Articulos sobre la economía Mexicana
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Desde principios de este sexenio, la SHCP ha tenido problemas con el gasto público y en especial con la inversión pública. Primero, a principios de 2013 hubo un subejercicio exagerado en el gasto. Posteriormente, la SHCP anunció que ya estaba ejerciendo según el presupuesto, pero aun así terminó siendo uno de los factores que contribuyó al mediocre desempeño económico ese año. Durante casi todo el año pasado, la SHCP reportó un incremento real significante en su gasto, en el cual siempre destacaron las tasas elevadas en la inversión física. Sin embargo, cuanto volteábamos a cotejar las cifras con las cuentas nacionales del INEGI, no solamente sobresalían grandes discrepancias, sino que resultaba que la inversión pública fue disminuyendo sistemáticamente durante todo el año pasado. Todavía no tenemos las cifras del cuarto trimestre, pero es muy probable que la inversión pública termina 2014 como el único componente del PIB con una contribución negativa al crecimiento.
La SHCP emite un reporte mensual de las finanzas públicas. Durante todo 2014 destacó que la inversión en capital del gobierno federal creció a tasas reales anuales superiores a 20 por ciento. Incluso, en algunos meses el crecimiento superó 30 por ciento. El INEGI da a conocer el desglose del PIB por sus componentes cada tres meses. La inversión pública de las cuentas nacionales llegó a su pico en el último trimestre de 2010. A partir de 2011 muestra una clara tendencia a la baja, llegando a un punto mínimo en el último trimestre de 2012. Durante 2013 muestra un crecimiento cercano a cero por ciento, mientras que a partir de 2014 de nuevo muestra una clara tendencia a la baja. El punto mínimo de los últimos 15 trimestres se registra en el segundo de 2014.
Pero, ¿cómo puede ser que el INEGI reporta un desempeño negativo, mientras que la SHCP nos dice que ha crecido a tasas reales muy elevadas? En principio, la diferencia tan marcada en los números se presta mucho a la sospecha. La respuesta es que ambas instituciones utilizan criterios diferentes para su clasificación, cobertura, registro y valoración. Muchos conceptos que la SHCP considera inversión, no lo son en las cuentas nacionales, cuya metodología proviene del Manual del Fondo Monetario Internacional. El INEGI se apega a los estándares internacionales, mientras que parece ser que la SHCP básicamente lleva su contabilidad como quiera.
La primera diferencia es la cobertura. La SHCP reporta la inversión física del gobierno federal, mientras que el INEGI abarca todas las instancias de gobierno, incluyendo el estatal y local. El gobierno federal representa 13.2 por ciento de la Formación Bruto de Capital Fija (FBCF), mientras que el sector público en general abarca 21.2 por ciento. La segunda diferencia es el método de cálculo. Mientras que el INEGI contabiliza las obras ejecutadas en forma devengada, la SHCP reporta los flujos de efectivo del gasto y financiamiento. Esto significa que si la SHCP transfiere recursos a un fondo de inversión de otra instancia de gobierno, lo considera “inversión”, mientras que el INEGI simplemente lo ve como una transferencia de un bolsillo a otro. El INEGI no lo va a contabilizar como inversión hasta que los ladrillos, las varillas y el cemento ya estén en su lugar.
Otra diferencia fundamental es la clasificación sectorial. El Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte (SCIAN) clasifica inversión propia como parte del sector en sí y no como parte de la construcción en general. Mientras que los números no son tan diferentes entre la CFE y la inversión en el sector, ni tampoco entre la SCT y su sector correspondiente, existe mucha discrepancia entre la inversión de Pemex y la obra pública en el ramo correspondiente. Mientras que el INEGI clasifica la construcción de pozos petroleros de Pemex como parte del sector minero y no como construcción pública, las discrepancias provienen de la exploración en los pozos no productivos, que SHCP clasifica como inversión y el INEGI no.
Es muy probable que la tendencia negativa de la inversión pública continúa durante 2015, ya que la mayoría de los recortes presupuestales que anunció la SHCP a raíz de la caída en el precio del petróleo es en este tipo de gasto. Muchos analistas ya han revisado a la baja sus expectativas de crecimiento para este año. Hoy dará a conocer Banxico el rango de crecimiento esperado para el 2015, mientras que la SHCP hará lo mismo el viernes, después de que el INEGI nos informa del crecimiento del último trimestre de 2014 y del año en su conjunto. Hay que estar atentos.

El Recorte

Febrero 11th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (0 Comments)

La Secretaría de Hacienda anunció la semana pasada un recorte al gasto público de 2015, equivalente al 0.7 por ciento del PIB. La medida reconoce no solo una merma importante en los ingresos petroleros para el año ante la caída significativa en el precio de exportación, sino además posibles dificultades para las finanzas públicas en los años venideros. La cobertura petrolera ayudará a cubrir algo del faltante, pero no llegarán dichos recursos a las arcas hasta principios del año entrante. Existen vasos comunicantes entre los ingresos por exportación de petróleo y el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a la gasolina, por lo que la recaudación adicional compensará en parte al Gobierno Federal. Sin embargo, no es un aumento en la recaudación total del Sector Público, sino un cambio de una bolsa a otra. Al final de cuentas, la programación financiera del presupuesto dejó de cuadrar, por lo que la SHCP ha empezado a realizar los ajustes necesarios.
Algunos analistas han señalado que el recorte parece muy severo, ya que todavía no se sabe cómo quedará el precio del petróleo en lo que resta del año. No obstante, la prudencia siempre ha sido lo adecuado ante estas situaciones. Puede ser que el precio quede en los niveles actuales o incluso baje más. La misma producción del petróleo ha disminuido, por lo que el valor podría verse impactado tanto por precio como por volumen. Si la Reserva Federal empieza a aumentar su tasa, habrá un impacto sobre el servicio de la deuda pública mexicana en perjuicio del presupuesto. Incluso, no nos debería sorprender que hubiera otro recorte más adelante en la medida en que se confirma que no se recupera el precio del petróleo. Ante la incertidumbre prevaleciente, las medidas precautorias son más que bienvenidas.
Otros analistas han criticado al gobierno por recortar demasiado la inversión pública en vez de concentrar los esfuerzos en el gasto corriente. En principio, es muy fácil disminuir la inversión o cancelar proyectos de infraestructura como los de los trenes rápidos, en vez de asumir los costos políticos de afectar intereses mediante recortes en los gastos que figuran como superfluos, ineficientes y de nulo impacto económico. Pero el problema de fondo es que una reestructuración del gasto corriente requiere un replanteamiento de pies a cabeza de todo el presupuesto y ejercicio del gasto, algo que sería casi imposible en las circunstancias actuales. Para esto el gobierno ha prometido realizar este esfuerzo para el presupuesto de 2016, e incluso ha invitado al Banco Mundial a asistir en la tarea, que se antoja monumental.
Pero la pregunta de los 64 mil pesos es si el recorte afectará o no las posibilidades de crecimiento económico para este año. La última encuesta de Banxico que levanta entre “especialistas” en economía señala que el consenso actual es de 3.3 por ciento, dentro de un rango que va de 2.7 a 4.0 por ciento. Sin embargo, esta encuesta se levantó antes de que se anunciara el recorte al gasto público. La siguiente encuesta relevante será la que realiza Banamex cada quincena entre instituciones financieras y que se publicará el jueves 5 de febrero. Es un hecho de que nadie revisará su proyección al alza; veremos solo revisiones a la baja, o bien, instituciones que deciden mantener su estimado actual. Ésta será la primera oportunidad de observar la afectación a las expectativas.
Intuitivamente, pienso que el impacto será muy marginal. El gasto público no ha sido un motor de crecimiento en los últimos años, por más que anuncia la SHCP que ha aumentado. Hemos visto que si el gobierno le quita más recursos al sector privado (como en la reforma fiscal) para aumentar su gasto, la economía crece menos. En este caso, la disminución en el gasto no implica regresar recursos a los hogares y empresas, pero sí que se va eliminar un gasto reconocido como ineficiente e improductivo. Si eliminamos un gasto que no contribuye al crecimiento, ¿habrá menos crecimiento? Lo que va determinar la tasa del PIB este año son las exportaciones no petroleras, la inversión privada y el consumo de los hogares, en otras palabras, el gasto privado.
Al final del año será posible ver un crecimiento económico menor ante la caída en los precios petroleros. Sin embargo, el canal de transmisión será menos inversión privada ante una disminución en las oportunidades que ofrece la reforma energética, o bien, ante menos confianza en las empresas y en los hogares. Sin embargo, todavía queda casi todo el año por adelante y mucho por averiguar.

El Ajuste al Gasto

Febrero 11th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

En general, el anuncio del recorte al gasto público fue bienvenido. Fue una medida precautoria ante mucha incertidumbre en torno al presupuesto de 2015, que refleja madurez y visión. Fue una opción mucho mejor a la de acudir a un mayor endeudamiento o simplemente hacer nada. Sin embargo, aun así recibió críticas, quizás porque así es la naturaleza humana. Algunos lo vieron muy tibio, mientras que otros demasiado severo. Hubo quienes cuestionaron los recortes en la inversión pública, en vez de concentrar mucho más el esfuerzo en el gasto corriente que tiene fama de ser ineficiente e improductivo. Hay quién piensa que tendrá un efecto negativo inmenso en el crecimiento económico, mientras que los analistas más experimentados anticipan un impacto más acotado.
Mucho del debate se concentra en las finanzas públicas, tal como lo reporta la SHCP, versus la contabilidad implícita en las Cuentas Nacionales. La correlación entre ambas medidas del gasto público siempre ha sido relativamente baja, pero en los últimos dos años ha disminuido aún más hasta el grado de aparecer cerca de cero o incluso hasta ligeramente negativa. Esto significa que un aumento (o disminución) en el gasto público presupuestal no se traduce necesariamente en un incremento (o caída) proporcional en el gasto público que comprende el PIB y que forma parte de las cuentas nacionales.
Son muchas razones las que explican esta aparente disociación, siendo la mayoría cuestiones relacionadas a la contabilidad de ambas cuentas. De entrada, las finanzas públicas de la SHCP comprende el gobierno federal y las entidades públicas bajo control presupuestal (directa o indirectamente), mientras que las cuentas nacionales abarcan todas las instancias de gobierno, tanto federal como estatal y local. Esto significa que los ingresos propios de los estados y municipios, que en muchas instancias van a financiar gasto local, no están en el radar contable de la SHCP. También implica que si la SHCP transfiere recursos a una entidad federativa, que a su vez los utiliza para liquidar una deuda, se registra como gasto desde la óptica federal, pero no para el gobierno local.
La siguiente radica en la forma en que la SHCP contabiliza su gasto, que es básicamente mediante un esquema de flujos, sin importar sus implicaciones. La SHCP reporta como “gasto” una transferencia de recursos de su tesorería de una cuenta a otra, mientras que el INEGI lo maneja simplemente como transferencia. Por ejemplo, si la SHCP transfiere recursos de su propia cuenta al Ramo 33 (recursos de libre uso por parte de los estados), anota un incremento en su gasto. En cambio, en las cuentas nacionales no se registra operación alguna, ya que es dinero que todavía no se ha gastado. El INEGI lo registrará como gasto primero en el momento en que realmente se gasta y segundo, dependiendo del uso final del “gasto”.
Las cuentas nacionales miden el PIB mediante un concepto que conocemos como “valor agregado”. Para tales efectos, miden la producción total y el consumo intermedio; el valor agregado resulta de la diferencia entre ambas medidas. El tratamiento de transferencias en las cuentas nacionales es ajeno a un gasto que genere valor agregado, ya que es simplemente el cambio de una bolsa a otra. Por ejemplo, un limpiavidrios de la esquina no se considera empleado o desempleado, sino parte de la población económicamente inactiva, es decir, una persona que no tiene empleo y que no le interesa tenerlo. Vive de realizar un acto no requerido en cambio por una limosna, por lo que no genera valor agregado ni contribuye al PIB.
En principio, una cantidad importante del “gasto” público (medido por las finanzas públicas de la SHCP) son transferencias. Si el gobierno federal transfiere recursos a las familias en un programa social como Progresa u Oportunidades, no genera valor agregado, es decir, no realiza un “gasto” sino simplemente transfiere recursos de un lado a otro. La reforma fiscal recién implementada fue un esfuerzo por incrementar la recaudación para financiar más programas sociales de nulo impacto en el valor agregado, por lo que se registró un incremento significativo en el “gasto” público de la SHCP, pero no en el gasto público de las cuentas nacionales.
Las diferencias se hacen todavía más aparentes al considerar la inversión pública. Las definiciones de “inversión” que maneja el INEGI provienen de precisiones establecidas en el Manual del Sistema de Cuentas Nacionales del FMI, avaladas por instituciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, la OCDE y demás. En cambio, la SHCP clasifica bajo su propio catálogo de cuentas lo que considera inversión, gasto corriente y transferencias. La SHCP podrá clasificar como inversión un anteproyecto para la construcción de un aeropuerto, mientras que el INEGI esperará a contar la cantidad de ladrillos, cemento y varilla.
El pensar que un recorte de 0.7 por ciento del PIB del gasto público presupuestal equivale a un recorte de la misma magnitud en el gasto público de las cuentas nacionales no solo es ingenuo, sino muestra de no entender los principios básicos de contabilidad nacional.

Crecimiento Regional

Febrero 11th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (0 Comments)

Para analizar la coyuntura macroeconómica del país, siempre veo los indicadores económicos nacionales como el PIB, la producción industrial o la tasa de desempleo urbano, pero rara vez volteo a ver el desempeño regional o el desagregado sectorial (a nivel de subsectores, ramas o clases). Significa que manejo promedios, sin considerar los detalles que los comprendan. Sin embargo, detrás de los promedios pueden existen grandes variaciones, incluso muchas sorpresas. Por lo mismo, aprovecho que el INEGI acaba de dar a conocer el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal para ver las diferencias en el comportamiento de la actividad económica de un estado a otro.
Por ejemplo, en los primeros tres trimestres de 2014, Aguascalientes creció 11.7 por ciento al mismo tiempo que Campeche sufrió una disminución de 4.0 por ciento. Mientras que el promedio de crecimiento de las 32 entidades federativas fue 2.6 por ciento, cinco lograron crecer más de dos veces el promedio (más de 5.2 por ciento) y once tuvieron una tasa menor a la mitad (menos de 1.3 por ciento). Puebla fue el estado que más creció (6.6 por ciento) en 2012, pero en 2013 disminuyó -1.0 por ciento de crecimiento y en lo que va de 2014 0.0 por ciento. Chiapas avanzó 5.1 por ciento en los primeros tres trimestres de 2014, después de disminuir 3.5 por ciento en 2013 y avanzar 5.4 por ciento en 2012. En principio, estas variaciones tan marcadas no deberían sorprender. Entre más detalle, siempre va existir más variación. Los promedios tienden a neutralizar los extremos. Sin embargo, resulta interesante observar estas diferencias, especialmente en los dos últimos años en que el PIB nacional ha avanzado 1.4 y 2.1 (estimado) por ciento.
Si comparamos el crecimiento del PIB nacional, que es un promedio ponderado de los estados, contra el promedio simple de las tasas de los estados, podemos ver si los estados más grandes o los más pequeños fueron los más productivos. Por ejemplo, el PIB de 2012 fue 4.0 por ciento, mientras que el promedio de los estados fue 3.9 por ciento; significa que los grandes tuvieron una aportación marginalmente mayor a los pequeños. En 2013, el promedio simple (1.5 por ciento) fue ligeramente superior al PIB (1.4 por ciento), por lo que los estados menores contribuyeron marginalmente más. Sin embargo, en los tres primeros trimestres de 2014, el promedio simple (2.6 por ciento) es mucho más que el avance del PIB (1.9 por ciento) en el mismo periodo.
Resulta que los cinco estados que más crecieron en los tres trimestres de 2014 fueron Aguascalientes (11.7 por ciento), Michoacán (8.1 por ciento), Guerrero (6.9 por ciento), Zacatecas (5.2 por ciento) y Querétaro (5.2 por ciento). Los cinco son entidades cuyo tamaño económico se ubican muy por debajo del promedio. En cambio, los dos más grandes, el Estado de México (0.8 por ciento) y el Distrito Federal (0.7 por ciento), tuvieron un desempeño relativamente malo.
Cuando vemos la actividad económica al nivel del PIB nacional, difícilmente podemos destacar el desempeño particular de algún sector o proyecto de inversión. En cambio, a nivel de entidad federativa, podemos notar la influencia de ciertos acontecimientos. Por ejemplo, Aguascalientes creció 3.7 y 4.7 por ciento en 2012 y 2013, respectivamente. Pero en 2014 cuando la nueva fábrica de Nissan empieza a producir a todo vapor, el crecimiento se eleva a 11.7 por ciento. Puebla creció 6.6 por ciento en 2012 como consecuencia de la concretización de nuevos proyectos automotriz. En cambio, los dos siguientes años sufrió una caída de -1.0 y 0.0 por ciento, respectivamente. Algo similar pasó en San Luis Potosi, ya que después de crecer 6.4 por ciento en 2012, apenas avanzó 0.6 y 0.4 por ciento, respectivamente.
Al mismo tiempo, podemos observar tendencias interesantes. La disminución de la producción petrolera en Campeche es muy notoria, al observar tasas de -0.9, 0.7 y -4.0 por ciento, respectivamente, en los últimos tres años. En 2013, el año de menor crecimiento de los últimos tres, hubo seis estados con variaciones negativas: Chiapas (-3.5 por ciento), Tabasco (-2.0 por ciento), Zacatecas (-1.5 por ciento), Puebla (-1.0 por ciento), Chihuahua (-0.9 por ciento) y Veracruz (-0.1 por ciento). En cambio, en 2014 cuando hubo una mejoría, hubo de nuevo seis estados con tasas menores a cero: Campeche (-4.0 por ciento), Baja California (2.1 por ciento), Morelos (-1.0 por ciento), Sonora (-0.8 por ciento), Baja California Sur (-0.1 por ciento) y Puebla (-0.1 por ciento).
Aguascalientes es la entidad con mayor crecimiento en los últimos tres años (6.7 por ciento). No ha repetido ningún estado como el que más ha crecido en los tres años, pero Campeche fue el de menor desempeño en dos de los tres. Cinco estados (Aguascalientes, Colima, Querétaro, Quintana Roo y Guanajuato) han crecido en promedio más de 4 por ciento en los últimos tres años, mientras que ocho han crecido por debajo de 2 por ciento (Campeche, Baja California, Tabasco, Veracruz, Tlaxcala, Morelos, Puebla y el Estado de México). Michoacán y Guerrero fueron dos estados problemáticos que han crecido muy bien en 2014 (8.1 y 6.9 por ciento, respectivamente), después de dos años de un desempeño mediocre.
En fin, son números interesantes, si no por otra cosa que por las diferencias marcadas con los promedios que típicamente manejamos.