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El Ciclo Economico

El INEGI acaba de divulgar los datos pertenecientes al Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) para enero, que señala que el Índice Compuesto de Indicadores Coincidentes subió y liga su tercer mes consecutivo por arriba de su tendencia de largo plazo, mientras que el Índice Adelantado disminuyó y lleva 29 meses por debajo de su tendencia de largo plazo. En otras palabras, el adelantado, que se supone anticipa la dirección del ciclo económico (el coincidente), lleva más de dos años diciendo que vamos a entrar en una recesión, lo cual no ha pasado. Mediante un examen rápido a la gráfica del boletín de prensa que compara las trayectorias de ambos, nunca hemos visto que el adelantado haya fallado tanto. Pero, ¿qué significa todo esto?

El SIC es un enfoque del “ciclo de crecimiento”, que identifica las desviaciones de la economía respecto a su tendencia de largo plazo, mediante una metodología desarrollada por la OCDE. Se limita a decirnos si la brecha de la economía respecto a su tendencia de largo plazo es negativa o positiva y si se está ampliando o reduciendo. Pero dado que no especifica si la tendencia ha aumentado o disminuido, realmente no nos dice mucho respecto al ciclo económico en sí. Incluso, es diferente a lo que el INEGI llama el Sistema de Indicadores Compuestos Coincidente y Adelantado (SICCA), que utiliza la metodología clásica desarrollada por el NBER de Estados Unidos y que mapea fielmente el ciclo económico. El INEGI calcula y publica los resultados del SICCA desde 2000. Sin embargo, a partir de 2010 decidió desarrollar el SIC y favorecer su divulgación sobre el SICCA. Al principio, falló en explicar que eran dos enfoques diferentes e incluso le puso la etiqueta de “recesión” al periodo en que la brecha era negativa y se iba reduciendo. Sin embargo, hace unos años tuvo que admitir su error y evitar de utilizar las mismas etiquetas que pertenecen al SICCA. A partir de ese momento, el boletín de prensa del SIC es la más extensa (22 páginas), ya que (entre otras cosas) explica la diferencia entre los dos enfoques.

El SICCA, conocido como el ciclo económico clásico es más intuitivo y útil para entender y comparar nuestro ciclo con el de Estados Unidos. Define fechas exactas de recesiones, recuperaciones y expansiones, totalmente compatible con la tarea que realiza el Comité de Fechas de Ciclos Económicos del NBER de Estados Unidos (ver www.nber.org/cycles). Nos señala que desde 1980 a la fecha hemos tenido seis recesiones, siendo la última de enero 2008 a mayo 2009, con una duración de 17 meses. A partir de mayo de ese año inició el periodo actual de expansión, que lleva 93 meses hasta enero de 2017. Por ende, es el periodo de expansión más larga de toda la historia del indicador. El de mayor extensión anterior fue de noviembre de 1986 a octubre de 1992, de 72 meses.

La expansión actual tuvo un periodo de estancamiento en 2013, que casi se convierte en recesión. No obstante, no hubo un periodo definido y de suficiente duración para clasificar como recesión tal cual. Por lo mismo, este sexenio se apunta (hasta ahora) en ser el primero en no sufrir una recesión (desde que existen los datos a partir de enero de 1980). Este dato no parece encajar con la percepción de los consumidores cuyo nivel actual de pesimismo es más bajo que el que prevalecía en cualquier periodo de recesión. Parte de la explicación radica en el hecho de que el ritmo de expansión actual es el más bajo comparado con cualquier otro periodo. El más lento anterior fue el periodo de 54 meses entre agosto 2003 y enero 2008. Es decir, hemos padecido los dos periodos de expansión más lentas en nuestra historia en los últimos años, interrumpido solamente por una recesión de 17 meses, que resultó ser la segunda más profunda de todos. Esto significa que el ritmo de expansión que hemos tenido en los últimos 162 meses (casi 13 años y medio), desde agosto 2003 a la fecha, es equivalente apenas a 1.7 por ciento anual. Peor aún, si consideramos el periodo de octubre de 2000 a la fecha (196 meses, 16 años y 3 meses), el ritmo disminuye a tan solo 0.7 por ciento anual. Verdaderamente mediocre.

¿Qué entonces explica la mejoría en los últimos meses? Básicamente es el desempeño de la tasa de desocupación urbana, que se ubica actualmente casi un punto porcentual por debajo de su tendencia de largo plazo (su relación con el Indicador Coincidente es inversa).

Los Indicadores Ciclicos

El INEGI empezó a divulgar indicadores cíclicos en el año 2000, cuando introdujo el Sistema de Indicadores Compuestos: Coincidente y Adelantado (SICCA). Se basó en la metodología que hoy se conoce como la escuela clásica, desarrollada originalmente por Wesley Mitchell y Arthur Burns y después seguido por Geoffrey Moore. Como la mayor parte de sus investigaciones fueron llevados a cabo en el seno del Buró Nacional de Investigación Económica (NBER) en Estados Unidos, también se conoce como la metodología del NBER. En su página de internet (www.nber.org/cycles) se puede consultar las fechas de las recesiones de su país a partir de diciembre de 1854 a la fecha. En México, el INEGI presenta información similar, pero solo a partir de enero de 1980.

El SICCA consiste en un índice compuesto de varios indicadores coincidentes para marcar el ciclo económico y otro compuesto de indicadores adelantados para anticipar los puntos de giro, que marcan las fechas cuando empieza y termina una recesión. Ambos indicadores son útiles, no solo para señalar periodos de recesión, recuperación y expansión en nuestro país, sino también para realizar comparaciones con Estados Unidos, que en muchas instancias determina nuestro ciclo. Sin embargo, hacia fines de 2010, el INEGI decide cambiar de metodología, para adoptar la escuela de crecimiento desarrollada principalmente por la OCDE en Europa. Nombrada Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC), consiste igualmente en dos indicadores compuestos, coincidente y adelantado, pero que visualiza los ciclos de forma diferente. Mientras que el SICCA utiliza las definiciones clásicas de recesión y expansión, el SIC concibe un patrón de ciclos aun en periodos de crecimiento. Una recesión clásica se define a partir de un periodo extendido (de por lo menos seis meses) de contracción en la actividad económica, pero la escuela de crecimiento define periodos “recesivos” (de crecimiento decreciente por debajo de la tendencia de largo plazo) aun en el caso de una economía con crecimiento positivo. Por ejemplo, China está en una “recesión de crecimiento” al crecer tan solo 7 por ciento, por debajo de su tendencia de largo plazo.

El INEGI cometió varios errores al sustituir el SICCA por el SIC. Primero, no explicó bien al público que se trataba de dos escuelas diferentes, con metodologías distintas, que podrían llegar a conclusiones contradictorias. Segundo, decidió utilizar las mismas etiquetas de recesión, recuperación y expansión para definir etapas que no son las recesiones, recuperaciones y expansiones clásicas. En su momento, advertimos que esto podría llevar a confusiones tremendas en el momento en que la economía estuviera cerca de una recesión. Podría darse el caso, por ejemplo, que el SIC anunciara que estamos en recesión y el SICCA que no. El tercer error fue que el INEGI utilizó indicadores compuestos distintos para el SICCA y el SIC, por lo que todavía era más difícil su comprensión.

En 2013 pasó justamente lo que se había advertido. La actividad económica entró en una etapa de estancamiento, que no llegó a clasificarse como recesión según la escuela clásica, pero sí bajo el esquema del SIC. En su momento hubo grandes confusiones y debates innecesarios, provocados por el mal uso de la etiqueta “recesión”. Primero tuvo que salir la SHCP a desmentir los datos del INEGI y después el propio INEGI tuvo que expandir su boletín de prensa como por diez páginas más para tratar de aclarar los dos enfoques. Finalmente, pasó lo que tuvo que pasar: el INEGI anunció que va a cambiar los nombres de las fases que describen las fluctuaciones del ciclo en torno a su tendencia a largo plazo.

De ahora en adelante, el INEGI no llamara “recesión” a la serie coincidente cuando éste se sitúa por debajo de la tendencia y decreciendo, sino simplemente dirá que “está debajo de la tendencia y decreciendo”, aunque conservará el color rojo para ilustrar su ubicación en el “reloj de los ciclos” en su portal. De la misma forma, dejará de utilizar las palabras “recuperación” y “expansión”. En su lugar, simplemente dirá que está por arriba o por debajo de la tendencia y si está creciendo o decreciendo.

El INEGI aprovechó la ocasión para actualiza los indicadores que utiliza para construir los índices compuestos del SIC. Por ejemplo, para el coincidente sustituye el indicador agregado mensual por el IGAE y en el adelantado utilizará ahora el tipo de cambio bilateral en vez del multilateral. Ahora lo único que hace falta es usar estos mismos indicadores para actualizar el SICCA y así asegurar compatibilidad con el SIC.

Todavia no Queda Claro

Después de casi dos años de estancamiento, parecía que la actividad económica estaba mostrando una mejoría. El Sistema de Indicadores Cíclicos del INEGI, que genera un índice compuesto de seis indicadores coincidentes, señala que para mayo ya prácticamente todos muestran una tendencia positiva. Los resultados de comercio exterior apuntan hacia una mejoría en las exportaciones no petroleras, resultado de una mayor demanda de Estados Unidos. Como consecuencia, la industria manufacturera mostró crecimientos en cada uno de los primeros cinco meses del año.
Lo único que parecía faltar era que empezara a crecer la inversión privada, a pintar la inversión pública y a mejorar el consumo de los hogares. Sin embargo, la aprobación final de las leyes secundarias abriría la puerta a la inversión privada, mientras que el gobierno federal ya repartió los fondos para las obras públicas. La última pieza en la ecuación, el consumo de los hogares, debería responder poco a poco en la segunda mitad del año y así podríamos alcanzar un crecimiento entre 2 y 3 por ciento; los optimistas piensan que más cerca del 3, mientras que los pesimistas alrededor del 2 por ciento.
Sin embargo, los últimos indicadores que se han dado a conocer no son muy halagadores. En los últimos días el INEGI dio a conocer el consumo privado de mayo y la actividad industrial de junio, mientras que la ANTAD divulgó las ventas de julio. El primer indicador disminuyó respecto al mes anterior y sigue mostrando debilidad. El segundo también cae en el mes y sugiere que el crecimiento del PIB del segundo trimestre será menor a lo estimado. El tercero señala que el consumo de los hogares no muestra señales de mejoría en el primer mes del tercer trimestre. Anteriormente, conocimos los indicadores de difusión de junio con resultados decepcionantes; el Indicador de Confianza del Consumidor interrumpió su tendencia alcista, mientras que el Indicador IMEF No Manufacturero sigue perdiendo terreno. El gobierno no ha logrado inspirar mayor confianza en los hogares ni en los empresarios. A este paso, ya tenemos que preguntarnos si la recuperación empezará en el tercer trimestre o si tendremos que esperar más hacia fin de año.
El consenso para el crecimiento anual del segundo trimestre se ubica alrededor de 1.8 por ciento. Sin embargo, si examinamos el IGAE de abril y mayo, encontramos que la actividad económica de junio tendría que haber crecido 3 por ciento o más para alcanzar esta cifra. Dado que ya sabemos que las actividades secundarias disminuyeron en junio, es muy difícil pensar que las terciarias podrían haber aumentado lo suficiente para compensar la falta de dinamismo manufacturera. Por lo mismo, debemos esperar una tasa todavía menor para el segundo trimestre cuando el INEGI anuncia los datos del PIB la semana entrante. Dependiendo de qué tan mal viene, es factible esperar aún otra ronda de revisiones a la baja en las proyecciones del PIB para 2014.
No todas las cifras fueron malas noticias. La construcción de junio avanzó 1.2 por ciento en junio y ligó así cinco meses consecutivos con crecimiento positivo. Este impulso ayudó a que la tasa anual llegara a 2.2 por ciento (y hasta 2.6 por ciento si corregimos por efectos de calendario), que es la primera tasa anual positivo para la construcción en los últimos 19 meses. Mejor aún, el segmento que mejor desempeño mostró fue la de obras civiles de infraestructura, ligada a la inversión pública, que mayor rezago mostraba. La serie de tendencia-ciclo de este indicador sugiere que por fin tocó fondo y empieza a revertirse.
La cifra negativa de la producción manufacturera de junio no representa un cambio de tendencia. Lo más seguro es que repuntará en julio y seguirá funcionando como nuestro [único] motor de crecimiento. Todavía deberíamos esperar la mejoría en la inversión privada, especialmente ahora que ya tenemos leyes secundarias para todas las reformas. No obstante, la gran incógnita sigue siendo el consumo de los hogares. La mayoría de los nuevos empleos han sido de menor remuneración y los precios de los alimentos siguen al alza. Los efectos nocivos de la reforma fiscal siguen dando de qué hablar, mientras que no se repone la confianza.
Hemos visto una mejoría en el entorno externo, indispensable para mover la manufactura. El gobierno ha aumentado su gasto, que eventualmente deberá sentirse en más obras públicas. Los legisladores finalmente aprobaron las leyes, que debería estimular la inversión. ¿Pero qué se ha hecho para apuntalar la situación de los hogares? Pues realmente muy poco, si es que algo.

Nueva Fase

Hace unos días, el INEGI dio a conocer los resultados de su Sistema de Indicadores Cíclicos (SIC) para abril. La buena noticia es que el Indicador Coincidente entró a la fase de “recuperación”, después de haber permanecido en la de “recesión” por 22 meses. Esto significa que el componente cíclico del indicador empezó a crecer por primera vez en 23 meses, aunque todavía se ubica por debajo de su tendencia de largo plazo. Si añadimos la información proporcionada por el Indicador Adelantado, que está creciendo y se ubica por arriba de su tendencia de largo plazo, muy pronto deberíamos encontrarnos ya en una nueva fase de “expansión”.

El Indicador Coincidente es un índice compuesto de seis indicadores que “coinciden” con el ciclo económico, por lo que ayuda a determinar si la economía se ubica por encima o por debajo de su tendencia de largo plazo y a la vez, si la brecha se está ampliando o reduciendo. Resulta importante recalcar que esta metodología de la OCDE, conocida como “ciclo de crecimiento” y adoptada por el INEGI, no utiliza el término “recesión” en su sentido original o clásico  Si se ubica por debajo de su tendencia y la brecha se está ampliando, este enfoque dice que la economía se encuentra en fase de recesión, aun si la actividad económica crece. En cambio, la definición clásica de recesión implica que la actividad económica está disminuyendo en forma generalizada y sostenida. Así es cómo debemos interpretar estas fases del SIC, es decir, estábamos en una brecha negativa respecto a la tendencia de largo plazo, más no en una recesión “clásica”.

Independientemente de la controversia que se suscitó a raíz de las grandes confusiones que generó el INEGI al introducir el SIC, debemos tomar la nueva trayectoria del indicador como señal positiva del rumbo de la economía. De entrada, tres de los seis componentes del indicador cíclico se ubican en “recuperación”, mientras que los otros tres están ya en “expansión”. Esto significa que mientras todos señalan una mejoría, el comportamiento de la actividad industrial, los asegurados permanentes del IMSS y la desocupación urbana se ubican incluso por encima de su tendencia de largo plazo.

Pero posiblemente la mejor noticia de todas en torno al SIC, es el hecho de que los seis componentes y el total aumentaron todos en abril, algo que no se había visto desde febrero de 2012 y que sólo ha ocurrido tres veces desde abril de 2004. Incluso, si examinamos los últimos (casi) 33 años después del boom petrolero (un total de 391 meses), encontramos que esto solo ha ocurrido en 41 ocasiones, es decir, cerca del 10 por ciento del tiempo. En otras palabras, parece ser que la tan anhelada mejoría económica, que tanto han prometido los funcionarios públicos, empieza a asomarse.

Hasta allí se acaban las buenas noticias; ahora vamos a poner todo esto en contexto. En los 22 meses que duró la tendencia negativa del Indicador Coincidente, los primeros 14 fueron de “desaceleración” (es decir, disminuyendo pero todavía por encima de la tendencia de largo plazo) y los últimos 8 fueron de “recesión”. Sin embargo, el pico registrado en abril de 2012 fue significativamente inferior a cualquier otro registrado desde que existen los datos del SIC, mientras que la “expansión” que tuvimos después de la gran recesión de 2008-2009 fue de las más breves. Si bien es cierto que la “recesión” fue muy ligera (poca profundidad y duración), también es de esperar que nuestra nueva fase de recuperación y posterior expansión serán muy lentas. En otras palabras, iniciamos una nueva etapa de crecimiento pero todavía no promete ser muy vigorosa.

Por último cabe señalar que el SIC mapea la economía en relación a su tendencia de largo plazo y los datos señalan que hemos estado muy cerca de esta tendencia en los últimos cuatro años. Lo que no revela el SIC es la tasa de crecimiento tal cual de la tendencia, ya que la iguala a 100 a través del tiempo. Sin embargo, podemos intuir que después de décadas de casi no crecer, la tasa debe ser muy baja. En otras palabras, si en los siguientes meses logramos crecer ya por arriba de 100, no podemos presumir de mucho, ya que de todos modos estaremos al borde de la mediocridad.

Si buscamos pasar del SIC a lo que pudiera implicar para el crecimiento del PIB, podemos intuir que la tendencia de largo plazo no puede ser muy superior al 2 por ciento. Posiblemente este año alcancemos crecer ligeramente más que el doble que el año pasado, es decir un poco más de ese 2 por ciento y todavía lejos de lo que necesitamos.