Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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Todos sabemos que el desplome del precio del petróleo implica una merma importante en los ingresos del Sector Público. Para 2015 el problema no es tan grave, ya que existe una cobertura que compensará parte de la pérdida, más la toma de utilidades del Banco de México (que dicen que puede era alrededor de 80 mil millones de pesos) y una recaudación extraordinaria en el IEPS a la gasolina. Aun así y quizás más por razones precautorias, el gobierno federal anunció un recorte al gasto en el año. Sin embargo, al no ser que se recupere el precio el año entrante (algo no esperado), las finanzas públicas necesitarán un ajuste mayor para 2016. No habrá cobertura, mientras que ingresos extraordinarios de 2015 no serán recurrentes.

Esto significa que el gobierno tendrá que utilizar tijeras muy grandes para recortar el presupuesto de gastos de 2016. De proceder en forma “inercial”, como típicamente se elabora el presupuesto, el gobierno tendrá que anunciar un recortar generalizado y cada dependencia tendrá que ajustarse lo mejor que pueda. Al final, se podrá acomodar más gasto en algunos rubros a expensas de menos en otros, pero el ajuste podría ser traumático para muchos proyectos y dependencias. Ante esta problemática, el gobierno ha anunciado que elaborará un presupuesto de “base cero”, es decir, de estudiar a fondo cada rubro y cuestionar la importancia que cada peso gastado. Ya no se tratará de agregar o quitar aquí y allá, sino empezar de cero para construir un presupuesto más eficiente.

No es la primera vez que un gobierno ha anunciado la intención de elaborar el presupuesto desde cero. Sin embargo, no queda muy claro que tan exitoso ha sido en el pasado. La idea es excelente, sin embargo, la logística es sumamente complicado. Ante la dificultad, el gobierno ha solicitado la asesoría de la OCDE, pero tampoco queda claro que tenga la experiencia y conocimiento suficiente. El problema principal es que el presupuesto se tiene que elaborar en aproximadamente seis meses, que se antoja muy poco tiempo para cuestionar absolutamente todos los aspectos del gasto público.

Todos sabemos que el gasto público es sumamente ineficiente y que ante menos cantidad, la solución es mayor calidad. Podemos apreciar el tamaño del problema al contrastar las cifras de gasto que reporta la SHCP con las cuentas nacionales que elabora el INEGI. Mientras que la SHCP simplemente contabiliza su flujo de efectivo, el INEGI tiene que medir el “valor agregado” del gasto para ver que tanto va contribuir al PIB. Por ejemplo, la SHCP reporta como gasto los recursos destinados a programas como Prospera, mientras que el INEGI lo considera una trasferencia de un lugar a otro sin valor agregado. Si el gobierno le quita recursos a un hogar para dárselos a otro, no hay una generación de valor.

La ineficiencia del gasto público quedó claro en las cifras reportadas para 2014. La SHCP reportó que ejercicio 8.4 por ciento más en su gasto programable el año pasado respecto al anterior. Sin embargo, si sumamos el consumo de gobierno más la inversión pública de las cuentas nacionales, resulta que es -0.3 por ciento menor. En principio, sabemos que el consumo de gobierno (gasto corriente) no aporta mucho al crecimiento económico, mientras que la inversión pública debe ser mucho más productivo. Aquí la SHCP estuvo reportando todo el año que su gasto de capital físico (inversión) estaba aumentando todos los meses a tasas anuales superiores 20 por ciento y en ocasiones hasta de más de 30 por ciento. Sin embargo, al examinar las cuentas nacionales de 2014, encontramos que la inversión pública fue el único componente del PIB por el lado del gasto que terminó el año con una contribución negativa; sufrió una caída real de -7.5 por ciento. Pero no es solamente este año; la inversión pública ha disminuido cinco años consecutivos.

¿Qué nos dicen estas cifras? El gasto público es mucho más ineficiente de lo que creíamos y no necesitábamos un desplome en los precios del petróleo para justificar la elaboración de un presupuesto de base cero. Este ejercicio era necesario desde antes. Peor aún, si consideramos que el único propósito de la Reforma Hacendaria era recaudar más, quitando recursos escasos a los hogares y a las empresas, para ejercer un gasto de nulo impacto en el PIB.

De las diez u once reformas estructurales que se han aprobado, la más criticada ha sido la Reforma Hacendaria. Quitó ingresos a los hogares en vez de reducir impuestos, justo cuando la economía se encontraba en una situación precaria. Eliminó incentivos para las empresas en el momento en que habría que fomentar más la inversión. En vez de aplicar una política fiscal contra cíclica, se instrumentó una pro cíclica, que frenó la actividad económica y perjudicó a la mayoría de los mexicanos. Peor aún, la SHCP presumió un aumento significante en el gasto público y en especial en la inversión pública, que terminó siendo sumamente ineficiente, a tal grado que no tuvo repercusión alguna en el PIB. Para muchos, la reforma es la causa principal del crecimiento económico mediocre que tuvimos el año pasado.

Aun así, mucha de la evidencia en contra de la reforma había sido anecdotario, o bien, formulado mediante la opinión reiterativa de muchos analistas y empresarios. Sin embargo, ahora aparece un estudio de fondo realizado por Kantar Worldpanel México, que es una agencia de investigación de mercados, que aporta evidencia dura de los efectos sobre los hogares. Esta empresa monitorea cuidadosamente los patrones de consumo de 8,500 hogares mexicanos, escogidos de tal forma que representan al 97 por ciento de la población urbana del país. Registra cada semana las compras de los hogares de más de 70 categorías de productos, por lo que se puede considerar, sin duda, como una autoridad calificada para emitir juicios sobre los efectos de los impuestos a alimentos y bebidas a raíz de la reforma hacendaria.

De entrada, Kantar encontró que el comportamiento del consumo en las familias en 2014 fue similar a cuando el país se ha encontrado en crisis, es decir, similar a lo ocurrido en la gran recesión de 2008-2009. Dado que el 30 por ciento del presupuesto de los hogares se gasta en productos gravados con los nuevos impuestos a alimentos y bebidas saborizantes, se dio una redistribución del presupuesto con el resultado de que se redujo el gasto en bienes de cuidado personal y del hogar. En otras palabras, se pagó en promedio 13 por ciento más por los bienes gravadas con la idea de no consumir menos, mientras que se sacrificó el consumo de otro tipo de bienes para que les alcanzara. En vez de consumir menos de los alimentos de alto contenido calorífico, los hogares redistribuyeron su gasto de tal manera que pudieron consumir lo mismo de este tipo de productos y menos de otros bienes no gravados. Los bienes sacrificados fueron fundamentalmente en las categorías de cuidado del hogar y cuidado personal.

Al final de cuentas, el resultado fue que los hogares gastaron más en productos gravados por los nuevos impuestos, pero se llevaron menos volumen, mientras que gastaron menos en otras categorías. El efecto final fue que todos perdieron: unas categorías perdieron gasto mientras que otras perdieron volumen. Los consumidores cambiaron a marcas más económicas y compraron tamaños más pequeños, mientras que repartieron su gasto entre un mayor número de establecimientos, tanto formales como informales. Este resultado es compatible con los datos que fue reportando la ANTAD a través del año.

En el proceso, Kantar encontró que los niveles socioeconómicos más bajos fueron los más afectados. También encontró que las tienditas de la esquina fueron severamente afectadas, ya que 52 por ciento de sus ventas son de productos que pagan los nuevos impuestos. En general, se encontró que estas tienditas vendieron menos volumen en 2014 comparado con el año anterior. Dado que más de 600 mil familias dependen de estos negocios para subsistir y la mayoría provienen de niveles socioeconómicos medios y bajos, hubo una afectación negativa para un segmento importante de la población. Kantar concluyó que no hay evidencia de que la medida ayudó en parte a resolver el problema de obesidad en el país, pero definitivamente afectó de manera importante la economía de los hogares mexicanos.

El estudio de Kantar Worldpanel México, las cifras de ventas de ANTAD y los cálculos del ingreso personal disponible de los hogares mediante datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), apuntan hacia una afectación severa del consumo de los hogares el año pasado, con un impacto todavía mayor en los niveles socioeconómicos más bajos. El gobierno prometió hace un par de años que si se aprobaran todas las reformas estructurales, a estas alturas del sexenio ya estaríamos creciendo al 5 por ciento anual. En cambio, el crecimiento observado en estos últimos dos años se ubica por debajo del escenario inercial (sin reformas) y a menos de la mitad del promedio observado en los últimos tres años del sexenio anterior.

El gobierno justificó el diseño recaudatorio de la reforma como un instrumento para incrementar el gasto social en apoyo a las familias más necesitadas y reducir la dependencia de los ingresos petroleros, mientras que impuso mayores impuestos a los alimentos más consumidos para combatir la obesidad. Sin embargo, encontramos que los efectos nocivos se concentraron en los hogares socioeconómicos más bajos, no ayudó en reducir la obesidad y todavía existe gran dependencia en los ingresos petroleros como podemos atestiguar con los recortes anunciados en el presupuesto. Así, ¿cómo puede defender el gobierno esta reforma?

Lo que limitó el crecimiento en 2013 fue la combinación de factores externos e internos. Entre los internos hubo una crisis en la construcción, una disminución en el gasto público, una contracción en la inversión privada y una disminución en el ingreso de los hogares. Para 2014, mejoró visiblemente el entorno externo, la construcción empezó su largo camino de recuperación y la inversión privada mostró una tendencia positiva. Sin embargo, el gasto público siguió a la baja a pesar de una reforma hacendaria recaudatoria y mayor endeudamiento público, mientras que cayó aún más el ingreso personal disponible ante las medidas fiscales del gobierno. En 2013 crecimos 1.4 por ciento, mientras que se estima que en 2014 habremos crecido 2.1 por ciento. Significa que el crecimiento promedio de los dos primeros años de Peña Nieto se situará alrededor de 1.8 por ciento, por debajo del crecimiento promedio de los cuatro presidentes anteriores, pero por encima del promedio de los dos primeros años de Vicente Fox y de Felipe Calderón.
¿Qué podemos esperar para 2015? De entrada, el Banco de México estableció su rango para el crecimiento del PIB en 3.0 a 4.0 por ciento, mientras que la SHCP anticipa un rango no muy diferente de 3.2 a 4.2 por ciento. Ambas instituciones esperan un entorno favorable con mayor crecimiento en Estados Unidos, lo que seguirá impulsando la demanda externa por nuestras exportaciones, y una paulatina recuperación del gasto interno. Se espera que la construcción siga su curso de recuperación, mientras que la inversión privada crezca algo más que en 2014, con más certidumbre en torno a las posibilidades que ofrecen las reformas estructurales. A pesar de las diferencias entre el cálculo de la inversión pública reportada por la SHCP y el de la inversión en construcción de Cuentas Nacionales publicada por el INEGI, tarde o temprano debemos ver los recursos destinados a la inversión por el gobierno federal reflejado en una aportación mayor al PIB. Como plantea el Banco de México, el Plan Nacional de Infraestructura 2014-2018 contempla diversas obras de gran envergadura, que sugiere un panorama alentador para el sector de la inversión en construcción.
Si todo va en la dirección que esperan las autoridades, ¿por qué no esperar una tasa de crecimiento mayor a 4 por ciento? El problema central es que en los últimos dos años han fallado miserablemente las proyecciones iniciales de crecimiento. Antes de arrancar 2013 pensábamos que íbamos a crecer 3.5 por ciento y terminamos con 1.4 por ciento; en 2014 anticipábamos casi 4 por ciento y ahora parece ser que cerraremos el año con tan solo 2.1 por ciento. En principio, si ahora ponemos sobre la mesa que en 2015 vamos a crecer 3.5 por ciento, nadie nos va a creer. Sin duda, la proyección de consenso de los economistas iniciados en el tema se ha depreciado mucho. Me imagino que la mayoría de la población no anticipa para 2015 un año mejor que 2014.
¿Qué podría detener o limitar la mejoría anticipada por el gobierno y la mayoría de los analistas en 2015? El Banco de México apunta cuatro riesgos principales: un entorno externo menos favorable, una disminución adicional en el precio del petróleo que haga necesario un ajuste al gasto público, más volatilidad en los mercados financieros internacionales y un impacto negativo mayor de los acontecimientos sociales recientes sobre la actividad económica. Sin embargo, creo que falta el riesgo principal: que continúe el estancamiento en el consumo de los hogares a raíz de un deterioro adicional en el ingreso personal disponible.
No hay duda que la Reforma Hacendaria exasperó las familias. Mermo su poder adquisitivo, incrementó los precios de artículos que le gusta consumir, aumentó muchos impuestos y crispó su confianza. Sin embargo, la tendencia a la baja en el ingreso personal empezó hace seis años, a raíz de incrementos en los precios de los alimentos y de la generación de empleos menos remunerados en comparación a los que se perdieron en la gran recesión. El consumo privado representa alrededor del 68 por ciento del PIB. Si no crece mucho, o bien, incluso disminuye, será muy difícil observar una mejoría en la tasa de crecimiento de la actividad económica.
Posiblemente el reto más importante que enfrenta el gobierno es el de cómo impulsar la recuperación del ingreso personal disponible. En vez de implementar políticas que disminuye el consumo, que desalienta los hogares y que sulfura las familias, debería pensar en cómo incentivar la inversión, reforzar el poder adquisitivo y cultivar la confianza del consumidor.

Al igual que 2013, este año fue una gran decepción. Después de arrancar el año con una expectativa de 3.5 por ciento, el crecimiento económico de 2013 terminó en 1.39 por ciento, como resultado de múltiples factores tanto externos como internos. Terminamos un año sumamente complicado con expectativas de una mejoría en 2014, gracias a que esperábamos mayor dinamismo en Estados Unidos, una recuperación en el sector de la construcción, la finalización de las reformas estructurales (y su consecuente impacto positivo en la inversión privada) y un aumento en el gasto público, especialmente en la inversión pública. Las incógnitas giraban alrededor de la Reforma Hacendaria, que claramente estuvo diseñada para restarle dinamismo a la economía al perjudicar el ingreso disponible de los hogares y limitar los incentivos de inversión de las empresas. Aun así, empezamos el año pensando que podíamos crecer cerca de 3 por ciento, mientras que el gobierno proyectaba mayor optimismo con su expectativa de 3.9 por ciento.
Desgraciadamente, empezó mal el año. Estados Unidos sufrió condiciones climatológicas adversas en los primeros meses, que limitaron la demanda por nuestras exportaciones y ocasionaron una caída de 2.1 por ciento en el PIB de su país. Sin la reactivación de nuestro principal motor de crecimiento, muchos analistas empezaron a revisar a la baja las estimaciones de crecimiento del año, ya por debajo de 3 por ciento. Pero aun así, México logró casi replicar el crecimiento del trimestre anterior (1.5 por ciento anualizado) en el primer trimestre de 2014, al crecer 1.4 por ciento (anualizado, para comparar las tasas con las de Estados Unidos).
El lado positivo fue que la adversidad que afrentó Estados Unidos fue temporal, ya que en los dos trimestres siguientes mostró crecimientos vigorosos de 4.6 y 3.9 por ciento, respectivamente. Las exportaciones no petroleras crecieron durante el resto del año y se proyecta que terminaran el año con una tasa de dos dígitos. El sector automotriz mostró mucho dinamismo y se estima que podrá haber crecido en el año más de 20 por ciento. Las exportaciones no automotrices lograron reactivarse a lo largo del año, por lo que parece que tendrá un avance mayor al 10 por ciento al concluir 2014. Aunque la mayor parte de las exportaciones fueron a Estados Unidos, las dirigidas al resto del mundo pasaron a tasas positivas ya en la segunda mitad del año.
Internamente, la industria de la construcción tocó fondo a finales de 2013 y empezó su recuperación al iniciar 2014. La edificación privada empezó a crecer, aunque no a tasas aceleradas, mientras que los trabajos especializados de la construcción avanzaron en línea con la recuperación en las remesas. Sin embargo, las obras civiles de ingeniería, identificadas con la inversión pública, mantuvieron su tendencia negativa a lo largo del año. Al final de cuentas, el impulso de la construcción privada ayudó a que la inversión privada creciera en el año, mientras que la inversión pública terminó con cifras negativas.
El comportamiento sólido de las exportaciones, la reactivación de la construcción y el inicio de una tendencia positiva de la inversión privada contribuyeron a una mejoría en 2014 respecto a 2013. El gasto público y en especial la inversión pública fueron los lastres del año, ya que ambos terminaron el año con tasas negativas, a pesar de los esfuerzos del gobierno federal por canalizar mucho más recursos que antes. Mientras que la SHCP reportaba a lo largo del año crecimientos reales importantes, el INEGI registró disminuciones en el gasto público, tanto corriente como de capital. A pesar de varias hipótesis al respecto, la dicotomía entre las finanzas públicas de la SHCP y las cuentas nacionales del INEGI terminó siendo la gran incógnita del año.
El último factor que sobresale y es el más importante por su peso en la economía es el consumo de los hogares, que quedó prácticamente estancada en el año. Los efectos adversos de la Reforma Hacendaria fueron mucho mayores a los estimados, incluso por el propio sector privado. Provocó una disminución significativa en el ingreso personal real y una merma importante en la confianza de los consumidores. Para los analistas, quedó muy difícil diagnosticar bien el desempeño del ingreso a lo largo del año, por la falta de un indicador relevante del INEGI. Sin embargo, recomiendo que vean la Gráfica 22d (página 29) del último Informe Sobre la Inflación de Banxico; la caída en el ingreso promedio real es verdaderamente impresionante.
Así estamos por concluir el año con un crecimiento estimado de 2.1 por ciento.

El Consumo de los Hogares

Noviembre 14th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Arena Publica - (1 Comments)

Justo un día antes de que empezara la cuarta edición del ya famoso “Buen Fin”, el INEGI dio a conocer las cifras relacionadas al consumo privado en el mercado interior para agosto. La noticia no fue del todo positivo, ya que disminuyó el consumo -0.28 por ciento respecto a julio, mientras que la tasa anual se redujo a 1.3 por ciento de 2.5 por ciento en el mes anterior. También se reporta una tendencia que, aunque todavía positiva, muestra una desaceleración importante desde marzo; en agosto avanza a un ritmo mensual de apenas 0.1 por ciento. Ante la noticia, Banamex dijo que se confirma “que la recuperación del consumo perdió impulso en los últimos meses”.
No hay duda de que el consumo permanece débil. De hecho, la serie de tendencia-ciclo del INEGI avanzaba a un ritmo promedio mensual de 0.41 por ciento en el primer trimestre; disminuye a 0.22 por ciento en el segundo y ahora avanza 0.09 por ciento en lo que va del tercero. Hemos visto un deterioro marcado en el ingreso personal disponible desde hace varios años. Primero, por una inflación relevante mayor al salario medio; segundo, ante la generación de empleos con salarios más bajos de los que se perdieron hace algunos años en la gran recesión; y tercero, a raíz de la Reforma Hacendaria que aumentó impuestos y limitó el otorgamiento de prestaciones. En adición a la merma observada en los ingresos, las familias se encuentran ahora más endeudados, lo que limita sus posibilidades de consumir bienes y servicios. Al final de cuentas, hemos visto que todos estos factores han contribuido a una disminución en la confianza del consumidor, que se ubica en niveles de mucho pesimismo.
Las cifras merecen un análisis más detenido para tratar de determinar si realmente estamos ante un nuevo deterioro del consumo, o bien, simplemente se mantiene el patrón de un consumo que avanza a pasos muy lentos. Lo primero que tenemos que considerar es que la serie original del consumo privado (como prácticamente en cualquier indicador) contiene una distorsión por los efectos de calendario. En el caso del consumo, si tomamos el valor absoluto de las diferencias entre la serie original y la corregida por los efectos, entre enero de 2010 y agosto de 2014 observamos un promedio mensual de 0.87 puntos porcentuales, es decir, casi un punto porcentual de diferencia cada mes.
En el caso de agosto, la diferencia fue de 0.97 puntos porcentuales, ya que la serie original muestra un crecimiento anual de 1.28 por ciento y la corregida una tasa de 2.25 por ciento. Esta última señala que la tasa anual de agosto (redondeado a un punto decimal es apenas 0.1 puntos porcentuales menor al promedio observado en los últimos seis meses, mientras que se ubica 0.4 puntos porcentuales por encima del promedio observado en los primeros ocho meses del año. Sin embargo, si tomamos el promedio del avance mensual (de la serie ajustada por estacionalidad), encontramos que la tasa anualizada es de 3.4 por ciento.
En conclusión, podemos decir que el consumo de los hogares avanza, pero a un ritmo todavía lento. Las cifras del ANTAD de octubre muestran una mejoría en relación a los meses anteriores, pero todavía permanecen débiles. El Buen Fin dará un respiro temporal, pero no promete ser punto de inflexión. Lo que si queda claro es que las exportaciones muestran un mayor dinamismo y la inversión privada empieza a responder, mientras que el consumo privado contribuye muy poco y el gasto público permanece en terreno negativo.
El próximo viernes (21 de noviembre) conoceremos el crecimiento del IGAE para septiembre y el PIB para el tercer trimestre. Anticipamos una tasa positiva para el PIB, pero menor a la observada en el segundo trimestre. El próximo miércoles sabremos si el Banco de México modificará su proyección de crecimiento del año, que hasta ahora lo mantiene entre 2.0 y 2.8 por ciento (punto medio 2.4 por ciento). Con la información que contamos hasta ahora, es factible que modifiquen su rango ligeramente hacia abajo, posiblemente en un par de puntos decimales.

Reactivación

Julio 29th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Otras publicaciones - (0 Comments)

Desde que arrancó este sexenio, el desempeño de la actividad económica ha sido decepcionante. Hemos visto una combinación de factores, tanto internos como externos, que han frenado el crecimiento desde el año pasado. No obstante, anticipábamos una mejoría en 2014, aunque desde principios de año se señalaba que sería más hacia mediados de año en que se percibirían los adelantos. Pues ya concluyó la Copa Mundial e iniciamos la segunda mitad del año, momento idóneo para preguntarnos si hay o no signos de reactivación.
Como sabemos, empezamos mal el año con una reforma hacendaria nefasta y un entorno externo desfavorable. En vez de instrumentar una política fiscal que apoyara la actividad económica, la Secretaría de Hacienda presentó una serie de medidas de carácter recaudatorio, sin combatir la informalidad, eliminando incentivos a la inversión y restando poder adquisitivo a muchos segmentos de la población. Al mismo tiempo, Estados Unidos enfrentó condiciones climatológicas sumamente adversas, con consecuencias negativas en la actividad económica. El resultado fue una caída abrupta en la confianza, tanto de los hogares como el empresarial, que tuvo su reflejo en un desempeño desfavorable en el consumo y en la inversión.
El desempeño de la actividad económica del primer trimestre fue tan débil que prácticamente todos los analistas tuvieron que revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para el año. El Banco de México anunció que bajaba su proyección del PIB para 2014 a 2.8 por ciento (de 3.5 por ciento) unos días antes de conocer el crecimiento oficial del primer trimestre. Sin embargo, después de conocer la cifra el Banco admitió que internamente se tuvo que reducir todavía más su proyección recién revisada (que darán a conocer hacia fines de agosto). Por lo mismo, la Junta de Gobierno decidió bajar de nuevo la tasa de política monetaria (a 3.0 por ciento) para apuntalar más al crecimiento económico.
La decisión se concentró principalmente en el desempeño negativo de marzo, que vio una disminución de 0.61 por ciento respecto al mes anterior. Sin embargo, en abril la actividad económica rebotó 1.25 por ciento, fundamentalmente como resultado de una mejoría significativa en las actividades terciarias (comercio y servicios). El dato sorprendió a todos e hizo pensar a algunos que quizás la decisión del Banco de México fue algo prematuro. Por lo mismo, ha existido mucha expectativa en torno a los datos de mayo y junio, en esperar de ver si podemos confirmar ya el inicio de una recuperación en serio, o si lo que vimos en abril fue simplemente un rebote aislado en un entorno todavía frágil.
En sí, la reactivación depende primero de una mejoría en el entorno externo, para que las exportaciones no petroleras vuelvan a tomar su lugar como el motor principal de crecimiento económico. En principio, la evidencia apunta a un resurgimiento importante en las exportaciones automotrices y aunque un poco menos dinámico, en las exportaciones manufactureras no automotrices. En segundo lugar, necesitamos que los efectos negativos de la reforma fiscal se vayan disipando y que la inversión pública estimule la industria de la construcción. Esta parte parece mucho más difícil, ya que el gobierno no quiere dar marcha atrás en las medidas que han dañado a la actividad económica, ya que ha apostado a que el gasto público acelerado pronto ayudará al crecimiento y que en el mediano plazo, las otras reformas eventualmente provendrán una base para estimular la inversión privada.
Los primeros datos duros que tenemos de mayo tipifican muy bien la problemática actual. La producción industrial creció tan solo 0.11 por ciento respecto al mes anterior, la tasa marginal más baja de los primeros cinco meses del año. Sin embargo, si examinamos los dos componentes principales, manufactura y construcción, vemos dos comportamientos muy distintos. La producción manufacturera creció 0.40 por ciento respecto a abril y su tasa de los últimos doce meses (corregido por efectos de calendario) ya se ubica en 4.8 por ciento. Si la producción crece en el resto del año al mismo ritmo que el observado en estos cinco meses, terminará más de 12 por ciento por encima del nivel de diciembre de 2013. Su buen comportamiento obedece al resurgimiento de la demanda externa por nuestros productos.
En cambio, la producción del sector de la construcción disminuyó 0.13 por ciento en mayo respecto a abril y se mantiene en terreno negativo en lo que va del año. Los dos segmentos más importantes mostraron tasas negativas: la edificación cayó -0.33 por ciento, mientras que la construcción de obras de ingeniería civil retrocedieron -1.72 por ciento. No obstante, la edificación (tanto residencial como no residencial) muestra un balance positivo en lo que va del año; si creciera en el resto del año al ritmo actual, terminaría 4.44 por ciento por encima del nivel observado en diciembre del año pasado. Aunque no es una tasa muy dinámica (en términos de la historia del sector), ya muestra signos de recuperación (modestos) de lo que fue una etapa verdaderamente difícil.
Ante esto, lo que verdaderamente llama la atención es el comportamiento de las obras de ingeniería civil, asociado a lo que es la inversión pública. Por un lado, los reportes de finanzas públicas que emite la Secretaría de Hacienda presumen de aumentos extraordinarios en el gasto público y en especial en la inversión física del gobierno. Sin embargo, parece que existe un especie de doble contabilidad, ya que no solamente no se percibe un mayor gasto público, sino que las obras civiles disminuyeron 1.72 por ciento en mayo respecto a abril y se ubican en -6.2 por ciento por debajo del nivel de hace doce meses. Si la producción en este rubro continua el resto del año al mismo ritmo que en estos primeros cinco meses, terminará el año -15.2 por ciento por debajo del nivel observado en diciembre pasado.
Por último, todavía no se percibe una mejoría notable en el consumo de los hogares. Las ventas reportadas por la ANTAD en junio continúan por debajo de los niveles reales observados hace un año. Las ventas internas de automóviles alcanzadas por la AMIA en junio se ubican en apenas 0.5 por ciento por encima del nivel registrado en el mismo mes del año pasado. El Indicador IMEF No Manufacturero de junio mostró su sexto mes al hilo con una tendencia a la baja, lo que refleja una pérdida continua de dinamismo en los sectores de comercio y servicios.
Las expectativas de crecimiento del PIB para 2014 de los analistas de instituciones internacionales y financieras se ubican en un rango de 2 a 3 por ciento, muy por debajo del casi 4 por ciento que se esperaba a principios de año. Sin embargo, hasta la proyección más pesimista implica una recuperación en la segunda mitad del año. Aun en el caso de que terminemos 2014 más cerca de 2 que de 3 por ciento, significa que en los seis meses que restan del año estaremos creciendo ya cerca de 4 por ciento anual, lo que nos posiciona muy bien para empezar 2015 con muchas mejores perspectivas. No obstante, aún queda mucha incertidumbre y camino por recorrer.
Ante este escenario, ¿qué deben hacer los ferreteros? A principios de año recomendamos proceder con mucha cautela, asegurando que su situación fiscal no los perjudicara ante los cambios fiscales y cuidando niveles de inventarios. Ya a mediados de año, deberíamos de haber absorbido los impactos fiscales y el comienzo lento. Ante la pregunta sobre cómo ven el clima de negocios para las actividades productivas del sector privado en los próximos meses, 78 por ciento de los encuestados respondieron que ya lo ven mejor, mientras que 22 por ciento dijeron que esta igual que hace seis meses; sin embargo, nadie respondió que está peor. También se preguntó sobre la coyuntura actual para efectuar inversiones, de los cuales 56 por ciento ya respondieron que es buen momento; 33 por ciento dijeron no estar seguros, mientras que 11 por ciento todavía opinaron que es mal momento. Las respuestas a esta encuesta mensual efectuado por el Banco de México ya reflejan más optimismo sobre el comienzo de la recuperación en relación a los meses anteriores.
Prácticamente todos anticipan una recuperación en la segunda mitad del año. La incógnita que permanece a estas alturas es más bien sobre su intensidad, es decir, si la recuperación aun será relativamente débil, o bien, si ya experimentaremos crecimiento de fondo. En principio, parece ser que avecinan mejores tiempos y deberíamos estar posicionados para aprovecharlos, sin embargo, aun así no dejemos de avanzar con cautela.

La Panacea

Noviembre 12th, 2013 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (2 Comments)

La época dorada del crecimiento económico en México fue a partir de la Segunda Guerra Mundial hasta el último año del boom petrolero en 1981. Dependiendo de qué año se empieza a contabilizar, el promedio anual fue entre 6.2 y 6.8 por ciento. En cambio, de 1982 a la fecha ha sido 2.3 por ciento, cerca de una tercera parte de lo que fue anteriormente. Por lo mismo, ya tenemos un buen rato en busca de una fórmula que nos pudiera regresar a la senda de crecimiento elevado y sostenido.

Algunos argumentan que la falta de crecimiento se debió a la implantación del modelo “neoliberal”, que retrajo el papel del gobierno y dejó la liberalización comercial como el vehículo principal para crecer, pero sin una debida política industrial. La hipótesis es que solo se favoreció a una pequeña minoría, mientras que la mayoría de la población se quedó estancada.

Sin embargo, no podemos olvidar que gran parte del crecimiento anterior se logró mediante el acumulo de desequilibrios insostenidos, que llevaron el país a la quiebra y a muchas de las dificultades que todavía enfrentamos ahora. Como han señalado Enrique Cárdenas y Raymond Vernon, estos desequilibrios empezaron a surgir a principios de los sesenta, pero lejos de corregir, se agravaron en los sexenios de Echeverría y López Portillo. La crisis de 1982 evidenció la imposibilidad de utilizar el gasto público deficitario como instrumento permanente para impulsar el desarrollo sano de la economía.

Casi sin contar con otra salida, el gobierno de Salinas introdujo reformas que permitió sanear las finanzas públicas y volver a la estabilidad macroeconómica que nos había caracterizado en décadas anteriores. Posiblemente el beneficio más tangible que trajo fue la habilidad de producir internamente las divisas necesarias para evitar los grandes desequilibrios con el exterior. Pero el problema principal fue que no condujo a la senda del crecimiento económico sostenido.

Para algunos el proceso de reformas quedó inconcluso ante la crisis de 1995, cuando se produjo una especie de síndrome de fatiga de reformas. Después de varios años tumultuosos al final de los noventa, los gobiernos siguientes han buscado retomar las reformas como el camino apropiado para impulsar el crecimiento. Nos han vendido la idea de que es prácticamente el único camino a seguir y que si se aprueben todas como debe de ser, en conjunto serán la panacea a todos nuestros males.

No obstante, la mayoría saben que nuestros problemas son estructurales y demasiado enraizados en nuestra cultura, economía y sociedad como para resolverlos mediante una serie de decretos. Peor aún, ni siquiera existen los consensos sobre qué deben contener. Por ejemplo, mientras casi todos coinciden en que necesitamos una reforma energética, existe una gran diversidad de opiniones al respecto de qué debe contener y qué rumbo debe tomar.

El gobierno actual, que abarca los poderes ejecutivo y legislativo, ha logrado aprobar la mayoría de las reformas propuestas. Sin embargo, ya viendo los resultados de cerca, queda claro que no serán la panacea. La reforma laboral introdujo menos del cinco por ciento de lo que se necesita; la financiera busca ampliar la penetración crediticia, pero estará severamente limitada por el desplazamiento de recursos que implica la reforma fiscal; la de telecomunicaciones no logró terminar con el oligopolio del mercado; la hacendaria resultó simplemente un intento recaudatorio, que amenaza con el regreso a los déficits crónicos y no resuelve problemas de fondo; y la reforma educativa ha producido más caos mediante huelgas y manifestaciones a tal grado que está dejando a millones de niños sin clases. Falta la energética, pero el debate que ha surgido parece no conducir a ningún lado.

Por lo pronto, todo apunta a que el crecimiento económico que se anticipa en los primeros dos años de este sexenio va quedar por debajo del promedio de los cuatro sexenios anteriores. La tasa promedio anual de 1989 a 2012 fue 2.9 por ciento, pero se ha caracterizado por una clara tendencia a la baja: mientras que Salinas obtuvo un promedio de 4.0 por ciento, Zedillo logró 3.3, Fox 2.2 y Calderón 2.1 por ciento. Hay quien anticipa que el crecimiento promedio de 2013-2014 puede llegar tan solo a 1.7 por ciento.

En teoría, las reformas deben conducir a mayor crecimiento en el mediano plazo. Según la última encuesta de Banxico, los especialistas en economía anticipan un promedio anual de 3.9 por ciento para los siguientes diez años, es decir, 2014 a 2023. ¿Panacea?

Las proyecciones de crecimiento para este año se han revisado a la baja consistentemente a lo largo de todo el año, en la medida en que vamos conocido el desempeño de la actividad económica. Antes de iniciar el año, tanto el gobierno como el consenso de los analistas preveían una tasa de 3.5 por ciento para 2013, casi medio punto porcentual menos que el año anterior. Sin embargo, se combinaron muchos factores al mismo tiempo para frenar el crecimiento y ahora se anticipa una tasa ligeramente superior al 1 por ciento, pero suponiendo aun que se inicie una recuperación en la última parte del año.

El gobierno federal ha concedido que habrá menos crecimiento en el año cada vez que el INEGI ha dado a conocer las cifras del trimestre en turno. A los pocos días después del 20 de agosto cuando se divulgó el crecimiento del segundo trimestre, la SHCP revisó a la baja su expectativa a 1.8 por ciento. Es casi un hecho cuando el INEGI dé a conocer el tercer trimestre el próximo 21 de noviembre, SHCP reconocerá todavía una tasa menor.

El optimismo inicial del gobierno llevó a que se aprobara en el presupuesto de 2013 un balance fiscal “cero”, que implicaba un proceso de consolidación fiscal ante los déficits de los últimos cuatro años de la administración de Felipe Calderón. Sin embargo, ante la llegada de una ligera recesión, ahora SHCP recurre a una política fiscal más expansionista al pedir la autorización debida para incurrir en un déficit de 0.4 por ciento del PIB este año y 1.5 por ciento para 2014. En principio, esto le dará margen para no tener que recortar el gasto ante la caída en los ingresos a raíz de la menor actividad económica y compensar las medidas anticíclicas recaudatorias al inicio de 2014.

El gobierno federal no es el único preocupado por la caída en la actividad económica. El Banco de México decidió la semana pasada reducir la tasa de política monetaria por tercera vez en el año, también para apuntalar al crecimiento económico. En principio, la tasa de inflación subyacente ha permanecido por debajo de 3 por ciento por prácticamente diez meses y es casi un hecho que así quedará hasta fin de año. Lo único que le ha impedido reducir la inflación general por debajo del objetivo de 3 por ciento ha sido la política de precios del gobierno en materia de energéticos y tarifas autorizadas, lo cual queda fuera del alcance de la política monetaria. Al reconocer la existencia de una brecha de producto negativa, el Banco no prevé presiones inflacionarias en el corto plazo, por lo que puede aumentar el grado de laxitud en su política.

El único peligro inminente que enfrentan las autoridades monetarias sería un aumento desbordado en la inflación en enero a consecuencia de las medidas fiscales contenidas en la reforma hacendaria. Aumentará el IVA en la zona fronteriza y los precios de refrescos y algunos alimentos, lo que podría traer efectos secundarios. A pesar de que el cálculo del Banco es que será de impacto moderado y transitorio, ya anunció desde ahora que no habrá una reducción adicional en diciembre en la tasa de política monetaria. La Junta de Gobierno quiere hacer lo posible para apuntalar el crecimiento económico, pero sin afectar adversamente las expectativas de inflación.

¿Cuál es la lección fundamental de la decisión de política monetaria? Aunque el objetivo prioritario es mantener la estabilidad de precios, el Banco no descartar el uso de los instrumentos a su alcance para apoyar al crecimiento económico y coadyuvar un ambiente propicio para la creación de empleos. La idea central es que la mejor forma que la política monetaria puede contribuir al bienestar general es mediante la estabilidad de precios. Pero si no existen presiones inflacionarias latentes, el Banco acomodará su política para apoyar el crecimiento. Queda en evidencia que la estabilidad de precios es un medio para un fin mayor y no existe una obsesión por parte de las autoridades monetarias por abatir la inflación al costo que fuera.

Esto significa que el debate en torno a un doble mandato para el Banco es prácticamente irrelevante. Bajo el esquema actual, la Junta de Gobierno analiza a fondo el balance de riesgos de inflación, al igual que el balance de riesgos de crecimiento económico. Si uno lee los anuncios de política monetaria y los informes trimestrales de inflación, encontrará siempre un análisis equilibrado de ambos. Cambiar el mandato único hacia uno doble, no modificaría la política monetaria actual, pero sí sería causal para inyectar presiones políticas indebidas.

Después de crecer en promedio 4.3 por ciento por tres años, la economía mexicana entró en una ligera fase recesiva en 2013. Las razones son muy conocidas: la falta de demanda externa por nuestras exportaciones; la caída en las remesas; la crisis de la construcción; el subejercicio y consolidación fiscal del gasto público; la incertidumbre en torno a las reformas estructurales; y la merma en el poder adquisitivo de ciertos segmentos de la población.

No obstante, la economía tiene posibilidades de iniciar pronto una recuperación: la economía de Estados Unidos va mejorando y se anticipa crecimiento de 2.6 por ciento para 2014 (versus 1.5 por ciento este año); las remesas tocaron fondo en julio y crecieron por primer vez en 13 meses en agosto; la construcción debe estar tocando fondo y pronto deberá mostrar algo de dinamismo; el gobierno estar por instrumentar una política fiscal expansiva vía mayor déficit en lo que resta del año y en 2014; la incertidumbre de las reformas pronto quedará despejado; y el Banco de México ha intensificado su política expansionista para proveer mayor aliento a la economía. No necesariamente esperamos una recuperación boyante, pero lo suficiente para dar por terminada la recesión.

Igualmente, hemos señalado los riesgos que quedan en el camino. Como casi siempre, el entorno externo representa uno de los principales, ya que nuestro dinamismo está atado a la demanda externa. No obstante, Obama ya resolvió el problema del cierre de su gobierno y logró extender el techo de la deuda pública a enero. Los especialistas ya piensan que el debacle entre los demócratas y republicanos se ha atenuado y que ya no representará el mismo peligro al comenzar el año. No podemos garantizar mayor crecimiento de nuestras exportaciones, pero definitivamente ha mejorado el panorama.

Sin embargo, en esta ocasión los mayores riesgos no son externos, sino internos. Desde que observamos la propuesta de reforma hacendaria que propuso la SHCP, vimos su potencial para reducir el ingreso personal disponible de casi todos los hogares que colaboren en el sector formal y para desalentar las inversiones productivas de las empresas en una gama amplia de sectores. Dijimos que la propuesta significaba una redistribución de recursos productivos de empresas que crean empleos a segmentos de la sociedad que contribuyen poco o nada a la actividad económica. Crea incentivos perversos para permanecer en el sector informal e incluso, para abandonar el formal. Desalienta la inversión extranjera en muchas áreas y pone frenos serios a la actividad exportadora (en especial a la maquila). Advertimos que de aprobarse, quitaría recursos a los que más contribuyen a la actividad económica.

Después de algunas modificaciones en la Cámara de Diputados, vimos su aprobación y envío a la de Senadores. Por lo pronto, podemos decir que no es una reforma hacendaria propiamente dicha, sino un conjunto de acciones fiscales recaudatorias con un alto impacto recesivo. No combate la informalidad, tiene una carga tributaria regresiva, se esconde detrás de acciones falsas como el combate a la obesidad, carece de sustento técnico, recurre a un déficit mucho mayor de lo que presume, desalienta la inversión productiva y crea una carga fiscal difícil de financiar en el futuro.

A pesar de sus sobradas críticas, la reforma sí contiene algunas medidas que podrán ser positivas en los mediano y largo plazos. Sin embargo, difícilmente se puede encontrar algo salvable en el corto plazo, es decir, algo que ayudará a la economía en su recuperación, o bien, que evitara que se sumerge en una recesión más profunda. Por lo pronto, el FMI emitió su veredicto: la economía mexicana apenas crecerá 3.0 por ciento en 2014, casi un punto porcentual completo menos de lo que pretende el gobierno. El mayor impulso vendrá de un mejor entorno externo, pero aminorado por la política recesiva del gobierno. Habrá más inflación, alimentada por incrementos en los precios al consumidor de los refrescos y de ciertos alimentos, del incremento del IVA en la zona fronteriza y por el impulso continuo al precio de la gasolina. Los hogares se sentirán lastimados por mermas en su ingreso personal disponible y en su poder adquisitivo.

La mayoría de los analistas que estudian las perspectivas económicas no han terminado por asimilar el impacto recesivo de la reforma. Pero lo más seguro es que así como ocurrió a lo largo de 2013, vamos a ver revisiones a la baja a lo largo del año en la medida en que los indicadores se vayan conociendo.

No tiene mucho tiempo desde que empezamos hablar de la recesión. Aunque inició en noviembre (según la Escuela Clásica) o julio (según los Ciclos de Crecimiento) del año pasado, no pudimos confirmar su existencia hasta que el INEGI anunció las cifras al segundo trimestre con datos actualizados mediante un nuevo año base el pasado 20 de agosto y que diera a conocer los indicadores coincidentes el 5 de septiembre. Ya hemos comentado que es una recesión poca profunda, cuyas causas fueron una combinación de menor demanda externa, la crisis del sector de la construcción, el menor gasto público y la incertidumbre generada por las reformas estructurales. También contribuyó la debilidad creciente en los ingresos de los hogares por el alza continua en los precios de los alimentos y la gasolina y la caída en el envío de remesas familiares.

La existencia de una recesión tiene muy preocupados a los funcionarios públicos, que andan para arriba y para abajo negando su existencia y tratando de remarcar que cualquier baja en la actividad económica proviene del exterior. También tiene muy ocupados a la oposición, que en cada oportunidad subrayan los factores internos como exclusivos en la formación de la recesión. Pero afortunadamente, empiezan a aparecer indicios de que la recesión pudo haber terminado en algún momento del tercer trimestre, o a lo mucho, a principios del cuarto. Parece que ya se ve la luz al final del túnel.

Primero tenemos mejorías en muchos indicadores de Estados Unidos relacionadas a la demanda manufacturera en su país, que debería implicar mayores exportaciones no petroleras para México en los siguientes meses. Aunque el reporte de la balanza comercial de agosto todavía refleja debilidad de nuestra economía interna (mediante la falta de crecimiento de las importaciones), señala una mejoría en las exportaciones. El ISM Manufacturero de septiembre mejoró por cuarto mes consecutivo al llegar a 56.2 puntos, su nivel más elevado desde abril 2011.

Segundo, por primera vez en 14 meses las remesas familiares reportan para agosto un incremento respecto al mismo mes del año anterior. Aunque todavía implica una disminución en pesos reales, es un cambio de tendencia que pudiera redituar en el inicio de una recuperación en el segmento de la construcción de trabajos especializados (que involucra autoconstrucción) y apoyar en algo los ingresos de los hogares de ciertos segmentos de la población. En Twitter, me señalan que también en Estados Unidos la tasa de desempleo de migrantes mexicanos parece estar ya debajo de la nacional.

Tercero, el Indicador IMEF Manufacturero de septiembre aumentó por tercer mes consecutivo y se ubica a una décima del umbral de 50 puntos.  También el Indicador No Manufacturero registró en el mismo mes un aumento marginal de 0.1 puntos y se ubica en 50.1 puntos. Los resultados de ambos indicadores sugieren que la debilidad de la actividad económica continua, aunque con claros indicios de una mejoría incipiente hacia el final del tercer trimestre.

Hubo un cuarto indicador que se dio a conocer ayer, que pudiera interpretarse como elemento negativo. La Encuesta de Expectativas de Banxico muestra una revisión a la baja para el consenso de crecimiento en 2013 a 1.50 por ciento (de 1.70 por ciento hace un mes). Sin embargo, no refleja mayor pesimismo a raíz de los últimos acontecimientos, sino un rezago en algunas instituciones financieras en incorporar los datos que se dieron a conocer el 20 de agosto pasado. Por ejemplo, todavía hace un mes alguien reportaba una cifra surrealista de 2.6 por ciento, que ya fue revisada sustancialmente a la baja.

No obstante los buenos indicios, hay que proceder con extrema cautela. Todavía persisten demasiados riesgos que pudieran modificar el rumbo. Simplemente los acontecimientos actuales en Estados Unidos tienen a todos los mercados en alerta máxima. Moody’s estima que el cierre de gobierno podría costarle ocho mil millones de dólares (mmd) a la economía de Estados Unidos; 55mmd si dura 3 a 4 semanas; y hasta 1.4 puntos porcentuales menos del PIB se llega a perdurar hasta el cuarto trimestre. Todavía falta la siguiente batalle entre Republicanos y Demócratas para elevar de nuevo su techo de endeudamiento. Tampoco sabemos cuándo y cómo iniciará la Reserva Federal la siguiente etapa de su política de un menor acomodamiento monetario y mucho menos cuál será su desenlace final.

Pero el riesgo más grande es la Reforma Hacendaria. Para esto lean el análisis de “México Evalúa” aquí: http://t.co/ZzKThE97dV