Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI acaba de divulgar los datos pertenecientes al Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) para enero, que señala que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes subió y liga su tercer mes consecutivo por arriba de su tendencia de largo plazo, mientras que el Índice Adelantado disminuyó y lleva 29 meses por debajo de su tendencia de largo plazo. En otras palabras, el adelantado, que se supone anticipa la dirección del ciclo económico (el coincidente), lleva más de dos años diciendo que vamos a entrar en una recesión, lo cual no ha pasado. Mediante un examen rápido a la gráfica del boletín de prensa que compara las trayectorias de ambos, nunca hemos visto que el adelantado haya fallado tanto. Pero, ¿qué significa todo esto?

El SIC es un enfoque del “ciclo de crecimiento”, que identifica las desviaciones de la economía respecto a su tendencia de largo plazo, mediante una metodología desarrollada por la OCDE. Se limita a decirnos si la brecha de la economía respecto a su tendencia de largo plazo es negativa o positiva y si se está ampliando o reduciendo. Pero dado que no especifica si la tendencia ha aumentado o disminuido, realmente no nos dice mucho respecto al ciclo económico en sí. Incluso, es diferente a lo que el INEGI llama el Sistema de Indicadores Compuestos Coincidente y Adelantado (SICCA), que utiliza la metodología clásica desarrollada por el NBER de Estados Unidos y que mapea fielmente el ciclo económico. El INEGI calcula y publica los resultados del SICCA desde 2000. Sin embargo, a partir de 2010 decidió desarrollar el SIC y favorecer su divulgación sobre el SICCA. Al principio, falló en explicar que eran dos enfoques diferentes e incluso le puso la etiqueta de “recesión” al periodo en que la brecha era negativa y se iba reduciendo. Sin embargo, hace unos años tuvo que admitir su error y evitar de utilizar las mismas etiquetas que pertenecen al SICCA. A partir de ese momento, el boletín de prensa del SIC es la más extensa (22 páginas), ya que (entre otras cosas) explica la diferencia entre los dos enfoques.

El SICCA, conocido como el ciclo económico clásico es más intuitivo y útil para entender y comparar nuestro ciclo con el de Estados Unidos. Define fechas exactas de recesiones, recuperaciones y expansiones, totalmente compatible con la tarea que realiza el Comité de Fechas de Ciclos Económicos del NBER de Estados Unidos (ver www.nber.org/cycles). Nos señala que desde 1980 a la fecha hemos tenido seis recesiones, siendo la última de enero 2008 a mayo 2009, con una duración de 17 meses. A partir de mayo de ese año inició el periodo actual de expansión, que lleva 93 meses hasta enero de 2017. Por ende, es el periodo de expansión más larga de toda la historia del indicador. El de mayor extensión anterior fue de noviembre de 1986 a octubre de 1992, de 72 meses.

La expansión actual tuvo un periodo de estancamiento en 2013, que casi se convierte en recesión. No obstante, no hubo un periodo definido y de suficiente duración para clasificar como recesión tal cual. Por lo mismo, este sexenio se apunta (hasta ahora) en ser el primero en no sufrir una recesión (desde que existen los datos a partir de enero de 1980). Este dato no parece encajar con la percepción de los consumidores cuyo nivel actual de pesimismo es más bajo que el que prevalecía en cualquier periodo de recesión. Parte de la explicación radica en el hecho de que el ritmo de expansión actual es el más bajo comparado con cualquier otro periodo. El más lento anterior fue el periodo de 54 meses entre agosto 2003 y enero 2008. Es decir, hemos padecido los dos periodos de expansión más lentas en nuestra historia en los últimos años, interrumpido solamente por una recesión de 17 meses, que resultó ser la segunda más profunda de todos. Esto significa que el ritmo de expansión que hemos tenido en los últimos 162 meses (casi 13 años y medio), desde agosto 2003 a la fecha, es equivalente apenas a 1.7 por ciento anual. Peor aún, si consideramos el periodo de octubre de 2000 a la fecha (196 meses, 16 años y 3 meses), el ritmo disminuye a tan solo 0.7 por ciento anual. Verdaderamente mediocre.

¿Qué entonces explica la mejoría en los últimos meses? Básicamente es el desempeño de la tasa de desocupación urbana, que se ubica actualmente casi un punto porcentual por debajo de su tendencia de largo plazo (su relación con el Indicador Coincidente es inversa).

El INEGI empezó a divulgar indicadores cíclicos en el año 2000, cuando introdujo el Sistema de Indicadores Compuestos: Coincidente y Adelantado (SICCA). Se basó en la metodología que hoy se conoce como la escuela clásica, desarrollada originalmente por Wesley Mitchell y Arthur Burns y después seguido por Geoffrey Moore. Como la mayor parte de sus investigaciones fueron llevados a cabo en el seno del Buró Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos, también se conoce como la metodología del NBER. En su página de internet (www.nber.org/cycles) se puede consultar las fechas de las recesiones de su país a partir de diciembre de 1854 a la fecha. En México, el INEGI presenta información similar, pero solo a partir de enero de 1980.

El SICCA consiste en un índice compuesto de varios indicadores coincidentes para marcar el ciclo económico y otro compuesto de indicadores adelantados para anticipar los puntos de giro, que marcan las fechas cuando empieza y termina una recesión. Ambos indicadores son útiles, no solo para señalar periodos de recesión, recuperación y expansión en nuestro país, sino también para realizar comparaciones con Estados Unidos, que en muchas instancias determina nuestro ciclo. Sin embargo, hacia fines de 2010, el INEGI decide cambiar de metodología, para adoptar la escuela de crecimiento desarrollada principalmente por la OCDE en Europa. Nombrada Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), consiste igualmente en dos indicadores compuestos, coincidente y adelantado, pero que visualiza los ciclos de forma diferente. Mientras que el SICCA utiliza las definiciones clásicas de recesión y expansión, el SIC concibe un patrón de ciclos aun en periodos de crecimiento. Una recesión clásica se define a partir de un periodo extendido (de por lo menos seis meses) de contracción en la actividad económica, pero la escuela de crecimiento define periodos “recesivos” (de crecimiento decreciente por debajo de la tendencia de largo plazo) aun en el caso de una economía con crecimiento positivo. Por ejemplo, China está en una “recesión de crecimiento” al crecer tan solo 7 por ciento, por debajo de su tendencia de largo plazo.

El INEGI cometió varios errores al sustituir el SICCA por el SIC. Primero, no explicó bien al público que se trataba de dos escuelas diferentes, con metodologías distintas, que podrían llegar a conclusiones contradictorias. Segundo, decidió utilizar las mismas etiquetas de recesión, recuperación y expansión para definir etapas que no son las recesiones, recuperaciones y expansiones clásicas. En su momento, advertimos que esto podría llevar a confusiones tremendas en el momento en que la economía estuviera cerca de una recesión. Podría darse el caso, por ejemplo, que el SIC anunciara que estamos en recesión y el SICCA que no. El tercer error fue que el INEGI utilizó indicadores compuestos distintos para el SICCA y el SIC, por lo que todavía era más difícil su comprensión.

En 2013 pasó justamente lo que se había advertido. La actividad económica entró en una etapa de estancamiento, que no llegó a clasificarse como recesión según la escuela clásica, pero sí bajo el esquema del SIC. En su momento hubo grandes confusiones y debates innecesarios, provocados por el mal uso de la etiqueta “recesión”. Primero tuvo que salir la SHCP a desmentir los datos del INEGI y después el propio INEGI tuvo que expandir su boletín de prensa como por diez páginas más para tratar de aclarar los dos enfoques. Finalmente, pasó lo que tuvo que pasar: el INEGI anunció que va a cambiar los nombres de las fases que describen las fluctuaciones del ciclo en torno a su tendencia a largo plazo.

De ahora en adelante, el INEGI no llamara “recesión” a la serie coincidente cuando éste se sitúa por debajo de la tendencia y decreciendo, sino simplemente dirá que “está debajo de la tendencia y decreciendo”, aunque conservará el color rojo para ilustrar su ubicación en el “reloj de los ciclos” en su portal. De la misma forma, dejará de utilizar las palabras “recuperación” y “expansión”. En su lugar, simplemente dirá que está por arriba o por debajo de la tendencia y si está creciendo o decreciendo.

El INEGI aprovechó la ocasión para actualiza los indicadores que utiliza para construir los índices compuestos del SIC. Por ejemplo, para el coincidente sustituye el indicador agregado mensual por el IGAE y en el adelantado utilizará ahora el tipo de cambio bilateral en vez del multilateral. Ahora lo único que hace falta es usar estos mismos indicadores para actualizar el SICCA y así asegurar compatibilidad con el SIC.

El Unico Motor

Noviembre 5th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La semana pasada, comentábamos que en los últimos meses hemos visto muchos indicadores que señalan que la economía ha mejorado, después de un largo periodo (22 meses) de un estancamiento inusual. Lo que más ha destacado y busca empujar al resto de la economía son las exportaciones no petroleras, en especial las del sector automotriz. La inversión privada empieza a reaccionar un poco, mientras que el consumo de los hogares avance a pasos muy lentos. Finalmente, el gran ausente ha sido el gasto público, que a pesar de que la SHCP presume gran despendio, todavía no ha logrado pisar terreno positivo. Con la información con que contamos a la fecha, es casi un hecho de que el crecimiento del tercer trimestre va a desilusionar un poco, por lo que tan solo quedan los últimos tres meses del año para registrar una tasa que implica el comienzo de una recuperación a fondo.
Si bien puede empezar a crecer un poco más el consumo privado, debemos reconocer que parte de una debilidad intrínseca a raíz de un ingreso personal disponible mermado. La incertidumbre mundial limitará la inversión privada, mientras que el gasto público permanece como la gran incógnita. Esto significa que nos quedamos (como siempre) con un solo motor de crecimiento para reactivar a la economía: las exportaciones no petroleras. En septiembre crecieron 11.6 por ciento, la tasa más elevada desde octubre 2010. Todo apunta a que el tropiezo que registró la manufactura en agosto fue más bien una excepción y no un cambio de tendencia. En este sentido, apuntamos la semana pasada, que si las exportaciones no petroleras muestran crecimiento sostenido de dos dígitos en los siguientes meses, será posible ver una mejoría notable en el desempeño general de la economía en un futuro ya no muy lejano.
El lunes tuvimos excelentes noticias al respecto. El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) dio a conocer los resultados del Indicador IMEF Manufacturero para octubre. Resulta que registró 54.8 puntos, su nivel más elevado desde mayo 2012. Si consideramos el mismo indicador pero ajustado por tamaño de empresa, el nivel se ubicó en 55.2 puntos, el más alto desde julio 2010. Si analizamos los subíndices del Indicador, sobresale que los “nuevos pedidos” llegaron a 57.6 puntos, que sólo se ha alcanzado en cinco ocasiones en los últimos siete años, mientras que “producción” se quedó en un sólido 56.6. Más aún, el subíndice de “empleo”, uno de los más débiles, también registró una mejoría importante.
El Indicador IMEF es un índice de difusión, que abarca niveles en un rango de cero a cien con un punto medio de 50. En principio, el umbral de 50 puntos divide a la actividad económica manufacturera en una zona de contracción (por debajo de 50) y una de expansión (por encima), aunque en la práctica se ha visto que niveles entre 47 y 50 son consistentes con un crecimiento positivo, aunque sumamente débil. El Indicador se construye mediante cinco preguntas cualitativas sobre los nuevos pedidos, producción, empleo, entrega de productos e inventarios en relación al mes anterior. Es un indicador muy oportuno, ya que los resultados del mes se reportan el primer día hábil del mes siguiente. Históricamente, hemos visto que niveles por debajo de 45 puntos son consistentes con una recesión, mientras que un registro mayor a 55 puntos implica una economía en franca expansión. Los resultados de octubre nos dicen que la industria manufacturera, liderada por las exportaciones no manufactureras, empiezan a entrar en una fase de mayor expansión, que aunque con cierto rezago, debe reactivar a la economía interna.
El Indicador IMEF No Manufacturero, que abarca comercio y servicios, aumentó 0.4 puntos en octubre para llegar a 52.2 puntos. Es apenas el segundo mes de los últimos ocho, que ha superado los 52 puntos. Significa que las actividades terciarias crecen, pero todavía a un ritmo relativamente lento. Los subíndices de nuevos pedidos (54.2) y producción (53.2) alcanzaron niveles aceptables, sin embargo, el del empleo (49.2) permanece estancado.
Ya tenemos nuestro único motor encendido. Si el gobierno pudiera encontrar el camino para que el gasto público crezca ya en acorde a los recursos registrados y la inversión pública a crecer como debería de ser, la actividad económica pudiera empezar a responder. Sin embargo, el INEGI reporta que en el segundo trimestre, el gasto público real fue el más bajo de los últimos 17 trimestres, mientras que la inversión pública muestra una tendencia negativa en los últimos cuatro años. ¿Qué podemos esperar?

Después de un largo periodo de estancamiento, la mayoría de los indicadores económicos ya señalan recuperación. Por ejemplo, el Indicador Coincidente del Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) del INEGI tocó fondo en febrero y ya registra cinco meses de crecimiento (a julio). Este significa que el conjunto de seis variables que coinciden con el ciclo económico está en la fase de recuperación, que expresa crecimiento aunque todavía se ubica por debajo de su tendencia de largo plazo. Si se mantiene su ritmo actual de crecimiento, pasaremos de la fase de recuperación a una de expansión hacia fines del primer trimestre de 2015.
Resulta interesante detenerse a analizar la trayectoria de la economía que produce el SIC. Al tocar fondo en febrero y empezar a crecer a partir de marzo, el Indicador Coincidente termina una fase de 22 meses consecutivos de disminuciones. Si bien es cierto que la profundidad alcanzada en la fase recesiva fue muy poca (la menos profunda de todas las fases recesivas desde 1980 a la fecha), también es cierto que se estableció un nuevo record en duración. Nunca antes habíamos alcanzado una racha de 22 meses consecutivos con tasas negativas. El record anterior de 20 meses se registró entre mayo de 1985 y diciembre de 1986. También hubo un periodo muy prolongado (37 meses) entre un pico y un punto mínimo entre septiembre 2000 y septiembre 2003, pero que se vio interrumpido por tres meses (abril a junio de 2002) en un intento de recuperación. Esto significa que el estancamiento observado a lo largo de casi dos años, que no logró calificarse como “recesión” en el sentido clásico, fue un periodo nunca visto antes en la economía mexicana (desde que existen datos mensuales a partir de 1980).
También ha mejorado la confianza, tanto del consumidor como el empresarial. El componente cíclico de ambos indicadores muestra una tendencia al alza de siete meses, que empezó en marzo de este año. La confianza del consumidor empezó a disminuir a partir de julio del año pasado, hasta registrar en enero de 2014 su nivel más bajo de los últimos 44 meses. En una escala de 0 a 100 (como debe ser un indicador de difusión), la confianza al consumidor llegó a un nivel de 35.6 puntos en enero y ahora (septiembre) se ubica en 38.2 puntos. Aunque todavía se ubica por debajo de su promedio histórico de 39.8 puntos, su recuperación señala que eventualmente deberíamos observar una mejoría en el consumo de los hogares.
Dentro de la mejoría observada, los dos componentes del Índice de Confianza que más optimismo muestran son referentes a la situación económica de los miembros del hogar. El de la situación actual (comparada con la de hace doce meses) se ubica en 44.3 (versus su promedio histórico de 44.8), mientras que el de la situación esperada dentro de doce meses registra 51.5 puntos (siendo su promedio histórico 52.6). La confianza empresarial muestra un patrón similar. En noviembre de 2013 registró 49.9 puntos, el nivel más bajo de los últimos 45 meses (desde febrero de 2010), mientras que en septiembre de este año se ubicó en 52.7 puntos. Resulta interesante que tanto los consumidores como los empresarios siempre ven mejor la situación de sus hogares o empresas que la del país en general, mientras que también siempre muestran más optimismo acerca del futuro en comparación a la situación actual (tanto para sus hogares como para el país).
Prácticamente todos los indicadores económicos de Estados Unidos muestran mejoría, lo que alimentará nuestras exportaciones a su país. La inversión privada empieza a mostrar una mejoría en su avance, tanto en la construcción como en la adquisición de maquinaria y equipo. A pesar de las medidas fiscales adversas que el gobierno federal impuso a principio del año, se espera que el sector privado aumente sus inversiones en la segunda mitad del año. Por lo tanto, la última lectura de los indicadores económicos muestra mejorías en el consumo de los hogares (aunque todavía sin recuperar totalmente su forma), en la inversión privada y en las exportaciones, junto con una perspectiva de mayor optimismo. Todos estos factores deberán contribuir a un mayor crecimiento económico en el último trimestre de este año y el año próximo. Parece ser que ya se acabó el invierno y se asoma la primavera.
Pero sorprendentemente, el gran ausente de la fiesta es el gobierno: el gasto público real registrada en las cuentas nacionales señala que se ubica actualmente en su nivel más bajo de los últimos 17 trimestres, a pesar de aumentos significativas en la recaudación y la deuda pública.

Nueva Fase

Julio 9th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (2 Comments)

Hace unos días, el INEGI dio a conocer los resultados de su Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) para abril. La buena noticia es que el Indicador Coincidente entró a la fase de “recuperación”, después de haber permanecido en la de “recesión” por 22 meses. Esto significa que el componente cíclico del indicador empezó a crecer por primera vez en 23 meses, aunque todavía se ubica por debajo de su tendencia de largo plazo. Si añadimos la información proporcionada por el Indicador Adelantado, que está creciendo y se ubica por arriba de su tendencia de largo plazo, muy pronto deberíamos encontrarnos ya en una nueva fase de “expansión”.

El Indicador Coincidente es un índice compuesto de seis indicadores que “coinciden” con el ciclo económico, por lo que ayuda a determinar si la economía se ubica por encima o por debajo de su tendencia de largo plazo y a la vez, si la brecha se está ampliando o reduciendo. Resulta importante recalcar que esta metodología de la OCDE, conocida como “ciclo de crecimiento” y adoptada por el INEGI, no utiliza el término “recesión” en su sentido original o clásico  Si se ubica por debajo de su tendencia y la brecha se está ampliando, este enfoque dice que la economía se encuentra en fase de recesión, aun si la actividad económica crece. En cambio, la definición clásica de recesión implica que la actividad económica está disminuyendo en forma generalizada y sostenida. Así es cómo debemos interpretar estas fases del SIC, es decir, estábamos en una brecha negativa respecto a la tendencia de largo plazo, más no en una recesión “clásica”.

Independientemente de la controversia que se suscitó a raíz de las grandes confusiones que generó el INEGI al introducir el SIC, debemos tomar la nueva trayectoria del indicador como señal positiva del rumbo de la economía. De entrada, tres de los seis componentes del indicador cíclico se ubican en “recuperación”, mientras que los otros tres están ya en “expansión”. Esto significa que mientras todos señalan una mejoría, el comportamiento de la actividad industrial, los asegurados permanentes del IMSS y la desocupación urbana se ubican incluso por encima de su tendencia de largo plazo.

Pero posiblemente la mejor noticia de todas en torno al SIC, es el hecho de que los seis componentes y el total aumentaron todos en abril, algo que no se había visto desde febrero de 2012 y que sólo ha ocurrido tres veces desde abril de 2004. Incluso, si examinamos los últimos (casi) 33 años después del boom petrolero (un total de 391 meses), encontramos que esto solo ha ocurrido en 41 ocasiones, es decir, cerca del 10 por ciento del tiempo. En otras palabras, parece ser que la tan anhelada mejoría económica, que tanto han prometido los funcionarios públicos, empieza a asomarse.

Hasta allí se acaban las buenas noticias; ahora vamos a poner todo esto en contexto. En los 22 meses que duró la tendencia negativa del Indicador Coincidente, los primeros 14 fueron de “desaceleración” (es decir, disminuyendo pero todavía por encima de la tendencia de largo plazo) y los últimos 8 fueron de “recesión”. Sin embargo, el pico registrado en abril de 2012 fue significativamente inferior a cualquier otro registrado desde que existen los datos del SIC, mientras que la “expansión” que tuvimos después de la gran recesión de 2008-2009 fue de las más breves. Si bien es cierto que la “recesión” fue muy ligera (poca profundidad y duración), también es de esperar que nuestra nueva fase de recuperación y posterior expansión serán muy lentas. En otras palabras, iniciamos una nueva etapa de crecimiento pero todavía no promete ser muy vigorosa.

Por último cabe señalar que el SIC mapea la economía en relación a su tendencia de largo plazo y los datos señalan que hemos estado muy cerca de esta tendencia en los últimos cuatro años. Lo que no revela el SIC es la tasa de crecimiento tal cual de la tendencia, ya que la iguala a 100 a través del tiempo. Sin embargo, podemos intuir que después de décadas de casi no crecer, la tasa debe ser muy baja. En otras palabras, si en los siguientes meses logramos crecer ya por arriba de 100, no podemos presumir de mucho, ya que de todos modos estaremos al borde de la mediocridad.

Si buscamos pasar del SIC a lo que pudiera implicar para el crecimiento del PIB, podemos intuir que la tendencia de largo plazo no puede ser muy superior al 2 por ciento. Posiblemente este año alcancemos crecer ligeramente más que el doble que el año pasado, es decir un poco más de ese 2 por ciento y todavía lejos de lo que necesitamos.

Los datos oficiales del INEGI del Sistema de Indicadores Cíclicos sirven para determinar en qué fase del ciclo económico nos encontremos, ya sea expansión, desaceleración, recesión o recuperación. La nota metodológica que aparece cada mes en su boletín de prensa dice claramente que para determinar si estamos en recesión o no, es necesario primero contar con por lo menos 21 meses entre el pico actual y el pico anterior (para asegurar que estemos en un ciclo distinto al anterior) y que existe por lo menos 9 meses de desaceleración desde el último pico. En cuando a estos criterios, existe más de cuatro años entre el pico actual y el anterior, mientras que llevamos 21 meses de desaceleración. Por lo mismo, según los datos y definición oficial del INEGI, la economía mexicana se encuentra actualmente en una recesión.

Este hecho ha causado algo de controversia, ya que varios funcionarios de primer nivel han desconocido el hecho. Parte es que para muchos la definición de una recesión es que existan por lo menos dos trimestres consecutivos de caída en el PIB. Sin embargo, este no es realmente su definición sino solamente una regla de aproximación. Está documentado que lo de los dos trimestres fue una idea al vapor del economista Arthur Okun cuando éste estaba al frente del Consejo Económico del Presidente Lyndon Johnson de Estados Unidos en 1967. En plena campaña electoral, existía preocupación por la percepción del público de que existiera una recesión. Okun introdujo la idea como una fórmula sencilla para convencer a la gente de que no estaban técnicamente en recesión. Fue una decisión arbitraria, sin fundamento teórico, que nació como una idea interesante en una campaña política para ayudar a que Johnson ganara las elecciones.

La definición exacta de una recesión fue establecida en la década de los 20 del siglo pasado por los economistas Wesley Mitchell y Arthur Burns, en el seno del Buro Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos. Esta institución es una organización académica privada no lucrativa y sin afiliación partidista, que se dedica a promover un mejor entendimiento sobre el funcionamiento de la economía. La definición original y correcta es de una caída significativa de la actividad económica que se extiende por toda la economía en su conjunto y abarca también al estado del empleo (se puede consultar en www.nber.org/cycles/). No se usa directamente al PIB para su determinación (ya que es de frecuencia trimestral), sino específicamente al ingreso real, el empleo, la producción real y las ventas al menudeo (todos indicadores mensuales).

Investigaciones posteriores en el NBER, conducidas principalmente por el economista Geoffrey Moore (fundador del Instituto de Investigación de Ciclos Económicos, ECRI), encontraron que la mejor forma de reproducir los ciclos económicos y así aproximar las fechas de comienzo y fin de las recesiones era mediante la construcción de índices compuestos de indicadores coincidentes, que consistían justamente de los indicadores antes señalados. El NBER decidió establecer en 1978 el Comité de Fechas de los Ciclos Económicos y desde entonces, ha existido un proceso formal para anunciar los picos y valles de la actividad económica. Aunque el Comité ha señalado que no utiliza una fórmula específica para determinar los tiempos, el índice compuesto de indicadores coincidentes replica de manera fiel todas las fechas reportadas por el NBER.

En el año 2000 el INEGI desarrolló por primera vez el Sistema de Indicadores Compuestos: Coincidente y Adelantado (SICCA) con base en la metodología clásica del NBER. Con estos indicadores se pudo determinar de manera exacta el comienzo y fin de las seis recesiones que tuvimos hasta 2010. No obstante, en noviembre de 2010 el INEGI decidió cambiar de metodología y adoptar la escuela de los ciclos de crecimiento, empujado sobre todo por la OCDE. Así nació el Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), que se utiliza de manera oficial para determinar los ciclos económicos y las fechas de comienzo y fin de las recesiones.

El índice compuesto coincidente que utiliza el INEGI en el SIC, consiste de seis indicadores, que tienen la propiedad esencial de replicar (coincidir) el ciclo económico. Estos son: la actividad económica (básicamente el IGAE), la actividad industrial, las ventas al por menor de establecimientos comerciales, el número de asegurados permanentes registrados en el IMSS, la tasa de desocupación (desempleo) abierto urbano y las importaciones totales.

La metodología de la OCDE consiste en desagregar el índice compuesto coincidente en sus componentes estadísticos, típicos de cualquier serie de tiempo: el patrón estacional, la tendencia-cíclico, la tendencia de largo plazo y el elemento aleatorio (conocido como ruido blanco). Lo primero que se hace es igual la tendencia de largo plazo a 100 a lo largo del tiempo y después ver el comportamiento de la tendencia-cíclico respecto a la tendencia de largo plazo. Si el indicador se ubica por encima de 100 y creciendo se dice que se ubica en su fase de “expansión”. Si se ubica por encima pero disminuyendo se encuentra en la etapa de “desaceleración”. Si el indicador cae por debajo de la línea de 100 y sigue disminuyendo, está en “recesión”, mientras que si empieza a crecer de nuevo entra en la fase de “recuperación” hasta que vuelva a cruzar la línea de 100. En otras palabras, las fases se determinan en función de que si el indicador crece o disminuye y su ubicación respecto a su tendencia de largo plazo.

Los últimos datos disponibles señalan a tres de los indicadores del índice compuesto en fase de recesión (ventas, asegurados y desempleo), mientras que los otros tres se sitúan en recuperación. Salvo los indicadores laborales, que todavía muestran mucha debilidad, los otros indicadores parecen mostrar señales de mejoría. Esto significa que esta recesión, que es poco profundo en comparación a cualquier otra recesión de la economía mexicana, está a punto de terminar y convertirse ya en recuperación.

Afortunadamente, el INEGI es hoy en día una institución autónoma, que se dedica a divulgar indicadores bien hechos y confiables aun cuando no señalan lo que quieren las autoridades. Queda claro que en otras épocas, las autoridades no hubieran permitido al INEGI publicar cifras que contradicen en forma tajante las declaraciones de los funcionarios. Ahora nos divertimos ver como los funcionarios tratan de desacreditar el trabajo del INEGI, negar públicamente lo que dicen las cifras y menospreciar su trabajo.

Hace dos semanas, abordamos el tema de la recesión para explicar que no se determina mediante dos trimestres consecutivos de caída en el PIB (es más bien una regla de aproximación) y que existen dos escuelas al respecto: la clásica, desarrollada por el NBER en Estados Unidos hace como 90 años y la de crecimiento, impulsada principalmente por la OCDE. Originalmente, el INEGI utilizaba el enfoque clásico (que se encuentra bajo SICCA en su Banco de Datos, BIE). Sin embargo, en 2010 introdujo el SIC, cuyo enfoque son los ciclos de crecimiento. En principio ambos se complementan, ya que se enfocan en aspectos distintos; mientras que la clásica busca periodos extendidos de una caída generalizada y significativa de la actividad económica para decir que existe una recesión, la otra escuela define una “recesión de crecimiento” en función de las desviaciones respecto a la tendencia de largo plazo de la economía.

Si examinamos en forma detenida los datos del SIC y del SICCA del INEGI, queda claro que la economía está en una “recesión de crecimiento”, más no en una recesión clásica. El problema que yo vi desde que el INEGI introdujo el SIC, fue que se utilizan las mismas etiquetas de “recesión”, “recuperación” y “expansión” para ambos enfoques a pesar de que no son conceptos iguales. Me acuerdo muy bien argumentar en el INEGI en su momento que esto iba crear muchísima confusión cuando estuviéramos cerca de una recesión. Pues dicho y hecho.

La existencia de una recesión es algo no deseable y embarazoso para los funcionarios, por lo que existe o no, lo niegan. En Estados Unidos resolvieron la controversia recurrente al establecer en el pleno del NBER un Comité de Fechas de los Ciclos Económicos, que se encarga de determinar y anunciar los picos y valles de la actividad económica. El público en general y los académicos en particular reconocen a este Comité como el árbitro oficial (pueden visitar los resultados en www.nber.org). Dado que en México no existe algo similar, cada vez que nos aproximamos a una recesión se arma el debate y aumenta la confusión. Peor ahora desde que el INEGI introdujo el SIC.

A través de las últimas décadas se ha discutido la posibilidad de tener un Comité similar en México, sin que nadie se haya aventado a tratar de organizarlo. Pero, ¿qué pasaría si lo tuviéramos? Déjame imaginar que fuera miembro de dicho Comité y que tuviéramos que tomar una resolución. Lo primero sería enfocarnos en la escuela clásica, ya que no se trata de determinar si estamos en una “recesión de crecimiento”, sino en un periodo extendido y significativo de una caída generalizada de la actividad económica. Lo segundo, sería enfatizar que la decisión final no se puede tomar antes de que tengamos todas las cifras finales, es decir, ya sin posibilidad de revisar. Esto en Estados Unidos significa que anuncian las fechas, en promedio, alrededor de 12 a 15 meses después de haber concluido el ciclo. La determinación de las fechas no se hace en forma precipitada, ni en atención a las demandas del público. Es más bien un ejercicio académico.

En seguida vendría ya la examinación a fondo de las cifras. El índice compuesto de indicadores coincidentes (del SICCA y no del SIC) establece un pico en noviembre de 2012, pero realmente sin definir una caída significativa ni extendida. En los siguientes 15 meses, marca una disminución en solo seis ocasiones y solamente en una ocasión se presenta caídas en dos meses consecutivos. Al analizar los indicadores coincidentes por separado, prácticamente todos indican lo mismo: no hay caídas significativas, ni extendidas y menos generalizados. Algún que otro presenta síntomas más graves, pero no con la fortaleza necesaria para establecer la existencia de una recesión. Por lo mismo, mi voto tendrá que ser no hemos entrado en recesión en algún momento dado en los últimos dos años.

Aquí proceden unas recomendaciones al INEGI y a los funcionarios. En primer lugar, el INEGI necesita aclarar y explicar mucho (pero mucho) mejor la diferencia entre una recesión clásica y una recesión de crecimiento. El gobierno debe poner atención a la explicación y no descartar las conclusiones del INEGI simplemente porque no le conviene. Al enfrentar la pregunta de que si estamos en recesión o no, el funcionario debería admitir que estamos en una recesión de crecimiento, que significa que estamos en un bache por debajo de nuestro potencial (que sería la tendencia de largo plazo), pero que no hemos caído en lo que es una recesión clásica, es decir, una caída significativa, extendida y generalizada de la actividad económica.

Mal Momento

Septiembre 21st, 2011 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (0 Comments)

Los últimos dos meses han sido de mucha incertidumbre, caracterizada por alta volatilidad en los mercados financieros.  Mayor debilidad económica de Estados Unidos y problemas estructurales crecientes en Europa han llevado a la mayoría de los expertos a disminuir sus expectativas de crecimiento para este y el próximo año para la mayoría de los países.  De una proyección de consenso superior a 3.0 por ciento para Estados Unidos hace medio año, se ha revisado ahora a la baja a 1.7 por ciento para 2011.  México no es la excepción, ya que se percibe cada vez más que la actividad económica va a empezar a desacelerarse pronto.  El hecho de que el tipo de cambio se haya disparado tanto es clara señal de que muchos inversionistas ven al peso mexicano con mayor riesgo que antes.

Si hacemos un corte a la economía a mitad de año, vemos que México iba relativamente bien.  Mientras que vimos una clara desaceleración en el PIB de Estados Unidos, la actividad económica mexicana siguió adelante.  A pesar de las interrupciones en algunas cadenas de suministro a raíz del tsunami en Japón, hubo mayor crecimiento en el segundo trimestre que en el primero.  Pero más importante aún, había muchas señales de que el sector privado ya veía bien el momento para empezar a invertir más.

Ante la pregunta en la Encuesta sobre opinión empresarial, de cómo veían el momento actual para invertir comparado con el de hace 12 meses, los empresarios ya mostraban el mismo nivel de confianza que existía antes que iniciara la crisis de 2008-2009.  El uso de la capacidad instalada ya había regresado a niveles máximos anteriores, señal de que era momento de invertir en ampliar dicha capacidad si se quisiera seguir creciendo.  Indicadores como la importación de maquinaria y equipo y de la inversión fija bruta ya mostraban crecimientos mayores.

Lo anterior nos lleva a pensar que la expansión de la actividad económica en la segunda mitad del año sería igual o mayor a la observada en la primera mitad.  Con el impulso tradicional del gasto público anterior a las elecciones, era probable que el crecimiento pudiera haberse acelerado hacia la primera mitad de 2012.  Sin embargo, ahora parece que la incertidumbre creciente en los mercados globales detendrá muchos planes de inversión y muy pronto experimentaremos una desaceleración.  La depreciación del tipo de cambio ayudará a mantener el impulso en las exportaciones no petroleras ante una menor demanda proveniente de Estados Unidos.  Sin embargo, no queda claro que podrá ser suficiente para evitar una pérdida de dinamismo en los siguientes meses.

Si observamos la trayectoria del ciclo económico, encontramos que la recuperación empezó en mayo de 2009 y lleva a la fecha 28 meses sin poder convertirse todavía en una fase de expansión.  Si nos comparamos con la recuperación de 2003-2005, posterior a la recesión de 2000-2003, vemos que para estas alturas ya habíamos iniciado una expansión.  Dado que esa recuperación había sido la más larga en nuestra historia (que empieza en 1980 desde que contamos con información suficiente), vemos que estamos estableciendo una nuevo record.

Lo anterior se desprende de la visión clásica de los ciclos económicos establecida por economistas norteamericanos hace como 80 años y es la misma metodología que prevalece en Estados Unidos hasta la fecha.  Resulta importante no confundir con el “reloj de los ciclos económicos” del INEGI, que se refiere a una visión distinta, llamada ciclos de crecimiento, que pretende redefinir los ciclos y alega que ya tenemos tiempo en una fase de expansión.  El ciclo de crecimiento define recesiones, recuperaciones y expansiones en relación a la tendencia de crecimiento de largo plazo (sin nunca divulgar cuál es).  Si es que esta visión dice que estamos en plena expansión, ha de ser porque bajó la tendencia de largo plazo.  El problema es que nunca sabremos, ya que no es muy transparente.

La visión clásica no pretende esconder o redefinir fases del ciclo económico: queda muy claro que estamos todavía en fase de recuperación.  Si el índice compuesto de indicadores coincidentes (clásico) crece en los siguientes meses al mismo ritmo visto en los últimos 12 meses, regresaremos al nivel observado en el pico anterior (enero 2008) en febrero del 2012.  Esto significa que habremos tardado 34 meses en recuperar lo perdido en la recesión de 2008-2009, en comparación a los 27 meses que tardamos en recuperar lo perdido ante la recesión anterior.  Sin embargo, dado que todo apunta a que creceremos menos en los siguientes meses, lo más probable es que tardaremos aun más.

Queda claro que la desaceleración anunciada a raíz de los últimos descalabros en los mercados financieros llega en mal momento.