Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
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El INEGI informó que la inflación de abril fue 0.12 por ciento, como consecuencia de una tasa de 0.27 por ciento en la segunda quincena del mes. Es la inflación mensual más elevada para un abril desde hace ocho años y apenas la segunda tasa positiva en el mismo tiempo. Las inflaciones de abril son típicamente negativas (al igual que mayo) a raíz de la entrada en vigor del esquema de tarifas eléctricas de temporada cálida (subsidios mayores) en varias ciudades del país. Pues a pesar de una tasa negativa de -0.15 por ciento en la primera quincena, la inflación del mes resultó positiva. Esto empujó la tasa de los últimos doce meses, conocida como la tasa anual, a 5.82 por ciento. Pero si tomamos como referencia las últimas 24 quincenas (el índice quincenal), la tasa anual llegó a 6.01 por ciento. Esta es la primera vez que se ha registrado una inflación superior a 6 por ciento desde la primera quincena de mayo de 2009.

En esta ocasión, los precios que más subieron fueron los de las mercancías y los de “otros” servicios (todos los servicios menos educación y vivienda), aunado a aumentos significativos en los de frutas y verduras. Para la segunda quincena se revirtieron un poco los aumentos a principio del mes en los servicios relacionados a las vacaciones de Semana Santa, pero hubo afectación por aumentos en las tarifas autorizadas por el gobierno en materia de transporte. Pero el mensaje principal es que la escalada de precios que empezó a principios de año con el famoso gasolinazo, sigue en pie. El aumento del precio de la gasolina a principios de año simplemente fue la mecha para la escalada de incrementos que hemos visto en estos últimos meses. También influye el hecho de que el tipo de cambio aumentó significativamente en los últimos dos años y que hubo un traspaso pendiente en muchos precios.

Los precios que más han subido son los que pertenecen a la categoría de “no subyacente” (9.25 por ciento), como los energéticos (15.88 por ciento) y las tarifas autorizadas por el gobierno (6.29 por ciento). En este rubro también empieza afectar los precios de fruta y verduras, que a la segunda quincena llevan una tasa anual de 9.43 por ciento. No obstante, los precios subyacentes han aumentado 4.72 por ciento, como resultado de aumentos en mercancías no alimenticias (5.45 por ciento) y alimentos (6.77 por ciento). Lo que ha ayudado a “contener” este rubro son los precios de la vivienda, pero muchos son precios imputados que realmente no ayudan a la restricción presupuestal de las familias. Empresas independientes al gobierno, como Kantar WorldPanel México, que mide los precios de los hogares directamente mediante un panel de casi 9 mil familias, registra una inflación anual en los precios de consumo masivo de las familias en prácticamente lo doble que reporta el INEGI.

En 2008 la inflación terminó el año con una tasa anual de 6.53 por ciento, la más elevada desde 2000 cuando hubo una inflación de 8.96 por ciento. ¿En cuánto terminará la inflación este año? ¿Será la inflación más elevada desde 2008 o desde 2000? La última encuesta quincenal de instituciones financieras que levanta Citibanamex, señala un consenso (mediana) de 5.6 por ciento. La institución más optimista es Santander (5.20 por ciento), mientras que la más pesimista es Scotiabank (6.12 por ciento). Sin embargo, esta encuesta se realizó dos días antes de conocer la tasa de abril, que fue mucho más elevada que lo que esperaban todos. Es casi un hecho que habrá revisiones al alza en las expectativas de prácticamente todas las instituciones. Es posible que ahora muchas instituciones crucen la barrera de 6 por ciento para fin de año.

Ante una inflación mucho mayor a lo anticipado y señales de que la escalada de precios continua, ¿dónde está el Banco de México? La última señal que mandó fue un aumento de tan solo 25 puntos base en su tasa de política monetaria, al parejo con el aumento de la Reserva Federal en Estados Unidos, por estar satisfecho con la trayectoria de la inflación. Mientras, la mayoría de las familias pierden poder adquisitivo y encuentran cada vez más difícil mantener un estándar mínimo de vida.

Hemos visto una mejoría en el consumo de los hogares en los últimos dos años a raíz de un fortalecimiento (aunque marginal) en el ingreso personal disponible. Pero si continua la inflación, va mermar lo poco bueno que hemos tenido. ¿Qué hacer?

Después de un año de inflación a la baja, todos anticipan que 2016 se caracterizará por una tendencia alcista. La pregunta no es si va a subir la inflación, sino cuánto. ¿Será un incremento moderado limitado para quedar cerca del objetivo de Banxico? O bien, ¿empezaremos a sentir los efectos de un mayor traspaso de la depreciación del peso y una disminución en la brecha negativa del producto (output gap), a tal grado que sorprenderá la inflación al alza?

Por lo pronto, ya tenemos los datos de la inflación de enero, un mes importante, ya que marca la pauta para el año. El gobierno casi siempre aprovecha para ajustar sus tarifas y precios bajo su control, mientras que empresas aumentan sus precios a principios de año. De entrada, el INEGI informó una tasa de 0.38 por ciento para el mes, por arriba de lo que esperaban todas las instituciones financieras que participan en la Encuesta Quincenal de Banamex. La inflación de los últimos doce meses aumentó a 2.61 por ciento, mientras que la de las últimas 24 quincenas llegó a 2.75 por ciento, la más elevada desde la primera quincena de julio del año pasado.

De entrada, sorprendió la tasa de 0.35 por ciento de la segunda quincena del mes, ya que la primera quincena aumentó tan solo 0.03 por ciento. Había instituciones como CIBanco, que esperaban -0.11 por ciento para la segunda mitad de enero. Sin embargo, la tasa subyacente fue 0.19 por ciento para el mes, ligeramente por debajo del consenso de 0.21 por ciento. Por lo mismo, lo que realmente sorprendió fue el componente no subyacente, que aumentó 1.0 por ciento en la quincena (después de una disminución de -0.13 por ciento en la quincena anterior), para registrar un incremento de 0.96 por ciento en el mes. ¿Qué explica este aumento y deberíamos estar preocupados?

De entrada, las alzas en los precios de frutas y verduras (como cebolla, calabacitas y jitomate) explican dos terceras partes del aumento en el componente no subyacente. Estos precios aumentan y bajan mucho, en forma casi aleatoria. También aumentaron las tarifas autorizadas por el gobierno 1.13 por ciento en el mes (derechos por el suministro de agua). Estos incrementos típicamente se presentan en este mes y después no aumentan tanto. En general, podemos pensar que el incremento pronunciado en este componente no obedece a una presión inflacionaria per se, sino simplemente un ajuste estacional que no se debe repetir mucho en el año, salvo el comportamiento en los precios de frutas y verduras que es totalmente impredecible.

Lo que siempre debe preocupar más es el componente subyacente, ya que, si hay un mayor traspaso de la depreciación del peso o si empieza a sentirse presiones por una demanda agregada creciente, es aquí donde lo vamos a notar. De entrada, no hay evidencia (todavía) de un mayor traspaso. El componente de mercancías no alimenticias (el más susceptible a un traspaso) registró un incremento de 0.16 por ciento y su variación anual llegó a 3.1 por ciento. Si tomamos en cuenta que el tipo de cambio ha aumentado alrededor de 40 por ciento en el último año y medio, queda claro que estos números reflejan una ausencia de efectos indirectos o secundarios sobre los precios. No descarta ajustes futuros, pero por lo pronto no hay evidencia de alguna contaminación.

El Banco de México ha reportado la presencia de una brecha de producto negativo desde hace tiempo, es decir, que el crecimiento de la economía se ubica por debajo del PIB potencial, que es lo máximo que podemos crecer sin ejercer presiones inflacionarias por el lado de la demanda. El componente de “otros servicios” (el más susceptible a estas presiones), registró una disminución de -0.07 por ciento en el mes, lo que sugiere que la brecha permanece negativa y que por lo pronto no hay evidencia de que se estuviera cerrando.

Por último, observamos que la inflación al productor en enero fue 0.87 por ciento, alcanzando una tasa anual de 3.9 por ciento. Esta cifra sugiere que los productores han experimentado mayores aumentos de precios, pero que no los han reflejado en sus precios al consumidor, todavía mayor evidencia de que permanece la brecha negativa de producto. Por ejemplo, la fabricación de equipo de cómputo refleja un incremento anual de 15.9 por ciento en los precios al productor, mientras que al consumidor refleja una tasa anual de -0.2 por ciento. En general, los bienes durables al consumidor han aumentado 2.7 por ciento anual, prácticamente la mitad del incremento al productor.

Conclusión, la inflación anual ha empezado su esperada trayectoria ascendiente, pero todavía sin mayor preocupación.

El INEGI reportó que la inflación de febrero fue 0.19 por ciento respecto al mes anterior y 3.00 por ciento respecto al mismo mes del año pasado. A primera vista, la noticia es muy buena ya que la tasa objetivo puntual del Banco de México es 3.0 por ciento, mientras que la tasa de 0.19 por ciento anualizada es de 2.3 por ciento. Esto significa que la inflación está en este momento exactamente donde quieren las autoridades monetarias y si persiste el ritmo actual, estará bajando aún más. Es más, la tasa anual de febrero es la tercera tasa más baja desde que existe el INPC (a partir de enero de 1970), es decir, en 45 años: en noviembre 2005 la tasa llegó a 2.91 por ciento y en mayo 2006 registró 2.996 por ciento.
Los números reflejan una mejoría significante de un año para acá, ya que en febrero de 2013 la tasa anual se ubicaba en 4.23 por ciento. La tasa subyacente estaba en 2.98 por ciento y ahora se ubica en 2.40 por ciento, mientras que la no subyacente está ahora en 4.88 por ciento, cuando hace un año se ubicaba en 8.28 por ciento. Sin una reforma fiscal que aumente impuestos y sin aumentos mensuales programados en los precios de la gasolina, todo apunta a que la tasa fin de año se podría ubicar por debajo de 3.0 por ciento, tal y como lo anticipó el Banco de México en su último Informe Trimestral sobre la Inflación.
Sin embargo, un examen un poco más detenido no concluye con tan buenas noticias. La razón principal que explica la disminución en febrero es la tasa de -0.27 por ciento en el componente no subyacente, impulsada fundamentalmente por una disminución de -3.61 en los precios de frutas y verduras (el precio del jitomate bajó 30.1 por ciento). Mientras que es bueno que hayan disminuido estos precios, sabemos que es un subíndice con una varianza enorme: igual sube que baja significativamente. El primer problema es que el ciclo a la baja en estos precios está por concluir. No sabemos cuándo ni cuánto, pero lo más probable es que en el corto plazo vamos a ver incrementos importantes en estos precios. En otras palabras, lo que ayudó a que bajara la tasa de inflación en estos meses, será el mismo factor que explicará aumentos en los meses entrantes.
También encontramos una tasa negativa (-0.03 por ciento) en los energéticos. Sin embargo, no es causa de la reforma de telecomunicaciones o algún cambio estructural que ayuda a que sea más barato la electricidad. Más bien, es un factor estacional, ya que el programa de tarifas eléctricas de temporada cálida (subsidios) inició su periodo de vigencia durante febrero en Tapachula, Chiapas; la inflación en esta ciudad en febrero fue -0.62 por ciento, la más baja de todas las localidades del país que integren el INPC. Esto significa que es una reducción temporal, que volverá a subir cuando termine el programa en la segunda mitad del año.
Aunque el rebote en la tasa de la inflación no subyacente seguramente presionará la tasa general, no es lo que más preocupa. La tasa de inflación subyacente aumentó 0.34 por ciento en febrero, que anualizada implica una tasa de 4.2 por ciento. Es decir, si la subyacente aumente todos los meses a este ritmo, terminaría el año por encima de 4.0 por ciento. Al analizar la desagregación de la subyacente, encontramos que la tasa de mercancías no alimenticias aumentó 0.59 por ciento, algo sumamente inusual. La última vez que observamos una tasa parecida en este subíndice fue en enero de 2010, hace cinco años. La persistencia de tasas elevadas en este rubro es consistente con un traspaso importante de la depreciación del tipo de cambio a precios.
Pero antes de hablar de un traspaso cambiario, tenemos que estar seguros que son aumentos generalizados en las mercancías y no el resultado de aumentos en uno o dos productos con incidencias elevadas. Si examinamos la lista de los diez precios que más impactaron al alza al índice, encontramos que solo un precio, cigarrillos, es una mercancía no alimenticio, mientras que su incidencia no es tan alta (0.015). Esto significa que la tasa elevada de 0.59 por ciento sí parece ser resultado de incrementos generalizados y no de uno o dos precios. Para ver si representa un peligro en cuanto a presiones inflacionarias, lo que queda por ver es si son incrementos sostenidos y no simplemente de una vez por todas. Para esto habrá que examinar este subíndice en los próximos meses, junto con el desempeño del tipo de cambio. Si el peso sigue depreciándose, es muy probable que generará presiones inflacionarias que harán que sube la tasa general.
Finalmente, llama la atención la tasa de 0.35 por ciento en los servicios. Típicamente, los precios de los servicios reflejan las presiones inflacionarias que pueden surgir de la demanda agregada, es decir, de una brecha de producto positivo. En los últimos años, su subíndice ha sido de los más bajos, en buena medida porque se estima que actualmente la brecha de producto es negativo; la tasa anual a febrero es apenas 2.20 por ciento. El aumento se explica por un pequeño repunte en el precio de la vivienda, incrementos estacionales en la educación y un aumento de 0.51 por ciento en “otros servicios”. Sin embargo, cuando acudimos a ver las incidencias, resulta que el incremento en el servicio de telefonía móvil en febrero explica 43 por ciento del incremento total del subíndice. En general, “otros servicios” muestra más varianza en su subíndice que la mayoría de los demás componentes de la subyacente, por lo que no es preocupante y mucho menos indicio de que se está cerrando la brecha de producto. Simplemente llama la atención que el servicio de telefonía móvil sea el precio que más aumentó en todo el INPC en febrero, cuando se supone que debería estar cayendo.
Por lo pronto, podemos decir que la inflación de febrero fue más bien malas noticias, ya que existe evidencia de un traspaso del tipo de cambio a precios y que es muy probable que aumenten los precios de frutas y verduras en los próximos meses. En enero veíamos con muy buenos ojos la expectativa de Banxico de que la inflación anual pudiera terminar el año por debajo de 3.0 por ciento, a tal grado que la mayoría de las instituciones ajustaron sus expectativas a la baja. Sin embargo, ya con la información de febrero el panorama inflacionario ya no se ve tan benigno. Es muy probable que veamos ahora revisiones al alza en las expectativas de inflación para fin de 2015. Pero bueno, faltan diez meses y muchas cosas pueden pasar.

A pesar de que la inflación está bajo control y se ubica muy cerca de su objetivo, nos enfrentamos una problemática inflacionaria difícil. ¿Cómo puede ser?

El INEGI reportó que la tasa de inflación anual de la primera quincena de febrero de 2015 llegó a 3.04 por ciento, bastante cerca del objetivo puntual de 3.0 por ciento establecido por el Banco de México. La tasa mensual negativa de enero, la persistencia de una brecha de producto negativa y el hecho de que la SHCP se comprometió (a medias) a no subir el precio de la gasolina en lo que resta del año, llevó a que las autoridades monetarias ratificaran su expectativa de que la inflación alcanzará el 3.0 por ciento a principios de 2015, continuará en niveles cercanos a esta tasa durante el transcurso del año y que cierre ligeramente por debajo de dicho nivel en diciembre. De ser cierto esta predicción, la inflación promedio del año quedará muy cercana al tres por ciento con relativamente poca volatilidad, lo que implica que se cumplirá el objetivo de inflación por primera vez en la historia del Banco Central Autónoma.

De hecho, la inflación ha sorprendido a la baja en cada una de las tres primeras quincenas del año. Si las tasas quincenales hubieran sido las que esperaba el mercado, tendríamos 0.50 por ciento de inflación acumulado en lo que va del año (mes y medio); en cambio, la inflación acumulada es en realidad 0.003 por ciento, prácticamente cero. Si observamos la última encuesta quincenal de Banamex (del 20 de febrero), ya ubicamos a 10 instituciones (de 24) que anticipan una tasa de inflación fin de año de 3.0 por ciento o menos. Por ejemplo, Finamex espera que la inflación termine 2015 en 2.51 por ciento. La inflación subyacente, que supone refleja mejor la tendencia de la inflación en el mediano plazo, registró una tasa anual de 2.25 por ciento a fines de enero, la tasa mínima histórica desde que existe el índice quincenal de precios. Igualmente, la tasa subyacente anual del índice mensual llegó a 2.34 por ciento en enero, también la tasa anual mínima histórica desde que existe el índice mensual.

La piedrita en el camino pudiera ser un traspaso mayor a lo anticipado de la depreciación cambiaria. El precio del dólar aumentó alrededor de 11 por ciento en aproximadamente dos meses a partir de mediados de noviembre. Hasta hace poco no había evidencia de un traspaso de esta depreciación hacia los precios internos. Sin embargo, en la primera quincena de febrero, los precios de las mercancías no alimenticias (los más susceptibles al tipo de cambio) aumentaron 0.59 por ciento, el incremento quincenal más elevado para una quincena en este subíndice desde la primera quincena de agosto de 2001. El impacto en el índice general fue neutralizado por una baja importante en los precios de los jitomates (-27.9 por ciento) y demás componentes de la inflación no subyacente, de tal manera que la tasa general (0.11 por ciento) resultó relativamente baja. Sin embargo, pudiera ser el indicio de un ajuste todavía mayor.

Si examinamos la lista de los diez precios que más subieron en la quincena encontramos cuatro en la categoría de mercancías no alimenticias: papel higiénico y pañuelos desechables, cigarrillos, ropa de abrigo y pasta dental. Sin embargo, ninguno tuvo una incidencia importante. Esto sugiere que los aumentos en esta categoría fueron generalizados, resultado de las presiones derivadas de un tipo de cambio mayor y no de algún problema de abasto específico en un mercado particular. De ser cierto, pudiéramos esperar más aumentos en los siguientes meses. Los precios de este subíndice habían sido de los que menos habían subido en el pasado, ya que su tasa anual se ubicaba por debajo de 2 por ciento desde 2013 a la fecha.

Salvo las posibles presiones derivadas de la depreciación, el panorama inflacionario permanece bajo control. Incluso, la existencia de una brecha de producto negativo sugiere que el próximo movimiento de la tasa de política monetaria debería ser a la baja. Sin embargo, en los dos años anteriores entraron al país casi 100 mil millones de dólares en inversión de cartera. Como se sabe, estos recursos son muy susceptibles a las tasas de interés y al ambiente geopolítico internacional. Esto nos sitúa en una situación muy vulnerable a posibles alzas de tasas por parte de la Reserva Federal. Al final de cuentas, esto significa que las autoridades monetarias mexicanas se verán forzados a aumentar la tasa interbancaria de fondeo en México a la par con los vecinos, independientemente si tenemos presiones inflacionarias o no.

Esto nos lleva a un escenario posible de alzas en las tasas de interés, a pesar de un cumplimiento del objetivo de inflación, con expectativas de menor inflación en el mediano plazo y dentro de la continua presencia de una brecha de producto negativa.

El INEGI dio a conocer la inflación de 2014, que cerró el año en 4.08 por ciento. El resultado colocó a la inflación fin de periodo ligeramente arriba del límite superior del rango de inflación de 4.0 por ciento, después de que había terminado el año por debajo de este nivel por tres años consecutivos. No obstante, cabe la pena subrayar que el objetivo puntual de inflación es 3.0 por ciento (no 4.0 por ciento), lo que significa que debe promediar alrededor de 3.0 por ciento en el año dentro de un rango de 2.0 a 4.0 por ciento. En este sentido, el Banco de México nunca ha logrado reducir y mantener la inflación alrededor de 3.0 por ciento.
Como siempre, el componente que perjudicó el esfuerzo por conseguir el objetivo fue el no subyacente, que creció 6.70 por ciento en el año, en especial como consecuencia de los aumentos significativos en los precios de los energéticos y las tarifas autorizadas por el gobierno. También influyeron los precios agropecuarios, pero en esta ocasión fueron los pecuarios que subieron, mientras que los precios de frutas y verduras terminaron el año prácticamente en los mismos niveles que en diciembre del año anterior.
La inflación subyacente terminó el año en 3.24 por ciento, después de haber permanecido por debajo de 3.0 por ciento durante 2013. Los aumentos en los precios derivados de la reforma fiscal tuvieron un impacto sobre este componente, aunque menor a lo que originalmente se esperaba. Los precios que más aumentaron fueron los alimentos y bebidas (5.31 por ciento), cuyo impacto es mayor en el poder de compra de la mayoría de la población. En segundo lugar fueron los “otros” servicios, que incluyen los precios de las loncherías, fondas, taquerías y restaurantes, impactados por los incrementos en los precios de los alimentos, aunque este rubro fue compensado en parte por las disminuciones en los precios del servicio de telefonía móvil. De los precios que menos subieron estuvieron los de las mercancías no alimenticias, que están más asociados con la marcha de la economía y el tipo de cambio. Como sabemos, la actividad económica fue relativamente débil en el transcurso del año, mientras que la depreciación del peso, aunque significativo, fue al mero final del año.
Para 2015 el Banco de México señala que la inflación debería converger hacia su objetivo y terminar muy cerca de 3.0 por ciento para fin de año. Pero solo dos instituciones (Nomura y Banorte) comparten esta visión, mientras que el consenso de la última encuesta de Banamex es que la inflación terminará 2015 en 3.50 por ciento. Sin embargo, 22 (de 24) instituciones prevén que la tasa anual será menor a la de 2014 y por debajo del límite superior de 4.0 por ciento. Solo Scotia (4.22 por ciento) y Monex (4.14 por ciento) ven una tasa mayor a la del año pasado.
¿Cuáles son los factores que harán que la inflación disminuye? De entrada, los dos más importantes son los efectos de la reforma fiscal y los precios de los energéticos. En enero de 2014 hubo aumentos en muchos precios, incluyendo la unificación del IVA en 16 por ciento, por lo que la base de comparación en enero de este año hará que la tasa anual disminuye significativamente. Si agregamos a la lista los precios de la telefonía móvil y los de larga distancia, la tasa subyacente podría ser menor. Por el otro lado, los precios de la gasolina sólo subirán 1.9 por ciento este año, mientras que las tarifas eléctricas deberían disminuir marginalmente. Esto significa que el subíndice de energéticos, que aumentó 6.43 por ciento en 2014, deberá aumentar mucho menos este año.
Según estimaciones del Banco de México, la economía se sitúa actualmente en una brecha de producto negativa, lo que ayuda a contener la inflación. Las proyecciones de esta brecha señalan que deberíamos permanecer en terreno negativo todavía por más tiempo, posiblemente la mayor parte de 2015. De ser cierto, los factores antes mencionados deberían contribuir a una disminución en la inflación, que podría terminar el año mucho más cerca al 3.0 por ciento que al 4.0 por ciento.
¿Cuáles son los factores que harán que la inflación no disminuye? Aunque el efecto de traspaso (pass-through) del tipo de cambio hacia el nivel de precios es mucho menor a lo que fue en otros periodos, habrá que estar atento a la posibilidad de ver los precios de las mercancías subir un poco más. Antes de que tuviéramos el régimen de flotación, cualquier aumento en el tipo de cambio se reflejaba casi de inmediato y en forma contundente en los precios de los bienes comerciables. Sin embargo, en el régimen actual el tipo de cambio puede fortalecerse en los meses posteriores a una depreciación significativa, por lo que el traspaso ha disminuido significativamente. Aunque el tipo de cambio cerró el año en 14.74 pesos por dólar, el consenso es que habrá una apreciación del peso en 2015 para cerrar en 14.00 pesos. Incluso, algunas instituciones como BBVA Bancomer piensan que se va a revertir hasta terminar en 13.00 pesos al final de diciembre.
Aun así, queda por verse cuál será el desenlace de la política monetaria en Estados Unidos y los efectos posteriores en nuestro país. Si la Reserva Federal empieza a subir su tasa antes de lo previsto y/o en un monto superior, el tipo de cambio podría depreciarse todavía más. La disminución en el precio del petróleo no afecta directamente al mercado cambiario, ya que Pemex vende directamente sus divisas al banco central, sin pasar por el mercado. No obstante, la percepción de menos dólares y la mayor dificultad del Banco de México para acumular reservas, podría tener un impacto negativo. Al final de cuentas, lo que hace que el traspaso sea relativamente bajo es precisamente esta incertidumbre. No obstante, es uno de los riesgos que habrá que vigilar.
Finalmente, pudiéramos pensar en un poco de inflación reprimida como consecuencia de la baja demanda agregada. El consumo de los hogares permanece como uno de los elementos más débiles de la economía, lo que ha impedido que algunos comerciantes aumenten más sus precios. Sin embargo, si la economía empieza a crecer un poco más y la brecha de producto pasa a terreno positivo antes de lo previsto, es posible que los precios aumenten un poco más que lo anticipado. Queda pendiente el ajuste en los salarios mínimos que planteó el Gobierno de Distrito Federal y que ha respaldo el gobierno federal. Aunque en principio no debería tener un efecto significativo en los precios, la percepción de un mayor poder adquisitivo podría facilitar las decisiones de subir algunos precios en ciertos sectores.

Después de haber cerrado el año pasado en 3.57%, la tasa anual de inflación disminuyó a 3.25% en enero.  Apenas en septiembre de 2012 (hace cuatro meses) la inflación general había llegado a 4.77%.  Salvo por un par de meses en 2011 (septiembre y octubre), la tasa anual de enero es la más baja que hemos observado desde 2006.  Al mismo tiempo, la tasa subyacente cayó marginalmente (un par de centésimas) para registrar 2.88%, un nuevo mínimo histórico.

El comportamiento de la inflación de los últimos tres meses ha sorprendido a todos.  Primero, en noviembre y diciembre observamos tasas muy por debajo a lo esperado como resultado de caídas en frutas y verduras (que se anticipaba) y en el servicio de la telefonía celular (que no se había contemplado, por lo menos en la magnitud registrada).  Apenas hace algunos meses, el consenso para el cierre de la inflación de 2012 era superior a 4.0%.  Sin embargo, la magnitud de las disminuciones mencionadas hizo que la inflación prácticamente se desplomara y cerró el año muy por debajo de lo anticipado.

En enero también sorprendió la inflación. Primero, en la primera quincena la tasa fue 0.15%, por debajo de lo esperado.  Después, en la segunda quincena fue anormalmente elevada (0.40%), producto de un ajuste inesperado al alza de los servicios de telefonía celular.  Incluso, la baja tan pronunciada en noviembre/diciembre, combinada con el incremento mayor en enero en la telefonía móvil, hace sospechar del trato que se le ha dado a este servicio dentro del índice de precios.  Pero al final de cuentas, la inflación de enero (0.40%) terminó muy inferior al del mismo mes del año anterior (0.71%), por lo que la tasa anual disminuyó a 3.25% de 3.57% del mes anterior.

La baja tan pronunciada en la inflación en los últimos cuatro meses ha llevado a un cambio en el tono de los pronunciamientos del Banco de México.  En su último comunicado de la decisión de política monetaria y en las minutas de su junta, el Banco ha insinuado que es posible un relajamiento en su postura.  En otras palabras, los balances de riesgos de inflación y crecimiento económico han cambiado a tal grado que el Banco ve posible una disminución en su tasa de política monetaria.

A pesar de que la tasa general se ha acercado al objetivo puntual de 3% del Banco Central, es muy probable que la tasa anual registrada en enero sea un mínimo y que repunte en los siguientes meses.  La razón principal es que las tasas observadas en febrero y marzo del año pasado fueron anormalmente bajas.  Para que la tasa anual mantenga su tendencia a la baja tendríamos que observar tasas todavía más bajas en estos meses.  Por lo mismo, en principio es fácil pensar que la decisión de bajar la tasa de política monetaria podría ser precipitada.

Sin embargo, si concentramos muestra atención en la tasa subyacente, que es la parte más susceptible a las decisiones de política monetaria, vemos que su tendencia a la baja podrá continuar por lo menos por unos seis meses más, acercándose a una tasa de 2.5%.  Al mismo tiempo, si observamos la inflación medido mediante el índice de precios al productor, encontramos que está ha registrado mínimos históricos (por debajo de 2%) en los últimos dos meses.  El índice con petróleo y con servicios registró una tasa anual de 1.18% en enero.  En principio, los precios del productor tienen un comportamiento adelantado a los del consumidor.  Si suben, las empresas tarde o temprano ajustarán sus precios al alza para el consumidor.  En este caso, los precios al productor han registrado apenas aumentos marginales, por lo que no es muy probable que las empresas vean la necesidad de ajustar los precios en los siguientes meses.

Las metodologías para mediar el PIB potencial y así la brecha de producto no son muy precisas, ya que el PIB potencial no es directamente observable.  No obstante, el Banco de México estima que actualmente no existe una brecha significativa, por lo que el PIB potencial y el PIB real son muy parecidos.  Esto significa que no existen presiones inflacionarias significativas por el lado de la demanda.  Todo parece indicar que la economía puede crecer tranquilamente alrededor de 4% sin generar presiones inflacionarias.

Todo lo anterior nos dice que aun en el caso de que la inflación general empiece a subir de nuevo a partir de febrero, no existen peligros inminentes que pudieran elevarse por encima de 4%.  Incluso, es posible que la inflación promedio anual de 2013 pudiera terminar por debajo del mínimo histórico de 3.41% registrado en 2011.  Obviamente existen riesgos de que pudieran aparecer fenómenos inesperados que pudieran incidir en mayores incrementos en los precios de lo que ahora se anticipa.  Sin embargo, todo parece indicar que por primera vez en mucho tiempo existe algo de margen para que las autoridades monetarias relajen su postura de política monetaria mediante una disminución en su tasa de política monetaria.  El tiempo nos dirá.

Presiones Cambiarias

Agosto 24th, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (0 Comments)

El INEGI informó el jueves que la inflación de la primera quincena de agosto fue 0.14%, ligeramente menor al consenso del mercado que era 0.18%.  El dato en si no causó mucho interés, ya que anualizado implica una tasa de 3.32% que no es mucho mayor al objetivo de 3.0% del Banco de México, mientras que la tasa quincenal fue muy cerca al promedio de las primeras quincenas de agosto de los últimos diez años.  La tasa anual (de doce meses) aumentó ligeramente a 4.45% de 4.39% simplemente porque la tasa del mismo periodo del año pasado fue anormalmente bajo (0.09%).  Los precios de los alimentos procesados, que es el componente que más ha preocupado últimamente, aumentaron tan sólo 0.07% (que anualizado es apenas 1.69%) y contribuyó únicamente con 0.01% a la inflación quincenal.  Los precios de las frutas y verduras disminuyeron 1.76%, reduciendo la tasa anual del rubro a la mitad de lo que se situaba apenas hace tres quincenas.

Los medios resaltaron que la inflación registró su nivel más alto de las últimas 40 quincenas (desde la última quincena de diciembre de 2010), principalmente por el alza en el precio del huevo pero también por incrementos en las colegiaturas y los energéticos.  Sin embargo, la nota requiere un poco más de análisis ya que el reporte de esta quincena tiene algunas diferencias con los anteriores.

De entrada, no es la tasa más elevada de las últimas 40 quincenas, ya que la tasa anual de la primera quincena de julio fue 4.44595% contra la de esta quincena de 4.44586%.  En segundo lugar, el subíndice de educación (colegiaturas) registró una disminución en su tasa anual al ubicarse en 4.28% de 4.62% en la quincena anterior, ya que las colegiaturas aumentaron mucho menos este año que en 2011.  En tercer lugar, aunque sí es cierto que los energéticos explican una parte del incremento, realmente no es noticia nueva, ya que lo ha sido en forma constante desde hace tiempo atrás.  Finalmente, aunque el precio del huevo obtuvo el primer lugar en la lista de los productos con precios que más aumentaron, su subíndice (pecuarios) no registró un nuevo máximo en el año y se ubica en uno de los rubros de mayor variación por lo que podemos estar seguro que bajará en las próximas quincenas.

¿Cuál es en realidad la noticia en este reporte?  De entrada, es que lo que explica la inflación en esta quincena es muy diferente a lo que ha estado explicando la inflación a lo largo del año.  El componente no subyacente solo aumentó 0.07% y su contribución a la tasa de 0.14% fue de apenas 0.02 puntos porcentuales.  A pesar de los aumentos en los precios del huevo y de los energéticos, las disminuciones en los precios de las frutas y verduras y el nulo incremento en las tarifas autorizadas por el gobierno neutralizaron este componente.

En cambio, la inflación subyacente registró su nivel más elevado desde la primera quincena de septiembre de 2010 al llegar a 3.70%, resultado de los incrementos en los precios de las mercancías (cuya tasa anual llegó a 5.27% y es la más elevada desde la segunda quincena de febrero de 2010).  Aunque los precios de los alimentos procesados explican la mayor parte del incremento anual, en esta ocasión son los precios de las mercancías no alimenticias que más aumentaron.  De hecho este subíndice por sí sólo explica 0.09% del total de 0.14%.  Si observamos la lista de los productos que más aumentaron, encontramos que sólo un precio de este subíndice (automóviles) se encuentra en la lista y únicamente explica 0.01%.  Esto significa que hubo aumentos generalizados en las mercancías no alimenticias, lo que realmente explica la inflación de esta quincena.

La razón por la cual se divide la inflación subyacente en mercancías y servicios es que los primeros son bienes comerciables mientras que los segundos no son comerciables.  Esto significa que lo que más influye en los precios de las mercancías son los precios internacionales y el tipo de cambio, mientras que lo que explica los incrementos en los precios de los servicios son los salarios, la inflación esperada (expectativas) y la brecha del producto.  Por lo mismo, tenemos que llegar a la conclusión de que las presiones inflacionarias expuestas en este reporte provienen de efectos rezagados de la depreciación de la moneda observada en los meses anteriores.

Posiblemente lo más importante de un reporte de inflación es primero distinguir los factores principales que explican el incremento en precios y después valorar si son presiones permanentes o temporales.  Si bien es cierto que el tipo de cambio ha disminuido en los últimos dos meses, el promedio de los últimos doce meses se ubica muy por encima de los niveles observados en años anteriores.  Esto significa que las presiones cambiarias sobre los precios de las mercancías pudieran ser algo más que un simple fenómeno temporal.

Como casi siempre ocurre, la clave para que la inflación fin de año se ubique por debajo del umbral de 4% seguramente será el comportamiento de los precios agrícolas por su gran volatilidad.  Sin embargo, existe el peligro de que los precios de las mercancías sigan al alza, incluso ubicándose por encima de 4% en los próximos meses.  Aquí definitivamente habría que ponerle luz ámbar señalando precaución y estar atentos de este fenómeno.

¿Inflación al Alza?

Agosto 9th, 2012 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico - (0 Comments)

El INEGI acaba de anunciar que la tasa anual de inflación subió de nuevo en julio (por tercer mes consecutivo), a 4.42% de 4.34% en junio.  Anteriormente, la mayoría de los analistas habían revisado sus proyecciones para la inflación a fin de año al alza.  Los especialistas en economía del sector privado (encuestados por el Banco de México) ya ven la inflación en diciembre en 3.9%, mientras que las instituciones financieras (encuestados por Banamex) la ubican en 4.0%.  Tal parece que está en tela de juicio si las autoridades monetarias podrán contener la inflación por debajo de 4.0%, que representa el umbral superior de su rango de volatilidad alrededor de su objetivo permanente de 3.0%.

El año pasado, la inflación promedio fue 3.41%, la más baja en toda la historia del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC), que nació en 1969.  Sin embargo, hemos observado una tendencia alcista en la promedio en el transcurso de todo el año hasta llegar a 3.73% en julio.  Un análisis de los números y tendencias nos dice que lo más probable es que termine por encima del 4.0% este año.  Dado que el objetivo de 3% del Banco Central es permanente, la inflación promedio es el mejor barómetro para medir el desempeño de las autoridades monetarias.

¿Qué es lo que ha motivado el alza?  En principio, salvo los precios de los servicios, prácticamente todos los demás subíndices muestran una tendencia alcista en sus tasas promedios.  Sin embargo, los que más han aumentado son los precios de los energéticos, las mercancías alimenticias y los precios agropecuarios.  Los analistas de Banamex dicen que el “mayor precio relativo de las mercancías se debe entre otros factores a la depreciación del tipo de cambio de hace unos meses.”  Aunque puede ser, no termina por explicar por qué los precios de las mercancías alimentarias han aumentado mucho más que las no alimentarias (casi lo doble).  Habría que realizar un análisis más exhaustivo, pero una primera hipótesis es que la estructura competitiva de las mercancías no alimentarias es mejor que las alimentarias.  Otra hipótesis es que las alimentarias se han visto afectadas por mayores alzas en los precios en los mercados mundiales, mientras que las no alimentarias no han aumentado mucho como resultado de una brecha de producto negativa a nivel mundial y mejoras tecnológicas que han ayudado a contener costos.

Los precios de las mercancías han aumentado 4.91% en los últimos 12 meses, resultado de incrementos de 6.61% en las alimentarias y 3.60% en las no alimentarias.  En el mismo lapso, los precios de los servicios han subido tan sólo 2.50% para llegar a un promedio (ponderado) de lo que llamamos la inflación subyacente de 3.59%.  Dado el comportamiento disímil en sus diversos componentes, parece que más que un fenómeno inflacionario tal cual, estamos ante un reacomodo de precios relativos.

El resto del INPC, lo que llamamos la parte no subyacente, aumentó 7.30% en los últimos 12 meses, lo que explica por qué la inflación general se ubica por encima del umbral superior del rango de volatilidad del Banco de México.  Aquí también encontramos comportamientos distintos en sus diversos componentes.  Mientras que las tarifas autorizadas por el gobierno se ubican prácticamente al mismo nivel de hace un año, los precios de los energéticos han aumentado 8.01% y los precios agrícolas 11.27%.  De estos últimos, tenemos que subrayar una diferencia sustancial: mientras que los precios de los energéticos seguirán subiendo, representando una contribución permanente a la inflación, es muy probable que los precios agropecuarios disminuyen pronto.

¿Seguirá la tendencia al alza?  No queda tan claro, pero todo apunta a que la inflación de fin de año deberá ubicarse por debajo de la tasa actual.  De hecho, los analistas de Banamex vaticinan que la tasa anual de julio “es el pico de la inflación anual en este año”.  Argumentan que a pesar de que la brecha del producto se ha cerrado, tampoco se ubica en una posición como para ejercer presiones inflacionarias.  En adición, piensan que los precios agrícolas bajarán pronto y rápidamente (incluso, la inflación de la última quincena de julio fue negativa en este rubro), y la recién apreciación del tipo de cambio ayudará a contrarrestar las presiones de los meses anteriores.

No obstante su opinión informada, no queda claro que el pico de la inflación anual sea julio por la simple razón de que las tasas de inflación de agosto y septiembre del año pasado fueron bastante bajas (0.16% y 0.25%, respectivamente).  Independientemente del mes exacto, sí parece ser que la inflación de doce meses llegará a su máximo en el tercer trimestre y bajará hacia fin de año.  La clave para ver si logra ubicarse por debajo (o encima) del umbral de 4% seguramente será el comportamiento de los precios agrícolas.

Después de una tendencia al alza por cuatro meses consecutivos en la inflación anual, el INEGI reportó que la tasa de febrero fue 0.20% y que la anual bajaba a 3.87% de 4.05% del mes anterior.  En principio la nota parece positiva, ya que no sólo baja la inflación, sino que se ubica de nuevo por debajo del umbral de 4%.  Sin embargo, al analizar un poco la información, encontramos que hubo una caída significativa en los precios de frutas y verduras que explica casi por sí sola el hecho de que la tasa general fuera tan baja.  Dado que estos precios suben y bajan significativamente todo el tiempo, la lectura directa de la inflación se distorsiona.

¿Qué tanto bajaron estos precios?  La disminución del subíndice de frutas y verduras fue 5.29% respecto al mes anterior (-1.75% en la primera quincena y -6.98% en la segunda)  Si los precios bajaran al mismo ritmo todos los meses, tendríamos una disminución de 47.93% en el año (lo que se llama la tasa anualizada).  La baja en febrero de estos precios hizo que la tasa general fuera 0.18 puntos porcentuales menos.  En otras palabras, si no hubieran bajado estos precios, estaríamos observando una tasa mensual de 0.38%, idéntica a la observada en el mismo mes del año pasado.  El problema es que sabemos que en un futuro impredecible estos precios volverán a subir, por lo que no podemos bien a bien entender la trayectoria de la inflación.

¿Entonces cómo sabemos si la noticia de inflación fue realmente buena o mala?  Precisamente para eso existe el desglose de la tasa general entre la subyacente y la no subyacente.  La tasa no subyacente (cuya ponderación representa 23.3% del total) agrupa los precios de alta volatilidad (agropecuarios) y los controlados por el gobierno (energéticos y tarifas autorizadas) en un subíndice, ya que son precios cuyo comportamiento es distinto a los demás; los primeros por su alta volatilidad y los segundos por obedecer a una naturaleza política y no a la oferta y demanda normal.  Al restar el componente no subyacente al índice general, nos queda el subyacente que agrupa 76.7% de todos los precios del índice total y, que refleja la trayectoria de la inflación general en el mediano plazo.  Si graficamos las tasas general y subyacente anuales, vemos claramente que la subyacente marca la tendencia, mientras que la general se comporta con más volatilidad pero de una forma u otra alrededor de esa tendencia.

Esto significa que la subyacente es al final de cuentas más importante, ya que es más indicativo de lo que realmente está pasando.  La tasa subyacente de febrero fue 0.43% (5.22% anualizada), la más alta para febrero de los últimos tres años.  Con esta tasa, la anual sube por quinto mes consecutivo, pero se ubica tan solo en 3.37%.  Aunque la tendencia alcista pudiera preocupar, una tasa anual de 3.37% no puede ser tan mala ya que se encuentra más cerca del objetivo puntual de 3% que del tope del rango de variabilidad de 4%.  Sin embargo, al desglosar esta tasa encontramos comportamientos distintos entre sus componentes.

El índice subyacente está conformado por precios de mercancías (45.0%) y de servicios (55.0%).  En general las mercancías son bienes comerciables, lo que significa que se pueden intercambiar relativamente fácil con el exterior.  Si los precios internos suben, podemos importar los mismos productos del exterior a precios más baratos, mientras que si bajan existe un incentivo para exportar.  Esto significa que su comportamiento va estar influido por el tipo de cambio y por los precios en el exterior.  En cambio, los servicios no son comerciables por lo que reflejan más las presiones internas como el propio ciclo económico, la brecha del producto y el poder adquisitivo de la población (medido principalmente mediante salarios).

La tasa anual de los precios de las mercancías llegó a 4.75% en febrero, la más alta de los últimos 23 meses, mientras que la de servicios registró 2.23%, la cuarta tasa más baja desde que existe información sobre lo mismo.  En principio, podríamos pensar que la mayor presión sobre las mercancías es reflejo de la depreciación que ha sufrido el peso en los últimos nueve meses, mientras que la tasa tan baja de los servicios es resultado de la fragilidad de la economía interna que prevalece desde la recesión de 2008-2009.  Sin embargo, al examinar todavía un mayor desglose, volvemos a encontrar comportamientos distintos.

Las mercancías están compuestos de productos alimenticios, que incluyen bebidas y tabaco y representan 42.9%, y de no alimenticios que conforman el 57.1% restante.  La tasa anual de los primeros alcanzó 7.30% en febrero, mientras que los segundos registraron una tasa de 2.82%.  Claramente la inflación subyacente ha resentido incrementos significativos en los precios de los alimentos, mientras que los demás han aumentado por debajo del objetivo de 3% del Banco de México.

Sin embargo, la tendencia alcista de los precios de los alimentos llegó a su pico hace cinco meses y ahora parece que empiezan a bajar, mientras que la tasa anual de los no alimenticios ha subido en los últimos cuatro meses.  Esto nos hace pensar que la presión inflacionaria que ha ejercido los precios de los alimentos empieza a ceder, mientras que la depreciación de la moneda ha ejercido una ligera presión en los últimos meses.  Dado que hemos visto una nueva apreciación desde principios del año, podríamos pensar que el efecto de lo último será marginal.

El ejercicio anterior nos lleva a ver la importancia del desglose del índice de precios en categorías con comportamientos similares.  No basta con ver los precios de mercancías en general, sino resulta necesario ver el desglose entre alimenticios y no alimenticios.  De igual manera, no es suficiente ver los precios agropecuarios, sino debemos separar el comportamiento de los precios de frutas y verduras de los pecuarios.  También encontramos diferencias entre los precios de los energéticos con los de los autorizados por el gobierno.

Tenemos la ventaja de ser de los pocos países que producen información sobre el comportamiento de los precios con una frecuencia quincenal.  Esto nos permite aislar mejor los incrementos cuya naturaleza son de una vez por todas de los que son sostenidos a través del tiempo.  Desafortunadamente, los boletines de prensa que informan sobre los precios no proporcionan la misma información cada quincena.  Los boletines de las primeras quincenas dan una información detallada sobre el comportamiento de los primeros 15 días del mes, pero los de la segunda quincena se concentran en todo el mes y omiten la información detallada de los últimos 15 días en si.  Esto nos obliga a complementar la información proporcionada en los boletines con los datos quincenales que se encuentran en el Banco de Información Económica (BIE) en el sitio de Internet del INEGI.

Sin embargo, de manera inexplicable, el INEGI omite el desglose pertinente de los precios de mercancías (en alimenticios y no alimenticios) y de servicios (en vivienda, educación y otros) del índice subyacente y de los agropecuarios (en frutas y verduras y pecuarios) y de los controlados por el gobierno (en energéticos y tarifas autorizadas) del índice subyacente.  Afortunadamente, se puede obtener este desglose valioso en el sitio de Internet del Banco de México.  Sin embargo, no hay que olvidar que el responsable ahora del INPC es el INEGI.  Posiblemente, esta falta de información en el BIE es resultado de un lapsus temporal, que pronto se resolverá.  Habrá que estar atentos.