Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI siempre presume que aplica las mejores prácticas internacionales, que sigue fielmente los manuales publicados por el FMI, la ONU, la OCDE y el Banco Mundial (sobre las metodologías de cuentas nacionales, balanza de pagos, índices de precios y otras estadísticas de primera relevancia), que cumple cabalmente con las reglas para la diseminación de datos establecidos por el FMI y que publica todas las metodologías. En términos generales, podemos estar de acuerdo. Busca siempre hacer un buen trabajo, responde a la crítica y realiza esfuerzos continuos para mejorar.

Sin embargo, su labor no es perfecto. Muchas veces responde a presiones políticas o tarda mucho en responder peticiones importantes. Por ejemplo, en 2003 se estableció a nivel internacional la definición ampliada de informalidad y se recomendó el uso de la tasa de informalidad laboral. A pesar de poder publicar todo, gracias a la nueva encuesta de empleo que se levanta desde 2005 (la ENOE), el INEGI no la empezó a divulgar sino hasta finales de 2012 (días después de haber concluido el sexenio). En los primeros años enfrentó las presiones políticas de la Secretaria de Trabajo, que estaba totalmente opuesto a su publicación. Sin embargo, se le concedió la autonomía al INEGI en 2008 justamente para lidiar con este tipo de situaciones. Pues con todo y autonomía, el INEGI tardó todavía cinco años más antes de su divulgación. Finalmente, aprovechó el cambio de sexenio para con una actitud de “más vale pedir perdón que permiso”, dar a conocer los nuevos datos. Fue un verdadero shock para las autoridades enfrentar las nuevas cifras que mostraban que la informalidad laboral abarcaba casi el 60 por ciento de toda la población ocupada y no menos de 30 por ciento, que abarca solo el sector informal.

El marco internacional más importante de las encuestas y cifras laborales son las Conferencias Internacionales de Estadísticas del Trabajo (CIET), que se llevan a cabo cada cinco años, constituido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En estas reuniones se establecen básicamente todas las recomendaciones, estándares, definiciones y conceptos en torno al estudio sistemático de los mercados laborales. Como suele suceder, algunas de esas conferencias destacan más que otras, por marcar pautas fundamentales en la manera en que medimos el trabajo. Por ejemplo, en la XV Conferencia de 1993 se estableció la definición internacional del sector informal. Fue precisamente en la XVII Conferencia de 2003 que se introdujo la tasa de informalidad laboral.

La última Conferencia, la XIX, se llevó a cabo en Ginebra, Suiza, con la participación de 106 países y 31 representantes de organismos internacionales. Las resoluciones adoptadas en esta ocasión se consideran de los más importantes de los últimos 30 años. Se revisó a fondo el marco conceptual de todas las definiciones de trabajo y desempleo para reconocer mejor las modalidades de trabajo como los quehaceres del hogar, el trabajo voluntario y la subsistencia agrícola y se introdujeron nuevos conceptos como la fuerza de trabajo potencial y la brecha laboral. Se aprobaron nuevas clasificaciones en función de la intención y orientación de las actividades.

Lo interesante es que en esta ocasión el INEGI se comprometió a incorporar todos los cambios y utilizar los nuevos conceptos y clasificaciones con una prontitud impecable. Sin embargo, hasta la fecha no ha hecho absolutamente nada. ¿Cuáles serán las presiones políticas en esta ocasión? ¿De dónde provendrán? ¿Qué pasó con su autonomía?

Hace más de dos años, el NBER publicó un artículo de Blanchflower y Levin sobre la atonía del mercado laboral, en el cual se desarrollan conceptos aprobados por la XIX CIET, como la fuerza de trabajo potencial y la brecha laboral. En ese momento, aplicamos su metodología aquí en México para construir los mismos indicadores mediante datos de la ENOE y divulgarlos regularmente. Subsecuentemente otros autores, como David Kaplan, han hecho lo mismo. Sin embargo, no es lo mismo un par de analistas aislados que la institución oficial encargado de hacerlo. Nuestras cifras utilizan una metodología relativamente simple, pero se tiene que adaptar algunos conceptos adicionales como los agricultores de autoconsumo que viven de la subsistencia agrícola y no forman parte de la fuerza laboral. ¿Pero cuándo?

El INEGI dio a conocer los resultados de la ENOE en su entrega trimestral para el segundo trimestre de 2016. A diferencia de la entrega mensual, ésta ofrece los resultados expresados en valores absolutos, es decir, en números de personas. El INEGI aplica las tasas de empleo y desempleo en sus diferentes modalidades a las proyecciones demográficas elaboradas por el Consejo Nacional de Población (CONAPO). Para el caso específico de este trimestre, la proyección de la población total del país es de 122,117,027 personas.

Expresar el desempleo en número de personas no es usual; la práctica es utilizar tasas para referenciarlo en términos relativos, es decir, respecto a la población económicamente activa o algún otro parámetro. No obstante, los datos presentados en esta versión de la ENOE nos sirven para el cálculo de ciertas tasas que el INEGI no reporta. Por ejemplo, a pesar de que las últimas recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo y de la Conferencia Internacional de Estadísticos de Trabajo (CIET) de 2013, establecen conceptos novedosos como la fuerza laboral potencial (FLP) y la brecha laboral, el INEGI no ha querido divulgarlos. El INEGI no reporta la FLP, pero proporciona la Población Económicamente Activa (PEA) y los disponibles para trabajar dentro de la Población No Económicamente Activa (DPNEA), que sumados da la FLP. La PEA como proporción de la población en edad de trabajar (15 años y más) es 59.6 por ciento, mientras que la FLP es 66.2 por ciento.

La brecha laboral es un concepto mucho más amplio y relevante que la tasa de desempleo abierto (DA), ya que suma al DA, el subempleo y el desempleo disfrazado, que como proporción de la FLP nos da una idea de las necesidades de trabajo en el mercado laboral. Esto es porque no solo tenemos que buscar empleo para los desempleados abiertos, sino también para los que trabajan apenas unas horas a la semana porque no encuentran un trabajo de tiempo completo y los que están desempleados, dispuestos a trabajar, pero no realizan una búsqueda activa. Para el segundo trimestre de 2016, la brecha disminuyó a 20.3 por ciento (de la FLP), para registrar su menor nivel desde el último trimestre de 2008. Esto fue porque el desempleo registró su tasa más baja desde el segundo trimestre de 2008, el subempleo su tasa más baja en lo que va el sexenio y el desempleo disfrazado su segunda tasa más bajo desde el tercer trimestre de 2008 (todas como proporción de la FLP).

Otro concepto que podemos derivar de los datos de la ENOE, pero que el INEGI tampoco lo reporta, es el del ingreso promedio real. Este indicador es de suma importancia, ya que el INEGI carece de indicadores de ingreso disponible por la forma de cálculo de las Cuentas Nacionales. Empezamos con una mala noticia, ya que los ingresos por hora trabajada disminuyen en el trimestre. Sin embargo, dado que aumenta el número de horas trabajadas por semana, hay un incremento en el ingreso promedio nominal. Al convertir el ingreso nominal a términos reales, encontramos que el INPC disminuyó respecto al trimestre anterior, lo que da un aumento en el ingreso promedio real de 0.8 por ciento respecto al primer trimestre del año y 1.9 por ciento respecto al mismo trimestre del año anterior.

Para completar el ejercicio, multiplicamos el ingreso promedio real por el empleo remunerado para tener una idea de la masa salarial real, que ayuda a explicar el consumo de los hogares. En esta ocasión encontramos un aumento en el trimestre en el empleo remunerado de 0.9 por ciento respecto al trimestre anterior (y 0.9 por ciento respecto al año anterior), después de una disminución de -0.7 por ciento en el trimestre anterior. El resultado es que el incremento en el ingreso se ve ampliado por el aumento en el empleo, por lo que la masa salarial real aumenta 1.7 por ciento respecto al trimestre anterior y 2.8 por ciento respecto al año anterior.

¿Qué nos dicen estas cifras? La disminución de la brecha laboral es definitivamente positiva, aunque el ingreso por hora trabajada haya disminuido. Lo último se compensa con más horas trabajadas y mayor empleo remunerado, por lo que aumenta la masa salarial. Esto significa que las familias tienen más ingresos para poder seguir consumiendo. Buenas noticias.

De toda la familia de indicadores macroeconómicos de coyuntura, en la mayoría de los países la tasa de desempleo es de los más importantes. Pero por un conjunto de factores medio complejos, los datos de desempleo no han logrado una aceptación generalizada entre los analistas en México. Existe la percepción de que no son muy confiables y de que se construyen con metodologías dudosas y manipuladas por el gobierno para encubrir un problema mucho más severo.

Parte del problema es que desde que se realizaron los primeros esfuerzos para medir el desempleo en el país en 1972 mediante la Encuesta Nacional en Hogares (ENH), se han introducido nuevas encuestas con metodologías diferentes como la Encuesta Continua de Mano de Obra (ECMO), la Encuesta Continua sobre Ocupación (ECSO), la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). El resultado ha sido que 40 años después, contamos con una historia muy corta de estadísticas homogéneas (desde 2005).

La incógnita principal es que la tasa de desempleo de México resulta una de las más bajas del mundo, algo que intuitivamente no corresponde a nuestro grado de desarrollo y con el poco crecimiento económico que hemos tenido en las últimas décadas. Esta duda central ha despertado interés fuera de México, donde se han realizado múltiples estudios para tratar de determinar si son razones estructurales del propio mercado laboral, si no se aplica adecuadamente las recomendaciones metodológicas internacionales o si existen fallas de medición.

Uno de los estudios más conocidos fue elaborado hace 20 años por el Bureau of Labor Statistics (BLS) de Estados Unidos, que encontró una lista de diferencias pequeñas en la manera de realizar algunas de las preguntas y en cómo se consideraban ciertas situaciones. Por ejemplo, se empleaban criterios distintos para clasificar a los iniciadores de trabajo y a los ausentes temporales. Sin embargo, la investigación concluye que si se aplicaran los mismos criterios que en Estados Unidos, la tasa de desempleo en México aumentaría alrededor de 1.5 puntos porcentuales, lo cual lo seguiría ubicando muy por debajo de casi todos los países de la OCDE y de otros países emergentes.

México siempre ha tratado de incorporar todas las recomendaciones internacionales, aunque no siempre con la rapidez deseada. Por ejemplo, con la introducción de la ENOE en 2005, el INEGI incorporó casi todas las recomendaciones pendientes de la OCDE y la OIT, junto con las críticas vertidas en el estudio del BLS diez años antes. No obstante, se ha encontrado que la razón principal por la cual tenemos una tasa de desempleo relativamente baja radica en las características estructurales del mercado laboral, más que en diferencias metodológicas.

El marco internacional más importante de las encuestas y cifras laborales son las Conferencias Internacionales de Estadísticas del Trabajo, que se llevan a cabo cada cinco años, constituido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En estas reuniones se establecen básicamente todas las recomendaciones, estándares, definiciones y conceptos en torno al estudio sistemático de los mercados laborales. Como suele suceder, algunas de esas conferencias destacan más que otras, por marcar pautas fundamentales en la manera en que medimos el trabajo. Por ejemplo, en la XV Conferencia de 1993 se estableció la definición internacional del sector informal, mientras que en la XVII Conferencia de 2003 se introdujo la tasa de informalidad laboral (que el INEGI finalmente adoptó a finales de 2012).

En octubre de 2013 se llevó a cabo la XIX Conferencia en Ginebra, Suiza, con la participación de 106 países y 31 representantes de organizaciones internacionales. Las resoluciones adoptadas en esta ocasión pudieran resultar ser los más importantes de los últimos 30 años. La motivación principal para revisar el marco conceptual es el tratar de evitar los malentendidos que se han presentado, no sólo en México, sino también en muchos países en desarrollo.

De entrada, el concepto de trabajo se va ampliar para reconocer modalidades de trabajo como los quehaceres del hogar y el trabajo voluntario, con clasificaciones nuevas en función de la intención y orientación de las actividades. Se va introducir el concepto de fuerza de trabajo ampliada, que suma la fuerza potencial a la población en la fuerza de trabajo. Hay que estar pendiente de cómo y cuándo responde el INEGI a estas nuevas modalidades, pues no solo son importantes sino cruciales para entender el ámbito laboral.

Hace unas semanas abordé el tema del desempleo con la observación central de que una tasa de alrededor de 2% de crecimiento del PIB en Estados Unidos es suficiente para reducir (aunque lentamente) su tasa de desempleo, mientras que en México una tasa de crecimiento al doble es insuficiente. La tasa de desempleo de abril, que se dio a conocer la semana pasada, confirma lo dicho: las tendencias tanto de la tasa nacional como la urbana mantienen su ritmo lateral.

Desde hace mucho tiempo he argumentado que se debe considerar las tasas de desempleo urbano y rural por separado, dado que obedecen a estructuras diferentes y requieren políticas públicas distintas. El INEGI me aclaró que la recomendación de la OCDE es construir una tasa nacional, que es la base de comparación de todos sus países miembros. Visto bien, tiene una lógica importante que tiene que ver con la consistencia con el PIB y las cuentas nacionales. Ya había mencionado que dado que el PIB es un concepto que se construye mediante el valor agregado, una persona que trabaja aunque sea una hora a la semana contribuye a este valor y por lo tanto debe considerarse como empleado. En el mismo sentido, dado que el PIB abarca las actividades primarias, los conceptos de empleo y desempleo deben considerar todos los ámbitos.

Aun así es importante considerar las tasas urbanas y rurales por separado, ya que ayuda a entender la estructura laboral del país. Existe una correlación muy elevada entre el tamaño de la ciudad y la tasa de desempleo.  Por ejemplo, el INEGI reportó que la tasa nacional de desempleo en el primer trimestre de este año fue 4.9%. Si lo descomponemos por tamaño de ciudad, resulta que la tasa de las áreas más urbanizadas (ciudades de más de 100 mil habitantes) es de 5.7%, mientras que la de áreas urbano medio es de 5.0%, de urbano bajo de 4.1% y de comunidades rurales (poblaciones menores a 2,500 personas) es de 3.3%. Otra característica es que entre más grande sea la ciudad, la tasa de desempleo tiene mayor volatilidad.

En sí, las tasas de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) no se ponderan, ya que cada vivienda en la muestra tiene su propio factor de expansión o ponderador. No obstante, existe una ponderación ex-post implícita que se puede obtener al dividir la población desempleada por la PEA de cada grupo. Para el primer trimestre de 2013, resulta que las áreas más urbanizadas representan 51.3% del total, mientras que el urbano medio es 15.1%, urbano bajo 13.7% y las comunidades rurales 19.9%. En sí, la tasa nacional resulta menor, porque se incorpora una tasa muy baja y estable de las comunidades rurales, que representan alrededor del 20% del total.

Básicamente lo mismo resulta si agrupamos los estados por nivel de desarrollo. Los más avanzados, que contribuyen más al PIB nacional, son los que tienen las tasas de desempleo más elevadas, mientras que los estados más pobres muestran casi siempre tasas mucho más pequeñas. Esto nos lleva a subrayar una diferencia primordial: no es lo mismo los problemas de desempleo que los de pobreza e desigualdad.

Existen muchos mitos y malentendidos sobre el desempleo en México. Uno resulta de rebautizar el desempleo como “desocupación”, término que no parece existir en algún lugar fuera del INEGI. Me imagino que algún funcionario (no economista) confundía el empleo como una situación particular o un subconjunto de la “ocupación”, en que existe una relación laboral con una instancia superior a la que le rinde cuentas. Sin embargo, esta confusión no existe en ningún otro lugar. Por ejemplo, en Estados Unidos el desempleo es “unemployment” y no existe el concepto de “unoccupied rate”. Hace poco tuve la oportunidad de asistir a una presentación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y nunca hubo referencia a una tasa de desocupación. Al preguntar sobre la distinción, el funcionario no tuvo respuesta y dijo que no sabía por qué el INEGI acuñaba su propia terminología.

El uso de jerga distinta a la de los economistas ha creado más confusión que aclaración. Por ejemplo, una persona me decía que la tasa es muy baja en México porque el INEGI mide la desocupación en vez del desempleo como en el resto del mundo. Le tuve que explicar que realmente no era cierto, ya que la desocupación del INEGI tiene la misma definición que el desempleo en el resto del mundo, es decir, una persona que no tiene trabajo (situación) y que lo busca en forma activa (comportamiento). El INEGI tiene cuidado en no utilizar la palabra “desempleo” en sus tablas; pone el término “trabajador subordinado”. Aun así, crea confusión.

A primera vista, la tasa de desempleo en México es de las más bajas de todos los países de la OCDE e incluso en comparaciones con la mayoría a nivel mundial.  Esta simple observación lleva a muchos a descartar este indicador como bueno para analizar la coyuntura económica del país.  Sin embargo, el INEGI utiliza todas las recomendaciones y definiciones internacionales expuestas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicas (OCDE) y demás instancias.  El hecho de que nuestra tasa sea menor molesta a muchos analistas y medios, a tal grado que utilicen explicaciones erróneas e imprecisiones que sólo contribuyen a la confusión reinante en la materia.

Parte de la culpa lo tiene el propio INEGI, que no ha sabido aclarar lo suficiente, divulgar mejor cultura estadística y reportar adecuadamente los resultados de su encuesta.  Otra parte de la culpa lo tiene la propia ley que respalda al Sistema Nacional de Información Estadística, que es el sostén del INEGI.  La ley simplemente no le otorga suficiente autonomía al INEGI para que pueda corregir las imprecisiones que existen.

De entrada vale la pena repetir (otra vez) que México utiliza los mismo marcos metodológicos y las mismas definiciones que los demás países en su Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).  Esto significa que, en parte, la explicación de nuestra tasa relativamente baja de desempleo radica más en aspectos estructurales de nuestro mercado laboral y no en un mal empleo de la encuesta o en una supuesta manipulación.  La encuesta actual, la ENOE, se introdujo en 2005 con bastantes mejorías que “corregían” prácticamente todas las críticas que existían con anterioridad.  Un análisis a fondo de la estructura laboral mexicana lleva a conclusiones convincentes de porque tenemos los niveles de desempleo actuales.

El empleo y la existencia de un mercado laboral son conceptos relativamente modernos, ya que hace 200 o 300 años prácticamente no existían.  La mayoría de la población se dedicaba a la agricultura de autoconsumo.  No ofrecían su mano de obra porque no existía una industria que lo demandaba.  En la medida en que la economía se fue desarrollando, se fue formando un mercado laboral con su oferta y su demanda.  En otras palabras, entre más desarrollado sea una economía, más desarrollado será su mercado laboral y más posibilidades para que existen desempleados (personas que ofrecen su mano de obra pero no encuentran quien se lo demande).

Lo anterior se puede ejemplificar mediante varias observaciones de la economía mexicana.  Si examinamos la tasa de desempleo por tamaño de ciudad, encontramos que entre más grande (urbanizada) la ciudad, más elevada es la tasa de desempleo.  En un extremo, podemos observar a las comunidades rurales y encontraremos que sus tasas de desempleo son sumamente bajas.  Incluso, es tanta la diferencia que la mayoría de los países (y las recomendaciones internacionales) es que no se debe mezclar el desempleo urbano con el rural, ya que obedecen a dos problemáticas sumamente distintas y por ende, las decisiones de política económica para atenderlos son diferentes.  Si examinamos el desempleo por estados (o regiones), también encontramos que las tasas más bajas existen en los estados más pobres (Chiapas, Oaxaca y Guerrero), mientras que las más elevadas son de los estados más prósperos.

La introducción del ENOE en 2005 obedeció a la necesidad de modificar ciertas definiciones y corregir algunas imprecisiones, de tal forma que la tasa promedio de desempleo aumentó alrededor de un punto y medio porcentual.  Sin embargo, se cometieron varios errores al sustituir la encuesta anterior por el ENOE.  Primero, se enfrentaron recortes presupuestales que forzaron a reducir la muestra, por lo que aumentó el porcentaje del error muestral.  Sin embargo, el error fue mayor a un simple recorte de la muestra, ya que dependiendo del tamaño de la ciudad, cualquier recorte indiscriminado puede llevar a un aumento o disminución de la tasa general, dependiendo de qué ciudades se excluyeron.

El segundo error fue que el INEGI aceptó la imposición de la Secretaria de Trabajo de juntar en una tasa “nacional” el desempleo urbano y el rural, de tal forma que la nueva tasa de la ENOE bajó casi dos puntos porcentuales respecto al anterior.  De esta forma, no hubo la percepción en un cambio en el nivel de la tasa cuando se introdujo la ENOE y muchos analistas piensan a la fecha que el INEGI nunca realizó las mejorías discutidas.

El tercer error cometido fue en el diseño del boletín de prensa que utiliza el INEGI para divulgar los resultados mensuales de la ENOE.  La notica más importante y relevante del boletín es la tasa de desempleo urbana, pero esta se menciona en forma escueta hasta la página 7.  El primer párrafo del boletín habla de la tasa de participación, que es una cifra casi irrelevante y de poca importancia coyuntural.  ¿Para qué empezar con esta cifra?  La única explicación es para distraer la atención de lo verdaderamente importante.  La tasa de desempleo nacional, que no hay que confundir con la urbana (que es la utilizada por casi todo el mundo), se menciona en el tercer párrafo del boletín.

¿Qué necesita hacer el INEGI?  Primero, incrementar la muestra de la encuesta al tamaño original que se tenía de 48 ciudades e eliminar las ciudades cuyo tamaño no llega a por lo menos 20 mil habitantes.  Segundo, eliminar el concepto de desempleo rural y nacional y utilizar el desempleo urbano como el concepto relevante.  Tercero, poner la tasa de desempleo urbana en el primer párrafo de su boletín.