Artículos y comentarios sobre la Economía Mexicana
Header

El INEGI informó que la inflación de abril fue 0.12 por ciento, como consecuencia de una tasa de 0.27 por ciento en la segunda quincena del mes. Es la inflación mensual más elevada para un abril desde hace ocho años y apenas la segunda tasa positiva en el mismo tiempo. Las inflaciones de abril son típicamente negativas (al igual que mayo) a raíz de la entrada en vigor del esquema de tarifas eléctricas de temporada cálida (subsidios mayores) en varias ciudades del país. Pues a pesar de una tasa negativa de -0.15 por ciento en la primera quincena, la inflación del mes resultó positiva. Esto empujó la tasa de los últimos doce meses, conocida como la tasa anual, a 5.82 por ciento. Pero si tomamos como referencia las últimas 24 quincenas (el índice quincenal), la tasa anual llegó a 6.01 por ciento. Esta es la primera vez que se ha registrado una inflación superior a 6 por ciento desde la primera quincena de mayo de 2009.

En esta ocasión, los precios que más subieron fueron los de las mercancías y los de “otros” servicios (todos los servicios menos educación y vivienda), aunado a aumentos significativos en los de frutas y verduras. Para la segunda quincena se revirtieron un poco los aumentos a principio del mes en los servicios relacionados a las vacaciones de Semana Santa, pero hubo afectación por aumentos en las tarifas autorizadas por el gobierno en materia de transporte. Pero el mensaje principal es que la escalada de precios que empezó a principios de año con el famoso gasolinazo, sigue en pie. El aumento del precio de la gasolina a principios de año simplemente fue la mecha para la escalada de incrementos que hemos visto en estos últimos meses. También influye el hecho de que el tipo de cambio aumentó significativamente en los últimos dos años y que hubo un traspaso pendiente en muchos precios.

Los precios que más han subido son los que pertenecen a la categoría de “no subyacente” (9.25 por ciento), como los energéticos (15.88 por ciento) y las tarifas autorizadas por el gobierno (6.29 por ciento). En este rubro también empieza afectar los precios de fruta y verduras, que a la segunda quincena llevan una tasa anual de 9.43 por ciento. No obstante, los precios subyacentes han aumentado 4.72 por ciento, como resultado de aumentos en mercancías no alimenticias (5.45 por ciento) y alimentos (6.77 por ciento). Lo que ha ayudado a “contener” este rubro son los precios de la vivienda, pero muchos son precios imputados que realmente no ayudan a la restricción presupuestal de las familias. Empresas independientes al gobierno, como Kantar WorldPanel México, que mide los precios de los hogares directamente mediante un panel de casi 9 mil familias, registra una inflación anual en los precios de consumo masivo de las familias en prácticamente lo doble que reporta el INEGI.

En 2008 la inflación terminó el año con una tasa anual de 6.53 por ciento, la más elevada desde 2000 cuando hubo una inflación de 8.96 por ciento. ¿En cuánto terminará la inflación este año? ¿Será la inflación más elevada desde 2008 o desde 2000? La última encuesta quincenal de instituciones financieras que levanta Citibanamex, señala un consenso (mediana) de 5.6 por ciento. La institución más optimista es Santander (5.20 por ciento), mientras que la más pesimista es Scotiabank (6.12 por ciento). Sin embargo, esta encuesta se realizó dos días antes de conocer la tasa de abril, que fue mucho más elevada que lo que esperaban todos. Es casi un hecho que habrá revisiones al alza en las expectativas de prácticamente todas las instituciones. Es posible que ahora muchas instituciones crucen la barrera de 6 por ciento para fin de año.

Ante una inflación mucho mayor a lo anticipado y señales de que la escalada de precios continua, ¿dónde está el Banco de México? La última señal que mandó fue un aumento de tan solo 25 puntos base en su tasa de política monetaria, al parejo con el aumento de la Reserva Federal en Estados Unidos, por estar satisfecho con la trayectoria de la inflación. Mientras, la mayoría de las familias pierden poder adquisitivo y encuentran cada vez más difícil mantener un estándar mínimo de vida.

Hemos visto una mejoría en el consumo de los hogares en los últimos dos años a raíz de un fortalecimiento (aunque marginal) en el ingreso personal disponible. Pero si continua la inflación, va mermar lo poco bueno que hemos tenido. ¿Qué hacer?

Las proyecciones de crecimiento para este año se han revisado a la baja consistentemente a lo largo de todo el año, en la medida en que vamos conocido el desempeño de la actividad económica. Antes de iniciar el año, tanto el gobierno como el consenso de los analistas preveían una tasa de 3.5 por ciento para 2013, casi medio punto porcentual menos que el año anterior. Sin embargo, se combinaron muchos factores al mismo tiempo para frenar el crecimiento y ahora se anticipa una tasa ligeramente superior al 1 por ciento, pero suponiendo aun que se inicie una recuperación en la última parte del año.

El gobierno federal ha concedido que habrá menos crecimiento en el año cada vez que el INEGI ha dado a conocer las cifras del trimestre en turno. A los pocos días después del 20 de agosto cuando se divulgó el crecimiento del segundo trimestre, la SHCP revisó a la baja su expectativa a 1.8 por ciento. Es casi un hecho cuando el INEGI dé a conocer el tercer trimestre el próximo 21 de noviembre, SHCP reconocerá todavía una tasa menor.

El optimismo inicial del gobierno llevó a que se aprobara en el presupuesto de 2013 un balance fiscal “cero”, que implicaba un proceso de consolidación fiscal ante los déficits de los últimos cuatro años de la administración de Felipe Calderón. Sin embargo, ante la llegada de una ligera recesión, ahora SHCP recurre a una política fiscal más expansionista al pedir la autorización debida para incurrir en un déficit de 0.4 por ciento del PIB este año y 1.5 por ciento para 2014. En principio, esto le dará margen para no tener que recortar el gasto ante la caída en los ingresos a raíz de la menor actividad económica y compensar las medidas anticíclicas recaudatorias al inicio de 2014.

El gobierno federal no es el único preocupado por la caída en la actividad económica. El Banco de México decidió la semana pasada reducir la tasa de política monetaria por tercera vez en el año, también para apuntalar al crecimiento económico. En principio, la tasa de inflación subyacente ha permanecido por debajo de 3 por ciento por prácticamente diez meses y es casi un hecho que así quedará hasta fin de año. Lo único que le ha impedido reducir la inflación general por debajo del objetivo de 3 por ciento ha sido la política de precios del gobierno en materia de energéticos y tarifas autorizadas, lo cual queda fuera del alcance de la política monetaria. Al reconocer la existencia de una brecha de producto negativa, el Banco no prevé presiones inflacionarias en el corto plazo, por lo que puede aumentar el grado de laxitud en su política.

El único peligro inminente que enfrentan las autoridades monetarias sería un aumento desbordado en la inflación en enero a consecuencia de las medidas fiscales contenidas en la reforma hacendaria. Aumentará el IVA en la zona fronteriza y los precios de refrescos y algunos alimentos, lo que podría traer efectos secundarios. A pesar de que el cálculo del Banco es que será de impacto moderado y transitorio, ya anunció desde ahora que no habrá una reducción adicional en diciembre en la tasa de política monetaria. La Junta de Gobierno quiere hacer lo posible para apuntalar el crecimiento económico, pero sin afectar adversamente las expectativas de inflación.

¿Cuál es la lección fundamental de la decisión de política monetaria? Aunque el objetivo prioritario es mantener la estabilidad de precios, el Banco no descartar el uso de los instrumentos a su alcance para apoyar al crecimiento económico y coadyuvar un ambiente propicio para la creación de empleos. La idea central es que la mejor forma que la política monetaria puede contribuir al bienestar general es mediante la estabilidad de precios. Pero si no existen presiones inflacionarias latentes, el Banco acomodará su política para apoyar el crecimiento. Queda en evidencia que la estabilidad de precios es un medio para un fin mayor y no existe una obsesión por parte de las autoridades monetarias por abatir la inflación al costo que fuera.

Esto significa que el debate en torno a un doble mandato para el Banco es prácticamente irrelevante. Bajo el esquema actual, la Junta de Gobierno analiza a fondo el balance de riesgos de inflación, al igual que el balance de riesgos de crecimiento económico. Si uno lee los anuncios de política monetaria y los informes trimestrales de inflación, encontrará siempre un análisis equilibrado de ambos. Cambiar el mandato único hacia uno doble, no modificaría la política monetaria actual, pero sí sería causal para inyectar presiones políticas indebidas.