Articulos sobre la economía Mexicana
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El INEGI lleva a cabo una cantidad impresionante de encuestas para construir y calcular un sinnúmero de indicadores económicos de gran relevancia. Dentro de todas, la más difícil es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), cuyo levantamiento es cada dos años. De esta encuesta se sustrae información para el cálculo de las cuentas nacionales y los índices de precios. A partir de 2008, incluye el Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS), que es la fuente de información para la medición multidimensional de la pobreza. Cualquier error o imprecisión implica malos cálculos de la inflación, del consumo y de la pobreza.

Desde hace tiempo atrás, se le ha criticado por dos fallas estructurales fundamentales. La primera es que hay un incentivo perverso para que los hogares entrevistados no divulgan la totalidad de sus ingresos. Por ejemplo, un hogar que obtiene un subsidio de Prospera y al mismo tiempo, recibe remesas de familiares que radican en Estados Unidos, no va reportar los ingresos obtenidos por remesas ante la posibilidad de que le cancelen su subsidio. Resulta que la cantidad de remesas capturadas por la ENIGH no llega al 10 por ciento de lo que reporta Banxico cada mes. En general, el gasto en consumo de los hogares de la ENIGH no logra registrar ni siquiera la mitad del consumo que se reporta en las Cuentas Nacionales. Es muy obvio decir que, si existe un problema serio de subdeclaración de ingresos, cualquier medición de la pobreza estará sobreestimada. Resulta importante subrayar que este problema se detectó hace por lo menos tres décadas, si no antes, es decir, mucho antes de que existiera el Coneval.

La segunda falla es que la Encuesta esta truncada, es decir, no cubre los hogares de mayores ingresos en el país. Hace como tres décadas, Agustín Legorreta se hizo famoso al decir que la economía de México estaba controlada por 300 familias. Pues resulta que ni una sola de esas 300 familias más ricas del país están incluidas en la encuesta. Simplemente al excluir a Carlos Slim, quien más veces que no resulta ser el hombre más rico del mundo, la ENIGH tiene este problema. El problema resulta de que se utiliza la información del ENIGH para calcular el famoso “coeficiente de Gini”, que mide la distribución del ingreso. Si la Encuesta no incluye a los más ricos del país, cualquier cálculo va subestimar este coeficiente. En otras palabras, la distribución del ingreso es mucho más inequitativo de lo que sugiere la Encuesta.

Estas dos fallas y las implicaciones que tienen en cuanto a la sobreestimación de la pobreza y la subestimación de la desigualdad, han sido sujetos de investigación desde hace tiempo. Hay estudios de Cortes, Leyva, Esquivel, Bustos, Torres, Campos, Chávez, Boltvinik, Hernández, Cervantes y un sinnúmero más, que han contribuido al tema. También hay estudios de organismos oficiales, aunque autónomos, como Coneval y el INEGI, que han hecho aportaciones muy valiosas. En cuanto al último, cabe la pena citar un estudio recién publicada (en inglés en el Journal de Latin American Policy, mayo 2017, y una reseña en español en la Revista Este País, junio 2017), realizado por Gerardo Leyva y Alfredo Bustos. Desarrollan un método de ajuste estadístico que utiliza información fiscal y de cuentas nacionales para mejorar la estimación del ingreso. Encuentran que la incidencia de pobreza monetaria sería de 30 por ciento de los hogares, comparada con el 44 por ciento que resulta de las cifras originales de la ENIGH, y que el coeficiente de Gini tiene un valor de 0.63, en contraste de 0.44 de la ENIGH. En otras palabras, confirma las hipótesis de que no somos tan pobres pero nuestra distribución del ingreso es mucho más inequitativa.

El estudio parece ser serio. La contribución resulta importante. La búsqueda por mejores datos, metodologías e indicadores debe ser continua. El debate es genuino. Entonces, ¿cuál es el problema? Resulta difícil separar la necesidad académica y el interés político en un tema tan sensible, en especial a la luz de la polémica mayor que se desató el año pasado cuando Coneval rehusó medir la pobreza para 2015. ¿Por qué? El INEGI introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos en la Encuesta, de tal forma que ya no era comparable la información con años anteriores: Peor aún, lo hizo sin consulta previa con Coneval.

Seguiremos comentando.

Cuando el INEGI dio a conocer los resultados del Módulo de Condiciones Socioeconómicas (MCS) de 2015 el pasado 15 de julio, se vio envuelto en [quizás] el mayor escándalo en toda su historia. Resulta que introdujo cambios en los criterios para la captación y verificación de los datos, de tal forma que ya no sea comparable la información con años anteriores. El INEGI ha introducido cambios en metodologías y formas en levantar su información en múltiples ocasiones anteriores, pero en esta ocasión causó controversia al no realizar consulta previa ni abrir primero el tema a un mínimo debate. La molestia de Coneval, el instituto encargado de medir oficialmente la pobreza mediante las cifras del MCS, fue tan grande que, al final de cuentas, simplemente rehusó medir la pobreza para 2015. Causó mucha suspicacia, dado que las cifras de pobreza resultan sustancialmente menores a los años anteriores. El golpe al INEGI fue tremendo, especialmente en términos de credibilidad, confianza y transparencia.

En principio, el escandalo llegó a su fin cuando el INEGI y el Coneval limaron asperezas al reunirse y discutir opciones al futuro. En principio, acordaron realizar la encuesta (ENIGH) este año de tal forma que los resultados sean comparables con los años anteriores. Esto implica sacrificar las mejoras que realizó el INEGI en el MCS para tener en el futuro comparabilidad a través del tiempo. En otras palabras, resulta más importante para el Coneval saber si aumenta o disminuye la pobreza a través del tiempo, a tener una medición de una vez por todas más sólida.

No obstante, queda pendiente tener una mejor medición de la pobreza para nuestro país. Sin menospreciar la dimensión del problema en México, queda claro que el número en nuestro país no es sustancialmente mayor al resto de América Latina. Sin embargo, la CEPAL realizó un estudio que concluye que la proporción de pobres en México es 2.6 veces a la de Brasil y que incluso, mayor a la de Bolivia, uno de los países más pobres del continente. Casi todos los analistas criticaron el estudio por irresponsable, malhecho, desorientador y francamente erróneo. El problema es que son mediciones diferentes, que no se pueden utilizar para comparaciones. No obstante, el estudio dejó claro que la medición de la pobreza en México está claramente sobreestimada.

¿Por qué? El problema no surge de la metodología empleada por Coneval. Es de vanguardia y resultado de una discusión académica muy nutrida. Tampoco se ubica en la metodología empleada en la encuesta levantada por el INEGI; fue resultado de discusión y diseño del propio Coneval. El problema radica en que existe un incentivo perverso en este tipo de encuestas para subestimar los ingresos. Pongamos un ejemplo de un hogar que obtiene un subsidio de Prospera y al mismo tiempo, recibe una remesa mensual de familiares que radican en Estados Unidos. Si declara la totalidad de sus ingresos, podría perder su participación en Prospera. Resulta que las encuestas captan menos del 10 por ciento de las remesas reportadas por Banxico. Pensemos en un hogar cuyos ingresos provienen totalmente de la informalidad (seis de cada 10 empleos en el país); ¿a poco van a decirle al INEGI todo lo que ganan? Veamos otro ejemplo, de una familia de clase media acomodada que no participa al SAT la totalidad de sus ingresos. No vaya ser que el INEGI comparte los resultados de la encuesta con el SAT. Los más ricos del país ni siquiera están contemplados en la muestra.

Al final de cuentas, nos guste o no, no tenemos tantos pobres en el país como sugieren las encuestas, en tanto que la distribución del ingreso es realmente mucho peor de lo que revela. Las cifras de 2014 dicen que el 46.2 por ciento de la población vive en situación de pobreza, sin embargo, el nuevo módulo dice que la proporción realmente es de 36.7 por ciento, casi 10 por ciento menos. Pero aguas, no significa que la pobreza se ha reducido en 9.5 puntos porcentuales, sino que anteriormente estaba sobreestimada.

Entiendo porque Coneval no quiere perder la comparabilidad con el pasado. Pero también estimo que necesitamos una mejor medición en términos absolutos. No solo de la pobreza, sino también de la distribución del ingreso. Lo que necesita INEGI es proporcionar todo lo anterior: una mejor medición y comparabilidad con el pasado, no uno u otro. Ese es el verdadero reto.