Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Hay Pulso

Abril 4th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Hacía fines del año pasado la economía marchaba a un paso lento, caracterizado por desequilibrios fiscal y externo crecientes. A pesar de un ajuste cambiario extraordinario a lo largo de dos años, nuestras exportaciones no crecían. A pesar de un gasto público sin precedente, la inversión pública seguía cayendo (por séptimo año consecutivo) y la deuda pública ya rebasaba 50 por ciento del PIB. Peor aún, tanto la política fiscal como la monetaria se tornaban más y más restrictiva, prometiendo un freno adicional a la actividad económica. La percepción de la situación económica del país reflejaba un pesimismo no visto en mucho tiempo. En ese momento, gana Trump la presidencia de Estados Unidos. En un par de meses vimos cómo se desplomaba el peso junto con la confianza empresarial y del consumidor.

Ya con el tipo de cambio tocando 22 pesos por dólar y la confianza del consumidor en mínimos históricos, los analistas que se dedican a tratar de anticipar el rumbo de la economía revisaban sus expectativas para el crecimiento a la baja. El consenso llegó a 1.5 por ciento, pero algunos esperaban todavía algo peor. Por ejemplo, las instituciones financieras más importantes como Banamex (1.2 por ciento), Bancomer (1.0 por ciento) y Banorte (1.1 por ciento) fueron de los más pesimistas. Incluso, una institución, BNP-Paribas, puso su expectativa en 0.0 por ciento para el año. No era para menos, ya que algunas de las primeras cifras, como el Indicador IMEF y las ventas de ANTAD, marcaban una clara tendencia a la baja.

Para tener una tasa de crecimiento más cercano a 1.0 por ciento, necesitaríamos anticipar una caída en el PIB en el primer trimestre del año. El escenario lo vea ante una inversión privada detenida por la incertidumbre que representaba Trump y ante un consumo privado más medido por la pérdida en el poder adquisitivo como consecuencia del incremento significativo en la inflación. Pero cuál ha sido la sorpresa que los primeros indicadores duros muestran que la actividad económica sigue creciendo. El INEGI reportó que el IGAE de enero creció 0.27 por ciento respecto a diciembre. Aunque no es una tasa tan robusta, sí implica un ritmo de crecimiento mayor a 3 por ciento y es la novena tasa positiva consecutivo para la actividad económica global. Fue producto de avances marginales en las actividades secundarias y terciarias y de una tasa muy significativa en las primarias. No todo va bien, pues la minería sigue a la baja y el comercio presentó una caída importante (¿saqueos?). Pero simplemente el hecho de que no hubo una tasa negativa en general para el mes fue excelente noticia.

Para febrero, ya tenemos dos indicadores adicionales con buen desempeño. Las exportaciones manufactureras avanzaron 3.6 por ciento en febrero y más aún, muestran una clara tendencia al alza. Las exportaciones no petroleras de enero-febrero se ubican 6.9 por ciento por encima del mismo bimestre del año anterior, mientras que las petroleras reflejan una recuperación muy importante. Dado que las exportaciones han sido el principal motor de crecimiento del país a lo largo de los últimos 24 años, su buen comportamiento es vital. También sigue a la baja el desempleo; la tasa urbano de 3.78 por ciento de febrero es la más baja desde que existe la ENOE desde enero de 2005. La mejoría observada a lo largo de los últimos 15 meses es de las más pronunciadas desde la que vimos después de la crisis “tequilera” de 1997 a 1999. Finalmente, la trayectoria del tipo de cambio en los últimos dos meses ha regresado el valor del peso a los niveles pre-Trump, claro reflejo de que se han revertido las preocupaciones extremas.

No todas las noticias son buenas. Más bien predominan señales mixtas. El desplome en las obras de ingeniería civil es impresionante, la edificación muestra una tendencia lateral desde hace buen tiempo y las ventas de ANTAD anticipan una desaceleración importante en el comercio. El incremento en la inflación en los primeros tres meses del año es sumamente preocupante, ya que anticipa una pérdida importante en el poder adquisitivo, fundamental para el consumo de los hogares. No obstante, la economía no se está colapsando como algunos anticipaban. Se mantiene cierto pulso, nada acelerado, pero lo suficiente como para relajarnos tantito. Con todo esto, es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de crecimiento para el año.

Confianza del Consumidor

Abril 16th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

Eduardo Sojo, Presidente del INEGI, nos dijo hace un par de meses que el Indicador de Confianza del Consumidor está por cambiar su forma de presentación. En breve (aunque no sabemos exactamente cuándo), se empezará a divulgar en su forma original, es decir en una escala de 0 a 100, similar a cómo se presentan los indicadores de confianza empresarial. Esto significa que le quitarán la conversión de enero de 2003 igual a 100, para dejar el nivel del indicador en ese mes en 40.885. Significa que el valor reportado de marzo de 2015 (el último dato con que contamos) de 93.1, será realmente 38.5. Encontraremos que el nivel máximo de agosto 2001 será 47.69 y el mínimo registrado en octubre 2009 será 32.61 puntos. En otras palabras, veremos que el Indicador ha variado entre 32.61 y 47.69 en toda su historia (abril 2001 a la fecha), sin haberse situado nunca por arriba de los 50 puntos. De hecho, el Indicador solo ha rebasado un nivel de 45 puntos en siete ocasiones, cuatro meses en 2001 y tres meses en 2006.
La razón principal de haber impuesto base 100 desde su origen fue que al percatarse la Institución de que nunca había superado el umbral de los 50 puntos (referencia que separa un relativo optimismo del pesimismo), no convenía tener la posibilidad de “cuantificar” el pesimismo permanente de los consumidores mexicanos. Para esto, es importante entender que el umbral de 50 realmente no es una referencia para ver si la confianza es consistente con mayor o menor consumo. Más bien, es cuestión empírica encontrar un nivel en el Indicador que señale cuál pudiera ser ese verdadero umbral. Parece ser que el INEGI ha estimado econométricamente ese punto y en breve lo anunciaran. Nuestra especulación es que ande alrededor de los 38 puntos. Esto significa que si el Indicador registre más de 38 puntos, el consumo de los hogares estará más propenso a crecer, mientras que si se ubica por debajo el consumo podría estancarse o incluso, retroceder.
A diferencia del Indicador de Confianza del Consumidor, el Indicador de Confianza Empresarial se presenta en escala de 0 a 100, sin la imposición de una base 100. En la nota metodológica del boletín de prensa mensual, el INEGI señala que:
“Los indicadores están diseñados para que sus valores fluctúen entre 0 y 100. De esa manera, a medida que el optimismo se generaliza entre los informantes, el valor del indicador se hace mayor. Por otra parte, a medida que el porcentaje de informantes con opiniones pesimistas se incrementa, el valor del indicador disminuirá. Es frecuente que en este tipo de indicadores se utilice el valor de 50 como el umbral para separar el optimismo y el pesimismo; sin embargo, es importante reconocer que la interpretación resulta complicada cuando el porcentaje de respuestas entre el optimismo y pesimismo tiende al equilibrio. En ese caso, considerar el valor de 50 como el umbral ya no resulta lo más correcto, por lo que es frecuente que en los casos en que se tienen series suficientemente largas, la identificación de este umbral se haga de manera econométrica a partir de series desestacionalizadas, mediante la asociación del indicador con cifras duras de la economía.”
Los dos indicadores, tanto del consumidor como el empresarial, realizan las mismas preguntas, tienen las mismas posibles respuestas y se construyen mediante la misma metodología de índices de difusión. Entonces, ¿por qué el INEGI se ha empeñado en poner base 100 a uno y no al otro? Es una inconsistencia difícil de entender, pero parece ser que mientras que el INEGI se preocupó con el bajo nivel del Indicador del Consumidor, no lo estaba con el Empresarial ya que su nivel promedio siempre ya sido mayor. Mientras que el Empresarial ha fluctuado dentro de un rango de 32.6 a 58.4 con un promedio de 52.0 puntos, el del Consumidor se ha movido entre 32.6 y 47.7 con un promedio de 39.8. Otra explicación más simple puede ser que el Empresarial pertenece a la Dirección General de Estadísticas en Establecimientos, mientras que el del Consumidor se construye en otra dirección general, la de Estadísticas en Hogares; diferentes direciiones generales, diferentes criterios a aplicar.
¿Qué ventajas presenta el Indicador con una base 100? Realmente una sola, la de no permitir al usuario utilizar el umbral de 50 puntos como referencia del relativo optimismo o pesimismo. Sin embargo, esta es una razón muy débil por varias razones. Primero, matemáticamente sí es el umbral entre el balance de respuestas optimistas versus pesimistas. Que no lo sea para indicar si el consumo de los hogares (u otro indicador) debería expandirse o retraerse es otra cuestión. Segundo, lo único que tiene que hacer el INEGI es advertir que el uso de los 50 puntos como referencia pudiera tener una “interpretación complicada”, tal como lo hace en el caso del Indicador Empresarial. Finalmente, si al INEGI no le gusta el umbral natural de los 50 puntos, entonces que nos diga cuál sería la referencia econométrica.
Pero, ¿cuáles son las desventajas de dejar al Indicador con su base 100? Aquí sí son muchas. La primera es que es matemáticamente inconsistente. El INEGI convierte a cada una de los cinco subíndices a base 100 y después saca el promedio para presentar el Indicador. Sin embargo, el crecimiento del Indicador con base 100 resulta diferente al Indicador en su versión original. Hace algunos años realicé un ejercicio de comparación y encontré 13 ocasiones en que el INEGI decía que bajaba la confianza cuando realmente había subido y viceversa. Los que no les gustan las matemáticas podrán obviar los siguiente. Pero para los más versados en algebra lineal, sabrán que se puede multiplicar o dividir un vector por un escalar sin modificar el cambio porcentual entre sus componentes; sin embargo, si se divide cinco vectores por escalares diferentes y después se calcula un nuevo vector como promedio de los cinco anteriores, no tendrá las mismas características que si calculamos el sexto vector como promedio de los cinco antes de dividir por sus respectivos escalares.
La segunda desventaja es que al convertir cada subíndice a base 100, ya no se pueden comparar entre sí. Por ejemplo, si comparamos lo que piensan los consumidores de la situación económica del país ahora con lo que perciben en el futuro (con base 100) en marzo, vemos que se percibe la situación actual (89.8) ligeramente mejor a la futura (89.7). Sin embargo, no es cierto ya que estos subíndices en su versión original señalan que la situación actual (33.8) se ubica en un nivel mucho más pesimista que la percepción del futuro (40.1).
La tercera desventaja es que no se puede comparar la confianza del consumidor con el empresarial, a pesar de que ambos indicadores se construyen mediante las mismas cinco preguntas. Por ejemplo, el empresarial indica que en marzo la situación económica actual del país se ubica en 44.11 puntos, mientras que el INEGI nos dice que en el mismo mes, el consumidor lo ubicaba en 89.81 puntos. ¿Quién ve mejor la situación económica actual del país? ¿El consumidor o el empresario? En principio, parece ser que el consumidor tiene lo doble de confianza que el empresario, pero no es cierto; es imposible saber con la imposición de la base 100. Sin embargo, el mismo subíndice del consumidor antes de convertirlo a base 100 señala un nivel de 33.75 puntos, por lo que el empresario tiene una visión más optimista que el consumidor.
La cuarta desventaja es que estos indicadores reflejan ciertos hechos estilizados (stylized facts), que no podemos saber ni apreciar con la base 100. Por ejemplo, el consumidor siempre ve mejor la situación de su hogar y la del país en el futuro que en la actualidad, el consumidor siempre ve mejor a la situación de su hogar que la del país; el consumidor siempre ve con más pesimismo la posibilidad de comprar bienes duraderos que cualquier otra pregunta. También existe un hecho estilizado al comparar la confianza del consumidor con el empresarial: el consumidor siempre es más pesimista que el empresario. Sin embargo, si el INEGI aplica base 100 al indicador, los usuarios no los pueden saber.
La quinta desventaja y posiblemente la más importante, es que en general el indicador con base 100 deja atrás mucha de su utilidad analítica y se presta a comparaciones inválidas que se derivan en conclusiones falsas. En los últimos años he visto un sinnúmero de gráficas de analistas comparando los subíndices entre sí o comparando el indicador del consumidor con el empresarial. Por ejemplo, la semana pasada escuché a un economista resaltar el “hecho” de que el consumidor ve ahora mejor sus posibilidades de comprar bienes duraderos, pero el empresario ve peor el momento actual para invertir. Sin embargo, el empresario sitúa el subíndice en 38.2 puntos, muy por arriba del consumidor que lo ve en 21.0 (ya sin la base 100). Aquí el problema no sólo es el hecho de que disminuye la utilidad analítica, sino que la gran mayoría de los analistas ni siquiera saben que no saben.
El debate sobre el uso de base 100 para este indicador lo llevo personalmente con el INEGI desde hace más de diez años, por lo que a mí me da un enorme gusto que finalmente se presentará al indicador en su versión original. Mi reconocimiento al Instituto por el valor de corregir la presentación de este valioso indicador, aunque sea a los catorce años de su existencia. Creo que es un cambio muy positivo, que solamente va mejorar el valor analítico del Indicador de Confianza del Consumidor. Enhorabuena. Ahora solo falta esperar el anuncio oficial.

La Confianza

Octubre 8th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

En esta ocasión vuelo a tomar un debate que mantengo con el INEGI desde hace más de diez años.
Desde abril de 2001, el INEGI levanta cada mes la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), a partir del cual se elabora el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC). En un principio, la ENCO consistía en ocho preguntas, de las cuales se toman cinco para el cálculo del ICC. A partir de 2003 se extendió la ENCO a 15 preguntas, sin embargo, por razones misteriosos no se divulgan al público las 10 preguntas que no se utilizan en la elaboración del ICC.
El ICC es un indicador muy útil para evaluar el sentimiento del consumidor. Aunque no en forma perfecta, sirve para estudiar las posibilidades de que el consumo de los hogares pueda crecer a la par de la economía, o bien, tomará un curso más cauteloso. Se construye mediante una metodología relativamente sencilla, que cuantifica preguntas y respuestas cualitativas. Cada pregunta tiene cinco posibles respuestas, que se caracterizan por su grado relativo de “optimismo” o “pesimismo”. La respuesta más pesimista posible tiene una ponderación de cero, después 25, 50 y 75, hasta la más optimista que se pondera por cien. De esta manera, cada pregunta se convierte en un subíndice de cero a cien, que refleja algo similar a un promedio ponderado de las respuestas. Si el cien por ciento de las personas responde con la respuesta más pesimista, su valor sería cero; si todos responden con la más optimista, toma el valor de cien. Al final de cuentas, el punto intermedio (50) representa un umbral entre el relativo pesimismo y optimismo de la gente. Para construir el ICC, se toma el promedio simple de los cinco subíndices. De esta manera, se puede evaluar el sentimiento ponderado de los consumidores en cualquier momento dado y seguir de cerca su evolución a través del tiempo.
No obstante, el ICC tiene un problema que dificulta enormemente su interpretación e incluso, se presta a comparaciones no válidas. En muchas ocasiones, los analistas comenten errores analíticos sin darse cuenta. Esto se debe a que el INEGI convierte cada uno de los cinco subíndices a una base 100 para enero de 2003 antes de calcular el promedio correspondiente para el cálculo del ICC. Este procedimiento elimina la referencia de una escala de 0 a 100, lo que ya no permite observar el nivel de confianza tal cual en un momento dado. Esto significa que el nivel de 91.8 que reportó el INEGI para septiembre 2014 sólo sirve para ver cómo ha cambiado a través del tiempo, mientras que el valor en sí no refleja el sentimiento relativo del consumidor. En otras palabras, no sabemos si 91.8 refleja un sentimiento relativamente optimista o no de los hogares. En cambio, si se hubiera reportado en su versión original, sabríamos que el ICC tomó un valor de 38.2 puntos en el mes, lo cual lo ubica ligeramente por debajo de su promedio histórico (39.8) y significativamente menor al umbral de 50 puntos.
El primer problema que refleja el ICC con base 100 es matemático. Dado que no es lo mismo dividir los cinco subíndices por cinco números (escalares) y después sacar el promedio, que sacar el promedio directamente. Esto hace que el cambio porcentual de un mes a otro sea diferente. Con base 100 puede ser que el INEGI reporta una mejoría de 2.1 puntos porcentuales, mientras que en su forma original el incremento fue tan solo 0.8. Peor aún, dependiendo de los momentos, puede darse el caso de que el INEGI reporta una disminución cuando en realidad aumentó (o viceversa). Esto último ha sucedido en más de una docena de ocasiones a lo largo de los últimos 13 años.
El segundo problema del ICC con base 100 es que no debemos comparar los subíndices entre sí (algo que muchos analistas hacen cotidianamente). Por ejemplo, si vemos la información de septiembre como el INEGI lo reportó, encontramos que el subíndice de la situación económica del país comparada con la de hace doce meses tiene un valor de 93.2, mientras que el de la situación esperada del país dentro de un año reporta un nivel de 92.3 puntos. Si comparamos los dos subíndices, deberíamos llegar a la conclusión de que los consumidores son más pesimistas acerca del futuro del país comparado con la actualidad. Sin embargo, dicha conclusión no es válida. Lo único que podemos decir es que en enero de 2003 los dos subíndices tenían un valor de 100 cada uno y ahora tienen los valores reportados, lo cual significa que los dos han disminuido pero el subíndice del futuro del país ligeramente más. De hecho, si tomáramos los valores originales de los dos subíndices antes de que el INEGI impusiera la base 100, encontraríamos que sus niveles en realidad son de 35.0 y 41.2 puntos, respectivamente. Esto significa que claramente los consumidores muestran más optimismo acerca al futuro del país comparado con la actualidad.
De hecho, los valores originales de la Encuesta revelan que los consumidores siempre ven mejor la situación de sus hogares que la del país en general y siempre muestran más optimismo acerca del futuro a la situación actual, tanto para sus hogares como para el país. Esta conclusión analítica de primera importancia no lo podemos deducir de la ENCO o del ICC directamente tal y como lo reporta el INEGI. Peor aún, los analistas están constantemente concluyendo falsedades analíticas sin saberlo.
El tercer problema del ICC con base 100 surge en el momento en que queremos comparar el sentimiento de los hogares con los empresarios. El INEGI levanta la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE) con preguntas muy similares a la ENCO y construye un Indicador de Confianza Empresarial (ICE). Sin embargo, el nivel del ICC de 91.8 de septiembre no tiene nada que ver con el nivel de 52.7 que reporta el ICE, a pesar de que utilizan ambos indicadores la misma metodología y preguntas muy similares. La razón es que el INEGI no pone el ICE en base 100, sino lo deja en su forma original de un índice de difusión de cero a cien. En otras palabras, el ICE se sitúa ligeramente arriba del umbral de 50 puntos, cual podemos comparar con el nivel de 38.2 del ICC sin base 100. Si se hace la comparación como lo reporta el INEGI, pensaríamos que el consumidor es sumamente más optimista que el empresario, cuando sucede en realidad justo lo contrario.
Por ejemplo, en las dos encuestas se realiza exactamente lo misma pregunta: ¿cómo ve la situación económica futura del país comparado con la actualidad? En el caso del consumidor el INEGI dice que es 93.2 y para el empresarial es 54.9. ¿Conclusión posible? El consumidor ve mucho mejor el futuro del país que el empresario. Sin embargo, no es cierto, ya que la pregunta al consumidor antes de pasar a base 100 es 35.0, muy por debajo del subíndice de la EMOE. No solamente no podemos comparar los niveles de la misma pregunta, sino ni siquiera los puntos que subió o bajó, ya que parten de bases diferentes.
Las dos encuestas (ENCO y EMOE) se realizan en Direcciones Generales distintas dentro del INEGI; la primera lo levanta la Dirección General que se dedica a los hogares, mientras que la segunda la Dirección General que atiende a los establecimientos. Sin embargo, llama la atención que dos direcciones generales en un mismo instituto aplican criterios distintos a indicadores similares.
El argumento del INEGI para aplicar la base 100 a enero 2003 es que el ICC siempre se ha ubicado por debajo del umbral de 50 puntos, es decir, el consumidor mexicano es un pesimista eterno, solo que a veces es más pesimista que otras veces. Según esto, significa que el umbral de 50 puntos no sirve de referencia para analizar el sentimiento de los hogares. Más bien se debería establecer econométricamente cual es el umbral empírico que divide el pesimismo relativo de un sentimiento no tan malo. Sin embargo, el problema se puede resolver sin imponer la base 100, mediante a una nota de pie de página que diga que no deberíamos utilizar de referencia el nivel de 50. Por lo menos, habría menos errores interpretativos y el ICC tendría mucho más valor analítico.