Articulos sobre la economía Mexicana
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El INEGI mide el PIB por el lado de la oferta (producción bruta menos consumo intermedio) y por el lado del gasto. Dado que es mediante inferencia estadística, las dos metodologías no dan el mismo número, por lo que se tiene que ajustar con una discrepancia estadística. Dado que se considera que el método de la producción es más robusto, siempre se asigna la discrepancia a la medición por el lado del gasto. Existe un tercer método, que es por el lado de los ingresos, pero el INEGI no lo calcula. Es por eso que no tenemos en México indicadores oportunos y de alta frecuencia de ingresos. Por ejemplo, en Estados Unidos se da a conocer el ingreso personal disponible y el ahorro de las familias cada mes. En México simplemente no contamos con esa información.

Una forma de aproximar el ingreso es mediante el número de trabajadores asegurados y el salario nominal promedio de cotización del IMSS. Si multiplicamos ambos obtenemos una “masa salarial” nominal, que a su vez se ajusta por el aumento en el INPC para obtener una masa salarial real laboral. Si calculamos esta cifra para marzo, encontramos que ha aumentado 3.8 por ciento respecto al año pasado, producto de un aumento de 4.6 por ciento en el empleo y una caída de -0.6 por ciento en el salario real. Pero el problema es que los registros de empleo del IMSS no tienen mucho que ver con el empleo nacional. De entrada, excluye el empleo informal, que INEGI dice que representa 56.8 por ciento del empleo nacional. Sin embargo, tampoco abarca el 43.2 por ciento restante, ya que existe mucho empleo formal no contemplado en el IMSS. Incluso, si contrastamos el empleo del IMSS contra el que calcula INEGI en la ENOE, encontramos que la ocupación nacional crece a un ritmo de 2.1 por ciento (tasa anual del primer trimestre), mientras que el empleo registrado en el IMSS crece a lo doble, 4.2 por ciento. Existe una discrepancia entre ambos desde principios del sexenio, ya que mientras los números del IMSS representaban 33.4 por ciento del empleo nacional en el último trimestre de 2012, para el primer trimestre de 2017 la proporción subió a 36.4 por ciento. El incremento en el número de trabajadores registrados en el IMSS no es solo creación de empleos nuevos, sino también la captación de empleos ya existentes. Por lo mismo, sus cifras no nos dicen nada acerca del ingreso laboral real del país.

La alternativa es utilizar los “datos estratégicos” de la ENOE (en su entrega trimestral), que brinda el número de horas trabajadas por semana y los ingresos por hora trabajada. Si multiplicamos ambos y dividimos entre el INPC, obtenemos los ingresos promedio reales por semana. La misma encuesta nos da la población ocupada remunerada, por lo que obtenemos la masa salarial real laboral a nivel nacional. Los números contrastan mucho con los del IMSS. De entrada, el salario real promedio de cotización del IMSS disminuye -0.7 por ciento en el primer trimestre respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la caída del ingreso real por hora trabajada de la ENOE es -2.2 por ciento. Dado que el IMSS no proporciona el número de horas trabajadas, no podemos comparar el ingreso real promedio. Sin embargo, la masa salarial real del IMSS crece 3.6 por ciento anual, mientras que la de la ENOE crece 2.3 por ciento anual.

¿Qué nos dice el crecimiento anual de 2.3 por ciento? De entrada, es el noveno trimestre al hilo de tasas positivas en la masa salarial real, lo que explica en parte el buen comportamiento del consumo de los hogares justo en el mismo periodo. Aunque la tasa anual es un punto porcentual menor al promedio observado en los ocho trimestres anteriores, sugiere que el consumo deberá seguir creciendo, aunque sea a una tasa ligeramente menor. No obstante, en el margen (es decir, respecto al trimestre anterior) hay una disminución de -1.0 por ciento, debido a la caída en el poder adquisitivo ante el incremento significativo en la inflación en el primer trimestre del año. De hecho, es el segundo trimestre consecutivo con una caída en el ingreso promedio real. De seguir su trayectoria ascendente, es muy probable que la inflación siga disminuyendo los ingresos reales y veamos un consumo más deteriorado en los siguientes trimestres.

Finalmente, la ENOE confirma aumento en el empleo, pero cada vez remunerado con un salario real menor. Esto es el reto principal a vencer.

El INEGI dio a conocer los resultados del indicador de confianza empresarial para abril. En el margen, hay mejorías en todos los sectores y en todos sus componentes. De la misma forma, también se percibe una mejoría en las expectativas de crecimiento del país para el año. Por ejemplo, el consenso de la Encuesta de Expectativas de los “Especialistas” en Economía del Sector Privado de Banxico, subió a 1.7 por ciento, cuando estaba en 1.5 por ciento apenas dos meses. Aunque todavía prevalecen factores que apunta a que el crecimiento este año será menor al de 2016, la diferencia ya no parece ser tan abismal.

¿De dónde proviene este optimismo? Como lo sugiere la apreciación del peso desde mediados de enero hasta abril, hubo una clara sobrerreacción en enero a los daños que representarían el gasolinazo y la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. Sin embargo, es importante matizar esta mejoría, ya que en términos relativos todavía persiste cierto pesimismo. Por ejemplo, en la misma encuesta de Banxico señala un “especialista” que anticipa crecimiento de 0.0 por ciento para el año. El indicador de confianza empresarial muestra dos meses de recuperación, pero aun así sus niveles están en niveles históricamente bajos.

El indicador de confianza tiene varios hechos estilizados que valen la pena recordar. Primero, el empresario siempre ve el futuro con más optimismo que el presente, ya sea de la situación económica del país o la de su empresa. Segundo, siempre refleja mayor optimismo en la situación de su empresa comparado con la del país, ya sea en la actualidad o del futuro. Tercero, el componente de mayor pesimismo siempre es en torno a si ahora es el momento adecuado para invertir. Cuarto, al comparar ésta con la confianza del consumidor, siempre resulta más optimista el empresario. A raíz de estas vicisitudes, resalta el hecho de que lo que motivó realmente el desplome en la confianza empresarial en enero fue una caída brutal en la percepción futura de la situación económica del país. Aunque hubo disminuciones en los cinco componentes del Indicador, éste registró su mínimo histórico, mientras que los demás cayeron, pero ni siquiera cerca de sus mínimos anteriores. En los últimos dos meses la percepción futura del país en la confianza empresarial manufacturero se ha recuperado 6.7 puntos, pero aun así se ubica en la zona de “pesimismo”.

Existen otras señales y tendencias interesantes de este indicador. A partir de mediados de 2011 se modificó la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial para incluir a los sectores de construcción y comercio. También se abrió el sector manufacturero para abarcar siete subsectores diseñados ad-hoc. Anteriormente, el indicador se llamaba “confianza del productor”, pero al incluir más sectores, se modificó a “confianza empresarial”. En los primeros tres años de poder realizar comparaciones entre estos sectores, no se definió uno como más optimista o pesimista, ya que mostraban tendencias similares siendo a veces un sector más optimista y a veces otro. Sin embargo, desde mediados de 2015 los sectores de la construcción y de comercio han mostrado mucho más pesimismo que la manufactura. Resulta interesante esta tendencia, ya que mientras la manufactura mostraba algo de estancamiento, el comercio vivía buen momento ante el crecimiento continuo del consumo de los hogares.

Otra tendencia sugestiva está presente en los tres sectores y también en cada uno de los siete subsectores de la manufactura. Desde prácticamente el inicio de este sexenio se ha presentado una tendencia declinante continuo, es decir, poco a poco, los empresarios han abandonado una visión optimista en general y con el tiempo han mostrado cada vez más y más pesimismo. En los primeros meses del sexenio (de 2013), hubo un incremento en la confianza empresarial, a tal grado que se registró un máximo histórico. El Pacto para México y el discurso de que era el “momento México” dio muchas esperanzas y más que uno compró la idea de sería factible crecer por arriba de 5 por ciento. Sin embargo, esta ilusión se fue desvaneciendo con el tiempo y ahora iniciamos el quinto año consecutivo con una tendencia cada vez más hacia el pesimismo.

Pero, al final de cuentas la mejoría que hemos observado en estos dos meses es simplemente la recuperación de una sobrerreacción a inicios de año y no un cambio de tendencia. Lástima.

Salarios

Mayo 10th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

El consumo de los hogares debería ser el componente más importante del PIB, en el sentido de que su crecimiento continuo significa una mayor prosperidad para la población. Sin menospreciar su distribución, ya que no queremos que sean pocos los que mejoren sino la gran mayoría, debería ser el enfoque principal del crecimiento a largo plazo. Si el gobierno gasta más, debería ser para que la población tenga mejor nivel de vida. Si las empresas invierten más, debería ser para eventualmente mejorar los ingresos de los hogares. Si exportamos más, debería ser para crear más empleo. Al final de cuentas, en forma pareja, queremos que los consumidores tengan mejores ingresos para enfrentar los retos de la vida.

El consumo se explica fundamentalmente mediante los ingresos. Para la mayoría de los hogares, los ingresos provienen de la combinación de empleos y salarios. Primero necesitamos tener empleos y luego procurar que la remuneración de los mismos mejore con el tiempo. En otras palabras, necesitamos más empleos con mejores salarios para incrementar la masa laboral y así fomentar el consumo continuo. Si analizamos la tasa de desempleo de los últimos meses, vemos que se ubica a niveles mínimos de los últimos 15 años. Sin embargo, si examinamos los salarios, encontramos que la gran mayoría de los empleos son de remuneración muy baja. Peor aún, la tendencia es hacia la creación empleos mal remunerados, mientras que cada vez es menor la proporción de empleos de por lo menos 5 salarios mínimos.

El gobierno presume mucho de la generación de empleos formales mediante en número de trabajadores asegurados en el IMSS. No es una cifra del todo confiable, ya muchos de estos empleos ya existían; representan la formalización de ocupaciones informales. No obstante, lleva 7 años consecutivos creciendo entre 3.5 y 4.6 por ciento anual, lo cual no puede ser malo. El problema es que la mayoría de estos empleos son de 3 salarios mínimos o menos. Por ejemplo, cifras de la ENOE señalan que ha aumentado el número de personas con ocupación en 25.8 por ciento en los últimos 10 años. A principios de 2005, 27.7 por ciento de todos los empleos eran mayores de 3 salarios mínimos, mientras que para fines de 2016 la proporción disminuyó a 19.3 por ciento.

Si examinamos las cifras de trabajadores asegurados en el IMSS, encontramos que el empleo se estancó a principios del siglo, en 2001 a 2003, en la recesión que sufrimos en la primera mitad del sexenio de Fox. Sin embargo, a partir de 2004 ha experimentado una tendencia alcista importante, salvo 2009 cuando tuvimos de nuevo una recesión. Sin embargo, cuando comparamos los incrementos reales en los salarios medios reales de cotización, encontramos buenas tasas de crecimiento justo en los años 2001 a 2003, mientras que empiezan a desacelerarse a partir de 2004. Incluso, el crecimiento de los salarios reales entre 2008 y 2014 es muy cercano a cero. En los últimos dos años, cuando el empleo creció 4.3 y 3.8 por ciento en 2015 y 2016, encontramos que los salarios reales crecieron 1.4 y 0.9 por ciento, respectivamente. Estas tasas, aún muy bajas, son las mejores que se han observado desde 2007. Peor aún, estas cifras incorporan la inflación medida mediante el INPC, que subestima la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de la población. La consecuencia es que el consumo de los hogares ha crecido tan solo 2.2 por ciento en promedio anual en lo que va del sexenio, a pesar de la mejoría en el empleo.

Según la ENOE, la población total del país alcanzó 122.7 millones de personas en el último trimestre de 2016, de los cuales el 42.5 por ciento tenían una ocupación. Sin embargo, los asegurados del IMSS (18.6 millones al final de 2016) solo representaban el 35.7 por ciento de la población ocupada. Esto significa que el análisis anterior de las cifras del IMSS es parcial y no dibuja bien la situación de todo el país. Sin embargo, los asegurados por el IMSS representan una parte ciertamente privilegiada de la población ocupada, ya que las cifras del resto muestran remuneraciones todavía más bajas.

¿Qué podemos hacer para mejorar los salarios? La respuesta no puede ser tan trivial como esperar a que mejore la productividad. La búsqueda de un salario mínimo digno puede ser el principio, pero será apenas el primer paso de una muy larga caminata. Para mi queda muy claro, este es uno de los principales retos del país.

Hay Pulso

Abril 4th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Hacía fines del año pasado la economía marchaba a un paso lento, caracterizado por desequilibrios fiscal y externo crecientes. A pesar de un ajuste cambiario extraordinario a lo largo de dos años, nuestras exportaciones no crecían. A pesar de un gasto público sin precedente, la inversión pública seguía cayendo (por séptimo año consecutivo) y la deuda pública ya rebasaba 50 por ciento del PIB. Peor aún, tanto la política fiscal como la monetaria se tornaban más y más restrictiva, prometiendo un freno adicional a la actividad económica. La percepción de la situación económica del país reflejaba un pesimismo no visto en mucho tiempo. En ese momento, gana Trump la presidencia de Estados Unidos. En un par de meses vimos cómo se desplomaba el peso junto con la confianza empresarial y del consumidor.

Ya con el tipo de cambio tocando 22 pesos por dólar y la confianza del consumidor en mínimos históricos, los analistas que se dedican a tratar de anticipar el rumbo de la economía revisaban sus expectativas para el crecimiento a la baja. El consenso llegó a 1.5 por ciento, pero algunos esperaban todavía algo peor. Por ejemplo, las instituciones financieras más importantes como Banamex (1.2 por ciento), Bancomer (1.0 por ciento) y Banorte (1.1 por ciento) fueron de los más pesimistas. Incluso, una institución, BNP-Paribas, puso su expectativa en 0.0 por ciento para el año. No era para menos, ya que algunas de las primeras cifras, como el Indicador IMEF y las ventas de ANTAD, marcaban una clara tendencia a la baja.

Para tener una tasa de crecimiento más cercano a 1.0 por ciento, necesitaríamos anticipar una caída en el PIB en el primer trimestre del año. El escenario lo vea ante una inversión privada detenida por la incertidumbre que representaba Trump y ante un consumo privado más medido por la pérdida en el poder adquisitivo como consecuencia del incremento significativo en la inflación. Pero cuál ha sido la sorpresa que los primeros indicadores duros muestran que la actividad económica sigue creciendo. El INEGI reportó que el IGAE de enero creció 0.27 por ciento respecto a diciembre. Aunque no es una tasa tan robusta, sí implica un ritmo de crecimiento mayor a 3 por ciento y es la novena tasa positiva consecutivo para la actividad económica global. Fue producto de avances marginales en las actividades secundarias y terciarias y de una tasa muy significativa en las primarias. No todo va bien, pues la minería sigue a la baja y el comercio presentó una caída importante (¿saqueos?). Pero simplemente el hecho de que no hubo una tasa negativa en general para el mes fue excelente noticia.

Para febrero, ya tenemos dos indicadores adicionales con buen desempeño. Las exportaciones manufactureras avanzaron 3.6 por ciento en febrero y más aún, muestran una clara tendencia al alza. Las exportaciones no petroleras de enero-febrero se ubican 6.9 por ciento por encima del mismo bimestre del año anterior, mientras que las petroleras reflejan una recuperación muy importante. Dado que las exportaciones han sido el principal motor de crecimiento del país a lo largo de los últimos 24 años, su buen comportamiento es vital. También sigue a la baja el desempleo; la tasa urbano de 3.78 por ciento de febrero es la más baja desde que existe la ENOE desde enero de 2005. La mejoría observada a lo largo de los últimos 15 meses es de las más pronunciadas desde la que vimos después de la crisis “tequilera” de 1997 a 1999. Finalmente, la trayectoria del tipo de cambio en los últimos dos meses ha regresado el valor del peso a los niveles pre-Trump, claro reflejo de que se han revertido las preocupaciones extremas.

No todas las noticias son buenas. Más bien predominan señales mixtas. El desplome en las obras de ingeniería civil es impresionante, la edificación muestra una tendencia lateral desde hace buen tiempo y las ventas de ANTAD anticipan una desaceleración importante en el comercio. El incremento en la inflación en los primeros tres meses del año es sumamente preocupante, ya que anticipa una pérdida importante en el poder adquisitivo, fundamental para el consumo de los hogares. No obstante, la economía no se está colapsando como algunos anticipaban. Se mantiene cierto pulso, nada acelerado, pero lo suficiente como para relajarnos tantito. Con todo esto, es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de crecimiento para el año.