Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El sector de la construcción resulta ser de los más importantes de la economía, no por su tamaño dentro de la economía (7.5 por ciento) o por su aportación al empleo formal (8.5 por ciento de los asegurados en el IMSS), sino por su aportación a la formación bruta de capital del país. La construcción explica el 68.2 por ciento de la inversión fija bruta (IFB), mientras que la adquisición de maquinaria y equipo aporta el 31.8 por ciento restante. Tiene la característica de ser muy “pro-cíclico”, es decir, jala hacia arriba o hacia abajo el ciclo económico, dependiendo en qué fase nos encontramos. Por lo mismo, una de las políticas económicas más trascendentales que puede instrumentar el gobierno es la del impulso de la infraestructura pública.

Sin embargo, en los últimos seis años la inversión pública ha disminuido -23.7 por ciento. A principios de 1995 representaba 55.0 por ciento del total de la inversión, mientras que a fines del año pasado encontramos que su participación se ha reducido a tan solo 16.2 por ciento de la IFB del país. Si examinamos el PIB por el lado del gasto (también conocido como la demanda agregada), encontramos que el único componente con una contribución negativa al crecimiento económico es justo la inversión pública. Si observamos las tendencias de los tres subsectores de la construcción que reporta el INEGI, vemos que el único que muestra un estancamiento casi permanente en los últimos tres años es el subsector 237 de la “construcción de obras de ingeniería civil”, típicamente asociado con la inversión pública.

¿En qué consiste el subsector 237? El Sistema de Clasificación Industrial para América del Norte (SCIAN) divide el subsector en cuatro ramas: la construcción de obras para el suministro de agua, petróleo, gas, energía eléctrica y telecomunicaciones (2371); la división de terrenos y construcción de obras de urbanización (2372); la construcción de vías de comunicación (2373); y otras construcciones de ingeniería civil (2379). Desgraciadamente, no contamos con información oportuna a este nivel de desagregación para encontrar dónde ha fallado más el gobierno, pero intuitivamente, ha de ser la sub-rama 23712 de la construcción de obras para petróleo y gas, ya que la mayoría de las perforaciones de pozos petroleros han sido improductivos.

En adición al nulo valor agregado de la inversión pública, el gobierno también ha sido responsable por el mal desempeño de otros subsectores de la construcción, en especial, la edificación residencial (2361). Esta rama pasó por una crisis singular desde mediados de 2012 hasta fines de 2013, que casi empujó a la economía en su totalidad a una recesión. El gobierno del sexenio anterior había instrumentado una política de subsidios para impulsar a la vivienda de interés social de tipo horizontal. Sin embargo, el Censo de Vivienda reveló que había una cantidad impresionante de unidades multifamiliares abandonadas o por lo menos sin ocupar, ya que carecían de una infraestructura básica, no tenían suficiente oferta de actividades recreativas, no había servicios de educación y salud suficientes y se ubicaban muy lejos de los centros de trabajo. Al darse cuenta el gobierno de su desatinada política, suspendió el programa y prácticamente paro en seco a la industria de la construcción. El gobierno entrante tardó mucho en aprobar un nuevo esquema y después en fondear la nueva política de subsidios, a tal grado que provocó la quiebra de muchos de los desarrolladores de vivienda. Al final de cuentas, la crisis de la construcción de 2013 fue tan severa como la que experimentó en los años de la gran recesión de 2008-2009.

La organización “México, ¿Cómo Vamos?” se ha dedicado a poner metas para transformar el país. A veces difícil de entender su lógica, ya que pone una meta exageradamente ambiciosa de crecer 6 por ciento anual, junto con otra relativamente mediocre de que la inversión fija bruta alcance solo el 24 por ciento del PIB. Sin embargo, para crecer más, necesitamos incrementar la inversión. Aun así, en 2015 la inversión solo representó 22.2 por ciento del PIB, como producto de la mala inversión pública y políticas desatinadas para impulsar la construcción en general.

Al enfrentarse a la necesidad de recortes presupuestales, el gobierno se ha enfocado a disminuir aún más las obras de infraestructura básica. Todos sabemos que tiene mucha tela para recortar del gasto corriente, pero ha fallado la voluntad política. ¿Qué pasó con el presupuesto base cero? ¿Qué pasó con el Programa Nacional de Infraestructura? Buenas ideas, abandonadas.

El INEGI dio a conocer el crecimiento del PIB de 2015 el mes pasado, por el lado de la oferta. Las cifras incluyeron el PIB total y el desglose a nivel de dos dígitos del SCIAN, que significa el crecimiento de los 20 sectores de la economía (aunque realmente son 19 al no separar el comercio al por mayor del comercio al por menor). Resultó que el PIB creció 2.5 por ciento, pero a un pellizco de registrar 2.6 (ya que fue 2.5496 por ciento). No nos debería de sorprender que la próxima revisión sea al alza, ya que a semana pasada se divulgó el desglose por el lado del gasto (también denominado de la demanda agregada), que revela algunos aspectos interesantes del acontecer económico del año pasado.

Primero, el supuesto crecimiento “sorpresivo” del consumo privado, siempre no fue para tanto. En 2015 creció 3.1 por ciento (3.148 para ser más exacto), que fue 1.23 veces lo que creció el PIB. Si examinamos la relación histórica entre consumo y PIB, encontramos que fue un año normal, ya que el promedio de los diez años anteriores fue 1.22 veces. Más bien, el año anormal fue 2014, ya que la relación apenas fue 0.79 veces y se explica por la reforma fiscal. En 2015, simplemente observamos el regreso a la normalidad.

Segundo, habíamos visto que las exportaciones cayeron -4.1 por ciento en 2015, producto del desplome de las petroleras, pero también de un pobre desempeño de las exportaciones no petroleras. Sin embargo, estas cifras de la balanza comercial son en dólares nominales, por lo que no reflejan el volumen exportado. Si examinamos las cuentas nacionales, que mide el crecimiento en términos de pesos reales, resulta que las exportaciones crecieron 9.1 por ciento. Esto significa que sí hubo un incremento importante en el volumen de exportación, impulsado por la depreciación de la moneda, pero como fue a precios más baratos, no obtuvimos más dólares en el año. Otra paradoja es que, aunque tuvimos el déficit comercial más elevada desde 2008 (medidos en dólares), resulta ser el superávit más elevada de hace por lo menos los últimos diez años medidos en pesos reales.

Tercero, la SHCP nos había reportado un aumento en el gasto del sector público total de 5.8 por ciento real en 2015, para registrar el nivel de gasto público (nominal y real) más elevada en la historia. No solamente fue un crecimiento real elevado (el promedio anual de los últimos 34 años es 2.5 por ciento), sino resulta que la tasa es superior a 24 de los 34 años de historia consultada. Pero al consultar las cifras del INEGI para ver su impacto en el valor agregado del país, nos topamos con un gran misterio. Sumamos el consumo público y la inversión pública para tener una idea del gasto público total; encontramos que la tasa real de 2015 respecto al año anterior es -0.01 por ciento. Salvo 2012, es la tasa más baja que encontramos.

La explicación principal es una caída de -6.5 por ciento en la inversión pública real, contra un avance de 2.4 por ciento que presume la SHCP y el sexto año consecutivo con tasa negativa. Peor aún, mientras que la SHCP reporta un crecimiento acumulado de gasto público de capital de 48.4% en 2015 respecto a 2009 (seis años), INEGI nos dice que la inversión pública ha disminuido -23.7 por ciento en el mismo periodo.

No sé ustedes, pero para mí esto es un escándalo mayúsculo. Tenemos el mayor gasto público real en la historia, pero sin que aporte al crecimiento económico. La tasa de crecimiento promedio de 2010 a 2015 es de 3.2 por ciento, mientras que el PIB sin inversión pública ha avanzado a una tasa promedio real de 3.6 por ciento. ¿Cuál es el propósito de la inversión pública? ¿Crecer menos? ¿Para esto nos quitan impuestos?

Por último, el INEGI mide el PIB primero por el lado del valor agregado (valor bruto de la producción menos el consumo intermedio) y después por el lado del gasto. Aunque en teoría deben dar el mismo resultado, siempre hay una discrepancia estadística entre los dos cálculos. El problema es que la contabilidad nacional no es lo mismo que la de una empresa, ya que los cálculos son por inferencia estadística (encuestas) y no por asientos contables exactos. En 2015 se registró la discrepancia estadística más elevada en la historia entre los dos cálculos; resulta que la suma de los componentes es 2.4 por ciento mayor que el PIB. Si el cálculo del PIB hubiera sido por el lado del gasto, el crecimiento en 2015 hubiera sido 4.4 por ciento. En principio, el primer cálculo es más robusto, por lo que la discrepancia se le resta al cálculo por el lado del gasto. ¿Será?

Sin duda, 2015 fue un año atípico. Sufrimos una depreciación marcada del peso respecto al dólar, pero una inflación mínima histórica, mientras que nuestras exportaciones no petroleras prácticamente no crecieron, pero la economía interna (en especial el consumo privado) tuvo un desempeño positivo. Todo apunta a que el crecimiento final será alrededor de 2.5 por ciento. Si analizamos los componentes del PIB por el lado del gasto, encontramos que la mayor expansión viene por el lado de las exportaciones y el único negativo será la inversión pública. La pregunta que debemos hacer es ¿veremos algo similar en 2016 o habrá aspectos que cambien?

Posiblemente lo más importante serán las exportaciones no petroleras, ya que casi siempre han sido el motor principal de crecimiento. En 2015 bajó mucho la demanda externa a pesar de tener la ventaja del aumento en el tipo de cambio. En términos de dólares nuestras exportaciones se estancaron, pero en pesos reales tuvieron un desempeño positivo, efecto combinado de la depreciación y de la inflación baja. Dado que no debemos esperar que el peso se deprecie en 2016 en la misma forma que el año pasado, no podemos esperar un fenómeno similar. Esto significa que el desempeño en dólares este año marcará el impacto sobre el PIB, por lo que será clave la demanda externa, en especial la de Estados Unidos. ¿Podrá mejorar la economía de nuestro vecino?

El dólar fuerte perjudicó las exportaciones de Estados Unidos en 2015, lo que explica en buena medida su pobre desempeño manufacturero. El último dato del ISM Manufacturero (diciembre) no fue bueno (disminuyó a 48.2), por lo que no se ve una recuperación en el corto plazo. Las expectativas del PIB norteamericano para este año son de tan sola una mejoría marginal. Aún bajo el supuesto de un mayor crecimiento de nuestras exportaciones en dólares, difícilmente podemos esperar que el impacto en pesos reales (en el PIB) sea tan bueno como del año pasado. En otras palabras, no debemos esperar mucho en este rubro.

Ante la dificultad que representa el entorno externo, lo único que nos queda es voltear hacia dentro. ¿Habrá más inversión privada? ¿Se mantendrá el consumo de los hogares? ¿Tendrá impacto el gasto público?

De entrada, vemos dos sectores claves que podrán marcar una diferencia importante: petrolero y construcción. En 2015 hubo una disminución en la extracción de petróleo y gas, que le restó alrededor de 0.6 puntos porcentuales al crecimiento económico. Todo indica que ya no bajará más en 2016 e incluso, podría presentarse una recuperación marginal. De ser cierto, el efecto base tendrá un efecto positivo en el PIB. Después de presentarse una recuperación significativa en la construcción en 2014, se presentó un estancamiento en el 2015. Aparentemente, los desarrolladores de vivienda ya absorbieron los efectos negativos de la crisis de 2012-2013 y deberán mejorar este año. De ser cierto, deberíamos ver algo similar que con el sector petrolero, es decir, cierto impulso por un efecto de base positivo.

Dado que el consumo privado representa más de dos terceras partes del PIB, será esencial que continúe su buen desempeño en 2016. Sin embargo, mucho del crecimiento que vimos el año pasado fue de una recuperación contra los dos años anteriores. Por lo mismo, aquí el efecto base no será tan favorable. Es posible ver todavía una expansión positiva de las comparas de los hogares, pero con una contribución menos favorable en el PIB.

En términos de la inversión privada, debemos recordar que la construcción explica más de dos terceras partes. El resto, la compra de maquinaria y equipo, deberá tener un desenvolvimiento positivo en respuesta a las reformas estructurales. Aquí sí esperamos una mayor contribución al crecimiento del PIB en 2016 comparado con el año pasado. Sin embargo, la inversión pública enfrentará todavía mayores problemas este año debido a los necesarios esfuerzos de consolidación fiscal, por lo que debemos anticipar otra vez una contribución negativa al PIB.

En síntesis, no esperamos que 2016 sea de nuevo un año atípico, sino más bien de un regreso a condiciones más normales. Habrá factores que podrán resultar benéficos este año y contribuir a un mayor crecimiento comparado con los tres años pasados, pero igual hay factores que no pintan tan bien. ¿Dónde quedará la bolita? Por lo pronto, el consenso se ha consolidado en una tasa de 2.7 a 2.8 por ciento, que significa una mejoría marginal, pero todavía muy muy lejos de una tasa superior al 5 por ciento, que nos prometieron si se aprobaran todas las reformas estructurales.

Llama la atención las declaraciones del titular del SAT, de que el INEGI calcula mal el PIB del país. Según la posición de la Administración Tributaria, el crecimiento económico no empata con los indicadores de recaudación, consumo y empleo. Lo que dice la dependencia de la SHCP es que dado que las cifras que produce el INEGI no reflejan lo que el gobierno quiere, habría que cambiar la metodología de las cuentas nacionales. Básicamente, lo que sugiere ahora la SHCP es que hagamos en México lo que hicieron en Argentina: manipular las cifras económicas para reflejar los deseos de los funcionarios. Otra alternativa podría ser lo que ha hecho Venezuela: simplemente dejar de publicar cifras oficiales.

Precisamente por eso es que se le otorgó la autonomía al INEGI. Sin embargo, esta posición de la SHCP es exageradamente peligroso en el momento en que faltan apenas dos meses para que una nueva persona toma posesión de la Presidencia del INEGI. ¿El nombramiento será para un allegado de SHCP u otro oriundo del gobierno del Estado de México para este puesto vital? ¿A qué se debe esta falta de respeto a la autonomía del INEGI?

La expectativa de crecimiento para el PIB de este año es alrededor de 2.2 por ciento. Dado que el INEGI revisó la tasa del PIB anual del año pasado a 2.2 por ciento (de 2.1), estamos en espera de ver si el crecimiento de este año logra superar o no el de 2014. Aunque esta cifra se ubica muy por debajo de lo que prometió el gobierno en un escenario de reformas estructurales y mucho menos de lo que contempló el presupuesto original de 2015, no está nada mal al observar el desempeño de la mayoría de los países emergentes. Por ejemplo, las tres economías más grandes de América del Sur (Brasil, Argentina y Venezuela) terminarán este año con tasas negativas. No hay duda que el entorno externo no ha favorecido la expansión de la actividad económica del país.

Si examinamos el crecimiento del PIB en lo que va este año, llegamos a la conclusión de que lo que está deteniendo el avance económico son las actividades secundarias. La producción industrial ha avanzado en promedio alrededor de uno por ciento en los primeros ocho meses del año, producto de una tasa de 3.0 por ciento en la manufactura y 3.6 por ciento en la construcción (a pesar de un estancamiento en la inversión pública), pero con un retroceso de -6.3 por ciento en la minería (principalmente por la caída de casi 7 por ciento en la extracción de petróleo). Incluso, si examinamos las cifras de comercio exterior, encontramos que las exportaciones totales han disminuido -2.8 por ciento en los primeros ocho meses del año respecto al mismo periodo del año anterior. Las exportaciones no petroleras, que representan el motor tradicional de crecimiento de la economía, han avanzado apenas por arriba de 2 por ciento. En otros años que hemos visto crecimientos tan bajos, hemos observado un desempeño del PIB todavía menor a la que tenemos este año.

¿Entonces que explica el crecimiento que llevamos a la fecha? Según el INEGI, ha sido el avance en el consumo de los hogares, que ha registrado un repunte sorprendente a partir del primer trimestre. Las cifras son consistentes con las ventas del ANTAD y del AMIA, que muestran que ciertos segmentos de la economía (los que tienen mayor poder adquisitivo) están gastando más. Esto es sorprendente, si tomamos en cuenta que la reforma recaudatoria del año pasado les restó recursos a las familias.

¿Qué explica el aumento más que proporcional de la recaudación del gobierno federal? Hubo aumentos de impuestos, reducciones en las deducciones y una fiscalización mayor. El IMSS registra un incremento significativo en el número de trabajadores registrados en el instituto, pero no producto de nuevos empleos, sino de la formalización de trabajos que antes no pagaban impuestos. Los esfuerzos de fiscalización han sido tan imponentes, que el propio Banco de México admite un incremento exorbitante en la demanda de efectivo (base monetaria) de más del 20 por ciento en lo que va este año. No es que ha aumentado la cantidad de transacciones en la economía en esa magnitud, sino que hemos visto cambios en las formas de pago hacia el uso de más efectivo y menos tarjetas y otros medios, para tratar de compensar los efectos nocivos que tuvo la reforma recaudatoria y la mayor fiscalización.

¿Cuál ha sido el factor limitante del crecimiento interno? La poca efectividad del gasto público. El gobierno gasta lo que nunca había gastado antes, sin ninguna repercusión en el crecimiento económico ni en el abatimiento de los niveles de pobreza.

En el marco del Sistema de Cuentas Nacionales, se puede realizar el cálculo del PIB mediante tres diferentes métodos, que en teoría deberían resultar en una misma cifra. Se puede sumar todos los ingresos en la economía (sueldos, salarios, utilidades, intereses, etc.), analizar todos los gastos (consumo privado, consumo de gobierno, formación bruta de capital fijo, variación de existencias y exportaciones netas) o bien, calcular el valor agregado de los bienes y servicios finales producidos en la economía. La recomendación del FMI es escoger uno de los tres como método principal y realizar un segundo para asegurar consistencia.

En Estados Unidos (y parece ser que en la mayoría de los países) se utiliza principalmente los de ingresos y gastos, mientras que en México se realiza el cálculo del valor agregado y el de los gastos. Alrededor de los 50 días después de haber concluido el trimestre, el INEGI publica el crecimiento del PIB mediante los cálculos del valor bruto de la producción y del consumo intermedio. El PIB (valor agregado) es la diferencia entre los dos cálculos, que se presenta para los 20 sectores de la economía (que representa la desagregación a dos dígitos del Sistema de Clasificación Industrial de Norte América, conocido como SCIAN). Por lo mismo, el INEGI reportó el 21 de mayo que el PIB creció 0.4 por ciento en el primer trimestre del año respecto al trimestre inmediato anterior.

Un mes después de haber reportado el crecimiento, el INEGI divulga el cálculo que realiza para los componentes del gasto, lo que llama la “Oferta y Demanda Global de Bienes y Servicios”. En este sentido, el pasado 19 de junio, reportó los crecimientos del consumo privado (1.2 por ciento), del consumo del gobierno (1.1 por ciento), de la inversión pública (1.2 por ciento), de la inversión privada (0.6 por ciento), de la variación de existencias (7.3 por ciento), de las exportaciones (1.8 por ciento) y de las importaciones (0.4 por ciento). Posiblemente la sorpresa principal provino de la inversión pública, que presenta una tasa positiva para el trimestre por apenas la quinta vez en los últimos 17 trimestres.

Dado que los cálculos se realizan mediante técnicas de estadística inferencial, se necesitan introducir algunas variables de ajuste, que representan las discrepancias estadísticas entre los diferentes métodos de cálculo. Anteriormente, el INEGI no calculaba la variación de existencias tal cual, sino que lo introducía como la diferencia entre el cómputo del valor agregado y la suma de los componentes del gasto. Sin embargo, hace poco el Instituto empezó a estimarlo directamente, por lo que ahora tiene que introducir explícitamente una discrepancia estadística para que cuadre la contabilidad nacional. En este primer trimestre, encontramos que la variación de existencias (también conocida como el cambio en inventarios) y la discrepancia estadística fueron los dos componentes con mayor cambio respecto al periodo anterior.

Dado que cada componente del gasto representa una ponderación distinta, no podemos analizar la contribución de cada uno mediante sus tasas de crecimiento. Más bien, se tiene que multiplicar cada tasa por su ponderación. Matemáticamente, la contribución de “Y” al crecimiento de “X” (siendo Y un componente de X), se define como el cambio porcentual de Y ponderado por el porcentaje (ponderación) de Y dentro de X del periodo anterior (t-1). Si realizamos los cálculos correspondientes encontramos que la mayor contribución (negativa) proviene de la discrepancia estadística implícita (-1.24 puntos porcentuales o pp). Esto significa que las contribuciones (positivas) de todos los demás componentes podrían estar sobreestimadas.

No obstante, el componente del gasto que más contribuyó al crecimiento del PIB en el primer trimestre fue el consumo privado (0.81 pp), seguido por las exportaciones (0.61 pp). En un tercer lugar ya distante, se situó el consumo de gobierno (0.12 pp), seguido por la inversión privada (0.11 pp). En quinta lugar, se ubicó la variación de existencias (0.06 pp), mientras que el que menos contribución hizo fue la inversión pública (0.05 pp). Para que cuadre, es decir, que todo sume la tasa de 0.4 por ciento del PIB, se tiene que restar las importaciones (0.12 pp). Esto es porque cada componente tiene implícito una parte de bienes y servicios importados, que no se debe considerar, ya que estamos contabilizando el producto interno del país.

De este ejercicio, sale a relucir la contribución del consumo privado al crecimiento económico, que ha sido la más elevada desde 2012.

Hace 15 años escribí un libro titulado “La Maldición de las Crisis Sexenales”, que buscaba analizar una característica intrínseca de la economía mexicana: a partir de los setenta, México sufría una crisis (recesión) por sexenio. Todas tenían rasgos similares: errores de política económica, devaluaciones masivas, alta inflación, empobrecimiento de las masas e incremento en el desempleo. Peor aún, cada crisis parecía ser peor que la anterior y todas se vinculaban con el cambio de sexenio.
Uno de los objetivos del libro era el de estudiar la posibilidad de que hubiera una nueva crisis con el cambio del sexenio en 2000. Sin embargo, Ernesto Zedillo fue muy obsesivo en este sentido, ya que hizo todo a su alcance para dejar una economía estable, equilibrada y creciente a su sucesor. La actividad económica creció más de 5 por ciento en promedio en sus últimos 5 años y terminó su administración con una inflación de un solo dígito, con un superávit primario en las finanzas públicas, una tendencia de la deuda pública a la baja y un déficit pequeño en la cuenta corriente. El PAN llegó con la mesa puesta para lograr un buen desempeño en materia económica.
Sin embargo, la maldición continuó, aunque ahora caracterizada por desequilibrios externos. Tanto Fox como Calderón, tuvieron la mala suerte de que Estados Unidos experimentó recesiones en cada uno de sus sexenios, con desenlaces muy negativas para la economía mexicana. El crecimiento económico siguió con su tendencia a la baja, pues terminaron ambos sexenios con crecimientos promedios cercanos al 2 por ciento. Fueron gobiernos mediocres sin grandes alcances, pero por lo menos mantuvieron los equilibrios macroeconómicos.
Ahora arrancamos de nuevo con un sexenio de gobierno priista, que en sus dos primeros años ha producido un crecimiento todavía menor de 1.8 por ciento. Si bien hemos escapado a la recesión, hemos estado muy cerca de una, pero ya no producto de la mala suerte externa, sino de nuevo como resultado de errores de política económica. ¿Cuáles han sido los errores?
Uno de los méritos de los gobiernos de Salinas, Zedillo y Fox, fue que pusieron mucho énfasis en el saneamiento de las finanzas públicas. Sin embargo y a pesar de que se introdujo una Ley de Responsabilidad Hacendaria con Calderón, esta tendencia se revirtió a mediados del sexenio pasado a partir del momento en que dejamos de tener un superávit primario. En este sexenio, el gobierno no ha hecho un esfuerzo para corregir el rumbo, por lo que tenemos un déficit fiscal creciente, una deuda pública mayor y seguimos con déficit primario. Peor aún, el deterioro en las finanzas públicas se ha dado en el marco de una reforma recaudatoria, que restó recursos a los hogares y a las empresas, aumentando el gasto público sin repercusiones en el crecimiento económico. En otras palabras, terminamos con la peor combinación: los hogares enfrentaron mayores impuestos, las empresas tiene menos incentivos para invertir y el gobierno gasta mucho más pero sin repercusiones en el crecimiento y con un endeudamiento mayor.
Posiblemente el error más grande ha sido la ineficiencia del gasto público. A pesar de que la SHCP reporta que ha alcanzado máximos históricos, el INEGI no logra encontrar valor agregado al reportar una caída de 0.3 por ciento en términos reales en la suma del gasto corriente y la inversión pública en las cuentas nacionales. La inversión pública, que debería ser pilar del crecimiento ha registrado tasas negativas en los dos años del sexenio.
Otro error fue la crisis que dejó que se gestionara en la industria de la construcción. Al final del sexenio anterior, el gobierno congeló los subsidios para la vivienda de interés social, para que el nuevo gobierno pudiera modificar las reglas y así asegurar viviendas útiles. Sin embargo, la administración actual tardó mucho tiempo en establecer las nuevas reglas, dejando en el camino la quiebra de las grandes desarrolladoras de vivienda, con todo y su impacto sobre uno de las actividades secundarias de mayor generación de empleos.
Finalmente, el gobierno no ha logrado crear un ambiente de confianza empresarial conducente a más inversión. Entre el escalamiento de la guerra contra el narcotráfico, las desgracias producto de la infiltración del crimen organizado en los gobiernos locales, los conflictos de interés de funcionarios en sus inversiones personales, la depreciación del peso y los recortes al presupuesto han llevado a la confianza empresarial a su nivel más bajo desde la gran recesión de 2008-2009.
¿Podrá el gobierno corregir el rumbo?

La semana pasada, justo cuando muchos estaban a la mitad de sus vacaciones de Semana Santa y otros tantos estaban por salir, la SHCP divulgó el documento conocido como “Pre Criterios 2016”, aunque su título oficial fue “Documento Relativo”. En sus 68 páginas, la SHCP establece los principales objetivos para la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2016, junto con los escenarios sobre las principales variables macroeconómicas para 2016 y sobre el monto total del presupuesto de egresos y su déficit. En una lectura rápida encontré varios aspectos que me llamaron la atención, que enseguida enunciaré.

1) En términos generales, el análisis expuesto en el documento es lo que se llama de “elevador”, es decir, se limita a decir que bajó que subió, pero deja fuera los porqués, los cómos y los debido a. Creo que pudiera haber sido una exposición mucho más enriquecedora. ¿Será que no conviene?

2) Como ejemplo del punto anterior, resalta que el consumo privado creció menos en 2014 que en 2013. ¿No sería interesante que la SHCP nos hubiera ofrecido una explicación del por qué? Por otro lado, presume que los ingresos tributarios llegarán a 11.5 por ciento del PIB, 1.8 puntos más que en 2013, evidencia de que la Reforma Recaudatoria le quitó bastantes recursos a las familias y empresas.

3) La inversión pública disminuye 7.4 por ciento en 2014, a una tasa más negativa que en 2013 y el único componente de la demanda agregada con tasa negativa. ¿Por qué? La SHCP no ofrece explicación alguna.

4) No obstante, la SHCP dice que aumentó la inversión física 7.5 por ciento real respecto al año anterior. ¿Cómo concilia SHCP su aumento con la disminución que reporta INEGI? ¿La respuesta? Mutis.

5) Destaca SHCP que el gasto neto presupuestal ascendió a 26.4 por ciento del PIB, un aumento real de 4.2 por ciento. Pero si utilizo las cifras del INEGI, la suma del consumo de gobierno más inversión pública real resulta -0.3 por ciento comparada con 2013. ¿Entonces?

6) Presume SHCP que el crecimiento anual de 714 mil afiliados en el IMSS es “generación de empleos formales”. Sin embargo, la mayor parte es la formalización de empleos informales y la incorporación de empleos formales existentes mediante la fiscalización del IMSS. No sabemos cuánto fue realmente una generación de empleos, pero queda claro que no fue ni cerca a esa cifra.

7) Presume que el déficit tradicional de 2014 fue 3.2 por ciento del PIB versus 3.6 por ciento aprobado. Sin embargo, los requerimientos financieros del sector público (RFSP) fueron 4.0 por ciento versus 4.2 por ciento aprobado y la diferencia radica en “adecuaciones en registros”, que fue un punto porcentual completo por encima de lo aprobado. No soy experto en finanzas públicas, pero me suena a “errores y omisiones”, o bien, ajustes oscuros. Puedo estar equivocado.

8) Pero aún, los RFSP ajustados, que incluyen ingresos provenientes de activos financieros netos, fue 4.7 por ciento del PIB. Por un lado, nos dicen que el déficit fiscal fue tan solo 0.5 por ciento, pero en realidad fue muchísimos más. Tenemos un déficit elevado y una deuda pública creciente. ¿Finanzas públicas sanas?

9) El saldo histórico de los RFSP ascendió a 43.7 por ciento del PIB. Tenemos ya como ocho años al hilo que la deuda pública va en aumento. ¿Finanzas públicas sanas?

10) El balance económico primario será -1.3 por ciento en 2015 y -0.6 por ciento en 2016. Posiblemente el punto más importante de finanzas sanas es un superávit primario. No queremos pedir prestar para pagar intereses de la deuda pública, ¿o sí?

11) Dice la SHCP que “la inversión será impulsada por el crecimiento del empleo formal”. ¿No es al revés?

12) Aunque la estimación de crecimiento del PIB para 2015 se mantiene en el rango de 3.2 a 4.2 por ciento, para efectos de planeación de finanzas públicas, la SHCP utilizará el piso de 3.2 por ciento. Para fines prácticos, eso significa una revisión a la baja en su expectativa.

13) Sin embargo, para la planeación de 2016, sí utiliza el punto medio del rango de 3.3 a 4.3 por ciento.

14) Interesante. Para las proyecciones de demanda agregada dice que la inversión aumentará entre 3.7 y 4.7 por ciento, pero sin desglose entre pública y privada. ¿Será que la inversión pública va disminuir por quinto año consecutivo y no lo quiere publicitar mucho que digamos?

15) Más interesante. Compara la proyección de inflación de 3.0 por ciento versus los analistas del sector privado que anticipan 3.1 por ciento. ¿Por qué no hace la misma comparación con los datos de crecimiento?

Todos sabemos que el desplome del precio del petróleo implica una merma importante en los ingresos del Sector Público. Para 2015 el problema no es tan grave, ya que existe una cobertura que compensará parte de la pérdida, más la toma de utilidades del Banco de México (que dicen que puede era alrededor de 80 mil millones de pesos) y una recaudación extraordinaria en el IEPS a la gasolina. Aun así y quizás más por razones precautorias, el gobierno federal anunció un recorte al gasto en el año. Sin embargo, al no ser que se recupere el precio el año entrante (algo no esperado), las finanzas públicas necesitarán un ajuste mayor para 2016. No habrá cobertura, mientras que ingresos extraordinarios de 2015 no serán recurrentes.

Esto significa que el gobierno tendrá que utilizar tijeras muy grandes para recortar el presupuesto de gastos de 2016. De proceder en forma “inercial”, como típicamente se elabora el presupuesto, el gobierno tendrá que anunciar un recortar generalizado y cada dependencia tendrá que ajustarse lo mejor que pueda. Al final, se podrá acomodar más gasto en algunos rubros a expensas de menos en otros, pero el ajuste podría ser traumático para muchos proyectos y dependencias. Ante esta problemática, el gobierno ha anunciado que elaborará un presupuesto de “base cero”, es decir, de estudiar a fondo cada rubro y cuestionar la importancia que cada peso gastado. Ya no se tratará de agregar o quitar aquí y allá, sino empezar de cero para construir un presupuesto más eficiente.

No es la primera vez que un gobierno ha anunciado la intención de elaborar el presupuesto desde cero. Sin embargo, no queda muy claro que tan exitoso ha sido en el pasado. La idea es excelente, sin embargo, la logística es sumamente complicado. Ante la dificultad, el gobierno ha solicitado la asesoría de la OCDE, pero tampoco queda claro que tenga la experiencia y conocimiento suficiente. El problema principal es que el presupuesto se tiene que elaborar en aproximadamente seis meses, que se antoja muy poco tiempo para cuestionar absolutamente todos los aspectos del gasto público.

Todos sabemos que el gasto público es sumamente ineficiente y que ante menos cantidad, la solución es mayor calidad. Podemos apreciar el tamaño del problema al contrastar las cifras de gasto que reporta la SHCP con las cuentas nacionales que elabora el INEGI. Mientras que la SHCP simplemente contabiliza su flujo de efectivo, el INEGI tiene que medir el “valor agregado” del gasto para ver que tanto va contribuir al PIB. Por ejemplo, la SHCP reporta como gasto los recursos destinados a programas como Prospera, mientras que el INEGI lo considera una trasferencia de un lugar a otro sin valor agregado. Si el gobierno le quita recursos a un hogar para dárselos a otro, no hay una generación de valor.

La ineficiencia del gasto público quedó claro en las cifras reportadas para 2014. La SHCP reportó que ejercicio 8.4 por ciento más en su gasto programable el año pasado respecto al anterior. Sin embargo, si sumamos el consumo de gobierno más la inversión pública de las cuentas nacionales, resulta que es -0.3 por ciento menor. En principio, sabemos que el consumo de gobierno (gasto corriente) no aporta mucho al crecimiento económico, mientras que la inversión pública debe ser mucho más productivo. Aquí la SHCP estuvo reportando todo el año que su gasto de capital físico (inversión) estaba aumentando todos los meses a tasas anuales superiores 20 por ciento y en ocasiones hasta de más de 30 por ciento. Sin embargo, al examinar las cuentas nacionales de 2014, encontramos que la inversión pública fue el único componente del PIB por el lado del gasto que terminó el año con una contribución negativa; sufrió una caída real de -7.5 por ciento. Pero no es solamente este año; la inversión pública ha disminuido cinco años consecutivos.

¿Qué nos dicen estas cifras? El gasto público es mucho más ineficiente de lo que creíamos y no necesitábamos un desplome en los precios del petróleo para justificar la elaboración de un presupuesto de base cero. Este ejercicio era necesario desde antes. Peor aún, si consideramos que el único propósito de la Reforma Hacendaria era recaudar más, quitando recursos escasos a los hogares y a las empresas, para ejercer un gasto de nulo impacto en el PIB.

El Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) permite calcular el PIB de tres formas diferentes, de las cuales (en teoría) se debe llegar al mismo número. Al final de cuentas, la contabilidad nacional debe cuadrar al igual que cualquier otro sistema de cuentas, por lo que la práctica común es que se realiza el cálculo mediante dos de las tres opciones. Estas son por el Valor Agregado (VA), por el lado de los gastos y por la suma de los ingresos. El INEGI realiza primero el cómputo del VA, que consiste en medir el valor bruto de la producción y el consumo intermedio; el PIB se obtiene restando los dos componentes. Posteriormente, calcula el PIB por el lado del gasto, que es mediante la suma del consumo privado, la inversión, el gasto público y las exportaciones, todo neto de las importaciones. El primer cálculo lo tenemos alrededor de 35 días hábiles después del cierre del trimestre, mientras que el segundo como un mes después.
A nivel trimestral, el INEGI no realiza el cálculo por el lado del ingreso, que sería la suma de los salarios, las rentas, las utilidades y otras fuentes de ingresos. Como nueve meses después del cierre del año, nos entrega todas las cuentas nacionales cuadradas, incluyendo un cálculo del Ingreso Nacional, pero solo en términos anuales. Por lo mismo, carecemos de indicadores mensuales y trimestrales de ingresos, como sería el ingreso personal disponible de los hogares que produce Estados Unidos cada mes. Dentro de la familia de indicadores coyunturales de alta frecuencia, este indicador sería posiblemente el que más hace falta en nuestro país.
Al analizar la conformación del PIB en los últimos dos años, encontramos que el gasto público (y en especial la inversión pública) ha sido significativamente más bajo que lo sugerido por la SHCP. Al tratar de entender los porqués, encontramos que existen diferentes coberturas, metodologías y hasta métodos de registro entre las dos contabilidades. Pero también encontramos que el consumo de los hogares ha sido muy bajo, incluso más allá de lo que pudiéramos esperar a raíz de la reforma fiscal. Para terminar de entender bien este fenómeno, necesitamos indicadores de ingresos familiares, de los cuales carecemos.
Una posibilidad es armar un indicador de la masa salarial mediante las cifras del IMSS. Se multiplica el número de aseguradores por la cotización salarial promedio deflactado por el índice de precios. Sin embargo, encontramos una tendencia constante al alza a raíz de un salario real relativamente fijo y un incremento continuo en el empleo registrado por el IMSS. El problema es que lo último no refleja un incremento real en el empleo del país, sino un esfuerzo de fiscalización por parte del Instituto. Algunos analistas mantienen que más de la mitad de estos “nuevos” empleos son simplemente una formalización de empleos ya existentes. En realidad, el número de asegurados no es un buen indicador del empleo en el país, por lo que el cálculo no tiene utilidad.
Otra opción es construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos de la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación (ENOE), tal como lo hace el Banco de México. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial. Aquí encontramos que la PO no ha aumentado tanto, mientras que el ingreso real muestra una clara tendencia a la baja desde 2008 a la fecha. De esta forma observamos una clara disminución en la masa salarial en 2008 y 2009, una tendencia lateral entre 2010 y 2012, y de nuevo una baja significativa en 2013 y 2014.
Aunque esta medida es claramente superior a cualquiera derivada de los datos del IMSS, no queda tan claro que esté libre de críticas. Por ejemplo, a través del tiempo ha aumentado el porcentaje de respuestas “no contesto” en los ingresos, por lo que pudiera existir un sesgo hacia la baja. Sin embargo, la caída en el ingreso promedio real en 2013 y 2014 sí parece explicar en parte la debilidad del consumo de los hogares en estos dos últimos años.
Ahora falta buscar explicaciones para la caída en los ingresos de los hogares. Sabemos que muchos de los empleos que se han creado en los últimos años han sido de muy baja remuneración. También sabemos que la reforma fiscal tuvo un impacto negativo en 2014. Sin embargo, aun parece que nos faltan piezas para resolver bien este misterio.

Desde principios de este sexenio, la SHCP ha tenido problemas con el gasto público y en especial con la inversión pública. Primero, a principios de 2013 hubo un subejercicio exagerado en el gasto. Posteriormente, la SHCP anunció que ya estaba ejerciendo según el presupuesto, pero aun así terminó siendo uno de los factores que contribuyó al mediocre desempeño económico ese año. Durante casi todo el año pasado, la SHCP reportó un incremento real significante en su gasto, en el cual siempre destacaron las tasas elevadas en la inversión física. Sin embargo, cuanto volteábamos a cotejar las cifras con las cuentas nacionales del INEGI, no solamente sobresalían grandes discrepancias, sino que resultaba que la inversión pública fue disminuyendo sistemáticamente durante todo el año pasado. Todavía no tenemos las cifras del cuarto trimestre, pero es muy probable que la inversión pública termina 2014 como el único componente del PIB con una contribución negativa al crecimiento.
La SHCP emite un reporte mensual de las finanzas públicas. Durante todo 2014 destacó que la inversión en capital del gobierno federal creció a tasas reales anuales superiores a 20 por ciento. Incluso, en algunos meses el crecimiento superó 30 por ciento. El INEGI da a conocer el desglose del PIB por sus componentes cada tres meses. La inversión pública de las cuentas nacionales llegó a su pico en el último trimestre de 2010. A partir de 2011 muestra una clara tendencia a la baja, llegando a un punto mínimo en el último trimestre de 2012. Durante 2013 muestra un crecimiento cercano a cero por ciento, mientras que a partir de 2014 de nuevo muestra una clara tendencia a la baja. El punto mínimo de los últimos 15 trimestres se registra en el segundo de 2014.
Pero, ¿cómo puede ser que el INEGI reporta un desempeño negativo, mientras que la SHCP nos dice que ha crecido a tasas reales muy elevadas? En principio, la diferencia tan marcada en los números se presta mucho a la sospecha. La respuesta es que ambas instituciones utilizan criterios diferentes para su clasificación, cobertura, registro y valoración. Muchos conceptos que la SHCP considera inversión, no lo son en las cuentas nacionales, cuya metodología proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional. El INEGI se apega a los estándares internacionales, mientras que parece ser que la SHCP básicamente lleva su contabilidad como quiera.
La primera diferencia es la cobertura. La SHCP reporta la inversión física del gobierno federal, mientras que el INEGI abarca todas las instancias de gobierno, incluyendo el estatal y local. El gobierno federal representa 13.2 por ciento de la Formación Bruto de Capital Fija (FBCF), mientras que el sector público en general abarca 21.2 por ciento. La segunda diferencia es el método de cálculo. Mientras que el INEGI contabiliza las obras ejecutadas en forma devengada, la SHCP reporta los flujos de efectivo del gasto y financiamiento. Esto significa que si la SHCP transfiere recursos a un fondo de inversión de otra instancia de gobierno, lo considera “inversión”, mientras que el INEGI simplemente lo ve como una transferencia de un bolsillo a otro. El INEGI no lo va a contabilizar como inversión hasta que los ladrillos, las varillas y el cemento ya estén en su lugar.
Otra diferencia fundamental es la clasificación sectorial. El Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN) clasifica inversión propia como parte del sector en sí y no como parte de la construcción en general. Mientras que los números no son tan diferentes entre la CFE y la inversión en el sector, ni tampoco entre la SCT y su sector correspondiente, existe mucha discrepancia entre la inversión de Pemex y la obra pública en el ramo correspondiente. Mientras que el INEGI clasifica la construcción de pozos petroleros de Pemex como parte del sector minero y no como construcción pública, las discrepancias provienen de la exploración en los pozos no productivos, que SHCP clasifica como inversión y el INEGI no.
Es muy probable que la tendencia negativa de la inversión pública continúa durante 2015, ya que la mayoría de los recortes presupuestales que anunció la SHCP a raíz de la caída en el precio del petróleo es en este tipo de gasto. Muchos analistas ya han revisado a la baja sus expectativas de crecimiento para este año. Hoy dará a conocer Banxico el rango de crecimiento esperado para el 2015, mientras que la SHCP hará lo mismo el viernes, después de que el INEGI nos informa del crecimiento del último trimestre de 2014 y del año en su conjunto. Hay que estar atentos.