Articulos sobre la economía Mexicana
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Sobrerreacción

abril 24th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Sobrerreacción)

Queda claro que empezamos el año muy mal: el gasolinazo y los subsecuentes saqueos y manifestaciones generalizadas, junto con el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos, nos pusieron a todos de mal humor. El pesimismo se vio primero en el peso mexicano cuando el tipo de cambio “fix” alcanzó 21.9076 el 11 de enero. Posteriormente vimos un desplome sin precedente en las confianzas del consumidor y empresarial. Las percepciones sobre la situación actual y futura de la economía del país registraron niveles de pesimismo abismales, incluso muy por debajo de los peores momentos de la Gran Recesión de 2008-2009. Todos revisaron sus expectativas de crecimiento a la baja y veían un aumento significativo en las probabilidades de una recesión.

Tres meses después el tipo de cambio se ubica en 18.4863, ya por debajo del promedio de 18.6943 del año pasado e incluso en niveles que prevalecían antes de las elecciones de Estados Unidos. La confianza del consumidor rebotó en febrero y marzo, casi reponiendo la caída de enero, mientras que la empresarial mostró una mejoría todavía mayor. Todavía existe cierto escepticismo, pero esa percepción negativa extrema de enero se está desvaneciendo. Las probabilidades de una recesión han disminuido significativamente, mientras que por primera vez (en 16 meses) vimos una revisión hacia arriba en las expectativas de crecimiento para 2017, de 1.4 por ciento en marzo a 1.55 por ciento en abril, en la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF. Claramente, hubo una sobrerreacción del mercado ante los acontecimientos de principio de año.

El gasolinazo en enero quedará como uno de los errores más grandes de este sexenio. Sin embargo, el impacto ha se asimiló y el enojo ha bajado. La incertidumbre que representaba Trump para el futuro del TLCAN también ha disminuido, al ver primero que no sería tan catastrófica una posible salida de Estados Unidos y segundo, que las opciones que se presentaron a principios de año no son tan amplias. Ahora vemos que México no tiene tanto que perder ante una eventual renegociación y que es altamente probable que subsista la relación comercial entre vecinos.

De hecho, hemos observado una recuperación en la producción manufacturera de Estados Unidos en los últimos meses, después de casi dos años de estancamiento. La disminución de 0.4 por ciento de marzo fue la primera tasa negativa en seis meses y aun así el promedio de los primeros tres meses del año se ubica 1.0 por ciento por encima del promedio de 2016. Sin embargo, todavía más importante, ya vemos una clara tendencia alcista en las exportaciones de Estados Unidos a pesar de la fortaleza de su moneda. Esto implica una mayor demanda por insumos mexicanos. De hecho, ya vemos una tendencia alcista de la producción manufacturera mexicana y finalmente, crecimiento en nuestras exportaciones. Esto es vital, ya que han sido nuestro principal motor de crecimiento de las últimas dos décadas. Lo que parecía que iba ser fatal a principios de año, no se materializó.

No obstante, no todo marcha bien. La inversión privada todavía muestra estancamiento y cierto escepticismo. La construcción no residencial se desplomó a mediados del año pasado y no da señales de recuperación. Las obras de ingeniería civil, cuyo ímpetu es la inversión pública, sigue (y seguirá) a la baja ante los problemas de consolidación fiscal que enfrenta el gobierno.

Pero posiblemente la clave para el crecimiento económico de este año será el consumo de los hogares, que ya enfrenta cierta desaceleración. Aunque los últimos datos confirman que es el consumo de bienes y servicios de origen nacional lo que crece, mientras que los bienes de consumo importados se ha estancado desde hace más de un año, la parte endeble de la ecuación es el ingreso disponible de las familias. Si bien ha aumentado el empleo, es en su mayoría de muy baja remuneración, mientras que el aumento en la inflación en los primeros tres meses del año ha sido sumamente perjudicial. No hemos visto los cambios de hábito que muestran los consumidores ante una crisis, pero sí una adaptación a una pérdida en su poder adquisitivo. Estimaciones independientes al INEGI, realizadas por Kantar Worldpanel México, señalan que los precios de los productos que más adquieren los hogares han aumentado en promedio cerca de 10 por ciento. Por lo mismo, la inflación es la principal preocupación de los consumidores.

El Motor de Crecimiento

noviembre 30th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Motor de Crecimiento)

Desde 1994, el motor principal de crecimiento (si no es el único) han sido las exportaciones no petroleras. Cuando crecen a buen ritmo, “jalan” a la economía interna. En cambio, cuando disminuyen o muestran crecimiento lento, la economía interna se apaga. Las exportaciones nos ayudaron a salir de las recesiones de 1995, 2001-2003 y 2008-2009. Los momentos de mayor crecimiento (1996 a 2000 y 2010 a 2012), fueron productos de su buen avance. En cambio, las dos recesiones de la década pasada fueron provocados por una disminución en nuestro comercio exterior, resultado de recesiones en Estados Unidos.

En 2013 tuvimos muy poco crecimiento (casi caímos en recesión), como consecuencia de la política fiscal del gobierno actual, pero también ante cierta atonía de la economía de Estados Unidos y recesiones en muchas partes de Europa. En los siguientes dos años, hubo una mejora marginal, pero no lo suficiente como para que pudiéramos crecer al ritmo deseado. También hubo mucha desilusión en las reformas estructurales, que quedaron cortas sin cumplir con lo prometido. Al final de cuentas, Estados Unidos es el destino de más del 80 por ciento de nuestras exportaciones, por lo que dependemos mucho de su economía.

Ayer martes, Estados Unidos anunció que su crecimiento del tercer trimestre fue 3.2 por ciento, una tasa relativamente buena. También hemos visto que el tipo de cambio ha aumentado más de 50 por ciento en los últimos dos años, para situar al peso mexicano en su mayor nivel competitivo en más de 20 años. En principio, la combinación de ambos factores debería provocar gran auge en nuestras exportaciones, que a su vez estaría “jalando” la economía interna. Sin embargo, no es así.

El viernes pasado, INEGI divulgó las cifras de comercio exterior para octubre. Las exportaciones totales mostraron una baja de -4.4 por ciento con respecto al mismo mes del año pasado, resultado de una caída de -4.9 por ciento en las no petroleras y una recuperación de 4.4 por ciento en las petroleras. Resalta que las no petroleras dirigidas a Estados Unidos se ubican -5.9 por ciento por debajo del año anterior, mientras que al resto del mundo crecieron 0.2 por ciento. En otras palabras, dónde el tipo de cambio debería explicar el mayor avance, es justo dónde tenemos la mayor disminución. Sin dudas, octubre fue mal mes, pues las no petroleras cayeron 5.7 por ciento respecto al mes anterior. No obstante, el año en su conjunto va terminar mal, pues el acumulado de enero a octubre se ubica -2.4 por ciento por debajo del mismo periodo del año pasado.

Si la economía de Estados Unidos va bien y el tipo de cambio real está en niveles históricos desde que tenemos el régimen cambiario actual, ¿por qué nuestras exportaciones no logran despegar? La explicación radica en la mayor integración que hemos visto de México en la economía de Estados Unidos, en especial a partir de 2010. Cada vez más las exportaciones de Estados Unidos al resto del mundo llevan insumos importados desde México. Ante el dólar fuerte, las exportaciones de Estados Unidos han perdido competitividad y su producción manufacturera ha quedado estancado. No obstante, como su motor principal de crecimiento es el consumo de los hogares (y no las exportaciones), la economía ha logrado crecer. Al final de cuentas, el efecto ingreso (sus exportaciones) ha superado al efecto precio (el tipo de cambio), es decir, por más barato que le podemos ofrecer los insumos, no nos están comprando nuestras exportaciones.

Lo que estamos viendo es un cambio estructural, mediante el cual la variable de ajuste tradicional (el tipo de cambio) ha dejado de jugar un papel preponderante en el comercio entre los dos países. Nuestras exportaciones tienen un alto grado de insumos importados de Estados Unidos, mientras que las exportaciones de Estados Unidos tienen un grado creciente de insumos importados de México. Esto impide que el tipo de cambio actué como en el pasado como incentivo para que podemos exportar más.

¿Qué implicaciones tiene? Primero, es casi un hecho que el tipo de cambio seguirá al alza en un intento de equilibrar la oferta y demanda de dólares en el país. Segundo, nuestro país es ahora mucho más vulnerable que antes ante los flujos de comercio exterior y de inversión extranjera. Tercero, como consecuencia Trump representa todavía mayor peligro para el país.

El Tipo de Cambio

junio 15th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Tipo de Cambio)

El tipo de cambio cerró el viernes pasado en 18.6283 pesos por dólar, siguiendo una clara tendencia al alza que empezó a principios de mayo. La Encuesta sobre las Expectativas de los “Especialistas” en Economía del Sector Privado, que levanta cada mes el Banco de México, señala un consenso de 18.17 pesos para este mes, es decir, anticipan una apreciación del peso en el corto plazo. El más pesimista de los 29 que contestaron, ve el tipo en 18.62 pesos, mientras que el más optimista lo ve en 17.50. Si vemos la trayectoria mensual esperada para el peso, vemos que los especialistas esperan que el tipo de cambio vaya bajando a lo largo del año para terminar este año en 17.95 y el año entrante en 17.50. El más optimista lo ve en 16.80 al final de 2016 y en 15.30 al cierre del año entrante.

La Encuesta de Expectativas Quincenal de Instituciones Financieras que realiza Banamex señala algo parecido: una expectativa de 18.00 pesos para el cierre de 2016 y de 17.45 para finales de 2017. Santander piensa que el tipo de cambio estará en 16.80 en diciembre, mientras que CIBanco anticipa un nivel de 16.60 pesos para finales del año entrante. La Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF arroja números similares, al igual que otras encuestas realizadas en el exterior como el de Consensus Economics y LatinFocus. En otras palabras, el consenso ve una recuperación del peso, mientras que prácticamente nadie ve que se mantenga la tendencia de la depreciación.

Resulta difícil coincidir con esta perspectiva cuando todavía existen grandes dudas acerca de la decisión de la Reserva Federal y la alta probabilidad de que veamos más alzas en la tasa de fondos federales en el mismo lapso. Existe evidencia de salidas de capital mediante la desinversión extranjera de portafolio y es muy probable que se mantenga la tendencia. Todo apunta a que el superávit de la cuenta financiera de la balanza de pagos será más pequeña este año y el entrante, lo que seguramente pondrá presión sobre nuestra moneda.

Por el otro lado, tenemos una cuenta corriente con un déficit creciente. Las exportaciones mantienen una clara tendencia a la baja, no solamente por el petróleo, sino por las exportaciones no petroleras. A la tendencia de 18 meses a la baja de las exportaciones manufactureras no automotrices, hay que agregar una tendencia también a la baja de las exportaciones automotrices (la joya de la corona) de los últimos diez meses. Como comentamos la semana pasada, el déficit acumulado de la balanza comercial en los primeros cuatro meses del año (de 6 mil millones de dólares) es el más elevado para un comienzo de año de toda nuestra historia. Si suben las tasas de interés (lo más probable), va aumentar el déficit en la balanza de servicios. Todo indica que la cuenta corriente pondrá presión sobre nuestra moneda.

Hasta ahora hemos visto un incremento acumulado en el tipo de cambio superior al 45 por ciento. Pero a diferencia de otras ocasiones, no ha sido suficiente para incentivar las exportaciones, en especial ante un efecto ingreso en nuestra contra. La producción manufacturera de Estados Unidos se encuentra estancada desde hace más de un año y su perspectiva no es alentadora. La Secretaría de Hacienda revisó a la baja su perspectiva para el crecimiento de la producción industrial de Estados Unidos en su documento de Pre-Criterios de 2.7 a 0.9 por ciento para el año, pero hasta ahora el nivel promedio de la producción manufacturera de 2016 se ubica apenas 0.2 por ciento por arriba del promedio observado entre noviembre de 2014 a finales del año pasado.

El tipo de cambio siempre ha sido de las variables económicas más difíciles de anticipar, pero ahora parece ser todavía más problemático. Sin embargo, en un escenario con tasas externas al alza, déficits en la balanza comercial y en la cuenta corriente crecientes, un superávit financiero más pequeño y poco crecimiento externo, tiene que existir alguna variable de ajuste. Lo más probable es que ésta será el tipo de cambio. ¿Se apreciará el peso en el corto y mediano plazo? Más bien todo indica lo contrario.

Por lo pronto, es probable que la Reserva Federal anuncie un incremento en su tasa objetivo en junio o julio. Ante ésta incertidumbre deberíamos ver el tipo de cambio por encima de 19 pesos en el corto plazo.

Los Efectos Nocivos de la Depreciación

agosto 4th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Los Efectos Nocivos de la Depreciación)

Los ajustes bruscos y significativos en el tipo de cambio siempre han sido motivo de consternación para los mexicanos, pues se asocian con inflación, pérdida de poder adquisitivo, recesión, desempleo y sufrimiento económico en general. Como no olvidar la devaluación de Luis Echeverría en 1976, dando fin a 22 años de un tipo de cambio fijo. Qué decir de las tres devaluaciones que hubo en 1982 después de que José López Portillo prometió defender el peso como perro, que dio pie a la década perdida de los ochenta. Todavía queda el recuerdo de cómo dejó la economía Pedro Aspe al pobre de Jaime Serra Puche en diciembre de 1994, cuando el país se desmoronó y aumentó la pobreza extrema en más de 16 millones de mexicanos.

Afortunadamente, México se sobrepuso al miedo de la flotación y adoptó un régimen flexible a partir de 1995. Con la autonomía del Banco de México y una política monetaria ya dedicada a abatir la inflación, se logró la estabilización de precios a partir de la década pasada. Esto ha sido el pilar de un equilibrio macroeconómico, que en buena medida nos ha ayudado a superar esos periodos de angustia increíble. Sin embargo, hace siete años vimos que el precio del dólar aumentó 54.1 por ciento en siete meses (de 9.918 el 7 de agosto de 2008 a 15.286 el 7 de marzo de 2009). Aunque no hubo gran afectación en la inflación, la economía se desplomó -4.7 por ciento en 2009.

Si bien dejamos atrás la época de devaluaciones traumáticas, ahora vivimos etapas de depreciaciones aceleradas. Sin embargo, la afectación psicológica parece ser igual. Pero, ¿debemos preocuparnos tanto? Hasta ahora, el tipo de cambio ha aumentado alrededor de 26 por ciento, casi la mitad de lo acontecido hacia fines de 2008. No obstante, no hemos visto evidencia de mayor inflación ni un desplome en la actividad económica. Por lo pronto, seguimos con una inflación que marca mínimos históricos y una economía que avanza por arriba del 2 por ciento. Entonces, ¿cuáles son los efectos nocivos que debemos temer de la depreciación?

El primero es el efecto que podrá tener eventualmente sobre la inflación. Al depreciarse la moneda, aumentan los precios de los bienes y servicios importados. Aunque hasta ahora no hemos visto un traspaso de estos incrementos a los precios del consumidor, es de esperarse que eventualmente habrá alguna afectación. Sin embargo, si el tipo de cambio se regresa parcialmente (como sucedió en 2009), se podría limitar el daño a un mínimo.

El segundo efecto es sobre los precios relativos, aun en el caso de evitar una reacción inflacionaria. En principio, nuestras exportaciones son más baratas, mientras que las importaciones son más caras. Aquí, los efectos varían de sector a sector y de empresa a empresa, ya que unos tienen más insumos importados, otros se compensan con disminuciones en otros precios, algunos tendrán que sacrificar utilidades y habrá quien no pueda aguantar los cambios, viéndose ante la posibilidad de cerrar su negocio.

El tercer efecto proviene de la incertidumbre, que afecta la inversión y el crecimiento económico. Para planear la construcción de una fábrica o la adquisición de una maquinaria, se necesita saber con cierta certeza los precios de los bienes y servicios relacionados. Sin embargo, la volatilidad del tipo de cambio elimina la certeza y provoca que muchos proyectos quedan en irresolución. Sin inversión, no habrá mucho crecimiento.

Finalmente, tenemos los efectos sobre los flujos de capital, en especial, sobre la inversión extranjera en portafolio. En principio, los movimientos de capital afectan al tipo de cambio, pero ante mucha volatilidad se acentúan los flujos que buscan una relación de riesgo/rendimiento adecuado. También es muy probable ver cierta afectación sobre las tasas de interés a diferentes plazos, que no solamente puede encarecer la inversión en general, sino también el costo del servicio de la deuda pública.

¿Qué debemos esperar ahora? Todo indica que la volatilidad cambiaria continuará por un rato, aunque posiblemente acotado por las acciones de la Comisión de Cambios y eventualmente del Banco de México. Es muy probable ver en algunos meses que el tipo de cambio regrese parcialmente, ya que se normalice la política monetaria de la Reserva Federal. Si bien, la inflación podrá terminar el año alrededor de 3 por ciento, podemos esperar un aumento, quizás hacia 4 por ciento el año entrante, pero no mucho más que eso. La actividad económica, que ahora crece ligeramente por arriba de 2 por ciento, quedará sin dinamismo en el corto plazo, pero no se desplomará.