Articulos sobre la economía Mexicana
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Salarios

mayo 10th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Salarios)

El consumo de los hogares debería ser el componente más importante del PIB, en el sentido de que su crecimiento continuo significa una mayor prosperidad para la población. Sin menospreciar su distribución, ya que no queremos que sean pocos los que mejoren sino la gran mayoría, debería ser el enfoque principal del crecimiento a largo plazo. Si el gobierno gasta más, debería ser para que la población tenga mejor nivel de vida. Si las empresas invierten más, debería ser para eventualmente mejorar los ingresos de los hogares. Si exportamos más, debería ser para crear más empleo. Al final de cuentas, en forma pareja, queremos que los consumidores tengan mejores ingresos para enfrentar los retos de la vida.

El consumo se explica fundamentalmente mediante los ingresos. Para la mayoría de los hogares, los ingresos provienen de la combinación de empleos y salarios. Primero necesitamos tener empleos y luego procurar que la remuneración de los mismos mejore con el tiempo. En otras palabras, necesitamos más empleos con mejores salarios para incrementar la masa laboral y así fomentar el consumo continuo. Si analizamos la tasa de desempleo de los últimos meses, vemos que se ubica a niveles mínimos de los últimos 15 años. Sin embargo, si examinamos los salarios, encontramos que la gran mayoría de los empleos son de remuneración muy baja. Peor aún, la tendencia es hacia la creación empleos mal remunerados, mientras que cada vez es menor la proporción de empleos de por lo menos 5 salarios mínimos.

El gobierno presume mucho de la generación de empleos formales mediante en número de trabajadores asegurados en el IMSS. No es una cifra del todo confiable, ya muchos de estos empleos ya existían; representan la formalización de ocupaciones informales. No obstante, lleva 7 años consecutivos creciendo entre 3.5 y 4.6 por ciento anual, lo cual no puede ser malo. El problema es que la mayoría de estos empleos son de 3 salarios mínimos o menos. Por ejemplo, cifras de la ENOE señalan que ha aumentado el número de personas con ocupación en 25.8 por ciento en los últimos 10 años. A principios de 2005, 27.7 por ciento de todos los empleos eran mayores de 3 salarios mínimos, mientras que para fines de 2016 la proporción disminuyó a 19.3 por ciento.

Si examinamos las cifras de trabajadores asegurados en el IMSS, encontramos que el empleo se estancó a principios del siglo, en 2001 a 2003, en la recesión que sufrimos en la primera mitad del sexenio de Fox. Sin embargo, a partir de 2004 ha experimentado una tendencia alcista importante, salvo 2009 cuando tuvimos de nuevo una recesión. Sin embargo, cuando comparamos los incrementos reales en los salarios medios reales de cotización, encontramos buenas tasas de crecimiento justo en los años 2001 a 2003, mientras que empiezan a desacelerarse a partir de 2004. Incluso, el crecimiento de los salarios reales entre 2008 y 2014 es muy cercano a cero. En los últimos dos años, cuando el empleo creció 4.3 y 3.8 por ciento en 2015 y 2016, encontramos que los salarios reales crecieron 1.4 y 0.9 por ciento, respectivamente. Estas tasas, aún muy bajas, son las mejores que se han observado desde 2007. Peor aún, estas cifras incorporan la inflación medida mediante el INPC, que subestima la pérdida del poder adquisitivo de la mayoría de la población. La consecuencia es que el consumo de los hogares ha crecido tan solo 2.2 por ciento en promedio anual en lo que va del sexenio, a pesar de la mejoría en el empleo.

Según la ENOE, la población total del país alcanzó 122.7 millones de personas en el último trimestre de 2016, de los cuales el 42.5 por ciento tenían una ocupación. Sin embargo, los asegurados del IMSS (18.6 millones al final de 2016) solo representaban el 35.7 por ciento de la población ocupada. Esto significa que el análisis anterior de las cifras del IMSS es parcial y no dibuja bien la situación de todo el país. Sin embargo, los asegurados por el IMSS representan una parte ciertamente privilegiada de la población ocupada, ya que las cifras del resto muestran remuneraciones todavía más bajas.

¿Qué podemos hacer para mejorar los salarios? La respuesta no puede ser tan trivial como esperar a que mejore la productividad. La búsqueda de un salario mínimo digno puede ser el principio, pero será apenas el primer paso de una muy larga caminata. Para mi queda muy claro, este es uno de los principales retos del país.

El Ingreso de los Hogares

marzo 4th, 2015 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El Ingreso de los Hogares)

El Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) permite calcular el PIB de tres formas diferentes, de las cuales (en teoría) se debe llegar al mismo número. Al final de cuentas, la contabilidad nacional debe cuadrar al igual que cualquier otro sistema de cuentas, por lo que la práctica común es que se realiza el cálculo mediante dos de las tres opciones. Estas son por el Valor Agregado (VA), por el lado de los gastos y por la suma de los ingresos. El INEGI realiza primero el cómputo del VA, que consiste en medir el valor bruto de la producción y el consumo intermedio; el PIB se obtiene restando los dos componentes. Posteriormente, calcula el PIB por el lado del gasto, que es mediante la suma del consumo privado, la inversión, el gasto público y las exportaciones, todo neto de las importaciones. El primer cálculo lo tenemos alrededor de 35 días hábiles después del cierre del trimestre, mientras que el segundo como un mes después.
A nivel trimestral, el INEGI no realiza el cálculo por el lado del ingreso, que sería la suma de los salarios, las rentas, las utilidades y otras fuentes de ingresos. Como nueve meses después del cierre del año, nos entrega todas las cuentas nacionales cuadradas, incluyendo un cálculo del Ingreso Nacional, pero solo en términos anuales. Por lo mismo, carecemos de indicadores mensuales y trimestrales de ingresos, como sería el ingreso personal disponible de los hogares que produce Estados Unidos cada mes. Dentro de la familia de indicadores coyunturales de alta frecuencia, este indicador sería posiblemente el que más hace falta en nuestro país.
Al analizar la conformación del PIB en los últimos dos años, encontramos que el gasto público (y en especial la inversión pública) ha sido significativamente más bajo que lo sugerido por la SHCP. Al tratar de entender los porqués, encontramos que existen diferentes coberturas, metodologías y hasta métodos de registro entre las dos contabilidades. Pero también encontramos que el consumo de los hogares ha sido muy bajo, incluso más allá de lo que pudiéramos esperar a raíz de la reforma fiscal. Para terminar de entender bien este fenómeno, necesitamos indicadores de ingresos familiares, de los cuales carecemos.
Una posibilidad es armar un indicador de la masa salarial mediante las cifras del IMSS. Se multiplica el número de aseguradores por la cotización salarial promedio deflactado por el índice de precios. Sin embargo, encontramos una tendencia constante al alza a raíz de un salario real relativamente fijo y un incremento continuo en el empleo registrado por el IMSS. El problema es que lo último no refleja un incremento real en el empleo del país, sino un esfuerzo de fiscalización por parte del Instituto. Algunos analistas mantienen que más de la mitad de estos “nuevos” empleos son simplemente una formalización de empleos ya existentes. En realidad, el número de asegurados no es un buen indicador del empleo en el país, por lo que el cálculo no tiene utilidad.
Otra opción es construir un indicador del ingreso promedio real mediante los indicadores estratégicos de la Encuesta Nacional de Empleo y Ocupación (ENOE), tal como lo hace el Banco de México. La Encuesta nos da el promedio de horas trabajadas a la semana y el ingreso promedio por hora trabajada. Multiplicamos ambos y lo deflactamos por el INPC para obtener una medida del ingreso promedio real. Podemos multiplicar este indicador por la población ocupada remunerada (PO) para obtener una medida de la masa salarial. Aquí encontramos que la PO no ha aumentado tanto, mientras que el ingreso real muestra una clara tendencia a la baja desde 2008 a la fecha. De esta forma observamos una clara disminución en la masa salarial en 2008 y 2009, una tendencia lateral entre 2010 y 2012, y de nuevo una baja significativa en 2013 y 2014.
Aunque esta medida es claramente superior a cualquiera derivada de los datos del IMSS, no queda tan claro que esté libre de críticas. Por ejemplo, a través del tiempo ha aumentado el porcentaje de respuestas “no contesto” en los ingresos, por lo que pudiera existir un sesgo hacia la baja. Sin embargo, la caída en el ingreso promedio real en 2013 y 2014 sí parece explicar en parte la debilidad del consumo de los hogares en estos dos últimos años.
Ahora falta buscar explicaciones para la caída en los ingresos de los hogares. Sabemos que muchos de los empleos que se han creado en los últimos años han sido de muy baja remuneración. También sabemos que la reforma fiscal tuvo un impacto negativo en 2014. Sin embargo, aun parece que nos faltan piezas para resolver bien este misterio.

Tropiezo

octubre 29th, 2014 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Tropiezo)

En los últimos meses hemos visto muchos indicadores que señalan que la economía ha mejorado, después de un largo periodo (22 meses) de un estancamiento inusual. Las exportaciones no petroleras, en especial las del sector automotriz, han retomado su papel del motor de crecimiento principal de la actividad económica; la inversión privada empieza a crecer, mientras que el consumo privado ha mostrado señales de cierta mejoría. El gran ausente ha sido el gasto público, en especial la inversión pública, que afortunadamente no ha frenado demasiado al resto de la economía. El escenario apunta a que es posible alcanzar un crecimiento anual de 3 por ciento en la segunda mitad del año, que aunado al 1.7 por ciento de la primera mitad, nos daría un incremento alrededor de 2.4 por ciento para el año (el consenso).
Aun así, tenemos que reconocer que no es una tasa muy dinámica que digamos y todavía se ubica muy por debajo de lo que el gobierno nos prometió al inicio del sexenio. En especial, sale a relucir la debilidad del consumo de los hogares, que se ha visto muy afectado por una merma en su poder adquisitivo. Según los registros del IMSS, se perdieron alrededor de 700 mil empleos en la gran recesión de 2008-2009, que se recuperaron (con creces) en los siguientes años. Sin embargo, la mayoría de los empleos perdidos fueron de ingresos de cinco mil pesos o más, mientras que los que se han recuperado han sido mayoritariamente menores a tres mil pesos. Aunado a la disminución en los salarios, hubo una pérdida en el poder adquisitivo para los hogares de menores ingresos al medirlo vía el subíndice de precios de alimentos. También hubo una pérdida en el ingreso personal disponible de los hogares con mayores ingresos como consecuencia de la reforma hacendaria. Si a estos factores le agregamos un nivel de confianza muy baja y cierto sobreendeudamiento de las familias, nos encontramos con una situación precoz en la mayoría de los hogares, que explica el débil desarrollo del consumo. No obstante, la economía presenta signos de mejoría, por lo que se espera que se mantengan las tendencias positivas en la mayoría de los indicadores.
El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) presentó una tasa de crecimiento de 0.33 por ciento en el primer mes del tercer trimestre (julio), que anualizada representa un avance de 4.04 por ciento, mientras que la tasa anual (respecto al mismo mes del año anterior) fue 2.5 por ciento. El buen comienzo del trimestre nos hizo pensar que en los tres trimestres podríamos observar ya un sólido avance. Sin embargo, hace unas semanas recibimos la noticia de que la industria manufacturera retrocedió -0.31 por ciento en agosto respecto a julio, por lo que ya anticipábamos que el mes no sería tan bueno como el anterior. Parte de la disminución se debió a una comparación desfavorable en el número de días laborales, ya que comparamos la tasa anual de 1.39 por ciento con la serie corregida por efectos de calendario, nos encontramos que aumentó 2.56 por ciento. Pero aun así, el desempeño de la manufactura en agosto no parecía ser un tropiezo importante, sino simplemente muestra de cierta varianza dentro de una tendencia positiva. Por lo tanto, la expectativa de agosto en su conjunto era de crecimiento positivo, aunque menor al del mes anterior.
No obstante, el INEGI reportó que el IGAE de agosto también fue negativa (-0.17 por ciento), como consecuencia de una caída (-0.24 por ciento) en las actividades terciarias (que son comercio y servicios). Esto significa que se ve difícil llegar a una tasa superior al 2.0 por ciento anual en el tercer trimestre. Esto obliga a una expansión mayor en el último trimestre de una tasa anual de 4.0 por ciento o más, para llegar a la tasa de 2.4 por ciento en 2014. El resultado parece representar un serio tropiezo para la recuperación anunciada.
Las buenas noticias son que las exportaciones no petroleras de septiembre señalan que las actividades secundarias deberían reportar muy buenas cifras en el último mes del tercer trimestre, ya que alcanzaron una tasa anual de 11.6 por ciento, la más elevada desde octubre de 2010. Confirma la hipótesis de que el tropiezo que registró la manufactura en agosto fue más bien una excepción y no un cambio de tendencia. Si las exportaciones no petroleras muestran crecimiento sostenido de dos dígitos en los siguientes meses, será posible ver una mejoría notable en el desempeño general de la economía.
Por lo pronto, las incógnitas que permanecen giran alrededor de la debilidad en el consumo de los hogares y en la ausencia del gasto público.

El Poder Adquisitivo de los Salarios

agosto 1st, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (Comentarios desactivados en El Poder Adquisitivo de los Salarios)

El profesor norteamericano, Orley Ashenfelter, de la Universidad de Princeton es un reconocido experto sobre temas de Economía Laboral.  Acaba de publicar un artículo (http://www.nber.org/papers/w18006) sobre salario reales y sus comparaciones internacionales.  Para realizar dichas comparaciones utiliza el mismo concepto que ha utilizado la revista The Economist desde hace tiempo atrás para medir la sub o sobrevaluación de las monedas, que son las hamburguesas de McDonald’s conocidas como la Big Mac.

Existen restaurantes McDonald’s en alrededor de 120 países, en los cuales se producen productos similares con los mismos ingredientes, recetas y procedimientos.   Operan con un protocolo estandarizado para los empleados y sus sistemas están diseñados para ser lo más parecido posible en cualquier lugar del mundo.  Su manual de 600 páginas de Operaciones y Entrenamiento cubre todos los aspectos de la preparación, incluyendo el uso de tiempos y fotografías de color.  Esta estandarización mundial es casi única, por lo que su producto se presta para múltiples estudios que involucran comparaciones internacionales.

El más conocido es la comparación de precios del Big Mac dividido entre el tipo de cambio, para así expresarlos todos en dólares de Estados Unidos.  Finalmente, se divide el precio (en dólares) de cada país entre el de Estados Unidos para obtener la diferencia porcentual.  En teoría, si el precio en un país es superior al de Estados Unidos, el porcentaje indica el grado de subvaluación de la moneda, al igual que si es inferior indica el grado de sobrevaluación.  La idea es que sí la moneda del país está correctamente valuado, los precios del Big Mac en ambos países deberían ser iguales.  Aunque algunos han criticado el índice Big Mac del Economist por simplista, muchos estudios (incluso del FMI y el Banco Mundial) han señalado su utilidad.

En general, existen muchos problemas en las comparaciones internacionales, empezando por el hecho de que los tipos de cambio frecuentemente no están alineados adecuadamente.  Muchas veces puede una moneda se puede depreciar significativamente versus otra moneda sin que refleje un cambio similar en el poder adquisitivo de la moneda dentro del país.  Esto ha llevado a muchos estudios sobre cómo se puede realizar comparaciones adecuadas.

Uno de los más famosos fue realizado por la Universidad de Pennsylvania hace varias décadas para poder comparar los PIBs per cápita de distintos países.  En vez de dividir el PIB per cápita entre el tipo de cambio para expresar los indicadores en una misma moneda, el estudio se dedicó a ver los diferenciales de inflación y así ajustar por el poder adquisitivo de cada país.  Este método, llamado paridad de poder adquisitivo (PPA) es ahora utilizado comúnmente por el Banco Mundial para clasificar países por su PIB per cápita.

En principio, se dividen los salarios nominales entre un índice de precios para obtener una buena medida del poder adquisitivo del salario, llamado el salario real.  También, se dividen los salarios nominales entre los precios de los bienes producidos para obtener una buena medida del costo laboral, llamado costo laboral unitario.  Por lo mismo, los salarios reales, la productividad laboral y el poder adquisitivo son conceptos conectados y resultan estar en el centro del análisis económico moderno de los mercados laborales.  Sin embargo, cuando uno quiere realizar estudios internacionales, surgen problemas de comparabilidad, ya que estamos hablando de productos y tecnologías distintos.

En principio, si difieren los salarios reales de un lugar a otro, entonces los precios de los bienes no comerciables también deben diferir.  La razón es que el salario real indica el costo de un factor de producción que es importante en producir un bien no comerciable.  En otras palabras, diferencias en los precios de los insumos resultarán en diferencias en precios de los productos.  La teoría de comercio internacional nos dice que los precios de los bienes comerciables deberían ser iguales en diferentes países ante ciertos supuestos de libre comercio, pero si la productividad difiere en la producción de bienes comerciables, entonces los precios de los bienes no comerciables también tienen que ser distintos.  Por lo mismo, la comparación (bien hecha) de salarios reales y costos laborales unitarios deben ser buenos reflejos de productividad y poder adquisitivo.

Para poder realizar dichas comparaciones, el Profesor Ashenfelter utiliza el mismo principio que existe detrás del índice del Big Mac, que es el que estamos comparando productos y tecnología similares ante estándares rigurosos que deberían reflejar productividades similares.  El estudio toma los salarios de trabajadores que realizan exactamente el mismo trabajo en más de 60 países, es decir, en producir Big Macs (llamado el MacSalario).  Lo primer que encuentra es que los salarios de personas con las mismas capacidades realizando los mismos trabajos, es decir los MacSalarios, difieren de un país a otra hasta diez veces.

Enseguida, Ashenfelter divide el MacSalario entre el precio del Big Mac para obtener una medida de Big Mac por hora trabajado (BMPH), que sería equivalente al costo laboral unitario.  Una de las conclusiones que encuentra es que el MacSalario ajustado por PPA tiende a ser mayor al BMPH, siendo la razón que el Big Mac es relativamente más caro que el conjunto de bienes que se considera apropiado para la indexación de salarios en países menos desarrollados.  Sin embargo, es importante señalar que el BMPH no depende de ajustes por el tipo de cambio, por lo que las distorsiones cambiarias no influyen en su cálculo.

La mayoría de los estudios internacionales que comparan salarios utilizan los datos preparados por el Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos, que consiste en salarios y costos de compensación en la manufactura.  Ashenfelter concluye que aunque los trabajos no son directamente comparables, la utilización de los datos de los MacDonald’s de todo el mundo pudiera proveer comparaciones más homogéneas.

Interesante artículo…