Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Hacia fines de diciembre, cuando la mayoría estábamos concentrados en el Maratón Guadalupe-Reyes, el INEGI dio a conocer algunos indicadores sobre la marcha de la economía. Posiblemente los más importantes son los del desglose del PIB por el lado del gasto para el tercer trimestre. Desde fines de noviembre, INEGI ya había reportado el crecimiento del PIB de 1.0 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.0 por ciento respecto al mismo trimestre del año pasado; los primeros tres trimestres del año registraron una actividad económica de 1.95 por ciento superior al mismo periodo de 2015. Sabíamos que las actividades secundarias crecieron 0.1 por ciento en el trimestre, producto de caídas de -2.5 y -0.3 por ciento en la minería y la construcción, respectivamente, con un avance de 0.8 por ciento en la manufactura. También conocíamos que las actividades terciarias (comercio y servicios) habían avanzado 1.4 por ciento. Pero no fue hasta el 21 de diciembre que el INEGI informó el desglose por el lado del gasto, es decir, los crecimientos del consumo, la inversión y el comercio exterior. Por ejemplo, medio sabíamos del avance de la inversión fija bruta (IFB) total, ya que el INEGI publica los resultados mensuales (con un gran rezago, por cierto). Sin embargo, en este desglose el instituto da a conocer cuánto fue pública y privada, datos de por más interesantes.

Después de haber disminuido -1.0 por ciento en el segundo trimestre, la IFB total cayó -0.1 por ciento en el tercer trimestre y resulta que el nivel de los primeros tres trimestres del año apenas se ubica 0.1 por ciento por encima del mismo periodo de 2015. No obstante, la IFB privada creció 1.1 por ciento en el trimestre y los tres trimestres están 2.1 por ciento arriba del año anterior. En cambio, la IFB pública disminuyó -7.8 por ciento en julio-septiembre y el año se encuentra -10.3 por ciento por debajo del año pasado. Resulta que la IFB pública ha disminuido en 25 de los últimos 29 trimestres y en los once últimos consecutivos. Se ubica en su nivel más bajo desde el cuarto trimestre de 2002, es decir, de los últimos 14 años. Significa que 2016 será el séptimo año consecutivo de tasas anuales negativas para la inversión pública. Seguramente 2017 será el octavo.

Sin embargo, a pesar de los pésimos números, la caída de la inversión pública no es novedad. A estas alturas de 2015 se ubicaba también -10.3 por ciento por debajo de los primeros tres trimestres de 2014. Pero entonces, ¿qué factores explican que el PIB está creciendo ahora menos? En los primeros tres trimestres de 2016 llevamos 1.95 por ciento, comparado con 2.70 por ciento en 2015. Primero, resalta el hecho de que no solamente sigue el avance del consumo de los hogares, sino que en este año está creciendo más (2.8 por ciento en 2016 versus 2.1 por ciento en 2015).

La desaceleración se explica fundamentalmente por cambios drásticos en la inversión privada y en las exportaciones y en mucho menor medida por menos crecimiento del consumo público. A estas alturas de 2015 la inversión privada avanzaba a un ritmo de 9.2 por ciento, comparado con 2.1 por ciento en 2016. Pero el cambio más pronunciado esta en las exportaciones, que en 2015 se ubicaba 9.2 por ciento por encima de los primeros tres trimestres del año anterior, siendo que ahora están tan solo 0.01 por ciento por arriba del mismo periodo de 2015. En pocas palabras, el consumo privado es el único componente por el lado del gasto que crece por arriba del PIB, mientras que la inversión privada casi al mismo ritmo; el consumo público y las exportaciones crecen por debajo del PIB y la inversión pública es el único componente con tasa negativa.

Es interesante observar la diferencia en el crecimiento de las exportaciones en dólares nominales (que es el flujo de la balanza comercial) con la medición en pesos reales. La balanza comercial muestra una disminución de -3.8 por ciento en los primeros tres trimestres del año, mientras que las cuentas nacionales registran prácticamente el mismo nivel (0.01 por ciento). El año pasado, observamos una caída de -4.1 por ciento en las exportaciones reportadas en dólares, mientras que crecieron 10.4 por ciento en pesos reales. Pero aguas, ya que la comparación no solo refleja diferencia de precios y volumen, sino también las cuentas nacionales abarcan servicios no factoriales.

El sector de la construcción resulta ser de los más importantes de la economía, no por su tamaño dentro de la economía (7.5 por ciento) o por su aportación al empleo formal (8.5 por ciento de los asegurados en el IMSS), sino por su aportación a la formación bruta de capital del país. La construcción explica el 68.2 por ciento de la inversión fija bruta (IFB), mientras que la adquisición de maquinaria y equipo aporta el 31.8 por ciento restante. Tiene la característica de ser muy “pro-cíclico”, es decir, jala hacia arriba o hacia abajo el ciclo económico, dependiendo en qué fase nos encontramos. Por lo mismo, una de las políticas económicas más trascendentales que puede instrumentar el gobierno es la del impulso de la infraestructura pública.

Sin embargo, en los últimos seis años la inversión pública ha disminuido -23.7 por ciento. A principios de 1995 representaba 55.0 por ciento del total de la inversión, mientras que a fines del año pasado encontramos que su participación se ha reducido a tan solo 16.2 por ciento de la IFB del país. Si examinamos el PIB por el lado del gasto (también conocido como la demanda agregada), encontramos que el único componente con una contribución negativa al crecimiento económico es justo la inversión pública. Si observamos las tendencias de los tres subsectores de la construcción que reporta el INEGI, vemos que el único que muestra un estancamiento casi permanente en los últimos tres años es el subsector 237 de la “construcción de obras de ingeniería civil”, típicamente asociado con la inversión pública.

¿En qué consiste el subsector 237? El Sistema de Clasificación Industrial para América del Norte (SCIAN) divide el subsector en cuatro ramas: la construcción de obras para el suministro de agua, petróleo, gas, energía eléctrica y telecomunicaciones (2371); la división de terrenos y construcción de obras de urbanización (2372); la construcción de vías de comunicación (2373); y otras construcciones de ingeniería civil (2379). Desgraciadamente, no contamos con información oportuna a este nivel de desagregación para encontrar dónde ha fallado más el gobierno, pero intuitivamente, ha de ser la sub-rama 23712 de la construcción de obras para petróleo y gas, ya que la mayoría de las perforaciones de pozos petroleros han sido improductivos.

En adición al nulo valor agregado de la inversión pública, el gobierno también ha sido responsable por el mal desempeño de otros subsectores de la construcción, en especial, la edificación residencial (2361). Esta rama pasó por una crisis singular desde mediados de 2012 hasta fines de 2013, que casi empujó a la economía en su totalidad a una recesión. El gobierno del sexenio anterior había instrumentado una política de subsidios para impulsar a la vivienda de interés social de tipo horizontal. Sin embargo, el Censo de Vivienda reveló que había una cantidad impresionante de unidades multifamiliares abandonadas o por lo menos sin ocupar, ya que carecían de una infraestructura básica, no tenían suficiente oferta de actividades recreativas, no había servicios de educación y salud suficientes y se ubicaban muy lejos de los centros de trabajo. Al darse cuenta el gobierno de su desatinada política, suspendió el programa y prácticamente paro en seco a la industria de la construcción. El gobierno entrante tardó mucho en aprobar un nuevo esquema y después en fondear la nueva política de subsidios, a tal grado que provocó la quiebra de muchos de los desarrolladores de vivienda. Al final de cuentas, la crisis de la construcción de 2013 fue tan severa como la que experimentó en los años de la gran recesión de 2008-2009.

La organización “México, ¿Cómo Vamos?” se ha dedicado a poner metas para transformar el país. A veces difícil de entender su lógica, ya que pone una meta exageradamente ambiciosa de crecer 6 por ciento anual, junto con otra relativamente mediocre de que la inversión fija bruta alcance solo el 24 por ciento del PIB. Sin embargo, para crecer más, necesitamos incrementar la inversión. Aun así, en 2015 la inversión solo representó 22.2 por ciento del PIB, como producto de la mala inversión pública y políticas desatinadas para impulsar la construcción en general.

Al enfrentarse a la necesidad de recortes presupuestales, el gobierno se ha enfocado a disminuir aún más las obras de infraestructura básica. Todos sabemos que tiene mucha tela para recortar del gasto corriente, pero ha fallado la voluntad política. ¿Qué pasó con el presupuesto base cero? ¿Qué pasó con el Programa Nacional de Infraestructura? Buenas ideas, abandonadas.

Las exportaciones del sector automotriz han crecido en promedio a tasas de dos dígitos desde fines de 2009. Sin embargo, el resto de las exportaciones manufactureras perdieron su dinamismo al empezar 2013 y en 20 meses tuvieron un crecimiento anual promedio de tan solo 2.3 por ciento. El resultado fue que por casi dos años, las exportaciones no petroleras crecieron a una tasa anual promedio inferior a 5 por ciento, insuficiente para inyectar dinamismo a la economía interna. La buena noticia es que en septiembre 2014 tanto las automotrices como el resto de las manufactureras crecieron con tasas de dos dígitos por primera vez desde octubre de 2012. La AMIA reportó que las exportaciones de automóviles rebasaron 257 mil en el mes, para que las exportaciones del sector registraran 10.3 por ciento más que hace un año. Ahora también respondieron el resto de las manufacturas con una tasa de 11.7 por ciento. En el pasado, hemos visto que cuando las no petroleras crecen a estas tasas, la economía interna se dinamiza.
Sabemos que el consumo de los hogares se encuentra estancada ante las limitaciones que enfrenta el ingreso personal disponible, por lo que seguramente será el último componente de la demanda agregada en crecer a tasas mayores. Esto deja a la inversión fija bruta (IFB) como el elemento que necesita contagiarse primero del dinamismo de las exportaciones. Aunque la información es más atrasada, el INEGI reportó el lunes que creció 0.4 por ciento en agosto, el quinto mes consecutivo con un avance positivo, para ya alcanzar una tasa de 4.3 por ciento superior al mismo mes del año anterior. Aunque todavía no es la tasa elevada que caracteriza a la IFB en tiempos de mayor actividad económica, por lo menos ya vemos un sólido regreso a terrenos positivos.
Uno de los elementos de la IFB que empieza a responder muy bien es la adquisición de equipo de transporte nacional, que alcanzó una tasa anual de 9.0 por ciento en agosto. El contraste con la compra de equipo de transporte importado es muy notorio, ya que éste último disminuyó -0.7 por ciento respecto al nivel que tenía en el mismo mes del año anterior. De hecho, el de transporte nacional es el elemento más dinámico de toda la IFB, ya que su nivel es de 162.4 (62.4 por ciento superior al promedio de 2008), mientras que el de transporte importado es el menos con su nivel de 77.6 (-22.4 por ciento por debajo del promedio de 2008). En general, el equipo de transporte representa el 8.2 por ciento del total de la IFB del país, siendo la importada ligeramente más importante (51.1 por ciento) que la nacional. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la nacional respecto a la importada, nos hace pensar que en la siguiente actualización de ponderadores, esta relación se volteará.
Cuando observamos la adquisición de maquinaria y equipo distinto al transporte, encontramos que la relación es al revés. La compra de maquinaria importada crece ahora a un ritmo de 7.5 por ciento anual, mientras que la nacional apenas registró un avance de 0.4 por ciento anual. La maquinaria y equipo distinto al de transporte representa 23.6 por ciento del total de la IFB, mientras que la importada representa 76.3% de toda la maquinaria. En general, la compra de maquinaria y equipo total (tanto de transporte como lo demás y tanto nacional como importada) equivale al 31.8 por ciento de toda la IFB.
Esto significa que el resto de la IFB (el 68.2 por ciento) es construcción. Dentro de la construcción, 45.6 por ciento es residencial y 54.4 por ciento no residencial. La buena noticia es la construcción residencial ya se ubica 8.0 por ciento por encima de su nivel de hace un año. La mala es que a pesar de la buena recuperación, todavía se ubica -7.3 por ciento por debajo de su nivel promedio de 2008. La no residencial permanece estancada, pues es donde radica la mayor parte de las obras de ingeniería civil identificada con la inversión pública. La no residencial se ubica en -0.1 por ciento por debajo de su nivel de hace un año y -1.5 por ciento menor al nivel promedio observado en 2008.
En conclusión, podemos decir que la IFB empieza a mostrar señales de recuperación. Sin embargo, cuando realizamos un análisis más detallado de sus componentes, encontramos un comportamiento todavía heterogéneo. Por un lado, va muy bien la recuperación de la construcción residencial, la adquisición de equipo de transporte nacional y la compra de maquinaria importada. Pero por el otro lado, sigue muy mal la construcción no residencial, la compra de equipo de transporte importada y la adquisición de maquinaria nacional.

La construcción es uno de los sectores más importantes de la economía, no solo por su importancia y peso, sino además porque ha atravesado por una crisis muy compleja en los últimos dos años. El INEGI reportó el martes 30 de septiembre, que el valor de producción generado por las empresas constructoras creció 0.58 por ciento en julio respecto junio, lo cual lleva a un incremento de 0.7 por ciento en los últimos doce meses. Sin embargo, las cifras del sector son muy susceptibles a días laborales en el mes, por lo que siempre es mejor tomar la tasa anual a partir de la serie corregida (0.9 por ciento) por efectos de calendario. Hace casi tres semanas (11 de septiembre) ya nos había informado que la construcción había disminuido -0.08 por ciento en julio respecto al mes anterior, lo que implicaba un avance anual de 3.45 por ciento, pero que corregido por efectos de calendario realmente fue 3.05 por ciento. El próximo 8 de octubre, nos terminará de marear el INEGI con otras tres tasas de crecimiento para la construcción total del mismo mes.
En otras palabras, cada mes contamos con nueve tasas diferentes para este sector. Los primeros tres corresponden al reporte de la actividad industrial, en el cual se reporta el crecimiento de la manufactura, la construcción, la minería y la producción de agua, electricidad y gas. Las que se acaban de divulgar pertenecen a la Encuesta Nacional de Empresas Constructoras (ENEC), que son básicamente empresas grandes del sector formal. Finalmente, las tasas que conoceremos en un par de semanas más son del informe de la inversión fija bruta (IFB), que contiene información de la construcción (ya que se considera inversión) y de la compra de maquinaria y equipo.
¿Por qué se publican tantas tasas, que siempre difieren entre sí? Son varias las diferencias. De entrada, el valor de la producción que reporta la ENEC es en miles de pesos constantes (a precios de junio del 2012), que se obtiene al deflactor los valores nominales por el índice de precios al productor de la construcción, mientras que las otras dos series se reportan mediante índices base 2008. Si comparamos el valor reportado con el de cuentas nacionales, observamos que son números muy distintos, siendo el primero alrededor de una séptima parte del segundo. El boletín de prensa advierte que el comportamiento de esta variable puede diferir del proveniente de las cuentas nacionales, ya que este último considera además la autoconstrucción que realizan las empresas que se ubican en las distintas actividades económicas, así como la construcción que realizan los hogares.
En principio, las cifras de la IFB se obtienen de los mismos índices incorporados a la elaboración de la producción industrial. No obstante, existen algunas diferencias básicas entre ambas series, ya que no toda las actividades de construcción se consideran inversión y viceversa. Algunos de los trabajos especializados (subsector 238 de la clasificación SCIAN) abarcan labores menores relacionadas con la construcción, pero de escala más baja, que incluye reparaciones menores y trabajos de pintura y yeso; este tipo de actividades se consideran como gasto corriente y no de capital.
Al mismo tiempo, existen algunas actividades que el SCIAN clasifica en otros sectores aunque se consideran como obras de construcción, por lo cual se tienen que incluir al considerarlas como gasto de inversión. Éstas se registran como construcción por cuenta propia de cada sector. Un claro ejemplo son las obras de perforación de pozos por parte de Pemex; al contabilizar su producción se clasifican como actividad petrolera (dentro del sector de minería) y no como construcción propia que, sin embargo, se incluye en el subíndice de construcción al constituir el indicador de inversión.
En cada tipo de obra, el SCIAN agrega los servicios referidos como administración y supervisión de obras, además de otros servicios relacionados con la construcción, pero ninguno de éstos son parte de la formación bruta de capital fijo, aunque sí se integran en el valor de la producción de la construcción (sector 23 del SCIAN).
Por último, otra diferencia entre la inversión y el valor de producción en construcción es en cuanto al tratamiento de los precios. Mientras el subíndice de construcción de la actividad industrial hace su evaluación a precios básicos, el subíndice de la inversión fija se refiere al gasto en construcción valuado a precios comprador, por lo que incluye impuestos a los productos y margen de intermediación.
¿Cómo quedamos? ¿Confundidos o simplemente mareados?

El INEGI reportó el martes pasado que la inversión fija bruta (IFB) de enero disminuyó respecto al diciembre (-0.6 por ciento) y respecto al mismo mes del año anterior (-2.4 por ciento). Este índice, que es prácticamente el último en darse a conocer de la familia de indicadores de coyuntura, subraya que enero fue pésimo para la actividad económica. Disminuyó en absolutamente todo los rubros que lo comprenden: construcción residencial y no residencial, maquinaria y equipo de origen nacional e importado. En especial, confirma que la construcción todavía no logra tocar fondo; resalta el hecho de que hubo variaciones negativas en los rubros relacionados con la inversión pública.

La semana pasada se divulgaron los resultados del Sistema de Indicadores Cíclicos. El Indicador coincidente, al igual que casi todos sus componentes, confirman el estado de recesión de la economía mexicana para enero, mientras que el Indicador Adelantado señala que deberá proseguir en febrero y seguramente por algunos meses más. Si bien apenas hubo crecimiento económico en el último trimestre del año pasado, el conjunto de indicadores disponibles para los primeros meses de 2014 apuntan a que será igual o menos en el primer trimestre del año.

Esto ha llevado a una revisión sistemática a la baja en las proyecciones de crecimiento para este año. Empezamos el año pasado pensando que la economía podría crecer cerca de 4.0 por ciento, pero esto fue antes de conocer la propuesta de reforma fiscal del gobierno. Ya viendo que la reforma era básicamente pro-cíclico (es decir, recesivo), prácticamente todos los analistas empezaron con la tarea de reducir sus expectativas para 2014. Incluso, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció hace medio año que no pensaba que la economía mexicana podría crecer más de 3.0 por ciento este año, número que acaba de confirmar. Poco a poco, el consenso se ha revisado a la baja, hasta llegar ahora a coincidir con el FMI.

También el martes pasado, Banamex divulgó los resultados de su encuesta quincenal de expectativas de instituciones financieras. Con la mediana casi en 3.0 por ciento, resalta el hecho de que ya son diez instituciones que anticipan crecimiento por debajo del tres: Invex, BX+ y Prognosis anticipan 2.9 por ciento; Credit Suisse, Finamex y UBS esperan 2.8 por ciento; Banorte, Scotia Bank y Signum proyectan 2.7 por ciento; y Vector dice que será apenas 2.4 por ciento. Son solo dos instituciones que permanecen optimistas: BNP-Paribus (4.1 por ciento) y HSBC (3.7 por ciento), pero sin que quede claro el por qué.

Fue muy comentado el proceso persistente de revisiones a la baja el año pasado. Empezó el consenso en 3.6 por ciento a mediados de 2012 y se fue revisando casi cada dos o tres meses hasta llegar a 1.2 por ciento unos meses antes de que el INEGI anunció que el crecimiento registró 1.1 por ciento. Fueron muchos factores, tanto internos como externos, que contribuyeron al mal desempeño del 2013. Sin embargo, casi todos presumían ser temporales, por lo que se anticipaba una recuperación (aunque no muy boyante que digamos) para este año.

El problema es que por lo menos en el primer trimestre de este año, no se ve que hayan disipado. Las exportaciones no petroleras todavía no se han recuperado en forma, a pesar de la mejoría de la economía de Estados Unidos. La industria de la construcción sigue en crisis sin indicios de haber tocado fondo. La inversión fija bruta, tanto pública como privada, siguen operando en terreno negativo. El ingreso de los hogares está ahora mucho peor, ya que le pegó muy duro la política fiscal recesiva. El gobierno empieza a gastar mucho más, pero es gasto corriente improductivo que en parte le quitó a los hogares y lo demás lo financió desplazando recursos de las empresas.

Debemos recordar que el crecimiento de éste primer trimestre se verá favorecido por el efecto de Semana Santa, al beneficiarse por un mayor número de días laborales respecto al año pasado. Esto significa que la tasa anual del PIB será mucho más elevado de lo que realmente indica el comportamiento intrínseco de la economía. Sin embargo, tendremos el efecto contrario en el segundo trimestre. Con todo y estos efectos, todavía es posible matemáticamente alcanzar una tasa de crecimiento por encima del 3.0 por ciento, pero la economía deberá empezar a responder rápidamente, ya que de lo contrario el promedio anual de la primera tercera parte de este sexenio se ubicará muy por debajo del efímero 2.2 por ciento del sexenio de Fox.