Articulos sobre la economía Mexicana
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Después de las Vacaciones

enero 11th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Después de las Vacaciones)

Hacia fines de diciembre, cuando la mayoría estábamos concentrados en el Maratón Guadalupe-Reyes, el INEGI dio a conocer algunos indicadores sobre la marcha de la economía. Posiblemente los más importantes son los del desglose del PIB por el lado del gasto para el tercer trimestre. Desde fines de noviembre, INEGI ya había reportado el crecimiento del PIB de 1.0 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.0 por ciento respecto al mismo trimestre del año pasado; los primeros tres trimestres del año registraron una actividad económica de 1.95 por ciento superior al mismo periodo de 2015. Sabíamos que las actividades secundarias crecieron 0.1 por ciento en el trimestre, producto de caídas de -2.5 y -0.3 por ciento en la minería y la construcción, respectivamente, con un avance de 0.8 por ciento en la manufactura. También conocíamos que las actividades terciarias (comercio y servicios) habían avanzado 1.4 por ciento. Pero no fue hasta el 21 de diciembre que el INEGI informó el desglose por el lado del gasto, es decir, los crecimientos del consumo, la inversión y el comercio exterior. Por ejemplo, medio sabíamos del avance de la inversión fija bruta (IFB) total, ya que el INEGI publica los resultados mensuales (con un gran rezago, por cierto). Sin embargo, en este desglose el instituto da a conocer cuánto fue pública y privada, datos de por más interesantes.

Después de haber disminuido -1.0 por ciento en el segundo trimestre, la IFB total cayó -0.1 por ciento en el tercer trimestre y resulta que el nivel de los primeros tres trimestres del año apenas se ubica 0.1 por ciento por encima del mismo periodo de 2015. No obstante, la IFB privada creció 1.1 por ciento en el trimestre y los tres trimestres están 2.1 por ciento arriba del año anterior. En cambio, la IFB pública disminuyó -7.8 por ciento en julio-septiembre y el año se encuentra -10.3 por ciento por debajo del año pasado. Resulta que la IFB pública ha disminuido en 25 de los últimos 29 trimestres y en los once últimos consecutivos. Se ubica en su nivel más bajo desde el cuarto trimestre de 2002, es decir, de los últimos 14 años. Significa que 2016 será el séptimo año consecutivo de tasas anuales negativas para la inversión pública. Seguramente 2017 será el octavo.

Sin embargo, a pesar de los pésimos números, la caída de la inversión pública no es novedad. A estas alturas de 2015 se ubicaba también -10.3 por ciento por debajo de los primeros tres trimestres de 2014. Pero entonces, ¿qué factores explican que el PIB está creciendo ahora menos? En los primeros tres trimestres de 2016 llevamos 1.95 por ciento, comparado con 2.70 por ciento en 2015. Primero, resalta el hecho de que no solamente sigue el avance del consumo de los hogares, sino que en este año está creciendo más (2.8 por ciento en 2016 versus 2.1 por ciento en 2015).

La desaceleración se explica fundamentalmente por cambios drásticos en la inversión privada y en las exportaciones y en mucho menor medida por menos crecimiento del consumo público. A estas alturas de 2015 la inversión privada avanzaba a un ritmo de 9.2 por ciento, comparado con 2.1 por ciento en 2016. Pero el cambio más pronunciado esta en las exportaciones, que en 2015 se ubicaba 9.2 por ciento por encima de los primeros tres trimestres del año anterior, siendo que ahora están tan solo 0.01 por ciento por arriba del mismo periodo de 2015. En pocas palabras, el consumo privado es el único componente por el lado del gasto que crece por arriba del PIB, mientras que la inversión privada casi al mismo ritmo; el consumo público y las exportaciones crecen por debajo del PIB y la inversión pública es el único componente con tasa negativa.

Es interesante observar la diferencia en el crecimiento de las exportaciones en dólares nominales (que es el flujo de la balanza comercial) con la medición en pesos reales. La balanza comercial muestra una disminución de -3.8 por ciento en los primeros tres trimestres del año, mientras que las cuentas nacionales registran prácticamente el mismo nivel (0.01 por ciento). El año pasado, observamos una caída de -4.1 por ciento en las exportaciones reportadas en dólares, mientras que crecieron 10.4 por ciento en pesos reales. Pero aguas, ya que la comparación no solo refleja diferencia de precios y volumen, sino también las cuentas nacionales abarcan servicios no factoriales.

Como todos saben, el INEGI reportó una inflación mínima histórica a finales del año pasado de 2.1 por ciento. Al mes de julio ligamos 15 meses consecutivos con una tasa anual por debajo del objetivo puntual de 3.0 por ciento. Sin embargo, estos datos simplemente no parecen corresponder a la realidad que enfrentamos. Vemos como muchos precios de bienes esenciales con gran ponderación en nuestro presupuesto suben mucho pero mucho más de lo que reporta el INPC. Cada vez escucho más y más que se cuestiona la medición de la inflación, ya no solo del ciudadano común sin mucho conocimiento de cómo se construye un índice de precios, sino de analistas iniciados en el tema. Al final de cuentas, ¿qué tan creíble son los datos que se reportan?

Empecemos con el Coneval, organismo encargado de medir la pobreza. Parte integral de la medición multidimensional de la pobreza son los umbrales de ingresos que se calculan para poder comprar la canasta alimentaria, o bien, la canasta alimentaria y no alimentaria (llamémosla de bienestar), conocidos como las líneas de bienestar mínimo y de bienestar, respectivamente. Para julio, Coneval informa que el ingreso mensual por persona para adquirir la canasta alimentaria es de 1,321.24 pesos, mientras que para comprar la canasta de bienestar se necesita 2,667.94 pesos mensuales por persona. Para hacer estos cálculos, Coneval utiliza la información del INPC del INEGI para las cotizaciones de los genéricos, pero utiliza sus propias ponderaciones.

Si tomamos 2010 como año de referencia, INEGI reporta que la inflación acumulada es de 28.9 por ciento en los últimos seis años y medio. No obstante, Coneval reporta que el costo de la canasta de bienestar ha aumentado 32.9 por ciento en el mismo periodo, cuatro puntos porcentuales más. Sin embargo, el costo de la canasta alimentaria ha incrementado 43.8 por ciento, quince puntos porcentuales más que la inflación oficial. En otras palabras, pensando que los precios de los genéricos que reporta INEGI son correctos, pero utilizando ponderadores más realistas, ya tenemos diferencias importantes.

Pero, ¿podemos creer qué los precios de los genéricos son correctos? Por ejemplo, todas las rentas de las viviendas en Tijuana son en dólares, pero INEGI los cotiza en pesos. He escuchado problemas en cómo se cotizan los servicios turísticos en paquete y el transporte aéreo. Aparentemente, los precios de los coches no son tan representativos de lo que más se compra. Me han comentado que muchos precios que reflejan toda la depreciación de la moneda no están contemplados. La fórmula para el cálculo del servicio telefónico celular ha sido sumamente criticada. Se sobreestimó el efecto del transporte público gratuito en los días del no circula. Otro problema adicional abarca a las personas que levantan cada quincena los precios. Los precios de los huevos no tienen una ponderación entre mercados, tianguis y supermercados que corresponde a la realidad. Dicen que muchos encuestadores se ahorran el trabajo de cotizar correctamente, ya que su supervisión es sumamente laxa. No he guardado una lista de todas las observaciones que me han hecho en este sentido, pero si lo hubiera hecho, les aseguro que sería una lista de muchas hojas.

Para rematar existe un problema metodológico de fondo, ya que el patrón de gasto que se utiliza para el cálculo del INPC proviene de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH). ¿Se acuerdan de esta encuesta? Sí, es la que estuvo en medio de la gran controversia del mes pasado en torno a la medición de los ingresos de los hogares. Así como solo capta el 50 por ciento del consumo de los hogares y menos del 10 por ciento de las remesas, tiene grandes carencias en cuanto al gasto de las familias. Por ejemplo, resulta que nadie toma bebidas alcohólicas en su casa durante la semana que va de visita el encuestador. Aparentemente, el gasto reportado es muy distinto a lo que abarca el INPC.

Estamos muy conscientes de las limitaciones que tiene el INPC para medir el poder adquisitivo de la población que vive con ingresos insuficientes para comprar la canasta de bienestar. Pero, ¿qué tal el ejecutivo medio? Consume en los restaurantes de Masarik, toma vino tinto de la Rioja, viaja en Uber y compra en la sección gourmet de Palacio, pero su incremento salarial va acorde al INPC. También ha perdido poder adquisitivo en los últimos años.

Crecimiento por el Lado del Gasto

junio 22nd, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Crecimiento por el Lado del Gasto)

Hace un mes, el INEGI divulgó que el PIB creció 0.8 por ciento en el primer trimestre respecto al cuarto de 2015 y 2.8 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Al mismo tiempo, informó el desempeño de las actividades productivas, desagregado por 20 sectores, dentro de los cuales destacaron las actividades primarias y el sector de la construcción. La noticia fue muy buena, ya que el crecimiento no solo fue mejor que lo esperado, sino también mucho mayor al de Estados Unidos: la tasa anualizada (de 0.8 por ciento) es 3.3, comparada con la de nuestros vecinos de 0.8. Hace unos días, el INEGI complementa la información anterior con el desglose del PIB por el lado del gasto. Con esta nueva información, podemos entender todavía mejor el comportamiento económico del país.

Resulta que el consumo de los hogares creció 0.5 por ciento, ligeramente por debajo de los cuatro trimestres anteriores. Aun así, fue el componente de mayor aportación al crecimiento, ya que el consumo representa 67.9 por ciento del PIB; explicó 37 puntos base, casi el 45 por ciento de la tasa. No obstante, su crecimiento fue menor al del PIB, por lo que la proporción del consumo en el total cayó a 67.7 por ciento. El componente de mayor crecimiento fue la inversión privada, que aumentó 1.8 por ciento respecto al trimestre anterior y 5.0 por ciento respecto al mismo periodo de 2015. A pesar de ponderar alrededor de una cuarta parte de lo que representa el consumo en el PIB, contribuyó con 32 puntos base al crecimiento, es decir, casi 40 por ciento de la tasa trimestral. Con este avance, la inversión privada ya representa 18.4 por ciento del PIB, un nuevo máximo histórico.

El tercer componente en orden de importancia fueron las exportaciones, que crecieron 0.4 por ciento respecto al trimestre anterior y 3.1 por ciento anual. Aunque el avance es muy modesto, su ponderación de 35 por ciento del PIB, permitió que contribuyera con 14 puntos base a la tasa del trimestre del PIB. Sin embargo, es muy notorio su desaceleración, ya que la tasa anual del primer trimestre del año pasado fue 12.6 por ciento. En 2015, las exportaciones medidas en pesos reales crecieron 9.0 por ciento.

El gasto público, tanto como el consumo de gobierno como la inversión pública, tuvieron contribuciones negativas con tasas de -0.8 y -3.0 por ciento respectivamente en el trimestre. Entre ambos componentes, le restaron 19 puntos base a la tasa del PIB. La tasa anual del consumo público fue -0.3 por ciento, siendo la primera vez en los últimos 49 trimestres en que se registra una tasa negativa. La inversión pública alcanzó -13.6 por ciento, la más baja de los últimos 57 trimestres. Registra una tasa negativa en 19 de los últimos 20 y en 23 de los últimos 27 trimestres. Creo que queda claro que la inversión pública registrará en 2016 su séptimo año consecutivo a la baja. Pero es muy posible que en esta ocasión sea con una tasa más negativa que en los seis años anteriores. Por lo pronto, ya solo representa 3.4 por ciento del PIB, un nuevo mínimo histórico.

¿Qué nos dicen todas estas cifras? Primero, aunque sí avanza el consumo privado, no es el fenómeno que muchos creen. Como proporción del PIB, el máximo histórico fue el segundo trimestre de 2013, mientras que su desempeño anualizado da apenas 2.0 por ciento de crecimiento. Si queremos crecer más cerca de 3 este año que de 2 por ciento, necesitamos un consumo mucho más dinámico. La fortaleza de la economía ahora es la inversión privada, pero no en forma generalizada, sino específicamente la edificación no residencial. Las obras de ingeniería civil, los trabajos especializados de la construcción y la adquisición de maquinaria y equipo van a la baja, mientras que la edificación residencial muestra un desempeño lateral. Si queremos que la inversión privada se mantenga como el motor principal de crecimiento, tendremos que ver un desempeño mucho más generalizada.

Preocupa la desaceleración de las exportaciones. Si bien crecieron 3.1 por ciento en pesos reales en el primer trimestre, cayeron 5.9 por ciento en dólares. Las exportaciones manufactureras no automotrices llevan año y medio con una tendencia negativa, mientras que las automotrices también empiezan a registrar tasas negativas. Por último, es casi un hecho que el gasto público seguirá con tasas negativas. El balance final no es tan positivo.

El Misterio del Gasto Publico

marzo 23rd, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Misterio del Gasto Publico)

El INEGI dio a conocer el crecimiento del PIB de 2015 el mes pasado, por el lado de la oferta. Las cifras incluyeron el PIB total y el desglose a nivel de dos dígitos del SCIAN, que significa el crecimiento de los 20 sectores de la economía (aunque realmente son 19 al no separar el comercio al por mayor del comercio al por menor). Resultó que el PIB creció 2.5 por ciento, pero a un pellizco de registrar 2.6 (ya que fue 2.5496 por ciento). No nos debería de sorprender que la próxima revisión sea al alza, ya que a semana pasada se divulgó el desglose por el lado del gasto (también denominado de la demanda agregada), que revela algunos aspectos interesantes del acontecer económico del año pasado.

Primero, el supuesto crecimiento “sorpresivo” del consumo privado, siempre no fue para tanto. En 2015 creció 3.1 por ciento (3.148 para ser más exacto), que fue 1.23 veces lo que creció el PIB. Si examinamos la relación histórica entre consumo y PIB, encontramos que fue un año normal, ya que el promedio de los diez años anteriores fue 1.22 veces. Más bien, el año anormal fue 2014, ya que la relación apenas fue 0.79 veces y se explica por la reforma fiscal. En 2015, simplemente observamos el regreso a la normalidad.

Segundo, habíamos visto que las exportaciones cayeron -4.1 por ciento en 2015, producto del desplome de las petroleras, pero también de un pobre desempeño de las exportaciones no petroleras. Sin embargo, estas cifras de la balanza comercial son en dólares nominales, por lo que no reflejan el volumen exportado. Si examinamos las cuentas nacionales, que mide el crecimiento en términos de pesos reales, resulta que las exportaciones crecieron 9.1 por ciento. Esto significa que sí hubo un incremento importante en el volumen de exportación, impulsado por la depreciación de la moneda, pero como fue a precios más baratos, no obtuvimos más dólares en el año. Otra paradoja es que, aunque tuvimos el déficit comercial más elevada desde 2008 (medidos en dólares), resulta ser el superávit más elevada de hace por lo menos los últimos diez años medidos en pesos reales.

Tercero, la SHCP nos había reportado un aumento en el gasto del sector público total de 5.8 por ciento real en 2015, para registrar el nivel de gasto público (nominal y real) más elevada en la historia. No solamente fue un crecimiento real elevado (el promedio anual de los últimos 34 años es 2.5 por ciento), sino resulta que la tasa es superior a 24 de los 34 años de historia consultada. Pero al consultar las cifras del INEGI para ver su impacto en el valor agregado del país, nos topamos con un gran misterio. Sumamos el consumo público y la inversión pública para tener una idea del gasto público total; encontramos que la tasa real de 2015 respecto al año anterior es -0.01 por ciento. Salvo 2012, es la tasa más baja que encontramos.

La explicación principal es una caída de -6.5 por ciento en la inversión pública real, contra un avance de 2.4 por ciento que presume la SHCP y el sexto año consecutivo con tasa negativa. Peor aún, mientras que la SHCP reporta un crecimiento acumulado de gasto público de capital de 48.4% en 2015 respecto a 2009 (seis años), INEGI nos dice que la inversión pública ha disminuido -23.7 por ciento en el mismo periodo.

No sé ustedes, pero para mí esto es un escándalo mayúsculo. Tenemos el mayor gasto público real en la historia, pero sin que aporte al crecimiento económico. La tasa de crecimiento promedio de 2010 a 2015 es de 3.2 por ciento, mientras que el PIB sin inversión pública ha avanzado a una tasa promedio real de 3.6 por ciento. ¿Cuál es el propósito de la inversión pública? ¿Crecer menos? ¿Para esto nos quitan impuestos?

Por último, el INEGI mide el PIB primero por el lado del valor agregado (valor bruto de la producción menos el consumo intermedio) y después por el lado del gasto. Aunque en teoría deben dar el mismo resultado, siempre hay una discrepancia estadística entre los dos cálculos. El problema es que la contabilidad nacional no es lo mismo que la de una empresa, ya que los cálculos son por inferencia estadística (encuestas) y no por asientos contables exactos. En 2015 se registró la discrepancia estadística más elevada en la historia entre los dos cálculos; resulta que la suma de los componentes es 2.4 por ciento mayor que el PIB. Si el cálculo del PIB hubiera sido por el lado del gasto, el crecimiento en 2015 hubiera sido 4.4 por ciento. En principio, el primer cálculo es más robusto, por lo que la discrepancia se le resta al cálculo por el lado del gasto. ¿Será?