Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
Header

El INEGI informó que la inflación de abril fue 0.12 por ciento, como consecuencia de una tasa de 0.27 por ciento en la segunda quincena del mes. Es la inflación mensual más elevada para un abril desde hace ocho años y apenas la segunda tasa positiva en el mismo tiempo. Las inflaciones de abril son típicamente negativas (al igual que mayo) a raíz de la entrada en vigor del esquema de tarifas eléctricas de temporada cálida (subsidios mayores) en varias ciudades del país. Pues a pesar de una tasa negativa de -0.15 por ciento en la primera quincena, la inflación del mes resultó positiva. Esto empujó la tasa de los últimos doce meses, conocida como la tasa anual, a 5.82 por ciento. Pero si tomamos como referencia las últimas 24 quincenas (el índice quincenal), la tasa anual llegó a 6.01 por ciento. Esta es la primera vez que se ha registrado una inflación superior a 6 por ciento desde la primera quincena de mayo de 2009.

En esta ocasión, los precios que más subieron fueron los de las mercancías y los de “otros” servicios (todos los servicios menos educación y vivienda), aunado a aumentos significativos en los de frutas y verduras. Para la segunda quincena se revirtieron un poco los aumentos a principio del mes en los servicios relacionados a las vacaciones de Semana Santa, pero hubo afectación por aumentos en las tarifas autorizadas por el gobierno en materia de transporte. Pero el mensaje principal es que la escalada de precios que empezó a principios de año con el famoso gasolinazo, sigue en pie. El aumento del precio de la gasolina a principios de año simplemente fue la mecha para la escalada de incrementos que hemos visto en estos últimos meses. También influye el hecho de que el tipo de cambio aumentó significativamente en los últimos dos años y que hubo un traspaso pendiente en muchos precios.

Los precios que más han subido son los que pertenecen a la categoría de “no subyacente” (9.25 por ciento), como los energéticos (15.88 por ciento) y las tarifas autorizadas por el gobierno (6.29 por ciento). En este rubro también empieza afectar los precios de fruta y verduras, que a la segunda quincena llevan una tasa anual de 9.43 por ciento. No obstante, los precios subyacentes han aumentado 4.72 por ciento, como resultado de aumentos en mercancías no alimenticias (5.45 por ciento) y alimentos (6.77 por ciento). Lo que ha ayudado a “contener” este rubro son los precios de la vivienda, pero muchos son precios imputados que realmente no ayudan a la restricción presupuestal de las familias. Empresas independientes al gobierno, como Kantar WorldPanel México, que mide los precios de los hogares directamente mediante un panel de casi 9 mil familias, registra una inflación anual en los precios de consumo masivo de las familias en prácticamente lo doble que reporta el INEGI.

En 2008 la inflación terminó el año con una tasa anual de 6.53 por ciento, la más elevada desde 2000 cuando hubo una inflación de 8.96 por ciento. ¿En cuánto terminará la inflación este año? ¿Será la inflación más elevada desde 2008 o desde 2000? La última encuesta quincenal de instituciones financieras que levanta Citibanamex, señala un consenso (mediana) de 5.6 por ciento. La institución más optimista es Santander (5.20 por ciento), mientras que la más pesimista es Scotiabank (6.12 por ciento). Sin embargo, esta encuesta se realizó dos días antes de conocer la tasa de abril, que fue mucho más elevada que lo que esperaban todos. Es casi un hecho que habrá revisiones al alza en las expectativas de prácticamente todas las instituciones. Es posible que ahora muchas instituciones crucen la barrera de 6 por ciento para fin de año.

Ante una inflación mucho mayor a lo anticipado y señales de que la escalada de precios continua, ¿dónde está el Banco de México? La última señal que mandó fue un aumento de tan solo 25 puntos base en su tasa de política monetaria, al parejo con el aumento de la Reserva Federal en Estados Unidos, por estar satisfecho con la trayectoria de la inflación. Mientras, la mayoría de las familias pierden poder adquisitivo y encuentran cada vez más difícil mantener un estándar mínimo de vida.

Hemos visto una mejoría en el consumo de los hogares en los últimos dos años a raíz de un fortalecimiento (aunque marginal) en el ingreso personal disponible. Pero si continua la inflación, va mermar lo poco bueno que hemos tenido. ¿Qué hacer?

El INEGI dio a conocer el crecimiento económico de febrero, mediante el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) y las cifras del comercio exterior de marzo. Con esta información empezamos a tener una mejor idea de lo que podría ser el crecimiento del primer trimestre de este año, en cara a la noticia de la estimación oportuna del PIB que dará a conocer el INEGI este viernes. No obstante, este trimestre resulta complicado por los efectos de calendario; en febrero hubo un día laboral adicional por el año bisiesto, mientras que en marzo hubo menos días por la Semana Santa. Esto significa que cualquier análisis de las tasas de crecimiento a partir de las series originales (sin corregir por efectos de calendario ni ajustar por estacionalidad) va resultar difícil de interpretar.

Por ejemplo, la tasa anual del IGAE de febrero fue 4.1 por ciento, un brinco significativo respecto a la de enero de 2.2 por ciento. Sin embargo, al corregir la serie por efectos de calendario e incorporar ajustes estacionales, la tasa anual de febrero fue 2.8 por ciento, ligeramente por debajo de la de enero de 2.9 por ciento. Lo que pasa es que al tener 20 días hábiles este año en vez de 19, aumenta el tiempo de trabajo en 5.3 por ciento. Sí aumentó la producción de febrero respecto al año pasado, pero solo porque hubo más días y no por mayor producción diaria.

La Semana Santa (jueves y viernes santos) fue 24 y 25 de marzo este año, mientras que el lunes 21 fue día de asueto por el natalicio de Benito Juárez. El año pasado, jueves y viernes santos fueron 2 y 3 de abril. Si comparamos marzo de este año con el mismo mes del año anterior, algunos establecimientos (por ejemplo, turismo) van a tener mayor crecimiento (por más días vacacionales), mientras que otros (fábricas, oficinas, etc.) tendrán menos. No obstante, en el agregado, estaremos comparando menos días hábiles este año con más del año anterior, por lo que es un hecho de que habrá una tasa anual negativa para el IGAE en marzo y una tasa menor a 2 por ciento para el trimestre. Por todas estas complicaciones se recomienda descartar el análisis del crecimiento mediante las series originales. En Estados Unidos se utiliza una sola serie (corregida y ajustada) para el cálculo de tasas mensuales, trimestrales y anuales.

Entonces, ¿qué podemos esperar para el trimestre haciendo a un lado todo el ruido de los efectos de calendario? Lo que ya sabemos es que enero fue un muy buen mes, con buenas tasas en minería y construcción, que permitieron un avance de 0.7 por ciento en las actividades secundarias (el mejor mes desde 2012), combinado con un desempeño regular de 0.3 por ciento en las terciarias. Al final, el IGAE avanzó 0.6 por ciento respecto al mes anterior. Febrero fue menos favorable en las secundarias, pero mejor en las terciarias, para un avance de 0.2 por ciento.

Los datos de comercio exterior para marzo no fueron buenos ni para las exportaciones (que se debe reflejar en la manufactura), ni para las importaciones (que marca el paso de la demanda agregada, que a su vez determina en parte las actividades terciarias). Por lo mismo, supongamos que el IGAE de marzo tenga un avance entre un intervalo de -0.2 y 0.3 por ciento. El escenario pesimista (-0.2 por ciento) nos da una tasa anual para el mes de 3.0 por ciento, la mejor que podemos observar desde noviembre 2012. Se traduce en un despeño de 0.8 por ciento para el trimestre y 2.9 por ciento a tasa anual. El escenario optimista (0.3 por ciento) significaría una tasa anual para marzo de 3.5 por ciento y 0.9 por ciento para el trimestre, que sería 3.1 por ciento respecto al primer trimestre de 2015.  En otras palabras, ya importa muy poco el desempeño de marzo en sí, ya que cualquier tasa del supuesto intervalo (y suponiendo que no hay revisiones de las tasas de meses anteriores) nos va decir que el primer trimestre de 2016 tuvo el mejor desempeño para la actividad económica desde el último trimestre de 2012.

Tomen nota de la diferencia en el análisis de la actividad económica a partir de series originales versus series corregidas y ajustadas debidamente. El que se va con la finta de usar series originales llegará a la conclusión de que el primer trimestre de 2016 fue el peor desde el segundo de 2014, mientras el que utiliza las series correctas verá que fue el mejor en lo que va el sexenio. Por lo mismo, he argumentado una y otra vez que el INEGI debería basar sus boletines de prensa solo en series corregidas y ajustadas y remitir las series originales al Banco de Información Económica (BIE).

Veremos el viernes.

Este artículo apareció en la Sección de Negocios del Periódico Reforma en mi Columna Pulso Económico, sin embargo, por equivocación editorial apareció con el titulo equivocado “Dilapidando Prestigio”, que no tiene nada que ver con el articulo.
Cada quien tiene sus pequeñas obsesiones y en algunos casos, no tan pequeñas. En mi caso, una es el cálculo, uso e interpretación de las tasas de crecimiento de los indicadores económicos. Existen muchas formas de calcular tasas, mediante distintas variantes de cada serie de tiempo. Cada una tiene implicaciones diferentes y en muchos casos, el análisis conduce a conclusiones contradictorias, opuestas o por lo menos confusas. Pero al final de cuentas, el problema de fondo es que la mayoría de los reporteros, analistas y comentaristas tratan el tema con demasiada ligereza; no le dan la importancia suficiente a la tasa en sí. El resultado, en la mayoría de los casos, es que atribuyen un fenómeno a un factor equivocado.
A través del tiempo, he escrito aquí y en muchos otros lugares sobre el tema. En este espacio, mi columna del 12 de marzo de este año versó sobre el tema de la estacionalidad, mientras que el 13 de abril fue sobre el efecto de Semana Santa. Para el interesado en estos temas, pueden leer estos artículos en mi página (www.jonathanheath,net), o bien, en el acervo histórico del periódico. Ahora, vuelvo a insistir en el tema, pero enfocado exclusivamente en los efectos de calendario. En México, la Semana Santa es la estrella de estos efectos, de la cual muchos ya están muy conscientes. Sin embargo, aun cuando lo mencionan en su escrito, terminan por confundir factores ajenos con lo que realmente sucedió.
Pero estos efectos influyen mucho más allá de la Semana Santa. Basta ejemplificar con tres meses en 2013 cuando comparamos las tasas anuales de las series originales del IGAE con las mismas derivadas de las series corregidas por efectos calendario. En febrero, la tasa anual de la serie original fue 0.4 por ciento, pero ya corregida fue 1.9 por ciento; en junio, la primera fue -0.4 por ciento, mientras que la segunda fue 0.5 por ciento; finalmente, en diciembre la original fue 1.1 por ciento y la corregida 0.4 por ciento. Si no tomamos en cuenta las diferencias de calendario, el análisis de las tasas anuales puede derivarse en conclusiones muy distintas a la realidad.
¿Cuáles son los efectos de calendario? Los factores estacionales son eventos que ocurren con regularidad cada año y que hacen que el crecimiento de un mes no se pueda comparar con otro, por ejemplo, la Navidad o el Buen Fin, el pago del aguinaldo o las vacaciones de verano, o bien, el comienzo (o fin) de la temporada de subsidios en las tarifas eléctricas en ciudades con temperaturas extremas. En otras palabras, son factores regulares que siempre ocurren en las mismas fechas dentro de un año calendario. En cambio, los efectos de calendario son eventos irregulares, es decir, que no se repitan en las mismas fechas, pero que igual pueden causar distorsiones en la lectura de las tasas de crecimiento. La Semana Santa puede ser al comienzo o al final de abril, pero cada de vez en cuando también se celebra en marzo. Los días laborales de un mes a otro pueden cambiar simplemente porque un mes empieza en sábado y otro en lunes. Ciertos días de asueto ocurren en un momento dado en miércoles y en otros años en jueves o viernes, lo que implica un puente que se aprovecha para vacacionar.
Por ejemplo, las ventas que reporta ANTAD pueden variar significativamente de un mes a otro simplemente por el hecho de tener un fin de semana más (o menos). Una empresa que trabaja cinco días a la semana puede tener 20 días hábiles en un mes y 22 en el siguiente. Este simple hecho le da la oportunidad de producir 10 por ciento más. En el extremo, es como si comparamos el crecimiento de algo en un periodo de cinco semanas contra otro de cuatro; siempre habrá crecimiento positivo.
Cuando se calculan los factores estacionales para ajustar una serie por estacionalidad, primero se tiene que “corregir” por efectos de calendario. En Estados Unidos, Canadá y muchos otros países, no utilizan las series originales (sin corregir o sin ajustar), sino reportan una sola serie para cada indicador ya corregido por efectos de calendario y ajustado por estacionalidad. Si se requiere calcular una tasa anual, al igual con las mensuales, se hace a partir de esta única serie. De esta forma se asegura no tener un sesgo que complica el análisis. Incluso, utilizan la misma serie para el cálculo de la tasa promedio de cada año. En cambio, el INEGI en aras de transparencia, reporta tres series distintas para cada indicador: la original, la corregida por efectos de calendario y la ajustada por estacionalidad. Aquí lo único que logra el Instituto es confundir más al público.

El INEGI anunció que la tasa de crecimiento del segundo trimestre respecto al mismo periodo del año anterior fue 1.56 por ciento, algo menor a la tasa de 1.88 por ciento del trimestre anterior. Al poco tiempo, un economista reconocido posteo en Tweeter: “Crecimiento anualizado del PIB en 2014: 1er. trimestre, 1.9%; 2do. trimestre, 1.6%, De mal en peor.” Pero, ¿realmente fue peor?
La primera observación es que la tasa es anual, más no anualizada. Una tasa anual es lo que se crece en un periodo que corresponde a un año calendario natural, es decir, el crecimiento del trimestre respecto al mismo trimestre del año anterior. Esta tasa es equivalente al crecimiento acumulado en los cuatro trimestres respecto a cada trimestre anterior. En cambio, la tasa anualizada es el crecimiento del trimestre respecto al trimestre inmediato anterior, elevada a la cuarta. Esta tasa nos dice cuanto sería el crecimiento del año si es que creciéramos igual en los cuatro trimestres del año. La diferencia principal es que la primera nos dice cuánto se creció en los últimos cuatro trimestres, mientras que la segunda se concentra en el crecimiento exclusivo del trimestre.
La segunda observación es que no nos fue peor, sino realmente mejor. El problema es que no se puede saber mediante la tasa anual, ya que no se refiere al trimestre en sí, sino justamente al acumulado de cuatro trimestres. Al comparar la tasa anual de 1.56 por ciento con la de 1.88 por ciento del trimestre anterior, encontramos varios inconvenientes para su análisis. El primero es que no se sabe si estamos comparando periodos iguales. Si comparamos un periodo de más días contra otra de menos, casi siempre veremos una tasa positiva. Sin embargo, no sabemos cuánto de esa tasa se debió al hecho de que hubo más días o porque hubo un incremento en la actividad económica promedio diario.
El mejor ejemplo es la Semana Santa, que aunque por lo regular es en abril, de vez en cuando es en marzo. Cuando cambia de un año a otro se crea una distorsión importante, a tal grado que no sabemos qué nos dice la tasa de crecimiento. En este caso, si corregimos la serie de PIB solamente por las diferencias de calendario para así asegurar que estemos comparando periodos similares, resulta que en vez de ver que la tasa del segundo trimestre (1.56 por ciento) es ligeramente menor al del primero (1.88), vemos que la tasa corregida del segundo aumenta a 2.74 por ciento y es visiblemente mayor a la corregida del primero de 0.71 por ciento. En otras palabras, simplemente el número distinto de días laborales de un periodo a otro, hacen que la conclusión del análisis sea totalmente diferente; en vez de decir “de mal en peor”, tendríamos que decir mejoró.
Aquí cabe una aclaración. El fenómeno de la Semana Santa ha provocado que muchos analistas estén conscientes del sesgo que puede provocar en la tasa anual cuando éste cambia de mes de un año a otro. Sin embargo, no es el único efecto de calendario que puede invocar un sesgo. Por ejemplo, las tasas anuales del IGAE de mayo y junio fueron 1.69 y 2.73 por ciento, respectivamente, pero al corregir solamente por efectos de calendario, ambas tasas cambian a 2.17 y 2.52 por ciento, respectivamente.
La segunda inconveniente de la tasa anual es que al hablar de cuatro trimestres, no queda claro cuál exactamente fue el comportamiento del segundo trimestre. La tasa anual del primer trimestre corresponde al crecimiento acumulado del segundo trimestre del año pasado al primer del este año, mientras que la tasa anual del segundo trimestre abarca del tercer trimestre de 2013 al segundo de 2014. En otras palabras, cada vez que avanzamos un trimestre, agregamos el crecimiento del trimestre más reciente (en este caso el segundo de 2014) y restamos el del trimestre más lejano (el segundo de 2013). Matemáticamente, la tasa anual aumentará (disminuirá) si la tasa del trimestre que agregamos es mayor (o menor) a la que quitamos. Si hacemos memoria del año pasado, recordaremos que el segundo trimestre de 2013 fue muy negativa, es decir, tuvo el peor desempeño para un trimestre de los últimos 16 trimestres. Por más malo o bueno que fue el segundo trimestre de este año, era un hecho de que la tasa anual iba aumentar sustancialmente en este trimestre. Por lo mismo, el hecho de que la tasa anual, ya corregida por los efectos de calendario, haya aumentado de 0.71 a 2.74 por ciento, no nos dice nada en sí del comportamiento del segundo trimestre de 2014.
Primera conclusión: la tasa anual de 1.54 por ciento del segundo trimestre de 2014 no nos dice absolutamente nada al respecto del comportamiento del trimestre en sí. Simplemente no podemos decir que si nos fue mejor o peor. Es una tasa que engaña y puede derivar en un análisis falsa.
Entonces, ¿cómo podemos saber si el trimestre en si fue mejor o peor? Tenemos que concentrarnos en la tasa marginal, es decir, del trimestre respecto al trimestre inmediato anterior. Sin embargo, se tiene que tener cuidado con la estacionalidad. En el caso del PIB, existe un patrón muy claro en que el primer y tercer trimestre siempre crecen menos (y muchas veces hasta con tasas negativas), mientras que el segundo y cuarto trimestre son las más expansivas. Si no se toma este patrón en consideración, podríamos estar innecesariamente buscando explicaciones para describir los trimestres más flojos y posiblemente llegando a conclusiones falsas. En el caso del segundo trimestre, casi siempre muestra mucho mejor crecimiento respecto al primero, por lo que se tiene que realizar un ajuste por estacionalidad antes de juzgar al trimestre en sí.
Por lo mismo, el INEGI siempre toma la serie original del PIB para primero, corregir por los efectos de calendario y después, ajustar por la estacionalidad. La serie que queda se llama la ajustada y es la que se debe utilizar para calcular la tasa de crecimiento respecto al periodo inmediato anterior. En este caso, el INEGI reporta que el crecimiento del segundo trimestre fue 1.04 por ciento, tasa superior a la de 0.44 por ciento del trimestre anterior. Aquí podemos ver que la tasa de este trimestre fue la más elevada de los últimos ocho trimestres, con la única excepción de la de 1.07 por ciento del tercer trimestre de 2013.
¿Qué tan buena tasa resulta 1.04 por ciento? Para responder a esta pregunta en Estados Unidos, se tiene la costumbre de anualizar la tasa, es decir, elevarla a la cuarta y así ver cuánto resultaría el crecimiento en el año si creciéramos todos los trimestres a la misma tasa. En este caso, la tasa marginal ajustada y anualizada resulta ser 4.2 por ciento. Segunda conclusión: el crecimiento del segundo trimestre fue visiblemente mejor que el del primer trimestre (cuya tasa marginal ajustada y anualizada fue 1.8 por ciento, por lo cual existen claras señas de mejoría en la actividad económica
Pero, ¿la mejoría es suficiente como para alcanzar la expectativa de la SHCP de 2.7 por ciento en el año? Si crecemos a una tasa similar al segundo trimestre (alrededor de 4.0 por ciento ajustada y anualizada) en los siguientes dos trimestres, alcanzaríamos una tasa de 2.5 por ciento para el año. Esto significa que necesitamos experimentar un desempeño todavía mejor en la segunda mitad del año, con tasas marginales ajustadas y anualizadas más cerca de 5 por ciento. ¿Es posible?
En principio, sí. Las exportaciones van a buen paso en respuesta a la mejoría en Estados Unidos. Prácticamente todos los analistas concuerdan con la apreciación del FMI, que Estados Unidos crecerá por arriba de su potencia en la segunda mitad del año. Pero, ¿qué más necesitamos? La inversión privada ha estado estancada desde el principio del sexenio, en buena parte en espera de mejores perspectivas y respuestas en torno a las reformas estructurales. Ahora que se aprobaron todas las reformas y leyes secundarias, es muy probable que veamos un incremento en la inversión privada.
Por otro lado, el gobierno federal ha reportado aumentos significativos en el gasto público en general y en la inversión pública en lo particular desde principio de año, pero sin que se vaya visto una repercusión en la actividad económica. Al parecer, los recursos ha fueron trasferido a los fondos apropiados y a los estados y municipios y ahora falta que se termine la etapa de licitaciones y que pasemos a la de ejecuciones. En principio, todo está en su lugar para para que la inversión pública empieza a surtir efecto a nivel de las cuentas nacionales y así contribuir más al crecimiento del PIB. Ligado a la inversión en general está el sector más afectado por el estancamiento, que fue el de la construcción. Sin embargo, ya hay evidencia de que tocó fondo hace unos meses y que empieza una nueva tendencia al alza, aunque moderada.
La incógnita que queda gira alrededor del consumo de los hogares, todavía un elemento que no ha logrado mostrar una mejoría significativa. Sabemos que sufre los efectos nocivos de la reforma fiscal y de una merma acumulada en los ingresos. Lo más seguro es que sea el factor que explique o no una posible mejoría en la segunda mitad del año. Si los demás factores crecen más y logran jalar al consumo, será posible ver el crecimiento del año más cerca al techo del rango que presentó el Banco de México para el crecimiento (de 2.0 a 2.8 por ciento). De lo contrario, nos ubicaremos más cerca al rango inferior.

En estos días hemos esto muy atentos a los indicadores económicos, en espera de noticias buenas. Sin embargo, no llegan. El efecto de corto plazo de las reformas (en especial la hacendaria) ha sido simplemente devastador. La actividad económica no solamente no levanta, sino parece estancarse más y más. Y dentro de este embrollo, se presenta el fenómeno de la Semana Santa, que complica aún más el análisis.

El efecto de la Semana Santa sobre la actividad económica puede ser significativo. No obstante, hay que tener cuidado ya que no deriva de un patrón estacional. Sin lugar a duda, la Navidad es estacional ya que se presenta en la misma fecha todos los años, acompañado de un incremento en los ingresos de los hogares (por los aguinaldos) y un deseo (más comercial que religioso) de regalar cosas. Hay un aumento singular en las ventas y en el consumo de los hogares, inigualable a cualquier otra fecha en el año. Por lo tanto, podemos comparar la actividad económica de diciembre con la del mismo mes del año anterior (tasa anual) para evitar mucha de la distorsión estacional.

En cambio, la Semana Santa no tiene una fecha fija, ya que su celebración depende del ciclo lunar (y posiblemente otras cosas). En el caso específico de la Semana Santa, el cambio de fecha es singular, ya que a veces se celebra en marzo y a veces en abril. En algunas ocasiones se empalma con la celebración del natalicio de Benito Juárez, por lo que los días de asueto se extienden todavía más. El problema fundamental es que al analizar la actividad económica, muchas veces estamos comparando meses con más días de trabajo con periodos similares pero con menos días (o viceversa). Esto resulta en una tasa de crecimiento inusualmente elevado que no refleja mayor actividad per se. Hace muchos años, este efecto no era tan conocido, lo que provocaba errores analíticos al observar la coyuntura. Sin embargo, poco a poco se ha aprendido a considerarlo como una variable importante.

En este año la Semana Santa fue en abril, mientras que en 2013 fue en marzo. Esto significa un sesgo al alza en las tasas de crecimiento de marzo y uno a la baja en las de abril. Dado que el primer trimestre termina en marzo y el segundo empieza en abril, el efecto de Semana Santa este año será similar para las tasas de estos dos primeros trimestres. Aunque casi no tenemos cifras de marzo, ya estamos atentos a que las tasas anuales van a sugerir una recuperación mayor para el mes (y para el primer trimestre). Por ejemplo, el Banco de México reportó un aumento de 16.9 por ciento en la base monetaria la semana pasada respecto al mismo periodo del año anterior y la explicación es que hubo una demanda excepcional de billetes por el periodo vacacional, que no hubo a mediados de abril en 2013.

Algo similar ocurrió con el empleo registrado en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en marzo. Sin embargo, aquí podemos ver claramente que algunos todavía no entienden bien el fenómeno. El IMSS reportó un aumento de 108.9 mil puestos de trabajo en marzo, que contrasta con los 54 mil creados en el mismo mes del año anterior. Correctamente, el IMSS dice que aunque hubo un incremento de 101.4 por ciento en la generación de empleos en el mes respecto a 2013, se debe considerar con reserva debido al efecto de la Semana Santa. Sin embargo, dónde falla el análisis es en la comparación que hace a manera de ejemplificar este efecto, ya que dice que la creación de empleo de ahora se reporta de 23 mil puestos por encima de la variación promedio reportada durante los meses de marzo sin Semana Santa de los 16 últimos años. El problema es que el efecto de Semana Santa no se da simplemente porque marzo no tiene Semana Santa, sino que sí lo tuvo el año anterior. En otras palabras, si la Semana Santa cae en abril por dos años consecutivos, no hay efecto en marzo.

Por ejemplo, la Semana Santa fue en abril por los cuatro años consecutivos anteriores a 2013. Esto significa que no hubo efecto en marzo en 2010, 2011 y 2012. Lo mismo pasó en 1999, 2000, 2001, 2004 y 2007. Si consideramos que la Semana será en abril en 2015, desde ahora lo podemos descartar. Aunque mucho menos ocurrente, pero también puede pasar lo contrario, de que hubiera dos años consecutivos de Semana Santa en marzo (como ocurrió en 1996 y 1997).  Si vemos las fechas de la Semana en los últimos 21 años, encontramos que hubo efecto nueve veces, mientras que no lo hubo en doce ocasiones.

En otras palabras, en los últimos 16 años no hubo Semana Santa en marzo en 13 ocasiones, pero el efecto se dio sólo en cuatro.

La actividad económica de Estados Unidos se estancó en el último trimestre de 2012.  La tasa de 0.1% de crecimiento se explica principalmente por una variación negativa en los inventarios y una reducción significativa en el gasto público en el rubro de defensa.  Sin embargo, los componentes más importantes del PIB, el consumo de los hogares y la inversión fija bruta, registraron avances prometedores, por lo que el desempeño del trimestre en si se vio como una excepción y no una nueva tendencia.

Los indicadores disponibles para el primer trimestre del mismo país sugieren una recuperación rápida.  Por ejemplo, el ISM de febrero registró un nivel de 54.2, el más elevado de los últimos 19 meses.  El componente de nuevos ordenes llegó a 57.8, un nivel compatible con una tasa de expansión manufacturera más elevada.  Otros indicadores de empleo, vivienda y confianza apuntan a un desempeño favorable, aunque todavía por debajo del crecimiento normal que se observa en Estados Unidos en sus periodos de expansión.  No obstante, el comportamiento de la economía estadounidense es favorable para México, que depende mucho de la demanda del vecino para nuestras exportaciones no petroleras.

La economía mexicana también mostró señas de cierta desaceleración en la segunda mitad de 2012.  Las exportaciones no petroleras crecieron menos, mientras que la construcción y la inversión pública reflejaron un comportamiento típico de fin de sexenio.  Aun así, diciembre sorprendió cuando el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) se desplomó 0.99% respecto al mes anterior, que anualizada significa una disminución de 11.3%.  Así, el IGAE de fin de año registraba un nivel apenas de 0.07% por encima del observado en julio.

Parte de la explicación del desempeño negativo de diciembre fue el impulso que se dio al “buen fin” en noviembre, que adelantó ventas y producción.  Dado que es un fenómeno nuevo, los modelos que calculan la estacionalidad no pudieron captar este comportamiento, que en un futuro (de prevalecer el “buen fin”) deberá volverse típico.  También es posible que haya influido el cambio sexenal, que limitó severamente el gasto público y las actividades relacionadas.

En principio, el nuevo sexenio parece arrancar bien.  El gobierno logró la aprobación de las primeras reformas y está cerca de presentar algunas adicionales.  Ha mostrado firmeza e inspirado confianza, por lo que es de esperar que la actividad económica vuelva a tomar su camino después de cierta interrupción atribuible al cambio sexenal.

Sin embargo, los primeros datos de enero sugieren todavía un paso lento.  Las exportaciones no petroleras, que representan nuestro principal motor de crecimiento, cayeron 7.8% respecto al mes anterior y la tasa de desempleo urbano marcó un repunte atípico, lo cual no aboga bien para el arranque del trimestre.  Pero las importaciones sugieren que marcha todavía bien la demanda interna, por lo que habrá que esperar para ver si la falta de dinamismo en las exportaciones en enero fue la excepción o el principio de una nueva tendencia.  Si las exportaciones no repuntan pronto, podemos esperar más adelante una desaceleración en la demanda interna.

Independientemente del desempeño en sí de la actividad económica, vuelve a aparecer el fenómeno de la Semana Santa.  En esta ocasión la Semana será en marzo después de cuatro años consecutivos que se ubicó en abril.  Esto significa que estaremos comparando el primer trimestre de este año con menos días laborales con el año pasado que tuvo más días.  Por lo mismo, la tasa anual del primer trimestre será muy baja y se verá compensada con una más elevada en el segundo trimestre.  Esto significa que la tasa de crecimiento anual de este trimestre será la más baja de los últimos tres años, con una alta probabilidad de que sea significativamente menor a 3%.