Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI dio a conocer los resultados de la ENOE en su entrega trimestral para el segundo trimestre de 2016. A diferencia de la entrega mensual, ésta ofrece los resultados expresados en valores absolutos, es decir, en números de personas. El INEGI aplica las tasas de empleo y desempleo en sus diferentes modalidades a las proyecciones demográficas elaboradas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO). Para el caso específico de este trimestre, la proyección de la población total del país es de 122,117,027 personas.

Expresar el desempleo en número de personas no es usual; la práctica es utilizar tasas para referenciarlo en términos relativos, es decir, respecto a la población económicamente activa o algún otro parámetro. No obstante, los datos presentados en esta versión de la ENOE nos sirven para el cálculo de ciertas tasas que el INEGI no reporta. Por ejemplo, a pesar de que las últimas recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y de la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo (CIET) de 2013, establecen conceptos novedosos como la fuerza laboral potencial (FLP) y la brecha laboral, el INEGI no ha querido divulgarlos. El INEGI no reporta la FLP, pero proporciona la Población Económicamente Activa (PEA) y los disponibles para trabajar dentro de la Población No Económicamente Activa (DPNEA), que sumados da la FLP. La PEA como proporción de la población en edad de trabajar (15 años y más) es 59.6 por ciento, mientras que la FLP es 66.2 por ciento.

La brecha laboral es un concepto mucho más amplio y relevante que la tasa de desempleo abierto (DA), ya que suma al DA, el subempleo y el desempleo disfrazado, que como proporción de la FLP nos da una idea de las necesidades de trabajo en el mercado laboral. Esto es porque no solo tenemos que buscar empleo para los desempleados abiertos, sino también para los que trabajan apenas unas horas a la semana porque no encuentran un trabajo de tiempo completo y los que están desempleados, dispuestos a trabajar, pero no realizan una búsqueda activa. Para el segundo trimestre de 2016, la brecha disminuyó a 20.3 por ciento (de la FLP), para registrar su menor nivel desde el último trimestre de 2008. Esto fue porque el desempleo registró su tasa más baja desde el segundo trimestre de 2008, el subempleo su tasa más baja en lo que va el sexenio y el desempleo disfrazado su segunda tasa más bajo desde el tercer trimestre de 2008 (todas como proporción de la FLP).

Otro concepto que podemos derivar de los datos de la ENOE, pero que el INEGI tampoco lo reporta, es el del ingreso promedio real. Este indicador es de suma importancia, ya que el INEGI carece de indicadores de ingreso disponible por la forma de cálculo de las Cuentas Nacionales. Empezamos con una mala noticia, ya que los ingresos por hora trabajada disminuyen en el trimestre. Sin embargo, dado que aumenta el número de horas trabajadas por semana, hay un incremento en el ingreso promedio nominal. Al convertir el ingreso nominal a términos reales, encontramos que el INPC disminuyó respecto al trimestre anterior, lo que da un aumento en el ingreso promedio real de 0.8 por ciento respecto al primer trimestre del año y 1.9 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Para completar el ejercicio, multiplicamos el ingreso promedio real por el empleo remunerado para tener una idea de la masa salarial real, que ayuda a explicar el consumo de los hogares. En esta ocasión encontramos un aumento en el trimestre en el empleo remunerado de 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior (y 0.9 por ciento respecto al año anterior), después de una disminución de -0.7 por ciento en el trimestre anterior. El resultado es que el incremento en el ingreso se ve ampliado por el aumento en el empleo, por lo que la masa salarial real aumenta 1.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.8 por ciento respecto al año anterior.

¿Qué nos dicen estas cifras? La disminución de la brecha laboral es definitivamente positiva, aunque el ingreso por hora trabajada haya disminuido. Lo último se compensa con más horas trabajadas y mayor empleo remunerado, por lo que aumenta la masa salarial. Esto significa que las familias tienen más ingresos para poder seguir consumiendo. Buenas noticias.

El pasado viernes 13 de mayo, el INEGI dio a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en su entrega trimestral. Los datos que reporta para el primer trimestre son muy interesantes. Sin embargo, antes de comentar cifras, permítame mi queja tradicional sobre lo mal escrito que está el boletín de prensa. Todos sabemos que el indicador más significante de este informe es la tasa de desempleo. No hubo ni un solo medio que reportó alguna otra tasa primero, pues es obvio su importancia. Pero si leen ustedes el boletín, encontrarán que ni siquiera se menciona en la primera página. Habla primero de la población económicamente activa y de la población ocupada, cifras irrelevantes (en términos relativos) ante el interés del público. Nunca he entendido, no entiendo y no entenderé por qué el INEGI insiste en esta manipulación tan tonta. En fin…

De entrada, hay muy buenas noticias, pues la tasa de desempleo abierto nacional bajó a 4.21 por ciento, la más baja para un trimestre desde el tercero de 2008, es decir, desde la gran recesión de 2008-2009. También, la tasa de subempleo, que contabiliza las personas que no han logrado encontrar un trabajo de tiempo completo, bajó a 8.02 por ciento, que es una de las tasas más bajas observadas en los últimos seis años. Finalmente, la tasa de desempleo disfrazado, que contempla los desempleados inactivos (que forman parte de la población económicamente no activa, pero disponibles para trabajar), disminuyó a 16.49 por ciento de la PENA, también una de las tasas más bajas observadas en estos años. Lo que todavía no reporta el INEGI (aunque los datos allí están) es la brecha laboral, que es la suma de estas tres categorías como porcentaje de la fuerza laboral potencial.

En octubre de 2013, la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo adoptó formalmente las definiciones de fuerza laboral potencial (FLP) y brecha laboral. La primera es la suma a la fuerza laboral tradicional (la población económicamente activa) a los desempleados no activos (desempleo disfrazado), que se utiliza como denominador. Si expresamos el desempleo abierto, el subempleo y el desempleo disfrazado como porcentaje de la FLP, resulta que el desempleo tradicional es 3.6 por ciento (en vez de 4.0), el subempleo es 6.8 (en vez de 8.0) y el desempleo disfrazado es 10.2 (en vez de 16.5). Disminuyen las tres tasas ya que el denominador es más amplio, pero nos permite sumar las tres tasas para obtener la brecha laboral, que en el primer trimestre de 2016 disminuye a 20.7 por ciento, la más baja desde el último trimestre de 2008. Como quien dice, el panorama laboral regresa finalmente a niveles observados antes de iniciar la gran recesión.

La otra noticia interesante que sale de la ENOE, pero que tampoco lo reporte el INEGI explícitamente, es el ingreso promedio de los empleados y la masa salarial. Para construir estos indicadores tenemos que buscar en las partes más ocultas de la encuesta, ya que no se reporta en el Banco de Información Económica (BIE). Hay que buscar “encuestas en hogares” en el tabulador de “fuente/proyecto”, para buscar los “indicadores estratégicos” en la ENOE. Allí se tiene que descargar el archivo del primer trimestre de 2016 y ver los datos de “horas trabajadas a la semana” (renglón 252) y “ingresos por hora trabajada” (renglón 255) para obtener los ingresos por semana promedio del trimestre. Lo podemos deflactar por el INPC para obtener los datos en términos reales. Encontramos que el ingreso promedio real aumentó 0.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 1.7 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Si vemos ahora el empleo remunerado (renglón 46 menos renglón 52), encontramos que aumentó 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.3 por ciento en un año. Ahora, si multiplicamos el empleo remunerado por el ingreso promedio real, obtenemos la masa salarial real, posiblemente el indicador más relevante que tiene el INEGI sobre ingresos. Resulta que creció 1.6 por ciento respecto al último trimestre de 2015 y 4.1 por ciento respecto al primero del mismo año. Hemos buscado explicaciones para entender porqué el consumo de las familias aumentó el año pasado después de varios años de estancamiento. En 2013 la masa salarial real solo creció 0.5 por ciento y en 2014 disminuyó 4.1 por ciento, mientras que en 2015 aumentó 4.1 por ciento. Aunque todavía estamos por debajo de los niveles alcanzados en 2007, hubo una recuperación importante el año pasado, que se mantiene en el primer trimestre de 2016.

Ante la racha de tantas malas noticias, por lo menos algo refrescante.

En los últimos meses hemos visto señales claras de cierto resurgimiento en el consumo de los hogares. La venta de automóviles nuevos en abril fue 23.3 por ciento superior al mismo mes del año anterior. Las tasas anuales de ventas reales de tiendas totales, reportadas por la ANTAD, han promediado 5.6 por ciento en los cuatro primeros meses del año, a diferencia del promedio de 1.1 por ciento en todo 2014. Aunque las cifras del INEGI están más rezagadas, los ingresos reales obtenidos por el suministro de bienes y servicios de las empresas comerciales al por menor (lo que antes le decíamos ventas al por menor), se ubicaron 5.5 por ciento por encima del nivel observado hace un año. El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) de las actividades terciarias no creció tanto (tasa anual de 2.6 por ciento en febrero), pero las actividades de comercio (SCIAN 43-46) reporta un avance de 3.6 por ciento respecto al año pasado.

Estos datos son interesantes, en especial a la luz que nuestro motor principal de crecimiento (las exportaciones no petroleras) presentó una desaceleración importante en el primer trimestre del año. Típicamente, necesitamos dinamismo en las actividades manufactureras para “jalar” a la economía interna. Sin embargo, ahora presenta signos de vida la economía interna sin correspondencia a la actividad exportadora. Resulta importante entender de dónde viene este empuje y en especial, si es un fenómeno temporal o permanente. De ser lo último, pudiéramos estar por iniciar una etapa de mayor crecimiento, que tanto falta hace.

Varios de las hipótesis que se ha manejado son el gasto electoral (que tiene un componente muy líquido), la economía informal (que también podría explicar el crecimiento elevado de la base monetaria), la renovada fiscalización de las autoridades (que fomenta el consumo en vez de depositar ingresos en los bancos), la tasa de interés tan baja (que desincentiva el ahorro), la depreciación cambiaria (que lleva a adelantar compras antes de un traspaso a los precios), la demanda reprimida (que empieza a satisfacerse) y la disminución en la tasa de desempleo (que explicaría un incremento en el ingreso promedio real de las familias).

La semana pasada, el INEGI divulgó la versión trimestral de la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación (ENOE) para los primeros tres meses del año, que presenta datos del promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. La multiplicación de ambos (y deflactado por el INPC) nos permite obtener una medida del ingreso promedio real. Resulta que aumenta 2.7 por ciento respecto al trimestre anterior, que si bien pudiera ser simplemente un efecto estacional, interrumpe la tendencia decreciente que han mostrado los ingresos desde hace dos años. Si lo multiplicamos por el empleo remunerado para obtener un cálculo de la masa salarial real, vemos que ha aumentado 3.1 por ciento respecto al periodo anterior. Si combinamos este resultado con una disminución en la tasa de desempleo abierto, encontramos algo de evidencia que apunta a una mejoría (aunque marginal) en el poder de compra de los hogares.

Aun así, no queda del todo claro que está pasando. Si comparamos los niveles de ingreso de los ocupados del primer trimestre con el mismo periodo del año anterior, encontramos que hay un incremento significativo en empleos de dos salarios mínimos (SM) o menos, una disminución en empleos entre dos y tres SM y muy pocos empleos nuevos con salarios mayores a tres SM. Esto significa que aunque la creación de empleo ha avanzado, la mayoría son de ingresos muy bajos. Sin embargo, hay un aumento de más de 450 mil ocupados que no especifican sus ingresos y que pudieran ser empleos mucho mejor remunerados.

Pero si realizamos la misma comparación con el trimestre inmediato anterior, encontramos resultados muy diferentes. Resulta que en el primer trimestre hay más de 550 mil ocupados adicionales con salarios de tres SM o más. Hay mucha evidencia de una mejoría en el margen, pero que difícilmente podemos saber si es simplemente una mejora estacional (ya que los datos no están ajustadas por estacionalidad), o bien, el comienzo de una nueva tendencia ascendente. Lo que si podemos afirmar es que se interrumpe la tendencia a la baja que prevaleció por dos años. Ahora necesitamos esperar a los siguientes trimestres para ver cómo avanzamos.

Mañana, jueves 21, sabremos cuánto creció el PIB en el primer trimestre. A pesar de todo, no se esperan datos buenos y esto podría llevar a más revisiones a la baja en las expectativas.