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Y la Inflación?

julio 9th, 2013 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Y la Inflación?)

Ante la evidencia abrumadora, el Fondo Monetario Internacional reconoció que México crecerá por debajo de 3% este año, tasa menor a la esperada para el promedio mundial. En general, el instituto revisó a la baja el crecimiento de los países emergentes, alegando que sus economías enfrentan restricciones en capacidad instalada, menor crecimiento de crédito y condiciones externas débiles. En el caso de México podemos agregar el subejercicio del gasto público, la crisis del sector construcción y una inmovilización del gasto privado ante la incertidumbre que prevalece al inicio del sexenio. Ya queda claro que el crecimiento económico de nuestro país en 2013 será la más baja de los últimos diez años, salvo la notable excepción de los años de la gran recesión (2008-2009).

En teoría, cuando la economía crece más que su potencial se generan presiones inflacionarias. Sin embargo, entre 1996 y 2000 cuando la economía creció 5.5% en promedio por cinco años, la inflación mostró una clara tendencia a la baja. En la última década, solo hemos crecido por encima de 5% en dos ocasiones: en 2006 crecimos 5.2%, mientras que la inflación aumentó marginalmente a 4.1%; y en 2010 el PIB aumentó 5.3%, mientras que la inflación aumentó menos de un punto porcentual para terminar el año en 4.4%.

Tampoco queda claro que cuando la economía se estanca o entra en recesión, baja mucho la inflación.  Más bien, desde que se logró terminar el año por primera vez con una tasa menor a 4% en 2003 (y apenas, ya que fue 3.98%), el patrón que observamos es un sube y baja continua de tal forma que aumentaba la inflación en los años pares y bajaba en los nones.  Se rompe con esta tendencia por primera vez en 2012 cuando baja la inflación, pero solo ante el fenómeno de una baja significativa en los precios del servicio de telefonía móvil al final de año.  Sin embargo, más que responder a las presiones asociadas al ciclo económico, el principal problema inflacionario de México ha sido la presencia recurrente de choques de oferta.

Ante el estancamiento de la actividad económica de este año, ¿es factible observar una baja en la inflación? A principios de año sufrimos varios choques como la influenza aviar y el virus en los limones, que contribuyeron a un incremento en la inflación que culminó entre abril y mayo con una tasa anual por encima de 4.6%. Fue claro que los precios agrícolas marcaron la pauta, ya que la tasa anual de los precios de frutas y verduras rebasaron 25%, mientras que la de los precios pecuarios llegó a estar por encima de 15%.

En cambio, la inflación subyacente ha promediado 2.91% en los últimos siete meses, llegando a registrar 2.79% en junio, la tasa más baja desde que existe su medición. Hay que recordar que la subyacente es una medida analítica que busca medir la trayectoria de la inflación en el mediano plazo, substrayendo los precios muy volátiles (como los agrícolas, que suben y bajan mucho con alta frecuencia en función de las condiciones climáticas) y los precios que obedecen más a criterios políticos que de mercado (como los energéticos y las tarifas de gobierno). Sin embargo, la distinción entre los precios subyacentes y los no subyacentes también separan los precios que son susceptibles a la política monetaria de los que obedecen a otra lógica.  Por lo mismo, podemos decir que las acciones de Banxico han funcionado hasta donde pueden, ya que la inflación subyacente se ubica por debajo del objetivo puntual de 3%.

El componente subyacente también ha enfrentado choques de oferta, siendo el último el que afectó gravemente a los precios de mercancías alimenticias hacia finales de 2010. A partir de diciembre de ese año, el subíndice correspondiente se colocó por encima de 4% por 30 meses consecutivos, registrando un máximo de 7.5% en octubre de 2011.  Finalmente y por primera vez en dos años y medio, en junio de 2013 registró una tasa anual nuevamente por debajo de 4% (3.94%).

En principio, se anticipa que continúe la trayectoria descendiente en la segunda mitad del año para terminar 2013 entre 3.6% y 3.8%. Su evolución no dependerá tanto de la fortaleza o debilidad de la actividad económica, sino mucho más de la ausencia o presencia de nuevos choques de oferta.  Ya no parece quedar mucho espacio para más disminuciones en los precios de frutas y verduras, pero todavía podrían bajar los de los pecuarios. En el margen, habría que estar atentos a posibles presiones por la recién depreciación de la moneda (en mercancías y servicios susceptibles como turismo) y la evolución de los precios de los energéticos. Finalmente, favorece la baja la base de comparación del año pasado, donde hubo aumentos elevados en la segunda mitad del año.

El Tamaño Ideal de las Reservas Internacionales

diciembre 11th, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Ejecutivos de Finanzas - (Comentarios desactivados en El Tamaño Ideal de las Reservas Internacionales)

A fines de noviembre de 2012, los activos internacionales netos (que es la definición que utiliza el FMI para las reservas) registraron 168,320.6 millones de dólares, mientras que las reservas internacionales netas se ubicaban en 163,117 millones (que es la definición según el artículo 19 de la Ley del Banco de México).  Para la mayoría de las personas que ven estas cifras, les parece una cantidad desorbitante y no entienden la preocupación del Banco de México para acumular tantos dólares.  Muchos piensan que se deberían utilizar estos recursos para financiar proyectos de inversión productivas, mientras que otros opinan que el Banco simplemente no necesita mantener tantos recursos.

El propio Banco opinaba hasta antes de la gran recesión de 2008-2009 que el ritmo de acumulación era excesivo, por lo que implementó un mecanismo para que las reservas no crecieran tan rápidamente.  Mediante el uso de subastas, vendía al mercado la mitad de lo que había acumulado en el trimestre anterior.  Detrás de esta política estaba el hecho de que mantener reservas cuesta mucho, por lo que no convenía tener un acervo demasiado grande.  Sin embargo, cuando hubo un desorden en el mercado cambiario en 2008 que provocó un ajuste significativo en el tipo de cambio, el banco central se dio cuenta que la cantidad que tenía en esos momentos no era suficiente para evitar sobresaltos.  Incluso, contribuyó a que dos agencias calificadores le bajaran la calificación de riesgo soberana al país.

La solución en su momento fue la contratación de una línea de crédito flexible (FCL) con el FMI por alrededor de 47 mil millones de dólares en abril, 2009.  En ese momento, México tenía cerca de 77 mil millones de dólares de reservas, por lo que la complementación de esta línea precautoria ayudó a constituir 124 mil millones de reservas contingentes.  La forma en que opera la línea de crédito del FMI es la aprobación de un monto máximo que puede pedir prestado el país en cualquier momento dado, por lo que funciona como un complemento a las reservas reales.

Un año después (marzo 2010), México decidió renovar la línea por el equivalente a 48 mil millones de dólares para complementar sus reservas de casi 96 mil millones del momento y así obtener una reserva contingente de 144 mil millones de dólares.  Sin embargo, los vaivenes e incertidumbres en los mercados financieros internacionales llevaron a que se suscribiera un nuevo arreglo en enero de 2011 por 72 mil millones de dólares.  Dado que las reservas representaban 119 mil millones en esa fecha, la nueva línea elevó la reserva contingente a 191 mil millones de dólares.

Dado que este último FCL expira en enero de 2013, el gobierno acaba que suscribir un nuevo acuerdo por 73 mil millones de dólares, que sumado a los 168 mil millones que tiene como activos internacionales, significa que la reserva contingente ahora suma 241 mil millones de dólares.  Tanto el FMI como el Banco de México opinan que el monto actual de activos internacionales sería “adecuado” bajo circunstancias normales, pero insuficientes para enfrentar los riesgos inherentes de una nueva crisis global.  La línea de crédito, en cambio, pretende proveer al país de suficientes recursos para enfrentar dicha situación que pudiera generar una aversión global al riesgo y ocasionar un reacomodo generalizado de recursos a nivel internacional.

La acumulación acelerada de reservas y la contratación de líneas de crédito complementarios, nos lleva a preguntar ¿cuál es el tamaño ideal de las reservas? y ¿cómo se puede medir?

Una de las medidas que se ha utilizado desde hace mucho tiempo, es mediante el número de meses de importaciones, siendo la recomendación mantener un mínimo de tres meses en reservas.  México mantenía alrededor de cuatro meses antes del deterioro observado en 1994.  Sin embargo, resultó por mucho insuficiente, ya que se agotaron rápidamente, llegando alrededor de medio mes justo después que el peso se devaluó en diciembre de 1995.  No fue hasta 2002 que las reservas volvieran a representar en promedio más de tres meses de importaciones, que fue el nivel que existía justo antes de los desajustes en los mercados a mediados de 2008.  En los últimos cuatro años se ha acelerado la acumulación de reservas y ahora el país tiene el equivalente de alrededor de cinco meses.

Para comprender esta medida, tenemos que recordar que ahora México importa muchísimo más.  Pero el problema es que se volvió irrelevante comparar las reservas contra importaciones a partir de la apertura comercial, que ha hecho que las exportaciones tengan una muy elevada correlación con las importaciones.  Ante un desequilibrio en la balanza comercial que provoca una caída abrupta en las exportaciones, las importaciones se ajustarían automáticamente a la baja, sin necesidades de medidas adicionales.

Una medida que también se ha utilizado es la relación de reservas al PIB, es decir, en tamaño a la actividad económica.  Para fines de 2011 el FMI reporta que México tenía 12.9% de reservas como proporción de su PIB, por debajo del promedio de 16.6% de una muestra representativa de 37 países que utiliza el FMI para fines comparativos.

Un estudio publicado en el American Economic Journal en 2010, señala que la relación de reservas al agregado monetario más amplio (M4) es un indicador de particular importancia para mercados emergentes para medir la cobertura de reservas contra el riesgo de fugas de capital.  Para fines de 2011, el FMI reporta que México tenía 21.2% de reservas en proporción al M4, muy por debajo del promedio de 33.7% que tienen los 37 países señalados.

Pero ¿cuál es el riesgo principal que enfrenta México?  En los últimos tres años el acervo de inversión extranjera en portafolio ha aumentado por casi 80%, de casi 200 mil millones de dólares a mediados de 2009, a 355 mil millones a mediados de 2012.  Las entradas de capital han sido cuantiosas en especial en el mercado de deuda soberana local (en pesos).  El incremento de liquidez mundial (como consecuencia de políticas monetarias muy expansivas), los fundamentos macroeconómicos sólidos que tenemos, la inclusión de México en el World Global Bond Index (WGBI) y la relación rendimiento/riesgo del país, han contribuido a una reestructuración estructural en las asignaciones de portafolios mundiales a favor de los activos mexicanos.  Esto significa que una aversión global al riesgo podría provocar una estampida de recursos hacia otros países y portafolios, provocando un verdadero caos para los mercados mexicanos.

Es en este sentido que debemos medir nuestras reservas contra la inversión en portafolio.  Aquí México tiene una cobertura de 48.2% de reservas como proporción a la inversión extranjera en portafolio, comparado con 134.0% promedio de la muestra de 37 países.  El reporte del FMI nos ubica no sólo por debajo del promedio, sino en último lugar en su comparativo.  Esto significa que por más grande que aparentan nuestras reservas, si los medimos mediante estos indicadores, nos ubicamos por debajo del promedio de otros países y en una situación muy vulnerable a los riesgos existentes.

A primera vista, la tasa de desempleo en México es de las más bajas de todos los países de la OCDE e incluso en comparaciones con la mayoría a nivel mundial.  Esta simple observación lleva a muchos a descartar este indicador como bueno para analizar la coyuntura económica del país.  Sin embargo, el INEGI utiliza todas las recomendaciones y definiciones internacionales expuestas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicas (OCDE) y demás instancias.  El hecho de que nuestra tasa sea menor molesta a muchos analistas y medios, a tal grado que utilicen explicaciones erróneas e imprecisiones que sólo contribuyen a la confusión reinante en la materia.

Parte de la culpa lo tiene el propio INEGI, que no ha sabido aclarar lo suficiente, divulgar mejor cultura estadística y reportar adecuadamente los resultados de su encuesta.  Otra parte de la culpa lo tiene la propia ley que respalda al Sistema Nacional de Información Estadística, que es el sostén del INEGI.  La ley simplemente no le otorga suficiente autonomía al INEGI para que pueda corregir las imprecisiones que existen.

De entrada vale la pena repetir (otra vez) que México utiliza los mismo marcos metodológicos y las mismas definiciones que los demás países en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).  Esto significa que, en parte, la explicación de nuestra tasa relativamente baja de desempleo radica más en aspectos estructurales de nuestro mercado laboral y no en un mal empleo de la encuesta o en una supuesta manipulación.  La encuesta actual, la ENOE, se introdujo en 2005 con bastantes mejorías que “corregían” prácticamente todas las críticas que existían con anterioridad.  Un análisis a fondo de la estructura laboral mexicana lleva a conclusiones convincentes de porque tenemos los niveles de desempleo actuales.

El empleo y la existencia de un mercado laboral son conceptos relativamente modernos, ya que hace 200 o 300 años prácticamente no existían.  La mayoría de la población se dedicaba a la agricultura de autoconsumo.  No ofrecían su mano de obra porque no existía una industria que lo demandaba.  En la medida en que la economía se fue desarrollando, se fue formando un mercado laboral con su oferta y su demanda.  En otras palabras, entre más desarrollado sea una economía, más desarrollado será su mercado laboral y más posibilidades para que existen desempleados (personas que ofrecen su mano de obra pero no encuentran quien se lo demande).

Lo anterior se puede ejemplificar mediante varias observaciones de la economía mexicana.  Si examinamos la tasa de desempleo por tamaño de ciudad, encontramos que entre más grande (urbanizada) la ciudad, más elevada es la tasa de desempleo.  En un extremo, podemos observar a las comunidades rurales y encontraremos que sus tasas de desempleo son sumamente bajas.  Incluso, es tanta la diferencia que la mayoría de los países (y las recomendaciones internacionales) es que no se debe mezclar el desempleo urbano con el rural, ya que obedecen a dos problemáticas sumamente distintas y por ende, las decisiones de política económica para atenderlos son diferentes.  Si examinamos el desempleo por estados (o regiones), también encontramos que las tasas más bajas existen en los estados más pobres (Chiapas, Oaxaca y Guerrero), mientras que las más elevadas son de los estados más prósperos.

La introducción del ENOE en 2005 obedeció a la necesidad de modificar ciertas definiciones y corregir algunas imprecisiones, de tal forma que la tasa promedio de desempleo aumentó alrededor de un punto y medio porcentual.  Sin embargo, se cometieron varios errores al sustituir la encuesta anterior por el ENOE.  Primero, se enfrentaron recortes presupuestales que forzaron a reducir la muestra, por lo que aumentó el porcentaje del error muestral.  Sin embargo, el error fue mayor a un simple recorte de la muestra, ya que dependiendo del tamaño de la ciudad, cualquier recorte indiscriminado puede llevar a un aumento o disminución de la tasa general, dependiendo de qué ciudades se excluyeron.

El segundo error fue que el INEGI aceptó la imposición de la Secretaria de Trabajo de juntar en una tasa “nacional” el desempleo urbano y el rural, de tal forma que la nueva tasa de la ENOE bajó casi dos puntos porcentuales respecto al anterior.  De esta forma, no hubo la percepción en un cambio en el nivel de la tasa cuando se introdujo la ENOE y muchos analistas piensan a la fecha que el INEGI nunca realizó las mejorías discutidas.

El tercer error cometido fue en el diseño del boletín de prensa que utiliza el INEGI para divulgar los resultados mensuales de la ENOE.  La notica más importante y relevante del boletín es la tasa de desempleo urbana, pero esta se menciona en forma escueta hasta la página 7.  El primer párrafo del boletín habla de la tasa de participación, que es una cifra casi irrelevante y de poca importancia coyuntural.  ¿Para qué empezar con esta cifra?  La única explicación es para distraer la atención de lo verdaderamente importante.  La tasa de desempleo nacional, que no hay que confundir con la urbana (que es la utilizada por casi todo el mundo), se menciona en el tercer párrafo del boletín.

¿Qué necesita hacer el INEGI?  Primero, incrementar la muestra de la encuesta al tamaño original que se tenía de 48 ciudades e eliminar las ciudades cuyo tamaño no llega a por lo menos 20 mil habitantes.  Segundo, eliminar el concepto de desempleo rural y nacional y utilizar el desempleo urbano como el concepto relevante.  Tercero, poner la tasa de desempleo urbana en el primer párrafo de su boletín.