Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Aunque ya había muchos rumores al respecto, fuimos sorprendidos la semana pasada con la noticia de que Agustín Carstens renuncia al puesto de Gobernador del Banco de México, efectivo a mediados del año entrante. El anuncio causó mucho revuelo y comentarios de todo tipo. Hubo rumores de que el Presidente lo promovió ante la crítica constante de Banxico al manejo de las finanzas públicas. Hubo acotaciones de que peligra Banxico ante su salida, ya que se diluye la autonomía de la institución. Hubo opiniones de que el Gobernador huye ante la llegada de una mega tormenta que se ve venir como consecuencia de las políticas de Trump. Hubo comentarios de que la renuncia se da en el peor momento posible y podrá ser causa misma de una nueva crisis. Hubo quien vaticinó que el efecto sobre el tipo de cambio sería tan pronunciado como cuando supimos quién sería el próximo presidente de Estados Unidos. Incluso, hubo quien recomendó llevarlo a juicio político por haber tomado la decisión.

Todas estas apreciaciones y especulaciones fueron exageradas. Sabíamos que Carstens tenía interés en un puesto de primer nivel en un organismo internacional desde hace tiempo. Ya fue el segundo a bordo del FMI y Secretario de Hacienda. Su prestigio y experiencia hacían que tarde o temprano se lo iban a ofrecer. Sin embargo, él no dictaminó la fecha, ni lo buscó con el propósito de huir a sus responsabilidades actuales. Seguramente fue una decisión difícil, pero principalmente personal.

Difícilmente podremos encontrar una persona mejor calificada que Carstens para Gobernador del Banco de México. Desde su preparación académica y profesional hasta su experiencia en muchos puestos relevantes, lo perfilaba para el puesto desde tiempo atrás. Ya como Gobernador, fue nombrado Banquero Central del año en varias ocasiones. Incluso, había quien lo veía en el puesto para un tercer periodo hasta 2028. Aun así, su prestigio lo llevó a contender para estar al frente del FMI y desde hace tiempo, se escuchaba su nombre para varios puestos de primer nivel internacional. En sí, su nombramiento para dirigir el BIS no sorprende.

Afortunadamente, la autonomía del Banco se ha consolidado y es una de las instituciones más sólidas del país. Se requieren personalidades de gran altura para dirigir instituciones endebles, ya que es la persona que inspira confianza y le da el realce necesario. Sin embargo, cuando se trata de una institución establecida, fuerte y bien encaminada, ya no es imprescindible tener a una figura de la misma talla. Por ejemplo, hace 20 años el dirigente del Bundesbank de Alemania era un periodista y su experiencia y formación quedaba muy corta en comparación al que tiene Carstens ahora. Por lo mismo, no debemos preocuparnos por un vacío en el poder monetario. El Banco tiene una Junta de Gobierno sólida y cuenta con un equipo de economistas del mejor nivel, capaces de asesorar y dirigir la política monetaria de forma más que satisfactorio.

Por lo mismo, no debe preocupar la salida de Carstens. El gobierno tiene siete meses para reflexionar y escoger al candidato idóneo. No tiene que ser de la talla de los anteriores, pero sí reunir ciertas características. De entrada, las que marque la ley: ser mexicano por nacimiento y no tener más de sesenta y cinco años cumplidos; gozar de reconocida competencia en materia monetaria y haber ocupado por lo menos durante cinco años cargos de alto nivel en el sistema financiera mexicano o en instituciones que ejerzan funciones de autoridad financiera. Pero en adición a estos preceptos legales, necesitamos que sea una persona que respetará la autonomía y encauce bien la administración monetaria del país. Debe evitar ser una persona del círculo cercano del Presidente, que pudiera dar imagen de tener una agenda preestablecida del gobierno federal, o bien, ser cómplice del esfuerzo fallido de sanear las finanzas públicas.

Queda mucho tiempo para conformar una terna final. Por lo pronto, podríamos pensar en un cuadro amplio de candidatos idóneos. Incluso, podríamos hasta especular con más nombres ante la posibilidad de que se reformaran los requisitos de edad y de nacimiento. Sin embargo, antes de hacerlo, quizás sería prudente empezar con la lista de las personas no deseadas para el puesto. No sé si todos estarían de acuerdo conmigo, pero arrancaría con el ex Secretario de SHCP en la primera posición.

Hace dos semanas abordé el tema del segundo periodo del Gobernador del Banco de México. Me sorprendió la cantidad de comentarios que recibí al respecto; todos están de acuerdo que Agustín Carstens era el candidato ideal para seguir al frente de nuestro banco central. Nadie menosprecia su capacidad y experiencia, ni lo que ha hecho en sus primeros seis años en el puesto. No solamente tenemos una política monetaria bien encaminada hacia su objetivo y temas afines como la estabilidad financiera y los sistemas de pago bajo la lupa, sino además ha mejorado mucho la calidad y amplitud de los análisis que hace el banco. Los trabajos de investigación son de clase mundial y el instituto funciona como un semillero extraordinario de economistas para el sector público, la banca y organismos internacionales. Sin dudas, es de las pocas instituciones del país que realmente funcionan.

No obstante, el tema recurrente en los comentarios recibidos, que retoma el hilo de muchas discusiones que he tenido a lo largo de los años con colegas míos, es el de los chequeos y balances, o contrapesos necesarios para evitar la discrecionalidad y arbitrariedad de la administración de los recursos públicos del instituto. Hemos escuchado demasiadas historias de un manejo proclive al gasto, excesos en viajes, prerrogativas para cierto personal, contratación desmedida de plazas y un crecimiento de estructura que no parece racional. Por ejemplo, hace seis años el Banco tenía ocho directores generales y 22 directores de área; hoy tiene nueve directores generales y 33 directores de área, que representa 48 por ciento más de mandos superiores (verificable en la página de Internet del Banco). ¿Ha sido necesario tal expansión?

Una de las propuestas que he escuchado de varios lados es que lo que falta para ya consolidar la autonomía de la institución es la creación en el Senado de una Comisión de Banca Central. Ésta podría ser el vehículo para un buen chequeo y balance para la transparencia y rendición de cuentas, la cual podría también mejorar la administración misma del banco. Esta Comisión debería obligar al Banco a entregarle al Congreso un reporte trimestral sobre su operación financiera, que fuera complemento al informe actual sobre la inflación y el manejo de la política monetaria. Para garantizar la autonomía, habría que aclarar que sería un “informe” y no un presupuesto que busca autorización, en aras de que los mexicanos tenemos el derecho a conocer cómo se gastan los recursos públicos en un órgano independiente.

Hay otros temas bajo discusión, como la transparencia y comunicación del Banco en cuanto al manejo de la política monetaria. Por ejemplo, el Banco publica regularmente gráficas de indicadores cuyos datos no están disponibles al público en general. Algunos de los más importantes es la del PIB potencial y la brecha del producto. Solicité los datos y metodología para reproducir una gráfica sobre el ingreso personal real, que se construye mediante información pública, pero tardé meses en conseguir la información. Busqué entablar una discusión sobre los indicadores de confianza al consumidor, pero siempre ante un temor bajo el cual operan los extraordinarios funcionarios del Banco. Mencioné en una columna pasada un comentario (ni siquiera tan importante) que había escuchado en varias reuniones, que después supe que había recibido reproche.

Las minutas de la Junta de Gobierno son un gran avance, pero faltaría que se identifique los comentarios con nombre y apellido. Sabemos muy poco de qué y cómo piensan los Subgobernadores. Sus puntos de vista son monolíticos y siempre homogéneos con la versión oficial (hasta en sus presentaciones en PowerPoint). Tal parece que los miembros de la Junta de Gobierno tienen que pedir permiso para hablar y qué opinar con cualquier ente fuera del Banco. El staff tiene miedo hasta de aceptar una invitación a comer. Mucha autonomía, pero con la apariencia de un totalitarismo que parece innecesario. Concuerdo con muchos de mis colegas en que el staff debería de tener más soltura para opinar y divulgar el credo del banco central, ya que tienen la madurez y capacidad.

Realmente felicito a Agustín Carstens por su ratificación para un periodo más. Nos conviene como país y estoy seguro que seguirá construyendo para el bien de todos. Ojalá que escuche mis comentarios, inspirados por muchos de mis colegas, y que los acepte como crítica constructiva. Creo que puedan ayudar a tener un banco central todavía más sólido, transparente y que rinda mejores cuentas a la sociedad.