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El Panorama Mundial en 2016

enero 20th, 2016 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Panorama Mundial en 2016)

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de actualizar su documento semestral de las perspectivas de la economía mundial, conocido como el WEO (World Economic Outlook). El titulo de su publicación es “Se atenúa la demanda y se empañan las perspectivas”. A comparación con los números que tenía en octubre, las proyecciones de crecimiento mundial se revisan a la baja (por 0.2 puntos porcentuales) en 2016 y 2017, fundamentalmente por una mayor debilidad prevista en las economías emergentes. La buena noticia es que todavía se espera mayor crecimiento en 2016 (3.4 por ciento) que en 2015 (3.1 por ciento) en la ponderación global. Sin embargo, el crecimiento de los países emergentes en 2015 fue el más bajo desde la gran recesión de 2008-2009. La mala noticia es que el comportamiento de las economías emergentes se ve muy variado y enfrenta muchos retos, a tal grado que es posible que no superemos el crecimiento observado el año pasado.

El FMI estima que el crecimiento del PIB de México en 2015 fue 2.5 por ciento, que coincide con los consensos de la mayoría de las encuestas de expectativas. Sin embargo, para este año anticipa un avance de 2.6 por ciento, por debajo de la opinión generalizada de 2.8 por ciento en las encuestas. En otras palabras, espera que el crecimiento en 2016 será prácticamente igual a la observada en 2015, a pesar de nuestras reformas estructurales y la estabilidad macroeconómica que presumimos.

Si la economía mexicana crece más ahora, será porque se sostendrá el consumo privado, mejorará la inversión privada y aumentarán las exportaciones. Lo que limitará el crecimiento es el gasto público, que enfrenta el reto de la consolidación fiscal, y posiblemente la política monetaria, que afronta el desafío del repliegue paulatino de la política en Estados Unidos. Sin embargo, el riesgo más grande que tenemos es precisamente el panorama mundial, que dicta no solamente la demanda de nuestras exportaciones, sino también la valoración de peso y las presiones inflacionarias. Dentro de éste entorno, la salud de la economía de Estados Unidos es esencial, en especial, la expansión de su sector manufacturero.

Resulta interesante que el FMI ve que los riesgos principales que enfrentan las economías emergentes en general (y México en lo particular), son las mismas del año pasado: 1) la desaceleración económica y las desequilibrios desconocidos de China, 2) la caída de los precios de los commodities, en especial del petróleo crudo, y 3) los cambios, aunque paulatinos, en la postura monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos. Si no se manejan estas tres transiciones críticas de manera adecuada, el FMI advierte que el crecimiento mundial podría descarrilarse.

El primer riesgo es posiblemente el más inquietante, ya que es el más difícil de entender. China acaba de informar que su economía creció 6.9 por ciento el año pasado, ligeramente menos que el 7.3 por ciento reportado para 2014. Sin embargo, como bien apunta The Economist, la caída pronunciada de su mercado bursátil, el colapso global en los precios de los commodities y la presión creciente sobre el renminbi, hacen pensar que la realidad no es tan buena. Las dos preocupaciones principales son que el crecimiento económico es mucho menor a lo que dice el gobierno y que lo peor todavía está por venir. Todos acuerdan que la brecha entre los datos oficiales de la economía china y las percepciones del mercado se han acentuado y es un abismo. El problema es que desconocemos la extensión de sus desequilibrios y sus posibles consecuencias.

El segundo, la caída en los precios de los commodities, está muy relacionado con el primero: menos demanda proveniente de China ha contribuido a la baja en los precios. Sin embargo, también existe una sobreoferta, que empezó con los avances tecnológicos en Estados Unidos (gas pizarra) y ahora se complica con el regreso iraní al mercado petrolero. No se prevé el final de este ciclo en el corto plazo, por lo menos no éste año.

Finalmente, seguimos enfrentados a la política monetaria de la Reserva Federal. Nos habían dicho que habría un regreso a la normalidad en el momento en que empezara a aumentar su tasa. Sin embargo, el momento ya paso y nuestra moneda sigue depreciándose. La incertidumbre se mantiene y el tipo de cambio lo refleja. Tampoco se espera que esta situación cambiara pronto.

¿Ahora qué podemos esperar? Ante las últimas cifras económicas, más revisiones a la baja en las expectativas de crecimiento, más cambios al alza en la proyección del tipo de cambio y más modificaciones hacia una inflación esperada mayor.

El Uso de las Reservas

noviembre 11th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Uso de las Reservas)

En enero de este año, el Banco de México reportó un saldo mensual máximo histórico de sus activos internacionales netos de 199.2 miles de millones de dólares (mmd). A fin de octubre, el mismo saldo registró 177.2 mmd, una disminución en lo que va del año de 22 mmd. En la primera semana de noviembre, hubo una baja adicional de 1,483 millones de dólares para llegar a un saldo de 175.7 mmd. La mayor parte de la caída se ha dado en los últimos tres meses, a partir de agosto cuando la Comisión de Cambios decidió que el Banco Central debería vender entre 200 y 400 millones de dólares al mercado diario mediante subastas. Esto ha redituado en una disminución de 5.4 mmd por mes, o de 1.2 mmd promedio por semana en este lapso. Después de un largo periodo en el cual el Banco continuamente acumulaba reservas, este decremento tiene inquieto a más de uno. ¿Es motivo de preocupación?

La última vez que se agotaron las reservas de dólares del Banco de México fue al final de 1994. En ese momento las reservas jugaban un papel primordial, ya que eran necesarios para mantener el tipo de cambio en un régimen casi fijo. El Banco establecía el tipo de cambio diario y para mantenerlo tenía que comprar dólares en el mercado si hubiera un exceso (para evitar que el tipo de cambio bajara), o bien, vender dólares al mercado si escaseaban (para que no subiera). Durante todo 1994, hubo escasez de dólares en el mercado, por lo que el Banco tuvo que vender dólares constantemente, hasta el momento en que se agotaron las reservas y no hubo más remedio que dejar que el mercado fijara el tipo de cambio. El resultado fue algo trágico, ya que de 3.1 pesos por dólar a principios de 1994, se disparó el precio hasta casi llegar a 8 pesos a principios de marzo del siguiente año. Difícilmente se nos puede olvidar las consecuencias: después de crecer 4.7 por ciento y tener una tasa de inflación de 7.1 por ciento en 1994, el año siguiente el PIB se desplomó -5.8 por ciento y la inflación se disparó a 52.0 por ciento. Pero no solamente vivimos la tragedia de esa magna devaluación, sino además las de 1976, 1982, 1985, 1986 y 1987, cada una con una historia similar (o peor).

Para principios de 1996, los activos internacionales netos (que no considera el crédito del FMI) todavía no alcanzaban mil millones de dólares. Esto significa que en un lapso de casi 20 años, el Banco alcanzó acumular alrededor de 198 mmd. Sin embargo, existe una diferencia básica (y abismal) entre estos últimos 20 años y la historia anterior. Antes teníamos un régimen cambiario fija o semi-fija, en la cual las reservas de dólares jugaban un papel primordial. Ahora, con el régimen de flotación, el mercado decide el tipo de cambio, por lo cual no se necesitan reservas para tal fin. Incluso, muchos analistas se han preguntado por qué es necesario contar con una reserva tan grande.

Sin duda, el papel de las reservas internacionales del Banco Central ha cambiado. Hoy en día, los dólares que mantiene el Banco son activos que respaldan sus pasivos. Por cada peso en circulación, el Banco tiene el equivalente en pesos de 2.7 veces del monto en dólares. Esto brinda mucha confianza en la moneda nacional, ya que significa que no hay una emisión primaria de pesos en el país, es decir, la emisión de pesos sin respaldo. Este apoyo ha ayudado a disminuir la inflación y a obtener mejores calificaciones de riesgo/país, contribuyendo así a tasas de interés menores. Es prácticamente la mejor contribución que pueda hacer el Banco de México y la política monetaria a un ambiente de estabilidad macroeconómica, propicio para el crecimiento económico. Si México no crece más es por razones ajenas a la política monetaria.

Hoy en día la acumulación o disminución de reservas no tiene que ver con el nivel del tipo de cambio o las posibilidades de una devaluación. El precio del dólar varía mediante la oferta y la demanda en dos mercados, que tienen vasos comunicantes: el interbancario, donde se venden y compran divisas al mayoreo en función del comercio exterior y los flujos de inversión de portfolio, y uno externo al país, que utiliza el peso en operaciones de derivados, opciones, futuros y forwards, que poco tiene que ver con la economía mexicana. Las reservas de dólares que tiene el Banco son un respaldo de nuestra moneda, por lo que están a disposición de las autoridades para inyectar liquidez en el mercado interbancario si es que se considera necesario.

¿Es correcto el uso de las reservas como se viene manejando? Básicamente, sí. ¿Debe preocupar la disminución que hemos visto en los últimos meses? Básicamente, no.

Comisión de Banca Central

septiembre 30th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Comisión de Banca Central)

Hace dos semanas abordé el tema del segundo periodo del Gobernador del Banco de México. Me sorprendió la cantidad de comentarios que recibí al respecto; todos están de acuerdo que Agustín Carstens era el candidato ideal para seguir al frente de nuestro banco central. Nadie menosprecia su capacidad y experiencia, ni lo que ha hecho en sus primeros seis años en el puesto. No solamente tenemos una política monetaria bien encaminada hacia su objetivo y temas afines como la estabilidad financiera y los sistemas de pago bajo la lupa, sino además ha mejorado mucho la calidad y amplitud de los análisis que hace el banco. Los trabajos de investigación son de clase mundial y el instituto funciona como un semillero extraordinario de economistas para el sector público, la banca y organismos internacionales. Sin dudas, es de las pocas instituciones del país que realmente funcionan.

No obstante, el tema recurrente en los comentarios recibidos, que retoma el hilo de muchas discusiones que he tenido a lo largo de los años con colegas míos, es el de los chequeos y balances, o contrapesos necesarios para evitar la discrecionalidad y arbitrariedad de la administración de los recursos públicos del instituto. Hemos escuchado demasiadas historias de un manejo proclive al gasto, excesos en viajes, prerrogativas para cierto personal, contratación desmedida de plazas y un crecimiento de estructura que no parece racional. Por ejemplo, hace seis años el Banco tenía ocho directores generales y 22 directores de área; hoy tiene nueve directores generales y 33 directores de área, que representa 48 por ciento más de mandos superiores (verificable en la página de Internet del Banco). ¿Ha sido necesario tal expansión?

Una de las propuestas que he escuchado de varios lados es que lo que falta para ya consolidar la autonomía de la institución es la creación en el Senado de una Comisión de Banca Central. Ésta podría ser el vehículo para un buen chequeo y balance para la transparencia y rendición de cuentas, la cual podría también mejorar la administración misma del banco. Esta Comisión debería obligar al Banco a entregarle al Congreso un reporte trimestral sobre su operación financiera, que fuera complemento al informe actual sobre la inflación y el manejo de la política monetaria. Para garantizar la autonomía, habría que aclarar que sería un “informe” y no un presupuesto que busca autorización, en aras de que los mexicanos tenemos el derecho a conocer cómo se gastan los recursos públicos en un órgano independiente.

Hay otros temas bajo discusión, como la transparencia y comunicación del Banco en cuanto al manejo de la política monetaria. Por ejemplo, el Banco publica regularmente gráficas de indicadores cuyos datos no están disponibles al público en general. Algunos de los más importantes es la del PIB potencial y la brecha del producto. Solicité los datos y metodología para reproducir una gráfica sobre el ingreso personal real, que se construye mediante información pública, pero tardé meses en conseguir la información. Busqué entablar una discusión sobre los indicadores de confianza al consumidor, pero siempre ante un temor bajo el cual operan los extraordinarios funcionarios del Banco. Mencioné en una columna pasada un comentario (ni siquiera tan importante) que había escuchado en varias reuniones, que después supe que había recibido reproche.

Las minutas de la Junta de Gobierno son un gran avance, pero faltaría que se identifique los comentarios con nombre y apellido. Sabemos muy poco de qué y cómo piensan los Subgobernadores. Sus puntos de vista son monolíticos y siempre homogéneos con la versión oficial (hasta en sus presentaciones en PowerPoint). Tal parece que los miembros de la Junta de Gobierno tienen que pedir permiso para hablar y qué opinar con cualquier ente fuera del Banco. El staff tiene miedo hasta de aceptar una invitación a comer. Mucha autonomía, pero con la apariencia de un totalitarismo que parece innecesario. Concuerdo con muchos de mis colegas en que el staff debería de tener más soltura para opinar y divulgar el credo del banco central, ya que tienen la madurez y capacidad.

Realmente felicito a Agustín Carstens por su ratificación para un periodo más. Nos conviene como país y estoy seguro que seguirá construyendo para el bien de todos. Ojalá que escuche mis comentarios, inspirados por muchos de mis colegas, y que los acepte como crítica constructiva. Creo que puedan ayudar a tener un banco central todavía más sólido, transparente y que rinda mejores cuentas a la sociedad.

Los Efectos Nocivos de la Depreciación

agosto 4th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Los Efectos Nocivos de la Depreciación)

Los ajustes bruscos y significativos en el tipo de cambio siempre han sido motivo de consternación para los mexicanos, pues se asocian con inflación, pérdida de poder adquisitivo, recesión, desempleo y sufrimiento económico en general. Como no olvidar la devaluación de Luis Echeverría en 1976, dando fin a 22 años de un tipo de cambio fijo. Qué decir de las tres devaluaciones que hubo en 1982 después de que José López Portillo prometió defender el peso como perro, que dio pie a la década perdida de los ochenta. Todavía queda el recuerdo de cómo dejó la economía Pedro Aspe al pobre de Jaime Serra Puche en diciembre de 1994, cuando el país se desmoronó y aumentó la pobreza extrema en más de 16 millones de mexicanos.

Afortunadamente, México se sobrepuso al miedo de la flotación y adoptó un régimen flexible a partir de 1995. Con la autonomía del Banco de México y una política monetaria ya dedicada a abatir la inflación, se logró la estabilización de precios a partir de la década pasada. Esto ha sido el pilar de un equilibrio macroeconómico, que en buena medida nos ha ayudado a superar esos periodos de angustia increíble. Sin embargo, hace siete años vimos que el precio del dólar aumentó 54.1 por ciento en siete meses (de 9.918 el 7 de agosto de 2008 a 15.286 el 7 de marzo de 2009). Aunque no hubo gran afectación en la inflación, la economía se desplomó -4.7 por ciento en 2009.

Si bien dejamos atrás la época de devaluaciones traumáticas, ahora vivimos etapas de depreciaciones aceleradas. Sin embargo, la afectación psicológica parece ser igual. Pero, ¿debemos preocuparnos tanto? Hasta ahora, el tipo de cambio ha aumentado alrededor de 26 por ciento, casi la mitad de lo acontecido hacia fines de 2008. No obstante, no hemos visto evidencia de mayor inflación ni un desplome en la actividad económica. Por lo pronto, seguimos con una inflación que marca mínimos históricos y una economía que avanza por arriba del 2 por ciento. Entonces, ¿cuáles son los efectos nocivos que debemos temer de la depreciación?

El primero es el efecto que podrá tener eventualmente sobre la inflación. Al depreciarse la moneda, aumentan los precios de los bienes y servicios importados. Aunque hasta ahora no hemos visto un traspaso de estos incrementos a los precios del consumidor, es de esperarse que eventualmente habrá alguna afectación. Sin embargo, si el tipo de cambio se regresa parcialmente (como sucedió en 2009), se podría limitar el daño a un mínimo.

El segundo efecto es sobre los precios relativos, aun en el caso de evitar una reacción inflacionaria. En principio, nuestras exportaciones son más baratas, mientras que las importaciones son más caras. Aquí, los efectos varían de sector a sector y de empresa a empresa, ya que unos tienen más insumos importados, otros se compensan con disminuciones en otros precios, algunos tendrán que sacrificar utilidades y habrá quien no pueda aguantar los cambios, viéndose ante la posibilidad de cerrar su negocio.

El tercer efecto proviene de la incertidumbre, que afecta la inversión y el crecimiento económico. Para planear la construcción de una fábrica o la adquisición de una maquinaria, se necesita saber con cierta certeza los precios de los bienes y servicios relacionados. Sin embargo, la volatilidad del tipo de cambio elimina la certeza y provoca que muchos proyectos quedan en irresolución. Sin inversión, no habrá mucho crecimiento.

Finalmente, tenemos los efectos sobre los flujos de capital, en especial, sobre la inversión extranjera en portafolio. En principio, los movimientos de capital afectan al tipo de cambio, pero ante mucha volatilidad se acentúan los flujos que buscan una relación de riesgo/rendimiento adecuado. También es muy probable ver cierta afectación sobre las tasas de interés a diferentes plazos, que no solamente puede encarecer la inversión en general, sino también el costo del servicio de la deuda pública.

¿Qué debemos esperar ahora? Todo indica que la volatilidad cambiaria continuará por un rato, aunque posiblemente acotado por las acciones de la Comisión de Cambios y eventualmente del Banco de México. Es muy probable ver en algunos meses que el tipo de cambio regrese parcialmente, ya que se normalice la política monetaria de la Reserva Federal. Si bien, la inflación podrá terminar el año alrededor de 3 por ciento, podemos esperar un aumento, quizás hacia 4 por ciento el año entrante, pero no mucho más que eso. La actividad económica, que ahora crece ligeramente por arriba de 2 por ciento, quedará sin dinamismo en el corto plazo, pero no se desplomará.