Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Escrito el 16 de enero de 2012 para Ejecutivos de Finanzas de febrero de 2012

 

En 2010 la actividad económica creció 5.4%, producto de un rebote después de la caída de 6.1% en 2009.  Todavía no tenemos la cifra de 2011, pero todo apunta a un crecimiento alrededor de 3.8 o 3.9%.  A pesar de la turbulencia mundial en la segunda mitad del año pasado, la economía mexicana logró seguir creciendo y enfrentó sólo una pequeña desaceleración.  Aunque Estados Unidos no entró de nuevo en recesión, la evolución de su economía fue muy lenta.  La fase de recuperación, que todavía sigue en marcha, clasifica como la más prolongada después de una recesión norteamericana.  Por lo mismo, el desempeño de la economía mexicana en 2011 terminó por sorprender a muchos.

La turbulencia mundial que arrancó con el anuncio de Standard & Poor’s de reducir la calificación soberana a Estados Unidos y el deterioro de la situación europea, provocó cierto pesimismo en torno al crecimiento mundial en 2012 y en consecuencia en el actuar de la economía mexicana.  Hace un año las perspectivas de crecimiento eran de 4%, que para mediados de año habían disminuido a cerca de 3%.  Esto implica una desaceleración importante respecto a los años anteriores, que no ayudaría a crear los empleos necesarios ni a generar una mayor bienestar para la mayoría de los mexicanos.

La vuelta hacia un mayor pesimismo provino primero de las especulaciones sobre una posible crisis europea de deuda soberana y el contagio que pudiera tener hacia el resto del mundo.  Sin embargo, todo parece indicar que una crisis europea no nos afectaría tanto como originalmente se pensaba.  A pesar de las tendencias recesivas europeas, seguimos exportando y nuestra economía interna cobra más fuerza.

La segunda razón por pensar que no creceríamos tanto fue por un aumento en las probabilidades de una recesión en Estados Unidos.  Sin embargo, los economistas que participan en las encuestas de consenso han revisado al alza sus proyecciones de crecimiento para 2012 y ya son pocos los que hablan de recesión.  La tasa de desempleo muestra una nueva tendencia a la baja, el ISM manufacturero ha aumentado y los índices de confianza del consumidor empiezan a recuperarse.  Hace tres meses el consenso de crecimiento para Estados Unidos se ubicaba en 1.9%; en enero ya registra 2.5%.

Si bien es cierto que el mayor pesimismo para el crecimiento de la economía mexicana en 2012 provino principalmente de un entorno mundial mucho más complicado, entonces las perspectivas para nuestro país deben ser ahora mejores.  Según muchos analistas, no nos va a pagar tanto una crisis soberana europea y Estados Unidos no va registrar una nueva recesión.  Si lo anterior es cierto, el consenso de crecimiento para 2012 debería regresar a los niveles en que se encontraba hace medio año, es decir, más cerca de 4 que de 3%.

La economía interna ha respondido relativamente bien al estimulo de nuestras exportaciones, mostrando un dinamismo superior a los años anteriores.  El mercado crediticio ya está creciendo y se prevé que podrá volver a ser un motor para la expansión del consumo privado.  La industria de la construcción también empieza a despertar después de un largo periodo de estancamiento.  El único componente de la demanda agregada que muestra poco dinamismo es la inversión privada en maquinaria y equipo.  Sin embargo, el conjunto de las variables sugiere que la economía interna podrá mantener su paso.

Si analizamos el crecimiento económico de años anteriores, encontramos que siempre mejora el crecimiento en el último año del sexenio.  No solamente tenemos un mayor gasto corriente de impacto inmediato derivado de las campañas electorales, sino además un esfuerzo gubernamental por terminar obras y acabarse el presupuesto antes del finalizar el sexenio.  Algunos piensan que este año será diferente.  Puede ser que el estimulo sea  menor al de otros sexenios, pero tampoco podemos ir al otro extremo de pensar que no aportará.  Si bien esto no implica un boom en el primer semestre del año, sí podríamos pensar en que la actividad económica se pueda mantener.

Queda claro que apenas llevamos un par de semanas del año y muchas cosas pueden pasar.  Los riesgos más importantes son externos: 1) que se desate una crisis de deuda soberana europea y con un mayor contagio hacia el resto del mundo; 2) que Estados Unidos muestra mayor estancamiento que lo previsto y disminuye significativamente la demanda por nuestras exportaciones; 3) que el precio mundial de petróleo sigue al alza, con un efecto negativo sobre la demanda agregada mundial; y 4) que los flujos internacionales de capital disminuyen ante la percepción de mayor incertidumbre mundial.

En cambio, los riesgos internos no son tan visibles: 1) pudiera ser que la contienda electoral se complica, llevando a una disminución en la inversión privada y efectos negativos en otras áreas de la economía; 2) pudieran empeorarse las condiciones climatológicas adversas, llevando a peores cosechas y aumentos generalizados más pronunciados en los precios de los alimentos; y 3) pudieran agravarse las condiciones de seguridad pública, ocasionando menores inversiones tanto del exterior como internas, con complicaciones no sólo en lo económico sino también en lo político.

 

 

Perspectivas 2012 según la Encuesta IMEF de enero de 2012

Crecimiento PIB                                                     3.3%

Inflación (fin de periodo)                                        3.8%

Balance fiscal tradicional (% del PIB)                    -2.6%

Tasa Política Monetaria (fin de periodo)                4.5%

Tipo de cambio (fin de periodo)                             13.2

Balance Cuenta Corriente (% del PIB)                  -1.2%

Fuente: Comité de Estudios Económicos del IMEF

 

Después de la crisis de 2009, cuando el PIB disminuyó 6.1%, la actividad económica rebotó 5.4% en 2010.  A pesar de la turbulencia mundial en la segunda mitad de 2011, la economía mexicana siguió creciendo, alcanzando una tasa estimada de 4.0%.  Aunque Estados Unidos no volvió a caer en recesión el año pasado, la evolución de su economía fue muy lenta.  En principio, esto debería haber afectado nuestras exportaciones y provocado un estancamiento.  Sin embargo, no fue así ya que terminamos el año relativamente bien.

Ahora el consenso entre los economistas que analizan las perspectivas económicas es que nuestra economía crecerá alrededor de 3.2% en 2012.  Esto implica una desaceleración importante respecto a los años anteriores.  El consenso que reinaba desde principios del año pasado hasta septiembre era de un crecimiento entre 3.8 a 4.0%.  Cuando empezaron las especulaciones sobre una posible crisis europea de deuda soberana y la reducción en la calificación de riesgo-país de Estados Unidos, la gran mayoría de los analistas revisaron sus proyecciones de crecimiento mundial a la baja.  En esos momentos se contemplaba mayores posibilidades de una recesión en Estados Unidos y por lo mismo, disminuyó el consenso acerca del crecimiento de la economía mexicana para 2012.  Desde octubre del año pasado a la fecha, el consenso acerca del PIB para este año ha fluctuado entre 3.2 y 3.3%.  En otras palabras, la razón del mayor pesimismo para este año proviene directamente de un entorno mundial mucho más complicado.

Si analizamos el desempeño de Estados Unidos en la segunda mitad del año, queda claro que no sólo no entró en recesión, sino que parece ser que sigue en buen camino su recuperación (lenta pero segura).  Las últimas cifras del ISM apuntan hacia una mejoría, la tasa de desempleo empieza a disminuir y los analistas norteamericanos han revisado al alza las perspectivas de crecimiento para 2012.  Sin que se espere un auge, ya hay muchos que hablan de un crecimiento de 2.5% o más.  Si a esto le añadimos un tipo de cambio que favorece ahora más a las exportaciones, todo parece indicar que, si bien no a ritmos tan espectaculares como el año pasado, nuestras exportaciones no petroleras podrán tener un buen desempeño este año.  Por ejemplo, los expertos de la industria automotriz señalan que todavía se mantienen buenas expectativas para las exportaciones hacia Estados Unidos.

La economía interna ha respondido relativamente bien al estimulo de nuestras exportaciones, mostrando un dinamismo superior a los años anteriores.  El mercado crediticio ya está creciendo y se prevé que podrá volver a ser un motor para la expansión del consumo privado.  La industria de la construcción también empieza a despertar después de un largo periodo de estancamiento.  El único componente de la demanda agregada que muestra poco dinamismo es la inversión privada en maquinaria y equipo.  Sin embargo, el conjunto de las variables sugiere que la economía interna podrá mantener su paso.

¿Cuál podrá ser el efecto del entorno mundial en México?  Todo sugiere que estamos relativamente bien parado para minimizar los efectos de una crisis europea, sin mayor daño salvo algún ajuste adicional en el tipo de cambio.

Si analizamos el crecimiento económico de años anteriores, encontramos que siempre mejora el crecimiento en el último año del sexenio.  No solamente tenemos un mayor gasto corriente de impacto inmediato derivado de las campañas electorales, sino además un esfuerzo gubernamental de terminar obras y acabarse el presupuesto antes del finalizar el sexenio.  ¿Será este año diferente?  No tenemos porque pensar lo contrario.

Todo lo anterior no lleva a cuestionar la desaceleración en la actividad económica que se ve reflejada en las proyecciones de consenso.  Los analistas revisaron sus números a la baja ante los posibles impactos en México de una posible crisis europea y de una recesión norteamericana.  Sin embargo, ya no se espera la recesión, sino incluso, una mejoría en los Estados Unidos.  También ya vimos que el impacto de la crisis europea no es tan grande y que nuestra economía interna podrá seguir por el mismo rumbo que ahora.  Por lo mismo, sin voltear al otro extremo, creo que debemos esperar un mayor crecimiento al 3.2% que sugiere el consenso.  Más bien, deberíamos retomar las perspectivas que existían antes de que se desatara la volatilidad externa en agosto del año pasado.  En otras palabras, creo que podemos esperar un crecimiento más cercano a 4 que a 3% para 2012.  Sin embargo, apenas llevamos un par de semanas del año y muchas cosas pueden pasar.

Ayer, martes 23 de noviembre, se dio a conocer el crecimiento del PIB del tercer trimestre de 1.34% respecto al trimestre anterior (ajustada por estacionalidad) y de 4.45% respecto al mismo periodo del año anterior (tasa anual).  El resultado fue una grata sorpresa, no solamente porque fue más elevada de lo que se esperaba, sino también porque el trimestre fue muy complicado para los mercados en términos de volatilidad e incertidumbre, proveniente de mayores riesgos de una crisis de deuda soberana europea y de una recesión en Estados Unidos.

El consenso del mercado (la mediana de la última encuesta de Bloomberg) era de una tasa anual de 3.9 por ciento, con una desviación estándar de 0.3 puntos porcentuales, lo cual nos dice que el rango esperado era entre 3.6 y 4.2%.  La tasa anunciada fue de casi dos desviaciones estándar por encima de la esperada, por lo que la sorpresa fue realmente grande.

¿Cuáles fueron los factores que explican un crecimiento mayor al esperado?  Primero, el desempeño del sector primario fue muy bueno en el trimestre, con un crecimiento anual de 8.3% y trimestral de 11.76%.  Aunque el sector en si es pequeño (sólo representa alrededor de 4% del PIB total), su comportamiento tan dinámico en el trimestre contribuyó al buen desempeño del periodo.  Si examinamos las mismas cifras del IGAE para ver el comportamiento mensual dentro del trimestre, encontramos que julio y agosto fueron clave con avances de 8.18 y 6.32%, respectivamente.

Segundo, el desempeño de la actividad económica en general en agosto fue algo decepcionante, ya que hubo una clara desaceleración en las exportaciones no petroleras y en los sectores secundario y terciario.  Esto llevó a muchos analistas a revisar a la baja su expectativa de crecimiento para el trimestre y para el año en su conjunto.  Sin embargo, septiembre sorprendió con una actuación muy positiva con una tasa mensual de 1.75% para las actividades secundarias y 1.03% para las terciarias.  Al final de cuentas, agosto no fue el comienzo de una desaceleración a raíz de la incertidumbre mundial, sino sólo un mes malo aislado que no representó una interrupción de la tendencia alcista.

¿Qué nos dice el número en sí?  De entrada, la tasa anual de 4.45% fue mejor al trimestre anterior, ya que el desempeño de este trimestre (de 1.34% en el margen) fue mucho mejor al mismo del año pasado (0.52%).  Debemos recordar que la tasa anual representa el crecimiento de cuatro trimestres, por lo que aumenta o disminuye en función de que si el trimestre que se agrega al computo tuvo mejor desempeño o no al que se elimina.

También es relevante la tasa anual del tercer trimestre para el computo de la tasa de todo el año, ya que ésta es el promedio de las tasas de los cuatro trimestres.  Tenemos tres de los cuatro datos (4.46, 3.24 y 4.45%), por lo que podemos calcular mediante una regla de tres cuánto tendrá que crecer el PIB en el último trimestre para alcanzar nuestra expectativa del año.  Cada 40 puntos base de crecimiento en el cuarto trimestre resulta un 10 puntos base más para todo el año.  Por ejemplo, una tasa de 3.8% en el último trimestre implicaría un crecimiento de 4.0% para todo 2011; en cambio, una de 4.2% nos da 4.1% para el año.

Todas las encuestas de expectativas (hasta antes de conocer los datos de ayer) señalaban un consenso de 3.7 o 3.8% de crecimiento del PIB para 2011.  Si nadie cambia su expectativa, esto implica un crecimiento implícito para el cuarto trimestre entre 2.6 y 3.0%, lo cual se antoja muy bajo.  Si buscamos la consistencia de la tasa anual con la trimestral, implícitamente estas tasas anuales implican una caída en la actividad económica de 0.75 a 0.37%, respectivamente.  En otras palabras, con la información que tenemos hoy, tendríamos que observar una tasa negativa en los últimos tres meses del año para que se cumpla lo que esperan los analistas.

Sin embargo, los indicadores económicos disponibles a la fecha señalan que la actividad económica sigue creciendo.  Por ejemplo, el Indicador IMEF Manufacturero señala una tendencia alcista.  Esto significa que los analistas tendrán que revisar al alza sus expectativas para el PIB.

Según la última Encuesta de Expectativas de Analistas de Mercados Financieros de Banamex (del 3 de noviembre), el más pesimista del mercado es la Casa de Bolsa Vector que espera un PIB de 3.3% para 2011.  Para que se cumple su pronóstico, el PIB del cuarto trimestre tendría que desplomarse 2.3% respecto al tercero.  Multiva y BNP-Paribas esperan 3.5% para 2011, que implica una caída de 1.5% en el trimestre.  Banorte, Barclays, Credit Suisse y Valmex tienen una expectativa de 3.6%, lo que implica una disminución de 1.1%.  El más optimista del mercado es JP Morgan que espera 4.0% para el año y por lo tanto, una desaceleración importante (aunque por lo menos todavía un desempeño positivo) a 0.4%.

La consistencia de los números junto con la información que se tiene disponible, nos dice que todos tendrán que revisar sus expectativas al alza.  Los más pesimistas, que todavía esperan una desaceleración significativa al final del año, podrán ubicar la tasa para el año entre 3.9 y 4.0%.  Los más optimistas, que piensan que se puede mantener el mismo ritmo actual (de 1.3% en los dos últimos trimestres), podrían revisar su número hasta 4.2%.  Sin embargo, lo que sí queda muy claro ahora es que difícilmente se puede esperar una cifra para el PIB para 2011 fuera del rango de 3.9 a 4.2%.

El Poder Ejecutivo entregó al Legislativo, el pasado 8 de septiembre, los Criterios Generales de Política Económica para 2012, que acompaña al Proyecto de Presupuesto de Egresos y la Iniciativa de Ley de Ingresos para el próximo año.  Los Criterios contienen las justificaciones del gobierno de las cifras que somete para su aprobación.  Por ello, una parte esencial del documento es el marco macroeconómico de éste año y el próximo, ya que son los números sobre los cuales realizan sus proyecciones de ingresos.

Siempre resulta interesante analizar el marco que presenta el gobierno, pues, en principio, tiene su visión actualizada de la coyuntura y de las perspectivas de la economía.  El reajuste de los números viene a buen momento, ya que hace un mes cambiaron drásticamente las perspectivas de la economía mundial, en especial las de Estados Unidos que nos afectan directamente.

A cuatro meses de que termine el año, el gobierno nos dice que prácticamente no habrá efecto alguno en el 2011.  Si tomamos el marco macroeconómico que presentó en 2010, vemos que se esperaba una tasa de crecimiento del PIB de 3.8%, bajo el supuesto de que Estados Unidos crecería 2.8% y su producción industrial 4.4% (que es lo más relevante para nosotros).  Ahora, un año después, revisa a la baja su previsión para nuestros vecinos, a una tasa de 1.6% para el PIB y 3.3% para su producción industrial.  Sabemos la relación tan estrecha que tiene nuestra economía con la de Estados Unidos, por lo que esta revisión de más de un punto porcentual nos debería pegar muy duro.

La primera sorpresa es que no, pues, a pesar del escenario mucho más pesimista para la economía norteamericana, el gobierno espera un crecimiento de 4.0%para 2011, un par de puntos decimales mejor.  Mientras que casi nadie anticipó la desaceleración marcada de la economía de Estados Unidos, queda en evidencia que nuestro gobierno opina que quedamos prácticamente inmunes.  ¿El cierre de 4.0% para el PIB es realista ante este escenario?

Aunque hemos visto evidencia clara de una desaceleración en Estados Unidos, el desempeño de la economía mexicana no muestra lo  mismo.  El comportamiento del segundo trimestre fue mejor que el primero, a pesar del problema del suministro de insumos a raíz del tsunami en Japón.  Los indicadores de comercio exterior apuntan a que el tercer trimestre terminará relativamente bien y la mayoría de los analistas esperan sólo una ligera desaceleración hacia fin de año.  Pero, ¿será posible alcanzar el 4.0%?

Si analizamos la consistencia de un 4.0% para el año, con lo que ya pasó en la primera mitad del año y lo que implicaría para el crecimiento en los dos últimos trimestres del año, encontramos que para llegar a la cifra prevista, no se podrá experimentar una desaceleración.  El 4.0% es consistente con un crecimiento de aproximadamente 1.0% en cada trimestre respecto al anterior (en términos desestacionalizados), que es prácticamente igual al desempeño que tuvimos en el segundo trimestre.  Esto significa que el gobierno guarda mucho optimismo respecto a la actividad económica, en especial ante el hecho de que reconoce una desaceleración significativa en la de Estados Unidos.

Hace un año el gobierno nos dijo que creceríamos 3.8% este año y 4.2% el próximo.  Ahora, después de cerrar en 4.0% este año, se corrige la cifra de 2012 a 3.5%.  Parece que nos está diciendo que, aunque no nos pegó la desaceleración de nuestros vecinos este año, sí nos afectará el entrante.  Si analizamos la consistencia trimestral, 3.5 es compatible con un crecimiento de 0.8% en cada trimestre, no muy diferente al desempeño trimestral de 2011.  Si bien es una desaceleración, realmente es marginal.

¿Qué tan creíble es este escenario?  La mayoría de los analistas de Estados Unidos concuerdan con la proyección de 1.6% de crecimiento en su país en 2011.  El problema es más bien qué tanto podrá crecer nuestro vecino en 2012.  No solamente existe la amenaza de volver a caer en una recesión, sino todos coinciden que el verdadero peligro se enfrentará en año entrante.  Aun en el caso de que sólo habrá más desaceleración, todo apunta a que la demanda por nuestras exportaciones no petroleras será mucho menor en 2012 que lo que hemos visto en 2011.  Las perspectivas actuales nos dicen que para mantener el dinamismo observado hasta ahora en la economía mexicana, necesitamos una recuperación en la de Estados Unidos en 2012.  Sin embargo, es un escenario que se antoja difícil.

El motor de crecimiento de la economía mexicana en 2011 fue el de las exportaciones no petroleras.  Tuvieron un buen desempeño y jalaron a la economía interna, a pesar de la desaceleración norteamericana.  Parte de la explicación fueron las exportaciones de la industria automotriz, que fueron favorecidas por la reubicación de líneas de producción a México.  No obstante, es muy probable que el crecimiento no se podrá mantener al mismo ritmo el año próximo.  También tuvieron buen desempeño las exportaciones manufactureras no automotrices, a tal grado que México recuperó en 2011 parte del mercado norteamericano que había perdido en años anteriores.  Pero ¿podremos mantener un dinamismo similar ante una desaceleración significativa en Estados Unidos?

El escenario que nos plantea el gobierno es bastante optimista, quizás no al grado de ser imposible, pero ante las circunstancias actuales no se antoja como lo más probable.  Nos ayudará el hecho de que es año de elecciones, pero el entorno externo no será favorable.  Posiblemente veamos más consumo privado en la primera mitad del año y una desaceleración constante en la exportaciones durante todo el 2012.

(Escrito el 9 de septiembre de 2011 para la revista Ejecutivos de Finanzas de octubre)

¿Qué nos dice el PIB?

Agosto 19th, 2011 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (1 Comments)

Hoy, viernes 19 de agosto, se dio a conocer el crecimiento del PIB del segundo trimestre.  El encabezado del comunicado de prensa del INEGI dice “crece el Producto Interno Bruto 3.3 por ciento en el segundo trimestre del año”.  Dado que es visiblemente menor al del trimestre anterior (4.6 por ciento), el más bajo que se ha observado en los últimos seis trimestres y menor a lo que esperaba el mercado (3.6 por ciento), es muy probable que se va a interpretar como mala noticia y clara señal de que ya estamos en medio de una desaceleración.  Ante los últimos acontecimientos en los mercados mundiales, esto pudiera ser el primer paso hacia una nueva recesión.  ¿Será cierto?

De entrada llama la atención que se enfatiza el crecimiento anual, que no se ve muy bien, en vez del trimestral, que es la práctica de las economías modernas y es mejor noticia.  El INEGI llevaba buen rato con la buena práctica de destacar el crecimiento trimestral (a partir de cifras desestacionalizadas), para enfocarnos en el comportamiento propio del trimestre y no en lo que ha pasado en los últimos cuatro.  Es difícil explicar por qué ahora se dan pasos hacia atrás en las buenas prácticas de comunicación.

La diferencia es importante, permítanme explicar por qué.  El crecimiento anual es el comportamiento de los últimos cuatro trimestres y no sólo el segundo trimestre en sí.  Esto significa que la cifra no sólo resulta del trimestre que agregamos (el segundo del 2011), sino también por él que quitamos del cálculo (el segundo del año anterior).  Resulta que el trimestre que estamos quitando fue el mejor del año pasado.  No es que este trimestre por sí no fuera tan bueno, pero si quitamos el del año pasado, el crecimiento tiene que reflejar una desaceleración.  Esto lo llamamos el efecto base y definitivamente actuó en contra.

Si nos enfocamos en el comportamiento del trimestre tal cual, lo que llamamos el crecimiento marginal, resulta que el crecimiento fue relativamente bueno, de 1.1 por ciento.  Fue mejor que el del primer trimestre del año (0.6 por ciento) y por arriba del promedio de los últimos cuatro trimestres.  Si el crecimiento de cada trimestre del año fuera igual al que acaba de concluir, la tasa del PIB aumentaría 4.5 por ciento en 2011.  Habría que recordar que el comportamiento de la actividad económica en el periodo tuvo un impacto negativo a raíz de las interrupciones de suministros asociadas con el tsunami de Japón.  A pesar de este evento temporal, el trimestre creció 1.1 por ciento.

Si analizamos las tendencias de los sectores que componen el PIB, encontramos desempeños favorables en el secundario (industria) y el terciario (comercio y servicios), mientras que sólo el primario (agricultura) mostró una tendencia a la baja.  Dado que el comportamiento de este sector es más aleatorio y no tiene correlación con el ciclo económico, tenemos que concluir que, intrínsecamente, el comportamiento del PIB del segundo trimestre estuvo todavía mejor de lo que refleja la cifra.

No hay que olvidar que junto con el PIB, el INEGI dio a conocer las cifras mensuales de la actividad económica (el IGAE).  A primera vista, sobresale el desempeño negativo de junio, que disminuyó 0.2 por ciento respecto a mayo.  Para algunos esto pudiera ser una de las muy buscadas señales de la desaceleración.  Sin embargo, hay que tomar en cuenta que un mes negativo por si sólo significa casi nada enfrente a la variabilidad normal del IGAE.  Por ejemplo, 6 de los últimos 24 meses registraron crecimientos negativos y aun así el IGAE creció 10.6 por ciento en el periodo (equivalente a 5.2 por ciento anual).  En cada uno de los trimestres en que el IGAE mostró en uno o dos meses tasas negativas, el trimestre en su conjunto terminó con crecimientos positivos.

Si nos fijamos en la tendencia del IGAE, encontramos que todavía es positiva.  Si bien vemos que lleva 13 meses creciendo cada vez a un ritmo menor, es natural al alejarnos del ímpetus que tuvo el año pasado por una base de comparación sumamente favorable.

Por todo lo anterior, el análisis del segundo trimestre nos dice que vamos relativamente bien.  El balance de la noticia es más positivo que negativo.  Esto no significa que no habrá una desaceleración más adelante, en especial si consideramos que las perspectivas de la economía de Estados Unidos se han nublado ante los últimos acontecimientos.  Pero por lo pronto, la evidencia todavía apunta a que el crecimiento sigue en pie.

El PIB es la medida más comprensiva de la actividad económica de un país y, por lo mismo, el mejor indicador de su comportamiento general y del tamaño en sí de la economía.  Como consecuencia, es el rey de los indicadores económicos, el más citado y el que mejor da una imagen de la marcha macroeconómica en el momento.  No obstante, su elaboración es compleja y requiere levantar mucha información a nivel nacional.  Por lo mismo, se elabora únicamente con una periodicidad trimestral.  El problema radica en que el análisis coyuntural necesita incorporar información mucho más oportuna. (más…)