idea de la masa salarial real. Este cálculo no incluye muchas fuentes adicionales de ingresos, por lo que es incompleto. No obstante, ante la ausencia de algún indicador mejor, lo podemos analizar para ver si nos ayuda a explicar el fenómeno descrito.

Lo primero que sobresale es que el ingreso promedio real creció 1.8 por ciento en 2015. En principio uno pensaría que no es mucho, en especial para explicar un consumo real que creció por arriba de 3 por ciento en el año. Sin embargo, resulta que el ingreso viene de siete años consecutivos de tasas negativas. La última vez que creció fue 1.0 por ciento en 2007. El rebote de 1.8 por ciento del año pasado viene después de haber caído -4.7 por ciento en 2014. De hecho, con todo y el incremento observado en 2015, el ingreso se ubica -15.6 por ciento por debajo del registrado en 2007.

La buena noticia es que el empleo remunerado ha crecido todos estos años. La mala es que la mayoría de los empleos creados han sido de muy bajos ingresos. En 2015, el empleo creció 2.2 por ciento, mientras que en 2014 creció 0.6 por ciento (la tasa más baja de los diez años que tenemos de datos de la ENOE). Si multiplicamos el empleo por los ingresos promedio, vemos que la masa salarial real creció 4.1 por ciento, la mejor tasa observada desde 2006. Aun así, se ubica -1.5 por ciento por debajo del nivel observado en 2008.

Los datos afirman que sí hubo una recuperación en el ingreso, que en parte explica la mejora en el consumo. También da pie a pensar en la existencia de una demanda reprimida (después de siete años de caídas en el ingreso) que motivó a las familias a gastar un poco más.

El INEGI dio a conocer el viernes, 14 de agosto, los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) al segundo trimestre de 2015. La ENOE tiene entregas mensuales, donde se reportan las tasas de desempleo, participación laboral y algunas tasas laborales complementarias. También tiene entregas trimestrales, con mayor desglose e información. En la entrega trimestral, se traducen las tasas a número de personas mediante las proyecciones demográficas del CONAPO. Esto último permite calcular tasas adicionales que enriquecen el análisis del mercado laboral, como la brecha laboral. También incluye la publicación de datos estratégicos que permiten calcular el ingreso promedio de los trabajadores.

La Brecha Laboral

Recientemente, el Buro Nacional de Investigación Económica (NBER) de Estados Unidos publicó un artículo escrito por David Blanchflower y Andrew Levin sobre la atonía del mercado laboral y sus implicaciones para la política monetaria. En el artículo, los autores desarrollan un concepto más amplio que la tasa de desempleo abierto para caracterizar lo que llaman la “brecha laboral”. El concepto proviene de la Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (CIET) que se efectuó en Suiza en octubre de 2013. Básicamente consiste en sumar el desempleo abierto, el subempleo (los que trabajan menos horas por razones de mercado) y el desempleo disfrazado (los no ocupados disponibles para trabajar pero que no buscan activamente empleo). Concluyen que es un concepto más robusto para medir la insuficiencia de trabajo en el mercado laboral, ya que no solamente incluye el desempleo abierto, sino los que se consideran desempleados desde otra perspectiva: el subempleo, que son las personas que no encuentran un empleo de tiempo completo, y; el desempleo disfrazado, que son las personas que están clasificados como parte de la Población No Económicamente Activo (PNEA) porque no buscan activamente un empleo, pero que quieren trabajar. Estos últimos también se les conoce como desempleados frustrados, que pudieron haber buscado trabajo en forma activa en un momento dado, pero al no conseguirlo, su búsqueda se volvió pasivo. Para muchos analistas, estos últimos son tan desempleados como los que activamente buscan trabajo.

La ENOE reporta 2.288 millones de desempleados en el segundo trimestre de 2015, 4.179 millones de subempleados y 5.884 millones de desempleados disfrazados. La tasa de desempleo abierto del segundo trimestre de 2015 fue 4.35 por ciento, la tasa de subempleo fue 8.30 por ciento y la tasa de desempleo disfrazado (o desempleo pasivo) fue 16.54 por ciento. Si sumáramos los tres porcentajes obtendríamos 29.19 por ciento, sin embargo, no son tasas que se puedan sumar ya que cada una tiene un denominador diferente. La tasa de desempleo es el porcentaje de la Población Económicamente Activa (PEA) que no tiene ocupación; la tasa de subempleo es la parte de la Población Ocupada (PO) que trabaja menos horas a la semana; mientras que la tasa de desempleo disfrazado es la parte proporcional de la Población No Económicamente Activa (PNEA) que está disponible para trabajar.

Para sumar los tres componentes tenemos que partir de un denominador común, que sería la Fuerza Laboral Potencial (FLP), que incluye no sólo la PEA sino también la PNEA Disponible (PNEAD). Mientras que la PEA representa 59.67 por ciento de la población en edad de trabajar (15 años y mayores), la FLP abarca 66.34 por ciento, es decir, la FLP es mayor a la PEA normal, ya que le agregamos 6.67 por ciento más de la población en edad de trabajar que es económicamente pasiva pero disponible para laborar. Las tres tasas, ahora todas expresadas como porcentaje de la FLP son 3.91 por ciento (desempleo activo), 7.14 por ciento (subempleo) y 10.06 por ciento (desempleo pasivo), lo que ahora sí da una tasa de 21.11 por ciento, lo que podemos llamar la brecha laboral. En términos muy generales, vemos que alrededor de 18.5 por ciento de la brecha laboral lo constituye el desempleo tradicional, 33.8 por ciento el subempleo (cerca de una tercera parte) y 47.6 por ciento el desempleo disfrazado (casi la mitad).

Si tomamos mediados de 2009 como el momento en que arranca la recuperación posterior a la gran recesión de 2008-2009, encontramos que la brecha laboral muestra una tendencia a la baja de 0.09 por ciento por trimestre (a partir de 23.3 por ciento en el tercer trimestre de 2009). Los componentes de desempleo, tanto activo como pasivo, disminuyen 0.03 por ciento por periodo (arrancando de 4.95 por ciento y 10.84 por ciento, respectivamente), mientras que el subempleo cae 0.02 puntos porcentuales por trimestre (desde 7.47 por ciento). Si nos concentramos nada más en el último trimestre, observamos que mientras aumenta el desempleo abierto y el subempleo, disminuye el desempleo disfrazado, pero dado que aumenta la fuerza laboral potencial, la brecha laboral registra una tasa de 21.11 por ciento, prácticamente igual al del trimestre anterior de 21.10 por ciento.

El concepto de la fuerza laboral potencial es interesante, ya que excluye la condición de que una persona sin trabajo tiene que estar activamente en búsqueda de un empleo para considerarla como “desempleado”. Aunque no todos, pero una buena parte de la PNEA disponible para trabajar son personas que quizás en un momento buscaron trabajo pero al no encontrarlo dejaron su búsqueda (desmotivados o frustrados), o bien, personas con discapacidad (o capacidades diferentes como ahora se estila decir) que no buscan en forma activa una oportunidad porque piensan que simplemente no existen posibilidades de encontrar algún empleo que se adapte a sus necesidades.

La brecha laboral también es una noción útil, aunque habría que ajustar el componente del subempleo para solo integrar las horas a la semana que no trabajan (por razones de mercado). No se le puede dar el mismo peso a un desempleado abierto (cero horas de trabajo a la semana) a una persona que labora 30 horas, o bien a otro que se ocupa por 10. También habría que considerar una distinción para las personas que viven del autoconsumo o subsistencia agrícola, ya que realmente no participan en el mercado laboral (ni como empleado ni como desempleado).

El Ingreso Promedio

La ENOE también permite construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos que se publican en la entrega trimestral. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Posteriormente, podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial, que puede ayudar a entender el avance del consumo de los hogares.

El ingreso promedio real llegó a su máximo a mediados de 2007, justo cuando la economía empezó a desacelerarse en anticipación a la gran recesión de 2008-2009. Como era de esperarse, disminuyó significativamente en los años de la recesión para estabilizarse en 2010. Sin embargo, no creció en 2011 y 2012, sino más bien presentó una tendencia lateral en estos años. En 2013 y 2014, cuando la actividad económica se desaceleró, el ingreso promedio real volvió a presentar una tendencia a la baja. Finalmente, tocó fondo en el último trimestre de 2014, en un nivel que representó una disminución de -20.1 por ciento respecto al segundo trimestre de 2007. Afortunadamente, se ha registrado una tendencia hacia la recuperación en los dos primeros trimestres de 2015, con crecimientos de 2.69 y 0.65 por ciento en cada periodo respectivamente.

El empleo remunerado ha registrado una tendencia alcista continua desde 2010, aunque con una pendiente mucho menos pronunciado en 2013 y 2014. No obstante, a partir del primer trimestre de 2015 vuelve a crecer a un ritmo mayor, con tasas de 0.45 y 0.63 por ciento en el primer y segundo trimestre, respectivamente. Si multiplicamos el empleo por el ingreso, encontramos que la masa salarial presenta una mejoría importante en los dos primeros trimestres de 2015, que en buena medida explica la mejoría observada en la mayoría de los indicadores relacionados con el consumo familiar.