Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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La Junta de Gobierno del INEGI comprende cinco personas, un presidente (Julio Santaella que asumió funciones el 1 de enero de 2016) y cuatro vicepresidentes con periodos de ocho años escalonados: Enrique de Alba, quien hace poco fue ratificado para un periodo adicional de ocho años; Rolando Ocampo, quien inició en 2013; y Mario Palma, quien termina en 2018. El cuarto era Félix Vélez, quien entró en 2013 a sustituir a Roció Ruiz ante su renuncia. Por lo mismo, solo desempeño el cargo menos de cuatro años, cuyo periodo concluyó a fines del año pasado. El puesto quedó vacío, primero en espera de una designación y ahora, en espera de la ratificación del Senado de Paloma Merodio, quien fue propuesta por el Presidente.

Todas estas personas, incluyendo a Eduardo Sojo, el presidente anterior y José Antonio Mejía, vicepresidente hasta 2012, fueron personas de muy amplia experiencia y de credenciales impecables para sus puestos. Sin embargo, Paloma Merodio no tiene el mismo perfil, en especial la experiencia relevante acumulada, ya que tiene apenas 31 años de edad. Su designación ha armado gran controversia, a tal grado que el CEEY encabezó una petición al Senado para que la rechazaran, firmado por más de 30 organizaciones no gubernamentales. También la Sociedad Mexicana de Demografía, encabezado por Carlos Echarri, mandó una petición similar, firmado por todos sus expresidentes. El argumento principal en su contra es que no cumple con los requisitos marcados por la ley.

La ley dice que debe “ser profesional distinguido en materias relacionadas con la estadística, la geografía o la economía, así como haber ocupado, por lo menos durante cinco años, algún cargo de alto nivel en los sectores público o privado, o ser un académico de reconocido prestigio en las materias mencionadas”. Si revisamos el CV de Paloma, es de interpretación difícil y ambiguo decir que realmente tiene por lo menos cinco años de experiencia en puestos de alto nivel. De entrada, sí tiene estudios relevantes de Licenciatura en Economía del ITAM (con honores) y una Maestría de la Universidad de Harvard. Su experiencia de trabajo en Sedesol y el IMSS es relevante, ya que fue en puestos de toma de decisiones, planeación estratégica y evaluación de políticas públicas, coordinando equipos multidisciplinarios. Pero ¿fueron de alto nivel? Posiblemente su último puesto de Directora General en Sedesol puede calificar, pero no fue de cinco años. Se tendría que considerar el puesto de Coordinadora de Investigación Estratégica en el IMSS y así, con una interpretación laxa, pudiera calificar, pero rayando llanta.

¿Ha sido profesional distinguido? Yo no había oído de ella antes y es difícil pensar que alcanza esa distinción a los 31 años. ¿Es académica reconocida? Da clases en el ITAM desde 2014, pero por asignatura, por lo que tampoco podemos pensar que ya alcanzó ser distinguida. Tuve la oportunidad de conocerla personalmente y puedo atestiguar que es una persona inteligente, capaz, motivada, independiente y articulada. El hecho de que sea mujer es muy bien visto por todos. Sin embargo, ante su corta edad, queda claro la controversia en torno a su designación.

Más allá de la discusión de que si califica o no para el puesto, la indignación de los quienes han protestado tiene que ver con el hecho de que se debe propugnar por los mejores nombramientos posibles en los organismos autónomos y evitar las designaciones de amistades o cuotas. Por ejemplo, la lista de mujeres profesionales, capaces y con la experiencia necesaria es vasta. Sin pensar mucho, se me ocurre Lorenza Martínez, Ana María Aguilar, Evelyn Rodríguez, Delia Paredes, Sara Castellanos, Irene Espinosa, Nelly Aguilera, María Luisa Ruvalcaba, María de la Paz, Edith Pacheco y Graciela Teruel. Incluso, hacia dentro del INEGI hay muchas mujeres muy capaces, por ejemplo, con el perfil de Marcela Eternod, quien fue Directora General de Estadísticas.

Escribo sobre el tema porque muchos me han preguntado por mi opinión. Al final de cuentas, creo que el Senado no va gastar su poco capital político para bloquear la designación; Paloma Merodio será miembro de la Junta de Gobierno del INEGI hasta fines de 2024. Seguro que en este tiempo acumulará la experiencia necesaria y terminará por realizar un buen trabajo. Será reto de ella demostrar su independencia, apartidismo y dones de liderazgo. Bienvenida, felicidades y mucha suerte.

El INEGI dio a conocer el viernes pasado, el indicador de confianza del consumidor para enero. No solamente se registró un nuevo mínimo histórico (28.9), muy por debajo del anterior (33.1 de octubre 2009), sino que se llegó a tal nivel mediante la caída más pronunciada para un mes a otro desde que existe del indicador. De hecho, los cinco componentes experimentaron caídas escandalosas, nunca visto antes. Las caídas de cuatro de los componentes fueron las mayores en toda la historia, mientras que tan solo una (sobre el momento adecuado para adquirir bienes duraderos) no logró establecer una máxima, pero por una sola décima. Los niveles de tres de los cinco componentes tocaron nuevos mínimos, que son la percepción del consumidor sobre la situación económica del país del presente y del futuro y sobre la situación económica del hogar en el futuro. Fue tan estrepitosa la noticia, que REFORMA decidió darla a conocer a ocho columnas el sábado pasado (aunque desafortunadamente habló del “índice” y no del “indicador”).

Unos días antes, el INEGI había dado a conocer el indicador de confianza empresarial, que también registró una caída exagerada, mientras que uno de sus componentes (sobre la situación económica futura del país) estableció un nuevo mínimo histórico. ¿Qué es lo que explica el pesimismo tan exagerado tanto del consumidor como del empresario? Entre los factores mencionados por algunos analistas están la llegada de Trump y la depreciación del peso. Si bien es cierto que estos dos factores han pesado en el ánimo de la gente, explican la trayectoria descendente que tiene ambos indicadores desde hace un año (algo que ya hemos comentado aquí en octubre y noviembre del año pasado), pero no la caída tan pronunciada de enero respecto al mes anterior. Más bien fue el gasolinazo que incendió a la población a tal grado que hubo manifestaciones en todo el país y saqueos en muchas partes. Esto último fue la gota que derramó el vaso, que ya se estaba llenando desde tiempo atrás.

El nivel del indicador de confianza del consumidor (28.9) se ubica ahora por debajo del umbral “Leyva” de 34.5 puntos, que estableció el INEGI como el umbral estadístico consistente con una caída en el consumo de los hogares (con un 95 por ciento de probabilidad). En principio, esto significa que deberíamos de observar una tasa negativa en el consumo privado, prácticamente el único factor por el lado del gasto del PIB que ha estado creciendo. De ser cierto, es casi un hecho que estaríamos entrando ya en una recesión. ¿Será?

No necesariamente. Si analizamos detenidamente cada uno de los cinco componentes de indicador, encontramos caídas acentuadas en todos, a tal grado que tres se ubican en mínimos históricos. Sin embargo, los otros dos que no registraron mínimos históricos son la apreciación sobre la situación actual del hogar y sobre el momento actual para efectuar compras de bienes duraderos. Si analizamos las preguntas de la encuesta que no están incluidas en el indicador, en especial aquellas enfocadas a decisiones de compra, encontramos que ninguna registró un mínimo histórico.

Esto significa que el consumidor todavía no ve tan fatal su situación económica personal en la actualidad, sino que su pesimismo está mucho más enfocado en la situación económica del país (tanto el actual como el futuro) y el posible efecto que podrá tener más adelante sobre su hogar. Está muy preocupado por el incremento de precios en general (no solamente de la gasolina), ya que podrá ver mermado su poder adquisitivo. Por lo pronto, podemos esperar un poco más de cautela, que se va manifestar en una desaceleración en el consumo, pero no necesariamente una caída tal cual. Desafortunadamente, los indicadores de consumo son los más atrasados de todos. No obstante, habrá que estar atento.

La noticia hace resaltar aún más la inconsistencia del INEGI en mantener dos resultados distintos (un “índice” y un “indicador”) de una sola encuesta. Por ejemplo, en enero el “índice” disminuyó 17.9 puntos porcentuales, mientras que el “indicador” cayó 6.1 puntos. He platicado mucho sobre esto, tanto con Eduardo Sojo, el presidente anterior, como con Julio Santaella, el presidente actual. Ambos coinciden en que el problema radica en la testarudez del Banco de México (que paga la encuesta), que no ha querido autorizar la desaparición del “índice”, a pesar de que solo sirve para confundir.

A estas alturas, la noticia la conocen todos. El viernes pasado, el INEGI divulgó los resultados correspondientes al Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) de 2015, que son usados por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) para la medición multidimensional de la pobreza. Resulta que introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos, de tal forma que ya no sea comparable la información con años anteriores. Pero posiblemente lo que más controversia causó fue que las modificaciones implican una aparente mejoría notable en la pobreza, sin fundamento, sin consulta y sin debate, que hicieron vibrar hasta los cimientos la propia autonomía del INEGI. Peor aún, en la conferencia que dio el Presidente del INEGI, se le preguntó que va ser el Coneval para la estimación de la pobreza intertemporal; respondió que habría que preguntarle a Coneval, básicamente deslindándose de la responsabilidad del daño hecho. En ese momento, no me quedó claro si Santaella estaba consciente del error que estaba cometiendo.

Quedó clarísimo la molestia de Coneval. No tardó en emitir su posicionamiento, acusando al INEGI de incongruente, resaltando la falta de transparencia y planeación. Dijo que el INEGI actuó de forma unilateral, sin el debido debate técnico y justificación. La consecuencia es una ruptura en la evolución histórica de las mediciones de pobreza. Los tuits del Secretario General de Coneval causaron un verdadero revuelo al expresar su enojo. Todos los medios hablan del tema, en reportajes a ocho columnas, en editoriales, columnas, sin menospreciar la convulsión en los medios sociales. Incluso, ya aparecen peticiones mediante change.org para la rectificación de la información.

He sido un INEGI “watcher” desde hace décadas. Mi pasión por los datos y por los indicadores me han llevado a admirar y querer al instituto. He aplaudido cambios y mejorías, al igual que he criticado muchos aspectos, siempre con el afán de ser un crítico constructivo. Sin embargo, no me acuerdo que el INEGI haya procedido antes de tal forma, que generara tanta sospecha y que haya gestado un golpe tan severo a su credibilidad. ¿Simple ingenuidad de un nuevo presidente sin experiencia? ¿Cumplimento de una agenda preestablecida y cargada con su llegada?

En diciembre del año pasado (miércoles, 2 de diciembre) escribí en esta columna un artículo titulado “Humo Blanco para INEGI”. En su momento, había mucha preocupación en torno a la designación de su próximo presidente. Algunos esperaban que la SHCP impusiera un títere como ocurrió en la Función Pública, o bien, alguien muy allegado a la administración federal actual. El miedo extremo era que el INEGI se convirtiera en una especie de INDEC de Argentina, que inventa sus datos para acomodar los gustos del gobierno, o en un INE de Venezuela que simplemente dejó de publicar información incómoda. Al conocer la designación, comentamos que Santaella tenía los grados académicos necesarios y algo de experiencia relacionada a algunas funciones propias del INEGI, pero que tendría que enfrentar una curva de aprendizaje importante. No obstante, lo que más preocupaba era su experiencia y habilidad política para las negociaciones, decisiones importantes y situaciones propias de la autonomía. En su momento, le dimos el beneficio de la duda, esperando que fuera un excelente presidente.

No me queda claro que motivó al INEGI a proceder de esta forma. Tengo que confesar que me quedé estupefacto al escuchar la noticia. Me gustaría pensar que fue un error relacionado a la falta de experiencia política y no resultado de una agenda que negoció antes de su llegada. Todavía creo en el INEGI, en su proyecto, en sus indicadores y todo lo que queda por hacer.

No hay duda del daño hecho. Por lo pronto, vamos a ver cómo va lidiar con lo acontecido y reparar el golpe a su credibilidad. En diciembre, dijimos que seguiríamos con las críticas constructivas, observaciones pertinentes y vigilancia permanente. Ya quemó su primer cartucho y redujo gravemente sus grados de libertad para más equivocaciones. Por el bien del INEGI y del país, no voy a retirarle el beneficio de la duda. Sin embargo, ahora creo que todos estaremos mucho más atentos, mucho más exigentes y mucho más demandantes.

Dado que Eduardo Sojo termina su gestión al frente del INEGI a fines de este año y la autonomía del Instituto todavía no termina de consolidarse, había mucha preocupación en torno a la designación de su próximo presidente. Algunos esperaban que la SHCP impusiera un títere como ocurrió en la Función Pública, o bien, alguien muy allegado a la administración federal actual. El miedo extremo era que el INEGI se convirtiera en una especie de INDEC de Argentina, que inventa sus datos para acomodar los gustos del gobierno, o en un INE de Venezuela que simplemente dejó de publicar información incómoda.

La semana pasada, la Presidencia anunció la designación de Julio Santaella para integrarse a la Junta de Gobierno del INEGI y se espera que será escogido por el Presidente para ocupar su presidencia. ¿Es Santaella el candidato ideal? Creo que no existe tal persona. ¿Es un buen candidato? ¿Hará buen papel? ¿Ayudará a consolidar la tan necesitada autonomía? Son buenas preguntas cuyas respuestas realmente no sabemos pero sí podemos especular.

Hasta la semana pasada, Santaella era un funcionario de bajo perfil, cuyo nombre no salía en la lista de las primeras diez sugerencias mediante una búsqueda en Google. Ahora su biografía se ha dado a conocer en prácticamente todos los medios. Tiene un doctorado en Economía de UCLA, ha trabajado en la SHCP, el FMI, el ITAM y el Banco de México. Su mayor experiencia lo obtuvo tras once años en el Banco de México desempeñado la Gerencia de Información y Análisis de la Dirección General de Operaciones de Banca Central. Ha publicado artículos sobre inflación, programas de estabilización, tipos de cambio, política fiscal, la estructura temporal de las tasas de interés, crecimiento económico, salarios, movilidad laboral, flujos de capital, balanza de pagos, crisis financieras, desarrollo de mercados de deuda y otros temas afines (pero nada en torno a la importancia, construcción o metodología de indicadores económicos y mucho menos de temas geográficas). Se habla de su experiencia al frente del Fondo Mexicano de Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, un órgano dependiente del propio Banco de México, que arrancó apenas en enero de este año. Pero esto último no parece ser gran cosa, pues tiene poco tiempo funcionando y no es un organismo independiente o autónomo.

Con esta información podemos pensar que tiene los grados académicos necesarios y algo de experiencia relacionada a algunas funciones propias del INEGI, pero tendrá que enfrentar una curva de aprendizaje importante para la mayoría de las ocupaciones de su nuevo puesto. Posiblemente lo que más preocupa (o desconocemos) es su experiencia y habilidad política para las negociaciones, decisiones importantes y situaciones propias de la autonomía.

Posiblemente la primera buena noticia es que no surge de las filas de SHCP, de los allegados de la Presidencia o del Secretario de Hacienda. Todo apunta a que la SHCP acudió al Gobernador de Banxico para una recomendación. En principio, parece proceder del servicio profesional de carrera y no pupilo del Gobernador, sin embargo, no debemos ser tan ingenuos como para pensar que su designación fue totalmente gratuita. Sabemos que ha existido mucho recelo y critica entre las dos instituciones desde tiempo atrás. ¿Llega Santaella con agenda preestablecida y posiblemente cargada? Realmente no sabemos. Pero sí hay quienes ya expresaron su temor de que sea muy leal al Gobernador y con esto Banxico expande sus tentáculos e influencia. Lo que menos necesitamos es que la persona que tiene la autoridad monetaria máxima se convierte en un zar omnipotente.

La segunda buena noticia es que aparentemente es buena persona, de buen trato y de mente abierta. No sabemos si tiene el entusiasmo y ganas de hacer del INEGI uno de los mejores institutos de estadística del mundo (que era la actitud de Eduardo Sojo), pero algunas personas que lo conocen mejor dicen que sí. Ojalá que sea abierto a la crítica, dispuesto a escuchar y dispuesto a empujar los proyectos necesarios. Sería un verdadero plus si ve la crítica como asesoría gratis, como era la filosofía de su antecesor en el INEGI.

Por lo pronto, aceptamos la designación, ya que tiene los credenciales necesarios. Estaremos atentos, ya que no sabemos a bien si tiene los suficientes. Le damos el beneficio de la duda y esperemos que resulte un excelente presidente. En vías de mientras, seguiremos con las críticas constructivas, observaciones pertinentes y vigilancia permanente de los indicadores económicos del país.