Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Al igual que 2013, este año fue una gran decepción. Después de arrancar el año con una expectativa de 3.5 por ciento, el crecimiento económico de 2013 terminó en 1.39 por ciento, como resultado de múltiples factores tanto externos como internos. Terminamos un año sumamente complicado con expectativas de una mejoría en 2014, gracias a que esperábamos mayor dinamismo en Estados Unidos, una recuperación en el sector de la construcción, la finalización de las reformas estructurales (y su consecuente impacto positivo en la inversión privada) y un aumento en el gasto público, especialmente en la inversión pública. Las incógnitas giraban alrededor de la Reforma Hacendaria, que claramente estuvo diseñada para restarle dinamismo a la economía al perjudicar el ingreso disponible de los hogares y limitar los incentivos de inversión de las empresas. Aun así, empezamos el año pensando que podíamos crecer cerca de 3 por ciento, mientras que el gobierno proyectaba mayor optimismo con su expectativa de 3.9 por ciento.
Desgraciadamente, empezó mal el año. Estados Unidos sufrió condiciones climatológicas adversas en los primeros meses, que limitaron la demanda por nuestras exportaciones y ocasionaron una caída de 2.1 por ciento en el PIB de su país. Sin la reactivación de nuestro principal motor de crecimiento, muchos analistas empezaron a revisar a la baja las estimaciones de crecimiento del año, ya por debajo de 3 por ciento. Pero aun así, México logró casi replicar el crecimiento del trimestre anterior (1.5 por ciento anualizado) en el primer trimestre de 2014, al crecer 1.4 por ciento (anualizado, para comparar las tasas con las de Estados Unidos).
El lado positivo fue que la adversidad que afrentó Estados Unidos fue temporal, ya que en los dos trimestres siguientes mostró crecimientos vigorosos de 4.6 y 3.9 por ciento, respectivamente. Las exportaciones no petroleras crecieron durante el resto del año y se proyecta que terminaran el año con una tasa de dos dígitos. El sector automotriz mostró mucho dinamismo y se estima que podrá haber crecido en el año más de 20 por ciento. Las exportaciones no automotrices lograron reactivarse a lo largo del año, por lo que parece que tendrá un avance mayor al 10 por ciento al concluir 2014. Aunque la mayor parte de las exportaciones fueron a Estados Unidos, las dirigidas al resto del mundo pasaron a tasas positivas ya en la segunda mitad del año.
Internamente, la industria de la construcción tocó fondo a finales de 2013 y empezó su recuperación al iniciar 2014. La edificación privada empezó a crecer, aunque no a tasas aceleradas, mientras que los trabajos especializados de la construcción avanzaron en línea con la recuperación en las remesas. Sin embargo, las obras civiles de ingeniería, identificadas con la inversión pública, mantuvieron su tendencia negativa a lo largo del año. Al final de cuentas, el impulso de la construcción privada ayudó a que la inversión privada creciera en el año, mientras que la inversión pública terminó con cifras negativas.
El comportamiento sólido de las exportaciones, la reactivación de la construcción y el inicio de una tendencia positiva de la inversión privada contribuyeron a una mejoría en 2014 respecto a 2013. El gasto público y en especial la inversión pública fueron los lastres del año, ya que ambos terminaron el año con tasas negativas, a pesar de los esfuerzos del gobierno federal por canalizar mucho más recursos que antes. Mientras que la SHCP reportaba a lo largo del año crecimientos reales importantes, el INEGI registró disminuciones en el gasto público, tanto corriente como de capital. A pesar de varias hipótesis al respecto, la dicotomía entre las finanzas públicas de la SHCP y las cuentas nacionales del INEGI terminó siendo la gran incógnita del año.
El último factor que sobresale y es el más importante por su peso en la economía es el consumo de los hogares, que quedó prácticamente estancada en el año. Los efectos adversos de la Reforma Hacendaria fueron mucho mayores a los estimados, incluso por el propio sector privado. Provocó una disminución significativa en el ingreso personal real y una merma importante en la confianza de los consumidores. Para los analistas, quedó muy difícil diagnosticar bien el desempeño del ingreso a lo largo del año, por la falta de un indicador relevante del INEGI. Sin embargo, recomiendo que vean la Gráfica 22d (página 29) del último Informe Sobre la Inflación de Banxico; la caída en el ingreso promedio real es verdaderamente impresionante.
Así estamos por concluir el año con un crecimiento estimado de 2.1 por ciento.

El Unico Motor

Noviembre 5th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La semana pasada, comentábamos que en los últimos meses hemos visto muchos indicadores que señalan que la economía ha mejorado, después de un largo periodo (22 meses) de un estancamiento inusual. Lo que más ha destacado y busca empujar al resto de la economía son las exportaciones no petroleras, en especial las del sector automotriz. La inversión privada empieza a reaccionar un poco, mientras que el consumo de los hogares avance a pasos muy lentos. Finalmente, el gran ausente ha sido el gasto público, que a pesar de que la SHCP presume gran despendio, todavía no ha logrado pisar terreno positivo. Con la información con que contamos a la fecha, es casi un hecho de que el crecimiento del tercer trimestre va a desilusionar un poco, por lo que tan solo quedan los últimos tres meses del año para registrar una tasa que implica el comienzo de una recuperación a fondo.
Si bien puede empezar a crecer un poco más el consumo privado, debemos reconocer que parte de una debilidad intrínseca a raíz de un ingreso personal disponible mermado. La incertidumbre mundial limitará la inversión privada, mientras que el gasto público permanece como la gran incógnita. Esto significa que nos quedamos (como siempre) con un solo motor de crecimiento para reactivar a la economía: las exportaciones no petroleras. En septiembre crecieron 11.6 por ciento, la tasa más elevada desde octubre 2010. Todo apunta a que el tropiezo que registró la manufactura en agosto fue más bien una excepción y no un cambio de tendencia. En este sentido, apuntamos la semana pasada, que si las exportaciones no petroleras muestran crecimiento sostenido de dos dígitos en los siguientes meses, será posible ver una mejoría notable en el desempeño general de la economía en un futuro ya no muy lejano.
El lunes tuvimos excelentes noticias al respecto. El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) dio a conocer los resultados del Indicador IMEF Manufacturero para octubre. Resulta que registró 54.8 puntos, su nivel más elevado desde mayo 2012. Si consideramos el mismo indicador pero ajustado por tamaño de empresa, el nivel se ubicó en 55.2 puntos, el más alto desde julio 2010. Si analizamos los subíndices del Indicador, sobresale que los “nuevos pedidos” llegaron a 57.6 puntos, que sólo se ha alcanzado en cinco ocasiones en los últimos siete años, mientras que “producción” se quedó en un sólido 56.6. Más aún, el subíndice de “empleo”, uno de los más débiles, también registró una mejoría importante.
El Indicador IMEF es un índice de difusión, que abarca niveles en un rango de cero a cien con un punto medio de 50. En principio, el umbral de 50 puntos divide a la actividad económica manufacturera en una zona de contracción (por debajo de 50) y una de expansión (por encima), aunque en la práctica se ha visto que niveles entre 47 y 50 son consistentes con un crecimiento positivo, aunque sumamente débil. El Indicador se construye mediante cinco preguntas cualitativas sobre los nuevos pedidos, producción, empleo, entrega de productos e inventarios en relación al mes anterior. Es un indicador muy oportuno, ya que los resultados del mes se reportan el primer día hábil del mes siguiente. Históricamente, hemos visto que niveles por debajo de 45 puntos son consistentes con una recesión, mientras que un registro mayor a 55 puntos implica una economía en franca expansión. Los resultados de octubre nos dicen que la industria manufacturera, liderada por las exportaciones no manufactureras, empiezan a entrar en una fase de mayor expansión, que aunque con cierto rezago, debe reactivar a la economía interna.
El Indicador IMEF No Manufacturero, que abarca comercio y servicios, aumentó 0.4 puntos en octubre para llegar a 52.2 puntos. Es apenas el segundo mes de los últimos ocho, que ha superado los 52 puntos. Significa que las actividades terciarias crecen, pero todavía a un ritmo relativamente lento. Los subíndices de nuevos pedidos (54.2) y producción (53.2) alcanzaron niveles aceptables, sin embargo, el del empleo (49.2) permanece estancado.
Ya tenemos nuestro único motor encendido. Si el gobierno pudiera encontrar el camino para que el gasto público crezca ya en acorde a los recursos registrados y la inversión pública a crecer como debería de ser, la actividad económica pudiera empezar a responder. Sin embargo, el INEGI reporta que en el segundo trimestre, el gasto público real fue el más bajo de los últimos 17 trimestres, mientras que la inversión pública muestra una tendencia negativa en los últimos cuatro años. ¿Qué podemos esperar?

Tropiezo

Octubre 29th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

En los últimos meses hemos visto muchos indicadores que señalan que la economía ha mejorado, después de un largo periodo (22 meses) de un estancamiento inusual. Las exportaciones no petroleras, en especial las del sector automotriz, han retomado su papel del motor de crecimiento principal de la actividad económica; la inversión privada empieza a crecer, mientras que el consumo privado ha mostrado señales de cierta mejoría. El gran ausente ha sido el gasto público, en especial la inversión pública, que afortunadamente no ha frenado demasiado al resto de la economía. El escenario apunta a que es posible alcanzar un crecimiento anual de 3 por ciento en la segunda mitad del año, que aunado al 1.7 por ciento de la primera mitad, nos daría un incremento alrededor de 2.4 por ciento para el año (el consenso).
Aun así, tenemos que reconocer que no es una tasa muy dinámica que digamos y todavía se ubica muy por debajo de lo que el gobierno nos prometió al inicio del sexenio. En especial, sale a relucir la debilidad del consumo de los hogares, que se ha visto muy afectado por una merma en su poder adquisitivo. Según los registros del IMSS, se perdieron alrededor de 700 mil empleos en la gran recesión de 2008-2009, que se recuperaron (con creces) en los siguientes años. Sin embargo, la mayoría de los empleos perdidos fueron de ingresos de cinco mil pesos o más, mientras que los que se han recuperado han sido mayoritariamente menores a tres mil pesos. Aunado a la disminución en los salarios, hubo una pérdida en el poder adquisitivo para los hogares de menores ingresos al medirlo vía el subíndice de precios de alimentos. También hubo una pérdida en el ingreso personal disponible de los hogares con mayores ingresos como consecuencia de la reforma hacendaria. Si a estos factores le agregamos un nivel de confianza muy baja y cierto sobreendeudamiento de las familias, nos encontramos con una situación precoz en la mayoría de los hogares, que explica el débil desarrollo del consumo. No obstante, la economía presenta signos de mejoría, por lo que se espera que se mantengan las tendencias positivas en la mayoría de los indicadores.
El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) presentó una tasa de crecimiento de 0.33 por ciento en el primer mes del tercer trimestre (julio), que anualizada representa un avance de 4.04 por ciento, mientras que la tasa anual (respecto al mismo mes del año anterior) fue 2.5 por ciento. El buen comienzo del trimestre nos hizo pensar que en los tres trimestres podríamos observar ya un sólido avance. Sin embargo, hace unas semanas recibimos la noticia de que la industria manufacturera retrocedió -0.31 por ciento en agosto respecto a julio, por lo que ya anticipábamos que el mes no sería tan bueno como el anterior. Parte de la disminución se debió a una comparación desfavorable en el número de días laborales, ya que comparamos la tasa anual de 1.39 por ciento con la serie corregida por efectos de calendario, nos encontramos que aumentó 2.56 por ciento. Pero aun así, el desempeño de la manufactura en agosto no parecía ser un tropiezo importante, sino simplemente muestra de cierta varianza dentro de una tendencia positiva. Por lo tanto, la expectativa de agosto en su conjunto era de crecimiento positivo, aunque menor al del mes anterior.
No obstante, el INEGI reportó que el IGAE de agosto también fue negativa (-0.17 por ciento), como consecuencia de una caída (-0.24 por ciento) en las actividades terciarias (que son comercio y servicios). Esto significa que se ve difícil llegar a una tasa superior al 2.0 por ciento anual en el tercer trimestre. Esto obliga a una expansión mayor en el último trimestre de una tasa anual de 4.0 por ciento o más, para llegar a la tasa de 2.4 por ciento en 2014. El resultado parece representar un serio tropiezo para la recuperación anunciada.
Las buenas noticias son que las exportaciones no petroleras de septiembre señalan que las actividades secundarias deberían reportar muy buenas cifras en el último mes del tercer trimestre, ya que alcanzaron una tasa anual de 11.6 por ciento, la más elevada desde octubre de 2010. Confirma la hipótesis de que el tropiezo que registró la manufactura en agosto fue más bien una excepción y no un cambio de tendencia. Si las exportaciones no petroleras muestran crecimiento sostenido de dos dígitos en los siguientes meses, será posible ver una mejoría notable en el desempeño general de la economía.
Por lo pronto, las incógnitas que permanecen giran alrededor de la debilidad en el consumo de los hogares y en la ausencia del gasto público.

A todos nos queda claro que hasta ahora una de las principales promesas incumplidas de este gobierno es la del crecimiento económico. De llegar a crecer 2.7 por ciento este año (la proyección de la SHCP), la tasa promedio de los primeros dos años de gobierno será 1.9 por ciento, por debajo del promedio de los últimos cuatro sexenios e incluso, menos que el promedio de los últimos 32 años. Hace dos años, nos dijeron que si de aprobarse una serie de reformas estructurales, a estas alturas ya estaríamos creciendo por encima de 5 por ciento. Sin embargo, a pesar de tenerlas ya todas publicadas en el Diario Oficial, nos cambiaron el discurso: resulta que los beneficios se darán en el mediano o largo plazo. Si bien nos va, será a partir de la segunda mitad del sexenio, pero si no por lo menos a partir del sexenio entrante.
En estos dos años muchas cosas han pasado. Quizás lo más importante es aceptar la realidad de que las reformas no son la panacea y que será muy difícil crecer si no fortalecemos las instituciones, el estado de derecho y los derechos de propiedad, junto con un combate frontal a la corrupción, la informalidad y a la disolución de los poderes fácticos que protegen los monopolios y el abuso del poder. ¿De qué sirve reformar la Constitución y cambiar las leyes si no existe el pleno respeto y cumplimiento de las mismas? En otras palabras, estructuralmente no estamos listos todavía para crecer a mayores tasas.
Fueron muchos factores que explican la desaceleración y estancamiento de la actividad económica a partir de este sexenio. De entrada, dependemos mucho de nuestras exportaciones y el entorno externo no ha sido del todo favorable. Sin embargo, si analizamos cada factor a fondo, encontramos que lo que más ha limitado el crecimiento es la política fiscal. Primero, fue el proceso de consolidación fiscal y un subejercicio del gasto que casi empuja la economía a una recesión el año pasado. Posteriormente, vino la reforma hacendaria que se limitó a ser un esfuerzo recaudatorio profundo con efectos negativos en el ingreso personal disponible de los hogares y un golpe irremediable a la confianza del consumidor y empresarial. Peor aún, el esfuerzo recaudatorio no solo se limitó a quitarle más ingresos a los hogares y empresas, sino también a incrementar significativamente el déficit fiscal y la deuda pública, desplazando recursos que pudieran haberse destinado a inversiones del sector privado. Finalmente, nos encontramos con la sorpresa de que a pesar del enorme incremento de recursos en el erario, el gasto público ha disminuido sustancialmente este año. El INEGI reportó que el gasto público del segundo trimestre es el más bajo de los últimos 17, mientras que la inversión pública mantiene una tendencia negativa desde el último trimestre de 2010 a la fecha. El gasto público real del primer semestre de este año resultó todavía 0.9 por ciento menos que el mismo semestre del año pasado (que fue el afectado por la consolidación fiscal y el subejercicio del gasto).
Empezamos el año sabiendo que el consumo de los hogares estaría sumamente débil como consecuencia de la política fiscal del gobierno, pero con la esperanza de que aumentara el gasto público, en especial en inversiones físicas esenciales. El gobierno anunció un plan de infraestructura impresionante, que en parte debería reponer parte del daño causado por la reforma fiscal. Sin embargo, las cuentas nacionales registraron una contribución negativa del gasto público en el primer trimestre. Ante esta incógnita, pensamos que simplemente era otro arranque lento y que a partir del segundo trimestre se registraría un aumento en el gasto. De nuevo nos sorprendimos cuando vimos que el gasto público real disminuyó en el segundo trimestre e ingenuamente dijimos que sería a partir del tercer trimestre que empezaría a repuntar. El problema es que ya estamos en octubre y todavía nos queda el gobierno a deber.
El INEGI divulgó la semana pasada las cifras de la actividad industrial de agosto. La construcción de obras de ingeniería civil, que refleja fundamentalmente la inversión pública, registró una disminución de 1.83 por ciento respecto a julio (que anualizado equivale a -24.3 por ciento) y un decremento de 5.46 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Con este desempeño, la construcción pública cumple 24 meses al hilo con una tendencia negativa. Si examinamos la serie histórica desde 1993, encontramos que esta racha es la más larga (y por mucho), ya que en 1995 observamos una tendencia negativa de tan solo 14 meses y en 2000 una de 12.

Inquietudes

Septiembre 24th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

Por primera vez desde que empezó el sexenio, se han estabilizado las proyecciones de crecimiento. Prácticamente todas las encuestas ubican el consenso entre 2.5 y 2.6 por ciento y las pocas revisiones que hemos visto recientemente han sido de los extremos hacia el punto medio (es decir, se ha reducido el rango). Todavía hay quienes ven factible alcanzar la proyección de 2.7 por ciento que tiene la SHCP, mientras que igual número de analistas permanecen más pesimistas que la media. Implícitamente casi todos anticipan cierta recuperación en la segunda mitad del año, mientras que con un poco de suerte, pudiéramos alcanzar la previsión optimista de la SHCP.
Sin lugar a duda, la actividad económica mejoró en el segundo trimestre del año y se mantiene la tendencia. El mayor empuje viene por una mejoría en las exportaciones, mientras que la economía interna todavía permanece débil. En principio, esperamos que mejore, ya que las exportaciones siempre han funcionado como motor de crecimiento. Muchas de las incógnitas que frenaban la inversión privada se han resulto y la SHCP presume de un incremento en la inversión pública sin precedente.
No obstante, tengo varias inquietudes. El primero es la merma en el ingreso personal disponible de los hogares, que se refleja en muchas instancias. Por ejemplo, se ha comentado mucho que la mayoría de los empleos registrados en el IMSS en los últimos años son de salarios mucho más bajos que los perdidos en años anteriores. Pero hay otro indicador que no se ha analizado suficiente: la tasa de desempleo urbano. Si vemos la tendencia-ciclo que publica el INEGI, encontramos que ha registrado 13 meses al hilo al alza. Hace un año la tasa se ubicaba en 5.6 por ciento, mientras que la de Estados Unidos registraba 7.3 por ciento. En el último año, la tasa de nuestros vecinos ha disminuido constantemente hasta llegar a 6.1 por ciento, al mismo tiempo que la de nosotros ha aumentado y ahora están prácticamente iguales. No es usual que la tasa de desempleo en nuestro país sea igual o mayor a la de Estados Unidos.
Me sigue inquietando que el INEGI da más importancia a la tasa de desempleo nacional, que incluye la población de subsistencia agrícola (rural) que no tiene la misma relevancia. El INEGI publica la tasa urbana pero no da a conocer la rural. Si suponemos que la rural representa 19 por ciento del total, la tasa nacional está en 4.9 y la urbana en 6.0 por ciento, implícitamente significa que la tasa rural ronda alrededor de 0.0 por ciento.
Otra inquietud que tengo es que mientras la SHCP nos dice que el gasto público en general y la inversión pública en particular han crecido enormemente este año, las cuentas nacionales del INEGI reflejan exactamente lo contrario. Si sumamos el consumo de gobierno más la inversión pública de las cuentas de oferta y demanda global de bienes y servicios, encontramos que el nivel del gasto público es el más bajo de los últimos 17 trimestres. Incluso, el nivel del primer semestre de 2014 se ubica -0.9 por ciento por debajo del mismo periodo del año pasado, cuando había un proceso de consolidación fiscal combinado con un subejercicio del gasto. ¿Cómo puede ser que la SHCP dice que gasta mucho, pero no se registra en ningún lado? Peor aún, la SHCP ha solicitado un endeudamiento mayor para 2015 para incrementar todavía más el gasto, mientras que revisa a la baja el crecimiento esperado ahora que ya tenemos las reformas aprobadas. Según esto, ahora el crecimiento esperado con reformas es menor al escenario “inercial” sin reformas que presentó al inicio del sexenio.
Por último, me inquieta que el INEGI publica dos tasas “oficiales” distintas del PIB. El 21 de septiembre ratifica la tasa del PIB de 2013 de 1.07 por ciento. El 11 de septiembre divulga los datos del PIB dentro del marco de las cuentas nacionales y avisa que se revisa al alza a 1.44 por ciento. El 19 de septiembre publica la oferta y demanda global para el segundo trimestre y vuelve a decir que el crecimiento del PIB en 2013 fue 1.07 por ciento. Ambas tasas son oficiales, por lo que México ha de ser el único país del mundo que reporta dos tasas distintas para el crecimiento económico. Esto genera confusión y crea desconfianza en las cifras.
El desempleo va en aumento y el empleo tiene menos poder adquisitivo. El gobierno nos quita ingresos y se endeuda alegremente, pero no se registra el gasto en ningún lado. El INEGI publica distintas tasas oficiales de crecimiento y promedia el desempleo rural con el urbano para aparentar tasas de desempleo menores a lo que realmente tenemos. ¿Son válidas mis inquietudes?

Dónde Quedó el Gasto Público

Septiembre 23rd, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

El pasado 12 de septiembre escribí sobre la tremenda confusión de tasas que trae el INEGI. Si no leyeron la nota, aquí está: http://arenapublica.com/blogs/jonathan-heath/2014/09/12/2222#.VBxTIlBU069.twitter. ¿Cuál fue la respuesta del INEGI? En vez de aclarar, vuelve a contribuir a la confusión. Es muy simple. Primero, el 21 de agosto mediante su comunicado de prensa del crecimiento del PIB del segundo trimestre de 2014, ratifica la tasa del PIB de 2013 de 1.07 por ciento. Segundo, el 11 de septiembre divulga los datos del PIB dentro del marco de las cuentas nacionales y avisa que se revisa al alza la tasa a 1.44 por ciento. Tercero, el 19 de septiembre publica la oferta y demanda global para el segundo trimestre, con cifras que dicen que el crecimiento del PIB en 2013 fue 1.07 por ciento. Ambas tasa son oficiales, por lo que México ha de ser el único país del mundo que reporta dos tasas distintas para el crecimiento económico.
No obstante, el último comunicado contiene otra noticia igual de interesante: a pesar de las constantes declaraciones de la Secretaría de Hacienda que presume de un incremento significante en el gasto público, las cuentas nacionales señalan una disminución. El INEGI calcula primero el PIB mediante el valor agregado, que resulta de la resta del consumo intermedio del valor bruto de la producción. Posteriormente, realiza los cálculos por el lado del gasto y así obtiene los componentes de la demanda agregada (consumo privado, gasto público, inversión fija bruta y exportaciones netas). La inversión fija bruta viene desagregada por privada y pública, lo que permite sumar el gasto público real más la inversión pública real para obtener el gasto público total. Las cifras revelan una historia distinta al discurso oficial de la SHCP.
Resulta el gasto público total disminuyó -2.0 por ciento en el primer trimestre y -0.2 por ciento en el segundo, ambas tasas a partir de las series ajustadas por estacionalidad y respecto al trimestre inmediato anterior. Si calculamos el gasto de la primera mitad de 2014 y lo comparamos contra la primera mitad de 2013, resulta que es -0.9 por ciento inferior. Sin embargo, debemos recordar que el gasto público disminuyó drásticamente en la primera mitad del año pasado como resultado combinado de un proceso de consolidación fiscal y de un subejercicio del gasto. El gobierno federal prometió un incremento significativo en el gasto en 2014, financiado en parte por una reforma recaudatoria y lo demás mediante una ampliación significativa en el déficit público. No obstante, las cifras oficiales del INEGI dicen que no es el caso. Aquí está la gráfica que muestra que el gasto público real del segundo trimestre de 2014 es el menor de los últimos 17 trimestres:
Por un lado, la SHCP presume de un gran gasto y por otro lado, las cifras dicen que se gasta menos. ¿Cómo explicar estas dos versiones tan contrarias? El gasto que reporta SHCP en su reporte mensual de finanzas públicas abarca solo el gasto federal, mientras que las cuentas nacionales incorporan el gasto público total, es decir, además del federal incluye el de los estados y municipios. Esto nos lleva a un primer hipótesis: la SHCP ha repartido recursos a los estados y municipios (por lo que ya lo apuntaron como gasto), pero resulta que ya sido una simple transferencia a los fondos locales, que todavía no se ejerce en obras físicas. Esto pudiera ser parte de la explicación, pero resulta difícil creer que los gobiernos locales están inundados de dinero y que no lo han aprovechado.
Una segunda hipótesis es que el gasto público simplemente no tiene mucho valor agregado. El hecho de que no pinta en las cuentas nacionales es porque es un gasto ineficiente, plagado de corrupción, burocracia y programas de nulo impacto (transferencias) sobre la actividad económica. Lo que sí queda obvio es que existe una clara falta de transparencia. Dado que el Poder Ejecutivo ha solicitado al Congreso un aumento significativo en el gasto para 2015, mediante todavía un mayor endeudamiento público, el tema debería manejarse como prioridad en la Cámara de Diputados, quién tiene la responsabilidad de aprobar el proyecto del presupuesto y gasto público para el año entrante.

Después de casi dos años de estancamiento, parecía que la actividad económica estaba mostrando una mejoría. El Sistema de Indicadores Cíclicos del INEGI, que genera un índice compuesto de seis indicadores coincidentes, señala que para mayo ya prácticamente todos muestran una tendencia positiva. Los resultados de comercio exterior apuntan hacia una mejoría en las exportaciones no petroleras, resultado de una mayor demanda de Estados Unidos. Como consecuencia, la industria manufacturera mostró crecimientos en cada uno de los primeros cinco meses del año.
Lo único que parecía faltar era que empezara a crecer la inversión privada, a pintar la inversión pública y a mejorar el consumo de los hogares. Sin embargo, la aprobación final de las leyes secundarias abriría la puerta a la inversión privada, mientras que el gobierno federal ya repartió los fondos para las obras públicas. La última pieza en la ecuación, el consumo de los hogares, debería responder poco a poco en la segunda mitad del año y así podríamos alcanzar un crecimiento entre 2 y 3 por ciento; los optimistas piensan que más cerca del 3, mientras que los pesimistas alrededor del 2 por ciento.
Sin embargo, los últimos indicadores que se han dado a conocer no son muy halagadores. En los últimos días el INEGI dio a conocer el consumo privado de mayo y la actividad industrial de junio, mientras que la ANTAD divulgó las ventas de julio. El primer indicador disminuyó respecto al mes anterior y sigue mostrando debilidad. El segundo también cae en el mes y sugiere que el crecimiento del PIB del segundo trimestre será menor a lo estimado. El tercero señala que el consumo de los hogares no muestra señales de mejoría en el primer mes del tercer trimestre. Anteriormente, conocimos los indicadores de difusión de junio con resultados decepcionantes; el Indicador de Confianza del Consumidor interrumpió su tendencia alcista, mientras que el Indicador IMEF No Manufacturero sigue perdiendo terreno. El gobierno no ha logrado inspirar mayor confianza en los hogares ni en los empresarios. A este paso, ya tenemos que preguntarnos si la recuperación empezará en el tercer trimestre o si tendremos que esperar más hacia fin de año.
El consenso para el crecimiento anual del segundo trimestre se ubica alrededor de 1.8 por ciento. Sin embargo, si examinamos el IGAE de abril y mayo, encontramos que la actividad económica de junio tendría que haber crecido 3 por ciento o más para alcanzar esta cifra. Dado que ya sabemos que las actividades secundarias disminuyeron en junio, es muy difícil pensar que las terciarias podrían haber aumentado lo suficiente para compensar la falta de dinamismo manufacturera. Por lo mismo, debemos esperar una tasa todavía menor para el segundo trimestre cuando el INEGI anuncia los datos del PIB la semana entrante. Dependiendo de qué tan mal viene, es factible esperar aún otra ronda de revisiones a la baja en las proyecciones del PIB para 2014.
No todas las cifras fueron malas noticias. La construcción de junio avanzó 1.2 por ciento en junio y ligó así cinco meses consecutivos con crecimiento positivo. Este impulso ayudó a que la tasa anual llegara a 2.2 por ciento (y hasta 2.6 por ciento si corregimos por efectos de calendario), que es la primera tasa anual positivo para la construcción en los últimos 19 meses. Mejor aún, el segmento que mejor desempeño mostró fue la de obras civiles de infraestructura, ligada a la inversión pública, que mayor rezago mostraba. La serie de tendencia-ciclo de este indicador sugiere que por fin tocó fondo y empieza a revertirse.
La cifra negativa de la producción manufacturera de junio no representa un cambio de tendencia. Lo más seguro es que repuntará en julio y seguirá funcionando como nuestro [único] motor de crecimiento. Todavía deberíamos esperar la mejoría en la inversión privada, especialmente ahora que ya tenemos leyes secundarias para todas las reformas. No obstante, la gran incógnita sigue siendo el consumo de los hogares. La mayoría de los nuevos empleos han sido de menor remuneración y los precios de los alimentos siguen al alza. Los efectos nocivos de la reforma fiscal siguen dando de qué hablar, mientras que no se repone la confianza.
Hemos visto una mejoría en el entorno externo, indispensable para mover la manufactura. El gobierno ha aumentado su gasto, que eventualmente deberá sentirse en más obras públicas. Los legisladores finalmente aprobaron las leyes, que debería estimular la inversión. ¿Pero qué se ha hecho para apuntalar la situación de los hogares? Pues realmente muy poco, si es que algo.

Después de comenzar el sexenio con un 2013 verdaderamente decepcionante, veíamos este año como la oportunidad de emprender una recuperación en serio y aspirar de nuevo al crecimiento sostenido. Pero como sabemos, empezamos mal con una reforma hacendaria nefasta y un entorno externo desfavorable. En vez de instrumentar una política fiscal que apoyara la actividad económica, la Secretaría de Hacienda optó por una serie de medidas de carácter recaudatorio, sin combatir la informalidad, eliminando incentivos a la inversión y restando poder adquisitivo a muchos segmentos de la población. Al mismo tiempo, Estados Unidos enfrentó condiciones climatológicas sumamente adversas, con consecuencias negativas en la actividad económica. El resultado fue una caída abrupta en la confianza, tanto de los hogares como el empresarial, que tuvo su reflejo en un desempeño desfavorable en el consumo y en la inversión.

¿Qué necesitamos para ya iniciar un crecimiento en serio? Primero, una mejoría en el entorno externo y segundo, que se vayan disipando los efectos negativos de la reforma fiscal. Requerimos que la inversión pública vaya apuntalando la recuperación de la industria de la construcción y que el sector privado encuentre ya pretextos para empezar a invertir. Lo primero parece estarse asomando: la producción manufacturera de mayo muestra un avance de 4.8 por ciento en los últimos doce meses (corregido por efectos de calendario) y si logramos crecer al mismo ritmo que el observado en los primeros cinco meses del año, pudiéramos terminar en diciembre con un nivel mayor al 12 por ciento respecto a fines de 2013.

El problema radica en lo segundo, es decir, en que la inversión pública ya surte efectos. De encaminarse bien, la inversión privada debería seguir el mismo camino y la economía interna podría responder. Sin embargo, hasta la fecha no ha sido el caso. Los últimos datos del INEGI respecto a la construcción de obras de ingeniería civil (asociada a la inversión pública) de mayo muestran una caída de 1.7 por ciento respecto a abril y se ubican en -6.2 por ciento por debajo del nivel de hace doce meses. De continuar el mismo ritmo de los primeros cinco meses del año, terminaremos 2014 -15.2 por ciento por debajo del nivel observado en diciembre pasado (que de por sí, era bastante bajo).

¿Qué dice la Secretaría de Hacienda al respecto? Si examinamos su Informe de Finanzas Pública correspondiente a enero-mayo de 2014, encontramos que el gasto público creció en 16.9 por ciento en ese lapso, donde destacan elevados crecimientos en algunos ramos con elevado componente de inversión. Incluso, el gasto se ubica ligeramente por encima de lo calendarizado para el período. Parece indicar cifras consistentes con el camino señalado en el primer trimestre, cuando reportó tasas de crecimiento muy abultadas en su inversión física.

Sin embargo, los reportes de Hacienda contrastan marcadamente con los indicadores de INEGI. Por ejemplo, mientras que los primeros presumen de tasas de crecimiento muy elevadas en la inversión pública en el primer trimestre del año, INEGI señala que disminuyó -6.5 por ciento en términos reales respecto al trimestre anterior y se ubica -8.5 por ciento por debajo de su nivel de hace un año (corregido por efectos de calendario). Hacienda dice que la inversión pública ha aumentado considerablemente en los primeros cinco meses del año, pero INEGI reporta tasas negativas en las obras de ingeniería civil. ¿Qué pasa? ¿Hay diferencias metodológicas en cómo se manejan las finanzas públicas o de plano hay doble contabilidad? No son pequeñas las diferencias, sino más bien escandalosas.

En principio, Hacienda reporta los flujos de efectivo entre sus ingresos y egresos, mientras las cuentas nacionales manejan el concepto de valor agregado. Esto significa que el INEGI realiza el cálculo del valor bruto de la producción y el consumo intermedio del gasto público, para después restar lo segundo a lo primero. ¿Será que el consumo intermedio del gobierno es superior al valor bruto, por lo que no representa valor agregado?

Hay varias hipótesis al respecto, siendo el más visto el que Hacienda reporta participaciones a los fondos para inversión de los Estados y Municipios como un gasto en inversión realizado, mientras que el dinero simplemente está disponible a los gobiernos locales en un banco, pero todavía sin ejercerse. Otra, más cínica, es que el gasto público simplemente no repercute en la actividad económica por ser ineficiente, mal ejecutado y vicioso. Esto es algo que merecemos que nos aclaren y que rinden cuentas más claras.

Después de crecer 4.3 por ciento anual por tres años, la actividad económica mexicana se desaceleró significativamente en 2013 para alcanzar apenas una tasa de 1.1 por ciento. Fueron muchos los factores, tanto externos como internos, que contribuyeron al mal desempeño. Una menor demanda por nuestras exportaciones en el exterior, la cancelación de cuotas de exportación de automóviles a Brasil y Argentina, una disminución pronunciada en las remesas y la recesión de Europa fueron algunos de los elementos externos. Mientras tanto, la crisis de la construcción, el menor gasto público, un desabasto de gas, inundaciones, incertidumbre en torno a las reformas estructurales y un deterioro acumulado en el poder adquisitivo de los hogares, fueron las causas internas.

A estas alturas, algunos analistas han querido concentrar la culpa en factores internos y más concretamente, en acciones del gobierno. Sin embargo, sí hubo una visible desaceleración en el crecimiento económico de Estados Unidos (de 2.8 por ciento en 2012 a 1.9 por ciento en 2013) y específicamente en su producción manufacturera, que creció 2.2 por ciento en 2013 después de haber logrado una tasa de 3.9 por ciento en el año anterior. Esto contribuyó a que nuestras exportaciones no petroleras, que representan el motor principal de crecimiento de la economía mexicana, crecieran 4.0 por ciento el año pasado, menos de la mitad de la tasa de 8.5 por ciento de 2012.

Dado que prácticamente todos los economistas que siguen de cerca la economía de Estados Unidos vaticinan una mejoría para este año, es de esperarse que nuestras exportaciones podrán recuperar su dinamismo. Europa parece salir de su recesión, mientras que la OCDE y el FMI ven mayor crecimiento mundial en 2014. Este mejor escenario implica de entrada que deberíamos tener más crecimiento este año. ¿Pero qué tanto es tanto?

Cuando una economía se desacelera visiblemente o entra en recesión, es muy factible que el siguiente año se presenta más crecimiento por la base reprimida de comparación, algo así como un efecto rebote. Esto significa que podemos esperar una mejoría en el desempeño de la actividad económica este año simplemente por inercia. La mejoría del entorno externo y un pequeño efecto rebote nos debería marcar un piso en el crecimiento para este año alrededor de 3.0 por ciento, que podemos llamar el “crecimiento inercial”. Para poder crecer más del 3 por ciento, necesitaremos de ciertos impulsos, principalmente internos.

Los primeros impulsos podrán venir de una recuperación en el sector de la construcción, que se divide principalmente en tres segmentos: edificación, obras civiles y de infraestructura y trabajos especializados. La edificación fue afectada adversamente desde mediados de 2012 cuando el gobierno decidió suspender los subsidios que otorgaba a la vivienda de interés social. El problema central radicaba en que se apoyó la construcción de casas habitación horizontal en zonas alejadas de centros de trabajo, sin la infraestructura necesaria y con escasos servicios de esparcimiento. El resultado fue un abandono masivo de estos hogares y un fracaso en el impulso del sexenio pasado a este tipo de vivienda. A mediados de 2013, el nuevo gobierno modificó la ley (que entra en vigor a principios de 2014) para ahora impulsar la vivienda vertical, ubicada en lugares con mayor demanda laboral. Esto significa que pronto se debería observar una reanudación en la edificación de viviendas, aunque a un paso más moderado que el que hubo en años anteriores.

El segundo segmento de la construcción, el de obras civiles y de infraestructura, está íntimamente ligado a la inversión pública. Desde mediados de 2012, el gobierno saliente disminuyó el gasto, mientras que en 2013 el gobierno entrante no lo supo activar a tiempo. El resultado fue una subejercicio del gasto público en la primera parte del año y una disminución en la inversión pública en todo 2013. No obstante para 2014 el gobierno plantea aumentar significativamente su gasto vía un déficit fiscal visiblemente mayor a otros años, por lo que es de esperarse un incremento en la inversión destinada a obras civiles y de infraestructura.

El tercer segmento, trabajos especializados de construcción, representa esfuerzos de autoconstrucción y remodelación, que se encuentran correlacionados a la entrada de remesas. Muchos hogares no solo utilizan las remesas como complemento de sus ingresos para consumir más, sino también para invertir en sus casas. Las remesas empezaron a disminuir a mediados de 2012 a la par con una disminución en este tipo de trabajos. Sin embargo, parecen haber tocado fondo hacia fines del tercer trimestre y ahora se prevé una recuperación. Esto significa que deberíamos esperar un desempeño positivo en 2014, aunque no necesariamente muy dinámico, en el sector de la construcción en su conjunto, después de un año excepcionalmente malo.

La verdadera incógnita radica en el efecto de las diez reformas estructurales que se emitieron en 2013 y que deberíamos ver aprobado las leyes secundarias faltantes a mediados de 2014. El gobierno estima que estas deberían empezar a impulsar el crecimiento este año hacia una tasa cercana a 4 por ciento y llegar acerca a 5 por ciento en 2015. No obstante, esta visión no es compartida por la mayoría de los analistas, que ven mucho menos crecimiento en el corto plazo y un impulso mucho más moderado en los siguientes años.

Parte del problema es la reforma fiscal, que en vez de ser un factor positivo para la actividad económica, ya sido un verdadero dolor de cabeza para el sector privado empresarial y para los hogares. La reforma fue básicamente recaudatoria, no creo incentivos importantes para combatir la informalidad, quitó incentivos a la inversión y no fue equitativo al buscar que pagaran más los que más pagaban antes. Restó poder adquisitivo a muchos segmentos de la población al incrementar impuestos a ciertos productos y subir el IVA cinco puntos porcentuales en las zonas fronterizas del país. Redujo el ingreso personal disponible de muchos hogares al incrementar el impuesto sobre la renta y disminuir las deducciones. Eliminó la deducibilidad inmediata a las inversiones, impuso impuestos temporales a las empresas maquiladoras y complicó aún más el pago de impuestos para los contribuyentes menores.

Todos estos efectos recesivos deberán restarle dinamismo a la actividad económica, en especial al comienzo del año. Los primeros datos disponibles de enero señalan un desplome en la confianza del consumidor, casi nula creación de empleo permanente y un aumento significativo en la inflación. Es de esperarse que la actividad económica permanezca estancada en los primeros meses, para posteriormente iniciar una recuperación lenta. Sin embargo, dado que las repercusiones fiscales son distintos dependiendo del tamaño de la empresa y del giro del negocio, se recomienda que cada negocio busque una asesoría fiscal especializada para entender bien sus opciones. La incertidumbre sobre la economía a corto plazo prevalece, por lo que se dificulta la toma de decisiones en materia de inversiones. Esto significa que deben permanecer sumamente cautelosos y todavía cuidar los niveles de inventarios.

Aunque los riesgos externos prevalecen, el balance ha mejorado. Hace seis meses, preocupaba el posible cambio en la política monetaria de Estados Unidos, ya que México había recibido enormes recursos del exterior (capital de portafolio), que en un momento dado podrían revertirse, con un efecto mayor en el tipo de cambio y alzas en las tasas de interés. En este lapso de tiempo, la Reserva Federal ya anunció cómo irá modificando poco a poco su esquema de inyección de liquidez a los mercados. La buena noticia es que México parece ser de los países emergentes menos afectados, ya que mientras casi todos los demás han sufrido una depreciación significativa en sus monedas, el peso mexicano se mantenido relativamente estable. La empresa clasificadora de riesgos, Moody’s, anunció hace poco que mejoraba la calificación de México, reconociendo una mejoría notable en la relación riesgo/rendimiento del país. Sin que sea una garantía, esta acción disminuye el riesgo que México enfrenta al revertir las políticas monetarias de expansión.

Al acercarse el final del año, hay cada vez más consenso (si no es resignación) que la actividad económica apenas crecerá alrededor de 1.2 por ciento en 2013. Ya nadie piensa que podremos crecer más que la última proyección oficial de 1.7 por ciento, mientras que muchos estiman una tasa más cerca al 1.0 por ciento. Los últimos datos que tenemos sugieren que si todavía habrá revisiones, estas serán a la baja.

El INEGI informó el martes que se mantiene la tendencia a la baja el indicador coincidente en agosto. Las cifras que tenemos para septiembre y octubre, como los datos de comercio exterior, los números de la ANTAD y de la AMIA y la familia de índices de difusión, subrayan la debilidad de la economía. En el mejor de los casos, pudiéramos observar una recuperación incipiente y frágil a partir de noviembre o diciembre, pero realmente no queda claro.

El gobierno preparó el presupuesto con la expectativa de que la economía crecerá 3.9 por ciento en 2014. Los legisladores modificaron ciertas provisiones que implican menos ingresos, pero que compensaron con supuestos más optimistas en el marco macroeconómico que acompaña la Ley de Ingresos. Sin embargo, los analistas de mercados financieros que participan en la encuesta de Banamex revisaron a la baja su expectativa de crecimiento para el año entrante a 3.6 por ciento (de 3.8 por ciento), mientras que los especialistas en economía del sector privado que colaboran en la encuesta de Banxico fueron todavía más pesimistas al anticipar crecimiento de 3.4 por ciento. Finalmente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) opina que México alcanzará una tasa de tan solo 3.0 por ciento.

Habría que advertir que esta ronda de revisiones a la baja todavía no concluye. Pero sí queda claro que la mayoría de los analistas ven ahora menos crecimiento a raíz de la reforma fiscal. Los hogares tendrán menos ingresos disponibles al pagar más impuestos y realizar menos deducciones, mientras que su poder adquisitivo se verá mermado por alzas en precios en consecuencia de los nuevos impuestos especiales (incluyendo el aumento en el IVA en la zona fronteriza). Al mismo tiempo, las empresas tendrán menos incentivos para invertir y en muchos casos, mayor carga impositiva. El gobierno planea instrumentar una política de mayor gasto deficitario, pero la mayoría de los analistas opinan que no será lo suficiente para alcanzar el crecimiento deseado.

¿De qué dependerá el crecimiento económico en 2014? Son varios los factores que tendremos que vigilar. Primero, está el entorno externo que determinará la dinámica de nuestras exportaciones no petroleras, el motor principal de crecimiento de nuestra economía. Aún con una economía interna estática, podría ser factible una tasa mayor a 3 por ciento si nuestras exportaciones logran crecer a dos dígitos. Si fuera el caso, es muy probable que poco a poco empiecen a responder las actividades terciarias. Afortunadamente, los indicadores de la economía norteamericana apuntan hacia una mejoría en 2014 y lo único que quedar por verse es si alcanzará para lograr la dinámica que requerimos.

En segundo lugar, está de por medio la recuperación del sector de la construcción. Para su revitalización necesitaremos mayor inversión pública, crecimiento de las remesas y condiciones propicias para que los desarrolladores de vivienda reinicien edificaciones, en especial, de interés social. En principio, todo apunta a que la industria de la construcción debe estar por tocar fondo y que inicie una fase de recuperación a principios de 2014.

En tercer lugar, necesitamos que empiece a crecer la inversión privada. Entre los factores más importantes está la concretización de la reforma energética, que potencialmente tiene mayores posibilidades de estimular nuevos proyectos que generarían más empleo y crecimiento económico. Si el PAN busca vengarse de la reforma fiscal mediante un bloqueo a la energética, podríamos ver un desenlace muy negativo.

Finalmente, tendremos que ver cómo se absorben los efectos negativos de la reforma hacendaria. Muchas de sus medidas afectarán la creación de empleo y fomentarán la contratación informal. En un principio, enfrentaremos una disminución en la productividad general y una disminución en nuestra competitividad, que buscará compensar el gobierno mediante más gasto. El problema central es que el gasto público es ineficiente y burocrático, con una proporción pequeña en inversión productiva.

Ya nada más nos queda esperar el comienzo del año para ver cuáles serán los factores que más imperan.