Articulos sobre la economía Mexicana
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Replica de Musacchio

marzo 19th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Replica de Musacchio)

Publicado en Reforma el sábado 18 de marzo bajo “Replica: Responde Musacchio a Heath”

Señor Director:

El pasado miércoles 15, en la página 5 de la sección de Reforma, Jonathan Heath embiste nuevamente contra la candidatura de Paloma Merodio a una vicepresidencia del INEGI. En su confuso revoltijo se atreve a decir que, como argumento -el único que cita- en favor de la maestra Merodio, digo (Excélsior 9/III/2017) “que es una mujer muy guapa”, lo que es cierto y no impide reconocer su impuluta honestidad, su brillante trayectoria académica y sus logros en la administración pública, la empresa privada y las organizaciones sociales, siempre en puestos ejecutivos, de lo cual doy cuenta en el artículo que no leyó Heath, pero que de ese modo busca favorecer a otros candidatos. Si pone en el Centro una cuestión tan Espinosa, es recomendable que antes vaya a las iglesias para que rece por su éxito.

Humberto Musacchio

El Desplome de la Confianza

febrero 15th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Desplome de la Confianza)

El INEGI dio a conocer el viernes pasado, el indicador de confianza del consumidor para enero. No solamente se registró un nuevo mínimo histórico (28.9), muy por debajo del anterior (33.1 de octubre 2009), sino que se llegó a tal nivel mediante la caída más pronunciada para un mes a otro desde que existe del indicador. De hecho, los cinco componentes experimentaron caídas escandalosas, nunca visto antes. Las caídas de cuatro de los componentes fueron las mayores en toda la historia, mientras que tan solo una (sobre el momento adecuado para adquirir bienes duraderos) no logró establecer una máxima, pero por una sola décima. Los niveles de tres de los cinco componentes tocaron nuevos mínimos, que son la percepción del consumidor sobre la situación económica del país del presente y del futuro y sobre la situación económica del hogar en el futuro. Fue tan estrepitosa la noticia, que REFORMA decidió darla a conocer a ocho columnas el sábado pasado (aunque desafortunadamente habló del “índice” y no del “indicador”).

Unos días antes, el INEGI había dado a conocer el indicador de confianza empresarial, que también registró una caída exagerada, mientras que uno de sus componentes (sobre la situación económica futura del país) estableció un nuevo mínimo histórico. ¿Qué es lo que explica el pesimismo tan exagerado tanto del consumidor como del empresario? Entre los factores mencionados por algunos analistas están la llegada de Trump y la depreciación del peso. Si bien es cierto que estos dos factores han pesado en el ánimo de la gente, explican la trayectoria descendente que tiene ambos indicadores desde hace un año (algo que ya hemos comentado aquí en octubre y noviembre del año pasado), pero no la caída tan pronunciada de enero respecto al mes anterior. Más bien fue el gasolinazo que incendió a la población a tal grado que hubo manifestaciones en todo el país y saqueos en muchas partes. Esto último fue la gota que derramó el vaso, que ya se estaba llenando desde tiempo atrás.

El nivel del indicador de confianza del consumidor (28.9) se ubica ahora por debajo del umbral “Leyva” de 34.5 puntos, que estableció el INEGI como el umbral estadístico consistente con una caída en el consumo de los hogares (con un 95 por ciento de probabilidad). En principio, esto significa que deberíamos de observar una tasa negativa en el consumo privado, prácticamente el único factor por el lado del gasto del PIB que ha estado creciendo. De ser cierto, es casi un hecho que estaríamos entrando ya en una recesión. ¿Será?

No necesariamente. Si analizamos detenidamente cada uno de los cinco componentes de indicador, encontramos caídas acentuadas en todos, a tal grado que tres se ubican en mínimos históricos. Sin embargo, los otros dos que no registraron mínimos históricos son la apreciación sobre la situación actual del hogar y sobre el momento actual para efectuar compras de bienes duraderos. Si analizamos las preguntas de la encuesta que no están incluidas en el indicador, en especial aquellas enfocadas a decisiones de compra, encontramos que ninguna registró un mínimo histórico.

Esto significa que el consumidor todavía no ve tan fatal su situación económica personal en la actualidad, sino que su pesimismo está mucho más enfocado en la situación económica del país (tanto el actual como el futuro) y el posible efecto que podrá tener más adelante sobre su hogar. Está muy preocupado por el incremento de precios en general (no solamente de la gasolina), ya que podrá ver mermado su poder adquisitivo. Por lo pronto, podemos esperar un poco más de cautela, que se va manifestar en una desaceleración en el consumo, pero no necesariamente una caída tal cual. Desafortunadamente, los indicadores de consumo son los más atrasados de todos. No obstante, habrá que estar atento.

La noticia hace resaltar aún más la inconsistencia del INEGI en mantener dos resultados distintos (un “índice” y un “indicador”) de una sola encuesta. Por ejemplo, en enero el “índice” disminuyó 17.9 puntos porcentuales, mientras que el “indicador” cayó 6.1 puntos. He platicado mucho sobre esto, tanto con Eduardo Sojo, el presidente anterior, como con Julio Santaella, el presidente actual. Ambos coinciden en que el problema radica en la testarudez del Banco de México (que paga la encuesta), que no ha querido autorizar la desaparición del “índice”, a pesar de que solo sirve para confundir.

¿Evaluar o Creer?

junio 2nd, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (1 Comments)

La primera mitad de la campaña oficial fue desesperadamente aburrida.  Después de millones de spots por radio y televisión, quedamos inmunes y dejamos de registrar lo que decían.  El mejor reflejo eran las encuestas, que a pesar de reportarse cada rato, parecían más estáticas que dinámicas.  Los que revelaban su preferencia no cambiaban de opinión, mientras que los indecisos permanecían sin saber a quién irle.

En eso despertaron los estudiantes y le pusieron sabor.  Por fin las encuestas muestran movimientos y se empieza a sentir cierto nerviosismo en algunos círculos.  El promedio de siete encuestas sitúan a López Obrador a 16 puntos porcentuales de Peña Nieto, cuando hace un mes la distancia era mayor a 20 puntos.  La encuesta de Reforma sitúa la distancia a tan sólo cuatro puntos.  De una forma u otra, los estudiantes han logrado incrementar el sentimiento antiprista, fenómeno que ha favorecido a López Obrador.  Mientras, Vázquez Mota cae por su propio peso.  Ahora el último mes se va poner interesante, ya que la competencia se reduce a dos candidatos y habrá mucho por verse.

El renovado interés se lo debemos claramente a los estudiantes y al uso cada vez más intenso de las redes sociales.  Sin embargo, a mi ver el famoso movimiento de #somos132 tiene una cierta inconsistencia.  Dicen que es un movimiento apartidista, interesado en que los medios de comunicación no distorsionan las campañas políticas.  Por ejemplo, piden que el próximo debate se transmita en cadena nacional para que toda la población en edad de votar pueda valorar las propuestas de los candidatos y así tomar una decisión más informada.  Pero el problema de fondo no es la falta de comunicación de las propuestas; allí están a la vista de todos.  Más bien es la credibilidad.

He votado en todas las elecciones desde 1976 a la fecha.  Nunca había visto antes tanta información disponible sobre las propuestas de los candidatos.  Lo único que hay que hacer es leer.  Por ejemplo, Reforma ha publicado una serie que resume lo que piensan los candidatos sobre 12 temas específicos.  Si uno quiere entrar todavía a más detalle, está el esfuerzo formidable del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) de presentar y evaluar todas las propuestas.  Si algún estudiante dice no estar informado o no saber que propone cada candidato, es que simplemente no ha leído.

De entrada, los candidatos coinciden en la gran mayoría de los temas más relevantes.  Las diferencias son mínimas y escasas.  Todos dicen que quieren combatir a fondo la corrupción, aumentar la competencia, erradicar la violencia, mejorar la seguridad pública, crear empleos, disminuir la pobreza, etc.  Si presentáramos las propuestas sin nombre y apellido, tendríamos mucha dificultad en saber quien dice que.  Si concentramos nuestra atención en Peña Nieto (por ser el punto central de ataque del movimiento), difícilmente encontraremos cuestiones que no nos gusten en su discurso.  Incluso, ha prometido mejorar la democracia, combatir el autoritarismo y no dejar que regrese el viejo PRI.

El problema no es la falta de información o de propuestas equivocadas y por lo mismo, no es un problema de evaluación.  El problema es la credibilidad.  Peña Nieto dice que él representa un nuevo PRI democrático.  ¿Le creemos?  Vázquez Mota nos dice que es diferente (¿a quién?).  ¿Le creemos?  López Obrador nos dice que va crear millones de empleos y hacer que la economía crezca más de 6%.  ¿Le creemos?

Mucha gente dice que no hay a quien irle.  Dudo que si estas personas leyeran bien todo lo que ha dicho cada uno, fueran a decidir su voto.  No se trata de escuchar el debate o evaluar las propuestas.  Se trata de decidir a quién le podemos creer más y eso es mucho más difícil.