Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Después del shock del 8 de noviembre, la mayoría de nosotros pensábamos (o deseábamos) que Trump suavizara su discurso y que fuera transformándose en alguien que pudiera ganar el respeto ajeno y ser merecedora de la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, el avanzar de las semanas ha demostrado que no es el caso, ya que sus posturas radicales ni su comportamiento de “bullying” se han modificado. Peor aún, promete cumplir todas sus amenazas y aún más. Se está materializando el peor escenario posible con su toma de protesta este viernes.

Ante los cambios esperados en las políticas de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó a la baja su expectativa de crecimiento para México para 2017 y 2018. Ahora anticipa 1.7 por ciento para este año y 2.0 por ciento para el entrante. Sus números no son muy diferentes a las últimas encuestas de instituciones y analistas mexicanas. La Encuesta Quincenal de Expectativas de Instituciones Financieras de Citibanamex anticipa 1.7 por ciento para 2017 y 2.4 por ciento para 2018. La Encuesta Mensual de Expectativas IMEF registra 1.6 por ciento para este año y 2.2 por ciento para el entrante. No obstante, es casi un hecho que tanto el FMI, como los participantes en las encuestas, estarán revisando su expectativa a la baja a lo largo del año.

El crecimiento de 2016 fue alrededor de 2.0 por ciento, seis décimas menos que 2015. ¿Por qué? Si analizamos los componentes del PIB por el lado del gasto, vemos que en 2016 el consumo de los hogares mejoró ligeramente, mientras que se desaceleró un poco el consumo de gobierno y disminuyó prácticamente igual la inversión pública, comparada con 2015. Sin embargo, los dos componentes que tuvieron un comportamiento muy diferente en esta comparación fueron las exportaciones y la inversión privada. ¿Qué podemos esperar para 2017?

De entrada, es casi un hecho que tanto el consumo de gobierno como la inversión pública contribuirán menos este año al crecimiento económico que el año pasado. También es de esperar que el consumo de los hogares siga creciendo, pero a una tasa menor que en 2016. El aumento generalizado de precios afectará el poder adquisitivo, el crédito al consumo se desacelerará ante el incremento en las tasas de interés y la creación de empleos será menor ante la incertidumbre y falta de inversión. También el derrumbe de la confianza del consumidor promete una actitud de mayor cautela. Una de las amenazas más claras de Trump es reducir el superávit comercial que tiene México con Estados Unidos. Esto significa que, ya sea mediante aranceles mayores, impuestos especiales o prácticas de proteccionismo no arancelarias, es muy probable que disminuyen nuestras exportaciones. Dado que es de esperar que el dólar siga fortaleciéndose es muy probable que no aumenten las exportaciones de Estados Unidos, lo cual significa que no habrá mayor demanda por nuestras exportaciones.

Con una desaceleración en el consumo, menos exportaciones y una caída en el gasto público, lo único que queda es la inversión privada. Sin embargo, es el componente del gasto que más se verá afectado por el fenómeno Trump. Desde ahora muchas empresas han cancelado o pospuesto sus planes de inversión ante la incertidumbre prevaleciente. Sabemos que es altamente probable que cambien las reglas del juego, especialmente en cuanto las posibilidades de exportación. Si la iniciativa privada mostró cautela en 2016 (antes de conocer los resultados de las elecciones), es un hecho de que ahora va ser todavía más. En otras palabras, todos los componentes del PIB por el lado del gasto este año van a mostrar menos dinamismo que en 2016.

Menos exportaciones y flujos de inversión, en medio de un ambiente de incertidumbre que no se va disipar rápidamente, implica necesariamente que el tipo de cambio seguirá en aumento. Esto, junto con el gasolinazo y la escalada de precios que ya hemos observado, significa que este año habrá más inflación, muy por arriba del techo del objetivo del Banco de México. Más inflación implica una política monetaria más restrictiva, que a su vez se traducirá en mayores tasas de interés y todavía menos crecimiento económico. Simplemente hablando, no pinta bien el año, aunque siempre podemos esperar sorpresas agradables.

Lo expresa muy bien el dicho “preparémonos para lo peor y esperemos lo mejor”.

Incertidumbre

Septiembre 3rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La semana pasada, el INEGI dio a conocer el crecimiento de la actividad económica del segundo trimestre del año. No fue necesariamente mala noticia, ya que crecimos ligeramente más en el segundo trimestre (0.50 por ciento) que en el primero (0.43 por ciento), mientras que las cifras fueron un poco mejor a lo que se anticipaba. No obstante, prácticamente todos los analistas tuvieron que revisar sus expectativas para el año a la baja, ya que no se prevé una mejoría para la segunda mitad del año. El Banco de México fue de los primeros, ya que una semana antes anunció que ahora anticipa 2.1 por ciento de crecimiento en el año (el punto medio de su intervalo de 1.7 a 2.5 por ciento). La SHCP también se vio obligado a rectificar su expectativa a la baja, a una tasa de 2.4 por ciento (el punto medio de su intervalo de 2.0 a 2.8 por ciento). El mismo día salió la primera encuesta de expectativas (la Encuesta Quincenal de Expectativas de Instituciones Financieras que levanta Banamex) con una revisión a la baja a 2.3 por ciento. Es casi un hecho que cuando salgan las siguientes encuestas (por ejemplo, la de los Especialistas en Economía del Sector Privado que publica Banxico a principio de mes y la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF de la segunda semana de septiembre), veremos un nuevo consenso entre 2.2 y 2.3 por ciento para el año.

¿Qué implican estos números? Si el crecimiento de los últimos dos trimestres del año resulta muy similar al de los primeros dos, el PIB crecerá alrededor de 2.3 por ciento en 2015. El punto medio del intervalo de la SHCP (2.4 por ciento) implica una ligera aceleración en el crecimiento en la segunda mitad del año, mientras que para alcanzar 2.5 por ciento necesitaríamos crecer casi al doble. Sin embargo, el punto medio del intervalo de Banxico (2.1 por ciento) implica una desaceleración respecto al ritmo actual. La SHCP mantiene una parte demasiado optimista (crecer arriba de 2.5 por ciento), mientras que Banxico tiene una parte muy pesimista (por debajo de 2.0 por ciento). La información disponible al momento sugiere que lo más probable sea una tasa que se ubique en la intersección de los dos intervalos de estas instituciones, es decir, entre 2.0 y 2.5 por ciento. ¿Qué significa? La SHCP sostiene una posición relativamente optimista, Banxico es más pesimista y el consenso del mercado se ubica en medio.

Hasta ahora el crecimiento es resultado de actividades secundarias muy decepcionantes (construcción, minería y manufactura) y actividades terciarias (comercio y servicios) sorprendentes. Las exportaciones no petroleras, que siempre habían sido el motor principal de crecimiento, están estancadas (en especial las manufactureras no automotrices), mientras que la construcción presenta de nuevo una tendencia a la baja. Sin embargo, a pesar de tener el motor principal apagado, la economía interna (en especial, el consumo) crece relativamente bien. Los crecimientos anualizados del segundo trimestre de las actividades secundarias fue -0.1 por ciento, mientras que las actividades terciarias avanzaron 3.8 por ciento.

Lo que llama la atención es la forma engañosa y amañada que presentó la SHCP las cifras para tratar de mostrar que vamos mucho mejor ahora. Cuando anuncio su revisión de expectativas, dijo que el crecimiento anual del segundo trimestre (2.2 por ciento) fue mayor al del año pasado (1.7 por ciento), pero no aclaró que fue simplemente por efectos de calendario. Si hacemos la comparación como debe de ser, resulta que este trimestre (2.2 por ciento) fue menor al del año anterior (2.9 por ciento). También dijo que el crecimiento anual del segundo trimestre (2.2 por ciento) fue superior al crecimiento de todo el año pasado (2.1 por ciento). Sin embargo, es una comparación no válida, ya que compara el crecimiento acumulado de cuatro trimestres con un promedio. Si compara el promedio de los últimos cuatro trimestres con el promedio de los cuatro trimestres de 2014, claramente estamos creciendo menos. Tal parece que ponen a los analistas de la SHCP a calcular todas las tasas de crecimiento posible para buscar las que aparentan favorables, sea válida o no la comparación.

Vivimos un momento de mucha incertidumbre, caracterizado por una hipersensibilidad y paranoia en los mercados globales. Dentro de lo que cabe, México no va tan mal, ya que seguimos creciendo (aunque sea a una tasa mediocre) y hemos contenido el posible impacto inflacionario de una depreciación exagerada. Por lo mismo, necesitamos un gobierno que no nos quiera ver la cara y que sea franco con la población.

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