Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI mide el PIB por el lado de la oferta (producción bruta menos consumo intermedio) y por el lado del gasto. Dado que es mediante inferencia estadística, las dos metodologías no dan el mismo número, por lo que se tiene que ajustar con una discrepancia estadística. Dado que se considera que el método de la producción es más robusto, siempre se asigna la discrepancia a la medición por el lado del gasto. Existe un tercer método, que es por el lado de los ingresos, pero el INEGI no lo calcula. Es por eso que no tenemos en México indicadores oportunos y de alta frecuencia de ingresos. Por ejemplo, en Estados Unidos se da a conocer el ingreso personal disponible y el ahorro de las familias cada mes. En México simplemente no contamos con esa información.

Una forma de aproximar el ingreso es mediante el número de trabajadores asegurados y el salario nominal promedio de cotización del IMSS. Si multiplicamos ambos obtenemos una “masa salarial” nominal, que a su vez se ajusta por el aumento en el INPC para obtener una masa salarial real laboral. Si calculamos esta cifra para marzo, encontramos que ha aumentado 3.8 por ciento respecto al año pasado, producto de un aumento de 4.6 por ciento en el empleo y una caída de -0.6 por ciento en el salario real. Pero el problema es que los registros de empleo del IMSS no tienen mucho que ver con el empleo nacional. De entrada, excluye el empleo informal, que INEGI dice que representa 56.8 por ciento del empleo nacional. Sin embargo, tampoco abarca el 43.2 por ciento restante, ya que existe mucho empleo formal no contemplado en el IMSS. Incluso, si contrastamos el empleo del IMSS contra el que calcula INEGI en la ENOE, encontramos que la ocupación nacional crece a un ritmo de 2.1 por ciento (tasa anual del primer trimestre), mientras que el empleo registrado en el IMSS crece a lo doble, 4.2 por ciento. Existe una discrepancia entre ambos desde principios del sexenio, ya que mientras los números del IMSS representaban 33.4 por ciento del empleo nacional en el último trimestre de 2012, para el primer trimestre de 2017 la proporción subió a 36.4 por ciento. El incremento en el número de trabajadores registrados en el IMSS no es solo creación de empleos nuevos, sino también la captación de empleos ya existentes. Por lo mismo, sus cifras no nos dicen nada acerca del ingreso laboral real del país.

La alternativa es utilizar los “datos estratégicos” de la ENOE (en su entrega trimestral), que brinda el número de horas trabajadas por semana y los ingresos por hora trabajada. Si multiplicamos ambos y dividimos entre el INPC, obtenemos los ingresos promedio reales por semana. La misma encuesta nos da la población ocupada remunerada, por lo que obtenemos la masa salarial real laboral a nivel nacional. Los números contrastan mucho con los del IMSS. De entrada, el salario real promedio de cotización del IMSS disminuye -0.7 por ciento en el primer trimestre respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que la caída del ingreso real por hora trabajada de la ENOE es -2.2 por ciento. Dado que el IMSS no proporciona el número de horas trabajadas, no podemos comparar el ingreso real promedio. Sin embargo, la masa salarial real del IMSS crece 3.6 por ciento anual, mientras que la de la ENOE crece 2.3 por ciento anual.

¿Qué nos dice el crecimiento anual de 2.3 por ciento? De entrada, es el noveno trimestre al hilo de tasas positivas en la masa salarial real, lo que explica en parte el buen comportamiento del consumo de los hogares justo en el mismo periodo. Aunque la tasa anual es un punto porcentual menor al promedio observado en los ocho trimestres anteriores, sugiere que el consumo deberá seguir creciendo, aunque sea a una tasa ligeramente menor. No obstante, en el margen (es decir, respecto al trimestre anterior) hay una disminución de -1.0 por ciento, debido a la caída en el poder adquisitivo ante el incremento significativo en la inflación en el primer trimestre del año. De hecho, es el segundo trimestre consecutivo con una caída en el ingreso promedio real. De seguir su trayectoria ascendente, es muy probable que la inflación siga disminuyendo los ingresos reales y veamos un consumo más deteriorado en los siguientes trimestres.

Finalmente, la ENOE confirma aumento en el empleo, pero cada vez remunerado con un salario real menor. Esto es el reto principal a vencer.

Salarios

Mayo 10th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

El consumo de los hogares debería ser el componente más importante del PIB, en el sentido de que su crecimiento continuo significa una mayor prosperidad para la población. Sin menospreciar su distribución, ya que no queremos que sean pocos los que mejoren sino la gran mayoría, debería ser el enfoque principal del crecimiento a largo plazo. Si el gobierno gasta más, debería ser para que la población tenga mejor nivel de vida. Si las empresas invierten más, debería ser para eventualmente mejorar los ingresos de los hogares. Si exportamos más, debería ser para crear más empleo. Al final de cuentas, en forma pareja, queremos que los consumidores tengan mejores ingresos para enfrentar los retos de la vida.

El consumo se explica fundamentalmente mediante los ingresos. Para la mayoría de los hogares, los ingresos provienen de la combinación de empleos y salarios. Primero necesitamos tener empleos y luego procurar que la remuneración de los mismos mejore con el tiempo. En otras palabras, necesitamos más empleos con mejores salarios para incrementar la masa laboral y así fomentar el consumo continuo. Si analizamos la tasa de desempleo de los últimos meses, vemos que se ubica a niveles mínimos de los últimos 15 años. Sin embargo, si examinamos los salarios, encontramos que la gran mayoría de los empleos son de remuneración muy baja. Peor aún, la tendencia es hacia la creación empleos mal remunerados, mientras que cada vez es menor la proporción de empleos de por lo menos 5 salarios mínimos.

El gobierno presume mucho de la generación de empleos formales mediante en número de trabajadores asegurados en el IMSS. No es una cifra del todo confiable, ya muchos de estos empleos ya existían; representan la formalización de ocupaciones informales. No obstante, lleva 7 años consecutivos creciendo entre 3.5 y 4.6 por ciento anual, lo cual no puede ser malo. El problema es que la mayoría de estos empleos son de 3 salarios mínimos o menos. Por ejemplo, cifras de la ENOE señalan que ha aumentado el número de personas con ocupación en 25.8 por ciento en los últimos 10 años. A principios de 2005, 27.7 por ciento de todos los empleos eran mayores de 3 salarios mínimos, mientras que para fines de 2016 la proporción disminuyó a 19.3 por ciento.

Si examinamos las cifras de trabajadores asegurados en el IMSS, encontramos que el empleo se estancó a principios del siglo, en 2001 a 2003, en la recesión que sufrimos en la primera mitad del sexenio de Fox. Sin embargo, a partir de 2004 ha experimentado una tendencia alcista importante, salvo 2009 cuando tuvimos de nuevo una recesión. Sin embargo, cuando comparamos los incrementos reales en los salarios medios reales de cotización, encontramos buenas tasas de crecimiento justo en los años 2001 a 2003, mientras que empiezan a desacelerarse a partir de 2004. Incluso, el crecimiento de los salarios reales entre 2008 y 2014 es muy cercano a cero. En los últimos dos años, cuando el empleo creció 4.3 y 3.8 por ciento en 2015 y 2016, encontramos que los salarios reales crecieron 1.4 y 0.9 por ciento, respectivamente. Estas tasas, aún muy bajas, son las mejores que se han observado desde 2007. Peor aún, estas cifras incorporan la inflación medida mediante el INPC, que subestima la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de la población. La consecuencia es que el consumo de los hogares ha crecido tan solo 2.2 por ciento en promedio anual en lo que va del sexenio, a pesar de la mejoría en el empleo.

Según la ENOE, la población total del país alcanzó 122.7 millones de personas en el último trimestre de 2016, de los cuales el 42.5 por ciento tenían una ocupación. Sin embargo, los asegurados del IMSS (18.6 millones al final de 2016) solo representaban el 35.7 por ciento de la población ocupada. Esto significa que el análisis anterior de las cifras del IMSS es parcial y no dibuja bien la situación de todo el país. Sin embargo, los asegurados por el IMSS representan una parte ciertamente privilegiada de la población ocupada, ya que las cifras del resto muestran remuneraciones todavía más bajas.

¿Qué podemos hacer para mejorar los salarios? La respuesta no puede ser tan trivial como esperar a que mejore la productividad. La búsqueda de un salario mínimo digno puede ser el principio, pero será apenas el primer paso de una muy larga caminata. Para mi queda muy claro, este es uno de los principales retos del país.

Paloma

Marzo 19th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La controversia sobre la designación de Paloma Merodio a la Junta de Gobierno del INEGI va creciendo. El eje central es que realmente no cumple los requisitos legales. Peor aún, ni siquiera cerca. Me habían dicho que era cuestión de interpretación jurídica, pues con consideraciones laxas, pudiera calificar, aunque fuera apenas. Sin embargo, ya con una investigación más exhaustiva, está lejos pero muy lejos de calificar.

Como comentamos la semana pasada, la ley dice que debe “ser profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, algún cargo de alto nivel en los sectores público o privado, o ser un académico de reconocido prestigio en las materias mencionadas”. El único puesto relevante, es decir, que califica de “alto nivel”, es su aproximadamente un año en el puesto de Director General en Sedesol. El puesto que ocupó en el IMSS está marcada como categoría “L”, que la propia ley lo pone en el tabulador de “mando medio”.

Sin embargo, con estos dos puestos no llega ni cerca a los cinco años. Habría que sumar su estancia en la prestigiosa consultoría GEA, de Mauricio González y Jesús Reyes Heroles. Resulta que trabajó allí dos años cinco meses, pero en un puesto de apoyo a los socios, que se caracteriza por ser de pasantes, que después van a estudiar un posgrado. La referencia que dan de ella es que fue una excelente colaboradora, pero definitivamente no fue en un puesto de nivel jerárquico que se pudiera interpretar de “alto nivel”. En otras palabras, tiene alrededor de uno de los “por lo menos” cinco años necesarios para el puesto. Ya la semana pasada en esta misma columna, vimos que tampoco califica como “profesional distinguido” o de “académico de reconocido prestigio”. Al final de cuentas, no cumple con ni uno solo de los requisitos.

Me han dicho que la designación de Merodio tiene que ser aprobada por dos comisiones del Senado para que procede al pleno para su votación. En la de Gobernación me dicen que aparentemente domina el PRI, que siempre aprueba en automático las designaciones de la Presidencia, sin mayor consideración. No me queda claro, pero habría que preguntar a Cristina Díaz Salazar del PRI, con quien no he tenido la oportunidad de platicar. La otra, de Población y Desarrollo, es presidida por Armando Ríos Piter del PRD, e integrada por Esteban Albarrán Mendoza del PRI y Juan Carlos Romero Hicks del PAN. Según me han dicho Romero Hicks ya se pronunció en contra, mientras que Albarrán votará al estilo PRI. Por tanto, el voto decisivo queda en manos de Ríos Piter. Sin embargo, nadie sabe cuál será su decisión. Algo fuera de lo común, se ha caracterizado por un silencio total en estas últimas semanas. Me han señalado que “el silencio de @RiosPiterJaguar sobre la nominación de Merodio para INEGI es preocupante. Espero valore gravedad”.

Romero Hicks protestó formalmente ante el “microexpediente” que recibieron ambas comisiones en torno a su curriculum, ya que no contiene la información necesaria para sustentar la experiencia académica y profesional que presume. Obvio. La presidencia mandó documentación insuficiente ante el temor de que más información la descalificaría para el puesto.

En adición a la falta de experiencia, otros han señalado conflictos de interés que pudieran incluso dañar el proceder del INEGI y su reputación. Resaltan dos artículos a su favor, uno escrito por Humberto Musacchio y otro por Yuriria Sierra. El primero pone como argumento que es una mujer muy guapa, comentario exageradamente sexista. El segundo dice que su designación es importante porque sería la primera mujer en la Junta de Gobierno. Aparentemente, no ha oído de Rocío Ruiz, quien ocupó una silla en la Junta hace apenas cuatro años. Pero lo que más llama la atención es la larga lista de mujeres muy capaces para el puesto, que también ya discutimos la semana pasada. Incluso, en estos días me han llegado muchos más nombres que debería haber incluido.

Estaremos muy atentos en estos días a las decisiones de estas Comisiones de vital importancia. No queremos más daño a la reputación del INEGI, que entró en controversia con Coneval sobre la medición de pobreza y ha suscitado sospechas en torno a la medición de la inflación. Lo que más necesita ahora es una Junta de Gobierno sólida, más allá de cualquier sospecha.

La Junta de Gobierno del INEGI comprende cinco personas, un presidente (Julio Santaella que asumió funciones el 1 de enero de 2016) y cuatro vicepresidentes con periodos de ocho años escalonados: Enrique de Alba, quien hace poco fue ratificado para un periodo adicional de ocho años; Rolando Ocampo, quien inició en 2013; y Mario Palma, quien termina en 2018. El cuarto era Félix Vélez, quien entró en 2013 a sustituir a Roció Ruiz ante su renuncia. Por lo mismo, solo desempeño el cargo menos de cuatro años, cuyo periodo concluyó a fines del año pasado. El puesto quedó vacío, primero en espera de una designación y ahora, en espera de la ratificación del Senado de Paloma Merodio, quien fue propuesta por el Presidente.

Todas estas personas, incluyendo a Eduardo Sojo, el presidente anterior y José Antonio Mejía, vicepresidente hasta 2012, fueron personas de muy amplia experiencia y de credenciales impecables para sus puestos. Sin embargo, Paloma Merodio no tiene el mismo perfil, en especial la experiencia relevante acumulada, ya que tiene apenas 31 años de edad. Su designación ha armado gran controversia, a tal grado que el CEEY encabezó una petición al Senado para que la rechazaran, firmado por más de 30 organizaciones no gubernamentales. También la Sociedad Mexicana de Demografía, encabezado por Carlos Echarri, mandó una petición similar, firmado por todos sus expresidentes. El argumento principal en su contra es que no cumple con los requisitos marcados por la ley.

La ley dice que debe “ser profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, algún cargo de alto nivel en los sectores público o privado, o ser un académico de reconocido prestigio en las materias mencionadas”. Si revisamos el CV de Paloma, es de interpretación difícil y ambiguo decir que realmente tiene por lo menos cinco años de experiencia en puestos de alto nivel. De entrada, sí tiene estudios relevantes de Licenciatura en Economía del ITAM (con honores) y una Maestría de la Universidad de Harvard. Su experiencia de trabajo en Sedesol y el IMSS es relevante, ya que fue en puestos de toma de decisiones, planeación estratégica y evaluación de políticas públicas, coordinando equipos multidisciplinarios. Pero ¿fueron de alto nivel? Posiblemente su último puesto de Directora General en Sedesol puede calificar, pero no fue de cinco años. Se tendría que considerar el puesto de Coordinadora de Investigación Estratégica en el IMSS y así, con una interpretación laxa, pudiera calificar, pero rayando llanta.

¿Ha sido profesional distinguido? Yo no había oído de ella antes y es difícil pensar que alcanza esa distinción a los 31 años. ¿Es académica reconocida? Da clases en el ITAM desde 2014, pero por asignatura, por lo que tampoco podemos pensar que ya alcanzó ser distinguida. Tuve la oportunidad de conocerla personalmente y puedo atestiguar que es una persona inteligente, capaz, motivada, independiente y articulada. El hecho de que sea mujer es muy bien visto por todos. Sin embargo, ante su corta edad, queda claro la controversia en torno a su designación.

Más allá de la discusión de que si califica o no para el puesto, la indignación de los quienes han protestado tiene que ver con el hecho de que se debe propugnar por los mejores nombramientos posibles en los organismos autónomos y evitar las designaciones de amistades o cuotas. Por ejemplo, la lista de mujeres profesionales, capaces y con la experiencia necesaria es vasta. Sin pensar mucho, se me ocurre Lorenza Martínez, Ana María Aguilar, Evelyn Rodríguez, Delia Paredes, Sara Castellanos, Irene Espinosa, Nelly Aguilera, María Luisa Ruvalcaba, María de la Paz, Edith Pacheco y Graciela Teruel. Incluso, hacia dentro del INEGI hay muchas mujeres muy capaces, por ejemplo, con el perfil de Marcela Eternod, quien fue Directora General de Estadísticas.

Escribo sobre el tema porque muchos me han preguntado por mi opinión. Al final de cuentas, creo que el Senado no va gastar su poco capital político para bloquear la designación; Paloma Merodio será miembro de la Junta de Gobierno del INEGI hasta fines de 2024. Seguro que en este tiempo acumulará la experiencia necesaria y terminará por realizar un buen trabajo. Será reto de ella demostrar su independencia, apartidismo y dones de liderazgo. Bienvenida, felicidades y mucha suerte.

Sin lugar a duda, 2016 fue otro año complicado, pero no será hasta el próximo martes 31 de enero que tengamos la estimación oportuna del crecimiento económico del cuarto trimestre en particular y del año en general. Aunque se espera que el año habrá crecido alrededor de 2.0 por ciento, todavía no queda claro. En la última encuesta de expectativas a instituciones financieras de Citibanamex del viernes pasado, sale a relucir que hay instituciones que estiman 2.2 por ciento (como Santander, Scotiabank y JP Morgan), mientras que Valmex (la Casa de Bolsa del Grupo Bailléres, dueño del prestigiado ITAM) anticipa 1.7 por ciento. Es muy inusual que existe una discrepancia tan amplia a estas alturas, faltando menos de un par de semanas para conocer el dato. Pero lo que sí sabemos es que mejoró algo el consumo de los hogares, mientras que hubo una desaceleración significativa en las exportaciones y en la inversión privada. El gasto de gobierno, como siempre no pintó ni para bien ni para mal.

A pesar de haber sido un año mediocre en cuanto al crecimiento económico (otra vez), existen amplias señales de que hubo mejoras en el mercado laboral. La primera son los 732,591 empleos adicionales registrados en el IMSS, que el gobierno ha presumido como la máxima creación de empleos formales en la historia para un año. Sin embargo, si tomamos en cuenta el crecimiento de la población, podemos ver que es fundamentalmente un fenómeno demográfico. Si lo comparamos con el crecimiento del PIB, vemos que fue un buen esfuerzo, solo superado por 2013. Pero de nuevo, fue más mérito del poco crecimiento; en los años que la generación de empleo del IMSS ha superado por mucho el crecimiento del PIB, siempre han sido años de bajo crecimiento. De hecho, dado que el crecimiento económico es un promedio y no valor fin de año, deberíamos comprar el cambio promedio del empleo con el PIB. En este caso los mejores años fueron 2001 y 2002, años de nulo crecimiento. Al final de cuentas, el mérito del incremento en el empleo formal fue resultado de una gran fiscalización de las empresas por parte del IMSS. No es que hubo “creación” de empleos formales, sino más bien se inscribieron en el IMSS muchos empleos ya existentes. En el mejor de los casos hubo un proceso de formalización, pero no de creación.

Otro dato sobresaliente fue que la tasa de desempleo urbano de fin de año sin ajustar por estacionalidad (4.05 por ciento), fue la más baja desde diciembre de 2006, es decir, de los últimos diez años. Igual, la tasa promedio anual (4.66 por ciento) fue la más baja desde el mismo año. La tasa de desempleo nacional promedio de 2016, que incluye zonas rurales sin mercados laborales, fue la más baja (3.882 por ciento) desde 2008 (3.884 por ciento). La tasa de subempleo promedio de 2016, que considera aquellos que trabajan menos horas a la semana por razones de mercado, fue 7.64 por ciento, la más baja desde 2008. Por último, la brecha laboral, que combina el desempleo, el subempleo y el desempleo disfrazado, también mostró una mejoría notable.

Si bien es cierto que hubo una mejoría en los indicadores de desempleo, queda claro que la desocupación no es uno de los problemas más importantes del mercado laboral mexicano. La gran mayoría de los mexicanos tienen trabajo, mientras que los que no pudieran tenerlo fácilmente. El problema es que la gran mayoría de los empleos son de muy baja remuneración, es decir, no de la calidad y productividad que nos gustaría que tuvieran. De hecho, los empleos creados en los últimos años son de menor remuneración que las que se creaban antes. Por ejemplo, la tendencia de la tasa de condiciones críticas de ocupación, una tasa complementaria que calcula el INEGI para tratar de medir el porcentaje de personas que laboran bajo condiciones críticas, muestra una tendencia al alza desde finales de 2014, justo cuando la tasa de desempleo abierto empieza a mejorar. Pero el mejor ejemplo de todo lo observamos en las tasas de desocupación por entidad federativa: Oaxaca y Guerrero muestran tasas de fin de año de 1.8 por ciento, las más bajas de toda la República. La razón es que la pobreza y falta de educación en esos estados obligan a aceptar el trabajo que sea al salario que sea, además de que la mayoría vive en zonas rurales donde no mercados de trabajo y viven del autoconsumo o agricultura de subsistencia. Pero eso sí, ¡no hay desempleo!

El sector de la construcción resulta ser de los más importantes de la economía, no por su tamaño dentro de la economía (7.5 por ciento) o por su aportación al empleo formal (8.5 por ciento de los asegurados en el IMSS), sino por su aportación a la formación bruta de capital del país. La construcción explica el 68.2 por ciento de la inversión fija bruta (IFB), mientras que la adquisición de maquinaria y equipo aporta el 31.8 por ciento restante. Tiene la característica de ser muy “pro-cíclico”, es decir, jala hacia arriba o hacia abajo el ciclo económico, dependiendo en qué fase nos encontramos. Por lo mismo, una de las políticas económicas más trascendentales que puede instrumentar el gobierno es la del impulso de la infraestructura pública.

Sin embargo, en los últimos seis años la inversión pública ha disminuido -23.7 por ciento. A principios de 1995 representaba 55.0 por ciento del total de la inversión, mientras que a fines del año pasado encontramos que su participación se ha reducido a tan solo 16.2 por ciento de la IFB del país. Si examinamos el PIB por el lado del gasto (también conocido como la demanda agregada), encontramos que el único componente con una contribución negativa al crecimiento económico es justo la inversión pública. Si observamos las tendencias de los tres subsectores de la construcción que reporta el INEGI, vemos que el único que muestra un estancamiento casi permanente en los últimos tres años es el subsector 237 de la “construcción de obras de ingeniería civil”, típicamente asociado con la inversión pública.

¿En qué consiste el subsector 237? El Sistema de Clasificación Industrial para América del Norte (SCIAN) divide el subsector en cuatro ramas: la construcción de obras para el suministro de agua, petróleo, gas, energía eléctrica y telecomunicaciones (2371); la división de terrenos y construcción de obras de urbanización (2372); la construcción de vías de comunicación (2373); y otras construcciones de ingeniería civil (2379). Desgraciadamente, no contamos con información oportuna a este nivel de desagregación para encontrar dónde ha fallado más el gobierno, pero intuitivamente, ha de ser la sub-rama 23712 de la construcción de obras para petróleo y gas, ya que la mayoría de las perforaciones de pozos petroleros han sido improductivos.

En adición al nulo valor agregado de la inversión pública, el gobierno también ha sido responsable por el mal desempeño de otros subsectores de la construcción, en especial, la edificación residencial (2361). Esta rama pasó por una crisis singular desde mediados de 2012 hasta fines de 2013, que casi empujó a la economía en su totalidad a una recesión. El gobierno del sexenio anterior había instrumentado una política de subsidios para impulsar a la vivienda de interés social de tipo horizontal. Sin embargo, el Censo de Vivienda reveló que había una cantidad impresionante de unidades multifamiliares abandonadas o por lo menos sin ocupar, ya que carecían de una infraestructura básica, no tenían suficiente oferta de actividades recreativas, no había servicios de educación y salud suficientes y se ubicaban muy lejos de los centros de trabajo. Al darse cuenta el gobierno de su desatinada política, suspendió el programa y prácticamente paro en seco a la industria de la construcción. El gobierno entrante tardó mucho en aprobar un nuevo esquema y después en fondear la nueva política de subsidios, a tal grado que provocó la quiebra de muchos de los desarrolladores de vivienda. Al final de cuentas, la crisis de la construcción de 2013 fue tan severa como la que experimentó en los años de la gran recesión de 2008-2009.

La organización “México, ¿Cómo Vamos?” se ha dedicado a poner metas para transformar el país. A veces difícil de entender su lógica, ya que pone una meta exageradamente ambiciosa de crecer 6 por ciento anual, junto con otra relativamente mediocre de que la inversión fija bruta alcance solo el 24 por ciento del PIB. Sin embargo, para crecer más, necesitamos incrementar la inversión. Aun así, en 2015 la inversión solo representó 22.2 por ciento del PIB, como producto de la mala inversión pública y políticas desatinadas para impulsar la construcción en general.

Al enfrentarse a la necesidad de recortes presupuestales, el gobierno se ha enfocado a disminuir aún más las obras de infraestructura básica. Todos sabemos que tiene mucha tela para recortar del gasto corriente, pero ha fallado la voluntad política. ¿Qué pasó con el presupuesto base cero? ¿Qué pasó con el Programa Nacional de Infraestructura? Buenas ideas, abandonadas.

Llama la atención las declaraciones del titular del SAT, de que el INEGI calcula mal el PIB del país. Según la posición de la Administración Tributaria, el crecimiento económico no empata con los indicadores de recaudación, consumo y empleo. Lo que dice la dependencia de la SHCP es que dado que las cifras que produce el INEGI no reflejan lo que el gobierno quiere, habría que cambiar la metodología de las cuentas nacionales. Básicamente, lo que sugiere ahora la SHCP es que hagamos en México lo que hicieron en Argentina: manipular las cifras económicas para reflejar los deseos de los funcionarios. Otra alternativa podría ser lo que ha hecho Venezuela: simplemente dejar de publicar cifras oficiales.

Precisamente por eso es que se le otorgó la autonomía al INEGI. Sin embargo, esta posición de la SHCP es exageradamente peligroso en el momento en que faltan apenas dos meses para que una nueva persona toma posesión de la Presidencia del INEGI. ¿El nombramiento será para un allegado de SHCP u otro oriundo del gobierno del Estado de México para este puesto vital? ¿A qué se debe esta falta de respeto a la autonomía del INEGI?

La expectativa de crecimiento para el PIB de este año es alrededor de 2.2 por ciento. Dado que el INEGI revisó la tasa del PIB anual del año pasado a 2.2 por ciento (de 2.1), estamos en espera de ver si el crecimiento de este año logra superar o no el de 2014. Aunque esta cifra se ubica muy por debajo de lo que prometió el gobierno en un escenario de reformas estructurales y mucho menos de lo que contempló el presupuesto original de 2015, no está nada mal al observar el desempeño de la mayoría de los países emergentes. Por ejemplo, las tres economías más grandes de América del Sur (Brasil, Argentina y Venezuela) terminarán este año con tasas negativas. No hay duda que el entorno externo no ha favorecido la expansión de la actividad económica del país.

Si examinamos el crecimiento del PIB en lo que va este año, llegamos a la conclusión de que lo que está deteniendo el avance económico son las actividades secundarias. La producción industrial ha avanzado en promedio alrededor de uno por ciento en los primeros ocho meses del año, producto de una tasa de 3.0 por ciento en la manufactura y 3.6 por ciento en la construcción (a pesar de un estancamiento en la inversión pública), pero con un retroceso de -6.3 por ciento en la minería (principalmente por la caída de casi 7 por ciento en la extracción de petróleo). Incluso, si examinamos las cifras de comercio exterior, encontramos que las exportaciones totales han disminuido -2.8 por ciento en los primeros ocho meses del año respecto al mismo periodo del año anterior. Las exportaciones no petroleras, que representan el motor tradicional de crecimiento de la economía, han avanzado apenas por arriba de 2 por ciento. En otros años que hemos visto crecimientos tan bajos, hemos observado un desempeño del PIB todavía menor a la que tenemos este año.

¿Entonces que explica el crecimiento que llevamos a la fecha? Según el INEGI, ha sido el avance en el consumo de los hogares, que ha registrado un repunte sorprendente a partir del primer trimestre. Las cifras son consistentes con las ventas del ANTAD y del AMIA, que muestran que ciertos segmentos de la economía (los que tienen mayor poder adquisitivo) están gastando más. Esto es sorprendente, si tomamos en cuenta que la reforma recaudatoria del año pasado les restó recursos a las familias.

¿Qué explica el aumento más que proporcional de la recaudación del gobierno federal? Hubo aumentos de impuestos, reducciones en las deducciones y una fiscalización mayor. El IMSS registra un incremento significativo en el número de trabajadores registrados en el instituto, pero no producto de nuevos empleos, sino de la formalización de trabajos que antes no pagaban impuestos. Los esfuerzos de fiscalización han sido tan imponentes, que el propio Banco de México admite un incremento exorbitante en la demanda de efectivo (base monetaria) de más del 20 por ciento en lo que va este año. No es que ha aumentado la cantidad de transacciones en la economía en esa magnitud, sino que hemos visto cambios en las formas de pago hacia el uso de más efectivo y menos tarjetas y otros medios, para tratar de compensar los efectos nocivos que tuvo la reforma recaudatoria y la mayor fiscalización.

¿Cuál ha sido el factor limitante del crecimiento interno? La poca efectividad del gasto público. El gobierno gasta lo que nunca había gastado antes, sin ninguna repercusión en el crecimiento económico ni en el abatimiento de los niveles de pobreza.

La semana pasada, justo cuando muchos estaban a la mitad de sus vacaciones de Semana Santa y otros tantos estaban por salir, la SHCP divulgó el documento conocido como “Pre Criterios 2016”, aunque su título oficial fue “Documento Relativo”. En sus 68 páginas, la SHCP establece los principales objetivos para la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2016, junto con los escenarios sobre las principales variables macroeconómicas para 2016 y sobre el monto total del presupuesto de egresos y su déficit. En una lectura rápida encontré varios aspectos que me llamaron la atención, que enseguida enunciaré.

1) En términos generales, el análisis expuesto en el documento es lo que se llama de “elevador”, es decir, se limita a decir que bajó que subió, pero deja fuera los porqués, los cómos y los debido a. Creo que pudiera haber sido una exposición mucho más enriquecedora. ¿Será que no conviene?

2) Como ejemplo del punto anterior, resalta que el consumo privado creció menos en 2014 que en 2013. ¿No sería interesante que la SHCP nos hubiera ofrecido una explicación del por qué? Por otro lado, presume que los ingresos tributarios llegarán a 11.5 por ciento del PIB, 1.8 puntos más que en 2013, evidencia de que la Reforma Recaudatoria le quitó bastantes recursos a las familias y empresas.

3) La inversión pública disminuye 7.4 por ciento en 2014, a una tasa más negativa que en 2013 y el único componente de la demanda agregada con tasa negativa. ¿Por qué? La SHCP no ofrece explicación alguna.

4) No obstante, la SHCP dice que aumentó la inversión física 7.5 por ciento real respecto al año anterior. ¿Cómo concilia SHCP su aumento con la disminución que reporta INEGI? ¿La respuesta? Mutis.

5) Destaca SHCP que el gasto neto presupuestal ascendió a 26.4 por ciento del PIB, un aumento real de 4.2 por ciento. Pero si utilizo las cifras del INEGI, la suma del consumo de gobierno más inversión pública real resulta -0.3 por ciento comparada con 2013. ¿Entonces?

6) Presume SHCP que el crecimiento anual de 714 mil afiliados en el IMSS es “generación de empleos formales”. Sin embargo, la mayor parte es la formalización de empleos informales y la incorporación de empleos formales existentes mediante la fiscalización del IMSS. No sabemos cuánto fue realmente una generación de empleos, pero queda claro que no fue ni cerca a esa cifra.

7) Presume que el déficit tradicional de 2014 fue 3.2 por ciento del PIB versus 3.6 por ciento aprobado. Sin embargo, los requerimientos financieros del sector público (RFSP) fueron 4.0 por ciento versus 4.2 por ciento aprobado y la diferencia radica en “adecuaciones en registros”, que fue un punto porcentual completo por encima de lo aprobado. No soy experto en finanzas públicas, pero me suena a “errores y omisiones”, o bien, ajustes oscuros. Puedo estar equivocado.

8) Pero aún, los RFSP ajustados, que incluyen ingresos provenientes de activos financieros netos, fue 4.7 por ciento del PIB. Por un lado, nos dicen que el déficit fiscal fue tan solo 0.5 por ciento, pero en realidad fue muchísimos más. Tenemos un déficit elevado y una deuda pública creciente. ¿Finanzas públicas sanas?

9) El saldo histórico de los RFSP ascendió a 43.7 por ciento del PIB. Tenemos ya como ocho años al hilo que la deuda pública va en aumento. ¿Finanzas públicas sanas?

10) El balance económico primario será -1.3 por ciento en 2015 y -0.6 por ciento en 2016. Posiblemente el punto más importante de finanzas sanas es un superávit primario. No queremos pedir prestar para pagar intereses de la deuda pública, ¿o sí?

11) Dice la SHCP que “la inversión será impulsada por el crecimiento del empleo formal”. ¿No es al revés?

12) Aunque la estimación de crecimiento del PIB para 2015 se mantiene en el rango de 3.2 a 4.2 por ciento, para efectos de planeación de finanzas públicas, la SHCP utilizará el piso de 3.2 por ciento. Para fines prácticos, eso significa una revisión a la baja en su expectativa.

13) Sin embargo, para la planeación de 2016, sí utiliza el punto medio del rango de 3.3 a 4.3 por ciento.

14) Interesante. Para las proyecciones de demanda agregada dice que la inversión aumentará entre 3.7 y 4.7 por ciento, pero sin desglose entre pública y privada. ¿Será que la inversión pública va disminuir por quinto año consecutivo y no lo quiere publicitar mucho que digamos?

15) Más interesante. Compara la proyección de inflación de 3.0 por ciento versus los analistas del sector privado que anticipan 3.1 por ciento. ¿Por qué no hace la misma comparación con los datos de crecimiento?

La teoría cuantitativa del dinero parte de una identidad, que relaciona el valor de las transacciones en la economía con la cantidad de dinero que circula. Aunque la formulación original se le atribuye a Jean Bodin en el siglo dieciséis, muchos economistas como Hume, Fisher, Marshall, Pigou, Von Mises, Keynes y Friedman, contribuyeron a su elaboración, que básicamente establece la relación entre la oferta y la demanda de dinero. Su formulación es relativamente simple: MV=PQ, dónde M es la cantidad nominal de dinero en circulación, V es la velocidad de circulación, P es el nivel de precios y Q es el número de transacciones en la economía, o bien, el nivel de producción.
En un principio, V se consideraba constante, de tal forma que la cantidad de dinero en circulación tenía que crecer proporcionalmente al nivel de producción, ya que de lo contrario aumentaría el nivel de precios, es decir, se produciría inflación. Posteriormente, se interpretó a V como la inversa de la demanda de dinero, de tal forma que depende del ingreso, el nivel de riqueza y las tasas de interés. No obstante, se supone que esta función es estable a largo plazo, por lo que de todos modos cualquier incremento desproporcionado en la circulación de dinero produciría más inflación.
El nivel de producción (Q) es un concepto similar al PIB real que si lo multiplicamos por P, obtenemos el PIB nominal. Ante una demanda de dinero estable, esto significa que la tasa de crecimiento de los billetes y moneda en circulación debería ser similar al crecimiento del PIB nominal. El INEGI reportó hace poco que el PIB nominal creció 5.8 por ciento en 2014, por lo que esperaríamos que la oferta monetaria estaría creciendo a un ritmo más o menos similar. El problema es que el Banco de México nos dice que la base monetaria (billetes y monedas) creció a un ritmo anual de 19.0 por ciento, es decir, más de tres veces el crecimiento del PIB nominal.
Si la demanda de dinero fuera estable, estaríamos ante una bomba inflacionaria. Sin embargo, la tasa anual se ubica por ahora en 3.0 por ciento, que es exactamente el objetivo puntual del Banco de México, mientras que las expectativas de las autoridades monetarias son que termine el año ligeramente por debajo de ese nivel. Esto significa que no tenemos una demanda estable, sino más bien creciente. La gran pregunta es ¿por qué?
Hay varias hipótesis al respecto y como suele suceder, lo más seguro es que la respuesta es una combinación de todas ellas. La primera es la tasa de interés tan baja, lo que desincentiva el ahorro y aumenta la demanda por dinero. No obstante, si fuera así deberíamos observar mayor consumo, que realmente no es el caso. La segunda es un mayor crecimiento de la economía informal, que típicamente se maneja con dinero en efectivo. Sin embargo, los datos del INEGI y del IMSS sugieren más bien lo contrario. La tercera es que se haya expandido mucho más la economía ilegal (léase narcotráfico), pero no hay mucha evidencia que soporte un crecimiento tan elevado. La cuarta es que ya estamos viendo el gasto electoral, que típicamente maneja más efectivo. No obstante, el crecimiento de la base monetaria ha sido elevado desde el año pasado, por lo que no es fenómeno de los últimos meses.
Finalmente, hay una quinta hipótesis, que parece ser la más probable. Las reformas fiscal y financiera del año pasado, en combinación con otras medidas instrumentadas por las autoridades fiscales para reducir el lavado de dinero han llevado a una mayor fiscalización de todas las transacciones cotidianas que se realizan en la economía. Esto ha llevado a que mucha gente y empresas estén evitando utilizar el sistema bancario y demás formas que alertan a las autoridades de sus transacciones. Por ejemplo, se dice que el SAT ahora sabe cuándo viajó, a dónde, cuánto gasto y hasta qué compró. Para mucha gente, ésta intromisión de las autoridades en la vida privada no solamente es intimidante, sino incluso un abuso. La consecuencia es que la gente prefiere cada vez más manejarse en efectivo y así evitar el uso de las tarjetas de crédito, los pagos vía el sistema bancario y demás transacciones fiscalizables, lo que ha llevado a un incremento significativo en la demanda de dinero.
De ser cierto, significa que podemos agregar otro factor a la larga lista de puntos negativos de la reforma hacendaria. En sus intentos de reducir el lavado de dinero, de fiscalizar más a la gente y de reducir las oportunidades de evadir impuestos, la SHCP ha logrado exactamente lo contrario. En otras palabras, otra política fiscal que no ha funcionado bien.

El Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) permite calcular el PIB de tres formas diferentes, de las cuales (en teoría) se debe llegar al mismo número. Al final de cuentas, la contabilidad nacional debe cuadrar al igual que cualquier otro sistema de cuentas, por lo que la práctica común es que se realiza el cálculo mediante dos de las tres opciones. Estas son por el Valor Agregado (VA), por el lado de los gastos y por la suma de los ingresos. El INEGI realiza primero el cómputo del VA, que consiste en medir el valor bruto de la producción y el consumo intermedio; el PIB se obtiene restando los dos componentes. Posteriormente, calcula el PIB por el lado del gasto, que es mediante la suma del consumo privado, la inversión, el gasto público y las exportaciones, todo neto de las importaciones. El primer cálculo lo tenemos alrededor de 35 días hábiles después del cierre del trimestre, mientras que el segundo como un mes después.
A nivel trimestral, el INEGI no realiza el cálculo por el lado del ingreso, que sería la suma de los salarios, las rentas, las utilidades y otras fuentes de ingresos. Como nueve meses después del cierre del año, nos entrega todas las cuentas nacionales cuadradas, incluyendo un cálculo del Ingreso Nacional, pero solo en términos anuales. Por lo mismo, carecemos de indicadores mensuales y trimestrales de ingresos, como sería el ingreso personal disponible de los hogares que produce Estados Unidos cada mes. Dentro de la familia de indicadores coyunturales de alta frecuencia, este indicador sería posiblemente el que más hace falta en nuestro país.
Al analizar la conformación del PIB en los últimos dos años, encontramos que el gasto público (y en especial la inversión pública) ha sido significativamente más bajo que lo sugerido por la SHCP. Al tratar de entender los porqués, encontramos que existen diferentes coberturas, metodologías y hasta métodos de registro entre las dos contabilidades. Pero también encontramos que el consumo de los hogares ha sido muy bajo, incluso más allá de lo que pudiéramos esperar a raíz de la reforma fiscal. Para terminar de entender bien este fenómeno, necesitamos indicadores de ingresos familiares, de los cuales carecemos.
Una posibilidad es armar un indicador de la masa salarial mediante las cifras del IMSS. Se multiplica el número de aseguradores por la cotización salarial promedio deflactado por el índice de precios. Sin embargo, encontramos una tendencia constante al alza a raíz de un salario real relativamente fijo y un incremento continuo en el empleo registrado por el IMSS. El problema es que lo último no refleja un incremento real en el empleo del país, sino un esfuerzo de fiscalización por parte del Instituto. Algunos analistas mantienen que más de la mitad de estos “nuevos” empleos son simplemente una formalización de empleos ya existentes. En realidad, el número de asegurados no es un buen indicador del empleo en el país, por lo que el cálculo no tiene utilidad.
Otra opción es construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos de la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación (ENOE), tal como lo hace el Banco de México. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial. Aquí encontramos que la PO no ha aumentado tanto, mientras que el ingreso real muestra una clara tendencia a la baja desde 2008 a la fecha. De esta forma observamos una clara disminución en la masa salarial en 2008 y 2009, una tendencia lateral entre 2010 y 2012, y de nuevo una baja significativa en 2013 y 2014.
Aunque esta medida es claramente superior a cualquiera derivada de los datos del IMSS, no queda tan claro que esté libre de críticas. Por ejemplo, a través del tiempo ha aumentado el porcentaje de respuestas “no contesto” en los ingresos, por lo que pudiera existir un sesgo hacia la baja. Sin embargo, la caída en el ingreso promedio real en 2013 y 2014 sí parece explicar en parte la debilidad del consumo de los hogares en estos dos últimos años.
Ahora falta buscar explicaciones para la caída en los ingresos de los hogares. Sabemos que muchos de los empleos que se han creado en los últimos años han sido de muy baja remuneración. También sabemos que la reforma fiscal tuvo un impacto negativo en 2014. Sin embargo, aun parece que nos faltan piezas para resolver bien este misterio.