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El Motor de Crecimiento

noviembre 30th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Motor de Crecimiento)

Desde 1994, el motor principal de crecimiento (si no es el único) han sido las exportaciones no petroleras. Cuando crecen a buen ritmo, “jalan” a la economía interna. En cambio, cuando disminuyen o muestran crecimiento lento, la economía interna se apaga. Las exportaciones nos ayudaron a salir de las recesiones de 1995, 2001-2003 y 2008-2009. Los momentos de mayor crecimiento (1996 a 2000 y 2010 a 2012), fueron productos de su buen avance. En cambio, las dos recesiones de la década pasada fueron provocados por una disminución en nuestro comercio exterior, resultado de recesiones en Estados Unidos.

En 2013 tuvimos muy poco crecimiento (casi caímos en recesión), como consecuencia de la política fiscal del gobierno actual, pero también ante cierta atonía de la economía de Estados Unidos y recesiones en muchas partes de Europa. En los siguientes dos años, hubo una mejora marginal, pero no lo suficiente como para que pudiéramos crecer al ritmo deseado. También hubo mucha desilusión en las reformas estructurales, que quedaron cortas sin cumplir con lo prometido. Al final de cuentas, Estados Unidos es el destino de más del 80 por ciento de nuestras exportaciones, por lo que dependemos mucho de su economía.

Ayer martes, Estados Unidos anunció que su crecimiento del tercer trimestre fue 3.2 por ciento, una tasa relativamente buena. También hemos visto que el tipo de cambio ha aumentado más de 50 por ciento en los últimos dos años, para situar al peso mexicano en su mayor nivel competitivo en más de 20 años. En principio, la combinación de ambos factores debería provocar gran auge en nuestras exportaciones, que a su vez estaría “jalando” la economía interna. Sin embargo, no es así.

El viernes pasado, INEGI divulgó las cifras de comercio exterior para octubre. Las exportaciones totales mostraron una baja de -4.4 por ciento con respecto al mismo mes del año pasado, resultado de una caída de -4.9 por ciento en las no petroleras y una recuperación de 4.4 por ciento en las petroleras. Resalta que las no petroleras dirigidas a Estados Unidos se ubican -5.9 por ciento por debajo del año anterior, mientras que al resto del mundo crecieron 0.2 por ciento. En otras palabras, dónde el tipo de cambio debería explicar el mayor avance, es justo dónde tenemos la mayor disminución. Sin dudas, octubre fue mal mes, pues las no petroleras cayeron 5.7 por ciento respecto al mes anterior. No obstante, el año en su conjunto va terminar mal, pues el acumulado de enero a octubre se ubica -2.4 por ciento por debajo del mismo periodo del año pasado.

Si la economía de Estados Unidos va bien y el tipo de cambio real está en niveles históricos desde que tenemos el régimen cambiario actual, ¿por qué nuestras exportaciones no logran despegar? La explicación radica en la mayor integración que hemos visto de México en la economía de Estados Unidos, en especial a partir de 2010. Cada vez más las exportaciones de Estados Unidos al resto del mundo llevan insumos importados desde México. Ante el dólar fuerte, las exportaciones de Estados Unidos han perdido competitividad y su producción manufacturera ha quedado estancado. No obstante, como su motor principal de crecimiento es el consumo de los hogares (y no las exportaciones), la economía ha logrado crecer. Al final de cuentas, el efecto ingreso (sus exportaciones) ha superado al efecto precio (el tipo de cambio), es decir, por más barato que le podemos ofrecer los insumos, no nos están comprando nuestras exportaciones.

Lo que estamos viendo es un cambio estructural, mediante el cual la variable de ajuste tradicional (el tipo de cambio) ha dejado de jugar un papel preponderante en el comercio entre los dos países. Nuestras exportaciones tienen un alto grado de insumos importados de Estados Unidos, mientras que las exportaciones de Estados Unidos tienen un grado creciente de insumos importados de México. Esto impide que el tipo de cambio actué como en el pasado como incentivo para que podemos exportar más.

¿Qué implicaciones tiene? Primero, es casi un hecho que el tipo de cambio seguirá al alza en un intento de equilibrar la oferta y demanda de dólares en el país. Segundo, nuestro país es ahora mucho más vulnerable que antes ante los flujos de comercio exterior y de inversión extranjera. Tercero, como consecuencia Trump representa todavía mayor peligro para el país.

Las Perspectivas de 2016

enero 20th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Las Perspectivas de 2016)

Sin duda, 2015 fue un año atípico. Sufrimos una depreciación marcada del peso respecto al dólar, pero una inflación mínima histórica, mientras que nuestras exportaciones no petroleras prácticamente no crecieron, pero la economía interna (en especial el consumo privado) tuvo un desempeño positivo. Todo apunta a que el crecimiento final será alrededor de 2.5 por ciento. Si analizamos los componentes del PIB por el lado del gasto, encontramos que la mayor expansión viene por el lado de las exportaciones y el único negativo será la inversión pública. La pregunta que debemos hacer es ¿veremos algo similar en 2016 o habrá aspectos que cambien?

Posiblemente lo más importante serán las exportaciones no petroleras, ya que casi siempre han sido el motor principal de crecimiento. En 2015 bajó mucho la demanda externa a pesar de tener la ventaja del aumento en el tipo de cambio. En términos de dólares nuestras exportaciones se estancaron, pero en pesos reales tuvieron un desempeño positivo, efecto combinado de la depreciación y de la inflación baja. Dado que no debemos esperar que el peso se deprecie en 2016 en la misma forma que el año pasado, no podemos esperar un fenómeno similar. Esto significa que el desempeño en dólares este año marcará el impacto sobre el PIB, por lo que será clave la demanda externa, en especial la de Estados Unidos. ¿Podrá mejorar la economía de nuestro vecino?

El dólar fuerte perjudicó las exportaciones de Estados Unidos en 2015, lo que explica en buena medida su pobre desempeño manufacturero. El último dato del ISM Manufacturero (diciembre) no fue bueno (disminuyó a 48.2), por lo que no se ve una recuperación en el corto plazo. Las expectativas del PIB norteamericano para este año son de tan sola una mejoría marginal. Aún bajo el supuesto de un mayor crecimiento de nuestras exportaciones en dólares, difícilmente podemos esperar que el impacto en pesos reales (en el PIB) sea tan bueno como del año pasado. En otras palabras, no debemos esperar mucho en este rubro.

Ante la dificultad que representa el entorno externo, lo único que nos queda es voltear hacia dentro. ¿Habrá más inversión privada? ¿Se mantendrá el consumo de los hogares? ¿Tendrá impacto el gasto público?

De entrada, vemos dos sectores claves que podrán marcar una diferencia importante: petrolero y construcción. En 2015 hubo una disminución en la extracción de petróleo y gas, que le restó alrededor de 0.6 puntos porcentuales al crecimiento económico. Todo indica que ya no bajará más en 2016 e incluso, podría presentarse una recuperación marginal. De ser cierto, el efecto base tendrá un efecto positivo en el PIB. Después de presentarse una recuperación significativa en la construcción en 2014, se presentó un estancamiento en el 2015. Aparentemente, los desarrolladores de vivienda ya absorbieron los efectos negativos de la crisis de 2012-2013 y deberán mejorar este año. De ser cierto, deberíamos ver algo similar que con el sector petrolero, es decir, cierto impulso por un efecto de base positivo.

Dado que el consumo privado representa más de dos terceras partes del PIB, será esencial que continúe su buen desempeño en 2016. Sin embargo, mucho del crecimiento que vimos el año pasado fue de una recuperación contra los dos años anteriores. Por lo mismo, aquí el efecto base no será tan favorable. Es posible ver todavía una expansión positiva de las comparas de los hogares, pero con una contribución menos favorable en el PIB.

En términos de la inversión privada, debemos recordar que la construcción explica más de dos terceras partes. El resto, la compra de maquinaria y equipo, deberá tener un desenvolvimiento positivo en respuesta a las reformas estructurales. Aquí sí esperamos una mayor contribución al crecimiento del PIB en 2016 comparado con el año pasado. Sin embargo, la inversión pública enfrentará todavía mayores problemas este año debido a los necesarios esfuerzos de consolidación fiscal, por lo que debemos anticipar otra vez una contribución negativa al PIB.

En síntesis, no esperamos que 2016 sea de nuevo un año atípico, sino más bien de un regreso a condiciones más normales. Habrá factores que podrán resultar benéficos este año y contribuir a un mayor crecimiento comparado con los tres años pasados, pero igual hay factores que no pintan tan bien. ¿Dónde quedará la bolita? Por lo pronto, el consenso se ha consolidado en una tasa de 2.7 a 2.8 por ciento, que significa una mejoría marginal, pero todavía muy muy lejos de una tasa superior al 5 por ciento, que nos prometieron si se aprobaran todas las reformas estructurales.

La Marcha de la Economía

noviembre 3rd, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Marcha de la Economía)

En estos últimos días se han divulgado indicadores económicos que básicamente ofrecen un panorama mixto del desempeño actual de la economía. Igual, se presentarán varios más en estos días, que seguramente confirmarán el mismo mensaje: la economía mantiene un paso lento. Si consideramos el entorno externo, podemos decir que no estamos tan mal, pero si tomamos las promesas que realizó el gobierno a principios del sexenio, tenemos que estar decepcionados.

Parte de nuestro problema es que la economía de Estados Unidos no muestra mucho dinamismo y en particular, su producción industrial se encuentra estancada desde hace tiempo. El motor principal de crecimiento de México son las exportaciones no petroleras, de los cuales más del 81 por ciento van a nuestro país vecino. Dado que 88 por ciento de las exportaciones totales son bienes manufactureras, el desempeño de la producción industrial de Estados Unidos es vital. El lunes anunció el Institute of Supply Management (ISM) que su indicador manufacturero disminuyó 0.1 puntos en octubre para ubicarse en 50.1. Dado que el umbral entre una economía en expansión y una estancada es de 50, podemos interpretar este resultado como una noticia mala para México.

El Indicador IMEF Manufacturero registró en el mismo mes un aumento a 51.6 puntos, después de tres meses consecutivos a la baja. Sin embargo, el mismo indicador ajustado por tamaño de empresa disminuyó 0.7 puntos, lo que sugiere que el sector manufacturero mexicano continuará débil. El INEGI reportó que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes permaneció básicamente sin cambios en agosto, pero el de Indicadores Adelantados disminuyó 0.1 puntos para ya registrar doce meses al hilo con una tendencia a la baja y seis por debajo de la tendencia de largo plazo. Hasta hace poco, el INEGI definía esta situación como una etapa de “recesión”. Aunque ya admitió que la etiqueta no era la adecuada, de todos modos anticipa una economía débil con tendencia a debilitarse aún más.

El Banco de México dio a conocer su encuesta mensual de “especialistas” en economía del sector privado. A pesar de que no cambian las expectativas para el crecimiento, lo que más llama la atención es que de los 37 encuestados, 47 por ciento opinan que la economía está mejor que hace un año y 53 por ciento piensan que no, una opinión totalmente dividida. Solo 31 por ciento juzgan que mejorará el clima de negocios y es buen momento para invertir, mientras que los demás no están de acuerdo.

En estos días se publicarán los indicadores de confianza empresarial y del consumidor para octubre, donde podremos ver si el ambiente desolado entre la población empiece a cambiar o no. También conoceremos la Inversión Fija Bruta y el Consumo Interno de agosto, dos indicadores que van mejor que el resto de los componentes por el lado del gasto del PIB. Ante la debilidad de las exportaciones, aquí deberíamos encontrar un poco más de evidencia de lo poco que crece en la economía.

Al final de cuentas, todos estos indicadores nos ayudan a armar el rompecabezas de la economía mexicana. A estas alturas, se espera que la economía tendrá un crecimiento entre 2.2 y 2.3 por ciento, mientras que el año pasado avanzó 2.2 por ciento (según la última revisión del PIB anual). Por lo mismo, estamos por ver si el PIB de 2015 será igual o marginalmente mejor que el año anterior. Para esto, nos ayuda mucho la nueva “estimación oportuna” del PIB, que ahora el INEGI nos dará 20 días antes de que salga  el cálculo tradicional. Mediante información perteneciente a más del 80 por ciento del trimestre y una estimación econométrica del 20 por ciento faltante, el INEGI nos “adelantó” que se espera que el crecimiento del tercer trimestre alcance 0.6 por ciento respecto al anterior. De resultar acertada, el dato es positivo, ya que mejora marginalmente la expectativa de un PIB mayor. Incluso, de mantener la misma inercia en el último trimestre del año, el crecimiento del año podría terminar entre 2.3 y 2.4 por ciento.

La estimación oportuna del PIB sitúa a México entre los ocho países del mundo que con mayor oportunidad reportan el crecimiento de la actividad económica. Sin embargo, sabemos que existe una relación inversa entre precisión y oportunidad. En Estados Unidos se pueden presentar variaciones significativas entre su primer estimado a los 30 días y los siguientes dos que difunda a los 60 y 90 días. Sin embargo, no queda claro si así será en México. El INEGI presume de una innovadora metodología, que ha puesto bajo prueba y promete ofrecer estimaciones más o menos acertadas. Pues ya veremos.

El Crecimiento de 2014

febrero 24th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (Comentarios desactivados en El Crecimiento de 2014)

El INEGI anunció que el crecimiento económico de 2014 fue 2.1 por ciento, el número esperado por todos. En esta ocasión ya no hubo sorpresas, pues era muy difícil que el mes que faltara para completar el año fuera lo suficientemente malo para que las matemáticas dieran una tasa menor, o bien, que sorprendiera mucho al alza para alcanzar 2.2 por ciento. Lo único que hubiera podido haber sucedido es que el INEGI incorporara información nueva en los periodos anteriores (previamente reportados), de tal manera en que las tasas de los primeros tres trimestres resultaran diferentes. Sin embargo, no fue el caso ya que las cifras anteriores sufrieron solo modificaciones marginales.

Así terminamos el año creciendo 0.3, 1.0, 0.5 y 0.7 por ciento, respectivamente, para cada uno de los cuatro trimestres del año. Crecimos más que Estados Unidos en el primer y último trimestre del año y menos en el segundo y tercero, pero en el año en su conjunto nuestras vecinos terminaron con una tasa (2.4 por ciento) mejor que nosotros. Estados Unidos empezó el año muy mal con una caída de -2.1 por ciento en el primer trimestre, a raíz de condiciones climatológicas adversas. Sin embargo, se repuso su economía y terminaron relativamente bien. Su desempeño favorable ayudo a impulsar nuestras exportaciones no petroleras, que de nuevo terminaron el año como nuestro principal motor de crecimiento.

De nuevo, fue un año mediocre que no solo desilusionó a la población en general, sino que puso en evidencia la dificultad de anticipar el rumbo de la economía. Ya nos pasó en 2013, cuando el consenso para el crecimiento a principios de año era alrededor de 3.5 por ciento y solo logramos crecer 1.4 por ciento. Para 2014 habíamos pensado que el crecimiento podría estar cerca de cuatro por ciento, cuando la realidad nos dijo que no, solamente 2.1 por ciento. Por segundo año consecutivo, la tasa de crecimiento resultó ser alrededor de dos puntos porcentuales menores a lo previsto, un margen demasiado amplio.

A la institución que más le ha llovido es la SHCP. Pero para ser justo, le fallamos todos. Si consultamos la Encuestas de Expectativas de Banamex de hace exactamente un año, el consenso (la mediana de 24 instituciones financieras) señalaba 3.4 por ciento de crecimiento para 2014. La expectativa más optimista era de HSBC (4.1 por ciento), mientras que la más pesimista fue Vector (2.3 por ciento). Pero aunque Vector se veo muy pesimista en ese momento, aun así quedó por arriba. Peor aún, solo dos instituciones más (Invex y Signum) anticipaban crecimiento menor a 3.0 por ciento (2.9 y 2.8 por ciento, respectivamente). Podemos consultar otras encuestas y encontramos resultados similares. Incluso, las instituciones internacionales como la OCDE, Banco Mundial y FMI fallaron igual.

Si nadie le atinó, ¿por qué le reclamamos más a la SHCP? La respuesta es simple: es juez y parte. No solo participa en este juego de los pronósticos, sino que mediante su política económica influye en el resultado. Es el ente encargado de promover una política contra cíclica, es decir, bajar los impuestos cuando la economía está estancada e incrementar la inversión pública. Sin embargo, impulsó una reforma fiscal con aumentos de impuestos y su gasto público tuvo muy poco impacto en el PIB. En adición a las decisiones de finanzas públicas, fue la SHCP quien impulsó las famosas reformas estructurales y prometió al país que ahora si era el momento de México.

¿Por qué pensábamos que íbamos a crecer más? Anticipábamos que muchos de los factores que contribuyeron a la desaceleración del 2013 se iban a revertir. Aunque así pasó con la industria de la construcción y a las exportaciones no petroleras, algo pasó con el gasto público. La SHCP nos iba informando que estaba gastando cada vez más y más, pero las cuentas nacionales indicaban lo contrario. Aunque fue mucho más notorio con la inversión pública, el gasto corriente que realizaba la SHCP no tuvo impacto en el PIB en 2014. No conoceremos los componentes por el lado de la demanda (consumo privado, inversión y gasto público) hasta dentro de un mes, pero todo parece señalar que la inversión pública y el gasto público (gasto corriente) serán los únicos con tasa negativa, o si no, con las tasas más bajas.

También esperábamos una recuperación más robusta en la inversión privada. El gobierno vendió muy bien la idea de que las famosas reformas estructurales atraerían mucha inversión, tanto extranjera como interna. Sin embargo, no fue así. La confianza que pudieron haber generado fue nulificada por los escándalos políticos, por la continua violencia y la rampante corrupción. Al final, la inversión privada creció, pero no lo suficiente como para considerarse motor de crecimiento.

El otro factor fue el consumo de los hogares. Aunque sabíamos que la reforma fiscal tendría un impacto negativo en el consumo privado, no estábamos tan al tanto del desgaste del ingreso familiar que se venía gestando desde 2010. ¿Por qué? Principalmente por falta de datos. El INEGI no calcula el PIB por el lado de los ingresos, por lo que no produce indicadores relevantes de ingresos familiares. Sin embargo, viendo los salarios promedio de cotización del IMSS y los microdatos de la ENOE del INEGI empezamos a intuir (aunque ya muy tarde) que las familias no tenían el poder adquisitivo necesario para contribuir más al crecimiento económico.

Todas las proyecciones para 2015 anticipan una mejoría en relación al 2014. La expectativa más pesimista (de nuevo de Vector) es de 2.3 por ciento, superior al crecimiento del año pasado. Aunque hemos visto una revisión a la baja, el consenso de ahora es 3.1 por ciento, que representa un punto porcentual completo por encima del 2.1 por ciento de 2014. El Banco de México estableció un rango de 2.5 a 3.5 por ciento, mientras que la SHCP sostiene su rango (que ahora se ve exageradamente optimista) de 3.2 a 4.2 por ciento. Pero después de dos años de mucha desilusión, ¿por qué insistimos que sí vamos a crecer más? En especial, ante un entorno muy complicado caracterizado por la baja en el precio del petróleo, recortes en el presupuesto público y tensiones geopolíticos en todo el mundo.

No olvidemos las elecciones de medio sexenio. Es casi un hecho de que ahora vamos a empezar a sentir ese gasto público. Pero sabemos que será temporal. ¿Qué pasará en la segunda mitad del año? ¿Será suficiente el impulso inicial para motivar al resto de la economía, o se apagara de nuevo? El impacto del gasto público y en especial de la inversión pública serán claves para estimular la economía. El problema es que los recortes vienen más por el lado de la inversión, por lo que el balance final no queda claro.

Pero la incógnita más grande radica en el consumo de los hogares. En el corto plazo, no parece que pudiera cambiar la tendencia, más que mediante creación de empleos derivados de la inversión privada. Pero las últimas estadísticas señalan que los nuevos empleos son de baja remuneración, con poco impacto macroeconómico. La confianza del consumidor no cambia. La tasa de desempleo urbano no disminuye. Obviamente vamos estar muy atentos a los primeros indicadores de este trimestre, pero si no empieza a levantar más la actividad económica, podemos desde ahora pronosticar revisiones continuas a la baja en las expectativas de crecimiento para el año.