Articulos sobre la economía Mexicana
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El TLCAN y el Tipo de Cambio

noviembre 1st, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en El TLCAN y el Tipo de Cambio)

A diferencia de las anteriores, la cuarta ronda de negociaciones fue básicamente un fracaso. Quedó claro que el objetivo central de Estados Unidos, de reducir sustancialmente su déficit comercial, ha llevado a sus negociadores a plantear propuestas inverosímiles. La idea de tener una cláusula de extinción del Tratado a los cinco años si los tres países no piden su ratificación es absurda, ya que inyecta incertidumbre a cualquier decisión de inversión, justo lo que un tratado busca evitar. Elevar el contenido regional a 85 por ciento, junto con un requisito de que 50 por ciento sea de origen estadounidense, no solo haría que la industria automotriz de Norteamérica dejara de ser competitivo, sino que haría que el Tratado fuera irrelevante para este sector; las decisiones futuras estarían en función de las reglas de la OMC. En línea con estas dos, Estados Unidos puso sobre la mesa otras propuestas igualmente absurdas.

Trump ve el TLCAN como mal tratado porque incentivó que la producción manufacturera y sus empleos se fueran de su país a México, mediante una estructura rígida de salarios muy bajos, caracterizada por una falta aguda de derechos laborales. Si la nueva versión del TLCAN no corrige esta situación e incita una disminución significativa de su déficit comercial con nuestro país, no importa que cláusulas positivas tenga, simplemente no va ser aceptable. Pudiéramos realizar el mejor cabildeo posible, pudiéramos esbozar los mejores argumentos técnicos y políticos posibles y pudiéramos proponer clausulas verdaderamente positivas para todos, pero sí no vislumbra una reducción en el déficit de Estados Unidos, todo será irrelevante. No importa si la lógica de Trump es falsa o imaginaria, nada lo va convencer de lo contrario.

Lo anterior ya lo sabíamos. No obstante, manteníamos cierta esperanza de que el razonamiento económico prevalecería sobre la visión de Trump de que el comercio exterior es un juego de suma cero en el cual un déficit comercial es sinónimo con ser el perdedor en una relación comercial. Pero la ronda cuatro de la negociación prácticamente mató esa esperanza. El equipo negociador de Trump no va a ceder en su objetivo central; si no logra un nuevo acuerdo que reduzca su déficit, no habrá un TLCAN 2.0. El problema fundamental es que no hay cláusulas mágicas, que sean aceptables para México y Canadá y que permite que el TLCAN siga con vida.

Por lo mismo, en este momento estimo las probabilidades de que las negociaciones sean exitosas en mucho menos de un 50 por ciento. Pero ¿por qué no ya prácticamente cerca de cero? Lo único que mantiene una muy pequeña esperanza es que Estados Unidos aceptó prolongar el periodo de negociación, lo que nos hace pensar que sí quiere un nuevo acuerdo. No obstante, el acuerdo que quieren no va cambiar de objetivo central, por lo que es ahora mucho más probable que el TLCAN pronto sea cosa del pasado.

Ya debemos prepararnos para esta nueva etapa del país. Aunque es muy difícil cuantificar los impactos de este escenario, sí podemos visualizar un desplome en la inversión en el corto plazo y efectos negativos en el comercio exterior. Sin embargo, lo que más se verá afectada es, sin duda, el tipo de cambio; es la variable de ajuste por excelencia. De hecho, dado que se determina por las fuerzas de mercado, se ajustará lo que sea necesario para corregir cualquier desequilibrio que pudiera provocar la salida de Estados Unidos del TLCAN. La ironía es que, ante un régimen de flotación, el déficit comercial de Estados Unidos no desaparecerá, con o sin el TLCAN.

Ante la amenaza de que uno de los tres países pudiera inducir una devaluación de su moneda con propósito competitivo, se ha hablado de suscribir un compromiso indicativo y no vinculante para los tres países de que no manipulan sus monedas. Estados Unidos quiere mandar una señal muy clara de que los países deberían tener tipos de cambio determinados por las fuerzas de mercado. Pero aquí el problema es que será el mercado el que induzca la depreciación del peso mexicano ante la terminación del TLCAN.

Si Estados Unidos se sale del TLCAN, ¿hasta dónde se iría el tipo de cambio? Hemos visto que, ante estas situaciones, la dinámica cambiaria casi siempre conlleva un sobreajuste. En el corto plazo, pudiéramos visualizar nuevos máximos en exceso de los 22 pesos por dólar que vimos en enero de este año. ¿Pero en el mediano y largo plazo?

La Actividad Industrial de julio

septiembre 13th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Actividad Industrial de julio)

Justo cuando pensábamos que la economía iba mejorando, aunque marginalmente, el INEGI dio a conocer la actividad industrial de julio, que disminuyó -1.0 por ciento respecto al mes anterior. Si bien la tendencia había sido básicamente lateral desde mediados del año pasado, ahora nos enfrentamos una claramente a la baja. Con este resultado, el nivel del mes se ubica -1.5 por ciento por debajo de julio del año pasado y pinta el tercer trimestre de 2017 como negativo. Hubo disminuciones en tres de los cuatro sectores de la actividad industrial: minería (-1.4 por ciento), la “generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y gas por ductos al consumidor final“ (-0.3 por ciento) y construcción (-2.1 por ciento). La industria manufacturera fue el único que aumentó (0.3 por ciento), después de dos meses a la baja.

Después de un periodo de estancamiento que empezó a mediados de 2015, la manufactura empezó a crecer a partir de mediados de 2016 en conjunto con las exportaciones manufactureras. Sin embargo, a partir de enero, el crecimiento ha sido mediocre y ha marcado una tendencia lateral. Es importante señalar la elevada correlación entre la producción manufacturera y las exportaciones no petroleras, ya que desde hace casi tres décadas estas últimas han sido nuestro motor principal de crecimiento. Preocupa el estancamiento manufacturero de estos últimos seis meses, en especial al observar una desaceleración en las exportaciones manufactureras no automotrices. De mantenerse esta tendencia, aumenta la probabilidad de menor crecimiento en la segunda mitad del año.

Sin embargo, es la caída en la construcción de -2.1 por ciento lo que explica la mayor parte de la disminución en la producción industrial en julio. Es la tasa negativa más pronunciada desde febrero de 2016 y extiende la tendencia negativa del sector a ocho meses. El nivel alcanzado en julio nos sitúa al parejo con la observada en junio de 2015. La importancia de la construcción es que representa en su conjunto casi el 70 por ciento de la inversión fija bruta del país, aunque vale la pena mencionar que no toda la construcción del país que se considera inversión está clasificada propiamente en el sector. Hay más construcción clasificada en los sectores que propiamente lo lleven a cabo: Como, por ejemplo, la construcción que realiza Pemex de gaseoductos se clasifica en el sector de la minería. Por lo mismo, para el cálculo de la construcción en el indicador de la inversión fija bruta, se tiene que sumar toda la construcción que INEGI no clasifica en el sector de la construcción. Aun así, dado que la tendencia negativa inicia en noviembre del año pasado, podemos pensar que todavía pesa la incertidumbre provocada por la llegada de Trump y en especial, por el proceso de renegociación del TLCAN.

Dentro del sector de la construcción, el subsector que explica la caída es el de la edificación, que disminuye -5.5 por ciento respecto al mes anterior. Con este desplome, la edificación se ubica -4.0 por ciento por debajo de julio del año pasado y su nivel es parecido al observado en diciembre de 2015. Después de observar una tendencia negativa por cinco meses a partir de diciembre del año pasado, la edificación había mostrado dos meses (mayo y junio) de recuperación. Sin embargo, la contracción de julio vuelve a establecer la tendencia negativa y hace ver a los dos meses anteriores simplemente como excepción.

En cambio, las obras de ingeniería civil, que tradicionalmente han sido el subsector que más explica la falta de crecimiento de la construcción desde inicios del sexenio (ya que está asociada con la contracción consistente de la inversión pública), ha dejado de caer significativamente desde agosto del año pasado y más bien, ha mostrado tasas positivas de crecimiento en los últimos dos meses. Por lo mismo, no contribuye (por lo menos en el margen) a la caída en la construcción de julio. Aun así, sabemos que no se va remontar en el último año y medio del sexenio y seguirá siendo un lastre para el crecimiento económico.

Esto nos lleva a pensar que es la inversión privada y no la pública que, por alguna razón u otra, frena de nuevo al inicio del tercer trimestre. Aquí vamos a tener que estar muy atentos a su evolución en los siguientes meses. Puede marcar la diferencia entre una economía estancada y una que busca la recuperación.

La Inversión

septiembre 11th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en La Inversión)

INEGI dio a conocer la inversión fija bruta (IFB) de junio, que disminuyó -1.0 por ciento respecto al mes anterior, por lo que se ubica -1.0 por ciento por debajo del nivel de hace un año. La disminución provino básicamente de una caída de -5.3 por ciento en la compra de maquinaria y equipo de origen importado. Sin embargo, tanto la compra de maquinaria en general y la construcción se ubican por debajo de los niveles de hace un año. El hecho de que la inversión disminuye es mala noticia, pues es un componente crucial del PIB.

En 2015 la IFB registró un avance de 4.3 por ciento, la mejor tasa para un año en lo que va el sexenio. No obstante, en 2016 se frenó al crecer tan solo 0.1 por ciento. Al inició del año, la expectativa para 2017 no era bueno, ya que se estimaba que podría registrar una tasa negativa ante las expectativas derivadas de la renegociación del TLCAN y de la llegada de Trump. Dicho y hecho, en el primer trimestre del año disminuyó -0.7 por ciento respecto al anterior. No obstante, la tasa no fue tan negativa como se anticipaba y ahora hay indicios que pudiéramos observar una tasa positiva para el año.

Los datos de la IFB para el segundo trimestre no se conocerán hasta el 22 de septiembre. Sin embargo, los indicadores mensuales dan una señal acerca de su posible evolución. A pesar de la mala noticia de junio, el promedio de abril-junio es 0.5 por ciento superior al promedio de enero-marzo. No obstante, el nivel alcanzado en el segundo trimestre todavía se ubica por debajo de los niveles observados a lo largo del año pasado, por lo que necesitaremos crecer en la segunda mitad del año ¿Será posible?

Para tratar de contestar necesitamos ver el desglose de la IFB. El indicador mensual se divide en dos, la construcción y la compra de maquinaria y equipo. La construcción a su vez se desglosa entre residencial y no residencial, mientras que la maquinaria y equipo tiene dos separaciones, por origen (importado o nacional) y por tipo (equipo de transporte y otros). En el primer trimestre hubo una caída en la construcción, tanto en residencial como no residencial, mientras que disminuyó la compra de equipo y transporte de origen nacional, junto con la compra de maquinaria importada (distinta a transporte). Esto último refleja la terminación del “boom” que tuvo la industria automotriz en los años anteriores. En cambio, para el segundo trimestre vemos caídas solo en la compra nacional de equipo de transporte y la construcción no residencial. Sin que sea una certeza, sabemos que la inversión pública consiste en su mayoría en construcción no residencial, por lo que podemos intuir que la pública sigue cayendo, mientras que la privada da señales de recuperación. ¿Será?

Desafortunadamente, el desglose de la IFB entre pública y privada solo se obtiene en las cifras trimestrales de las cuentas nacionales, por lo que todavía no tenemos esta información para el segundo trimestre. Sin embargo, podemos observar comportamientos muy distintos entre los dos en lo que va el sexenio. La IFB pública no solo ha disminuido cada año del sexenio, sino que su declive ha sido mucho más acentuado en los dos últimos años. Por ejemplo, en 2015 (el mejor año para la IFB total) la pública disminuyó -11.5 por ciento, mientras que la privada creció 8.1 por ciento. En 2016 la pública cayó -9.2 por ciento y la privada avanzó 1.9 por ciento. En el primer trimestre de este año observamos caídas en ambas de -3.7 por ciento y -0.7 por ciento, respectivamente. Utilizando la información mensual para tratar de reconstruir el segundo trimestre, vemos que aumentó la compra de maquinaria y equipo en general, mientras que creció la construcción residencial, ambos componentes mucho más asociado a la inversión privada. En cambio, siga a la baja la construcción no residencial, donde se ubica la mayor parte de la pública.

Los datos sugieren una recuperación en la inversión privada, que es una muy buena noticia. Posiblemente el motivo ha sido el buen avance de las exportaciones manufactureras en lo que va el año. Es difícil pensar que puede mantenerse el ritmo sin que las empresas invierten para mantener y aumentar su capacidad instalada para producir los bienes que exportan. Otra razón es que la precaución exagerada mostrada a principios de año ante la llegada de Trump ha disminuido bastante al encontrar que el perro ladra mucho pero realmente no muerde.

Sobrerreacción

abril 24th, 2017 | Posted by Jonathan Heath in Pulso Económico (Reforma) - (Comentarios desactivados en Sobrerreacción)

Queda claro que empezamos el año muy mal: el gasolinazo y los subsecuentes saqueos y manifestaciones generalizadas, junto con el arribo de Trump a la presidencia de Estados Unidos, nos pusieron a todos de mal humor. El pesimismo se vio primero en el peso mexicano cuando el tipo de cambio “fix” alcanzó 21.9076 el 11 de enero. Posteriormente vimos un desplome sin precedente en las confianzas del consumidor y empresarial. Las percepciones sobre la situación actual y futura de la economía del país registraron niveles de pesimismo abismales, incluso muy por debajo de los peores momentos de la Gran Recesión de 2008-2009. Todos revisaron sus expectativas de crecimiento a la baja y veían un aumento significativo en las probabilidades de una recesión.

Tres meses después el tipo de cambio se ubica en 18.4863, ya por debajo del promedio de 18.6943 del año pasado e incluso en niveles que prevalecían antes de las elecciones de Estados Unidos. La confianza del consumidor rebotó en febrero y marzo, casi reponiendo la caída de enero, mientras que la empresarial mostró una mejoría todavía mayor. Todavía existe cierto escepticismo, pero esa percepción negativa extrema de enero se está desvaneciendo. Las probabilidades de una recesión han disminuido significativamente, mientras que por primera vez (en 16 meses) vimos una revisión hacia arriba en las expectativas de crecimiento para 2017, de 1.4 por ciento en marzo a 1.55 por ciento en abril, en la Encuesta Mensual de Expectativas del IMEF. Claramente, hubo una sobrerreacción del mercado ante los acontecimientos de principio de año.

El gasolinazo en enero quedará como uno de los errores más grandes de este sexenio. Sin embargo, el impacto ha se asimiló y el enojo ha bajado. La incertidumbre que representaba Trump para el futuro del TLCAN también ha disminuido, al ver primero que no sería tan catastrófica una posible salida de Estados Unidos y segundo, que las opciones que se presentaron a principios de año no son tan amplias. Ahora vemos que México no tiene tanto que perder ante una eventual renegociación y que es altamente probable que subsista la relación comercial entre vecinos.

De hecho, hemos observado una recuperación en la producción manufacturera de Estados Unidos en los últimos meses, después de casi dos años de estancamiento. La disminución de 0.4 por ciento de marzo fue la primera tasa negativa en seis meses y aun así el promedio de los primeros tres meses del año se ubica 1.0 por ciento por encima del promedio de 2016. Sin embargo, todavía más importante, ya vemos una clara tendencia alcista en las exportaciones de Estados Unidos a pesar de la fortaleza de su moneda. Esto implica una mayor demanda por insumos mexicanos. De hecho, ya vemos una tendencia alcista de la producción manufacturera mexicana y finalmente, crecimiento en nuestras exportaciones. Esto es vital, ya que han sido nuestro principal motor de crecimiento de las últimas dos décadas. Lo que parecía que iba ser fatal a principios de año, no se materializó.

No obstante, no todo marcha bien. La inversión privada todavía muestra estancamiento y cierto escepticismo. La construcción no residencial se desplomó a mediados del año pasado y no da señales de recuperación. Las obras de ingeniería civil, cuyo ímpetu es la inversión pública, sigue (y seguirá) a la baja ante los problemas de consolidación fiscal que enfrenta el gobierno.

Pero posiblemente la clave para el crecimiento económico de este año será el consumo de los hogares, que ya enfrenta cierta desaceleración. Aunque los últimos datos confirman que es el consumo de bienes y servicios de origen nacional lo que crece, mientras que los bienes de consumo importados se ha estancado desde hace más de un año, la parte endeble de la ecuación es el ingreso disponible de las familias. Si bien ha aumentado el empleo, es en su mayoría de muy baja remuneración, mientras que el aumento en la inflación en los primeros tres meses del año ha sido sumamente perjudicial. No hemos visto los cambios de hábito que muestran los consumidores ante una crisis, pero sí una adaptación a una pérdida en su poder adquisitivo. Estimaciones independientes al INEGI, realizadas por Kantar Worldpanel México, señalan que los precios de los productos que más adquieren los hogares han aumentado en promedio cerca de 10 por ciento. Por lo mismo, la inflación es la principal preocupación de los consumidores.